Seguridad para el siglo XXI en la cuenca mediterranea



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3.3.  EL FUNDAMENTALISMO EN LOS PAÍSES DEL NORTE DE AFRICA
El escenario político del Norte de Africa está sufriendo un cambio espectacular en los últimos años, motivado por la capacidad de arrastre de masas de los movimientos de carácter religioso más radicales, que buscan ser la alternativa real al poder establecido, utilizando para ello a la religión. Este hecho es más visible en Egipto, Argelia y Túnez, mientras que en Marruecos y Libia aún no ha presentado niveles preocupantes.
El discurso pacifico islamista está siendo desplazado por el radical de los fundamentalistas que buscan el poder a costa de la religión o imponer la religión al poder.
En estos países, el rechazo de los jóvenes al modelo de sociedad y a las perspectivas que a medio plazo se le presentan, se hace notar en su adhesión a estos movimientos, cuyo discurso igualitario, revolucionario y de identidad musulmana ha conseguido calar en ellos. Las masas rurales, aunque más lentamente, también se adhieren a esta ideología, en la creencia de que nada tienen que perder.
Estos movimientos adquieren una dimensión internacional pues, aunque nacidos de forma espontánea en todo el mundo islámico, han adquirido conexiones entre ellos, facilitadas por lo que pudiéramos llamar "países terroristas".
La preocupación de los gobiernos magrebíes respecto a estos movimientos es creciente. Las reacciones son diferentes, según las características, pujanza y situación interna, pero para fuentes responsables, no es descartable que dinamicen las conversaciones relativas a la cooperación para el seguimiento del fenómeno en el seno de la Umma.
A continuación pasamos a analizar la situación en cada uno de los países del Norte de Africa, desde Egipto a Marruecos.
EGIPTO
La acción de los fundamentalistas más llamativa para nosotros, los occidentales, es el ataque a turistas, pese a que hasta finales de 1993 solo murieron siete. Egipto ha perdido en los últimos meses unos 360.000 millones de pesetas (casi el doble de lo que ingresa por el Canal de Suez): "las pirámides son símbolos de la época pagana y los turistas representantes de un gobierno opresor, Mubarak es un impío que debe ser derrocado".
Cuando Nasser y sus oficiales libres tomaron el poder, en 1952, convivieron brevemente con los Hermanos Musulmanes, hasta la represión de 1954. Después, en 1965, en otra acción tan feroz como la primera, se ejecutó, entre otros al principal ideólogo de la secta, Sayid Qutb. Para el nasserismo la religión y el estado eran cosas totalmente diferentes.
Posteriormente su sucesor, el Presidente Sadat fue asesinado por este Grupo, que no es el único que actúa en Egipto y hoy Mubarak los combate despiadadamente. Una lucha tan difícil que, para hacernos una idea de ella, basta decir que Egipto está en estado de excepción desde 1981.
Los focos del fundamentalismo egipcio se localizan en las ciudades de El Cairo, Asuán y Assiut, donde se han desplegado importantes contingentes de fuerzas que, lejos de amedrentar a los fundamentalistas, han exacervado su violencia.
El arraigo de esta doctrina es tan importante que, zonas completas, especialmente en el Alto Egipto, y ciudades como Quena y Assiut están en manos de la guerrilla.
Solo la lectura minuciosa de la prensa, muy controlada por otra parte, permite conocer que, en estas zonas los combates con la policía y el Ejército son constantes, que se aprenden cargamentos de armas y que mueren continuamente personas: 272 desde 1992.
Aunque Egipto es la cuna de los movimientos integristas, fundamentalmente propiciado por los Hermanos Musulmanes, es la Yimaa Islamiya la que se ha responsabilizado de casi todos los atentados.
El primer grupo, como ya se apuntado, ahonda sus raíces en el primer cuarto de siglo, pero recientemente ha aumentado considerablemente su influencia sobre la opinión pública, domina regiones enteras, ocupa puestos estratégicos en el Ejército, en la Administración, en las organizaciones profesionales y aparece por todas partes.
