Revolución Libertadora



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Gobierno de la “Revolución Libertadora”. Argentina 1955/1958

Fuente: http://www.siemprehistoria.com.ar/gobierno-de-la-revolucion-libertadora-argentina-19551958/

 26 Julio, 2017

El 16 de septiembre de 1955 un nuevo golpe militar derrocó a un gobierno elegido por el pueblo. La segunda presidencia de Juan Domingo Perón, iniciada en 1952, llegó así a su fin. El general golpista Eduardo Lonardi dirigía las operaciones desde Córdoba, mientras el puerto de Mar del Plata era sometido a un intenso bombardeo naval. Si Perón no dimitía, sería el puerto de Buenos Aires el nuevo blanco de los sediciosos. Finalmente, el dia 23, el presidente se refugió en la embajada de Paraguay y desde allí abandonó el país a bordo de una cañonera de esa bandera. Lonardi fue designado entonces presidente provisional.

La mayoría de las Fuerzas Armadas apoyaron el movimiento golpista, al igual que miembros de la burguesía agraria e industrial, gran parte de los sectores medios, los partidos políticos opositores y la Iglesia Católica. Todos coincidían en calificar a la gestión peronista como una “dictadura totalitaria”, motivo por el cual supieron identificarse bajo el nombre de “revolución libertadora”. Paradójicamente, quienes quebraban y violaban el sistema democrático, se presentaron ante la sociedad como los verdaderos representantes y defensores de la democracia y la libertad. Para ellos, las causas de la crisis económica del país eran los profundos desequilibrios que había provocado la intervención del peronismo en los procesos de acumulación y distribución de la riqueza. ¿Cómo fue su gobierno?



EL OBJETIVO:  La “desperonización” de la sociedad

Claramente, el frente golpista coincidía en, al menos, dos objetivos: la necesidad de desperonizar a la sociedad argentina y la de reorganizarla políticamente bajo la tutela de las Fuerzas Armadas. Pronto la aparente unidad comenzó a resquebrajarse.

 

El general Lonardi se manifestaba dispuesto a establecer acuerdos con sectores del gobierno recientemente depuesto. El general, que había afirmado que en la Argentina posperonista “no hay vencedores ni vencidos”, creía que la desperonización debía consistir en un proceso de reeducación de las masas peronistas. Dicho razonamiento anclaba en la idea que los sectores más humildes y menos instruidos habían sido “engañados” por la demagogia de Perón. Con el líder exiliado y proscripto y sin la posibilidad que el Estado los siguiera favoreciendo, irían dejando atrás su identidad peronista. Pero sus intenciones contrastaban con aquellos sectores sociales más poderosos que había apoyado el golpe y no contaban con el acuerdo de los otros jefes militares.



El designado vicepresidente, almirante Isaac Rojas, encabezaba el más nutrido grupo golpista y no estaba dispuesto a aceptar ningún tipo de acercamiento ni acuerdo con los sectores peronistas. Esta facción prefería una solución más drástica, que eliminara al peronismo de la vida política argentina.

Almirante Rojas y General Aramburu

El enfrentamiento entre ambos sectores fue inevitable, culminando el 13 de  noviembre de 1955, cuando el general Lonardi, carente de apoyo, fue obligado a renunciar, siendo reemplazado por el general Pedro Eugenio Aramburu, nuevo presidente de la república. Se inició entonces una etapa en la que se acentuó el autoritarismo del gobierno, que apeló a la represión y a las prohibiciones para erradicar al peronismo de todos los planos de la vida social.

LA HERENCIA PERONISTA

El episodio puso de manifiesto la complejidad de la herencia del peronismo. Las características de su movimiento, las fuerzas sociales que lo apoyaban, dificultaron el encauzamiento hacia un nuevo rumbo cuando hacia 1952 los indicadores económicos señalaban una situación de crisis. Tras la caída de Perón, esas mismas fuerzas se constituyeron en un obstáculo insalvable para los intentos de los sucesores que se proponían reordenar sustancialmente la sociedad y la economía.



