Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012 Revista de Ciencias Sociales



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Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012

Revista de Ciencias Sociales

Nº 29 Segundo Semestre 2012

ISSN 0717-2257 ISSN 0718-3631

La revista de Ciencias Sociales está indexada a:

Hispanic American Peridiocals Index (Hapi)

Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal (REDALYC) y Latindex-Catálogo (Sistema de Información en Línea para Revistas Cientificas de América Latina, El Caribe, España y Portugal).

Hasta la edición Nº 15 del año 2005, la Revista de Ciencias Sociales se editaba una vez al año. A partir del año 2006, se edita semestralmente.

REPRESENTANTE LEGAL

Gustavo Soto Bringas

Rector Universidad Arturo Prat
DIRECTOR

Bernardo Guerrero Jiménez


SUBDIRECTOR

Víctor Guerrero Cossio


EDITORA

Miriam Salinas Pozo


DIAGRAMACIÓN y ESTILO

Ediciones Campvs


EDICIÓN WEB

Ricardo Díaz Quezada

(Imagen Digital)

COMITE EDITOR PERMANENTE
Dr. Juan van Kessel Browers

Universidad Libre de Amsterdam


Dr. Juan Podestá Arzubiaga

Universidad Arturo Prat. Chile


Dr. Bernardo Guerrero Jiménez

Universidad Arturo Prat. Chile


Dr. Pedro Bravo Elizondo

Universidad de Wichita. Estados Unidos


Dr. Juan Matas

Universidad Marc Bloch de Estrasburgo


Dr. José Antonio González Pizarro

Universidad Católica del Norte. Chile


Dr. Carlos Donoso Rojas

Universidad Andrés Bello. Chile


Dra. Silvia Citro

Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires. Argentina


Dr. Alex Espinoza Verdejo

Universidad de Tarapacá. Chile


Dra. Sonia Reyes Salgado

Universidad de Valparaíso. Chile


Dr. Patricio Silva

Universidad de Leiden. Holanda


Dra. Adriana Maya

Universidad de Los Andes, Bogotá. Colombia


Dr. Herwig Cleuren

Universidad de Leiden. Holanda


Dr. Patricio Rivas H.

Convenio Andrés Bello, Bogotá. Colombia


Dr. Ricardo Salas Astrain

Universidad Católica de Temuco. Chile.


Dra. Jeanne Simon

Universidad de Concepción. Chile.

La Revista de Ciencias Sociales de la Universidad Arturo Prat, se publica en forma ininterrumpida desde el año 1992. Nuestro eje central es la reflexión acerca de la realidad del norte grande de Chile, en todas sus dimensiones, entendiendo con ello que la realidad no se puede reducir, a uno u otros aspectos que la integra.

Nos interesa generar y socializar el conjunto de conocimientos producto de la investigación social, que nuestros investigadores, sociólogos, historiadores, antropólogos, entre otros, producen.

Para una adecuada toma de decisiones, se precisa contar con conocimientos que den cuenta de la compleja realidad del norte grande. Nuestra prioridad es dar a conocer, por la vía de artículos, los avances que se obtienen, en las diversas investigaciones que se llevan a cabo.

La Revista de Ciencias Sociales de la Universidad Arturo Prat, se publica dos veces al año, posee un Comité Editorial compuesto por destacados investigadores nacionales y extranjeros. Da cabida, además, a artículos que, sin referirse necesariamente a nuestro entorno regional, permiten adentrarse en el conocimiento de otras realidades.



Bernardo Guerrero Jiménez

Director


ARTÍCULOS

PRESENTACIÓN

Olga Achón Rodríguez

Consideraciones metodológicas para el estudio de las migraciones en contextos de pobreza 7-32

ARTICULOS

Pablo Baeza

De los enfoques “unidimensionales” a los enfoques “multidimensionales” en el estudio de las migraciones internacionales 33-63

Délia Dutra



Estigma y discriminación en la experiencia de migración. Mujeres peruanas trabajadoras domésticas en Brasilia 64-88

Mieke Schrooten



(Trans)Forming boundaries in a contact zone: the experience of brazilian migrants in Brussels 89-104

Damir Galaz-Mandakovic Fernández



El escenario de la migración en Tocopilla en el devenir del Siglo XX. Tres colectivos alóctonos y la fuga autóctona 105-131

Gregory Dallemagne – Lucía Echevarría Vecino – Alicia Fernández Ferrer



Migraciones transnacionales y políticas de representación en España: los discursos sobre colectivos latinoamericanos en dos medios de comunicación dirigidos a minorías migrantes 132-159

