San glorio y el oso



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SAN GLORIO Y EL OSO

Bien, vamos allá pues. Lo primero que se debe matizar en realidad es cual es el verdadero sentido de conservar el oso, algo que los opositores a San Glorio han olvidado siempre, o al menos no han sabido explicar.


El oso es un animal con unos requerimientos altísimos en cuanto a la calidad del hábitat, los más altos con enorme diferencia (haciendo la salvedad del urogallo) sobre ninguna otra especie que habite la Península Ibérica; incluyendo a otras en peligro de extinción como puedan ser el lince o el águila imperial. Es absolutamente impensable un oso habitando las marismas de Doñana, o las dehesas extremeñas. Es igualmente impensable la visión de un oso colonizando el sur del Duero o el País Vasco, como está pasando ya con el lobo; especie que simboliza para el movimiento ecologista español (penosamente lleno de clichés) la esencia de lo salvaje.
El oso es por lo tanto, el animal que va ligado en España a los últimos lugares salvajes y vírgenes, entendiendo salvaje y virgen con todas las cautelas y en el contexto de un país del sur de Europa Occidental en el siglo XXI con un alto desarrollo demográfico, tecnológico, económico, etc; y que ha estado poblado por humanos desde el paleolítico desde el primero al último de sus rincones. Evidentemente ni Somiedo, ni Riaño, ni Cangas del Narcea, ni Muniellos, ni los bosques de la Abadía de Lebanza son Alaska, ni Kamchatka, ni el Altai. Pero son lo más parecido que nos queda en España a esos espacios no alterados por la tecnología del siglo XX. Los poquísimos rincones sin domesticar que quedan en esta España nuestra tienen en el barro de su suelo las huellas del oso pardo.

Es cierto que sobre todo en puntos del occidente y centro de Asturias el oso es capaz de manejarse en medio de un paisaje muy humanizado, pero lo hace siempre utilizando selectivamente fragmentos de hábitat de alto valor natural, lugares que por su pendiente y su vegetación son muchas veces intransitables. Creo en definitiva, que con todos los matices que se puedan hacer, el oso va incuestionablemente ligado en España (Pirineos y Cordillera Cantábrica) a los últimos rincones de algo parecido a salvaje que quedan en este país.

La importancia de la defensa de esos rincones se hizo evidente para el hombre moderno cuando se declaró en Estados Unidos el primer Parque Nacional de la historia y se ha ampliado no sólo a rincones naturales y paisajes, sino también a edificios, restos históricos, culturales, etc, que no hubiesen sido transformados por métodos posteriores a la revolución industrial. Esa es la labor que lleva a cabo, por ejemplo, el NATIONAL TRUST en Inglaterra (uno de los países más transformados del mundo por ser el que hizo la Revolución industrial)

La defensa del WILDERNESS (así acuñaron los británicos el concepto de lo no alterado o lo no excesivamente alterado) es lo que hay en el transfondo de San Glorio. Y es un lujo que un país verdaderamente desarrollado puede y debe permitirse, por supuesto, siempre y cuando la protección de ese WILDERNESS no se haga a costa del bienestar de los habitantes del entorno. Esto abre un debate casi epistemológico; por eso el tema de San Glorio se escapa, por profundo y diverso, a la mayoría de los análisis estúpidos y simplistas que de él se hacen. Y la permanencia de esos lugares con un nivel de alteración lo menor posible es un signo de cultura, bienestar y calidad de vida de una sociedad verdaderamente desarrollada. Desgraciadamente es una de esas cosas que o se entienden por intuición y cultura general, o no pueden explicarse, pero cualquier persona inteligente y con un mínimo de visión de futuro puede entender que lo ideal, en un país en el que una ardilla podrá en 20 años pasar de tejado en tejado desde Tarifa al Cabo Peñas, sería que el macizo de Peña Prieta permaneciese como está para disfrute de las generaciones futuras, y que al mismo tiempo, los habitantes de su entorno pudiesen disfrutar de una calidad de vida equiparable a la del resto de los españoles.


La guerra que hay planteada en San Glorio no es una guerra para salvar al oso pardo. Biológicamente es el más prescindible de todos los animales que habitan España, ya que nadie se come al oso y este tampoco es un gran depredador que mantenga a raya a otras especies, y poblacionalmente la especie goza a nivel planetario de una excelente salud.
La guerra de San Glorio es una pelea mal explicada del verde contra el gris, de la hierba contra el acero, del tapín natural contra el hormigón. El oso sólo es un instrumento en esa lucha porque es el símbolo (especie bandera) de lo que se pretende proteger: uno de los últimos rincones naturales de España. Y porque sus requerimientos en cuanto a la calidad del hábitat son tan altos, que al proteger al oso se protege el lugar donde vive y muchas otras especies que le acompañan con requerimientos de hábitat más moderados (especie paraguas).
Cuando estamos hablando de meter ese aparato descomunal de remontes y cañones de nieve (acero) y carreteras, aparcamientos y edificios (hormigón) en el corazón del trozo de naturaleza más parecido a virgen, con permiso de la isla de Muniellos, que queda en España, el oso se convierte en un mero instrumento para alcanzar un fin, no en un fin en sí mismo.

Antes de analizar cual puede ser, en mi opinión, el impacto de la estación que se plantea sobre el oso, sí me gustaría matizar un par de cosas.


