Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012 Revista de Ciencias Sociales


Identidad, Migración y Mediaciones: Aspectos transnacionales



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Identidad, Migración y Mediaciones: Aspectos transnacionales

en las experiencias de mujeres latinoamericanas en Alemania
Sandra Gruner-Domic167
La experiencia de mujeres inmigrantes en Alemania sirve como ejemplo, en este artículo, para reflexionar sobre los conflictos de alteridad e identidad que surgen en las retóricas discursivas de los países de acogida de inmigrantes. Las experiencias de vida de estas mujeres, como se identifican y prefieren verse representadas, demuestran cómo procesos de inclusión y exclusión ignoran algunas perspectivas y no están reflejadas en discursos sobre migración e inmigrantes que las caracterizan como diferentes u “otras”, negando la fluidez de identidades tanto personales como colectivas.

Palabras-clave: identidad, migración, latinoamericanas, alteridad, inclusión/exclusión.



This article uses the experiences of female Latin American immigrants in Germany as an example to think about the conflict of Otherness and identity that arise in discourses and rhetorical debates in the hosting countries of migration. The life experiences of these women, the way how they identify themselves or how they prefer to be seen, demonstrate how process of inclusion and exclusion ignore some of these women perspectives und are not reflected in migrations discourses that tend to characterize them as different or “Other”, denying the fluidity of personal and collective identities.

Keywords: Identity, Migration, transnational, inclusion-exclusion, women, Latin America, Germany,

Introducción

Esta propuesta intenta un análisis general sobre la experiencia migratoria y su relación con los cambios de identidad. Observando la experiencia de mujeres latinoamericanas que emigran a Europa –centrándome más concretamente en el caso Alemán– quiero señalar los aspectos de identificación que acompañan situaciones de género, pan-etnicidad y cosmopolitismo. Dada la situación de que muchas de las migrantes mantienen relaciones transnacionales168, que promueven un cambio constante de culturas, idiomas y a la vez la mantención de redes que perpetúan estas conexiones, es necesario apuntar de qué manera es manejada la flexibilidad adquirida por estas mujeres para entender cuán fluido es el proceso de identificación y qué mecanismos contribuyen a reconocer identidades colectivas.

Empiezo haciendo una breve referencia al fenómeno migratorio y su relación con el cuestionamiento de la identidad, para mencionar luego cómo otros factores influyen y moldean procesos de identificación individuales y colectivos. Después expondré en detalle cómo los individuos perciben y actúan en relación a ciertas narrativas que los excluyen por diferentes motivos, para finalmente, mostrar las estrategias narrativas que las mujeres latinoamericanas emplean al describir su situación o identidad también de género más adecuadamente, tomando en cuenta que algunas mantienen relaciones transnacionales. Estas valoraciones se basan en observaciones y entrevistas efectuadas durante mi investigación para optar el título de grado entre los años 1998-2002 (Gruner-Domic, 2005). Las extensas entrevistas biográficas realizadas a 15 mujeres fueron hechas de forma más intensiva con sólo 9 de ellas en la ciudad de Berlín. La investigación de campo se extiende a varias de las comunidades de latinoamericanos (los latinos forman 1% de la comunidad inmigrante total en Alemania) así como el seguimiento de las entrevistadas. No todas las inmigrantes entrevistadas mantienen vínculos transnacionales por lo cual solo una pequeña parte de esta muestra ha sido utilizada para este artículo.

Mi interés al realizar esta investigación fue observar cómo las mujeres maniobran identidades étnicas, nacionales, de género en nuevos contextos. Con este propósito escogí mujeres latinoamericanas indistintamente de su origen social, edad, profesión, etc. En especial por dos motivos: al ser un grupo pequeño en Alemania no es percibido como amenaza en retóricas nacionales, por otro lado al ser considerado como un grupo pan-étnico169, por otros así como por algunos de sus miembros, la oportunidad de diversificación en la muestra es mayor así como las oportunidades de identificación. El grupo de las entrevistadas abarcó mujeres entre 25 y 45 años de edad, que compartían la experiencia de haber migrado y cruzado fronteras culturales así como el haber recibido adscripciones de otredad.



