Seguridad para el siglo XXI en la cuenca mediterranea



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f.- FAS. Tunecinas.
La doctrina vigente en las Fuerzas Armadas tunecinas se funda­menta en la de los países occidentales, con preponde­rancia de la de origen francés en lo que respecta al empleo de las Fuerzas Terrestres. Tanto la Armada como el Ejército del Aire mantienen, por su parte, conceptos doctrinales más próximos a los estadouni­den­ses.
Tras la reorganización de 1.991, se articula en GU,s. de manio­bra y de reserva. Las primeras están consti­tuidas por tres Brigadas Mecanizadas, una Brigada de Fuerzas Especia­les y una Brigada Sahariana.
Las Unidades de Reserva poseen un carácter de apoyo a las cinco Grandes Unidades constituidas. El hecho de que no pertenezcan orgánicamente a alguna de ellas parece respon­der a la escasez de ciertos medios, que obliga a un alto grado de centralización para garantizar así un mínimo nivel de operati­vi­dad, difícilmente alcan­zable si se procediera a una disgre­gación excesiva de los mismos. Tienen entidad de Regimiento.
El sistema logístico tunecino es proporcionado a la actual estructura de fuerza, si bien adolece de una falta de adapta­ción a los hipotéticos requeri­mientos de unas opera­ciones de combate continuadas y de una inadecuada aplicación de técnicas y procedi­mientos logísticos.
La preparación profesional y el nivel de adiestramiento de los cuadros de las FAS en relación con el tipo de armamento con que cuentan, se puede considerar satisfactorio. La capaci­dad operativa podemos calificarla de muy modesta.
Conclusiones ( FAS.)
- Las posibilidades del ejército se limitan a acciones retardadoras y de hostiga­miento.
- Logística deficiente debido a heterogeneidad del material, servicios limitados y a la escasez de especia­listas, de piezas de repuesto y de instalacio­nes adecua­das.
- Capacidad operativa muy modesta debido a la escasez de material, antigüedad del mismo y deficiente manteni­miento.
- Parece haberse reforzado el despliegue en la frontera Norte con Argelia pero más como control preventivo que como conse­cuencia de una amenaza directa.
- El armamento y material de las FAS tunecinas proviene de muy diversos países en función de donaciones y ofertas favora­bles. Existe por tanto un parque de material hetero­géneo. El más moderno del que disponen es el proporcionado de la cooperación estadouni­dense cuyos créditos y ayudas han dismi­nuido sensiblemente.
- Hay un gran número de cuadros de las Fuerzas Armadas que comple­ta su formación en el extranjero principal­mente en Francia.
- La política general del gobierno no contempla el equipa­miento militar como una prioridad.


- LIBIA
a.- Política Interior
La situación en Libia continúa presidida por la crisis de LOCKERBIE, que desde finales de 1.991 enfrenta al país magrebí con EEUU, Francia y el Reino Unido, a través del Consejo de Seguridad de la ONU.
Lo más destacable en cuanto a la situación interna lo constituye el progresivo incremento en el malestar y descontento social motivado por la crisis y, de forma especial, el intento de rebelión ocurrido en octubre de 1.993 por parte de algunas unidades militares, que actuaron en conexión con elementos de la oposición en el exterior, y que fue rápida­mente sofocada gracias al conocimiento que Gaddafi tenía de lo que se planeaba contra él. Tras los sucesos, que se saldaron con la muerte o la detención de centenares de personas y que ha constituido el intento más importante de derrocar al líder libio en los más de veinticuatro años de existen­cia de su régimen, Gaddafi ha emprendido una purga en el seno de las Fuerzas Armadas, e incluso en el seno de su propio aparato de seguridad, aprovechando así esa circunstancia para apartar a todo elemento sospechoso o molesto para el régimen.
De este modo, y pese a la carestía de la vida, a la aparición de fenómenos desconocidos en el país como delin­cuencia, prostitución, drogas, sida, etc., a las críticas cada vez más abiertas contra la corrupción reinante en la mayor parte de los estamentos libios y al resurgimiento de algunos enfrentamientos tribales, el control que los organismos de seguridad del Estado ejercen sobre la pobla­ción hace que la posición de Gaddafi continúe sólidamente implantada. Además, los Comités Revoluciona­rios, a pesar de la disminución de poder e influencia que han venido sufrien­do, contribu­yen claramente a esa circuns­tancia, junto a la escasa implantación y a la fuerte represión con que el fenómeno islamista es tratado en Libia y junto con la debilidad que la oposición en el exilio ha vuelto a demostrar a raíz del intento de rebelión citado.
