Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012 Revista de Ciencias Sociales


Terrorismo islámico en el Barrio del Raval



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Terrorismo islámico en el Barrio del Raval

El terrorismo conforma uno de los tópicos principales a través de los que el discurso mediático ha vinculado el fenómeno de la “inmigración” con la reclusión comunitaria en el espacio urbano, siempre siguiendo los antiguos esquemas orientalistas de representación de la alteridad cultural religiosa en clave de crueldad y violencia irracional asociada principalmente al Islam (Said, 1991).

Dicho estereotipo se confirmó e incluso se amplificó en los focus groups formados por audiencias “autóctonas” ante la exposición mediática de diversas noticias y reportajes sobre las manifestaciones de vecinos musulmanes del Raval ante las acusaciones de terrorismo y detenciones de 2008.144 En la recepción de estos mensajes la población de nacionalidad española tendió a significar interpretar las movilizaciones públicas como la confirmación misma de la alteridad, como la prueba de que se trata de un colectivo con actitudes terroristas145:

“Yo no lo encuentro del todo bien […] Si ellos mismos callaran y no dijeran nada, no se harían daño a ellos mismos con este tipo de manifestaciones. Porque la gente piensa: Ah! estos son terroristas por eso se manifiestan”.

Parece ser que los jóvenes “autóctonos” se veían perturbados e incluso violentados ante la visibilidad pública de sus vecinos “inmigrantes” como sujetos políticos que plantean sus propias reivindicaciones colectivas como algo legítimo. En este sentido, la población de nacionalidad española tendió a negar la legitimidad de la agencia pública y la subjetividad política de los colectivos alterizados. De hecho, este tipo de estrategias sociales subjetivas de carácter reivindicativo en las que los colectivos “inmigrantes” se empoderan fueron percibidas en las discusiones generadas en los focus groups formados por estudiantes mayoritariamente “autóctonos” como actitudes de superioridad ilegítimas en los procedimientos del conjunto social:146

“No veo bien que los inmigrantes vengan y que estén vacilando, que vengan por motivos económicos está bien pero que vengan a comerse el mundo en el sentido de que se sientan superiores a los demás, esto no lo veo bien”.

De esta manera, solamente se reconoció a los colectivos identificados con la “inmigración” en tanto que sujetos económicos productores. El tema del terrorismo se acabó convirtiendo en un pretexto para negar la legitimidad de su agencia en la toma de decisiones políticas.

Si por una parte el conflicto político religioso planteado en los medios de comunicación fue confirmado e incluso amplificado por las audiencias “autóctonas”; por la otra, en los focus groups formados por sujetos receptores etiquetados como “inmigrantes” musulmanes y señalados como posibles terroristas, se acabaron invirtiendo las agencias del conflicto planteado, adjudicándolas a la intolerancia predominante en la sociedad de destino. Este fue el caso de un grupo de mujeres marroquíes cuando asociaron rápidamente el tema del terrorismo con el del velo islámico, al mismo tiempo que negaban el estereotipo de la alteridad con el que se las identificaba, e intentaban evidenciarlo como una construcción social y un prejuicio irracional147:

“Hay mucha gente que no le gusta la gente de Marruecos. No sé porqué. La gente ve las noticias y piensa que todos los musulmanes somos terroristas / La gente no quiere alquilar pisos a los inmigrantes. […] / El problema para las mujeres es el pañuelo. Cuando buscas trabajo siempre te preguntan si llevas pañuelo”.

Así pues, en los focus groups celebrados las mujeres procedentes del Magreb interiorizaron su propia experiencia de discriminación laboral y habitacional como actos de xenofobia cultural. Más específicamente, identificaron las disciplinas sociales padecidas como ataques a su propia religión. En este aspecto, hay que tener en cuenta que la significación occidental y alterizante del velo islámico como signo de intolerancia y autoritarismo patriarcal ha cogido históricamente una posición central en la disputa cultural (Martín Muñoz, 2005). La experiencia de las disciplinas de integración que se imponen a las mujeres marroquíes con motivo de esta prenda fue interpretada por ellas mismas como una forma de discriminación cultural y un atentado a su libertad individual:148

“Mi jefa cuando viene a buscarme a casa, me obliga a entrar en el coche sin pañuelo. Yo ya entro al trabajo sin pañuelo, pero ¿por qué en el coche? Es cosa mía”.

