Revista enfoque



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Estar Con. Se realiza en parejas y requiere de unos pocos minutos de estar sentados en silencio, enfrentados, mirándose sin hablar.

Ambos comienzan con los ojos cerrados, en Atención Plena. Cuando están listos, cada uno abre sus ojos. Observen que sucede automáticamente cuando miran a su compañero. Pueden cerrar sus ojos para estudiar esto por un momento, y luego vuelven a mirar.

En un punto, cuando sus ojos estén cerrados, se hacen a la idea de que verán algo más en sus compañeros la próxima vez que los miren. Algo sobre quién es esa persona ... que te inspire o que te nutra cuando la estés viendo ... su belleza interior, su espíritu, alguna otra cualidad que puedas

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apreciar... mira con esa intención y observa que descubres, que sucede en ti cuando miras de esa manera.

Cuando lo ves, puedes cerrar tus ojos una vez más, y observar el efecto nutricio que el mirar de esta manera tiene en tí. Después de unos momentos, comparte tu experiencia con tu compañero.

El foco en ¡a práctica de la Presencia Amorosa ha llevado el trabajo del terapeuta Hakomi más allá de las técnicas, más allá del analizar o resolver los problemas, más allá del hacer ... hasta el ser. Desde la confusión al amor. Un terapeuta que no está en "presencia amorosa" no es un sanador. Una gran presencia del ser... también es descripta como amor.

Estar indiviso, desfragmentado, estar completamente presente, es amar. Prestar atención es amar. Sharon Salzburg

Donna Martin

es terapeuta y maestra Hakomi de origen canadiense reconocida

internacionalmente. Además de instructora de Yoga, especialista

en el manejo del stress, consultora de adicciones y autora de

varios libros, entre ellos Mirando Tu Vida Con Nuevos Ojos.

Desde 1992, junto con Ron Kurtz, creador del Método Experien-

cíal Hakomi, ha desarrollado una serie de talleres que conforman

el ler. Nivel de Entrenamiento en el Método. También trabaja

con él en un libro sobre La Práctica de la Presencia Amorosa.

Actualmente dirige diversos talleres y entrenamientos en Canadá,

Japón, México, Inglaterra y Estados Unidos.



DONNA MARTIN En Holos San Isidro

"EL MÉTODO EXPERIENCIA!. HAKOMI"

Octubre 21. Charla Introductoria Abierta

Octubre 22 y 23. Taller de Presencia Amorosa. Abierto a todo público

La Presencia Amorosa es la capacidad humana de estar plenamente presentes para otro, sin planes, opiniones o críticas. Una manera intencional de apreciar a otra persona que favorece la intimidad, la confianza y la conexión con ella y también con uno mismo. Mediante sencillos ejercicios trabajaremos para que cada participante pueda experimentar esa presencia en sí mismo. "Uno no ha visto nada hasta que no puede ver la belleza en aquello que está mirando."

Octubre 24, 25 y 26. Entrenamiento Avanzado

Inscripción e informes: Florentina Sássoii 02322-464251, Gachy Brusca 4784-4921, Cecilia Burgos

4799-2714, Enrique Kistenmacher 4747-7047

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Las Internaciones psiquiátricas y el E.C.P.



A fines de diciembre del 2004 me encontré una vez más en un cruce de caminos: internarme en una clínica psiquiátrica o hacerme los estudios, diagnóstico y tratamiento en forma ambulatoria. Yo más bien ío sentía como sucumbir, o aprovechar para conectarme y corregir el rumbo.