Por otra parte, las tantas veces cuestionadas disputas entre el líder libio y el número dos del régimen, Comandan­te Jallud, se han saldado definitiva­mente con el alejamien­to voluntario de este último de la escena políti­ca.
b.- Política Exterior
En lo referente a la política exterior, la situación de aislamiento producida por la crisis de LOCKER­BIE, se ha mantenido, si no incrementado, pese a los denodados esfuer­zos de los responsables libios por ganar el mayor número de apoyos en el exterior. En su intento de buscar una salida aceptable, Trípoli ha continuado sus contactos con París y Londres, fracasando todas las iniciativas conducentes a establecer relacio­nes con Washington.
En el ámbito regional cabe destacarse el empeora­miento de las relaciones con Argelia, como consecuen­cia del apoyo que Gaddafi había proporcionado al FIS, y del que el Gobierno de Argel habría facilitado a la oposición libia. Los persisten­tes intentos de unifica­ción política, económi­ca y militar del mundo árabe han sido, una vez más, totalmen­te desoídos por los países vecinos, logrando de ellos tan sólo un apoyo retórico más que real.
Como consecuencia de su incapacidad para normali­zar las relaciones con el mundo occidental y de la falta de apoyo efectivo encontrado en su entorno árabe, LY ha intensi­fi­cado su discurso radical y ha querido demostrar su capaci­dad de cerrar filas en torno a aquellos países de corte más anti-occidental, como son Irán, Irak, Sudán o Corea del Norte.
c.- Política Económica
En el plano económico, lo más destacable lo constituye la extensión de las sanciones internaciona­les que por primera vez afectan directamente a los dos pilares básicos de la economía libia, como son la industria petrolífera y la red de inversiones en el exterior.
Hasta el momento las sanciones de la ONU han tenido escasas repercusiones de orden económico para Libia, manteniéndose más o menos estables el nivel de produc­ción de petróleo y, por tanto, el nivel de ingresos por exportacio­nes. Tan sólo a nivel interno cabe destacar un alza genera­lizada en los precios, sin llegar a ser alarmante, y una falta considerable de divisas, lo que ha hecho florecer el mercado negro de estas últimas, sextuplicándose el valor del dólar con respecto al cambio oficial del dinar libio.
El tímido proceso liberalizador de la economía libia iniciado hace escasos años ha seguido su curso, contemplán­dose por primera vez la privatización de bancos e indus­trias ligeras, así como de la sanidad, la enseñanza y otros sectores tradicionalmente estatales.
d.- Política de Defensa
En lo referente a las Fuerzas Armadas, la rees­tructu­ración iniciada en 1.989 con la finalidad de reducir considerablemente sus efectivos, por motivos económicos y para permitir incrementar la participación de la población civil en la defensa del país, otorgán­doles así un carácter más defensivo, ha provocado la salida de las mismas de numeroso personal. Esta circunstancia, unida a las tradi­cionales carencias militares escaso nivel técnico e instrucción, baja moral, inadecuado sistema de mando y control, dependencia de asesores extranjeros, presencia en las unidades de comisarios políticos de los Comités Revolu­ciona­rios, etc. y agravada con la descon­fianza, casi paranoica, de Gaddafi hacia sus ejércitos, en especial tras el intento de sublevación de algunas unidades militares, ha llevado a las Fuerzas Armadas a unos niveles bajísimos de operatividad y a ocupar, a diferencia de lo que ocurre en los países de su entorno, un papel poco relevante en cuanto a su influencia en el ejercicio del poder en Libia.

e.- FAS. Libias
La doctrina empleada por las FAS libias es una adapta­ción de la doctrina soviética a la realidad libia, hasta nivel Pequeñas Unida­des. No tiene una doctrina propia o adaptada para empleo de Grandes Unidades.
De las acciones desarrolladas durante el Conflicto del CHAD se deduce una falta de procedimientos operativos para el apoyo aéreo y una escasa variedad en la ejecución de maniobras ofensivas o defensivas.