Mi opinión personal sobre la estación como ciudadano de la comarca de Riaño y amante de la naturaleza al mismo tiempo, es que debe hacerse una estación de esquí alpino, pero con un perfil completamente distinto al que se plantea, con unos objetivos completamente distintos, pagada por la Junta y ajustada a León. Y lo de ajustada a León no lo digo por que me crea aquello del sibilino enemigo palentino, acechando en la oscuridad para expoliar a León toda su riqueza y tal y cual. Todo lo contrario, para mí, como prioreño, la Montaña Palentina me parece absolutamente hermana; he paseado por todos sus rincones; por Pineda, por el Ves, por Los Redondos, por Castillería; y allí donde lance la vista me enamora su belleza, tan parecida y a la vez tan distinta a la de mi comarca de Riaño. Ellos son la continuación de lo nuestro y nosotros la continuación de lo suyo. Comparten nuestros mismos problemas, y fueron saqueados por pantanos y minería insostenible como lo fuimos nosotros. Cierto es que han salido de la etapa del desarrollismo bastante mejor parados, y aunque en crisis, mantienen un sector sur bastante pujante articulado sobre el eje Aguilar-Cervera-Guardo-Velilla, quizá porque ellos alguna vez tuvieron políticos, mientras que en León sólo hemos tenido caciques.

Mi preocupación al entrar Palencia en el lote, viene dada por el hecho de que si se da de paso al cambio de normativa en el PORNA de Fuentes Carrionas y Fuente Cobre, el precedente que se va a sentar es tan sumamente grave, que puede considerarse la protección de la naturaleza en Castilla y León como algo liquidado. ¿Quién puede asegurar a partir de ahora, que por ejemplo, los alcaldes del entorno de Villafáfila, apesadumbrados por la emigración de sus jóvenes, y aconsejados por una empresa privada, no decidan que la única salida para su comarca pase por construir un campo de golf en mitad de las lagunas y decidan cambiar el PORNA del Parque? ¿Quién puede asegurar ninguna protección del medio ambiente en torno a San Glorio, cuando se parte de un cambio de normativa que permite hacer por intereses económicos lo que antes no se podía hacer por motivos de protección? ¿Cómo vamos a creer en la objetividad de ningún estudio de impacto cuando la junta ya ha asegurado que la estación se va a hacer? ¿Quién asegura que si el EIA determina que la estación es incompatible con el oso, no se va a cambiar la normativa para que proteger al oso deje de ser obligatorio? Demasiadas incertidumbres para quienes deseamos algo con la suficiente fuerza para que saque a la comarca del estado comatoso en que se encuentra; pero a la vez queremos que se respete aquello que es esencial para la Montaña de Palencia y Riaño: su belleza, su naturalidad, su armonía; y lo que nos hace verdaderamente diferentes, nuestro Wilderness.


Creo, además, que el mayor volumen de negocio, poniendo León la mayoría de la nieve y del terreno, se va a ir para Palencia, lo cual no sería demasiado justo.
Y hay otro tema, y es que el impacto de la estación se me antoja muchísimo más grave en Palencia que en León, por motivos que luego explicaré.
Pero en fin, me estoy enrollando. Por eso digo que el tema de San Glorio es amplísimo y se resiste, para cualquiera que quiera encontrar un equilibrio entre la protección de la naturaleza y el bienestar de su gente, a cualquier análisis simplista y tontón.
Asumido que la protección del oso es, según ley, objetivo obligatorio, y no opcional, para los dos parques; y por lo tanto, jamás debería autorizarse una estación de esquí o cualquier otra obra que pusiese en entredicho la supervivencia de la especie, pasemos a analizar cuáles son, en mi opinión, los posibles impactos de la estación sobre el Oso Pardo Cantábrico.

En primer lugar, y a tenor del informe del CSIC, debo decir que la afirmación de que la estación pondría en bancarrota a toda la población cantábrica de osos me parece exagerada, aunque no del todo incierta.


Como casi todo el mundo sabe, los osos están repartidos por la cordillera en dos núcleos aislados aunque no independientes: el occidental y el oriental.
Los núcleos están aislados por la imposibilidad que tiene el oso de cruzar las grandes infraestructuras (Autopista, carretera de Pajares, gaseoducto, ferrocarril, etc) que comunican Asturias con la meseta a través de los valles del Caudal y del Bernesga, aunque ayer mismo se daba la noticia en La Nueva España de que con casi total seguridad un oso había ya cruzado desde el Núcleo Occidental al Oriental.
Lograr comunicar las dos poblaciones se considera absolutamente prioritario para la conservación del oso por motivos, que casi todo el mundo también conoce, de variabilidad genética.
Es evidente que la estación de San Glorio no afectaría, en primera instancia, a la población occidental; pero suponiendo que la estación acabase con el oso en la población oriental, la población occidental se vería también comprometida al no contar ya con la posibilidad de intercambiar sus genes con sus vecinos del este. Por eso los núcleos, aunque estén físicamente aislados, no pueden considerarse del todo independientes. En conclusión, me parece exagerado afirmar que la extinción del oso en el Núcleo Oriental acabase con todos los osos cantábricos, pero no del todo incierto.
San Glorio y el Núcleo Oriental.

Lo primero que hay que asumir es que igual que la estación se supone va a generar una serie de puestos de trabajo directos y otra de indirectos, también va a generar una serie de impactos directos y otros indirectos, probablemente más graves los segundos que los primeros. Los impactos de una infraestructura se analizan siempre de forma global, por eso me da vergüenza ajena cuando oigo a alguno de nuestros alcaldes pedir a la Junta que agilice la construcción de los accesos por Lechada y Naranco, como si fuese algo independiente del resto de la obra.