Varios factores pesaron en el momento de tomar la decisión. Hacía ya un tiempo que sentía que no era yo, que estaba más que agotada: drenada, gastada; me sentía tironeada hacia mil direcciones, muchas contradictorias. Sólo alguna personas cercanas a mí vieron señales y me escucharon, y algunos hasta se animaron a hablarme, los demás, entre los que me incluyo, si lo vimos pensamos, "bueno va a pasar", Silvia es fuerte, yo soy fuerte, yo puedo..., yo debo..., que pasaría sino hiciera.... Y sin embargo sentía claramente que así no iba más. Cursaba 1o año de Counseling y todo me apasionaba, pero también atravesaba, lo absorbía e iba por más, lo procesaba, lo pasaba por el tamiz de mi self y mucho quedaba. Mi yo interior me avisó, muchas veces lo oí, otras inclusive lo escuché con atención y hasta lo hablé con mis afectos. Pero pudo más el yo que me había ¡do construyendo a lo largo de años; lo mismo les sucedió a los que me trataban habitualmente. Por suerte una parte más sabia y en contacto con mis verdaderas necesidades me cuidó, lo hizo mediante un pico de stress, burn-out, surmenage, desgano, depresión.

Me pregunto si se pudo haber evitado. Cada ser humano tiene un umbral de aguante y el mío era muy alto. Podría haberme "hecho la distraída", pero esta vez decidí yo. Paré, pensé y decidí aceptar internarme. Tenía que atravesar esa experiencia, tenía que parar, desconectarme con el afuera, bucear en mi interior, aceptar los límites de mi capacidad, aceptar los límites que una internación te pone, tomar conciencia de que algo había pasado porque había pasado mucho y no lo había registrado.

También pensé, mujer al fin, que para mi familia era tranquilizador que aceptara internarme, les daba la sensación de que yo iba a estar contenida (¿yo? ¿ellos?), de que algo se estaba haciendo. Como fuera, decidí que iba a vivir esa experiencia. Quiero aclarar que era un buen lugar, esto es importante ya que las falencias no tienen que ver con la calidad del establecimiento, sino con el sistema, con la filosofía que subyace en (a organización de estas instituciones, y con el hecho de que prácticamente hay un solo tipo de lugares para problemáticas muy diversas.

Lo que sigue es una recopilación de fragmentos que escribí durante mi estadía, y algunas reflexiones e interrogantes que me fueron surgiendo. Otro mundo, otros códigos, otros olores, pasando primero por la dolorosa experiencia de la despersonalización, que revisen tus cosas, decidan que podes tener y que no, te las saquen, etiqueten, en una palabra decidan por vos; y la falta de libertad, normas, órdenes, reglas, horarios, zonas y rejas, cerrojos, llaves, candados. En realidad era fácil detectar quien tenía más poder de acuerdo a la cantidad de llaves que poseía, llaves de cuartos, zonas, armarios, entradas, salidas y libertad.

Curiosamente el único lugar que no tenía llaves era el cuarto de cada uno, es más, nadie consideraba necesario golpear, pedir permiso antes de entrar, simplemente abrían la puerta y entraban, solo los más considerados murmuraban un "permiso" y abrían la puerta, encontrándote, con suerte, en la cama y no duchándote, cambiándote o en el baño, que por supuesto tampoco tenía llave.

Llegue un rato antes de la cena y me llevaron a un patio donde había mucha gente, en su mayoría jóvenes, algunos de aspecto que consideraríamos normal, la mayoría con pelos raros, ropa punk o under, tatuajes múltiples, piercing, etc. Algunos hablaban muy sueltos, aparentemente, de lo que les pasó. Generalmente en pasado, relatos, hechos, malos y buenos, culpabilidad, inocencia, pero ninguna evidencia de qué sentían al respecto. "¿Cómo te sentís?" era una pregunta que casi no

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permiten a todos por igual ese llamado extra que tanto significa estando ahí encerrados.