Cuestionamiento de identidades nacionales por la migración

El movimiento sucesivo de individuos de un lugar a otro genera cambios en la interacción entre los nuevos y antiguos residentes de un espacio local ciudad o lugar especifico. Uno de estos cambios es el cuestionamiento de narrativas nacionales y la reformulación de identidad debido a las negociaciones de derechos, deberes así como también alegatos de pertenencia, inclusión ó exclusión a cierto espacio. Estas negociaciones de derechos o pertenencia a un lugar que siempre se han dado, consideran la historia como fuente de legitimación y hoy son percibidas como respuestas políticas de identidad (identiy politics) étnicas y son puestas en contraste con el pasado. Por un lado, estas interacciones reflejan los diversos mecanismos y el modo en que funcionan al crear identidades de grupo. Por otro lado, podemos ver que no aparecen de la nada, sino que son la continuación de antiguas relaciones mayormente manifestadas en diferencias (étnicas, jerárquicas, raciales) que reproducen ciertas construcciones y al mismo tiempo están listas para implementar cambios (Kymlicka 1995, Korom 1994, Anderson 2006).

Los procesos migratorios han sido estudiados por diferentes disciplinas y cada una de ellas ha enfocado la migración desde un ángulo diferente. Sin embargo, este interés ampliamente compartido se da no sólo por el intenso movimiento de población que caracteriza el siglo XX (Brettell y Hollifield 2000), sino también por el énfasis creado en mantener una identidad nacional que necesita delinear quién pertenece a él o no. Cabe subrayar que el surgimiento y consolidación de naciones-estados coincide con las explicaciones del racismo científico y eugenésico.

La consolidación histórico-política conocida como el Estado-nación, ha sustentado diversas formas de exclusión en su intento de enfatizar retóricas de identidad nacional. Irónicamente esta forma de organización, basada en reglamentos, en cánones, disposiciones y constituciones fue diseñado bajo circunstancias diferentes y con la intención de agrupar conjuntos étnicos variados bajo la nueva idea nacional, o continuar divisiones geográficas de la colonia con nuevas ideas de gobernación de movimientos independientes (Anderson 2006, Hobsbawm 1999).

Andreas Wimmer y Nina Glick Schiller (2002) afirman que en las ciencias sociales ha existido por mucho tiempo un punto ciego al explicar e interpretar nacionalismo y etnicidad, ya que han dado por sobreentendido este marco nacional de la modernidad. Sólo ahora que las naciones-estados han perdido algo de su poder a favor de corporaciones transnacionales y organizaciones supra-nacionales, es más fácil observar cómo el nacionalismo fue naturalizado de tal manera que el imaginario en ciencias sociales asumió un enfoque analítico sólo desde los contornos del estado-nación170. Los intentos de entender el fenómeno migratorio fueron ligados por mucho tiempo a una epistemología euro-centrista y racista que privilegia la superioridad de los países de acogida y a la vez privilegia la idea de una unidad entre cultura y territorio, como si estos habrían existido siempre y de forma autónoma (Gupta y Ferguson 2008) influenciando una perspectiva asimilacionista . De esta manera las experiencias migratorias provocan nuevas interrogantes acerca de la constitución natural de la trilogía nación/Estado/sociedad como ente natural del mundo moderno (Kearney 1991, Wimmer y Glick Schiller 2002, Levitt P, DeWind J, Vertovec S. 2003, Levitt y Jaworsky 2007, Sunier 2006, Brubaker 2010). Nuevos trabajos vieron la luz en los años noventa que cambian esa perspectiva, en especial al considerar prácticas globales desde las bases y las experiencias de transmigrantes, de migraciones circulares y diaspóricas. A pesar de este cambio en el enfoque académico, en el ámbito político y cotidiano no ha sido mayormente considerado.