También hay que contemplar los impactos como seguros y posibles, me explico.
Debemos considerar como impactos seguros aquellos que va a causar la estación que se propone (la empresa ya ha dejado bien claro públicamente que o juegan con todo o no juegan; o sea, que la estación se hace como ellos plantean o no se hace), y como impactos posibles aquellos que pudieran venir de las posibles ampliaciones posteriores de la estación. En primer lugar la ampliación hacia el lado cántabro, que todo indica se producirá tan pronto como las condiciones en Madrid (gobierno del PP) sean propicias; y en segundo lugar las posibles ampliaciones de la estación hacia valles colidantes, que se producirá tan pronto como se pase el primer alegrón de la estación, en cuanto surja el primer problema, en cuanto la estación vea los primeros números rojos (en el peor de los casos), o en cuanto se vea que la cuenta de beneficios es abultada y mejorable (en el mejor). Mi opinión, como conocedor del terreno y esquiador de travesía incipiente, es que la estación sería un éxito total; y me explico: la demanda del esquí en España, digamos lo que digamos, crece. Las colas en los remontes también. Las estaciones de esquí existentes en la Cordillera Cantábrica son DE JUGUETE comparado con lo que se puede hacer en lo que llamamos San Glorio. Sólo en el alto del puerto San Glorio hacia el Portillo de la Yeguas, se puede hacer ya una estación mejor que Manzaneda o Leitariegos, con más y mejor espacio y cotas de altura superiores. Si pensamos en el alto del puerto, unido al inmediato Valle de Naranco, nos daría ya una estación más grande que San Isidro y por supuesto, que Alto Campoo, y no hemos empezado casi ni a contar. Lechada ya dicen que lo van a ocupar entero. A continuación está Valponguero (absolutamente clave para el tránsito del oso), con una esquiada descomunal en sus dos brazos superiores que bajan del Pico Murcia: Cagidra en el brazo de llagos; y la Panda del Hielo en el brazo de Gustalapiedra, con el Pico Murcia (2300) como referencia común. Por el lado palentino, se plantea ocupar sólo La Llomba, pero parece imposible que no se plantee, casi de forma inmedianta la ampliación hacia Valmediano, que aunque en solana, tiene una orografía dulce y unas cotas por encima, de nuevo, de Leitariegos, con lo que tendríamos el valle alto de Cardaño ocupado en su totalidad, excepto por la parte de El Holmax, de difícil acceso, pero con otra esquiada descomunal en su zona superior.
Hacia el sur, no tardarían en descubrir Hontanillas y Valcave (Lado palentino del Pico Murcia) que dan entre los dos otra estación como Alto Campoo; y aún nos falta la última perla, y mi principal preocupación: PINEDA. El valle más largo y a mayor altura de la cordillera, y con un gran porcentaje de terreno ocupado por la cara norte del Curavacas. Sólo en el recuenco del Ves, con un remonte hacia la laguna más baja y otro al collado del Holmax, nos sale una estación tan grande como San Isidro, con cotas de altura un pelín mayores y mirando a norte casi todo ello. Y no crean que sueño, porque la anterior Directora General de Turismo ya hablaba de hacer una carretera de acceso desde Lores a la base del tres provincias por Pineda.
Sabemos que es casi imposible que la estación llegue a tener unas dimensiones tan descomunales, pero todos sabemos también que se presionará para ampliar (como está pasando en el Pirineo) tan pronto como la coyuntura sea socio-políticamente favorable, y siempre que haya hacia donde; y por Dios que lo hay.

Alguno me podrá decir: “ya, pero para que no ocurra eso ya se van a hacer las DOT(merecen otro artículo aparte), y Pineda, por ejemplo, va a estar protegido por el plan de protección del oso”; pero volvemos a lo de antes: ¿Qué credibilidad le podemos dar a cualquier ley que se haga, si la anterior se ha echado abajo con semejante facilidad?

Bien, vamos a suponer que la estación permanece persécula como se plantea. Y analicemos los daños con lo que hay (impactos seguros), intentando olvidar lo que podría venir (impactos posibles).

Quiero puntualizar que no soy un científico ni lo pretendo, pero conozco el tema por afición personal y la pasión que siento hacia este animalote casi humanoide, anacoreta solitario y sin más ambición que la de ser dejado en paz, símbolo viviente de los últimos rincones salvajes de la península, y sobre todo, patrimonio cultural de la montaña cantábrica y tótem de nuestra cultura pastoril. Un icono desaprovechado de la montaña, que sería, sin su presencia mágica, un lugar más. La pérdida del oso para la Montaña de Riaño sería equiparable a la pérdida del Yeti para el Nepal o el monstruo del lago Ness para Escocia, con la diferencia de que aquellos no existen. Y reivindico como ciudadano de la montaña de Riaño mi derecho a que el oso siga llenando de magia nuestros bosques y valles; pero entiendo que con una estación con un perfil mucho más moderado y ceñida al alto del puerto, Valle de Naranco, y zona superior de Lechada, podría conseguirse el objetivo de conservar el oso, y a la vez, el de dar a la comarca el empujón que necesita para salir del estado lamentable y terminal en que se encuentra. Esta última afirmación necesitaría otro artículo, pero olvídenlo de momento y vamos a lo que nos ocupa.


Para entender los posibles impactos de San Glorio sobre la población Oriental de osos cantábricos conviene conocer grosso modo la geografía del núcleo oriental y la distribución del oso dentro de ella.

Casualmente, los extremos de la población oriental son dos estaciones de esquí: San Isidro y Alto Campoo. Entre ellas, y a ambos lados de la Cordillera, en una línea que uniría los puertos de Tarna, Panderruedas, San Glorio y Piedrasluengas, se encuentra uno de los sectores naturales mejor conservados de España; justo en el medio se ubicaría la estación.