Después de cenar ya se podía ir a los cuartos, los horarios de acceso a los mismos son rigurosos: 13 hs. y 21 hs., lo cual es cómico ya que a muchos les daban medicación para sedarlos, y luego se dormían en cualquier parte ya que no podían ir a sus camas. Me acuesto y pienso: ¿contaré esta experiencia? ¿a todos? ¿a algunos, quienes? ¿me mirarán raro? ¿por un tiempo? ¿para siempre?¿volveré a ser una persona, mujer, madre, hija, tía, cuñada, amiga, profesional CONFlABLE?¿capitalizaré esta vivencia para mí, los otros, mi profesión? Para mi sorpresa, ya que anticipaba una noche en vela, me dormí rápida y plácidamente hasta que me despertaron para ir a desayunar, y por suerte continué así durante toda mi estadía, una vez que había procesado mental, física y afectivamente el día, me dormía como un bebé, y hasta lograba dormir la siesta!!!

Luego del desayuno vuelta al patio convertido en agora, ya que allí se intercambiaban unas palabras, las mismas de siempre, o parecidas, y se discutían los temas para luego tirarse a dormir en una silla, mesa o en el suelo, cualquier lugar era bueno al estar tan medicados.

Angustia y ternura

Me sentaba, los miraba, escuchaba, ¿qué sentía? Primero angustia, ser ajena a todo eso, luego descubrí que era mucho más lo que teníamos en común que lo que nos separaba. Por ellos sentía ternura, ganas de proteger a los más jóvenes, me preguntaba si sentirían miedo por estar ahí solos, sin nadie que los acoja. ¿Quién los miraba, escuchaba? Se escuchaban entre ellos más de lo que eran escuchados por los profesionales, a veces se ayudaban en una crisis sin dar aviso a los enfermeros para evitar que quien la sufría fuera inyectado y atado a su cama "por su seguridad", "para que no se dañe". Deberíamos aprender a escuchar y a escucharnos con el corazón, pues si los demás temen que no los escuchemos realmente, o los juzguemos, o les hagamos sentir todavía más dolor, no nos hablarán ni confiarán en nosotros. Deberíamos poder no sólo escuchar lo que se nos dice sino también como, el tono de voz, estar atentos al lenguaje corporal, y hacer silencio interno para no escuchar nuestros pensamientos sobre lo que dicen.

¿Querían irse a sus casa, con su familia, amigos o eso los asustaba más todavía? Había de los dos casos. ¿De qué depende que alguien salga? ¿De estar curado, qué es eso, quién lo determina, basado en qué parámetros, cómo se sabe? ¿De ser buenos, y así obtener permisos para salir y mostrar que son

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confiables? ¿Qué es ser bueno?, y de haber algo que los distinga de los "malos", ¿quién aplica ese parámetro? ¿Ayuda si dan ia respuesta que el otro con poder quiere oír? ¿Ayuda ser obsequioso? ¿Con quién, cómo saber quien tiene el poder final de decidir, influir? Y si logran salir, ¿qué los espera y cómo los preparan? ¿No es muy grande el cambio de ese mundo acotado y reglado al mundo real, sin que medie preparación?

Casi el mediodía y nada, no pasó nada, cero actividad. Es increíble la inactividad a que están condenados, ahora entiendo porque esperan las comidas como "el" acontecimiento del día, no hay mucho más, son 4 mojones, cortes en los largos días de encierro. Las comidas, las visitas y que venga tu terapeuta a verte 40 minutos. Por mi natural curiosidad, interés y ganas de contacto con otros seres humanos, me acerco a escuchar las historias de mis compañeros.

Fueron muchas las historias que escuché: la historia de Vero, que dejada por su novio y luego de algunas pildoras para dormir y un par de cervezas, gritos, llantos y descontrol, fue internada por sus aterrados padres. La de Luis, alumno brillante de ingeniería que luego de rendir exitosamente la última materia de 3o año le confió a sus padres que "largaba todo para entrar al seminario", y como obviamente era una locura terminó ingresando a la clínica. Paula y Laura bulimia, Ana y María José anorexia. María, Isa y Natalia, Diego y Juanjo, intentos de suicidio. Brazos y muñecas cortajeadas, quemadas, de tal manera, que siento dolor al mirarlos. Lo mismo me sucede con los múltiples piercings y tatuajes, supuran, se inflaman, sangran. Infinidad de casos de estrés, agotamiento, pánico, todos en personas jóvenes o de edad media, inteligentes, activas. Depresiones leves y severas, por pérdidas de seres queridos, trabajos, dignidad, identidad, pareja, familia, pertenencia, metas y sueños. Psicosis, autismo, etc. Dejemos de hablar el idioma de la patología que está enfocado en las fallas, en lo que la persona no pueden hacer. No etiquetemos, uno no es loco, hace cosas locas, a veces. Enfoquémonos en la ayuda primero, y luego busquemos teorías, causas, diagnósticos, investigaciones.