Desde que en noviembre de 1.991 fueron lanzadas las primeras acusaciones contra LIBIA por el asunto LOCKERBIE, las autori­dades militares emprendieron una serie de cambios en el despliegue de las unidades terrestres. En este sentido, se han registrado numerosos desplazamientos de vehículos militares. Grandes cantidades de material de guerra, en particular carros de combate y misiles, han sido transfe­ridos a depósitos subterráneos o simplemente disper­sa­dos en otras bases milita­res.
La adopción de sanciones en el ámbito militar decreta­da por el Consejo de Seguridad de la ONU. contra LIBIA y que prohíben tanto la venta de material, como la presencia de asesores o técnicos extranjeros en el país, ha supuesto un nuevo revés para las ya maltrechas unidades libias.
Ya con anterioridad a la crisis, distintos problemas venían aquejando a las FFAA. El proceso de reorganización iniciado en 1.989 avanza lenta e irregularmente, siendo la "Guardia de la YAMAHIRIYA" (Ejército de Tierra) el más afectado por la misma. Del mismo modo, el recorte presupuestario para la Defensa en los últimos años, ha incidido en mayor grado en las Unidades Terrestres que en las de Defensa Aérea o la Armada.
Además de los problemas de ausencia de personal y material, la moral de la mayoría de los cuadros de mando libios se encuentra muy mermada, pues a las dificultades expuestas, hay que añadir la humilla­ción sufrida tras los fracasos en la guerra del CHAD, y el descontento que la presencia de elemen­tos de control políticos de los Comités Revolucionarios en todas las unidades y estamentos militares produce en las mismas, así como la desconfianza que el Coronel GADDAFI manifiesta constantemente hacia sus FAS., apoyando reiterada­mente la creación de un Ejército Popular.
Por último, y tras el intento de sublevación en octubre del 93, se han intensificado la desconfian­za y el control sobre las Unidades militares y se ha acelerado el proceso de constitución de otras a partir de elementos pertenecientes a los Comités Revolu­cio­na­rios.

Conclusiones ( FAS.)
- La tradicional desconfianza del Presidente hacia sus Fuerzas Arma­das y el intento de golpe de Estado de 1993 han supuesto una reducción de efectivos en beneficio de las Fuerzas de Seguridad.
- Inexistencia de una doctrina adaptada al empleo de Grandes Unidades.
- Fuerzas militares desproporcionadas en relación con las necesarias para defender su integri­dad territo­rial.
- La operatividad es baja debido fundamentalmente a diferencias de mando, insuficiencia de personal cualifica­do, dificultad de mantenimiento de un extenso parque de material, poca capacidad logística y baja moral.
El ejército libio es capaz de realizar una defensa fija de sus fronteras y, eventualmente, algunas operaciones puntuales de corta duración en los países limítrofes.
Las armas químicas libias, cuya existencia está probada, son capaces de alterar la relación de fuerzas estraté­gicas dentro y fuera del Magreb ya que amenaza, primero, la estabi­lidad interior de los Estados africanos y occidenta­les, y segundo podría aparecer un nuevo tipo de terrorismo capaz de emplear agentes tóxicos proporcionados por Libia.
En el aspecto balístico la capacidad libia es por el momento limitada ya que, el alcance de los misiles SCUD es de 300 km., insuficiente para alcanzar Europa meridional. Sin embargo, está desarrollando, en colaboración con Rumania y Corea del Norte los misiles "FATAH" y N'DONG cuyos alcances son de 900 Km., con lo que sobrepasaría las costas de la Europa sur.

- MAURITANIA
a.- Política Interior
La situación de la República Islámica de Maurita­nia (RIM) se ha caracterizado principalmente por la debilidad de los partidos de la oposición, así como por la extensión e intensi­ficación del fenómeno "islamis­ta". El Presidente de la República, continúa gozando del apoyo de la población y ejerciendo personalmen­te el control y la dirección política del país, relegando, en la prácti­ca, al Primer Ministro a funciones meramente representati­vas.
El fenómeno "islamista" ha experimentado, un sensible auge en Mauritania, hasta el extremo de producir­se, por primera vez en la historia del país, un grave atentado contra dos sacerdotes católicos en Nouakchott y un intento frustrado de asesinato contra el Ministro de Cultura y Orientación Islámica. La presencia en la RIM. de un numeroso grupo de elementos "islamistas" argelinos, tunecinos, afganos y paquistaníes, ha contribuido, junto a la inter­vención internacional en Somalia y los sucesos en Bosnia, a extender el fenómeno entre los jóvenes parados y la cada día mas numerosa población desarraigada, tanto en las grandes ciudades como en el interior del país, principal­mente desde la guerra del Golfo.