Los osos del núcleo oriental están agrupados en dos sectores: el de la montaña palentina, que goza de relativa buena salud, y el de la montaña de Riaño, que pasó en precario el final de la década de los 90 y los principios del siglo XXI, llegando a reducirse a 3 osos, todos machos. Sin duda tuvo mucho que ver el forestalismo atroz que la junta aplicó sin compasión durante aquellos años, cuando un ejército de buldozzers y retroarañas tomó al asalto la montaña de Riaño. Ahora, acabado el dinero y el chollo, calladas las máquinas, el oso vuelve por sus antiguos solares, procedente de la montaña palentina. Este mismo año se le ha visto en Prioro; en Caminayo comiendo las colmenas de nuestra Begoñina; y en los sitios habituales que forman su casa en nuestra montaña: Hormas, Burón, Casasuertes, Valdeón y todos los grandes valles de Tierra de la Reina que vierten al Esla de Yuso. Pero es curioso, como si el animal quisiera posicionarse, la mayor cantidad de avistamientos (hay hasta algún vídeo) en los últimos años ha tenido lugar en las hoces de Llánaves, Valle de Naranco, y Lechada en su zona baja. En la parte santanderina, en los barrancos que caen de Peña Prieta a Ledantes, una osa tozuda se ha empeñado varias temporadas en criar a su prole exactamente en el sector donde nuestros amigos de 3 provincias tienen prevista la entrada santaderina de la estación. La función principal del sector de Peña Prieta se supone que es de corredor entre los bosques de Riaño y los de La Pernía, pero que nadie se equivoque, un oso puede pasar el año entero sin salir de los valles de Lechada y Naranco. En agosto a los arándanos, en septiembre al escuernacabras, en otoño suele estar en zonas con más bosque pero en el mismo sector está la mata de Lechada, con lo que en un año con bellota, una osa podría criar la prole sin moverse de los 2 valles. Ignoro si hay oseras en alguno de los dos, quizá estén demasiado altos para los gustos del oso, pero seguramente las hubo en épocas más boyantes para el plantígrado. Desde luego el relieve del terreno y el tipo de roca es ideal para ello. Suponiendo que el oso hiberne en un invierno como el actual, lo que es muchísimo suponer, saldría de la osera a principios de marzo, y en inviernos crudos se empezaría alimentando de venados y rebecos muertos en las nevadas. Si el invierno no fuera malo, paradójicamente, le tendremos esquelético y pastando las primeras hierbas en prados muy altos, entre escobales, y a partir de abril el oso se arregla bien hasta julio con las plantas que crecen a la vera de la multitud de arroyones que caen de la Sierra de Orpiñas a los dos valles que separa: Naranco y Lechada; con lo que nos metemos de nuevo en agosto. Este sería grosso modo el perfil de comportamiento de un oso que anduviese por el sector, y de hecho, en estos años pasados, esa osa que parió a la prole en la parte santanderina de la estación, les crió sin salir casi de valle Naranco. Al año siguiente los hermanos solos se quedaron pasando el año entre Lechada, Naranco y las hoces de Llánaves, y todavía un hermano pasó el año siguiente sin apenas salir del sector. Eso es un hábitat de alta calidad. Le falta bosque, vale, pero no todo es bosque en la vida del oso, y además, hay bosques cercanos (Portilla, Cosgaya, Ledantes) a los que acude si le falta alimento donde está. El oso se mueve siempre por dos motivaciones: alimento y tranquilidad. Cuanto más alimento y más tranquilidad, más calidad tiene el hábitat. Incluso en el sexo ama la tranquilidad, y Purroy, por ejemplo, nos cuenta en “el oso en León” de un mes de Junio en que Salsero y El Rubio andaban a ostia limpia por una bella osita allá por encima de los pinares de Orpiñas (ja, ja, como amo a este animal). Ese modelo de comportamiento es ampliable a todo el ámbito de la estación pues en la parte palentina la oferta alimenticia es la misma, con los bosques quizá un poco más lejos.
En este cuadro nos falta hoy en día uno de los recursos alimenticios históricos de la montaña tanto palentina como leonesa para el oso: el ganado trashumante. El oso se dedicaba intensamente a los rebaños, sobre todo a finales de agosto y septiembre, cuando intuía que la despensa se marchaba. Las historias que pueden contar los pastores de Prioro de sus encontronazos nocturnos con el oso en los puertos de Portilla y Cardaño son infinitas; llevándose sólo la oveja que iba a comer, entre ladridos de mastines y gritos de pastor a los que no hacía ni puñetero caso. Pero en fin, eso desgraciadamente ya es historia. En los 70, por cierto, llegó la estricnina a los puertos y ayudó mucho a poner al oso en la bancarrota actual. Conozco a uno de mi pueblo que pasó 10 veranos en Mazobres y mató con “los polvos de la tía María” más osos de los que hoy quedan en el sector oriental. Y de acuerdo, hay que ponerse en la situación en la que vivía aquella gente, pero me escojono de risa cada vez que oigo eso de que “si esto se conserva así es gracias a nosotros”. ¿Gracias a ?; ¿o a pesar de?, pregunto yo.

Suponiendo que la estación planteada no sufra ninguna ampliación posterior (cosa que me parece imposible) debemos dividir de nuevo los impactos en directos (los producidos en el área de la estación) e indirectos (los producidos en sus alrededores).