Los movimientos migratorios han originado debates importantes sobre el carácter del Estado-nación. Un ejemplo es el secularismo y la educación de comunidades Islámicas en Europa. Otro es cómo el Estado empieza a promover la reincorporación de sus inmigrantes transnacionales promoviendo leyes, creando proyectos estatales que influencien la mantención de lazos con el país de origen (Guarnizo y Smith 1998, Sunier 2006). Por ejemplo, el envío de remesas por los migrantes es estimulado por los Estados a través de medidas políticas. Aquí vemos que la retórica nacionalista también está siendo usada y adaptada a los nuevos cambios en las relaciones transnacionales, promoviendo no sólo una imagen nacional internamente, es decir, hacia sus miembros habitantes en el país, sino también internacionalmente (Glick Schiller y Fouron1999).

Es importante entender esta situación histórica para comprender mejor el apego a identidades nacionales, étnicas, raciales o culturales y descubrir cómo son construidas pasando a convertirse en un factor psicológico y emocional importante dentro de la identidad individual y colectiva. Las ideas nacionalistas, que pretenden una homogeneidad cultural étnica o racial, han implantado el concepto de nación como un contenedor que demarca y considera las relaciones sociales sólo existentes dentro de estos límites (Wimmer y Glick Schiller 2002, Hobsbawm 1999).

Entender que el concepto de Estado-Nación ha influenciado y continúa influenciando retóricas de pertenencia, es importante para discernir con mayor claridad afirmaciones que tratan de generar nuevas rivalidades basadas en diferencias raciales-culturales asumiendo la existencia de civilizaciones diferentes como arguye Huntington (1993) aduciendo que estas civilizaciones existen como entidades más antiguas que los Estados-naciones. Estas posiciones continúan siendo debatidas a nivel político y cotidiano afectando la perspectiva de migrantes y no-migrantes.



Identidades de latinoamericanas

Una pregunta común respecto a los migrantes es cómo se da y cuán rápido es el proceso de integración social y cultural. Esta perspectiva también influenciada por el enfoque nacional presupuso asimilación en relación a migraciones (Harzig y Hoerder, 2009), una suposición de inclusión monolítica que implica disolución y atañe a la relación minorías a mayorías (Elias y Scotson, 1990). Esta relación que señala jerarquía está siendo interpelada con los nuevos discursos de igualdad y justicia que tienden a cuestionarla. Hoy los migrantes apelan a formas sociales de convivencia y ser escuchados o protegidos independientemente de la nacionalidad a la que pertenecen, basándose en derechos humanos y reglamentos más universales acudiendo para esto a grupos religiosos o étnicos incluyentes (Cheah 2006, Fox y Rivera-Salgado 2004, Delugan 2010, Johnson y Webner 2010). Esta dinámica cambia también la perspectiva de las identidades de estas personas. Vale aquí preguntarse ¿cuál es la dinámica que favorece una identificación sobre la otra?

En primera instancia, hay muchas formas de identidad colectiva, que son importantes y necesarias para formar la identidad personal (Erikson 1966, Sen 2006). A su vez, estas identidades se encuentran en constante cambio y negociación creando interpolaciones o entrecruzamientos dependiendo de las circunstancias, lugares y políticas. Estas dinámicas de identificación han sido interpretadas por algunos autores como híbridas, diaspóricas (Clifford 1994, Bubaker ) como un tercer espacio (Homi Bhabha 1996) atraídas por multitud de influencias, relaciones de poder o prestigio171 (Sen 2006, Bhabha 19996, Caglar 1997).