Las facilidades encontradas en Mauritania para las actividades de estos grupos integristas, se ven correspon­didas con débiles medidas gubernamentales en determinados momentos, careciendo de una política global orientada a frenar el auge del fenómeno.
b.- Política Exterior
Mauritania prosigue la política de apertura al exterior, principalmente persiguiendo anular las consecuen­cias negativas de su posicionamiento durante la crisis del Golfo y del conflicto mauritano-senegalés (1989-1992).
La RIM busca mejorar progresivamente sus relacio­nes con la Unión Europea y resto de países occidenta­les. Últimamente ha mejorado de manera sensible sus relaciones con USA. También ha normalizado completamen­te sus relacio­nes con los Emiratos Arabes Unidos y Qatar. Aún así, no hay progresos en relación a Kuwait, y los avances logrados con Arabia Saudí se ven afecta­dos negativamente en aquellos momentos en que las autoridades mauritanas adoptan alguna medida antiisla­mista ( prohibición de construcción de mezquitas.).
Mención aparte merecen las excelentes relaciones hispanomauritanas, en gran parte conseguidas gracias a la declarada voluntad de Maouya de mantener y potenciar los vínculos con España.
c.- Política Económica
Aunque la situación de la economía mauritana continúa siendo extremadamente delicada, constituyéndo­se en uno de los principales problemas del país, comienza a verse una leve mejoría.

La reanudación de las ayudas procedentes de algunos países del Golfo y la subida del dolar han favore­cido a Mauritania. Aún así, el sector pesquero, que es su princi­pal fuente de ingresos, está atravesando una grave crisis.


Contribuye negativamente también el alto grado de corrupción de los funcionarios públicos y la grave situa­ción económica de sus vecinos Malí y Senegal.
d.- Política de Defensa
Las Fuerzas Armadas mauritanas continúan el proceso de reestructuración iniciado en 1992, potenciando la figura del Ministro de Defensa, como jefe de las FAS, de modo que el Presidente vuelca sus tareas sobre el Ejecutivo abando­nando sus antiguas actividades militares. La existencia de un Estado Mayor Particu­lar del Presidente, garantiza la no participa­ción del ejército en política mediante golpes de Estado.
La normalización del problema fronterizo con Senegal ha permitido desactivar el dispositivo militar montado por el Ejército Nacional a lo largo del río Senegal.
La política de abastecimiento de material y equipo permanece en un nivel mínimo de adquisiciones, debido a que el equipamiento depende, mas de los apoyos prestados por terceros países que de los propios y escasos recursos mauritanos.

1.3. CONCLUSIONES MAGREB
La exposición del análisis y perspectivas de los países que integran el MAGREB, invita a las siguientes reflexiones:
- El MAGREB ha de considerarse una región de alto riesgo, en tanto no se consoliden unos regímenes democráticos que garanticen la estabilidad política, económica y social. Bien entendido que, al ser inseparables los conceptos de religión y política en los Estados musulmanes, la democra­cia que se alude podría tener un carácter confesional.
- El proyecto de la Unión del Magreb Arabe no puede prosperar mientras no se resuelvan definitivamente y de forma satis­factoria todos los problemas que actualmen­te presentan Argelia, Libia y Marruecos. La comunidad de lengua, raza y religión no garantiza por sí sola la Unión. El hilo conduc­tor pasa por una voluntad de acercamiento entre los diferen­tes regímenes políticos.
- Marruecos y Túnez se configuran como los pilares del Magreb, siendo, de cara a Occidente, los interlocuto­res regionales que ofrecen mayor grado de credibili­dad.
- Se considera necesario para la región un riguroso y eficaz programa de planificación familiar que limite el incremento demográfico a unas cifras asimilables por las estructuras económicas y sociales de los Estados que la integran.
- Los países del Magreb requieren el apoyo y la asis­tencia del mundo occidental para salir del subdesa­rrollo que padecen.
- Su material es procedente de diferentes pases con graves problemas de Mantenimiento y Logísticos.


