Ser hombre negro y joven: construcción de identidades masculinas entre sectores populares excluidos en cali (colombia)



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SER HOMBRE NEGRO Y JOVEN: CONSTRUCCIÓN DE IDENTIDADES MASCULINAS ENTRE SECTORES POPULARES EXCLUIDOS EN CALI (COLOMBIA) (*)


Fernando Urrea Giraldo1

Pedro Quintín Quilez2



La gente es muy racista. Más que todo los blancos. O sea, uno sale para otros barrios y hay veces que, como uno es negro, piensan que todos los negros son ladrones y empiezan a mirarlo mal. Uno les pasa al lado, a un riquito, uno que tenga más o menos, y se le esquivan a uno pensando que uno los va a robar. [En Cali] cuando uno sale por el centro, que la gente va a comprar su ropa, lo ven a uno así. Unos negritos así, y ‘¡No! Este me va a robar’, y también uno siente. Mauricio, joven negro, 19 años, barrio Charco Azul.

Cali es una ciudad mestiza en términos raciales, en la que no puede desconocerse que operan relaciones interraciales con amplio mestizaje a lo largo de todas las capas sociales de la población. Sin embargo, como veremos, los procesos de exclusión social en Cali tienen un componente de segregación socio-racial del espacio urbano (Barbary, 1999 y 2000; Urrea, 1999; Urrea y Murillo, 1999), a la vez que las mismas relaciones interraciales están marcadas por un racismo, entre sutil y explícito, que también afecta a los grupos negros y mulatos de clase media, incidiendo negativamente en sus posibilidades de movilidad social (Bruyneel y Ramírez, 1999).


Nuestra atención se dirige hacia el análisis de algunas formas de sociabilidad que atañen a la elaboración de identidades masculinas entre hombres negros menores de 25 años en sectores populares, residentes en algunas de las áreas más pobres de la ciudad con la mayor concentración de población negra-mulata. Nos interesa la relación entre las dimensiones de la sociabilidad, las condiciones de exclusión con segregación espacial de orden socio-racial y la producción de subjetividades. Quiere ser una mirada en la que el contexto social forma parte del juego de interacciones a escala micro y, por lo mismo, es central en la construcción de las figuras masculinas deseadas y asumidas. Así, el artículo presenta primero algunos datos generales de las poblaciones estudiadas, analiza la producción de determinadas figuras masculinas hegemónicas entre los jóvenes negros, sigue con la presentación de nuevas figuras que aparecen como fisuras a esa identidad hegemónica, y sugiere una serie de conclusiones a la manera de hipótesis de trabajo.

Este texto asume la crítica que Peter Ratcliffe (1999) hace a las investigaciones que establecen correlaciones simples y mecánicas entre indicadores macro de segregación social y los procesos subjetivos en que se manifiesta las dinámicas de “exclusión”; en especial cuando se crean agrupaciones analíticas a partir de los datos macro que no se corresponden necesariamente con aquellas que ordenan los procesos micro:



“La investigación académica continúa influenciando el pensamiento en esta área. Un conjunto importante de temas está concernido con las necesidades y aspiraciones de diferentes comunidades. Estos últimos grupos a veces son asumidos erróneamente no sólo como homogéneos internamente sino culturalmente estáticos e imbuidos de ciertos valores tradicionales y de actitudes fijas. Esta estereotipación, si no es mostrada (por la investigación) sería sesgada, y puede ser problemática en el sentido en que adopta un conocimiento de sentido común que tiene reales efectos materiales en términos de una panoplia de procesos de exclusión” (Ratcliffe, 1999: 17 [traducción nuestra]).
Igualmente quisiéramos matizar una posible interpretación que fácilmente se podría desprender de la lectura de este texto: la de que nuestros entrevistados son individuos “incompletos” cuyas vidas giran en torno a la construcción y reivindicación de una identidad particular –individual o colectiva-, tal y como suele pasar cuando se estudian jóvenes (cf. Amit-Talai y Wulff, 1995) y/o minorías étnicas o raciales (Mistry, 1999).