Socorro Pérez Rincón – Antoni Vives – Asún García – Carme Expósito



Reproducción de la otredad inmigrante en Barcelona y recepción popular del espacio urbano como “guetto” 160-182

Joaquín Eguren



El uso de los espacios públicos por los inmigrantes latinoamericanos de origen andino en la ciudad de Madrid 183-204

Sandra Gruner-Domic



Identidad, migración y mediaciones: aspectos transnacionales en las experiencias de mujeres latinoamericanas en Alemania 205-224

Sergio Witto Mättig y Andrea Kottow



La ciudad de la furia. Anotaciones en torno a “el roto” de Joaquín Edwards Bello 225-249

RESEÑA DE LIBROS

Jaqueline De Romilly. “La Grecia antigua contra la violencia”.

Víctor Hugo Mendez Aguirre 250-254

CONSIDERACIONES METODOLÓGICAS PARA EL ESTUDIO DE LAS MIGRACIONES EN CONTEXTOS DE POBREZA

Olga Achón Rodríguez1

Efecto de sucesivos movimientos de personas los paisajes de las distintas urbes europeas se han ido modificando configurándose como depósitos de lo extraño, de lo ajeno2(Delgado, 1997). Una vez producidas las identidades nacionales, resultado de la construcción político-cultural de los estados nacionales al amparo de la filosofía propia del nacionalismo del siglo XIX, todo atisbo de diferencia ha tratado de neutralizarse3 (Gellner, 1998, 1988) (Anderson, 1993) (Hobsbawn, 1989, 2000). Diversos métodos ideados para la homogeneización de los escenarios urbanos, destino de corrientes de movimientos migratorios, han ido patentándose como soluciones a la corrupción de la esencia cultural que debe aunar a un pueblo. De tal forma instituciones como la escuela o el ejército nacionales han servido, desde su emergencia en el siglo XIX, a la producción de una identidad, en algún grado ficticia, a la que los sujetos diferenciados étnoculturalmente debían asimilarse4 (vale decir que esto ha sido efectivo tanto para las poblaciones migrantes como a las comunidades etnodiferenciadas establecidas en el territorio nacional de la mayor parte de Estados europeos antes incluso de su formación política, tal es el caso de los gitanos).

Las sociedades resultantes de tales procesos históricos de construcción, sin embargo, no son las que ni los románticos ni los ideólogos del esencialismo cultural hubieran aspirado edificar a través de sus proyectos esencialistas. Antes al contrario el Londres del que hubiese gustado disfrutar Rudyard Kipling5 jamás vino a representarse pues ésta ya era a finales del siglo XIX una ciudad cosmopolita segregada en base a prejuicios racistas, cuyo mayor fruto fue la emergencia de distritos etnificados. La segregación espacial (Monreal, 1996) (Martínez Veiga, 1999), producto principalmente de la exclusión residencial que los extraños a la comunidad padecen (Achón Rodríguez, 2011) (Martínez Veiga, 2001), es una de las manifestaciones del desasosiego que produce la presencia de extranjeros. La historia de las ciudades europeas puede contarse, entonces, de este modo, a través de su crecimiento y su transformación en un archipiélago de pequeños enclaves étnicos6. Principal operador simbólico de esta realidad es la prevención de la comunidad frente a una posible contaminación7.

El extranjero, asimismo, ha venido y viene a representar en este contexto de construcción de identidad el temor a la pobreza, que en períodos históricos anteriores encarnaba el vagabundo, el mendigo o el loco8, personajes amenazantes del orden público9. Para ellos diversos códigos, fueros o reglamentos se han dictado con el propósito explicito de, en ocasiones, hacerlos desaparecer, o sacar el mejor partido posible de ellos10, como así sucede con el extranjero hoy y la promulgación de leyes por las que a menudo se lo criminaliza, al tiempo que promueven su explotación. Antecedentes históricos sobre el tratamiento dispensado a la pobreza, tales como las leyes de pobres inglesas, castellanas y chilenas11, muestran como las razones argüidas por los legisladores del pasado no han perdido vigencia. Importante ha sido la escasez de fuerza de trabajo a bajo precio, sentida por terratenientes e industriales del siglo XIX, y empresarios en el siglo XX y XXI, para la promoción de textos normativos cuya finalidad era, en un principio, la prevención de la vagancia y la aplicación de los cuerpos al trabajo de los pobres, y más tarde para hacer uso de la fuerza productiva del extranjero. De tal modo hoy en Europa, y frente a la desaparición del trabajador autóctono de sectores de actividad caracterizados por presentar un bajo nivel de salarios y duras condiciones de trabajo (Achón, 2011:76)12, contamos con legislación adecuada a la producción de estatutos jurídicos por los que los empresarios logran sustraerse del mercado de trabajo13. El acceso, entonces, a la mano de obra barata disminuida en derechos se promueve hoy, como en tiempos pretéritos, atendida la juridificación reciente del fenómeno migratorio por la que lograr la máxima exacción de plusvalía del trabajo de los extranjeros y la maximización de los beneficios de las empresas que hacen uso del mismo.

