Revista internacional de derecho romano



Descargar 304.02 Kb.
Página3/4
Fecha de conversión29.01.2017
Tamaño304.02 Kb.
1   2   3   4

También está documentada toda una serie de irregularidades en las elecciones: votos falsos o marcados, actuación falsa de los escrutadores, reparto de dinero entre los votantes mediante divisores que se encargaban de distribuir materialmente las dádivas económicas, u otros amigos del candidato109 a pesar de las numerosas leges de ambitu contra la corrupción electoral, e incluso el empleo de la fuerza para lograr votos110.

Otro de los factores donde puede advertirse la lucha política en esta época es en los tribunales penales111. A partir del s. II a. C. (lex Calpurnia de pecuniis repetundis del 149) , y luego con las reformas de Sila, los tribunales especiales (quaestiones) fueron reemplazando las funciones judiciales de las asambleas (iudicia populi). Los tribunales constituían una magnifica tribuna para asegurarse una brillante carrera política, y en este sentido es muy sginificartiva la actuación forense, siempre política a la vez, de Cic. que tanto habrìa de ayudarle en su carrera hacia el consulado, siendo crucial para su promoción el proceso del 70 A. C. en el que acusó a Verres, el venal propretor de Sicilia. Cito este proceso porque Hortensio, uno de los partidarios de Verres, tachó a Cic. de actuar demagógicamente (populariter agere) que éste indignado rechazó. Si con la lex Calpurnia el jurado estaaba compuesto exclusivamente por senadores, una ley de Cayo Graco del 123 (lex Sempronia iudiciaria también conocida como lex Acilia repetundarum que habría sido propuesta por su colega en el tribunal Manio Acilio Glabrión112) se apresuró a suprimir este privilegio senatorial para transferirlo a los equites aliados entonces a la facción democrática en la lucha contra la nobilitas113. En el 106 una lex Servilia Caepionis volvió a introducir un cierto número de senadores junto a los equites. En el 101 una lex Servilia Glaucia volvió a la formación de jurados íntegramente por equites. La reacción conservadora de Sila aprobó en el 81 a. C. una lex Cornelia volviendo a restituir a la clase senatorial la formación de jurados, a su vez derogada en las leyes antisilanas posteriores. Como vemos el derecho a formar parte de los jurados en los procesos penales (en primer lugar el crimen de repetundis y a partir de Sila otros crimina), fue motivo de ásperas luchas políticas entre la oligarquía y los equites, hasta que el problema alcanzó una relativa estabilización para todo tipo de procesos con las leges Iulia iudiciariae del 17 a. C.114.