Muchas mujeres de Latinoamérica emigran a otras regiones atraídas por ciudades cosmopolitas o por diversos factores materiales y culturales que promueven la adquisición de capital cultural (educación, instrucción y experiencia en otros idiomas y culturas) o motivadas por las oportunidades de consumo, variedad de estilos de vida, accesibilidad a redes y lugares de comunicación y de viaje. Pero además de estos motivos muchas de ellas afectadas por inequidades globales en ingresos o la desaparición de oportunidades de empleo, buscan alternativas globales de empleo para su realización personal y familiar. Los motivos personales y estructurales son algunos de los muchos que llevan a estas mujeres a la búsqueda de nuevos horizontes. Si bien atraídas por razones no sólo económicas y de progreso o de independencia, estas personas hasta cierto punto son conscientes de las transformaciones que van a experimentar y aun así, no pueden calcular las consecuencias que ocasionarán los cambios y negociaciones de identidad. Este proceso está influenciado por diversas dinámicas. Por una parte por las expectativas de ambos lados: los que viven en la localidad de destino y los recién llegados; la condición de estadía de éstos y sus derechos o restricciones están enmarcados en leyes estatales, que dependen de las retoricas de exclusión o inclusión hacia los nuevos conciudadanos172. Debemos tomar en cuenta que muchos de los países y ciudades –como aquí en Alemania y Berlín- que acogen a inmigrantes construyen en sus discursos una imagen de intrusos y extraños (Glick Shiller y Furon 1999). En este caso, se generaliza a las latinoamericanas como tercermundistas, pobres y oprimidas, como “Otras”. Al ser percibidas como “eternas diferentes” u “Otras” el modo de adaptación de estas mujeres es exhibiendo una actitud más recatada, sobre todo en ciertos momentos. También lo hacen reforzando y acentuando características que consideran propias y aceptando diferencias adscritas en vez de ser desafiadas o contestadas.

Para entender mejor esta dinámica es necesario diferenciar entre los términos de sociedad, cultura y lugar que tienden a ser usados de manera combinada, de tal modo que crean la idea de una cierta unidad caracterizando así a todos los “otros” inmigrantes como subculturas o comunidades al margen de la sociedad, pero también marcan al “otro” como racial y culturalmente extraño. El discurso de otredad, utilizado en contraste con la imagen nacional homogénea, es empleado en términos culturales y no raciales debido a desprestigio del último por las políticas racistas del holocausto.

Vale la pena recalcar que cultura es ante todo un concepto que implica un constante intercambio, flexibilidad, y desarrollo. Se debe entender la cultura como toda aquella actividad que realizan los seres humanos para darle sentido e interpretar la forma en que viven sus vidas; es, en suma, simplemente, una forma simbólica de representación (Geertz 1973, Tomilson 1999). Todas las prácticas, los rituales, símbolos o formas corpóreas de expresión, como son la cultura popular, el cine, el arte, la literatura, etc. son formas de expresión y comunicación que se crean en el intercambio entre los participantes. Pnina Webner (2005) define que cultura es comunicación y comunicación es cultura y que como medio de interacción social, otorga acción en el campo de las relaciones de poder. Esta definición ayuda a entender en qué forma las mujeres inmigrantes latinoamericanas actúan y eligen ciertas estrategias para incluir sus experiencias dentro de narrativas que las excluyen.



Un otro aspecto a mencionar, es el énfasis con el que se trata a los sentimientos y al afecto o adhesión de los sujetos a las identidades colectivas, considerándolas innatas (Webner 2005). Esta argumentación ha llevado a corroborar que la diversidad cultural puede significar una amenaza a la cohesión social (Binnie et al. 2006) ignorando que asumir esta importancia es la que hace que se convierta relevante y no al revés. La lógica en este argumento contra la diversidad cultural ignora los entrecruzamientos de las identidades ya que prioriza una identidad colectiva sobre otras (Sen 2006) en vez de entender el proceso de identidades colectivas como políticas identificativas (Mignolo 2009).