UNAS POBLACIONES POBRES, NEGRAS Y JÓVENES


Según la encuesta del Banco Mundial-Cidse, los hogares afrocolombianos3 constituyen el 37.2% de los hogares de Cali. Sin embargo, en los cuatro conglomerados geográficos las variaciones son importantes4: la franja oriental de la ciudad concentra el 48% de los hogares afrocolombianos y ellos representan el 45% de los hogares de ese conglomerado; el centro oriente el 24% del total de los hogares afrocolombianos y el 38% de los hogares de esa área urbana; mientras en la zona de ladera apenas residen el 8% de todos los hogares afrocolombianos, siendo el 28% de los hogares en esta zona y finalmente en la zona del corredor de clases medias, medias-altas y altas, habitan el 20% de los hogares afrocolombianos con un 28% de los hogares de este conglomerado. En cuanto a la distribución de la población total por conglomerados, hay una significativa sobreparticipación de los hogares afrocolombianos en la franja oriental, una casi igual participación de hogares afrocolombianos y no afrocolombianos en la zona centro oriente y una caída en la participación de hogares afrocolombianos en las de ladera y corredor.
Ahora bien, en términos socio-raciales (fenotípicos), el 32% de la población de la ciudad es negra-mulata –un 13% negra y un 19% mulata. En el caso de la franja oriental esta población alcanza el 40%, mientras en la zona centro oriente es del 31%, en ladera el 22.4% -destacando aquí la población mulata- y en corredor el 24%. En el caso de la franja oriental las categorías “negro” y “mulato” juntas constituyen un valor porcentual mayor que las otras dos categorías significativas, “blanco” (37%) y “mestizo” (22%). En definitiva, el eje que se desplaza desde el centro hacia el nororiente y suroriente de la ciudad marca un aumento considerable de la población negra-mulata, sobre todo negra. Por otra parte, el eje hacia la ladera (occidente) es más mulato y mestizo, con una participación también de población blanca; la población mestiza participa tanto en la franja oriental como en la zona del corredor central y de ladera; finalmente, la población blanca es dominante en el corredor medio-alto, parte de la zona de ladera y en algunas comunas del centro oriente. Se evidencia así la existencia de una segregación espacial socio-racial, con incidencia en los patrones de desigualdad social5.
Por otro lado, la población negra-mulata es más joven que la blanca-mestiza, para el conjunto de la ciudad, y tiene índices de masculinidad totales ligeramente menores. Los tamaños promedio del hogar son ligeramente mayores en los afrocolombianos (4.5 frente a 4.2 personas por hogar en los no afrocolombianos). Además, se constatan datos significativos de desigualdad social: los hogares afrocolombianos presentan una mayor concentración en el primer quintil de ingresos, así como los índices de hacinamiento promedio son también más altos. Igualmente hay una acumulación desigual de la población menor de 20 años en el primer quintil de ingresos (un poco más del 60% de la población masculina en los hogares afrocolombianos del primer quintil que viven en el oriente es menor de 20 años, mientras las mujeres alcanzan un poco menos del 50%). Lo sobresaliente es que se trata de una población muy joven asociada a condiciones de extrema pobreza y con una sobre participación de población masculina en edades menores a los 20 años. Cabe destacar que se trata de una población masculina extremadamente joven y con un fuerte desbalance de figuras masculinas en edades superiores a los 20-25 años, lo cual es un elemento que incide, como veremos, en la construcción de las subjetividades masculinas de los jóvenes negros a partir de la recurrencia de una fuerte competencia entre pares, especialmente si –como es el caso- una buena parte de ellos está por fuera del sistema escolar y las condiciones de trabajo son precarias, especialmente en un contexto donde se da también la segregación laboral en términos socio-raciales, con peores ocupaciones y más escasas posibilidades de encontrar empleo para los afrocolombianos (cf. Urrea y Ramírez, 2000; Urrea, 2000).

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