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Artículo 9



1) Los autores de obras literarias y artísticas protegidas por el presente Convenio gozarán del derecho exclusivo de autorizar la reproducción de sus obras por cualquier procedimiento y bajo cualquier forma.
2) Se reserva a las legislaciones de los países de la Unión la facultad de permitir la reproducción de dichas obras en determinados casos especiales, con tal de que esa reproducción no atente a la explotación normal de la obra ni cause un perjuicio injustificado a los intereses legítimos del autor.
3) Toda grabación sonora o visual será considerada como una reproducción en el sentido del presente Convenio.

Artículo 10
1) Son lícitas las citas tomadas de una obra que se haya hecho lícitamente accesible al público, a condición de que se hagan conforme a los usos honrados y en la medida justificada por el fin que se persiga, comprendiéndose las citas de artículos periodísticos y colecciones periódicas bajo la forma de revistas de prensa.
2) Se reserva a las legislaciones de los países de la Unión y de los Arreglos particulares existentes o que se establezcan entre ellos lo que concierne a la facultad de utilizar lícitamente, en la medida justificada por el fin perseguido, las obras literarias o artísticas a título de ilustración de la enseñanza por medio de publicaciones, emisiones de radio o grabaciones sonoras o visuales, con tal de que esa utilización sea conforme a los usos honrados.
3) Las citas y utilizaciones a que se refieren los párrafos precedentes deberán mencionar la fuente y el nombre del autor si este nombre figura en la fuente.

Artículo 10 bis
1) Se reserva a las legislaciones de los países de la Unión la facultad de permitir la reproducción por la prensa o la radiodifusión o la transmisión por hilo al público de los artículos de actualidad de discusión económica, política o religiosa publicados en periódicos o colecciones periódicas, u obras radiodifundidas que tengan el mismo carácter, en los casos en que la reproducción, la radiodifusión o la expresada transmisión no se hayan reservado expresamente. Sin embargo habrá que indicar siempre claramente la fuente; la sanción al incumplimiento de esta obligación será determinada por la legislación del país en que se reclame la protección.
2) Queda igualmente reservada a las legislaciones de los países de la Unión la facultad de establecer las condiciones en que, con ocasión de las informaciones relativas a acontecimientos de actualidad por medio de la fotografía o de la cinematografía, o por radiodifusión o transmisión por hilo al público, puedan ser reproducidas y hechas accesibles al público, en la medida justificada por el fin de la información, las obras literarias o artísticas que hayan de ser vistas u oídas en el curso del acontecimiento.” [Nota del traductor:  En el presente documento, las citas que aparecen en cursivas y entre comillas corresponden a la traducción oficial de las mismas.]
Del estudio general de las disposiciones del Convenio de Berna se desprende que éste impone un cierto número de excepciones de carácter obligatorio en lo que concierne a las noticias del día, los sucesos del día y las citas (artículos 10.1 y 10.3). En cuanto a lo demás, el Convenio autoriza a los Estados miembros para que adopten varias excepciones (facultativas), concretamente, las que se refieren a la reproducción realizada con propósitos de información y educativos. Dichas excepciones son aplicables a la mayoría de los derechos pero remiten a “las normas” en lo que respecta a la fijación de límites. Por ello, estos textos autorizan exclusivamente las utilizaciones que corresponden a los casos previstos y que se compadecen con los usos honrados. El Convenio entonces no se aplica sino para obligar a los países que hacen uso de esta facultad a subordinar la libertad acordada a la observancia de un cierto número de condiciones.
El artículo 9.2 del Convenio de Berna autoriza además a los Estados miembros a limitar el derecho de reproducción en “determinados casos especiales”. Dicha facultad se inscribe sin embargo, en un marco que permite limitar sus efectos perjudiciales para los autores o los derechohabientes. Así, es preciso que la reproducción tolerada en estas condiciones “no atente a la explotación normal de la obra ni cause un perjuicio injustificado a los intereses legítimos de su autor”. La fórmula, que podría parecer vaga a un lego en la materia, saca justamente la fuerza que tiene de esta flexibilidad suya. Las tres condiciones acumulativas que impone para que se acepte una excepción al derecho exclusivo se conocen hoy con el nombre de la “prueba en tres etapas”.
Las excepciones a los derechos exclusivos vinculadas a la representación se parecen bastante a las que se admiten en materia de reproducción (necesidad de informar, enseñanza…). No obstante, la libertad de utilización a título privado parece admitirse más ampliamente (por interpretación de los textos que se refieren a la representación pública) que los “casos especiales”, introducidos en 1971 al apartado 2 del artículo 9, que no conciernen sino a una única reproducción.
La “prueba en tres etapas” constituye sin duda uno de los elementos cruciales que harán posible las construcciones futuras. Desde esta perspectiva, no cabe sino regocijarse de que esta prueba se haya aplicado en el Acuerdo sobre los ADPIC a todas las excepciones a los derechos de autor (véase más adelante).
En efecto, el Artículo 13 del mencionado texto (intitulado “Limitaciones y excepciones”) dispone que: “Los Miembros circunscribirán las limitaciones o excepciones impuestas a los derechos exclusivos a determinados casos especiales que no atenten contra la explotación normal de la obra ni causen perjuicio injustificado a los intereses legítimos del titular de los derechos”.
La misma solución se adoptó en el artículo 10 (también titulado “Limitaciones y excepciones”) del Tratado de la OMPI de fecha 20 de diciembre de 1996, relativo a los derechos de autor. En efecto, en ese texto se precisa que:
1) Las Partes Contratantes podrán prever, en sus legislaciones nacionales, limitaciones o excepciones a los derechos concedidos a los autores de obras literarias y artísticas en virtud del presente Tratado en ciertos casos especiales que no atenten a la explotación normal de la obra ni causen un perjuicio injustificado a los intereses legítimos del autor.
2) Al aplicar el Convenio de Berna, las Partes Contratantes restringirán cualquier limitación o excepción impuesta a los derechos previstos en dicho Convenio a ciertos casos especiales que no atenten a la explotación normal de la obra ni causen un perjuicio injustificado a los intereses legítimos del autor.”
Ciertamente, estos nuevos textos no aportan precisiones sobre cuáles deberían ser las excepciones admisibles. Se puede incluso dudar de que favorezcan una eventual armonización ya que parecen reconocer a las partes contratantes la facultad de conservar y definir nuevas excepciones y limitaciones apropiadas al soporte digital, en la medida en que éstas se conformen con las estipulaciones del Convenio de Berna. Pero, por lo menos tienen el mérito de generalizar un modo de razonamiento y de imponer a los Estados una relectura (y enmienda) de su legislación, en función de esta nueva norma de referencia de carácter general que constituye la citada “prueba en tres etapas”.
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