De todas maneras, a pesar del desmarque subjetivo realizado por las mujeres musulmanas, las acusaciones que ellas hacen a los medios de comunicación no dejan de evidenciar el poder de influencia de estos últimos, ya que en la recepción misma se reproduce el conflicto que se plantea en la emisión. La falta de predisposición a la integración con la que se acusa a los “inmigrantes”, junto con la discriminación racista que se atribuye a los “autóctonos”, configuran los dos polos de un conflicto basado en el intercambio de representaciones opuestas de la alteridad.



Bandas latinas en las periferias urbanas

Junto con el terrorismo islámico, el principal tópico a partir del que se asocia la peligrosidad y la violencia con la presencia pública de población extranjera en los espacios urbanos ha sido la aparición de bandas latinas relacionadas frecuentemente con la delincuencia y el tráfico de drogas. En este caso, el colectivo de procedencia señalado ha sido predominantemente el latinoamericano, asentado preferentemente en las ciudades periféricas del área metropolitana de Barcelona.

En las discusiones generadas en la recepción mediática de los focus groups, la asociación entre la violencia urbana y la procedencia de ciertos colectivos de “inmigrantes” se confirmó en los grupos integrados por adultos “autóctonos”, incluso cuando el discurso de los medios trataba de positivar la representación de las bandas latinas a través de su reciclaje en asociaciones culturales:149

“Hacer asociaciones culturales es como si estás haciendo las cosas mal y además por eso te premian, […] El grupo tiene mucha fuerza, este tipo de proyectos es la manera de limpiar y un poco o la cara a este tipo de problemas. Se está perdiendo la esencia de lo que son estas bandas en su país de origen, en parte es bueno pero la esencia las bandas es mala”.

Se observa como en este caso se vincula constantemente el origen latinoamericano de los integrantes de las bandas juveniles con el fenómeno de la reclusión comunitaria guetizante, y en último término con la violencia y la peligrosidad social. En este sentido, las alusiones al aspecto exterior de sus miembros a través de la moda juvenil cogen gran relevancia en la recepción discursiva.150 De esta manera, a partir de juicios puramente estéticos, asociados a temores imaginarios más que a desacuerdos efectivos en la conducta social, se produce la exclusión del “otro” inmigrante de la corrección política y la legitimidad social (Silva y Domínguez, 1997).

De todas maneras, la población de nacionalidad española también confirma el discurso positivizante sobre las bandas juveniles latinas como potenciales agentes de construcción de capital social y cohesión:151

Sobre el gueto, no sé qué decir […] por películas y por eso entiendo lo que es. Por ejemplo en el Raval, imagino que los inmigrantes se concentran para estar más seguros, seguir sus mismas tradiciones y que el impacto no sea tan bestia. Esto probablemente es positivo”.

Los jóvenes receptores del discurso mediático construyen su imaginario sobre el “gueto” ajeno a partir del visionado de películas, presumiblemente americanas en su mayoría. Así pues, la representación del espacio urbano ocupado por minorías raciales y culturales proveniente de los EUA se consolida como hegemónica tanto en su cara negativa de marginalidad y conflictividad social, como en su reverso positivo de pequeña comunidad de contacto vecinal humanizante.