1.4.-REPERCUSION EN LA RIBERA NORTE DEL MEDITERRANEO
La tan repetida frase de que "el Mediterráneo más que un mar es un lago y más que separar une ambas orillas", hay que conside­rarla hoy en día como una utopía.
Una detenida mirada al mapa y a la situación política actual nos confirma que aquello se centra más en los buenos deseos que en la realidad. Así, rivalidad entre países vecinos, guerras civiles reales o encubiertas, conflictos internos, contenciosos fronterizos, terrorismo, intereses económicos encontrados, regímenes políticos divergentes, lucha por mantener el liderazgo y hegemonía en la región, etc. A esto hay que añadir las diferencias tan acusadas NORTE-SUR: desarrollado al Norte y subdesarrollado al Sur, riqueza y pobreza, cultura y analfabetismo, control demográfico y explosión demográfica, unidad europea y desunión árabo-musulmán, OTAN y falta de integración en planes de seguri­dad, cierta indepen­dencia económica y total dependencia del norte, etc.
Se podría ennegrecer aún más la situación expuesta, mostran­do la caída de cooperación tecnológica y en investi­gación y desarrollo, el retroceso de la cooperación finan­ciera, la degradación económica y social de la mayoría de los países del Sur del Mediterráneo. En realidad, las estrategias fundamen­tal­mente mercantiles del Norte son incompati­bles con las necesida­des de desarrollo de los países del Sur, refuerzan la margina­ción económica, aumentan el empobrecimiento y hacen inevitable aparte de la dependencia industrial, tecnológica y financiera un éxodo migratorio tan incontrolable como indeseado.
- RIESGOS
Ante esta perspectiva, ¿con qué tipo de "riesgos" nos podemos encon­trar?.
En primer lugar citaría la emigración hacia Europa. Este fenómeno no debería observarse únicamente desde el punto de vista económico; es decir mano de obra barata que ocuparían los puestos de trabajo de los naturales del país con el consiguiente aumento del número de parados. Esto, con ser importante, puede generar, como problema añadido, una discriminación y falta de integración, al ver en ellos, con sueldos reducidos, una competencia laboral que puede incitar conflictos coyunturales con las FFSS.
Pero, no debe olvidar­se, que esta población emigrante lleva consigo su realidad sociológi­ca, cultural y religio­sa, y normalmente vivirán en grupos que se irán ampliando a medida que se vayan asentando y por lo tanto irán ocupando un espacio geográfico, dentro del cual y con el paso del tiempo impondrán den­tro del entorno político y social que le rodea, sus leyes, cultura, religión y costumbres. Se podría prever a largo plazo la ocupación de un espacio geográfi­co con sus propias leyes. Sin ánimo de ser mal interpretado, se podría decir, un miniestado dentro del estado y en momentos de crisis hasta una quinta columna.
En segundo lugar, destacaría la extensión e imposición del Integrismo Islámico. Es importante compren­der que el Islam no es una religión en el sentido de aquellas con las cuales el estado laico puede hacer un pacto de no agresión y de respeto mutuo fundado sobre el reconocimiento de la existencia de dos registros distintos y sin colisión: lo espiritual y lo político. En el Islam lo religioso y lo político se identifican. La Ley Coránica es la ley de la sociedad. No hay "ciudad de Dios" disjunta de la ciudad de los hombres. El orden social mismo implica la unanimidad religiosa.
Pero con el integrismo, además, el que piensa y actúa según su conciencia individual amenaza a todo el orden cósmico y social y debe ser eliminado. Desde el momento en que no está, por completo y sin matices, con el grupo está contra el grupo. Jomeini decía: "La instauración de un orden político laico viene a obstacu­li­zar la progresión del orden islámico; es nuestro deber atajarlo y combatir sus efectos. Para hacer esto no tenemos otra solución que derrocar todos los gobiernos que no descansen sobre los puros princi­pios islámicos ...".
En Jartum, el líder Abdallah Hassan El-Tourabi, en la cumbre islámica celebrada en abril de 1.992, con represen­tantes de 55 países pertenecientes a tres continentes, Asia, Africa y Europa, expuso el programa de acción y de lucha contra Occiden­te, según lo que se ha denominado el Manifies­to de Jartum.
Este manifiesto se articula alrededor de seis puntos, de los que hay que destacar:
- Los musulmanes son la conciencia del mundo y su libera­ción representa la libertad del mundo. Somos los únicos que rechazamos a Occidente y los únicos que ofrecemos la base de la libertad.