Políticamente, las consignas de la “Revolución Libertadora” coincidían con las tendencias políticas de Occidente, donde en el marco de la Guerra Fría, la democracia liberal dividía claramente las aguas con el Este comunista.

Económicamente, en el mundo iban desapareciendo las áreas cerradas, al tiempo que los capitales empezaban a fluir libremente por el mundo, instalándose en mercados antes vedados. Argentina, que durante la etapa peronista había apostado al mercado interno en el contexto de la posguerra, al asociarse ahora al FMI, aceptaba la aplicación de políticas económicas ortodoxas. ¿En qué consistían esas políticas? En el abandono de la emisión fiscal y de las subvenciones a sectores “artificiales”, abriendo los mercados y reactivando las actividades de exportación tradicional (agroexportadora).

¿Podría esta “modernización” aplicarse sin problemas en la Argentina posperonista? Los empresarios coincidían en que cualquier modernización debía modificar el estatus logrado por los trabajadores durante el peronismo. ¿Cómo? Disminuyendo su participación en el ingreso nacional, elevando la productividad, racionalizando las tareas, reduciendo la mano de obra, restringiendo el poder sindical y el de los trabajadores. En síntesis, el obrero debía ganar menos, trabajar más y protestar lo menos posible. Claramente la tan mentada desperonización no iba a resultar nada sencilla de aplicar.



PRESIDENCIA DE ARAMBURU

Medidas políticas

Ahora, el sector más marcadamente “antiperonista” estaba en el poder, y sus medidas de gobierno así lo manifestaron.

ü  El nuevo gobierno disolvió al Partido Peronista.

ü   intervención de la CGT. Las sedes gremiales fueron controladas por fuerzas de seguridad.

ü  Se suspendieron las convenciones colectivas de trabajo, lo que privó a los trabajadores de negociar mejoras salariales en un período en el que –por el desborde inflacionario- el poder adquisitivo había bajado considerablemente.

ü  Fue decretada la inhabilitación de todos los dirigentes políticos y gremiales que habían participado de la gestión de Perón. Dirigentes, delegados y militantes fueron encarcelados.

ü  La administración pública y las universidades fueron depuradas de peronistas, controlándose férreamente los medios de comunicación, que en su mayoría estaban en manos del Estado.

ü  Un Decreto del Poder ejecutivo prohibió cualquier propaganda favorable al peronismo, así como la mera mención del nombre de quien, desde entonces, empezó a ser designado como el “tirano prófugo” o el “dictador depuesto”.

ü  Por otro decreto se derogó la Constitución de 1949.

Estas medidas quitaban del medio al “enemigo” pero al mismo tiempo planteaban un nuevo problema: el de la futura sucesión del gobierno militar en el marco de la exclusión del partido político que contaba con la adhesión de sectores mayoritarios de la sociedad argentina. No era éste un problema menor y los futuros acontecimientos se encargarían de demostrarlo.



Medidas económicas

Aramburu entendía que el gobierno militar debía administrar los destinos de la Nación hasta tanto éste estuviera en condiciones de darse un gobierno libremente elegido. Por esta misma razón, no creía conveniente tomar decisiones que en el futuro condicionaran el accionar de la próxima gestión. Interrogantes como la conveniencia o no de liberalizar la economía o –por el contrario- fortalecer la intervención estatal, quedaron por resolverse. Sin embargo, la falta de definiciones económicas no hizo más que profundizar los problemas económicos ya existentes.

La grave situación exigía respuestas inmediatas. Con la intención de diseñar un plan económico, el gobierno provisional le solicitó un informe diagnóstico de la economía a Raúl Prebish, economista de la CEPAL, otrora presidente del Banco Central durante la presidencia de Castillo. Las medidas no se hicieron esperar.

ü  Se suprimieron los controles de cambio y la comercialización de exportaciones con intervención estatal. Los instrumentos a partir de los cuales el Estado Peronista intervenía en la economía (como el IAPI o el manejo de los depósitos bancarios) fueron desmontados.