Cómo funcionan ciertas formas de identidad colectiva, depende de manera muy determinante del contexto local en que se encuentran. En la retorica nacional Alemana, migración tiende a ser discutida como problema social por factores de identificación culturales o étnicos (racial). En el caso de las mujeres latinoamericanas en Alemania, pude observar, que éstas se encuentran en medio de discursos que enfatizaban la identidad nacional inmediatamente después de la reunificación Alemana. El tenor de estos discursos ponían en evidencia la controversia acerca de las diferencias entre los alemanes orientales y occidentales, creada en los 40 años de separación y la inclusión de inmigrantes de origen alemán (Aussiedler) que retornaban después de muchas generaciones, al mismo tiempo que apuntaba la presencia de inmigrantes y sus hijos que nacieron o crecieron en el país y con los que mal o bien compartieron una misma historia. El debate que despertaba sentimientos nacionalistas y xenofóbicos, intentaba restringir derechos a los residentes resaltando la posición de otredad (Fremdheit) de estos. Los intentos de disminuir esta actitud general originaron campañas de convivencia multicultural. Estos debates ponían en cuestión si Alemania es una república constitucional o una nación-Estado con una cultura nacional única (Göktürk, Gramling y Kaes 2007). Vale mencionar que por cuanto “raza” considerada tabú en la retórica pública alemana, no es mencionada pero queda implícita en la idea de cultura como algo innato e intrínseco. Esta cuestión no surgió recientemente, pero sí se enfatizó más con la unificación de las dos Alemanias. La necesidad de reformular la auto-concepción de identidad nacional Alemana, en un marco global, llevó a discusiones políticas y al análisis de cuestiones, como el hecho de la distribución de riquezas, las políticas neoliberales y las relaciones transnacionales que derivan de los procesos migratorios (Ibis 2007, p.14). Uno de los debates más frecuentes en los años noventa fue, si Alemania se consideraba un país de inmigrantes o no, lo cual creó un ambiente que oscilaba entre sentimientos de tolerancia y a la vez de xenofobia (Göktürk, Gramling y Kaes 2007). Con la intención de atenuar estas tensiones emerge como nueva política el modelo multicultural, aclamando la diversidad y el enriquecimiento cultural. Al mismo tiempo este modelo respondió a la idea de integración social y cultural unilateral que sólo consideraba la cultura dominante como paradigma ideal. Los opositores a la política multicultural argumentan que ésta llevaría a amenazar la cultura y unidad alemanas. Muy rápidamente se establecieron dos fronteras que demarcaban a los multiculturalistas y a los seguidores de la así llamada “cultura guía” (Leitkultur). Esta última fue denominada de esta manera tratando de insinuar que estas normas culturales y valores son elegidos no por ser alemanes, sino por consenso común bajo principios de modernidad y meritocracia. Aunque en realidad Leitkultur enfocaba como idea principal una cultura alemana nacional moderna que no incluía otras influencias más que las occidental-moderno-centristas.

El resultado de este debate llevó a cuestionar concepciones más sensibles como: qué significa o es la cultura alemana o cómo se define la identidad alemana, que es lo que se exige para integrar a los nuevos miembros de la sociedad (Göktürk, Gramling y Kaes 2007). A pesar de este paso positivo - que aclaró la necesidad de implementar diversidad y pluralismo étnico-nacional- este debate puso como contrarios opuestos el concepto de la cultura alemana versus el multiculturalismo reforzando una idea de culturas como naturales o inherentes en sí mismas. Las consecuencias o el efecto directo de estos discursos se ve en las vidas y formas de representación de las latinoamericanas inmigrantes. Es así que los latinoamericanos en Berlín utilizan el término de latino/a como identificación hacia los otros, pero notando también que están muy conscientes de la relación de poder en la que ese grupo se encuentra en relación a los otros grupos, minorías (Moya y Markus 2010). Dentro de este marco “latino” algunas diferencias se convierten irrelevantes. Es esta experiencia, de la importancia de contextos, la que es utilizada por algunas de las entrevistadas cambiando marcos de referencia al tematizar sus identificaciones con un estilo de vida, grupo religioso, ya sea con una profesión, o con un preferencia sexual, etc. Cabe señalar que no existe ningún universo máximo en estas categorías (Alcoff 2010, Azaldúa 2010). Son precisamente esas intersecciones de género, sexo, etnicidad, raza, estrato social, edad, invalidez, cultura etc. las que hacen impredecibles cuáles identidades (y en qué momento) serán favorecidas unas sobre las otras.

En este estudio pude advertir cómo algunas de las mujeres entrevistadas buscaron la manera de integrarse satisfactoriamente en términos económicos, cultivando ante todo una nueva forma de identificación que les permite maniobrar mejor la manera cómo se auto identifican y las retóricas discursivas que existen en los diferentes contextos en que interactúan. En el siguiente segmento quiero mostrar cómo estas mujeres mantienen diferentes identidades y redes sociales para expandir su círculo de identificación y establecerse económica y socialmente. Ellas prefieren describirse a sí mismas en términos o conceptos más flexibles que les permitan especificar identidades múltiples, hibridas o cosmopolitas, como italo-argentino-alemán, latina o mujer del mundo, y apuntan tanto a universalidades como a diferencias.