¿Estaba incluída la lex Sempronia iudiciaria en el proyecto democrático de Cayo Graco? Creo que nadie podrá afirmarlo con rotundidad; lo que sí puede predicarse es que hay que insertarla en la lucha por aminorar los privilegios de la nobilitas, y este punto es uno de los mas constantes de la factio popularis. No puede dudarse que Cayo Graco impulsó una serie de providencias para hacer mas democráticas las instituciones del Estado, y como en época imperial el elenco de jueces era el mismo para los procesos civiles y penales, De Martino115 no duda que desde época gracana la norma tenía carácter general y no de aplicación específica a las quaestiones, lo que me parece discutible. No admite discusión las reglas gracanas sobre los equites, y aunque las fuentes no dicen nada, este mismo hecho da por sentado que el ordo equester ya debía tener una cierta estabilización a finales del s. II a. C., acaso mediante alguna providencia legislativa que fijase el montante de su patrimonio para acceder a los cargos procesales116. También a iniciativa de Cayo Graco se resolvió el problema que había suscitado Tiberio para su segundo tribunado con toda la lucha política que esto había engendrado. Cayo estableció que fuese facultativo para le plebe la elección de sus tribuni incluso eligiendo a los que en el año anterior lo habían sido, y siempre que en primer escrutinio no hubiesen sido elegidos los diez tribunos anuales117 de modo que la elección para el tribunado en el 132 de C. Graco no encontró oposición alguna118 superando de este modo la propuesta fallida del 131 sobre la refectio tribunorum de L. Papirio Carbón. Garantizar el protagonismo de la asamblea popular y la libertad de los ciudadanos fue objeto también de otras providencias de Cayo Graco, campo en el que hay que encuadrar un plebiscito de abactis que impedía a los magistrados depuestos ab populo presentar su candidatura a cualquier otra magistratura119. Otro plebiscito confirmó la provocatio ad populum prohibiendo que las garantías constitucionales del ius provocationis fueran anuladas cuando se tratase de perduellio contra las instituciones republicanas, que plantea el problema de si no fueran una repetición de las mismas reglas que ya habían sido reguladas en la lex Porcia del 339 y otra lex Porcia de terco civium del 195 que condenaban a muerte al magistrado que hubiese violado las reglas de la provocatio. Las noticias de las fuentes son confusas; la ley debía contener la prohibición ne quis iudicio circumveniretur que a De Martino120 no le parece las mas apropiada para designar el arbitrio del magistrado que quiera basarse sobre las normas de traición al Estado, normas solo aplicables contra un enemigo externo que pretendiese aplicarlas a un civis Romanus que por tanto pudiera ser condenado a muerte sin provocatio; de las fuentes y del mismo curso de los acontecimientos de la época deriva De Martino que esta lex Sempronia debía dirigirse a garantizar en todo caso a los ciudadanos el ejercicio del ius provocationis, incluso en aquellos casos en que el Senado por medio de un senatusconsultum ultimum autorizaba a los cónsules a proceder sin garantías judiciales contra los que había declarados hostes populil Romani. Esta ley, concluye De Martino, requería el iussum populi hasta en los procesos mas típicamente políticos por lo que se dirigía a impedir la institución de cualquier procedimiento extraordinario o sumario sin necesidad de convocar la asamblea popular, por lo que era una ley fundamental para el partido democrático121 que siempre contestó la validez del senatusconsultum ultimum. En virtud de esta ley de C. Graco se procedió contra el ex consul Popilio por la persecución llevada a cabo contra los seguidores de T. Graco122.

También son importantes las reformas democráticas de C. Graco en los procedimientos de voto en los comitia centuriata dirigidas a suprimir el orden timocrático de votación por clases censitarias sustituídos por un orden extraído a suerte, como asimismo la lex Sempronia de civitate sociis danda afrontada en su segundo tribunado tratando de resolver el problema itálico que ya había sido advertido sin éxito por el cónsul Flacco en el 125 dirigido a extender la civitas Romana a los socii Italici accediendo a la civitas Romana aquéllos que la pidieran, y extendiendo la provocatio ad populum a los que no la pidieran con lo que quedaba eliminado una de los mayores signos de inferioridad de los itálicos123 que tantas fricciones suscitaba con los aliados romanos124. Esta propuesta no recibió el favor de los optimates ni tampoco de la plebe, y también fracasó esta misma política cuando vuelve a ser intentada por C. Graco125, que de haber llegado a buen fin hubiera ahorrado o desde luego mitigado la devastadora Guerra Social que hizo temblar los cimientos de Roma los años 90 y 89 a. C. De todos modos las fuentes sobre las rogationes de C. Graco no son concordes. Plut. da dos versiones: en una apunta a un primer grupo de proyectos de ley entre los que había una ley para los socii que concedía a los itálicos el derecho de voto en paridad de situación con los cives Romani; en otra apunta que en el segudo tribunado de C. Graco se concedía la ciudadanía romana a los itálicos y por otro lado les concedía un derecho igual de voto que el de los cives Romani. App. distingue dos categorías de socios: a los socii Latini ofrecía su parificación a los cives romani; a otros socios solamente el derecho de voto, con lo que hace pensar en una condición diferente de los socios latinos por un lado, y de los socios itálicos por otro, solución que parece mas persuasiva a De Martino126. No voy a adentrarme en estos particulares que nos llevarían muy lejos por la gran polémica que ha suscitado en la literatura romanística; lo relevante en esta sede es la lucha política que provocó el problema. Que la propuesta de C. Graco, fuera uno o dos, era favorable ad socios es indudable, como también el choque brutal que provocó esta propuesta en la oligarquía senatorial que mediante un senadoconsulto ordenó a los cónsules que hasta pasada la votación de la rogatio de sociis fueran expulsados los peregrinos mas allá de un radio de cinco milas de Roma127. Privada la suassio gracana de estas masas la votación estaba perdida pues ni los plebeyos la apoyaron celosos de engrosar la masa de ciudadanos con los que concurrirían a las frumentationes gratuitas, y en todo caso no fue necesaria la votación porque el tribuno M. Livio Druso opuso su intercessio contra la propuesta. Los tiempos habían cambiado y Cayo no pudo repetir el procedimiento de abrogatio que había intentado Tiberio contra su colega Octavio diez años antes. En este caso la masa pretendidamente popularis que debía apoyar a C. Graco falló, no así el grupo de optimates mucho ms cohesionado que mediante las propuestas de Druso volvió a echar por tierra la rogatio agraria gracana, así como su propuesta de fundar en Italia doce colonias de tres mil ciudadanos cada una128, aunque no por ello desistieron de la lucha C. Graco y sus partidarios, pero iniciada una campaña de difamaciones contra Graco acabó siendo asesinado por los partidarios de la reacción, con lo que quedaba privado de liderazgo lo que podía haber sido un potente partido democrático.