ü  Se aplicaron fuertes devaluaciones que beneficiaron a los sectores agrarios más concentrados.

ü  Los salarios fueron congelados.

ü  Se suprimieron todos los subsidios dirigidos al consumo de los sectores populares.

ü  Argentina se incorporó al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial, con el objetivo de acceder al financiamiento externo.

ü  No hubo una legislación clara sobre el capital extranjero.

Las consecuencias tampoco se hicieron esperar.

ü  Se estancó la producción industrial.

ü  Se provocó una importante transferencia de ingresos hacia el sector agropecuario.

ü  La balanza comercial dio saldos deficitarios.

ü  La inflación se descontroló.



REPRESIÓN y RESISTENCIA

Los trabajadores organizaron y protagonizaron acciones de resistencia ante el avasallamiento de sus derechos. Se realizaban actos espontáneos en la calle, en los que se cantaba la prohibida -por decreto- Marcha Peronista, se arrojaban volantes favorables a Perón, para luego desparecer antes de la segura detención. Otros sectores formaron parte de los llamados comandos de la resistencia peronista, pequeños grupos que surgieron en todo el país dentro de organizaciones de base ya existentes. Los más audaces organizaban sabotajes, haciendo estallar, en diversos lugares, explosivos de fabricación casera.

En un principio estos grupos no estaban conectados entre sí. El intento de darles una relación orgánica se originó a partir del contacto establecido entre John William Cooke, que había sido diputado peronista en 1946, y Perón, quien desde el exilio lo nombró su delegado. Entre 1957 y 1959 las acciones de resistencia fueron creciendo organizativamente.

Los fusilamientos de junio de 1956

 

El 9 de junio de 1956 estalló una rebelión armada peronista en la que participaron civiles y militares. El epicentro estuvo ubicado en el 7° Regimiento de Infantería de La Plata y en Campo de Mayo. El gobierno estaba al tanto del movimiento, motivo por el que en pocas horas lograron sofocarlo. La Ley Marcial fue aplicada y se condenó a la pena capital a los líderes de la rebelión. Treinta y ocho personas, civiles y militares fueron fusilados; el jefe del movimiento, el general Juan José Valle, en la Penitenciaría de la calle Las Heras, y un grupo de civiles en un basural de José León Suarez. Se trató de un hecho de inusitada violencia, que dio la medida de la tajante división que desde el gobierno se planteaba entre peronistas y antiperonistas.



Aramburu y Rojas asumieron públicamente la responsabilidad de esta decisión, justificándola como indispensable para evitar acciones similares. A partir de entonces, los peronistas llamaron revolución fusiladora al gobierno de facto encabezado por Aramburu.

El Historiador Luis Alberto Romero sostiene que la exclusión del peronismo de la política nacional, fue para los vencedores de 1955 el requisito para poder operar las transformaciones económicas y sociales que ellos creían necesarias.

La proscripción del peronismo, y con él la de los trabajadores, definió una escena política ficticia, ilegítima y constitucionalmente inestable, que abrió el camino a la puja –no resuelta- entre las grandes fuerzas corporativas”

EL FÍN DE LA “REVOLUCIÓN LIBERTADORA”

Tras dos años de gestión, el gobierno de facto enfrentaba una dura crisis económica y una fuerte presión social. En ese marco, se tomó la decisión de llamar a elecciones generales. El paso previo fue la convocatoria a una Convención Constituyente, la que legalizaría la derogación de la Constitución de 1949, restableciendo la de 1853, que ya el gobierno había decretado.

Por otra parte, las elecciones permitirían conocer el caudal de votos de todas las fuerzas políticas y medir, de alguna manera, el impacto de la proscripción del peronismo. Los resultados de las elecciones para constituyentes señalaron una clara crisis de legitimidad institucional. De acuerdo con las directivas de Perón, las bases peronistas no votaron por ningún candidato, resultando los votos en blanco mayoría. En segundo y tercer lugar se ubicaron los candidatos radicales intransigentes y radicales del pueblo, respectivamente. A pesar de esta clara demostración de fuerza electoral peronista, las elecciones presidenciales no podían postergarse más.

IMAGEN 1:

http://galerias.educ.ar/v/imagenes_de_la_historia_argentina/peronismo/El+golpe+militar+de+1955_1.jpg.html

IMAGEN 2: http://www.siemprehistoria.com.ar/?p=181

IMAGEN 3: http://www.diasdehistoria.com.ar/content/40-a%C3%B1os-de-su-secuestro-y-crimen

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

ALONSO, M.E; VAZQUEZ, E.C., Historia. La Argentina contemporánea (1852-1999), Aique, Buenos Aires, 2000.

ROMERO, Luis Alberto, Breve historia contemporánea de la Argentina, FCE, Buenos Aires, 2001.



Revolución Libertadora (Argentina) Fuente: Wikipedia

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Existen desacuerdos sobre la neutralidad en el punto de vista de la versión actual de este artículo o sección.
En la página de discusión puedes consultar el debate al respecto.

Este artículo trata sobre la dictadura militar argentina de 1955. Para la guerra civil venezolana, véase Revolución Libertadora (Venezuela).

Revolución Libertadora

eduardo lonardi y pedro e aramburu (revolución libertadora).jpg
Generales Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu, los dos dictadores sucesivos de la Revolución Libertadora.

Contexto del acontecimiento

Fecha

16 de septiembrede 1955

Sitio

flag of argentina.svg Argentina

Impulsores

Eduardo Lonardi

Influencias ideológicas de los impulsores

Anticomunismo
Antiperonismo

Gobierno previo

Gobernante

Juan Domingo Perón

Forma de gobierno

Democracia representativa

Gobierno resultante

Gobernante

Eduardo Lonardi

Forma de gobierno

Dictadura militar

[editar datos en Wikidata]

La Revolución Libertadora es el nombre con el que se autodenominó la dictadura cívico-militar que gobernó la República Argentina tras haber derrocado al presidente constitucional Juan Domingo Perón,1​ clausurar el Congreso Nacional, deponer a los miembros de la Corte Suprema y todos los gobiernos provinciales,2​ mediante un golpe de Estado iniciado el 16 de septiembre de 1955 y que, tras más de dos años de gobierno, hizo entrega del mismo al presidente electo Arturo Frondizi, el 1 de mayo de 1958, quién también sería derrocado cuatro años después en 1962. Esta dictadura en particular también suele ser conocida de forma despectiva, sobre todo entre algunos sectores peronistas, como Revolución Fusiladora, debido a los militares y civiles fusilados por orden del dictador Pedro Eugenio Aramburu en 1956 con motivo del levantamiento del General Juan José Valle.3

El general de división Eduardo Lonardi, líder de la sublevación asumió el poder el 23 de septiembre de 1955 y fue sustituido el 13 de noviembre de ese mismo año por el teniente general Pedro Eugenio Aramburu, mediante un golpe palaciego. Ambos gobernaron como autoridades supremas del país, atribuyéndose el título de Presidente de la Nación.

Pedro Eugenio Aramburu derogó mediante una proclama la Constitución Nacional vigente y repuso el texto constitucional de 1853, con las reformas de 1860, 1866 y 1898. Poco después, la Revolución Libertadora organizó bajo su control y mediante elecciones condicionadas, una Convención Constituyente que aceptó la decisión anterior y realizó dos agregados a la Constitución, entre los que se destaca el artículo 14 bis.

Índice

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  • 1Antecedentes y preparativos

  • 2El golpe de Estado

  • 3Gobierno de Eduardo Lonardi

    • 3.1Luchas internas y golpe palaciego

    • 3.2Junta Consultiva Nacional

  • 4Gobierno de Pedro Eugenio Aramburu

    • 4.1Política interna

    • 4.2Exclusión de la reforma constitucional de 1949 y reforma de 1957

    • 4.3Levantamiento del general Juan José Valle y fusilamientos

    • 4.4Legislación laboral

    • 4.5Política económica

    • 4.6Política cultural y educativa

    • 4.7Relaciones exteriores

  • 5La Revolución Libertadora y la oposición peronismo-antiperonismo

  • 6Los fusilamientos y secuestro de Aramburu

  • 7Véase también

  • 8Referencias

  • 9Bibliografía

  • 10Notas

  • 11Enlaces externos

Antecedentes y preparativos[editar]

Artículo principal: Antecedentes de la Revolución Libertadora

En 1912 se sancionó la Ley Sáenz Peña estableciendo el sufragio secreto y obligatorio para todos los varones, que llevó a la elección del que se considera el primer presidente democrático de la Argentina, Hipólito Yrigoyen de la Unión Cívica Radical, aún cuando a las mujeres se les había negado el derecho al voto. El 6 de septiembre de 1930 el gobierno radical de Yrigoyen fue derrocado por un golpe de estado cívico-militar. Recién el 24 de febrero de 1946 se volvieron a realizar elecciones libres, resultando elegido Presidente de la Nación Juan Domingo Perón, quien fue reelegido en 1951, en las primeras elecciones realizadas en Argentina mediante sufragio universal (mujeres y varones).

Perón lideró un amplio movimiento de base sindical, que se caracterizó por un fuerte sesgo social, conocido con el nombre de peronismo o justicialismo, debido al énfasis puesto en la justicia social. Simultáneamente se formó un amplio movimiento que adoptó el nombre de antiperonismo, coordinado inicialmente por la embajada de Estados Unidos en Argentina, e integrado por las principales cámaras patronales, por la mayoría de los partidos políticos existentes y por las asociaciones estudiantiles.

La confrontación entre peronistas y antiperonistas caracterizó todo el gobierno de Perón. Ya antes de que asumiera como Presidente, Perón había sido derrocado de su cargo de Vicepresidente y detenido en octubre de 1945, por un golpe de estado que fracasó luego de una amplia movilización obrera el 17 de octubre de 1945. Pocos días antes de las elecciones de 1946, la oposición también había preparado un golpe de Estado, que no llegó a ponerse en marcha.

Durante el gobierno peronista (1946-1955), el enfrentamiento entre peronistas y antiperonistas alcanzó altos niveles de violencia. Los estudiosos e investigadores destacan unos u otros hechos según su mayor o menor cercanía con los bandos en pugna. En general los peronistas señalan las conspiraciones golpistas y los actos terroristas de las fuerzas opositoras, como el golpe de estado de 1951, el atentado en la Plaza de Mayo del 15 de abril de 1953 que asesinó a seis manifestantes peronistas e hirió a otros noventa, y el bombardeo de la Plaza de Mayo de 1955, en el que fueron asesinadas 308 personas oficialmente identificadas, más un sinnúmero de personas que eran irreconocibles debido a las mutilaciones, y cientos de heridos. Entre las víctimas habían 111 militantes sindicales, de los cuales 23 eran mujeres y seis niños.4​ Por su parte los, antiperonistas señalaron medidas antidemocráticas del gobierno peronista, como la limitación de la libertad de expresión, la detención de opositores, el uso de la tortura por las fuerzas policiales, el culto a la personalidad de Perón y Eva Perón, el exceso de poder sindical, las afiliaciones compulsivas al Partido Peronista y el incendio de iglesias, entre otras acciones.

El golpe de Estado[editar]



Artículo principal: Golpe de Estado de Argentina de septiembre de 1955

El 16 de septiembre de 1955 se inició el golpe de Estado que derrocaría al Presidente constitucional Juan D. Perón, al Congreso de la Nación y a los gobernadores provinciales. La sublevación se inició en Córdoba, fue liderada por el general Eduardo Lonardi y se extendió hasta el 23 de septiembre. En el curso de la misma renunció Perón, quien transfirió el mando a una junta militar. El golpe contó con el apoyo activo de Comandos civiles, un importante sector de la Iglesia Católica, el Reino Unido y algunos partidos políticos, entre ellos la Unión Cívica Radical.5​ El santo y seña de los conspiradores fue "Dios es justo".6

El 23 de septiembre de 1955 el general Lonardi se hizo cargo de la suma del poder público. La banda presidencial le fue entregada por el cardenal rosarino Antonio Caggiano, quien también firmó el acta de toma del poder.7​ Sus primeras medidas fueron disolver el Poder Legislativo, derrocar a los miembros de la Corte Suprema de Justicia y a todos los gobernadores y legislaturas provinciales y hacerse cargo de los poderes legislativo y ejecutivo, atribuyéndose el título de "Presidente". En los días siguientes nombraría por decreto a los miembros de la Corte Suprema y a los interventores de las provincias.

Gobierno de Eduardo Lonardi[editar]



https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/c/c7/revlonardi.jpg/200px-revlonardi.jpg

El General de División Eduardo Lonardi en 1955.

El general Eduardo Lonardi gobernó solo 52 días, hasta ser derrocado por el sector liberal de los golpistas. Además padecía un cáncer cuyos síntomas ya eran notables al comienzo de la insurrección y que finalizaría con su vida en marzo del año siguiente.8​ Representaba una fracción de las fuerzas armadas, de orientación nacionalista católica, que tenía como objetivo derrocar a Perón y excluirlo de la vida nacional, así como impedir que el peronismo volviera al poder -al menos en lo inmediato-, pero sin recurrir a una represión masiva, ni derogar la Constitución de 1949 y las leyes sociales y laborales que caracterizaron al gobierno peronista.

Desde el triunfo de la revolución, Lonardi planeaba quedarse poco tiempo en el poder debido a su estado de salud. Pensaba convencer a la CGT que aceptara la nueva situación y simplemente ordenar el país para que se recuperara lo antes posible de lo que él consideraba una «tiranía».9

El lema político que expresaba esa intención fue la consigna pronunciada al asumir el poder, «ni vencedores ni vencidos», tomada de Justo José de Urquiza,10​ que se convirtió en una de las frases políticas más famosas de la historia argentina.11

Lonardi integró su gobierno con los siguientes ministros:



  • Ministro de Aeronáutica: Comodoro Julio César Krause.

  • Ministro de Agricultura y Ganadería: Alberto Mercier.

  • Ministro de Asistencia Social: Ernesto Rottger.

  • Ministro de Comercio: César Augusto Bunge.

  • Ministro de Comunicaciones: Luis María Ygartúa.

  • Ministro de Educación: Atilio Dell'Oro Maini.

  • Ministro de Ejército: Justo León Bengoa (reemplazado por Arturo Osorio Arana).

  • Ministro de Finanzas: Julio Alizón García

  • Ministro de Hacienda: Eugenio Folcini

  • Ministro de Industria: Horacio Morixe

  • Ministro del Interior y Justicia: Eduardo Busso

  • Ministro de Marina: Contraalmirante Teodoro Hartung

  • Ministro de Obras Públicas: José Blas Paladino

  • Ministro de Relaciones Exteriores y Culto: Mario Amadeo

  • Ministro de Trabajo: Luis B. Cerruti Costa

  • Ministro de Transporte: Juan José Uranga

Al final de su gobierno el general Eduardo Lonardi dividió el Ministerio del Interior y Justicia, renunciando entonces el ministro Busso; el 12 de noviembre asumió Luis María de Pablo Pardo como Ministro del Interior y Julio Velar de Irigoyen como Ministro de Justicia.

Dentro del Estado asumieron ciertas responsabilidades minoritarias las demás fuerzas que, junto al nacionalismo católico, habían intervenido en la revolución. En el Ministerio del Interior tuvieron influencia los demócratas progresistas, uno de cuyos líderes, el doctor Sebastián Soler, fue designado Procurador General de la Nación. En el Ministerio de Marina estuvieron los representantes del socialismo con Américo Ghioldi.12





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