- Es entre nosotros donde subsiste la ley divina para regir la acción del gobernante y la del estado y regular las relaciones entre los indivi­duos.
- Se acepta un pluralismo político internacional y no circunscrito a las peculiaridades de cada país.
- Los regímenes que apoyan el programa islámico tendrán el apoyo popular y los que no serán combatidos.
En definitiva, lo que persigue el programa integrista islámico es alcanzar el poder en los países islámicos, para ello el fin justifica los medios.
Extender el Islam en aquellos espacios geográficos donde la presencia musulmana sea significativa.
¿Qué riesgo puede ocasionar a Occidente?. Si en Argelia se impone el FIS. se producirán dos fenómenos que habría que tener en cuenta.
El primero es la emigración. Al principio será hacia el Este u Oeste hasta que cierren las fronteras. Hacia el Sur será difícil pues les espera el Sahel, por lo tanto será hacia Europa; y los primeros en sufrir esta emigración no deseada, serán los países de la ribera norte del Mediterrá­neo. Habrá que tener en cuenta además que con los emigrantes irán infiltrados inte­gristas.
El segundo es de carácter económico. El nuevo gobierno dirá que los acuerdos adoptados por un gobierno ilegal son ilegales. Es decir, habrá que volver a renegociar los contratos bilatera­les y lógicamente serán al alza y no a la baja. Caso de España con el gas argeli­no.
La pregunta que también hay que hacerse es ¿qué pasará con Marruecos y Túnez?. ¿Podrán impermeabilizar sus fronte­ras a la influencia integrista?.
Finalmente, y en tercer lugar habrá que considerar la lucha armada.
En el plano convencional, no es la amenaza de una agresión procedente del Sur un factor de riesgo a tener en cuenta, hoy por hoy y en un futuro previsible, dada la incapa­cidad estructural de los países de la ribera sur para proyectar sus modestísimas fuerzas navales y la notabilísima diferen­cia tecnológica que nos separa de los citados países. Por el contrario, sí debe conside­rarse la posibilidad de enfrenta­miento Sur-Sur en el que se podría involucrar, cada vez más, intereses de seguridad de los países desarrollados del Norte.
Otro factor a considerar son las acciones terro­ristas llevadas a cabo por grupos armados, con un gran componente integrista contra objetivos políticos y sensibles occiden­tales.
Por último habrá que tener en cuenta la posesión, en estos países, de armas de destrucción masiva -NBQ- y muy especialmente el material nuclear, en la actuali­dad, de relativamente fácil adquisi­ción.
CONCLUSIONES
Ante esta situación, es evidente que los países del Norte del Mediterrá­neo deben adoptar las medidas necesarias para tratar de impedir o contrarres­tar los fenómenos anteriormen­te citados.
- Si persisten situaciones explosivas de injusticia social, pueden producirse situaciones revolucionarias que lleven al poder líderes radicales en zonas energéticas estraté­gi­cas sin que medien violaciones de fronteras que legitimen una inter­vención internacio­nal.
- No se debe intentar modernizar una sociedad si con ello se elimina la realidad sociológica y cultural del pueblo árabe.
- Aunque los fenómenos del fundamentalismo islámico despier­tan una lógica inquietud y preocupación, no debe caerse en el error de demonizar el Islam.
- Se debe tender más hacia la estabilidad de un país que a una errónea política de alianzas. No habrá estabilidad mientras no emerja una sociedad civil fuerte, basada en la tolerancia y observan­cia de los derechos humanos.
- Para conseguir la estabilidad, se necesita del apoyo de Europa. Un apoyo global, que lleve consigo soluciones económicas y socio-políticas, con los controles necesa­rios para evitar injusti­cias sociales. Hay que replan­tearse una verdadera ayuda pública, euromediterránea, con inversiones de gran envergadura complementa­rias a los secto­res clave de la economía europea. Simultáneamen­te, habrá que satisfa­cer las necesidades prima­rias del conjunto de las poblacio­nes. Todo ello dentro de un programa de ayuda que no tenga fundamen­talmente objetivos mercan­tilistas, de­biéndo­se forzar las leyes del mercado y la renta­bili­dad. Sin esta condición, lo que se conse­gui­ría es un mayor empobrecimien­to de los países del sur y por lo tanto menor posibilidad de democra­tizarse y desarro­llarse.
