Seminarista: ¡Bienvenido seas en el nombre del Señor!



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SEMINARISTA:
¡Bienvenido seas en el nombre del Señor!


  1. No te sientas alejado de tu tierra y familia. Tal vez a tu llegada te sientas fuera de lugar: caras nuevas, diferentes costumbres, materias y lenguas nuevas que aprender. No temas, muy pronto vas a sentir que no estás en tierra extranjera entre desconocidos, sino en la casa de nuestra Madre común, la Santa Madre Iglesia, donde no hay Judío ni Griego, sino que todos somos uno en Cristo Jesús.

  2. El Espíritu de nuestros Seminarios quiere ser el de los mejores en la historia de la Iglesia. Se puede resumir tal espíritu en estas normas:

  3. El centro y alma de la vida del Seminarista es la piedad: una piedad íntima, iluminada y robusta. Por ello tu primer pensamiento sea tener un Director Espiritual. Se ha de escoger entre los que el Seminario te ofrece.

  4. La regla fundamental de conducta es la lealtad: hacia Dios, hacia ti mismo, hacia los Superiores, hacia los compañeros. La falta más grave de conducta es la falta de sinceridad.

  5. Estás aquí para prepararte al Sacerdocio mediante la Vida Religiosa Temporal: esto significa ser portador de la Redención a las almas. Buscamos que puedas llegar a la santidad y a la sabiduría.

  6. Nuestro fin es prepararte para que un día te pongas en total disposición de tu Obispo Diocesano, con sincera humildad y obediencia, listo para cualquier trabajo, ya sea alto o humilde, preparado para cualquier riesgo (aún para derramar tu sangre): soldados de vanguardia en el glorioso ejército de los apóstoles del Reino de Dios.

  7. La Congregación de Religiosas Ecuménicas de Guadalupe son el Superior Mayor, propietarias y sostén de nuestros Seminarios, y ejercen tutela y Curatela jurídica sobre los mismos, por medio de un Consejo compuesto única y exclusivamente por dichas Religiosas, con exclusión expresa de cualquier otra persona que no sea Religiosa Ecuménica De Guadalupe y nombrada por la superiora General a tal cargo.

  8. Ellas y los Superiores por ellas seleccionados, apoyados y objeto de contrato con el Excelentísimo Sr. Obispo Diocesano, quieren ayudarte del mejor modo posible para que tú cumplas tu deber; te piden que los ayudes a cumplir el suyo. Te asistirán en tu formación.

  9. Este deber se los ha confiado Nuestro Señor Jesucristo por medio de la Iglesia. La ayuda que te piden es tu leal y sincera cooperación.

  10. Los Superiores quieren confiar en ti, en tu sentido de responsabilidad, esperan que no abuses de su confianza.

  11. Los Superiores cooperan en tu formación; pero tú eres quien principalmente trabajarán en ella. Esta autoformación no significa evadir la disciplina y hacer las cosas a tu propia conveniencia: eso sería auto deformación. Significa más bien autodisciplina; un varonil sentido de responsabilidad por el cual la disciplina del Seminario es aceptada y vivida como una obligación personal delante de Dios y de su Iglesia, con amor: “non ad oculum servientes… sed facientes voluntatem Dei ex animo”.

  12. Ubi spiritus Dei, ibi libertas”. La disciplina, cuando se ha convertido en un acto espiritual, una adhesión amorosa a la voluntad de Dios, es libertad, la verdadera libertad de los hijos de Dios: “Non enim accepistis spiritum servitutis iterum in timore, sed accepistis spiritum adoptionis filiorum in quo clamamus: Abba (Pater).”

  13. La libertad de los hijos de Dios se adquiere y crece robusta en la caridad: caridad hacia Dios, antes que todo, y caridad con el prójimo.

  14. Compórtense como hermanos en Cristo; ayúdense unos a otros, con alegra humildad y respeto, a vivir en el espíritu de Cristo: “Vos enim in libertatem vocati estis, fratres; tantum ne libertatem in occasionem detis carnis, sed per charitatem spiritus servite invicem. Omnis enim lex in uno sermone impletur: diliges proximum tuum sicut teipsum”.

MENSAJE DEL PAPA:

“Jóvenes que me escucháis: en los momentos en que os asalte la duda, la dificultad, el desconsuelo, sabed que la virgen María es para nosotros consolación y paz. Para María os pido vuestro sí. Os pido que os atreváis a seguir poniendo vuestras vidas en las manos de Dios, para que os convierta en instrumentos de un mundo mejor, que respondáis generosamente a la llamada de su Hijo, si El os lo pide todo. No tengáis miedo si el Señor os llama para una vocación de Consagración especial. Ciertamente, Cristo os pide la vida entera, una entrega radical y sin límites.”

(S. S. Juan Pablo II en San Juan de los Lagos)


“No sois vosotros los que me habéis elegido, sino que soy Yo quien os ha elegido a vosotros y os he puesto para que llevéis mucho fruto y vuestro fruto permanezca.” (Jn. 15,16)

Dentro de nuestra formación se realizan también trabajos físicos, pues es muy importante y forman el carácter.


“VOCACION SACERDOTAL” ¿QUE ES EL SACERDOTE?

El sacerdote es un hombre tomado de entre los hombres para servir a los hombres en las cosas de Dios; para ofrecer sacrificios y oraciones por su pueblo, por los pecados propios y ajenos (Heb. 5,1)

Dios lo ha llamado a una tarea muy especial… “es mediador como Cristo entre Dios y los hombres”.

La vocación al sacerdocio es un Don de Dios según las palabras de Jesús: “No me habéis elegido vosotros a Mí, sino que Yo os he elegido a vosotros.” (Jn. 15,15). Se trata de una elección de Jesús, que afecta siempre a una persona; y esta persona vive en un ambiente determinado: Familia, Sociedad, Iglesia.

El sacerdote es el hombre de oración, del diálogo constante con el Señor; de la intimidad con Dios, es el hombre que reza por sí mismo y por sus hermanos, es el que nos descubre que la oración es indispensable para acercarnos al Señor.

Es en la oración donde el Sacerdote puede comprender los pecados de los demás, puede acoger al hombre que sufre.

El sacerdote ha de entregar su vida siempre al servicio de los demás como Cristo el Buen Pastor. Es una entrega que tiene grandes satisfacciones como trabajos y sacrificios.

En la Iglesia, todos participamos del ministerio de Jesucristo Sacerdote, Profeta y Rey, pero el sacerdote participa de esta misión de un modo más excelente, más pleno.

Es misión del sacerdote edificar la Iglesia como Pueblo de Dios, como Cuerpo de Cristo, y como Templo del Espíritu Santo.

El sacerdote, edifica la Iglesia mediante la Proclamación de la Palabra por la Celebración de la Eucaristía, por el Perdón de los pecados y todos los Sacramentos, por el Ejercicio de la caridad.

El sacerdote está al servicio del culto: “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. Esta obra de santificación, Dios la realiza de muy diversas maneras, pero de una manera privilegiada a través de los sacramentos. Y precisamente el sacerdote es el ministro de esta obra de santificación.

Por el bautismo, introduce a los hombres en el Pueblo de Dios: la Iglesia. Por la Penitencia, reconcilia a los hombres con Dios y con la Iglesia.

Por la Unción de los enfermos, alivia espiritualmente a los quebrantados en su salud.

Por la Celebración de la Misa, ofrecen sacramentalmente el sacrificio de Cristo.



Su misión es acercar a Dios a los hombres.

Signo de esa entrega radical es el celibato sacerdotal, don de Cristo mismo y garantía de una dedicación generosa y libre al servicio de los hombres.


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