Denominador común de toda producción legislativa en este sentido es la absorción del trabajo de los pobres, los que debido a la escasez de oportunidades en sus lugares de origen y a su instinto de conservación se han movilizado allí donde hubiere trabajo. Es el caso de los éxodos rurales acaecidos en Inglaterra durante la Revolución Industrial14, proceso histórico que también experimentaron otros estados europeos más tarde15.

Para el caso español Gómez Rivero y Palomeque López señalan como inicio del proceso industrializador del país “(…)la década de 1830, coincidiendo con la obra desamortizadora del suelo [origen de un considerable incremento de la producción agraria y de fuertes tensiones demográficas], la mecanización de la industria algodonera, el encendido de los primeros altos hornos y el comienzo de las construcciones mecánicas, aun cuando la industrialización efectiva del país llegase a ser un fenómeno notablemente posterior”(Gómez Rivero y Palomeque López, 2003: 187). En este contexto se desarrollan las primeras migraciones masivas del campo a las ciudades donde se crean las temidas bolsas de pobreza pobladas de trabajadores, cuya miseria más tarde será denominada como Cuestión Social.16 Protagonistas de esta movilización, principalmente para el sur de España, fueron los campesinos cuyas propiedades no solían superar la hectárea y que trabajaban en tierras de grandes propietarios17. La pervivencia de estructuras propias del feudalismo español en el siglo XIX18 e inicios del siglo XX provocó el retorno de revueltas campesinas19, antecedente rural de las luchas obreras por la modernización del país. No fue sino en el norte donde éstas últimas se extienden, foco de desarrollo de las industrias en España, principalmente en Cataluña, Asturias y País Vasco. El obrero soñado, al decir de Sierra Álvarez (1990), ideal a modelar mediante procesos de embridamiento de las fuerzas productivas (Mezzadra, 2005), comienza a formar sociedades de resistencia cuyo objetivo no era sino “(…) la lucha de clases contra el sistema capitalista” (Alarcón Caracuel, citado por Gómez Rivero y Palomeque López, 2003:191).

La conclusión del proceso modernizador coincide, por un lado, con el fin de la dictadura franquista y la legalización de las principales organizaciones sindicales20, y de otro con el freno de las migraciones masivas internas, consecuencia del crecimiento económico experimentado una vez finalizada la etapa más autárquica de la dictadura. Podemos estimar que esta transformación concluye a principios de la década del 70 del siglo XX, principalmente debido a la mejora de las condiciones de trabajo y vida experimentada por los españoles en los últimos dos años de la década del setenta y durante toda la década del ochenta. En adelante, y superadas aquellas imágenes familiares de mendigos, afiladores, vendedores de botijos y cartoneros, el extranjero irregular las ha hecho renacer, integrándolas en las ciudades. Ha obligado, de este modo, a realizar un ejercicio de rememoración a toda una sociedad consagrada a la realización de un sueño de prosperidad. Al igual que los pobres de décadas pasadas, producto de estas migraciones de campesinos de zonas rurales a zonas industrializadas, el extranjero elabora en el presente, en mayor medida que nunca debido a la crisis económica, itinerarios que le conducen a la obtención de trabajos informales, generalmente localizados en la agricultura, sector en el que encuentran un refugio productivo21. Pasa, así, a formar parte de todo un repertorio histórico de “figuras lógicas de un modo de producción referido a los ciclos estacionales” (Gaudemar, 1981:28). La mejora de las condiciones sociales y el establecimiento del Estado Social de Derecho, en efecto, hicieron decrecer la masa de proletarios autóctonos dispuestos a realizar trabajos penosos y mal pagados por lo que, podemos decir, que dejaron de formar lo que en terminología marxista se entiende por ejército de reserva de mano de obra22. El extranjero viene a llenar ese lugar y su presencia hace renacer imágenes de pobreza antaño protagonizadas por los propios autóctonos23.