- Finalmente, y por lo que respecta a la seguri­dad, habrá que "luchar" contra la proliferación de armas de destruc­ción masiva y limitar las exporta­ciones de armas con una mayor transparen­cia de su comercio en esta región.
2.- CEUTA Y MELILLA

La reivindicación marroquí sobre los territorios españoles norteafricanos es un tema que ineludiblemente hay que analizar, siquiera someramente, dentro de la seguridad en el Mediterráneo, por las repercusiones para nuestro país.


El problema se plantea entre dos países de características bien diferentes. MARRUECOS con un sistema autoritario de poder, basado en el fuerte liderazgo político y espiritual de su Monarca. ESPAÑA, por el contrario, constituye un Estado democrático de Derecho, con pluralismo político e ideológico, y con un sentido popular de unidad bastante atemperado por su larga historia como nación, y por otros varios motivos coyunturales.
El régimen marroquí dispone de plena libertad a nivel interno para mover los hilos de la reivindicación, ya que nadie se atreve a cuestionar la política oficial al respecto; en España, por el contrario, se producen discrepancias internas en cuanto a la interpretación del problema y, por supuesto, a la manera de afrontarlo.
No es ningún secreto que en nuestro país existen sectores proclives al entreguismo; otros, partidarios de la defensa a ultranza de nuestra presencia en el Norte de Africa y, entre ambos extremos, una gran masa que permanece en expectante silencio. Por consiguiente, la cuestión no se reduce sólo a que otro país reclama para sí una parte del territorio español. Hay que considerar también el agravante de que las pretensiones marroquíes encuentran cierto apoyo en ese otro "frente reivindicativo interno" que actúa socavando la cohesión nacional que al respecto sería deseable.
Nos encontramos pues, con una reivindicación marroquí, tanto en su faceta de amenaza externa, como en calidad de elemento de discordia entre los propios españoles. Si peligroso es lo primero, no menos inquietante para los territorios reivindicados resulta pensar que existe en la opinión pública española una cierta tendencia a renegar de ellos.
Las intenciones de Marruecos, de constituir el "Gran Marruecos" y la "incompleta integridad territorial" del país, le ha arrastrado a una larga guerra en el SAHARA, que podría decidirse a medio plazo con la celebración del referéndum de autodeterminación todavía pendiente, pero al margen de ello, la presencia española en la costa africana representa la última baza nacionalista a que puede aferrarse el régimen marroquí para movilizar a las masas en torno suyo. Ello no quiere decir, sin embargo, que vaya a ser utilizada pronto, ya que desde la perspectiva marroquí se perciben razones que desaconsejarían, por ahora, dicha opción.
Mientras se prolongue en el tiempo el conflicto del SAHARA, que absorbe una gran cantidad de energía por parte de la administración Marroquí, tanto dentro como fuera de sus fronteras, es improbable que opte por abrir un segundo frente reivindicativo en el Norte.
Por otra parte, no parece que el país se encuentre preparado actualmente para una hipotética absorción de CEUTA y MELILLA, dado que la integración de ambas ciudades en su entorno -extremadamente deprimido- podría desencadenar un cataclismo social de imprevisibles consecuencias para el régimen. En cambio CEUTA y MELILLA con su actual "status" representan sendos "balones de oxígeno" para la maltrecha economía del Norte marroquí y, por tanto, una contribución esencial a la precaria estabilidad social de esa zona.
Otro aspecto a destacar es el temor de MARRUECOS al previsible quebranto que, en caso de atizar la reivindicación territorial, habrían de sufrir sus relaciones bilaterales con ESPAÑA y con el conjunto de la UE., en cuya cooperación económica tiene hoy en día depositadas sus esperanzas de progreso nuestro vecino del Sur.
Además parece existir una cierta propensión en el régimen marroquí a utilizar la reivindicación como argumento permanente de presión ante ESPAÑA con objetivos muy distintos a la propia reclamación territorial, como pueden ser el obtener contraprestaciones económicas en condiciones ventajosas, o conseguir acuerdos más favorables en sus relaciones con la UE. En este contexto, a MARRUECOS no parece interesarle de momento sobrepasar un cierto umbral reivindicativo, prolongando, mientras le sea favorable, esa especie de "temor latente" que provoca en nuestro país el que la cuestión pueda ser suscitada en cualquier instante.