De hecho, el significado predominante del término “gueto” es aun hoy en día el mismo que se dio en EUA después de la Segunda Guerra Mundial para denominar a los barrios pobres donde predominaba la población de ascendencia africana. En Europa, la idea de llegada y asentamiento de ciertas minorías de procedencia común en determinados barrios se tradujo en la adopción del término tal y como fue utilizado por la Escuela de Chicago (Aramburu, 2000). A partir de esta proposición inicial, “gueto” ha sido utilizado como término despectivo para diferenciar entre la población blanca-autóctona dominante y las minorías negras-inmigrantes alterizadas. Las precarias condiciones de vida que se atribuyen a este espacio son asociadas con ciertas insuficiencias morales ligadas a la delincuencia. Se trata de un mecanismo de estigmatización de estos espacios urbanos a la manera de regiones morales peligrosas (Nash, 2007), vinculadas al imaginario colectivo de prostitución, bandas juveniles, inseguridad, violencia urbana, desempleo, tráfico y consumo de drogas, etc. Dichos espacios de moralidad dudosa son al mismo tiempo opuesto a los vecindarios identificados con el sujeto dominante, blanco-autóctono y de clase media, considerado siempre más pacífico y ordenado.

La apropiación de la concepción clasista del “gueto” que se creó en el ámbito de la sociología norteamericana, substitutoria de la utilización original del término relacionada con la discriminación de la población judía en la Alemania Nazi,152 conduce a que ciertas áreas urbanas donde se concentra población de alto poder adquisitivo no sean concebidas como tales por parte de los colectivos de jóvenes de nacionalidad española, a pesar que constituyan concentración de población de características económicas y culturales semejantes. Este fenómeno se produce cuando esta cuestión es planteada por los medios de comunicación para el caso del barrio acomodado de Pedralbes:153

“Es gente que tiene alto poder adquisitivo, eso no hace daño. Tampoco se escucha que hay peleas. Pero en cambio del barrio del Raval todo el mundo tiene una idea mala”.

Por otra parte, a diferencia de las audiencias “autóctonas”, las “inmigrantes” tienden a sentirse reconfortadas en la recepción mediática de la idea del “gueto” elitista de gente rica154:

“Sobre el imaginario siempre que dicen gueto, lo primero que asocias es un grupo marginado de la sociedad y me llama la atención que en este video pongan de ejemplo Pedralbes. Se puede considerar esto un gueto porque aunque es un grupo honrado, ¡intenta entrar en Pedralbes y te darás cuenta si es fácil hacerlo!”.

Al sentirse señaladas como sujetos potenciales de conformación de un “gueto de inmigrantes”, este grupo de mujeres uruguayas conocidas por organizar encuentros periódicos de personas de su misma procedencia, comprueban como esta inversión de los términos que se propone en los medios de comunicación puede serles ventajosa, ya que naturaliza la reclusión comunitaria como una tendencia universal en todos los colectivos, más allá de la división entre “autóctonos” e “inmigrantes”.

De todas maneras, las mujeres de nacionalidad uruguaya acaban aprovechando las definiciones clasistas y racistas del término para desmarcarse del estigma que lo acompaña. Aprovechan el establecimiento de las diferentes alteridades inmigrantes en función de la procedencia de cada colectivo, en la medida que las diferentes atribuciones de diferenciación racial y social las emplaza en un lugar próximo al prototipo nacional de normalidad:155

“Yo creo que no a todos nos meten en la misma bolsa. Los marroquíes son una cosa, en cambio lo que somos argentinos y uruguayos somos otra cosa, somos más parecidos. Sudamérica pero la parte del norte no son tan aceptados como nosotros. Cuando hay una persona con problemas son ecuatorianos o colombianos”.

En esta jerarquía de alteridad inmigrante, no solamente las marroquíes son reducidas a un estereotipo rígido y reiterante, sino también la población latinoamericana más asociada a las bandas, la violencia y el tráfico de drogas. Así pues, la población argentina o uruguaya se desmarca estratégicamente de la alteridad del “inmigrante” relacionado con el “gueto”, desplegando un discurso de adscripción racial-cultural que persiste (Stolke, 1994). Cuando la desvinculación no es posible debido al propio fenotipo racial visible o a la estigmatización más acusada de ciertas procedencias, los colectivos que se saben señalados reaccionan negando la identidad asignada, al mismo tiempo que denuncian las generalizaciones realizadas. Este es el caso de una joven ecuatoriana con relación al tópico de las bandas juveniles:156

“En Sant Feliu se ve de una supuesta banda y me ha tocado ver como la policía los viene a buscar y cosas de esas y no dan buena imagen. Por ejemplo, yo soy Ecuatoriana y hay muchos chicos de esos que son ecuatorianos, la gente escucha eso y se piensa que cuando escucha que son Ecuatoriana que soy igual a ellos”.