Quizá para ello no estaban aún maduros los tiempos, y hay que llegar a la época de César para comprobar la existencia de un fuerte núcleo popularis, una de las bases en que César asentó su liderazgo amén naturalmente de la fidelidad de sus soldados, y tampoco dudó en utilizar procedimientos tortuosos como la corrupción electoral129 con compra de votos130, libelos y escritos difamatorios contra los adversarios131, el ejercicio de acciones penales contra éstos132, la utilización de tránfugas (indices) en función de la aniquilación político-judicial de exponentes de las diversae factiones133 Antes de alcanzar César el poder, líder de los optimates era Catón elegido tribuno en el 63 que dominaba la facción aristocrática a la que se fueron añadiendo algunos personajes de la nobleza plebeya que se habían ido enriqueciendo notablemente. El programa de los optimates consistía en la idea conservadora de mantener en lo posible la autoridad que Sila había devuelto al Senado, aunque tenían que enfrentarse con cuatro eminentes personajes populares. Pompeyo, Craso, César y Catilina. El primero en caer fue Catilina en el 62, víctima de una célebre conspiración destrozada por Catón que se alzó con el liderato de los optimates; además logró del Senado la condena de los turbios manejos de los agentes de Pompeyo en las elecciones consulares; se opuso a la confirmación de la actuación de Pompeyo en la guerra contra Mitrídates, y abrió una investigación sobre las actividades de los publicanos en Asia que comprometía a Craso. César mientras tanto continuaba con sus campañas militares y al regresar de España, logró ser elegido cónsul junto con Bíbulo a pesar de la oposición de Catón en el Senado. En el 59 se produce un acuerdo entre César, Pompeyo y Craso para formar el primer triunvirato repartiéndose el poder, troika que la ambición sobre todo de Pompeyo y César (Craso moriría en una expedición contra los partos en el 53) no auguraba una larga duración. En todo caso la factio popularis iba in crescendo, lo que permitió a César alejar de la vida política romana a Catón y Cicerón a través de medios no muy correctos. El equilibrio de poderes en el triunvirato se rompió en el 54, y mientras César luchaba en las Galias los optimates aliándose unas veces con Pompeyo y otras con Craso habían logrado que Cicerón volviera del exilio y Catón regresara a Roma después de una exitosa campaña en Chipre, denigrando a los triunviros y poniendo a la opinión pública en contra de los tiranos, que en versos de Catulo habían destruído el Estado.