Vamos primero con los directos, suponiendo la estación que se plantea con 3 entradas seguras: la de Naranco, la de Lechada y la de Cardaño; y una posible: la de Santander.
Lo primero sería clarificar cual es el área directa de impacto de la estación. Al dominio esquiable directo hay que añadir las carreteras, desde su arranque hasta ese final de aparcamientos aberrantes que se plantean. Al ser carreteras paralelas al eje de los valles, y que llegan desde su principio hasta su final, debemos concluir ni más ni menos que se ocupa el valle de Naranco más el alto del puerto, en su totalidad, el valle de Lechada en su totalidad, y el valle alto de Cardaño en su totalidad; unas 3500 hectáreas. O sea, una barbaridad. Alguno dirá “pero el oso puede seguir en los valles laterales, porque sólo se ocupa el fondo del valle, los aparcamientos, las zonas de remontes y las zonas esquiables”; no lo veo así. Es impensable que un oso pueda estar tan tranquilo, pongamos por caso, en el Abiércol (valle lateral de Lechada), mientras pasan muy cerca decenas de coches, y esquían un poco más allá miles de personas, probablemente con Bisbal sonando a tope. Perdido el factor tranquilidad, lo que antes era un hábitat de alta calidad se convierte en un hábitat de baja calidad, y no hablamos de un trocito precisamente.
Eso no quiere decir que el oso no vuelva a aparecer nunca por la zona, pero la Sierra de Orpiñas, por ejemplo (hábitat de alta calidad), quedará encerrada en un cinturón de asfalto y acero. Hacia el oeste la carretera de Portilla a Llánaves, que habrá que mejorar y ensanchar para que pueda asumir el aumento sustancial de tráfico (más barreras para el oso) que provocará la afluencia de gente a la estación; hacia el sur la carretera que llevará coches y personas al corazón del valle de Lechada; hacia el Norte la carretera que hará lo mismo entre Llánaves y el Valle de Naranco; y hacia el este el remonte que suba de un valle a otro por el Boquerón de Bobias. Lo que ahora mismo es rectángulo virgen por 3 lados, pasará de golpe a ser un rectángulo rodeado de asfalto y acero por los 4 lados. Automáticamente una porción enorme de hábitat de alta calidad se transforma en hábitat de baja, o como mucho, mediana calidad. Por lo tanto será evitado por el oso en la medida de lo posible, siempre que haya mejores opciones. No sólo durante la temporada que dure el esquí (noviembre a junio según los promotores), en la que es previsible que el cambio climático provoque que el oso cada vez hiberne menos, probablemente también el resto del año. En primer lugar por el aprendizaje del oso que le llevará por querencia y rutina a evitar la zona, y en segundo lugar, y más importante, porque no hay nadie en España que se crea que las infraestructuras de la estación no se van a utilizar también en verano. La empresa ya ha dicho bien claro que quieren un “resort” que funcione todo el año. De hecho, su primera idea era utilizar en verano los remontes, hasta que alguien les dijo que por favor ni lo mentaran. Ahora dicen que no lo van a hacer, pero lo intentarán en cuando las condiciones sean propicias. Otro tema son las carreteras, de acceso a los 3 valles. Es simplemente imposible evitar que todo dios entre allí en coche en cualquier época del año. Aquí una valla cerrada no dura 3 días. Al menos yo no la conozco.

Eso en cuanto a la estancia directa del oso en la zona. En cuanto al paso, está claro que el oso elegirá opciones con menos barullo para transitar de Riaño a Lebanza, pero suponiendo que se haga lo de Santander, los pasos por el norte se le complicarían muchísimo gran parte del año, y en el sur le quedaría sólo Valponguero y Valverde hacia Cardaño de Abajo, que como veremos al analizar la parte palentina también se le complicaría muchísimo más todavía.


Eso es lo que se conseguirá poniendo esa estación descomunal en mitad del sector oriental, dividir casi en dos el sector, por un lado los bosques de Palencia, por otro los de Riaño, en medio la estación. Evidentemente, no sería imposible que pasara el oso, pero al ser molesto el tránsito por el sector para él, seguro que optará por moverse menos (menos capacidad de expansión para la población, más endogamia, más osos concentrados en menos terreno, menos recursos, más probabilidades de machos depredando crías), y de hacerlo, elegirá direcciones que le sacarán fuera de las áreas protegidas (más peligro de ser furtiveado).
Hasta aquí los impactos directos, pero vamos con los indirectos, donde cobra especial importancia la parte palentina.
Al analizar los impactos indirectos partiré siempre de la base de que creo que la estación tendría éxito y provocaría un aumento exponencial en la construcción de viviendas de segunda residencia, la tan temida y mentada especulación inmobiliaria, que para muchos, estaría detrás de la estación como verdadero motivo en la sombra de su construcción. Cierto que ha habido un pinchazo en la construcción y venta de viviendas, pero vista la cobardía o la complicidad que han mostrado los dos lobbys político-mediático-financieros que gobiernan de forma alterna este país (PP y PSOE son lo mismo, convenzámonos de una vez) durante el delirante y vergonzoso proceso de “asfaltización” que ha sufrido España en los 8 últimos años; es muy probable que la especulación inmobiliaria vuelva por sus fueros en cuanto las condiciones sean de nuevo propicias. Nadie va a hacer nada por evitarlo, eso ya lo hemos comprobado. Por cierto, existe una contradicción lesa entre dos de los principales argumentos que se utilizan contra la estación que me gustaría que alguien me explicase: ¿Si no hay nieve suficiente para hacer una estación, la estación es inviable y todo ese relicario que se repite hasta la extenuación, por qué tanto miedo a un boom inmobiliario?, ¿alguien va a ser tan tonto de comprarse un apartamento al lado de una estación que no tiene nieve?

Si el gran problema de la estación para el oso en la parte leonesa sería la afluencia masiva de visitantes en vehículo a motor a esos 2 aparcamientos aberrantes y absolutamente innecesarios planteados en el corazón de Lechada y Naranco; para Palencia y para la estación en general el elemento clave está, en mi opinión, en lo que se haga urbanísticamente en Cardaño de Arriba y en sus alrededores.

La situación actual es una carretera de los pantanos con un tráfico escaso excepto en verano, que cierra por el sur un sector inmenso de alta montaña de nuevo virgen; no hay carreteras, ni semáforos, ni hormigón, ni anuncios de Coca Cola, ni casi nada que recuerde a intervención humana, salvo por alguna pista forestal y alguna caseta de pastores; con una extraña excepción situada casi en el medio del sector: Cardaño de Arriba.