El caso “berlinés”

Algunas de las mujeres inmigrantes entrevistadas en Berlín establecieron relaciones transnacionales, que son múltiples relaciones mantenidas cotidianamente en dos o más lugares simultáneamente y extendidos a través de las fronteras, forjando nuevas redes sociales. Estas inmigrantes, que están arraigadas en el nuevo país en el que viven y al mismo tiempo mantienen lazos y conexiones intensas con el lugar de origen u otros lugares, son llamadas transmigrantes (Glick Schiller, Bash y Szanton Blanc 1995). Algunas de ellas mantienen estas conexiones por motivos de afecto, trabajo, pero también están vinculadas a la vez con obligaciones del cuidado o tutela de familiares, hijos o demás parientes en un lugar diferente al lugar donde residen. Los casos que describiré aquí están además conectados con actividades y aspiraciones a realizaciones económicas y profesionales.

Verena173, una de las mujeres entrevistadas, emigró de Argentina a Alemania muy joven después de acabar sus estudios en administración de empresas, con la intención de aprender un nuevo idioma. Teniendo conocimientos del inglés y habiendo trabajado para una empresa que importaba materiales de Alemania durante sus estudios, pensó en ampliar su experiencia, a conocer la región y el idioma; fascinada por el arte y la cultura decidió empezar un nuevo estudio en historia del Arte. Atraída por la vida cosmopolita de la ciudad de Berlín, Verena, menciona haber estado fascinada con la diversidad cultural, los museos y la accesibilidad al arte. Verena trabajó como niñera en un programa de intercambio (Au-paire) para costear el aprendizaje del idioma e ingresar a la universidad y justamente durante sus estudios conoció a su esposo de origen alemán, que ayudó a garantizar su estadía. Casi acabando sus estudios, Verena ya una mujer de 30 años y con experiencia en el ámbito del arte utilizó muy audazmente el momento especial en el que la implementación de las políticas multiculturales se expandían, tratando de enfatizar el intercambio cultural. Ella trabajó como comisaria de exhibiciones en el comité que seleccionaba las obras de arte para el centro multicultural más importante, “La Casa de las Culturas del Mundo”, un proyecto cultural financiado por el Estado. Sus conocimientos anteriores en la esfera de importación de productos y el hecho de ser considerada “latina” originaria, ayudaron a que se convirtiera en una experta del arte argentino en diferentes instituciones. Verena mantiene una vida transnacional que es imprescindible para su trabajo, al mismo tiempo en que utiliza su origen para figurar como experta, para abrir nuevos espacios y relaciones. Sus constantes viajes al país de origen no eran solo para mantener vínculos familiares sino también para establecer contactos con nuevos artistas, estar informada de los últimos estilos artísticos y traducir entre los exponentes de las corrientes artísticas de moda e intereses.

“…Es decir por mi trabajo, mi vida privada va en el mismo ritmo, muy intensiva, muy activa siempre con mucha gente, con gente diferente, con muchas citas (…) y lo que hago aquí se repite igual en Argentina. Yo me muevo en los mismos círculos, con el mismo contexto, es lo mismo… Yo estuve en Estambul en noviembre durante la bienal de arte y allí era lo mismo también. O si estuviera en Italia, sería lo mismo en Italia…”.

Verena, que exitosamente encuentra reconocimiento en el ámbito del arte, contrasta con los otros momentos cotidianos en que es reconocida como subalterna y excluida por su apariencia.