Llegados a este punto pueden delinearse las líneas ideológicas generales que inspiraron el catonismo y el cesarismo, o de un modo muy simplificado, el partido conservador y el partido democrático. La única línea común entre ambos partidos era que los dos defendían un Estado sin dominación oligárquica, pero diferían bastante en los métodos para conseguirlo. La guerra civil entre César y Pompeyo que significó un gran tiunfo para César, le permitió ir ganando adeptos por su generosidad con los vencidos, pero para Catón la Res publica era la res populi dirigida por los notables republicanos que como magistrados y senadores representaban al pueblo, y acabó suicidándose porque el gobierno de Roma acabó siendo entregado a un solo hombre: César. La muerte de Catón y su identificación con la pureza de la antigua tradición republicana fueron ensalzados por Cic. en un escrito hoy perdido134 al que contestó César con otro tambien perdido, Anti Cato, en el que trataba de probar la falsedad del ideal catoniano. César, desilusionado de las viejas formas políticas es cierto que gobernó como un dictador (que lo fue desde el 49), reformando el senado y estabilizando la vida política. Su sensibilidad republicana le hizo rechazar la corona que le ofreció Marco Antonio poco antes de su asesinato ejecutado por Marco Bruto, el último episodio de la lucha entre optimates y populares que tenía sus antecedentes en el asesinato de los hermanos Graco, siendo perseguidos los cesaricidas tachados de parricidas y asesinos por Octavio y Marco Antonio. Lo cierto es que César emprendió una amplísima labor reformadora delineando –como dice Cerami135- un proyecto constitucional de status Rei Publicae que anticipa las líneas organizativas del segundo Principado (el de Augusto).

¿Representó César realmente los intereses del partido democrático? Si tomamos como auténticas136, que probablemente lo son, las Epistulae ad Caesarem de Salustio, escritas en torno al 51 ofreciendo a César diversos consejos de como debía gobernar, después de exponer todos los puntos débiles del antiguo Estado republicano dominado por hombres corrruptos137, considera que la plebe también corrompida por los gobernantes anteriores no era apta para el gobierno del Estado138, por lo que convenía aumentar la población romana con nuevos ciudadanos que contribuyeran a la restauraciòn de las costumbres. Hasta aquí está claro el espiritu regeracionista, pero podemos observar también ideales democráticos de la vieja lucha optimates-populares cuando le aconseja evitar que los jueces fueran elegidos por su riqueza, ni tampoco cónsules ni pretores sino por su dignitas139, e igualmente piensa para el nombramiento de jueces140. Destaca De Martino141 que en la concepción de la democracia Sal. no parece ir mas allá de las ideas reformadoras planteadas por los Gracos, pero las reformas propuestas y llevadas a cabo por César, en definitiva la lucha contra la nobilitas están plenamente incardinadas en el movimiento democrático, y la misma desconfianza de Cic.142 hacia César, cuando en un primer momento le veía con reverencia143 y hasta ensalzándole144 provienen de su convicción de que éste ejecutaba el programa de la factio popularis145.



1 TORRENT, La democracia en la Repúbica romana, en Anales de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Laguna, 10 (1983) 185.

2


 T. MOMMSEN, Römisches Staatsrecht, 3ª Ed. 1886 (reed. Graz 1952).

3


 DE MARTINO, Storia della costituzione romana, V vols., 2ª ed. (Napoli 1972-1975)

4


 M. GELZER, Die Nobilität der römischen Republick, (Berlin 1912) = The roman nobility, trad, inglesa por Robin Seager, (Oxford 1969).

5


 F. MÜNZER, Römische Adelsparteien und Adelsfamiliaen, (Stuttgart 1920).

6


 R. SYME, The Roman Revolution, (Oxford 1939).

7


 En una serie extensísima de trabajos que ha ido recogiendo en sucesivos Contributo alla storia degli studi classici e del mondo antico, desde el I (Roma 1958) al V (Roma 1975).

8


 G. DE SANCTIS, La Guera Sociale, (Firenze 1976).

9


 E. GABBA, Le origini della guerra sociale e la vita politica romana dopo l’89 a. C., en Athen. 32 (1954) 295 ss.; Id., Eserc ito e società nella tarda Repubblica romana, (Firnze 1973),

10


 F. CÀSSOLA, I gruppi politici romani nel III secolo a. C., (Trieste 1962 = reed. Roma 1968).

11


 S. MAZZARINO, Il pensiero storico classico, 2.1, ª ed. (Bai 1974).

12


 E. BERTI, Il “De Republica” di Cicerone e il pensiero politico classico, (Padova 1963).

13


 L. ROSS TAYLOR, Party politics in the Age of Caesar, (Berkeley-Los Angeles-London 1971; la primera edición es de Berkeley-Los Angeles 1964, sobre el cual vid. mi recensión en AHDE 35, 1965, 635-641). Esta Autora destaca que entre el 70 y el 50 a. C. hay notables paralelismos con los problemas de nuesto tiempo.