Deshabitado durante muchos años, ignoro cuántos vecinos hay ahora viviendo de forma permanente, pero está claro que Cardaño de Arriba es hoy por hoy un minúsculo barco humano en mitad de un inmenso mar de wilderness en el estado más prístino que se podría esperar en un país de las características de España. Es el Casasuertes de Palencia, un pueblo de esos donde nacen los ríos y mueren las carreteras, y se cuenta de ambos que el oso llegó a hibernar en alguna cuadra del pueblo.


No tengo referencias sobre cuanto terreno declarado urbanizable tiene Cardaño, si alguien lo sabe me gustaría que nos lo comentase, pero igual que se cambió una ley se puede cambiar otra y declarar urbanizable todo lo que sean fincas de fondo de valle. Si eso sucede, entonces si que me atrevo a decir que podemos olvidarnos del oso en el sector oriental. Descartando la posibilidad de que se llegue a urbanizar a pie de pista, lo que es muchísimo descartar, sería casi igual de lesivo urbanizar Cardaño de Arriba que urbanizar Lechada en su zona superior, cosa tampoco imposible, ya que la parte alta del valle son fincas particulares, y los propietarios de Portilla ya están organizados para lo que pueda venir, por supuesto, con la idea de vender si la oferta es buena.

Resumiendo: Una de las claves medioambientales de la estación es que no se edifique “arriba”, pero a todos los efectos debemos considerar a Cardaño de Arriba como lo que su nombre indica: “arriba”. Si Cardaño y sus alrededores se llenan de hoteles y chalets que serán usados, se supone, en toda época del año, podemos olvidarnos del oso para siempre.

¿Exagerado? Echemos cuentas de arriba abajo e imaginemos un recorrido del oso desde la boca del valle de Lechada hasta Cardaño de ABAJO (porque ahí está otra de las claves medioambientales de la estación) en la actualidad y en un futuro con la estación que se plantea.
Ahora mismo, partiendo de la boca del valle de Lechada, desde el polígono de Portilla al lado de la carretera, nos encontramos simplemente con la pista que recorre el valle por su fondo, dividida al final del mismo en dos brazos, el que nos lleva a Bobias y el que nos lleva al Valle de la Iglesia. Desde los llamados Prados de la Iglesia, todavía en el fondo del valle, se acaba la pista, y debemos seguir por veredas en dirección a cualquiera de los collados (generalmente Hontanillas) donde desde hace muchos años los vecinos de Cardaño y Portilla se encuentran en procesión y fiesta el día de San Lorenzo, en el límite de unos terrenos, que nadie lo olvide, que pertenecen a sus pueblos desde tiempo inmemorial. Por donde bajemos hacia Cardaño, desde Las Guadañas hay tres o cuatro opciones, tendremos simples veredas para caminar, y un horizonte de valles y montañas que hace falta ser un trozo de carne bautizado para no apreciar. Cerca de Cardaño de Arriba nos volvemos a encontrar otra pista forestal. Hemos recorrido 15 km de cordillera enlazando por un collado dos valles enormes, y ni en los dos valles principales ni en su multitud de valles laterales hay nada que recuerde al ser humano del siglo XX; eso es Wilderness. ¡Conozco gente que ha hecho esa ruta entera en esquís de travesía sin encontrase a nadie!
A la salida de Cardaño (3 ó 4 personas en otoño, invierno y primavera), nos encontramos la carretera que va a Cardaño de Abajo, poquísimo tránsito la mayoría del año, con un fondo de valle en el que hoy solo hay prados y el río. Llegamos a Cardaño de Abajo y hemos recorrido veinte km de naturaleza casi virgen, no hay parangón en España salvo en algún rincón de Pirineos, bueno sí, el recorrido de Lechada a Vidrieros por Pineda (los dos valles más grandes de la Cordillera Cantábrica) no tiene 20 km, tiene 30, y pertenece al mismo conjunto, articulado alrededor del gigantesco (por volumen) Curavacas; y todavía preguntan algunos que qué hay allí que merezca la pena proteger. Dios mío, dios mío, que país...

Bien, supongamos ahora el mismo recorrido con la estación hecha.


Por la entrada de Lechada donde ahora hay una pista habrá una carretera. Supongo, además que bastante ancha. Si se pretende (como se ha dicho) la entrada de autobuses, tendrá que ser una carretera de anchura considerable, al menos para que dos autobuses se crucen sin problemas; así que no me quiero imaginar la que va a haber que armar para hacer la susodicha carretera. Desde la entrada de Lechada hasta la peña de la calar hay cuatro kilómetros de desfiladero en los que actualmente caben justitos el arroyo y la pista, con prados en algún punto más ancho; para trazar por ahí una carretera va a haber que armar la de Dios pintó a perico, sin duda harán falta escolleras sobre el río para sujetar la carretera y escolleras en el lado de la montaña para que no caiga sobre la carretera. Le estamos poniendo otra barrera al oso, ahora para cruzar de lado a lado en el mismo valle; seguirá pasando, por supuesto, pero con menos comodidad que antes; incluso en tramos puntuales muy estrechos no podrá pasar, y recuerden: los impactos se suman, no son independientes. El impacto total de la estación es la suma de sus impactos parciales. Pasada la Peña de la Calar el valle se ensancha antes de partirse en dos, la carretera deberá dividirse: hacia la izquierda hará falta una carretera al menos para que suba y baje la maquinaria de mantenimiento hacia el sector de Bobias. Hacia el lado derecho-central nos encontraremos al final de la carretera con un aparcamiento para 40 autobuses y 2.300 coches, y un centro de recepción con cafetería, solarium, restaurante, etc; y de ahí partirán cables de acero en todas las direcciones: hacia el Valle de la iglesia, hacia Bobias y hacia Hoyos de Vargas; este planteamiento de estación es absolutamente aberrante; se cargan Lechada enterito, de arriba abajo. Pensando en el oso vuelve a ser absolutamente clave que todo ese complejo turístico permanezca cerrado fuera de la época de esquí, y eso, una vez más, no se lo cree ni Heidi. Subiendo en dirección hacia las Guadañas aún nos queda otra cafetería bien arriba, ¿se usará en verano?.