Desde su propia experiencia, la interlocutora pone en duda la naturalidad de la representación de la alteridad “inmigrante” en clave de “gueto” conflictivo. Cuando hace referencia a las “supuestas bandas” pone en duda de su existencia más allá de su nombramiento en los medios de comunicación. Al mismo tiempo, carga la agencia negativa del conflicto a las políticas de control policial que se derivan de este tipo de representación estereotipada, ya que la confirman en última instancia.

Jóvenes de ascendencia africana residentes en Mataró se saben igualmente etiquetados en términos negativos por pertenecer a una minoría racial, pero optan no tanto por desmarcarse del estereotipo de la banda juvenil, como por positivar y naturalizar la reclusión comunitaria. De todas formas, a diferencia de la alterización victimizante producida en la recepción de los jóvenes “autóctonos”, en este caso no se destaca tanto la agencia social negativa de la población nativa despersonalizada y abstraída a través del término “sociedad”, como la agencia positiva de los jóvenes “inmigrantes” a través de formas propias de organización colectiva:157

“Algo de bueno también harán esos colectivos […] dudo que se junten un grupo de cincuenta personas solamente para delinquir y para irse de fiesta, debe haber algo más que no nos cuentan”.

Los jóvenes identificados como “inmigrantes” adoptan una actitud más crítica ante los medios de comunicación. A partir de su propia experiencia como sujetos alterizados y estereotipados, estos grupos tienden a cuestionar la veracidad del discurso que se teje a través de los mensajes constantemente emitidos. De hecho, respecto a las bandas juveniles latinas, se ha demostrado empíricamente que los jóvenes que se organizan a partir de este modelo, lo hacen principalmente como forma de autoidentificación y protección simbólica, como modelo de organización en el espacio público y justificación de determinadas actividades no legitimadas (Feixa, 2006). En la medida que los episodios graves de violencia son muy esporádicos, es la circulación de información organizada en un discurso de exclusión lo que genera el miedo en el que se mezcla la representación con la experiencia personal y colectiva.

En esta línea, los jóvenes de ascendencia africana significan la reclusión comunitaria de colectivos en riesgo de exclusión social como algo natural y como una forma positiva de acumulación de capital social y empoderamiento que facilita la vida cotidiana de sus integrantes:158

“Lo que se conoce por gueto es como una hermandad con sus jerarquías, con el que manda. […] los guetos se pueden definir de muchas maneras […] no es malo porque las personas que se sienten desplazadas y que pueden encontrar gente que te reciba con los brazos abiertos, porque de los guetos lo que engancha es eso, hay un apoyo constante”.

Así pues, los jóvenes “inmigrantes” positivan y naturalizan sus actitudes de reagrupamiento entre individuos de una misma procedencia o que comparten una misma vecindad, al mismo tiempo que niegan el estereotipo que los conecta con un imaginario de violencia, drogadicción y delincuencia. Todo ello conlleva a este colectivo a deconstruir el discurso institucional y mediático que le define como “inmigrante”:159

“Yo creo que lo que diferencia un gueto de una organización es el tema de la discriminación, es la forma de discriminar a un colectivo ¿qué entiendes por gueto? […] Te juntas con el primero que conoces, estableces vínculos por lo que tienes en común y ya eres un gueto”.

Desde la propia experiencia de alteridad y falta de control de la propia identidad en el conjunto social, las personas racialmente diferenciadas hacen evidente el convencionalismo de la representación del espacio urbano donde residen a través del recurso de la constante interrogación sobre el lenguaje de construcción del conocimiento. Así pues, la utilización de término “gueto” para designar el agrupamiento colectivo y el establecimiento de lazos sociales entre personas de una misma procedencia es presentada como una forma de estigmatizar y castigar el empoderamiento social de los sujetos excluidos.