Procesos similares a los descritos aquí para el caso europeo, y más concretamente para el caso español, se han experimentado en toda América Latina, una vez logradas las transformaciones político sociales que acarrearon la creación de los nuevos Estados nacionales –producto de la extensión de movimientos independentistas que llevaron a gran parte de los países latinoamericanos a la guerra por la Independencia de la Corona Española-.Finalizados éstos y asentadas las estructuras políticas republicanas en toda la región, proceso que duró todo el siglo XIX, y en algunos casos hasta parte del XX, las sociedades herederas del orden social anterior emprendieron camino hacia su modernización. Tanto si calificamos a este proceso como una transformación inconclusa o inacabada24 o si lo denominamos pseudomodernidad25 o modernidad oligárquica o excluyente, al decir de Jorge Larraín (Marín Bravo y Morales Martín, 2010:11), lo cierto es que perviven en toda la región problemas sociales26 que impiden el desarrollo exitoso del proyecto modernizador. En efecto, “[e]n América Latina “la modernidad, salvo en la visión de algunas élites, no estuvo ligada a los principios de la ilustración europea, ni se comportó como una experiencia social unitaria” (Brunner 1987: 16), más bien ingresó cuando la sociedad latinoamericana se constituía como sociedad bajo el alero de una oligarquía dominante” (Marín Bravo y Morales Martín, 2010:7). El contexto de recepción de los ideales ilustrados parece ser parte del problema al estar basado el orden social de gran parte de los países latinoamericanos en estructuras de dominación de castas. La estratificación social resultado del mestizaje proporcionó, entre otros factores, una base sólida para el establecimiento de una organización económica fundada en el sometimiento de españoles y mestizos sobre la población indígena. La resistencia de las oligarquías latinoamericanas al cambio de este modo de organización social limitó la influencia de los valores que algunos intelectuales trataron de difundir en la región27. En consecuencia la modernización de las distintas naciones ha sido problemática por cuanto “[l]os valores de racionalidad, cultura científica, democrática y política, igualdad o derecho a la libre expresión –por poner algún ejemplo- no se han cumplido. Aunque haya pervivido en la región el discurso de la modernidad desde la Independencia política la realidad es que este programa cultural y político no ha alcanzado a realizarse plenamente.” (Marín Bravo y Morales Martín, 2010:10).

Problemas relativos a la pobreza, la mala distribución de la riqueza, al bajo nivel de oportunidades y a la débil movilidad social ascendente –producto principalmente de la baja calidad de la educación pública y del difícil acceso a la educación universitaria-; así como a la poca participación real de los ciudadanos en el devenir de las repúblicas, entre otros, hacen de los países latinoamericanos contextos particulares donde sobrevienen nuevos movimientos migratorios. En especial, éstos se observan de países con menor índice de desarrollo a otros más desarrollados. Dentro de este panorama Chile aparece como destino de muchos migrantes en busca de trabajo y mejores oportunidades provenientes principalmente de Perú, Bolivia, Argentina, Colombia y Ecuador28. Para ellos la sociedad chilena ha preparado un escenario concreto de inserción social que mucho tiene que ver con la situación socio económica en la que viven gran parte de los chilenos. Siguiendo el trabajo de Dante Contreras dedicado al estudio de la distribución del ingreso en Chile: “La economía chilena ha sido caracterizada en los últimos años como una de rápido crecimiento y desigual distribución del ingreso. En este contexto, varias investigaciones muestran que la distribución de los ingresos en Chile es una de las más desiguales en el mundo, pero que dicha desigualdad se ha mantenido relativamente estable desde una perspectiva de largo plazo. En efecto, en nuestro país el 20% más rico de la población recibe 17 veces más ingresos que el 20% más pobre. Por contraste, en los Estados Unidos esta misma relación alcanza a 8.9 veces; y en Perú y Corea del Sur estas relaciones alcanzan a 10.5 y 5.7 veces, respectivamente (PNUD, 1995). Resultados similares se presentan en un estudio reciente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID, 1998)” (Contreras, 2007:315)29 .

En tal situación el marco de inserción laboral y residencial de los extranjeros se configura como un terreno espinoso, colmado de dificultades. Problemas relativos a la segmentación del mercado de trabajo y a la segregación espacial de la pobreza son los que de forma más decisiva repercuten sobre la inserción de los migrantes. En efecto en Chile se observan dos mercados de trabajo30, uno formal y otro informal, en los que se observan diferencias en lo que respecta a nivel de salarios y seguridad en el empleo; entre los que la movilidad de los trabajadores es restringida31 (Doringer y Piore, 1971), y por los que viene a retroalimentarse la estructura de la riqueza y la desigualdad preexistente32. En ellos los ciudadanos chilenos se insertan dependiendo de su pertenencia a determinados grupos étnicos33 y de su nivel de educación y/o de cualificación laboral. Esta segmentación, racial del mercado de trabajo (Solé, 1995, 2001; Soja, 2000) se expresa en la configuración del espacio de la ciudad en forma de segregación espacial. Para el caso de Santiago de Chile34 y siguiendo el trabajo de De Mattos, podemos decir que la desigual repartición del ingreso, unido a la discriminación racial y de clase, ha promovido una configuración de la ciudad basada en la separación de los grupos con ingresos altos de otros con menores ingresos –es lo que podríamos denominar como proceso de apropiación de los mejores espacios de la ciudad por parte de las élites-, profundizando problemas ya existentes de justicia social35. Según sus propias palabras:

“La regresiva distribución del ingreso se refleja en una distribución territorial de la población de Santiago, que ha ido consolidando un mapa en el que la segregación residencial muestra una nítida tendencia al distanciamiento físico entre barrios ricos y pobres (Rodríguez & Winchester, 2001), así como la formación de algunos guetos urbanos, tanto para ricos como para pobres. Este fenómeno de segregación residencial, que tiene orígenes lejanos, se acentuó en mayor grado con las erradicaciones llevadas a cabo por el régimen militar, en las que se desplazó a importantes contingentes de población de bajos ingresos asentados en barrios de ingresos altos y medios, hacia lugares homogéneamente pobres de la periferia del AMS. La política de vivienda social también ha contribuido a la persistencia de este cuadro de segregación social, dado que el imperativo de bajar costos por parte de las empresas privadas que tienen a su cargo la construcción de las mismas, hace que por lo general los sectores de menores ingresos solamente puedan acceder a viviendas de baja calidad ubicadas en terrenos de menor valor en barrios pobres, situados en áreas periféricas del AMS (Ducci, 1997.” (De Mattos, 2002)

En tal situación los extranjeros vienen a participar del contexto general de segmentación del mercado de trabajo y de segregación espacial del que son víctimas las poblaciones más empobrecidas. Entran así a competir por el trabajo en los sectores denominados primarios, debido a su condición de pobreza y su posición en el mercado laboral como mano de obra no cualificada, y, asimismo, a disputarle al nacional la vivienda más deteriorada. De algún modo vienen a engrosar el número de pobres ya existentes en el país sin posibilidades de acceso a un puesto de trabajo estable y bien remunerado, y a padecer la exclusión residencial que los autóctonos de bajos ingresos ya soportan. A diferencia de lo que ocurre en Europa –donde estas realidades se vinculan con la extranjería y donde las imágenes de pobreza han venido a ser revividas por los extranjeros36, toda vez han sido éstas superadas debido a la consecución de parte de los objetivos marcados por los proyectos modernizadores- en Chile, y en América Latina en general, el contexto de pobreza en el que se instala el inmigrante torna el marco de su inserción social distinto al vivido por los extranjeros en Europa. Los procesos de dualización social y segregación espacial en este caso no parecen ser producto de la aparición de extranjeros. A nuestro parecer el mercado del trabajo y de la vivienda no viene a ser segmentado por el arribo de inmigrantes, sino que ya se encontraba segmentado, toda vez encontramos en los trabajos de peor consideración social y peor remunerados tanto a extranjeros como nacionales37. En algún sentido podría decirse que en Europa, a diferencia de lo parece ocurrir en América Latina, se ha producido un proceso de sustitución de la mano de obra nacional por la extranjera, y que si bien eran los propios autóctonos los que, en situación de pobreza, venían a componer el ejercito de mano de obra del que se surtían patrones varios38, empresarios agrícolas e industriales, desde inicios de la década del ’80 hasta la actualidad han sido los extranjeros los que han seguido sosteniéndolo.

Esta transformación social ha interesado a las disciplinas sociales prosperando múltiples estudios tanto en Europa como en Estados Unidos sobre transnacionalismo, racismo, sobre inserción social, convivencia, y participación, así como sobre vivienda y mercado de trabajo, entre otros. Como resultado se han ido generando varios paradigmas sobre el fenómeno migratorio que dependen de los enfoques de análisis a los que anexionan los investigadores. Hemos visto así como han proliferado conceptos diversos que se aplican sistemáticamente para el estudio de los procesos migratorios corriendo el peligro de no adecuarse a los contextos en los que éstos se producen. En tal situación venimos a plantear de forma modesta en esta introducción cuestiones de índole metodológica en lo referente al uso de determinadas categorías de análisis y a la aplicación de modelos teóricos sobre inmigración de otros contextos migratorios, que no parecen encajar en el estudio de las realidades latinoamericanas y que precisarían ser reformulados luego de un intenso debate científico. Como ejemplo vamos a detenernos sucintamente en los conceptos de minoría intermedia39, el de empresario de enclave40, el de economía étnica41 y el de enclave económico étnico42 de uso corriente en las investigaciones sobre migraciones en Chile hoy; así como en los enfoques teóricos de donde surgen.

El origen de tales categorías se encuentra en la proliferación de actividades empresariales emprendidas por extranjeros en Estados Unidos durante la década de los ’70 del siglo pasado, en particular de negocios establecidos por coreanos en Los Ángeles y por cubanos en Miami. Como bien indican Arjona y Checa, debido a la importancia de las consecuencias que la presencia de las mismas produce, tanto desde el punto de vista laboral y financiero, como social, es que el tema ha interesado desde entonces a las ciencias sociales (Arjona y Checa, 2006:118). Con esta red conceptual se trata de dar explicación al fenómeno del establecimiento de actividades empresariales de extranjeros del que poco se sabe ni “sobre las condiciones necesarias para que emerja un enclave, los costes y beneficios de trabajar en este tipo de empresas étnicas, el tamaño de las empresas, los servicios y productos ofertados, los clientes, la dimensión comercial o si el mercado de trabajo étnico presenta características y propiedades del mercado primario, secundario o propias” (Arjona y Checa, 2006:130). El énfasis que los autores han otorgado a diversos aspectos del problema ha generado unas perspectivas de análisis específicas, a las que posteriormente han adherido otros especialistas. A su vez, esta adhesión ha ido provocando el establecimiento de corrientes teóricas con las que se ha tratado de dar respuesta a los interrogantes anteriormente planteados. Entre aquellas las denominadas culturalista43, ecológica44, economicista45y el mixed embeddedness46 constituyen las corrientes más fructíferas. Según lo postulado por éstas, y realizando un pequeño ejercicio de abstracción, podemos decir que el establecimiento exitoso de actividades empresariales étnicas precisa de unas condiciones de oportunidad específicas en lo que atañe al mercado de trabajo. En particular, parece ser que es requisito para la emergencia de economías étnicas una situación de segmentación racial o étnica del mercado de trabajo producto de las trabas administrativas y los prejuicios que pesan sobre los extranjeros recién inmigrados o las minorías ya establecidas, y de su exclusión del mercado primario de trabajo. Dada esta premisa podemos entrar a preguntarnos si es válido designar a determinados fenómenos como economía étnica o enclave económico étnico, por ejemplo, siempre que previamente se estudien las características de los mercados de trabajo.

Dirigiendo nuevamente nuestra atención sobre el caso chileno, y para comprobar si es pertinente o no el uso de este tipo de categorías y modelos teóricos, debemos primeramente observar el mercado de trabajo, al parecer segmentado tanto étnicamente como en razón de la clase con anterioridad al arribo de extranjeros. En efecto, parece que la inmigración no ha sido el factor clave para la segmentación del mercado de trabajo, sino la pobreza de los propios autóctonos y su componente étnico. Sin ser este el lugar para analizar este caso en particular, y para dar cuenta de la necesidad de abordar investigaciones metodológicas acerca del estudio de la inmigración en contextos de pobreza, nos atrevemos a lanzar algunas pistas. Al parecer podría ser apropiado utilizar algunas de las categorías extraídas de las definiciones de Arjona y Checa, como la de economía étnica, cuando pensamos en negocios establecidos por extranjeros, tales como cocinerías47 informales callejeras, restaurantes étnicos o establecimientos de llamadas internacionales –pues dentro de este concepto, recordemos, viene a ser incluida cualquier persona inmigrante que sea empleador, autoempleador o que esté empleado en empresas co-étnicas-, o el de minoría intermedia, que correspondería a cualquier empresario que establece este tipo de negocios; sin embargo primero debemos atender a las causas que provocan la emergencia de estos fenómenos, esto es, la segmentación del mercado de trabajo chileno en razón de la pobreza de parte de los autóctonos. Si los conceptos diseñados para el estudio de este tipo de actividades surgen cuando los mercados de trabajo se encuentran segmentados, y si ya estamos frente a un mercado caracterizado por la segmentación, vale la pena preguntarse en que se diferencian específicamente las actividades de estos extranjeros de las establecidas por los autóctonos. Las cocinerías no son un fenómeno nuevo, han poblado el paisaje de las ciudades chilenas desde hace décadas por lo que, de no ser porque los empresarios que las establecieron inicialmente son autóctonos podrían designarse como economías étnicas incurriendo en un error, pues de lo que se trata no es sino de un fenómeno de segmentación consecuencia, entre otros factores, de la discriminación étnica y de la mala distribución del ingreso. Si, como se observa, tanto extranjeros como chilenos llevan a cabo actividades económicas similares, ligadas a su posición en el mercado de trabajo segmentado, debido a las dificultades que enfrentan ambos grupos para obtener un trabajo formal y bien remunerado, debe relativizarse el rol que la condición de inmigrante o extranjero juega en el proceso de posicionamiento de los extranjeros en el mercado de trabajo chileno.

Con todo este desarrollo queremos en el fondo destacar la importancia de la inclusión de la variable modernidad, además de la variable extranjería, en el estudio de la inserción de los extranjeros en la sociedad chilena, y que ésta debiera atravesar las investigaciones sobre inmigración en Chile, en particular, y en América Latina en general. De no ser así se corre el riesgo de presentar trabajos sin referentes históricos, en los que el uso de conceptos trasplantados de otros contextos pueden llevar al investigador a vaciarlos de significado y a producir discursos asépticos al quedar descontextualizados los fenómenos que con ellos se analizan. Estas reflexiones nos llevan de un modo inexorable a cuestionar a la sociedad de acogida, al modo en que está organizada política y económicamente de manera principal, mucho más que a interrogar al extranjero y su modo de vida particular. Las condiciones materiales de vida y las necesidades económicas que sufren los migrantes deberían generar polémica en torno al tipo de sociedad que deseamos construir para gozo tanto de extranjeros como de autóctonos. Esto es, un debate sobre los asuntos sociales que interesan a los ciudadanos de gran parte de las naciones latinoamericanas, esto es, sobre la extensión de los derechos sociales, la garantía de acceso a servicios sociales de calidad (léase educativos y sanitarios principalmente), la repartición de la riqueza y la movilidad social ascendente, entre otros.

Los textos que completan la sección de artículos originales, que con estas consideraciones metodológicas presentamos, sirven a modo de ejemplo de cómo debemos generar este debate. De tal modo Pablo Baeza Virgilio con su minucioso trabajo sobre modelos teóricos nos advierte de las debilidades que tanto el modelo analítico neoclásico y el modelo asimilacionista presentan a la hora de comprender las realidades migratorias contemporáneas. Conceptualizados los escenarios en los que irrumpe la migración como espacios complejos seccionados por multitud de variables, trata el arribo a las ciencias sociales del enfoque transnacional como respuesta a estas debilidades. Parafraseando al autor, la reflexión sobre los modelos analíticos es imprescindible para poder practicar una alerta teórica y metodológica constante [y] no tomar como dadas las categorías con las que pensamos lo social sino justamente construirlas como resultado del análisis.

Las perspectivas históricas de investigación de las realidades migratorias del presente resultan ser, por otro lado, imprescindibles para comprender tales fenómenos sociales. Es de tal manera que Damir Galaz-Mandakovic Fernández aborda lucidamente el estudio de los procesos migratorios acaecidos a inicios del siglo XX en Tocopilla, población situada en la costa norte de Chile, para mayor comprensión de aquellos otros producidos a finales del mismo siglo. Caracteriza cuidadosamente las migraciones de chinos, italianos y yugoslavos en Tocopilla, en el contexto de su consolidación como puerto salitrero o puerto centrípeto, siguiendo la nomenclatura del autor, para dar cuenta de la atracción que ejercía la economía del municipio sobre diversas poblaciones europeas empobrecidas, y luego pasar a determinar las causas que movieron a muchos tocopillanos a migrar a Europa durante los años 80 del siglo XX, principalmente a Suecia. En concreto, la suma del cambio tecnológico que sobrevino en la industria del salitre y la transformación del modelo económico, pasando de un modelo de economía dirigida a otro neoliberal durante la dictadura del General Pinochet, favoreció la consolidación de la estructura de subdesarrollo en Chile generando un proceso de movilización de personas importante. Detalla por tanto el autor un movimiento pendular de población del que destaca las conexiones existentes entre ambos, las que categoriza como referentes o causas para su emergencia.

Los postulados del interaccionismo simbólico se encuentran al servicio del trabajo de la Dra. Délia Dutra sobre la producción de identidad de las empleadas domésticas peruanas en la ciudad de Brasilia. Como paradigma interpretativo, resulta a la autora útil cuando entra a analizar la situación social desde la perspectiva de las migrantes. A través de su trabajo advertimos las dificultades propias de residir en espacios de los que no pueden apropiarse, esto es, los domicilios donde trabajan y viven bajo constante autoridad de los empleadores, a las que se unen aquellos inconvenientes resultado de su condición de sostenedoras de las familias que quedaron en los lugares de origen, y sujeto de discriminaciones jurídicas y sociales.