El segundo, que reclutó jóvenes hijos del fracaso político de Nasser y de las ideas de Qutb, se fundó en El Cairo a finales de los setenta y es más violento y directo que el primero.
Ambos son apoyados ahora desde Sudán, país que tiene como objetivo extender el fundamentalismo en Egipto y el Magreb en general.
La situación en Egipto es tan delicada que el Gobierno se ve obligado a proclamar su adhesión al Islam, no como un acto religioso, sino como búsqueda de un acuerdo con los que se sirven de ella para la conquista del estado e instaurar un régimen teocrático o clerical.
Ocupados y obsesionados por esta amenaza, los dirigentes corren el riesgo de equivocarse de combate: no será mediante concesiones ni represiones como recuperen a la opinión pública perdida, sino con respuestas a las cuestiones que ésta plantea.
Occidente contempla preocupado el desarrollo de la situación en Egipto, por la importancia que este país tiene para la estabilidad de todo el Oriente Medio.
LIBIA
Libia dispone, por el momento, de una vacuna contra el fundamentalismo islámico y la desestabilización política: oro negro en abundancia y el Libro Verde de su líder Gadafi.
Este Libro es una guía suprema de la nación, basada en el principio ni ni (ni liberalismo ni marxismo). Pero, el régimen establecido por el dirigente beduino es un campo abonado para las criticas de los representantes del Islam ortodoxo. Las condenas apuntan a la formación de una guardia constituida exclusivamente por el "sexo débil" y la creación de una academia militar para mujeres.
Al mismo tiempo, los fundamentalistas consideran al Libro Verde como una herejía, al inmiscuirse en asuntos confesionales, tales como admitir como fuente exclusiva de la religión al Corán, rechazando, por consiguiente, los hadiz, tradición que relata los actos del Profeta, y adoptar un nuevo calendario islámico que no preconizó Mahoma.
Gadafi controla la emisión y difusión del mensaje islámico en un país confesionalmente homogéneo, donde el 99.5% de la población es musulmana sunnita, por contra a los chiitas entre los que el fundamentalismo logra mayor aceptación, y se muestra implacable contra los fundamentalistas, a los que ha llegado a aplicar la pena de muerte.
Sin embargo, la perdurabilidad del Libro Verde puede ser la misma que la de su autor y, tras su desaparición biológica o violenta, a la que, con toda probabilidad seguirá un período de inestabilidad, el mensaje fundamentalista puede cobrar en Libia la misma fuerza que en otros países de la zona.
TÚNEZ
Es, tradicionalmente, el país más occidentalizado de la zona y, en estos momentos el más vulnerable a la onda expansiva del FIS argelino.
El grupo En Nahda (Partido del Renacimiento Islámico)surgió en la década de los años setenta, al amparo de una asociación religiosa conocida con el nombre de Asociación por la Salvaguardia del Corán, pero no seria hasta 1979, cuando se configuraría como un partido político, a cuya cabeza se colocaron el abogado Abdelfatah Muru y el profesor de filosofía Rached Ganuchi.
La Nahda constituye la oposición al gobierno de hecho, aunque esta oficialmente prohibido.
En julio de 1993, cerca de trescientos fundamentalistas de ese grupo fueron juzgados en Túnez, en un proceso ejemplarizante, que finalizó con duras penas de prisión y ninguna de muerte.
El Presidente Hen Ali ha pasado de ser el libertador, que abrió las cárceles a miles de presos fundamentalistas cuando llegó al poder, a convertirse en el carcelero de los mismos.
El Nahda tiene sus lideres en el extranjero y nadie se atreve a decir que haya desaparecido.
Los acontecimientos en los países vecinos habrán de tener influencia capital en Túnez.
ARGELIA
Argelia es el país que, junto con Egipto, está sufriendo con mayor intensidad los ataques del fundamentalismo. Su situación era propicia para ello: con un régimen de partido único, el Frente de Liberación Nacional (FLN), en el poder durante treinta años, tenía una clase gobernante incapaz de regenerarse y salir de la corrupción en la que la falta de oposición le sumió; con la mayor tasa de crecimiento demográfica y de paro del Magreb; y con una economía marcada por el déficit y la recesión, era incapaz de ofrecer esperanzas a su población.