Conclusiones

La recepción comunicativa de los discursos sobre la “inmigración” y su asentamiento en el espacio urbano conforma un momento clave en la reproducción de los estereotipos de la alteridad “inmigrante” que legitiman las políticas públicas de discriminación al mismo tiempo que generan prácticas cotidianas de segregación espacial en la ciudad. Más allá de la simple reproducción del discurso mediático, las principales líneas de producción cognitiva se expanden y se desarrollan en su recepción colectiva. Efectivamente, al difundirse y reelaborarse en un contexto comunicativo oral, relajado y con menos censura, la recepción mediática rompe los límites de la corrección política impuesta en los mercados lingüísticos de alto valor y prestigio (Bourdieu, 1991). De esta manera, los estereotipos sobre la “inmigración” se transmiten de forma mucho más explícita en todas sus expresiones.

Las formas de recepción mediática demuestran cómo, ante un estímulo mínimo, se activan cápsulas de significación que funcionan a modo de guiones preestablecidos (Van Dijk, 1997). A través de una concatenación de asociaciones semióticas, la recepción sigue reproduciendo los estereotipos más tradicionales de la alteridad “inmigrante”. Incluso ante el visionado o la lectura de ciertas unidades de comunicación que proponen romper con el estereotipo y ofrecer una visión alternativa de la “inmigración” y el “gueto”, la recepción colectiva se empeña en la reproducción de los viejos esquemas de representación, ignorando otras posibilidades. Con relación a ello, cabría poner en cuestión el poder de los medios de comunicación en la significación colectiva de la experiencia social y la reproducción de prejuicios racistas, planteando al mismo tiempo la posibilidad que sean las políticas institucionales de discriminación de la población inmigrada las que favorezcan y legitimen la reproducción de los viejos discursos racistas.

Aun así, en la recepción mediática de los discursos hegemónicos sobre el tema de la “inmigración” también se constatan desplazamientos en sus significados y esquemas de representación que permiten cuestionar los pilares básicos de construcción del conocimiento. Este fenómeno se da especialmente en la recepción realizada por parte de los sujetos alterizados como “inmigrantes”. Entre estos colectivos, la recepción de la representación del espacio urbano como “gueto” evidencia una actitud ambivalente a medio camino entre la negación y la positivación del estereotipo que recae sobre sí mismos. Dichas estrategias no suponen la superación de los binomios de representación dominantes (Hall, 1997b), aunque establecen notables diferencias con respecto a la ejecución de las mismas por parte de sujetos de nacionalidad española, fenotipo racial blanco y clase media, siempre más próximos a la norma considerada legítima en el conjunto social.

Cuando son los colectivos etiquetados como “el otro inmigrante” los que se apropian del discurso, la positivación del “gueto” se hace desde una actitud de resistencia a la perspectiva paternalista y victimizante predominante en los discursos de los medios. De esta manera, reivindican la normalización de la propia agencia social y política, al igual que denuncian la artificiosidad de los esquemas de representación y división social. Del mismo modo, cuando los propios sujetos alterizados son los que niegan el estereotipo, la negativa ya no supone un desplazamiento del estigma a otros colectivos en una posición inferior en la escala de jerarquización de la diferencia. Contrariamente, la negación desemboca en el cuestionamiento de las premisas cognitivas de discriminación social en los que se basa el discurso dominante. De esta manera, aunque no se ofrezca una identidad subjetiva “inmigrante” verdaderamente alternativa a los binomios de representación dominantes, se desmonta el sistema de representaciones en el que se basan las jerarquías totalizadoras del ordenamiento social.

Todo ello conduce en última instancia a la evidencia que el estigma del “gueto” recae sobre las personas llamadas “inmigrantes” como un castigo simbólico cuando establecen entre ellas lazos de solidaridad y vínculos sociales como estrategia subalterna de empoderamiento y autoprotección ante el peligro de exclusión social.



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Recibido: 01 de junio de 2012
Aceptado: 25 de septiembre de 2012



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