Romanos capítulo 16 Romanos 16: 1



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ROMANOS

CAPÍTULO 16

Romanos 16:1

Febe puede haber sido la persona que entregó personalmente la epístola de Pablo a los Romanos. Ella recibió las sinceras recomendaciones de Pablo. Es interesante que de los cinco primeros creyentes que Pablo menciona (v.1-6), tres de ellos fueran mujeres. Cuando del servicio a Cristo y a Su asamblea se trata, las mujeres en ninguna manera ocupan un lugar secundario al hombre. Ellas son “coherederas de la gracia de la vida” (1 Pedro 3:7) y su fidelidad será recompensada en el Tribunal de Cristo. Cuando se trata de trabajar fielmente para el Maestro, no hay varón ni mujer en Cristo. Todos servimos al mismo Salvador como Sus siervos amantes, aunque con diferentes capacidades. El Cristianismo Bíblico, a pesar de lo que digan sus críticos, siempre ha dignificado a la mujer y ha permitido a las mujeres creyentes encontrar plena satisfacción y gozo en ser la persona que Dios quiere que sean. Es en las sociedades en las cuales los principios bíblicos no son honrados, que las mujeres son horriblemente maltratadas y tenidas en baja estima.

Febe era tanto HERMANA como SERVIDORA (v.1). Pablo la reconoció como hermana en Cristo (un acogedor término familiar) y como una servidora (diakonon) de la asamblea. Ella servía en la asamblea local que estaba en Cencrea, una ciudad puerto localizada cerca de Corinto (comparar Hechos 18:18).

Febe era una “servidora” o una “diaconisa” de la iglesia. ¿Esta palabra se usa en un sentido general, para indicar que ella era una humilde servidora de la asamblea o es usada en un sentido más técnico, de que ella tenía un cargo en la iglesia? ¿Tenía la iglesia primitiva un cargo de “diaconisa” (diácono femenino)? No se hace mención de “diaconisas” en el Nuevo Testamento. Sin embargo, hay un pasaje interesante que se encuentra en 1 Timoteo capítulo 3, el capítulo que habla de los requisitos para los ancianos (obispos) y diáconos. A la mitad de la lista de los requisitos para los diáconos, Pablo agrega esta acotación: “Las mujeres asimismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo” (1 Ti.3:11). ¿Se refiere a las mujeres de los diáconos o a otras mujeres en la asamblea (diaconisas)? Si se refiere a las esposas de los diáconos, ¿por qué Pablo no dice nada en este capítulo acerca de los requisitos de las esposas de los ancianos? ¿Por qué deben cumplir las esposas de los diáconos con ciertas normas, mientras hay silencio en cuanto a las esposas de los ancianos? Alguien diría que Pablo no está estableciendo pautas para las esposas de los diáconos, sino para las diaconisas.

Se pueda o no se pueda sustentar bíblicamente el “cargo” de diaconisa, debemos reconocer el “trabajo” de una diaconisa. Tenga o no tenga oficialmente ese título, la santa mujer piadosa ha de ejercer como una humilde servidora. Si entendemos el propósito de los diáconos masculinos, podemos entender la necesidad de servidoras femeninas. El origen de los diáconos se encuentra en Hechos 6:4. Había la necesidad de ministrar a las viudas necesitadas y este problema estaba llegando a ser una carga para los apóstoles, hasta el punto de que dificultaba su ministerio de oración y de predicación de la Palabra de Dios. El líder espiritual de la iglesia nunca debe ser desviado de su tarea principal de oración y predicación. Fueron nombrados “diáconos” calificados para manejar esos asuntos, para que los apóstoles pudiesen “persistir en la oración y en el ministerio de la Palabra”. El ministerio a las viudas fue dado a los diáconos, para que los apóstoles pudiesen dedicarse al ministerio de la Palabra de Dios.

Esta es la función principal de un diácono hoy en día. Debe ser un hombre espiritual, un servidor humilde y capaz de manejar cosas tales como las finanzas, el cuidado y la mantención de la propiedad y del edifico, y todo lo que pueda aliviar la carga de los líderes espirituales de la asamblea, para que puedan dedicarse con persistencia a la oración y al ministerio de la Palabra. Está demás decir que si un Pastor pasa 25 horas a la semana pintando y haciendo trabajos de reparación, sacando la nieve con la pala, limpiando el edificio de la iglesia, etc., entonces su ministerio en el púlpito sufrirá grandemente. Diáconos fieles y capacitados deberían poder manejar muchos de estos necesarios quehaceres. Imagina una gran tormenta de nieve que ha cubierto el suelo con 15 pulgadas de nieve fresca. El Pastor se pone su equipo de nieve y sale a emprender la tarea. Repentinamente viene el diácono David con su maquinaria, toma la pala y dice, “Pastor, yo haré esto. Quiero que regrese a su oficina y use el tiempo para ORAR y PREPARAR la PREDICACIÓN. Los diáconos pueden ocuparse de la nieve, pero Dios ha dotado a algunos hombres para alimentar a la grey (Efesios 4:11-12) y no queremos que usted descuide su tarea principal”.

De igual manera, las mujeres piadosas pueden cumplir funciones similares en la asamblea. Hay incontables quehaceres y tareas que necesitan hacerse de las cuales podrían encargarse las mujeres y que facilitarían las tareas y aliviarían la carga de los líderes espirituales de la asamblea. La mujer servidora humilde podría preguntar, “¿Qué puedo hacer por el Pastor y los ancianos que pueda aliviar su carga y hacerles más fácil dedicarse al importantísimo ministerio de la Palabra?” Acaso las llamemos “diaconisas” o no, esta “labor de una diaconisa” es muy necesaria en nuestro día y toda la asamblea se beneficiará de ella. Las mujeres pueden funcionar como diaconisas, aunque no ostenten ese título oficial.

Romanos 16:2

Pablo exhorta a los creyentes romanos a “recibir” a Febe. Esto significa que la “recibieran entre ellos, que la admitieran, la recibieran en comunión y compañerismo” (Thayer). Que le dieran una cordial bienvenida en su medio (esta palabra “recibir” se usa en cuanto a los creyentes que esperan ansiosamente la venida del Señor—Tito 2:13 –“aguardando”; Judas 21—“esperando”, y comparar Lucas 2:25- “esperaba” y Lucas 2:38—“esperaban”). Se usa en Filipenses 2:29 de los creyentes filipenses recibiendo a Epafrodito, el fiel compañero de milicia de Pablo. Se usa del Señor Jesús que recibía a los pecadores y comía con ellos (Lucas 15:2). Debían recibirla “en el Señor”, como a una hermana en Cristo, una que disfrutaba la bendita UNIÓN con el Hijo de Dios. Debían hacerlo como “corresponde a santos”, como es digno de los santos. Debían recibirla como es apropiado para los santos. Como creyentes debemos andar como es digno (la misma palabra) de nuestro elevado, santo y celestial llamamiento (Efesios 4:1), y esto incluye nuestra conducta hacia nuestros compañeros creyentes. Ser salvo es un tremendo privilegio, pero trae consigo la enorme responsabilidad de andar y vivir de una manera digna.

Como santos, debemos andar como es digno de nuestro llamamiento (Efesios 4:1)

Debemos comportarnos como es digno de las buenas nuevas de Dios, el evangelio (Fil.1:27)

Debemos andar como es digno del Señor, agradándole en todo (Col. 1:10)

Debemos andar como es digno de Dios, que nos llamó a su reino y gloria (1 Te. 2:12)

En 3 Juan, Gayo es exhortado a ministrar a los santos “como es digno de su servicio” o de una manera digna de Dios. Es decir, debía mostrar hospitalidad hacia ellos como si fuera Dios Mismo que hubiera venido de visita. De la manera en que trataríamos al Salvador, deberíamos tratar también a los santos. Son dignos de ese trato por causa de Cristo.

El Señor no quiere que olvidemos nunca QUIENES SOMOS EN CRISTO. Nunca olvidemos que somos SANTOS (Rom.1:7). Dios nos ha santificado en Cristo Jesús (1 Co.6:11). Nosotros somos Sus SANTOS, que han sido apartados para servir al Dios vivo. Vivamos santamente. No traigamos vergüenza sobre el Nombre de Aquel que nos apartó para sí mismo.

Pablo instruye a los creyentes romanos que “ayuden” a Febe. Lo que significa “prestarle auxilio” (Thayer), “proveer”, “preparar” (ver Hechos 23:24) cualquier cosa que necesitara. ¿Por qué debían asistirla? Porque ella ayudaba y asistía a muchos, incluso a Pablo. Los que ayudan, merecen ser ayudados. Los que asisten a otros, merecen ser asistidos. Es apropiado y corresponde asistir al que ayuda. No se nos dice exactamente qué hacía Febe para ayudar a Pablo y a muchos otros. Pero piensa en las incontables personas que a través de los siglos han sido ayudadas y bendecidas espiritualmente por la epístola de Pablo a los Romanos. Al entregar esta epístola, Febe, en verdad, ha “ayudado a muchos”.

Romanos 16:3-4

Es interesante que Priscila, la esposa, es mencionada por Pablo antes que Aquila, su esposo. Considera la siguiente información que provee el Nuevo Testamento acerca de este notable equipo marido/esposa:



  1. Aquila y Priscila eran activos. Ellos eran, en buena manera, diligentes y hacendosos. Ellos hacían tiendas (Hechos 18:2-3) y trabajaban duro en su oficio. Debemos tomar nota que Aquila era judío (Hechos 18:2). Aunque Pablo conoció a estos dos creyentes en Corintio, ellos eran originalmente de Roma (Hechos 18:2).

  2. Ellos eran hospitalarios (Hechos 18:3). Ellos abrieron su hogar al Apóstol Pablo, que también fabricaba tiendas. Ellos no sólo abrieron su hogar a Pablo, sino también sus corazones.

  3. Ellos eran enseñables (dispuestos a aprender). Aquila y Priscila probablemente se convirtieron bajo el ministerio de Pablo. No hay registro de que ellos hubiesen sido salvos antes de su encuentro con Pablo en Hechos 18. Ellos no sólo recibieron a Pablo en su hogar, sino también recibieron al Cristo de Pablo en sus corazones. Ellos recibieron con anhelo y buena disposición y gozo el mensaje que Pablo predicaba. Ellos eran discípulos de Pablo. Ellos absorbían la doctrina y la verdad que el Apóstol les entregaba.

  4. Ellos se orientaban por la Biblia (Hechos 18:24-26). Ellos no solo estaban dispuestos a ser enseñados, sino también eran capaces de enseñar a otros. Apolos era un gran predicador que era muy versado en la Escrituras del Antiguo Testamento, pero ignoraba los hechos esenciales del evangelio (y era débil en la verdad dispensacional). Teniendo una piadosa preocupación por este hombre, Aquila y Priscila tomaron aparte a Apolos y le expusieron más exactamente el camino de Dios. Es posible que Priscila tomara el liderazgo en estas sesiones con Apolo, porque en algunos manuscritos su nombre es mencionado primero (ver Hechos 18:26). Algunas mujeres son más capacitadas para explicar la doctrina bíblica que sus maridos, y para decir verdad, es permisible que las mujeres tomen la delantera (aunque ciertamente no deben enseñar en la iglesia local). Ella conocía la Palabra de Dios y era capaz de tratar esta clase de materias doctrinales. Esta pareja de marido y mujer estaba bien versada en la verdad de Dios y podía ministrar a otros esa verdad.

  5. Ellos tenían solicitud por la iglesia local (1 Co.16:19 y Rom.16:5). Ambos pasajes mencionan la iglesia que estaba en su casa (tanto en Roma como en Efeso). Su hogar era un lugar de reunión para los creyentes – un lugar de adoración, canto, predicación, compañerismo, oración y partimiento del pan.

  6. Ellos eran un equipo de marido y mujer. El nombre de Priscila se menciona seis veces en el Nuevo Testamento y en cada lugar también se menciona el nombre de su marido. Ella siempre es mencionada junto con él. Esto indica que había armonía en su relación y una unidad de propósito. Ella trabajaba junto con su marido, no en contra de él. Ellos trabajaban como un equipo en el servicio del Rey.

  7. Ellos eran solícitos para con los hombres de Dios dotados (Rom.16:3). En este versículo ellos son descritos como los “ayudantes” de Pablo (literalmente como “colaboradores”). Cuando Pablo recordó a Priscila y Aquila, él podía decir, “estos queridos creyentes son mis ayudantes, mis colaboradores”. ¿Puede decir tu Pastor lo mismo de ti? ¿Qué clase de relación tienes con los hombres dotados por Dios (comparar Ef.4:11)? ¿Eres una ayuda o un obstáculo para tu Pastor? ¿Estás trabajando con él o en contra de él? ¿Te ve él como un factor positivo o como un factor negativo? Ciertamente, Pablo consideraba a esta pareja de marido y mujer como un gran factor positivo para su ministerio y servicio para Cristo.

  8. Ellos eran valerosos (Rom.16:4). Aparentemente, Pablo debía su vida a este valiente equipo marido-mujer. No se nos da detalle alguno, pero de algún modo, ellos arriesgaron y expusieron sus vidas por causa de Pablo. Ellos expusieron sus propias cabezas para salvar la vida de Pablo, y como resultado, Pablo y todas las iglesias de los gentiles estaban en deuda de gratitud para con ellos. Pablo era el apóstol especial de Dios para los gentiles y si Priscila y Aquila no hubiesen intervenido, Pablo podría haber muerto y su ministerio a los gentiles podría haber llegado a un abrupto final. Priscila y Aquila manifestaron un genuino amor por Pablo en el espíritu de 1 Juan 3:16. Cualquiera fuese el incidente al cual se refería Pablo, es posible que Priscila tuviera el rol más importante en vista de que su nombre es mencionado primero en Romanos 16:3. Esto nos lleva al próximo punto.

  9. Priscila era sumisa pero no oprimida. En las seis referencias del Nuevo Testamento en que se menciona esta pareja marido/mujer, el nombre de Priscila viene primero en tres de estos lugares (algunos dirían que esto es cierto en cuatro de esos seis lugares, por una variación textual en Hechos 18:26). Como la costumbre era mencionar primero el nombre del marido, ¿por qué se menciona primero el nombre de Priscila en estos pasajes? No se nos da la razón de ello y solo podemos suponer. ¿Era porque ella era la más enérgica de los dos? ¿Tenía ella un carácter más fuerte? ¿Tenía ella un celo superior? ¿Tenía ella más habilidad en ciertas áreas? ¿Tuvo un rol más significativo al arriesgar su cabeza por Pablo? Sin tratar de hablar donde las Escrituras callan, podemos decir lo siguiente:

Ella no era una mujer oprimida. Ella parece haber tenido dones o habilidades especiales o una devoción a Cristo única que la capacitaban de tal modo para sobrepasar a su marido en algunas áreas, como para merecer un reconocimiento especial de Pablo.

Ella era sumisa. En los seis pasajes en que ella es mencionada en el Nuevo Testamento (por Lucas y Pablo), nunca se implica que ella estuviera de alguna manera fuera de línea. Ella nunca es censurada, sino recomendada. Siempre se la menciona en conjunto con su marido. Ella era una mujer sumisa.



  1. Ellos fueron consistentes y fieles hasta el final (2 Timoteo 4:19). Esta es la última carta de Pablo, escrita como 14 años después de que Pablo se encontrara por primera vez con Aquila y Priscila. Ellos eran creyentes fieles. En ninguno de los escritos de Pablo o Lucas se dice nada negativo de estos dos creyentes. Hasta donde indican los registros, entre Pablo y Aquila/Priscila siempre había armonía. Pablo nunca tuvo que decir de ellos lo que dijo de Demas (2 Ti.4:10). ¿Qué de ti? ¿En qué condición espiritual estarás en catorce años más? ¡Que no perdamos nuestro primer amor y que no perdamos el gozo de nuestra salvación!

Romanos 16:5

Pablo envió saludos a la iglesia que estaba en la casa de Aquila y Priscila. Esto nos lleva a la interesante cuestión de las “iglesias hogareñas”. En el primer siglo no había edificios para iglesias como los conocemos hoy. Los creyentes se reunían donde podían – en hogares, en el campo (comparar Hechos 16:13 donde vemos que los judíos se reunían junto al río), en las catacumbas, etc. Ellos tenían la promesa de Cristo, “Porque donde están dos o tres congregados en Mi Nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20). El transporte tampoco era tan fácil como hoy en día. Hoy podemos viajar de un extremo al otro de una gran ciudad sin mayor problema, pero en el primer siglo, cuando la mayor parte de los viajes se hacían a pie, esto no era tan fácil.

Los siguientes pasajes son significativos cuando se trata de “iglesias hogareñas”:

Cuando Aquila y Priscila vivían en Efeso, se hace mención de “la iglesia que está en su casa” (1 Corintios 16:19).

En Romanos 16:14 Pablo saluda a varios creyentes y luego hace mención de “los hermanos que están con ellos”. En Romanos 16:15 Pablo saluda a varios creyentes y luego menciona a “los santos que están con ellos”. ¿Podría esto indicar dos localidades adicionales donde acostumbraban reunirse los creyentes?

En Hechos 12:12 leemos que “muchos estaban reunidos orando” en la casa de María, la madre de Juan Marcos.

La casa de Lidia era usada como un lugar de reuniones para los creyentes (Hechos 16:15, 40).

En Laodicea había una iglesia hogareña cuyo anfitrión era Ninfas (saludos a “la iglesia que está en su casa”—Colosenses 4:15).

En Filemón 2 leemos, “y a la amada hermana Apia, y a Arquito nuestro hermano de milicia, y a la iglesia que está en tu casa”.

Aunque los creyentes se reunían en diferentes lugares, es importante recordar que en el designio de Dios, cada ciudad grande no tenía más que una iglesia. Así en la ciudad de Roma no había varias iglesias; había una iglesia. Cada ciudad tenía solamente una iglesia. Por ejemplo, en 1 Corintios 1:2 leemos sobre “la IGLESIA (singular) de Dios que está en Corintio”. Corintio era una ciudad grande, pero tenía una sola iglesia. En Apocalipsis 2:1 leemos de “la IGLESIA (singular) de Efeso”. Efeso también era una ciudad grande, pero había una sola iglesia, aunque sabemos que había al menos una “iglesia hogareña” en esa ciudad (ver 1 Corintios 16:19). Y aunque estemos de acuerdo en que los creyentes de Corinto puedan haberse reunido en diferentes hogares, había ocasiones en que “TODA LA IGLESIA” se reunía “EN UN LUGAR” (ver 1 Corintios 14:23 y 11:20).

Hoy día, a pesar de tener un sistema de transporte superior, justificamos el tener más de una iglesia en una ciudad por el tamaño y la población de la ciudad. “Una iglesia no podría alcanzar a toda esta gente. En esta ciudad hay lugar para varias iglesias”. En vista de esto, es interesante considerar la población estimada de algunas ciudades que eran importantes en los tiempos del Nuevo Testamento:

JERUSALÉN

Josefo declara que en el tiempo de la Pascua (cuando había miles y miles de peregrinos y visitantes) había 2.700.000 personas en esta ciudad. La International Standard Bible Encyclopedia dice que para el año 70 D.C. la población de Jerusalén podría haber consistido de 250.000 (probablemente menos) habitantes. Sería bastante seguro decir que había al menos 100.000 habitantes.

¿Cuántos creyentes había en la iglesia de Jerusalén (ver Hechos 2:41; 4:4; 5:14)? ¿Cuántas iglesias había en Jerusalén (Hechos 15:4)?

ROMA

“Anteriormente se estimaba que en el primer siglo la población de Roma ascendía a entre 1.200.000 y 2.000.000 de habitantes. Sin embargo, en 1941 se descubrió en Ostia una inscripción con estadísticas que indican que en el año 14 D.C., el año en que murió Augusto, la ciudad de Roma tenía una población de 4.100.000 habitantes” (Una Introducción al Nuevo Testamento, D. Edmond Hiebert y ver Introducción al Nuevo Testamento de Everett f. Harrison).



ALEJANDRÍA

Alejandría era la segunda ciudad más grande del Imperio Romano y contenía tres grandes grupos: egipcios, judíos y griegos. De acuerdo con la Encyclopedia Schaff-Herzog, “al comienzo de la era cristiana había 300.000 hombres libres en la ciudad de Alejandría”. La World Book Encyclopedia dice que, en su momento culmine, esta ciudad puede haber tenido una población de 1.000.000 de habitantes.



EFESO

Había una sola iglesia en esta gran ciudad (Ap.2:1). Su población era tan grande que en el segundo siglo rivalizaba con Alejandría en cuanto a la población.



ANTIOQUÍA

¿Cuántas iglesias había en esta ciudad (Hechos 14:26-27)? Esta también era una de las ciudades más grandes del Imperio. Su población también consistía de una multitud diversa. De acuerdo con la Schaff-Herzog Encyclopedia su población, en tiempos del Nuevo Testamento, era de 500.000 (medio millón).



TESALÓNICA

¿Cuántas iglesias locales se encontraban en esta ciudad (1 Ts.1:1)? En los días de Pablo, esta ciudad puede haber tenido como 200.000 personas (ver Introducción al Nuevo Testamento de Everett F. Harrison, p.260).



CORINTO

Esta gran ciudad comercial tenía una sola iglesia (1 Co. 1:2). La ciudad era heterogénea (una mezcla de todo). La gente se atestaba allí para ganar dinero y gastarlo. Empresas y negocios comunes y libertinaje común eran el único lazo que mantenía unida a la gente. Era la ciudad de pecado e inmoralidad y su población puede haber llegado a los 700.000 (la mayoría la estima en medio millón de personas). La Zondervan Pictorial Encyclopedia dice que había como 200.000 hombres libres y 500.000 esclavos.



Observaciones: Estas eran ciudades muy grandes aun en términos de estadísticas de población modernas, sin embargo, había una sola iglesia en cada ciudad. Hoy día estamos lejos del modelo del Nuevo Testamento. El Señor predijo que esto sería así en la parábola de la semilla de mostaza (Mateo 13:31-32). Del Cristianismo creció un sistema religioso monstruoso, anormal, insólito, horrible que ha llegado a llamarse “Cristiandad”. El diablo ha tenido éxito en corromper, complicar, confundir y desordenar lo que alguna vez fue un claro testimonio. Ha creado un caos.

Romanos 16:5 – Epeneto

Pablo se gozó en una cosecha de almas mientras ministraba en Asia. El primer fruto de esa cosecha (el primer convertido) fue Epeneto, un creyente que fue cercano al corazón de Pablo. La Biblia dice “Acaya”, pero el manuscrito griego apoya más bien que debemos leer “Asia”. Asia se refiere a Asia Menor (la Turquía moderna), el área donde estaba localizada Efeso (como también las otras ciudades mencionadas en Apocalipsis 2-3).

Pablo menciona a Epeneto después de haber mencionado a Aquila y Priscila, quienes también trabajaron en Asia, específicamente en Efeso, una de las principales ciudades de Asia (1 Co. 16:9). Como ha señalado William Hendricksen, “Es fácil imaginar que cuando Pablo o alguno de sus colaboradores, como Priscila y Aquila, contemplaban la tremenda expansión del Cristianismo en y alrededor de la provincia Romana de Asia, ellos debieron haber dicho, ‘y todo comenzó con Epeneto; él fue las primicias'” (Romanos Capítulos 9-16, p. 503). Pablo ciertamente recordaba con gozo las primicias en Macedonia (en realidad, las primicias de Europa), que fue una mujer llamado Lidia, cuyo corazón había abierto el Señor (Hechos 16:14). Siempre es un gozo mirar hacia el pasado y recordar a la primera persona que fue salva en cierto lugar, sabiendo que Dios, que comenzó esa buena obra, también la continuará. En una cosecha, las “primicias” son el comienzo e indican que vendrá mucho más fruto. Ese fue ciertamente el caso en Asia (ver Hechos 19:10-20). ¿Tienes en afectuosa memoria a la primera persona que guiaste al Señor? ¿Otros la han seguido?

Romanos 16:6 – María

Poco se nos dice de María, excepto que ella “trabajó mucho” para Pablo y sus compañeros (o para la iglesia de Roma, si aceptamos la variante de “vosotros”). El significado del término griego es que ella trabajó mucho y se afanó diligentemente, hasta el agotamiento y la extenuación. Muchos creyentes trabajan muy duro por la causa de Cristo y esto muchas veces pasa inadvertido, desapercibido y es ignorado por los hombres. Pero Dios ciertamente toma nota (ver Hebreos 6:10). Que nosotros demos nuestro todo por el Salvador y Su obra: “Levántense, hombres de Dios, olviden las cosas poco importantes; den su corazón y su alma y su mente y sus fuerzas para servir al Rey de Reyes”.

María (Miriam) era un nombre muy común en el Nuevo Testamento y varias mujeres diferentes tenían este nombre:


  1. María, la madre de Cristo (Mateo 1:16).

  2. María Magdalena (Lucas 8:2)

  3. María, la madre de Juan Marcos (Hechos 12:12)

  4. María de Betania, la hermana de Marta (Lucas 10:42)

  5. María, la mujer de Cleofas (Juan 19:25; nótese que en este versículo, tres de las cuatro mujeres mencionadas tenían el nombre “María”).

  6. María, que es mencionada en Romanos 16:6.

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