En el año 1990, el Frente Islámico de Salvación (FIS), ganó las elecciones municipales y provinciales con mayoría en 853 de 1300 ayuntamientos y 32 de 48 provincias. En consecuencia pidieron la derogación de las leyes no conformes con la Sharia.
Posteriormente, en las elecciones al Parlamento de 1991, el FIS ganó claramente la primera vuelta y amenazaba con lograr amplia mayoría en la segunda cuando el proceso electoral fue interrumpido, provocando la situación actual.
Por el momento, y pese a los esfuerzos por lograr un acuerdo nacional, la situación aparece caótica, especialmente por la existencia grupos terroristas incontrolados, formados por miles de fanáticos, entre los que destacan el GIA (Grupo Islamista Armado) y el MIA. (Movimiento Islámico Armado), rivales entre si, que asesinan a los extranjeros y nacionales con grave daño para la credibilidad de la nación y para su economía.
Estos grupos son xenófobos y violentos y desean prescindir de los extranjeros, aunque saben que los necesitan para su economía. Es posible, que lo que deseen sea que se vayan ahora y que vuelvan cuando y como a ellos les intereses.
Por eso, los partidos en la oposición trasmiten a las naciones: que necesitan su ayuda para solucionar las dificultades económicas de Argelia; que lo hagan a través del Gobierno; pero a la vez, que transmitan a este mismo Gobierno que se debe abra a la oposición y que comparta el poder. Este mensaje fue transmitido por España al Ministro de Asuntos Exteriores argelino durante su visita a nuestro país.
Es posible que la victoria del FIS no se debiera al deseo del pueblo argelino de vivir bajo la Sharia, pues la influencia de la cultura francesa en este pueblo les aleja de esas concepciones: los votantes quisieron simplemente castigar al partido en el poder; odian al poder y aunque no apoyen al FIS ni estén de acuerdo con sus ideas y actuaciones, es más grande el aborrecimiento que sienten por todo lo que signifique autoridad.
Tal vez, si hubiera existido un Parlamento real y partidos políticos, cuya victoria hubiera significado la derrota del FLN, el FIS no habría ganado. Fue la desesperación la que empujó a los argelinos a votar a los elementos más radicales, pues el FIS ofreció un sistema de referencia y una posibilidad de ruptura a una población que no confiaba en sus políticos.
En octubre de 1993, el Alto Consejo de Estado (ACE) constituyó una Comisión Nacional para el Diálogo (CND), con la difícil misión de poner de acuerdo a todas las fuerzas políticas argelinas sobre la forma de organizar el período transitorio que, según lo estipulado, comenzaría el 1 de enero 1994, luego pospuesto al 31 del mismo mes. Durante ese período transitorio, que hubiera debido durar entre dos y tres años, se esperaba conseguir las condiciones para el regreso al proceso electoral presidencial y legislativo; se mantendría la Constitución de 1989 (excepto en lo relativo a la Presidencia); funcionaría un Consejo Consultivo Nacional, una Institución Presidencial y un Gobierno de transición.
Pero, aunque la CND mantuvo encuentros con los principales partidos y existieron diversas iniciativas por parte ellos, no cristalizaron en resultados positivos.
El resultado fue el fracaso de la misión de la CND y la designación del General Zerual, como Presidente de la República, quien anunció una política de diálogo y ruptura.
La situación parece ser: el FIS es capaz de mantener el proceso de desestabilización, pero no tiene fuerza para hacerse con el poder por sus propios medios; las Fuerzas Armadas, que se han mantenido unidas hasta ahora, aunque sometidas a múltiples tensiones y presiones del resto de las fuerzas nacionales, sufren deserciones, con sectores empeñados en asuman mayor protagonismo, a lo que éstas se resisten, intentando mantenerse en la sombra; y para terminar de comprender el panorama, según el último informe que encargó por el ACE, solamente en el sector industrial, Argelia importa materias primas, componentes y equipos por valor de 2.000 millones de dólares al año, cuando sus exportaciones se elevan a 350 millones y el pago del servicio anual de la deuda se eleva este año a más de 9.000 millones, o sea el 80% de las divisas obtenidas por la exportación de recursos energéticos.