Algo adentro mío gritaba: "¡¿qué carajo hago acá?!". Y luego más tranquila, ¿qué hago acá?, ¿qué me quiere decir la vida. Dios, lo que sea?, ¿qué tengo que aprender?. En ese momento me propuse que de esa experiencia tenía que nacer algo y nació mi certeza de cual sería mi lugar en el Counseling cuando me recibiera: Counseling Hospitalario, Existencial, Humanístico, Holístico, y si no existía.

habría que crearlo, para ayudar a pacientes, parientes y personal.

Mas tarde la atmósfera tiene un elemento nuevo, más vivacidad pero también más tensión, algo de histeria, roces, gritos. Era día de visita, más mate y cigarrillos que nunca, el tiempo no pasaba. No terminaba de decidirme si los ponía así el miedo a no recibir visitas o saber que vendrían padres, parejas, familia, participantes en mayor o menor grado de la razón por la cual estaban ahí. Y los amigos y compañeros, ¿queríamos que nos vean así?, ¿éramos tan amigos que la relación podía soportar eso?. No hay un manual de etiqueta para estos casos.

Cuando se han ido, percibo dos reacciones ante la tristeza que es inevitable, abandono y desolación (llévenme con ustedes, no me dejen acá, sentía yo), golpes, gritos, corridas. Ei personal no daba abasto administrando refuerzos, osea más medicación, ¿para qué hablar habiendo esas pastiliitas mágicas, tan convenientes y eficaces, que nunca fallan?.

Esa noche me acosté pensando que así no había futuro, se querían ir y no sabían a qué, a dónde, con quién, cómo. A veces te encontrabas con personas que ni siquiera se querían ir, temían irse, hablaban y hacían planes pero casi sabiendo que preferían quedarse, contenidos, si no afectivamente, al menos por horarios, reglas, rutinas que los liberaban de decidir, que adormecían y ayudaban a no sentir lo que da miedo sentir. Afuera había ruidos, me acerqué a la ventana y alcancé a ver enfrente un edificio iluminado, familias, cenas, tele, luces, arbolitos, reuniones, risas, gritos. Vida. Me quiero ir a mi vida, ¿dónde están los míos?, ¿qué hacen?,si no fuera que soy desentonada cantaría un tango.

De repente extraño ia facultad, su clima tan especial. Mi pensamiento se dirige a Rogers ¿Cómo organizaría una clínica según el E.C.P. donde se implementara todo lo necesario desde el punto de vista médico, psiquiátrico, pero sin perder de vista que tratamos con seres humanos, y es necesario un enfoque humanístico, holístico y ecléctico? ¿No podría haber charlas reflexivas?. Las conversaciones son conexiones y las conversaciones reflexivas son una forma de hacer un movimiento hacia atrás, hacia el momento en que algo duro nos sucedió, luego vendrá el momento de reflexionar, NO de opinar.

¿Por qué no talleres en los que se contemplen distintas forma de expresión, cerámica, pintura, escritura, yoga, eutonía, contacto con la tierra? Con libre elección de acuerdo a la tendencia de cada uno a expresarse a través de....Esto sería coherente con la libre conducción del proceso para que cada uno se implique y posibilite el cambio a un comportamiento maduro.

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Y fue en este punto en que gracias a un compañero recordé al apunte de Rogers sobre "La polftíca de las profesiones de ayuda" de su libro "El poder de la persona", en
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