¿Ser escéptico o creyente?



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¿SER ESCÉPTICO O CREYENTE?
Castigat ridendo mores
(divisa que aparecía sobre los teatritos ambulantes italianos a partir de los años 1620 en Francia, con respecto a la comedia)
Los últimos momentos en la vida de Jean Baptiste Poquelin, “Molière“, ocurren mientras representaba en escena el personaje de su propia obra titulada “El enfermo imaginario”; pocos días después del estreno, en plena representación. Irónicamente, Molière se sintió indispuesto y fue llevado a su casa donde murió horas después en París, Francia el día 12 de febrero de 1673, siendo enterrado hasta el día 17, por órdenes de la Iglesia católica que consideraba la profesión de cómico como inmoral, Molière pudo ser sepultado gracias a que su esposa habló con el rey Luis XIV quien intercedió ante el Arzobispo de París ¡Qué paradoja es la manera en que veía la vida y cómo fue que murió!

La obra “El enfermo imaginario”, es una comedia satírica en donde el autor plantea diversas situaciones que pueden ocurrir en el entorno de una persona que imagina estar enferma, apreciamos una notable crítica a los médicos, que es uno de los principales temas que le dan la trascendencia al libro. Otros temas que resaltan son: amor sincero, como el que tenía Angélica con Cleante; amor por interés, éste se hace notar en la segunda esposa de Argán, Belina, quien sólo esperaba la muerte de su esposo para ser heredera de sus bienes; sin embargo, el mismo Argán esperaba que su hija contrajera matrimonio con un médico, para su tratamiento de por vida gratuito, notándose un interés sustentable; efectos del temor a la salud, de contraer una enfermedad y estar verdaderamente enfermo.

En esta obra su protagonista, Argán, enfrenta la vida cotidiana con una forma de escape que es su enfermedad imaginaria, la cual es su escudo y apoyo contra sus familiares y la sociedad en sí, el temor a perder la salud obsesiona a Argán, que convierte el objeto de su fantasía en una forma de esclavizar a su familia, con la finalidad de ser el centro de atención y preocupación.

De acuerdo con la preceptiva aristotélica observada en el Neoclasicismo, Molière representó en la comedia una crítica a los vicios y debilidades humanas. Nos damos cuenta con todo esto que hay muchos aspectos de continuidad hoy en día y muy pocos los que no, respecto a la obra “El enfermo imaginario”.

Uno de los temas más relevantes de la obra, relacionados con nuestra realidad actual, es la repudiable conducta profesional de los médicos los que se benefician de la condición de salud del paciente en este caso, Argan, tanto en el aspecto económico como utilizando su capacidad profesional.

En el siglo XVII, en Francia existía una especie de jerarquía, ya que los médicos gracias a su extenso vocabulario pseudotécnico sacaban provechos económicos y profesionales, ya que al dar más y mejores diagnósticos eran mejores médicos. En la obra es exactamente el reflejo de la sociedad francesa. En la comedia de Molière, el personaje principal engaña a su familia, diciendo ser portador de dolencias. Su médico personal, Purgan, le recetaba muchos medicamentos para su supuesta enfermedad. De esta manera la alta cantidad de medicinas recetadas eran compradas al mismo médico, el que de ésta manera ganaba una gran cantidad de dinero. Además las palabras y diagnósticos del médico eran indudables. No era necesario pensarlo dos veces para hacerle caso y comprobar su veracidad.

Ejemplo de esta situación extraída del texto es de palabras que el mismo Purgón declara por el sólo hecho de no haber tomado la medicina prescrita: “Esto es una gran osadía, una extraña rebelión de un enfermo contra su médico.”,Es una acción desmesurada. Un enorme atentado contra la medicina.”,Un crimen de lesa Facultad que nunca será bastante castigado.”

Hoy en día, después de trescientos años transcurridos, los hechos no han cambiado en la sociedad. Aún los médicos usufructúan el dinero de las personas a través de diagnósticos exagerados, o haciéndolos ir una y otra vez a su consulta para así ganar dinero.

También sigue el asunto de que lo que dice el médico o doctor siempre es verdad, ya que es un profesional y por lo tanto sus palabras son indiscutibles e infalibles. Es similar a la desventura de Argán, el hipocondríaco que se imagina padecer las más desagradables enfermedades y en un entorno rodeado de médicos ineficaces e incluso ineptos, nombrados como es comúnmente en las obras de Molière. Poseen estos médicos la característica de ser muy caricaturescos y contrariamente con Antoñita, su carismática criada que saca a relucir su gozo y alegría de vivir. Todos estos elementos hacen una obra compuesta por muchas acertadas observaciones de las costumbres de la sociedad francesa del siglo XVII, en la que el autor satisface algunos de sus rencores personales por el presentimiento de su propia muerte.

Tanto el médico Purgón, como el notario Buenafé y el boticario Fleurant son fundamentales del humor molieresco, de sus claras artimañas para transformar sus personajes en prototipos humorísticos caricaturizados, poniendo en evidencia su pedantería. Estos personajes le costaron algunas acusaciones, siendo denominado él con fuertes cualidades y acarreándose graves problemas.

Estos seres, producto de la imaginación de Moliere, esconden bajo su versátil apariencia una identificación natural, una esencia propia y característica para cada uno. Es por esto que los personajes de Moliere son eternos y universales. Pueden cambiar sus costumbres, la sociedad, el entorno, pero reaparecerán una y otra vez bajo otros seudónimos y otros rasgos exteriores en las posteriores literaturas, ya que éstos presentan situaciones que han de encontrarse con un carácter en pugna con la vida corriente.

En las satíricas palabras de Moliere totalmente asociadas a los médicos se pueden apreciar ciertas críticas asociada a la certeza del saber y al dictado de diagnósticos, los comentarios mordaces sobre las formalidades de las prácticas y la desconfianza se manifiesta sobre su efectividad, así como se dictaban cátedras de expresiones del uso de un lenguaje rebuscado, difícil de entender para el paciente.

De igual forma, se discute la relevancia con que el médico se atribuye en la curación del enfermo, se ataca la sumisión que debe prestar el propio paciente en cumplimiento de recetas y hasta del pronóstico formulado, se muestra la parodia con que es prestada la experiencia de los colegas distinguidos, se reclama el secreto excluyente del saber profesional y se plantean dudas sobre la aplicación de técnicas agotadoras para el paciente o el uso de preparados farmacéuticos de inconsistente composición y dudoso efecto.

Al analizar a trasfondo los dichos de Moliere resulta fácil advertir cómo sus agudas declaraciones eran públicas, denuncias de las características prevalecientes en las prestaciones médicas de la época, en las que primaba la soberbia cuasi dogmática del saber, aplicado sobre un paciente indefenso y desprovisto de alternativas, pero también creyente en los efectos de ésta, en una relación en la que sólo tenía obligaciones y ningún derecho. Se jerarquizaba así la necesidad que tiene el paciente de ser escuchado y comprendido tratando de enfatizar el papel humanitario que debe desarrollar el médico al servicio de su paciente. ¿No son éstos, acaso, los principios que sustenta la Bioética actual? Entonces, no puede considerarse a Moliere como un verdadero profeta de la ética médica, y por lo tanto afirmar que también proclamó en el vacío, ya que más de trescientos años después esos mismos defectos, entonces denunciados ¿Todavía se siguen observando en la práctica médica diaria?

No se deja en duda, que la medicina ha progresado notablemente a lo largo de los años. La medicina actual es notable, se han descubierto remedios a patologías, que antes eran una muerte segura en el futuro. Negligencia médica, por otra parte, es un concepto reiterado, que aún es una interrogante en personas que son atentadas o afectadas por ¿médicos que no lo son?, o ¿errores en manos de un mortal?

Uno de los aspectos que ha tenido un gran cambio durante las épocas transcurridas es el tema del matrimonio, debido a que la sociedad en sí ha cambiado su manera de pensar (cada uno toma sus propias decisiones). Vemos que en la Francia del siglo XVII había gran predominio del poder de decisión que los padres ejercían sobre sus hijos, éste es el caso de Angélica que por hacer caso a la voluntad de su padre aceptó la decisión de casarse con Tomás, recién egresado de medicina. La razón fundamental para que ésta se case era para que él (Argán) reciba los privilegios de tener un médico en su familia y para su tratamiento gratuito de por vida. Este aspecto de la sociedad del contexto de producción no se presenta en la actualidad, ya que hoy en día los padres dejan que sus hijas tomen sus propias decisiones respecto al matrimonio, por lo que en este aspecto existe desinterés económico y sin la búsqueda del prestigio social, por lo que la mayoría de las personas en estos tiempos se casan por el amor que los une.



Sin excluir la importancia de los temas mencionados anteriormente, nos interesa destacar una relación entre arte y realidad, entre ficción e historia. Esto se da a conocer cuando el personaje de Argán finge estar muerto para descubrir la verdad y así se da cuenta de que en el entorno que convive existe una realidad distinta a la que él pensaba, que la persona que lo quería de verdad era indudablemente su hija, la que ejercía la voluntad de su padre y no le importaba su herencia, contrariamente a la esposa de Argán que sólo esperaba la muerte de su marido. Por lo tanto, a través de la ficción, Argán, el gran fingidor, el enfermo imaginario, pudo develar los verdaderos sentimientos y fines de los que lo rodeaban.

A nuestro parecer, esto es una metáfora de la función que Molière le asignaba al teatro y, por ende, al arte. Frente al conocimiento científico, que comienza a gestarse en la Edad Moderna con el método experimental, Molière opone el arte, pues en el lenguaje de la ciencia descubre falacias, asentadas en este nuevo dogmatismo del saber. El arte, por el contrario, sería un lenguaje más auténtico y la ficción, lejos de ser sólo “imaginación” es el espejo en que las sociedades pueden mirarse para descubrir sus efectos. Creemos que esto resulta muy atingente a nuestra época, aun deslumbrada por los rápidos cambios generados por la ciencia y la tecnología, los que, como Molière nos demuestra, están vacíos de sentido, sentido que sólo el arte puede reconstruir. Por lo tanto, podemos concluir que, más allá que ser sólo una diatriba contra los médicos, éstos simbolizan una nueva fe, la de la ciencia moderna, y que debemos permitirnos ser escépticos, pues, como dice el título de un libro de Humberto Maturana, a menudo “la objetividad es un argumento para obligar”.


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