Pasado el collado entre las Guadañas y el Cuartas bajamos hacia el lado palentino. En la Llomba, donde ahora sólo hay silencio, nos encontramos otro centro de recepción similar al de Lechada, otro aparcamiento para 1000 coches y 15 autobuses y 4 remontes, uno de los cuáles puede subir 1500 personas a la hora a las puertas de una zona de reserva del parque palentino: el Pozo las Lomas; que ya tiene una presión turística grande en verano. La presencia masiva de gente en espacios naturales de alta calidad es un elemento deteriorante “per se”, eso a día de hoy no lo discute nadie. Por debajo del aparcamiento ni imaginar quiero la que tienen que mangar también en el estrecho valle que sube de Cardaño a la Llomba para convertir en carretera una vereda que gran parte del recorrido cae a plomo sobre el arroyo que baja del Pozo las Lomas.


Y a todo esto añadan la línea de alta tensión que sin duda hará falta para dar de comer este aparato descomunal de remontes y cañones, porque doy por descontado que la traerán de la térmica de Velilla por el lado palentino, ¿o nos la comeremos también los leoneses?
Con este cuadro es absolutamente imposible que un oso permanezca de noviembre a mayo en Lechada, Naranco y alto Cardaño, ni en el valle principal ni en sus laterales; y no vale eso de que cuando hay nieve el oso no anda, porque lo previsible es que el oso cada año hiberne menos, y cada vez será más frecuente la situación en que sólo estará la nieve producida artificialmente por los cañones en las partes más altas, estando sin nieve el resto del territorio, por lo tanto el oso podría circular libremente si no hubiera estación. En cuanto al resto del año existe una presión excesiva y desordenada de montañeros, que se agravará con el uso probable de todas esas infraestructuras fuera de la temporada de esquí.

Bien, llegamos a Cardaño de Arriba, probablemente lleno de hoteles y chalés, que multiplicarán por mil el impacto del tránsito actual de montañeros. Me gustaría que alguien de Cardaño que entrase al foro nos informase de cuál es la situación urbanística en Cardaño de Arriba, porque repito, lo que se haga allí es absolutamente clave para el impacto de la estación sobre el oso. Si aquello se llena de hoteles adiós oso.


¡Pues que bien!, diría alguno de mis vecinos. Ahora que ya no hay osos podemos hacer lo que nos dé la gana. Pues no, seguiríamos sin poder hacer lo que nos dé la gana. Cualquier otro animal, solo que ahora más vulgar y común, pasaría a ocupar el estatus de especie bandera que en la actualidad tiene el oso.

Salimos de Cardaño...

La carretera que va de Cardaño de Abajo a Cardaño de Arriba queda fuera del ámbito de la estación, pero es otro elemento clave en su impacto, ya que el aumento brutal de tráfico dificultará el paso del oso en el corredor principal y casi único que quedaría tras la estación: Valponguero - Gustalapiedra –Mazobres- Valcerezo - Valdenievas. Aún peor, si ese sector entre los dos Cardaños llegara a edificarse, entonces si que podemos olvidarnos para siempre del oso porque le sería casi imposible pasar de Riaño a Lebanza durante muchas épocas del año; nuestros osos no son los de Yellowstone, llevan siglos transmitiendo de madres a crías que hay que evitar en lo posible al hombre; y no es descartable que se edifique, ya que la mayoría del terreno son fincas particulares, terreno abierto, llano, entre una carretera y el río, y prácticamente a pie de estación.
Lo que veo más razonable sería un área de aparcamientos y servicios en las cercanías del puente Agudín y subir a la gente en transportes especiales de la estación, aún así el impacto sería enorme, pero las 3 carreteras y sus aparcamientos en Lechada, Naranco y Cardaño de Arriba agravan muchísimo el impacto de la estación de una forma gratuita, ya que podrían ahorrarse perfectamente estableciendo aparcamientos en la boca de los valles y subiendo a la gente en transportes colectivos.
A todo esto sumen el arreglo, ensanchamiento, y aumento exponencial del tráfico en la carretera que va de Cardaño a Velilla y en la que va de Cardaño a Cervera, que será, no lo duden, la principal entrada a la estación, porque el verdadero flujo de gente vendrá por la autovía Madrid- Santander a Aguilar y después a Cervera. Más barreras para el oso, ahora para transitar dentro del sector palentino, entre La Pernía y la espalda de la Sierra del Brezo. Sumen también el aumento de la construcción de viviendas en Cervera y Aguilar. Esas viviendas serán también usadas fuera de la temporada de esquí, ¿y a donde va a ir esa gente a pasear y ver naturaleza?, pues a donde de verdad están los osos: los bosques del alto Pisuerga, asentados sobre colinas de relieve dulce y también taladrados como los nuestros por un montón de pistas muchas de ellas innecesarias, o sea, bosques accesibles y frágiles ante un aumento exponencial del turismo. Alguno me dirá: “ya, pero también se pueden tomar medidas de compensación ambiental a San Glorio y ser más restrictivos en cuanto al tránsito por otras zonas”. No me vale. Si yo soy el pedáneo, pongamos por caso, de Casavegas, y me dicen que de octubre a diciembre no pueden los turistas pasear por mis bosques, cuando sé que al otro lado de la montaña se permite la entrada de miles de turistas en coche, mandaría directamente a tomar por saco a la administración de la que partiera la orden.