14


 Vid. con lit. TORRENT, Municipium Latinun Flavium Irnitanum, (Madrid 2010).

15


 Es muy significativo el estudio de F. LÄMMLE, Sallust Stellung zu Cato, Caesar, Cicero, en Museum Helveticum (1946) 94 ss.

16


 Vid. con lit. TORRENT, Derecho público romano y sistema de fuentes, (Madrid 2008) 167 ss.

17


 A. VALMAÑA, De la publicidad electoral (Commentariolum petitionis) a las políticas de propaganda (Res Gestae). Algunas reflexiones sobre el poder en Roma, comunicación presentada al último Congreso (septiembre del 2010) de la SIHDA en Barcelona, de próxima publicación en RIDA. Agradezo a la A. que me haya facilitado la lectura de su original.


18 Esta terminologia optimates-populares es conocida por Cic. Rep. 3,23, y el término factio para indicar los distintos agentes de la actividad política es el término mas utilizado por Salustio. César lo utiliza para referirse a la minoría aristocrática a la que tuvo que enfrentarse. El famoso paso del Rubicón marchando hacia Roma lo justifica diciendo ut se et populum Romanum factione paucorum oppressam in libertatem vindicaret (B.C. 1,22,5), frase mas tarde parafraseada por Augusto en sus Res Gestae. Cfr. W. WEBER, Princeps. Studien zur Geschichte des Augustus (Stuttgart 1936 = reed. Aalen 1969) 41.

19


 Vid. D. DAUBE, The defense of superior orders in Roman Law, (Oxford 1956).

20


 A juicio de ROSS TAYLOR, Party politics 2, “the failure of our sources here is the more serious because the widening chasm between the upper and the lower classes was a major reason for the decay of political instutions of the Republic and for the role played by arms and violence in settling party strife”. Y lo que dice es muy significativo porque encuentra en la lucha política una de las razones poderosas que influyeron en la decadencia de la República.

21


 ROSS TAYLOR, Party politics 7. Para Taylor “a man expected from his friends not only support at he polls, but aid in the perils pf public life, the unending prosecutions brought from political motives by his personal enemies, his inimici, his rivals in the contest for office and for the manifold reward of public life. In the intense strife for office and advantages, bands of “friends” made deals to secure their own ends and to shut their rivals out. Long before violence entered into Roman political life, such deals led to viogorous political machinations”. Destaca también Ross Taylor (y asimismo Valmaña) los consejos de Quinto Mucio a su hermano Marco para ganar amigos, especialmente entre los nobles, pero también entre el ordo equester y las personas influyentes en la ciudad, de modo que les hiciera pensar que representaría sus intereses.

22


 Cfr. con fuentes y lit. TORRENT, Patronum cooptare patrocinium deferre en la lex Irnitana cap. 61, pendiente de publicación.

23


 ROSS TAYLOR, Party politics 38.

24


 Cic. pro Rosc. Am. 15.

25


 ROSS TAYLOR, Party politics 39; to mainyai their contactc… the nobles had to have aln elaborate organization. The Romans understood the need of organization in politicisk bue the organization vas personal. It was in line with the “ruger individualism” that prevailed in the Republic”.

26


 ROSS TAYLOR, Party politics 41 ss.

27


 Cfr. TORRENT, Derecho públ. rom. 357.

28


 Vid. sus distintos significados en H. STRASBURGER, s. v. Factio en REPW.

29


 Los pactos de reconciliación entre las diversas factiones o grupos de amigos están bien documentados en las Epistulae ciceronianas.

30


 Fest. (Paul. 76 Lindsay):
1   2   3   4


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal