Rompiendo filas. Voces desde la objeción de conciencia y la insumisión



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CIME 2011.

ROMPIENDO FILAS. Voces desde la objeción de conciencia y la insumisión.


Por Juanjo Compairé

Y entonces allá te decían [imita el tono del mando militar gritando]: ¡A ver, los maricones, los cojos, los mancos, los objetores de conciencia, que salgan!” Y entonces (…) te ponían así delante de todos. Había un patio inmenso, todo lleno de filas de gente y un tío que iba con una mesita que iba repartiendo el petate y el billete de tren y entonces a ti te ponían así delante. No sé, éramos tres o cuatro, salimos tres o cuatro” 1


PRESENTACIÓN


La presente comunicación corresponde a un “work in progress”, a una investigación en curso, un estudio preliminar que se está realizando de acuerdo con el modelo de “historia oral” y de investigación cualitativa en profundidad. Se trata de un trabajo realizado en base sobre todo a entrevistas personales2, pero también cotejando las declaraciones con observaciones de diversos materiales escritos o gráficos, proporcionados en su mayor parte por los propios entrevistados y con parte de la obra historiográfica ya publicada sobre el tema.

Nos proponemos posteriormente trabajar con cuestionarios escritos más pautados. También ampliaremos el número de entrevistas con más protagonistas destacados del movimiento de la objeción de conciencia y de la insumisión.

El formato de entrevista en profundidad nos permite entrar más a fondo en las motivaciones, las vivencias de los objetores e insumisos, su subjetividad. Pero también el tiempo trascurrido permite que ellos mismos hagan un análisis con la distancia suficiente de lo que supuso para ellos la experiencia y de su valoración personal sobre la pervivencia actual del movimiento y sus valores. Han pasado diez años desde el final del servicio militar en España y parecen pocos años, pero, como intentaremos ver más adelante, este lapso de tiempo supone todo un corte en términos generacionales. Por otro lado, como tuvimos ocasión de ver en el acto conmemorativo del cuadragésimo aniversario de la objeción de conciencia política en España3, la primera generación de objetores aún conserva la viveza en el recuerdo e incluso la capacidad para mantenerse activos en las movilizaciones sociales. Estamos, creemos, pues, en un momento especialmente indicado para recoger los testimonios de las diversas generaciones del movimiento.

A pesar de que el número de entrevistados hasta el momento es escaso aún, especialmente en términos relativos (7 entrevistas), hemos procurado que hubiera en ellos voces de diversos lugares de Cataluña. La distribución territorial es la siguiente: Residentes en Barcelona y alrededores: 3. (en realidad, de ellos 2 proceden del País Valenciano); resto de la provincia de Barcelona: 2; Comarcas de Tarragona: 1; comarcas gerundenses: 1.

Como se puede observar, de momento nos hemos limitado a estudiar el fenómeno en Cataluña, por cuestiones de desplazamiento. Quizá más adelante ampliaremos el ámbito de estudio a otras zonas de España o reduzcamos la metodología de trabajo al trabajo con cuestionarios escritos contestados por los propios protagonistas. Esto corresponde a una decisión que tomaremos más adelante.

Hemos querido también recoger voces de diversas generaciones de objetores e insumisos, tanto de los años 70, como de los 80 y de los 90. Veremos su distribución de los entrevistados más en detalle cuando hagamos un repaso de la cronología del movimiento.


Justificación y finalidad


¿Cuál es la finalidad de este estudio? Desde nuestra asociación “Homes Igualitaris” y desde nuestra asociación madre, AHIGE, siempre hemos visto la necesidad de buscar referentes de hombres que se hubieran replanteado aspectos de la masculinidad tradicional. Y pensamos que el movimiento de la objeción de conciencia política al servicio militar y posteriormente el movimiento de la insumisión4 eran movimientos fundamentalmente protagonizados por chicos varones (aunque, como veremos, también colaboraron algunas mujeres) que ponía en cuestión uno de los pilares hasta entonces considerados indiscutibles de la construcción de la masculinidad tradicional: la “mili”.

La organización pacifista más importante y más antigua, la World Resister’s International (en adelante WRI), consciente de esta relación, dedicó en Agosto de 2007 un taller al tema, titulado “Women in a militarised society”5, donde se trató el tema del vínculo entre militarismo y género y donde Andreas Speck [2007] recoge el testimonio de la asociación turca Kaos GL , que afirma:

Las guerras y los militares están organizados alrededor de una masculinidad socialmente construida que se define por la discriminación y la humillación de mujeres y gays y una mentalidad de conquista. Nosotros, como mujeres y hombres homosexuales, estamos en contra del heterosexismo, del patriarcado y del militarismo, que están íntimamente aliados unos con otros”6

Ya Raewyn Connell apuntaba en 2001 que, aunque la violencia (entendamos la violencia organizada) tiene muchas causas, como la codicia, las desigualdades sociales, el nacionalismo, el racismo, etc, “dada la concentración de armas y prácticas violentas en el sexo masculino, los patrones de género parecen ser estratégicos. Las masculinidades son las formas en las que se manifiestan muchas dinámicas violentas” [Connell, 2001]. Diríamos, incluso, que esos otros factores, que él de alguna manera considera extraños a la masculinidad, se encuentran en cambio íntimamente ligados a los procesos de construcción social de las masculinidades, basados en la “fraternidad excluyente”7[Sinatra 2003].

Sin embargo, los vínculos entre militarismo y masculinidad son más complejos. No es lo mismo la práctica de género de un general que la de un soldado del frente [Connell, 1995] y por tanto, hay una pluralidad de masculinidades militares [Jeff Hearn 2003]. Además, la aparición de masculinidades militarizadas es relativamente reciente en el tiempo [Speck 2010]

Nuestro ámbito de estudio, al ceñirse a los objetores e insumisos y no a los oficiales de carrera, es más limitado. Podemos recoger, por tanto, para concluir esta parte, el testimonio de un objetor turco, Halil Savda, encarcelado repetidas veces por su objeción al servicio militar:

Al cuestionar el sistema de valores militarista y sus prácticas, que se identifican con el servicio militar, uno también se ve obligado cuestionar la visión hegemónica de la masculinidad (…).El servicio militar es un laboratorio en el que se reproduce la masculinidad. El sistema patriarcal se solidifica a través de él. Yo objeté al servicio militar porque también estoy en contra de esta masculinidad artificial, de laboratorio. La lucha contra el militarismo definido en términos heterosexistas, a través de las estructuras sexistas, encuentra su expresión fundamental en el antimilitarismo. Éste debe referirse igualmente a la libertad de orientación sexual, a la igualdad entre sexos y a la total y completa libertad”8

Este proceso de toma de conciencia no se da de forma automática y debe tener en cuenta las características culturales, históricas de cada situación. La España cambiante de los últimos 30 años del siglo XX, en este sentido tiene unas características muy particulares que la hacen diferente a otros países y otras épocas.

¿Qué se aprende en el servicio militar? Para un recluta se aprende sumisión, abnegación. El uniforme y el rapado de pelo marcan un abandono de la propia personalidad y la disolución del propio yo en una masa destinada a ser gobernada por alguien superior, el oficial. La “formación” militar se basa en trasladar la frustración, producida en el soldado por la imposibilidad de tomar las propias decisiones libremente, en rabia y violencia que, en un futuro hipotético se vertería sobre los “otros”, los “enemigos” (y “las otras”). Si no hay guerra en el horizonte, esta frustración aflora en formas de abusos9, más o menos tolerados y en “novatadas”. Pero también crea frente a estos abusos relaciones de fraternidad, por un lado, y de jerarquía por otro (“veteranos” frente a “novatos”, además de la jerarquía militar establecida). Esta combinación de sumisión hacia arriba, hermandad en la base y violencia interna y hacia afuera forma un perfil de hombre apto para las sociedades industrializadas, pero que quizá ahora ya no coincida con lo que la sociedad postindustrial demanda. Como dice Hanne-Marget Birkenbach [1982]10

Servir en el ejército está relacionado con la expectativa de que éste les proporcione masculinidad y, con ella, el derecho y el poder de desempeñar un papel dominante por naturaleza. Sin embargo, la imagen de masculinidad de estos jóvenes no tiene nada que ver con demostrar su valía en combate, sino más bien con poder desenvolverse mejor ante los retos de la vida civil, especialmente en el área profesional”

Esta afirmación de Birkenbach puede servir quizá para el caso alemán, pero difícilmente para el caso español, al menos para las últimas tres décadas del siglo pasado, cuando ni en las empresas ni en la administración pública se podía ya imponer el estilo de mando cuartelario. El desfase entre ejército y vida civil era tan grande que nos dice uno de los testimonios: “la sociedad nos veía a nosotros como los que no queríamos hacer la mili, cuando en realidad la que no quería hacer la mili era la sociedad”.11. Lo cual no obsta para que la mili sirviera como escuela de aprendizaje de personalidad de acuerdo con los valores de docilidad, autorrepresión, aprendizaje del uso de la violencia y la imposición en la resolución de los conflictos interpersonales. Este aprendizaje marcaba y acentuaba las características más negativas del modelo masculino que tradicionalmente se ha mostrado torpe en las relaciones y en la gestión de los sentimientos y que ha hecho del dominio y el poder la mejor manera de encubrir las propias inseguridades.

La “mili” ha sido durante mucho tiempo un “rito de paso” hacia la adultez masculina [Zulaika 1989, Herrero Basas 1986, Anta 1990, Barroso 1991]. Las plazas de nuestros pueblos, con aquellas frases pintadas: “¡Vivan los quintos del año tal…!” son una imagen de estas relaciones de hermandad de los nacidos el mismo año y que han pasado por trances similares. Al escribir en la pared esta frase afirmaban ante el pueblo haber pasado por este ritual doloroso y atribuirse por tanto la categoría de hombres adultos.

“… lo que mi padre me enseñaba era que para ser hombre se había de ir a la mili. Es decir, el día que yo le digo a mi padre ‘No voy a la mili’, él me dijo: ‘¡Te arrepentirás (…) cuando seas mayor veas que todos han ido y tú no!. Te arrepentirás porque de alguna manera te dirán que eres poco hombre” 12

En esta construcción como hombres, lo militar actuaba sobre un terreno ya preparado por la familia, construida en gran parte sobre patrones patriarcales, y la escuela. Uno de nuestros entrevistados, explica con sorna:

Estabas sometido a la disciplina militar. Sí que me acuerdo que decía: ‘¡Hostia, esto es como volver al cole de curas. Porque ‘¡Ahora en fila, venga! [imita el tono de mando militar gritando], ¡el paso, no sé qué! Y yo me decía: ’vale, vuelvo al colegio”13

Sin embargo, de forma primero testimonial, más tarde más numerosa y finalmente de forma masiva, surgió un movimiento de rechazo ante el servicio militar y ante el ejército. Un movimiento de objeción de conciencia política que luego fue evolucionando y que, contra todo pronóstico, acabó con el servicio militar obligatorio, que era una institución que en los años setenta parecía inamovible.

Nuestro objetivo es ir viendo hasta qué punto este movimiento contribuyó a la evolución de las masculinidades en nuestro país. Si los hombres de hoy son diferentes de los de hace cuarenta años, ¿cómo contribuyó este movimiento a esta evolución? Y más aún, ¿se pusieron en él en cuestión de forma consciente los roles de género? ¿En qué medida contribuyó al cambio de las relaciones entre hombres y entre hombres y mujeres? ¿Contribuyó a hacer surgir masculinidades más igualitarias?

Primero haremos un repaso del movimiento antimilitarista para después ir estudiando desde dentro algunos aspectos de estos cambios, en la voz de sus protagonistas, para acabar con nuestras primeras conclusiones aún embrionarias y que nos plantean nuevas preguntas y nuevas líneas de investigación.


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