“No importa donde esté, yo me siento bien, porque a mi alrededor todo está en el mismo contexto y eso no me incomoda, no me siento extraña. Me siento extraña cuando estoy en otro contexto no! fuera, (…) A veces me siento rara, aquí también, cuando salgo; aquí frente a la puerta de mi casa cuando estoy entre cierta gente que no me conoce (…) gente de otro estilo de vida…”

Verena adopta una estrategia para evitar que las experiencias exclusionistas determinen su identidad individual unilateralmente. En cambio como directora de exhibiciones su origen y género es festejado como enriquecimiento. Ella enfatiza su identificación con un estilo de vida “translocal”, privilegiado para validar su origen de clase media pero también para distanciarse de la comunidad étnica de Berlín a la cual sería adscrita. Esta identificación es utilizada para mencionar su inclusión con aquellos con los que no puede compartir una similitud étnica. Así como aquellos alemanes que la ignoran, rechazan, son presentados como diferentes. Verena define posiciones jerárquicas elevando su mundo del arte como elitista y reduciendo a los demás (tanto compatriotas como gente de la calle) como simples y ordinarios.

Otra mujer, de nombre Eva, dominicana, que emigró por razones muy distintas, es decir, escapando de la pobreza existente en su país, que afecta en mayor grado a madres solteras jóvenes– llegó a Berlín gracias a la ayuda de una amiga que le prometió trabajar en un bar y hacer dinero rápidamente. Eva, había dejado a su primer hijo al cuidado de su madre, intentando mejor suerte en uno de los países de los turistas que llegaban a Sosua, donde ella vivía en la República Dominicana. El turismo convirtió a esta ciudad es la mayor fuente de ingreso, cambiando la suerte de sus habitantes y transformándola en un lugar transnacional dentro de la red global del turismo sexual (Brennan 2004). Si bien Eva retornó después de dos meses, al no poder soportar las condiciones de este trabajo y contando tan con sólo 16 años, esa no fue su única experiencia. Eva emigró a España también en el intento de recaudar fondos y establecerse financieramente. Relató textualmente: “… Y él me ofreció llevarme a España y me fui con él, estuve un año con él, pero después lo dejé, por que conocí otro, allí donde yo trabajaba, en un bar. Él se enamoró de mi pero yo no le creía (…) me dijo que si me iba a vivir con él, él me daba tres millones (…) y quería irse conmigo a mi país (…) y así regresé” (…) Ya yo tenía la ilusión de viajar y de ver gente y así… ilusión de gente joven, no! De caminar con esos zapatos, ropa y que la gente se te quede mirando… me compré una casa, una moto y vivía viajando cada tres meses sentada en un avión (…) de aquí Alemania, a Nueva York, de Nueva York a Sosua o de Sosua a Nueva York”.

Después de haber emigrado a España y luego nuevamente a Berlín, Eva, empieza a mantener una vida transnacional entre su lugar de origen, Berlín y Nueva York, ciudad hacia donde emigró el resto de su familia. Viviendo constantemente entre estas tres ciudades y viajando permanentemente, ella cuenta que ya a sus 18 años realizó el “sueño de muchos jóvenes”, de poseer todo, linda ropa, un coche, una casa, la libertad de viajar, etc. Este estilo de vida que trata de emular el consumo de los ricos y famosos, es descrito por Diana Negra (2009) como el imperativo de la “nueva economía” promulgada y difundida por los medios de comunicación de masas que estimulan la fijación de hábitos de la clase pudiente. Y como Grosfoguel (2007) remarca precisamente, el éxito del sistema es hacer que los que están socialmente abajo piensen epistemológicamente como los que están arriba. Eva, se identifica con este estilo de vida como una estrategia para validar y legitimar la mejora de su posición social. Estatus social y piel blanca son para ella símbolos interconectados de pertenencia a clases acomodadas a las que nunca pudo pertenecer o identificarse antes. “el trato es mejor yo pienso porque ya no soy tan prieta como antes, soy más blanca, si… antes yo era negrita…no sé qué paso aquí me puse blanca”. Aunque ella no ha dejado de identificarse con su origen racial ni nacional, vivir en un lugar donde su identidad nacional no es devaluada o prejuiciada, como por ejemplo lo es la imagen de los dominicanos en Nueva York, le hace más fácil identificarse como dominicana.

Eva, utiliza el estilo que llamaré “Jet set” de vida para poder identificarse con la gente con la que comparte ciertas formas de consumo, pero que por diferencias de clase o de raza no la aceptarían. Eva utiliza esta forma de identificación cuestionando su posición social y que implica también características raciales ya que no puede adscribirse al contexto nacional y étnico alemán.





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