Solamente tiene unos recursos disponibles de unos 12.000 millones, insuficientes para hacer frente a las necesidades del país. A esto añadiremos que existen zonas "liberadas", donde se ubican gran número de compañías extranjeras, que pueden verse obligadas a abandonar la zona con los consiguientes perjuicios económicos para ellas y para el Gobierno argelino.
Ante la situación actual caben las siguientes hipótesis:
a) Que el Presidente tenga éxito en su propósito de rupturismo y negociación, con lo que Argelia, en breve plazo contaría con un nuevo orden político, aunque la violencia no decreciera inmediatamente. Con esto, se tendría una opción política en contra del vacío de ideas actual, pero que podría no contar con el apoyo de sectores importantes de las Fuerzas Armadas y del mundo francófono pues, esto implicaría cesiones de poder.
b) Un golpe de estado, si el General Zerual fracasa en su plan. No seria una alternativa política nueva ni daría más facilidades de actuación al Ejército. Esto sólo sería concebible si la clase política actual hiciera total dejación de sus responsabilidades y abandonase.
c) Otra opción de tipo militar podría ser la que defienden los partidarios de una modernidad ilustrada, que buscan el apoyo del Ejército para acabar a la vez con fundamentalistas y viejas guardias. También constituiría un error, por el peligro que encerraría de división del país y del propio Ejército, al crearse de nuevo una elite gobernante, que no parece sintonizar con el conjunto de la nación.
d) Finalmente cabria la posibilidad de la vía llamada iraní: que los militares aceptaran la victoria electoral del FIS. Seria quizás la más catastrófica, pues tendría un carácter extremadamente conservador, un alto coste en vidas humanas y llevaría al desastre económico.
En resumen: Argelia se debate para determinar el tipo de régimen político que tendrá en el futuro inmediato. La situación política podría devenir en proyectos de sociedad antagónicos: república democrática, república islámica o dictadura militar. Para la solución, el papel del Ejército será determinante.
Existen zonas liberadas, donde ni la policía ni el Ejército se atreve a entrar. La situación está lejos de aparecer clara.
MARRUECOS
El fundamentalismo no ha cuajado en un movimiento político importante en Marruecos por varias razones: sus estructuras religiosas tradicionales están mejor conservadas que en otros países; la posición central y dominante del Rey, quien, más que ningún otro gobernante musulmán, marcó el tono del Islam en su país; y la presencia de una oposición tolerada, política y sindical, que quitó protagonismo a las mezquitas.
La menor percepción desde el exterior del movimiento fundamentalista, se debe a la acción gubernamental, que ha conseguido recuperar para el sistema a parte de la oposición religiosa, a la vez que persigue policialmente a los fanáticos no recuperados, reduciéndolos a grupos dispersos y desorganizados.
Marruecos es una sociedad profundamente marcada por la tradición musulmana, donde la colonización europea, no destruyó las estructuras religiosas (cofradías, santones, gobierno teocrático) y cuyo estado no alcanzó nunca los niveles de secularización de Argelia. Ello hace que el desarraigo cultural y las reclamaciones de identidad cultural sean menores.
El Monarca marroquí desempeña dos papeles religiosos principales: como Príncipe de los Creyentes dirige a los musulmanes y como sharif (descendiente de Mahoma) hereda el prestigio de la familia del Profeta. Su reputación es tal que, hasta los críticos fundamentalistas se abstienen de atacarlo directamente: "es descendiente de nuestro Señor Mahoma", "si se le critica, se está calumniando a la familia del Profeta", dicen y echan la culpa, sobre todo, a esos ministros "que le dan malos consejos".