En CONCLUSIÓN: Ninguna de los impactos de la estación sobre el oso tomados de forma aislada acabaría con él, pero me parece imposible que sobreviviera a la suma de todos los impactos de la estación juntos mas los impactos que ya se están produciendo y no van a cesar: cacerías de jabalí en aumento, una cantera aquí, un buldozer abriendo una pista allá, una retroaraña plantando pinos que después arrancarán y escupirán los venados, y un larguísimo etc de pequeños sanglorios cotidianos contra los que casi nadie pelea, y que sumados son tan nocivos como cualquier estación de esquí.


Y no olviden que el verdadero problema medioambiental, que es el turismo rural y de montañeros masivo e incontrolado (también existe) aún está por llegar, al menos en Riaño, porque con toda la bambolla oficial y todas las cifras falsas que se dan, aún no ha llegado el primer turista al parque regional, y no es una errata. Llevamos 15 años de parque y jamás he conocido a nadie que viniese a ver el Parque Regional de los Picos de Europa. Ha venido gente, cada vez menos, pero atraída por otras cosas. Tendremos mucha suerte si a finales de la próxima década volvemos a alcanzar los niveles de turismo que teníamos en los 70 y 80, antes de hacerse el pantano, recuerden que esta comarca tenía un parador nacional de turismo antes de que la mayoría de los actuales consejeros de la Junta nacieran.
Como dije al principio no soy un técnico, y en este cuadro pueden faltar muchos impactos de detalle que a mí se me escapan, así que es muy posible que el impacto real sea mayor de lo que yo he expuesto. Pero repito, el impacto sobre el oso sólo es uno de los impactos de la estación, quizá el más llamativo, hay otros animales, plantas, suelos, ríos, paisajes, etc que sufrirán tanto o más que el oso. En el fondo de todo está la defensa del último gran rincón virgen de la Península Ibérica, pero se olvida demasiado a menudo que esa defensa no puede hacerse a costa del bienestar de la población de la zona.

Es falso completamente que la reivindicacìón de San Glorio sea de los años 70. San Isidro, amigo Carlos, se quiso hacer en Maraña, y dijeron los paisanos del pueblo que nones. Llánaves, en aquellos años, no se vendió por un desacuerdo en el precio de cuatro chavos, fíjate lo que se acordarian de una estación de esquí. Cuando se cerró el pantano,que hubiera sido el momento clave para pedir algo gordo alegando, como así fué, que la montaña se moriría, ni dios en la Comarca se acordó ni preocupó de San Glorio. Lee el libro de Riaño Vive (el de la Diputación, no el Riaño Vivo de los cacores) y verás lo que pone de la nieve y de San Glorio, si alguien escribe eso hoy le cuelgan de un chopo. Estaban (los alcaldes y la mayoría de la gente de la Comarca) demasiado ocupados aplaudiendo a la Guardia Civil, tirando cohetes, y esperando como los buitres los despojos del difunto sin darse cuenta de que difuntos allí éramos todos. Y algunos de aquellos ahora nos dan lecciones de amor a la tierra, hay que joderse. Después siguió la apuesta clarísima por un nuevo Riaño (y por ende la comarca) que fuese alojamiento de cazadores millonarios, por ningún lao se oía la palabra esquí. Después vino el Parque Regional, que apostaba por un modelo de desarrollo radicalmente distinto a lo que San Glorio representa, y en cascada una serie de figuras de protección que de estar en vigor prohibirían de facto la estación de esquí que plantean estos salvajes. Sólo con que la zonificación del Parque (Titulo 5) no estuviera derogada, no se podría hacer la estación. Y se derogó por una actuación de URZ, fíjate que paradoja, no por que a los alcaldes les importase un comino y muchísimo menos a la gente de los pueblos que por aquellas se dedicaban a llamar a los veraneantes que tenían agosteros, saludadores y pisapraos, ¡Y ahora quieren 20.000 personas esquiando en Bobias!


El primer borrador de PORNA del Parque Regional de los Picos de Europa traía la estación como uso prohibido, ¿Crees que hubo algún rugido popular en contra? Que va, le importaba a todo el mundo 3 cojones, salvo a una persona: Angel Alonso, dueño del mesón de Llánaves y alcalde de boca a principios de los 90. Él y un grupeto que conoce de indianos son los únicos que hace muchos años ya plantearon el tema de la estación si ningún apoyo por parte de nadie, ni en la comarca ni fuera de ella. Angel, apoyado en contactos que tenía en la Junta (porque iban a cazar por la jerol a Llánaves) fue el que consiguió que se conbiase el PORNA y la estación pasase a ser un uso "autorizable" previo estudio de impacto ambiental. Y seguía importándole 3 coj a tol mundo en la comarca. Porque aquí lo chachi y lo guay eran la caza y las vacas y los esquiadores molestaban a ambas. Solo cuando vino el palo de la brucelosis a finales de los 90 la gente empezó a asumir que la comarca se moría y que hacía falta algo muy fuerte para resucitarla. Y a partir de ahí, YA ENTRADO EL SIGLO XXI, lo que vino fue la presión de la asociación de hosteleros de la montaña de Riaño, QUE HARTOS DE MENTIRAS INSTITUCIONALES y facturas impagadas llegaron hasta Fuensaldaña para decir al mundo que la Montaña de Riaño se moría . Y fue cuando empezó a importarle a los alcaldes y a la gente de a pie, después se sumarían como siempre los políticos profesionales y aparecería esta extrañísima empresa, hasta llegar al disparate actual, a esta especie de competición de patio de colegio por ver quien la tiene más gorda. Incluyendo las declaraciones de hoy de mi alcalde pidiendo que el territorio de nuestros ancestros se ordene a la medida de los deseos de una empresa privada (Ver la crónica de hoy, flipante)Te lo repito: FALSO COMPLETAMENTE QUE LA ESTACIÓN SEA UNA REIVINDICACIÓN LEONESA DESDE HACE 30 AÑOS, un saludo Carlos.


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