La transformación de los espacios sociales de interacción por la llegada de los extranjeros en lugares multiculturales o culturalmente diversos, particularmente la ciudad de Bruselas, ha llevado a Mieke Schrooten al estudio de las zonas de contacto entre población migrante, específicamente brasileños, y la autóctona. Enfocando dicho estudio a través de la perspectiva de fronteras y zonas de contacto analiza como estos actores renegocian constantemente los límites de sus interacciones en el espacio público. Las fronteras lingüísticas, jurídicas, culturales y de clase limitan tales interacciones produciendo a su vez zonas de contacto específicas. Su interesante trabajo guarda relación asimismo con los procesos de construcción de identidades colectivas de los extranjeros que interaccionan en estas zonas concretas.

Sobre este punto determinado, la construcción de identidades colectivas versa el trabajo de la Dra. Sandra Gruner-Domic. A través de los enfoques de análisis propios del transnacionalismo, la autora explora de forma muy interesante el terreno de las experiencias de mujeres latinoamericanas en Alemania. Estudia así la construcción de identidades y la emergencia de conflictos sobre la representación social de las, así denominadas por la autora, transmigrantes. A través de su lectura se evidencia como las retóricas sobre las inmigrantes latinoamericanas producidas por la sociedad de acogida producen conflictos sobre la identidad de las mismas y como éstas generan estrategias para su reelaboración. Las categorías tradicionales con las que se construían las identidades, tales como la raza, la religión, la clase o la nacionalidad, pasan a un segundo plano cuando estas mujeres construyen sus identidades sobre nuevos criterios basados fundamentalmente en sus particulares estilos de vida.

Los tres últimos trabajos que aquí introducimos tratan la inmigración de extranjeros en España desde diferentes ámbitos. En uno de ellos, los autores Gregory Dallemagne, Lucía Echevarría Vecino y Alicia Ferrández Ferrer, dan luz sobre las políticas de representación de la migración de origen latinoamericano en dos medios de comunicación para minorías producidos en España. En estos espacios públicos la representación del extranjero difiere de la producida por los medios generales. En particular ésta se caracteriza por mostrar al extranjero como un sujeto empoderado con capacidad para la reivindicación y generadores de riqueza cultural para el país, características que suelen ser invisibilizadas en los medios de comunicación más generales. Sin embargo la inclusión discursiva no parece ser tan rupturista, al juzgar de los autores, pues a su vez se representa al extranjero latinoamericano a través de construcciones hegemónicas de la identidad cultural y del género, que conducen a una representación comercial y superficial de lo “étnico” y a la consolidación del patriarcalismo y el dominio masculino en la esfera pública.

Por otro lado, Socorro Pérez-Rincón, Antoni Vives, Asun García y Carme Expósito, miembros del grupo de investigación Multiculturalismo y Género de la Universidad de Barcelona, nos acercan igualmente al problema de la recepción colectiva de los esquemas de representación hegemónicos de los medios de comunicación sobre los extranjeros. La técnica de los focus groups ha sido la herramienta utilizada por los investigadores con el objetivo de analizar los procesos colectivos de creación de significado producidos en la apropiación de mensajes emitidos por diferentes medios de comunicación previamente seleccionados, básicamente recortes de prensa y programas de televisión. A través de la misma dan luz sobre el modo en que se reproducen los discursos sobre la otredad, así como sobre la representación de las concentraciones de inmigrantes, resultado de la segregación social que padecen, como guetos.

Para finalizar esta introducción presentamos el trabajo del Dr. Joaquín Eguren sobre usos del espacio público de extranjeros andinos (ecuatorianos, especialmente de la sierra, peruanos, colombianos y bolivianos) en la ciudad de Madrid, en particular de parques y jardines. Trata el autor de identificar los procesos de apropiación del espacio por parte de los extranjeros los que responden a diversas necesidades ligadas principalmente a la extensión de redes de ayuda y conocimiento, a la recreación y el ocio, así como al emprendimiento de actividades económicas ligadas con la gastronomía tradicional. Las concentraciones de connacionales en estos lugares sirve, de este modo, al estudio de la reproducción de usos de los espacios públicos que los extranjeros llevaban a cabo en sus países de origen.

Invitamos pues a sumergirse en la lectura de este interesante monográfico el que esperamos contribuya a profundizar el debate en torno al modo en que se estudian los procesos migratorios, en cómo estos se realizan y las consecuencias que genera tanto en los actores que las protagonizan como en las sociedades en las que se establecen.


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