El Gobierno maniobró cuidadosamente durante los años setenta para quitar fuerza al creciente movimiento fundamentalista: creando, por ejemplo, un consejo de ulemas bajo la presidencia del Rey, con autoridad para analizar la política gubernamental a la luz de los preceptos islámicos; durante la "Marcha Verde" al Sáhara Occidental, en noviembre de 1975, 350.000 voluntarios marcharon varios días al territorio en disputa, empuñando coranes y desfilando bajo los colores del Profeta; en febrero de 1980, el Rey envió al Sáhara Occidental las divisiones Badr y Uhud (llamadas así por las dos primeras victorias militares de Mahoma), reforzando así la naturaleza islámica de la actuación de Marruecos en ese territorio y de la actuación del Monarca.
Independientemente de los resultados prácticos de estas acciones, el Rey consiguió popularidad y se convirtieron en una de las mayores pruebas de sus credenciales islámicas.
La oposición fundamentalista es débil y dividida en este país. El encarcelamiento del director de la revista Al Jama, de inclinación fundamentalista, que escribió una carta abierta al Rey, urgiéndole a respetar con más cuidado los preceptos islámicos, muestra la decisión del Monarca contra este movimiento. Y aunque otros fanáticos han sido detenidos y puestos en libertad rápidamente, desde hace unos cuatro años, el "Número Uno" de la organización clandestina más importante: Justicia y Caridad, vive bajo arresto domiciliario.
Sin embargo, las cosas podrían cambiar. Tanto el partido en la oposición: Istiqlal, como la Organización Marroquí para los Derechos del Hombre han solicitado su libertad, que puede ser inminente. A la vez, su organización recupera cierto protagonismo, como lo muestra lo sucedido en la Universidad Hassan II de Casablanca, donde las autoridades académicas se han visto obligados a dialogar y pactar con los dirigentes fundamentalistas del centro, para poner fin a una huelga que duraba desde el comienzo del curso.
Al enfrentarse a los fundamentalistas, el Gobierno marroquí hace lo posible por relegarlos a una posición marginal, haciéndoles pasar por desfasados y reaccionarios, por implicar a sus dirigentes en asuntos criminales, por suspender sus publicaciones y compara la ortodoxia Maliki El Mandhhab, o rito legal de Marruecos, con el fanatismo, intolerancia y charlatanería de lo que denomina un puñado de extremistas.
En resumen, por el momento, si bien el fundamentalismo en Marruecos ha tenido alguna difusión, aún no ha llegado a ser una amenaza para las estructuras políticas del país.
La situación en Ceuta y Melilla es consecuencia de la de Marruecos. Aunque la población musulmana, debido que disfruta de un nivel de vida más alto que el del entorno marroquí no es proclive a movilizaciones de tipo radical, puede sufrir, y no es el caso por el momento, el embate del fundamentalismo, a cargo de grupos dirigidos desde el exterior.
La estabilidad de Marruecos es de vital importancia para España. Marruecos siempre ha sido una de las mayores preocupaciones de nuestra política exterior: no solamente por el contencioso territorial, su capacidad desestabilizadora incluye la emigración, la pesca, el tráfico de drogas, relaciones comerciales, etc.

Por ello, la política española apoya al Monarca alauita, como medio de fortalecer la opción que, nuestra diplomacia considera más favorable para nuestros intereses.


Hay quien piensa que, el apoyo al monarca, podría volverse contra España, si triunfara una revolución fundamentalista. La misma opinión se oyó cuando se pensaba en el riesgo del socialismo en ese país y, en ese sentido ha demostrado que la actitud española fue correcta; en cuanto a la situación actual, apoyar al Rey es la única opción posible, que podría demostrarse equivocada, pero seguiría siendo la única posibilidad de España.
En ese sentido hay que enmarcar la política de la Unión Europea, impulsada por España, gracias a la que, los países del Magreb han establecido relaciones favorecidas con la Unión.
No menos importante ha sido el Tratado de Amistad y Cooperación entre España y Marruecos de 1991, fuente de estabilidad en nuestro flanco sur.