Sin embargo, no puede descartarse totalmente que la cuestión pudiera emerger en el instante más inesperado si surge algún elemento, como por ejemplo tensiones internas de desestabilización, que le obliguen a ello. MARRUECOS todavía ha de sufrir grandes cambios sociales y políticos en su proceso de maduración como estado soberano y, en este camino habrán de producirse inevitablemente puntos críticos que podrían servir de detonante para una escalada en la reivindicación.
En cuanto a que la irreversibilidad de la reivindicación deje de serlo, parece muy improbable por ahora, pero no absolutamente imposible. Podría depender de la disposición que, llegado el momento propicio llegara a mostrar ESPAÑA para, jugando decididamente sus bazas, inclinar a Marruecos hacia posiciones más transigentes. Es preferible esta hipótesis, a ese sentimiento de "lo inevitable" que poco a poco va calando en nuestro país.
A nivel internacional, desde 1975, en que el vecino país solicitó -sin éxito- al comité de la ONU. la inclusión de dichos territorios en la lista de "no autónomos", no ha vuelto a plantear otra petición similar en la ONU. En esta línea ha hecho valer ocasionalmente sus tesis en otros foros internacionales de menor rango, como la OUA. y el Movimiento de Países no Alineados, en los que no se halla nuestro país. Sin embargo esto es puramente testimonial. Desde hace varios años, MARRUECOS no ha introducido cambios sustanciales en el tratamiento oficial de la reivindicación a nivel internacional, limitándose a recordar periódicamente su existencia para reservarse el derecho a reactivar el tema cuando lo considere oportuno.
Además aún en el hipotético caso de que la ONU. accediera a reconocer CEUTA y MELILLA como "territorios no autónomos", ello no implicaría más que la apertura a un proceso de descolonización en base al derecho a la autodeterminación de sus pobladores. Es improbable que, en tal caso, ceutíes y melillenses optaran por vincularse a MARRUECOS, a tenor de los pocos alicientes que este país ofrece; a no ser que la población fuese mayoritariamente musulmana, como tiende a serlo debido a la gran masa de población marroquí que últimamente se está asentando en nuestras ciudades, convirtiéndose por ello, en un factor a considerar muy seriamente.
En resumen, MARRUECOS ha preferido enfocar el problema como una cuestión política pendiente de solución, enfoque que goza de las simpatías de ciertos países que consideran el hecho diferencial como colonial, resultando la reivindicación un frente activo que Marruecos materializa en diferentes acciones.
En conclusión, se puede decir que la reivindicación marroquí sobre Ceuta y Melilla es un asunto muy delicado para España puesto que afecta de forma permanente y directa a su integridad territorial, si bien no parece presentar por ahora y a corto plazo visos de gravedad, pero no puede descartarse que en un período de debilidad coyuntural español el problema salte con toda su intensidad.
En tales circunstancias, previsiblemente se produciría además una profunda controversia en la opinión pública española, lo que agravaría la situación, tanto se contemple el hecho desde el punto de vista de los ciudadanos de Ceuta y Melilla como desde el jurídico derivado de aplicación de la Constitución, que no permite la cesión de soberanía de una parte del territorio nacional y cuya reforma en otro sentido, mediante los mecanismos previstos en la propia Ley, sería muy delicada y un precedente muy peligroso si pensamos en otras zonas de España.
Este es un motivo más para manifestar la trascendencia de la reivindicación marroquí, que no debe ser infravalorada aunque no represente hoy todavía un peligro inminente.
La neutralización pues de esta amenaza, requiere no estar a la defensiva, o lo que es lo mismo, no debe dejarse la iniciativa a Marruecos. La protección activa y el fortalecimiento constante de las raíces hispanas de Ceuta y Melilla, junto a una mentalización continua de la población española en pro de ello, constituyen la mejor garantía para su futuro.
Habida cuenta de las múltiples facetas que encarna la amenaza marroquí, social, política, económica, militar, etc., la solución ideal para acabar definitivamente con este problema parece utópica, no existen fórmulas mágicas, pero si cabe estar alerta e intentar anticiparse a las acciones del contrario, mostrando una firme voluntad de conservación para disuadir a nuestros vecinos.

3.- EL FUNDAMENTALISMO ISLÁMICO
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