3.4.  LOS RIESGOS PARA EUROPA.
Si entendemos como seguridad la ausencia de amenazas a los valores sociales fundamentales de una nación y no exclusivamente la protección contra un ataque armado, podría significar: la defensa del sistema de valores, del carácter étnico, de la lengua, de la cultura, de la economía, del comercio, de las fuentes de materias primas, etc de una nación.
Bajo este punto de vista, el fundamentalismo islámico puede llegar a amenazar a Europa de varias maneras:
Emigración
Supone, normalmente, una secuela de inadaptación de los emigrantes en los países que los reciben, que amenaza a su homogeneidad étnica y cultura.
Europa ha pasado, desde la II Guerra Mundial, de ser exportadora de emigrantes a receptora neta de ellos, pero al contrario que EEUU, no tiene capacidad para absorberlos e integrarlos.
En estos momentos, Europa se debate entre la necesidad de mano de obra, que compense la baja demografía, y el riesgo de perder su identidad. Y es en este aspecto, donde el Norte de Africa presenta una de sus mayores amenazas pues, se teme más al emigrante del Sur que al del Este. Algo que no carece de lógica, dada la resistencia del musulmán a la influencia cultural del país receptor: la guerra del chador en las escuelas francesas, donde peligró el concepto de enseñanza laica, fue un ejemplo de la dificultad de asimilación de una población que, en Francia alcanza los tres millones de personas.

Valores democráticos
A su vez, la emigración produce un efecto negativo en nuestras sociedades, que afecta a nuestro sistema de valores occidental y cristiano: nace la xenofobia, el odio al emigrante, especialmente si es árabe. Esto degrada a quien lo siente y a la sociedad donde se engendra, transformando sus raíces y haciéndola menos abierta y tolerante.
Inestabilidad en el país exportador de emigrantes
La emigración no solo puede desestabilizar a la sociedad que la recibe, sino también a la que la produce, pues la fuerza de trabajo que pierde es la más joven y capacitada.
Por ello, aún sin considerar la amenaza militar, en el horizonte se presenta una relación difícil entre las dos riberas del Mediterráneo. De un lado, la fortaleza europea, cerrada a la emigración musulmana, pero abierta a la del Este (desde 1987, Europa ha recibido entre 0.7 y 1 millón de europeos, que se han asentado principalmente en Alemania), pero cerrada al Sur, donde la situación económica y el crecimiento demográfico origina una desesperación que moverá, en los próximos años, a millones de africanos a moverse hacia el Norte.
Como hemos dicho antes, Europa no dispone de los mecanismos para integrar a estos emigrantes quienes, por otro lado, se sienten miembros de una comunidad no ligada al territorio, lo que motiva hacia ellos una desconfianza no demasiado injustificada.
Economía
Bajo el punto de vista económico, la llegada al poder de gobiernos antioccidentales puede tener a corto plazo un efecto negativo para la economía de la Unión Europea. A mayor plazo, la situación de dependencia, que estos países tienen de Europa, neutralizaría los excesos iniciales.
En 1992, España y Argelia firmaron un protocolo en Madrid para construir un gasoducto de 1200 km. entre los dos países. Supondrá la inversión de 150.000 millones de pesetas. Construido por ENAGAS y SONATRACH (empresa estatal argelina), entró en servicio a comienzos de 1996. Este gasoducto proporciona el 65% del consumo español de gas natural en el año 2000. Además, las empresas Dragados, Alcatel y Cepsa tienen importantes contratos de construcción, fabricación y exploración respectivamente, afectados por los acontecimientos de estos días.
El gaseoducto, en estos momentos, es una inversión de alto riesgo: España podría verse en el dilema de perder una cuantiosa inversión o aceptar un eventual chantaje sobre los precios. Sin embargo, como ya se ha dicho, el riesgo es más a corto que a largo plazo. Por otra parte, la forma de evitar riesgos con todo el Norte de Africa no es llevar una política de confrontación sino de interdependencia económica. En ese sentido, es indudable que la política española está consiguiendo éxitos notables.
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