Ser Mujer en la calle: imaginarios urbanos de mujeres universitarias



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Ser Mujer en la calle: imaginarios urbanos de mujeres universitarias

Carolina Córdova Farías PERÚ

PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL PERÚ

Resumen: La presente investigación recoge experiencias de 'acoso sexual callejero' en mujeres entre 18 y 29 años y analiza cómo es que afecta los imaginarios urbanos a través de las tácticas.

Género-acoso callejero-violencia-feminismo.


Introducción

Conforme vamos creciendo e incorporándonos en la sociedad, vamos aprendiendo las reglas, lo que es y no es aceptable dentro de ella. Hay normas que se van asimilando a través de la socialización, donde lo socialmente permitido varía según diferentes nociones, el presente caso se centra en el género y el espacio público, siendo el primero uno, sino el más, importante en la mayoría de culturas.

El tema a tratar investiga la relación entre los imaginarios urbanos y el uso del espacio público de mujeres universitarias que han experimentado el ‘acoso callejero’. Dicho fenómeno desempeña un papel importante en la definición de los imaginarios urbanos de mujeres universitarias que, suelen sentir rechazo y se materializa en una serie de acciones para evitar o, si quiera, intentar disminuir la probabilidad de experimentarlo, denominados como ‘tácticas1’. En muchos casos, las acciones que realizan ya no son hechas de forma consciente, pues se han convertido en parte de su rutina. Por lo mismo, se desea conocer cuáles son los imaginarios urbanos y las tácticas por parte de un grupo de mujeres universitarias, en el contexto del ‘acoso callejero’ sobre su espacio público.
Reflexión Teórico-Metodológica

Se tienen tres conceptos principales; el acoso callejero, la violencia y los imaginarios urbanos.

El acoso callejero son las acciones como las miradas persistente, frases, gestos, silbidos, sonidos de besos, tocamientos, masturbación pública, exhibicionismo, seguimientos); con un manifiesto de carácter sexual (Vallejo, 2013) pero por la presencia de las tecnologías, también estoy contando las fotos y filmaciones. Este fenómeno suele encontrarse en la relación de ‘hombre’ a ‘mujer’ en el espacio público, y se considera violencia de género. Asimismo, es otros tipos de violencia, Burgois (2005) es el autor que recopila las definiciones. La violencia estructural se basa en la manera en que las grandes fuerzas políticas y económicas históricamente enraizadas ocasionan estragos en sectores de la población socialmente vulnerables; la violencia simbólica es ejercida cuando unos agentes dotados socialmente pueden realizar algún tipo de agresión y el agraviado lo acepta y obedece, cumpliendo lo que se espera, donde se reconoce la superioridad del otro. Y por último, agrega, la violencia cotidiana o normalizada, los diferentes tipos de agresiones que suceden diariamente, hacen que se normalice la violencia tanto en la esfera pública como en la privada. A nivel micro lo explica como prácticas y expresiones de agresión interpersonal habituales que se emplean para normalizar la violencia a un nivel micro. Él lo explica de la siguiente forma: “… está diseñada para analizar cómo la violencia diaria puede crecer y cristalizar en una “cultura de terror”-invocando a Taussing (1987)-, en otras palabras, en un sentido común que normaliza la violencia tanto en la esfera pública como en la privada (Bourgois, 2005, p. 13).

Estas experiencias influyen en los imaginarios urbanos, comprendidos como el entendimiento de la ciudad como un lugar para habitar y ser imaginado; las ciudades se configuran con las imágenes, fantasías heterogéneas; donde los recorridos son una forma de apropiación del espacio urbano (García Canclini, 1999). Se imagina lo que no se conoce, como afirmaría García Canclini (2007) o lo que no es, lo que aún no es; remite a un campo de imágenes diferenciadas de lo que empíricamente se puede observar; son elaboraciones simbólicas de lo que uno observa, lo que atemoriza, o lo que se desea que exista relacionados a la seguridad o inseguridad.

Por otro lado, el espacio público entendido como los puntos de encuentro, tangibles e intangibles, que puedan formar una unidad en plena diversidad y la ciudadanía; componente fundamental para la organización de la vida colectiva y la representación de la sociedad, que construye su razón de ser en la ciudad y es uno de los derechos fundamentales de ella; el derecho al espacio público como derecho a la inclusión, como explicaría Carrión (2007). El espacio público, se lleva a cabo en la ciudad y, como él mismo afirma, es un término difuso. Manifiesta que, si bien es cierto, el Estado regula el espacio público, ello tiene un límite, lo demás está normado por las personas que conviven en el espacio público, por eso permite cierta “libertad”. Complementando, Borja (2003) cita a Habermas afirmando lo siguiente: “… la ciudad es especialmente el espacio público donde el poder se hace visible, donde la sociedad se fotografía, donde el simbolismo colectivo se materializa” (Borja, 2003, p. 120). Es decir, se observa quién ejerce poder sobre quién a través de acciones concretas. Ello mantiene relación con la idea de que el hacer una historia de los espacios es hacer, al mismo tiempo, una historia de los poderes (Foucault, 1980). Por ello, se entiende al espacio público como el lugar donde sucede es el espacio público, entendido como puntos de encuentro, tangible e intangible, que mantienen relación con la ciudad, donde se ejerce ciudadanía y existen tensiones, te permiten cierto nivel de libertad y donde se ejercen relaciones de poder.

Debido a que el estudio se centra en las perspectivas de los actores, el enfoque a aplicar es cualitativo y está basado en mujeres universitarias entre 18 a 29 años, debido a que es el rango que experimenta mayor frecuencia de acoso (Vallejo, 2013) cuyo principal medio es el transporte público. Es por ello que el grupo de entrevistadas es heterogéneo, son mujeres de diferentes rasgos fenotípicos, estrato socio-económico y lugar de procedencia. Hay dos entrevistadas que han vivido en otras regiones del Perú pero migraron2 a Lima por estudios secundarios y/o superiores.

En un contexto de violencia cotidiana, las personas, en este caso las mujeres universitarias, generan una serie de tácticas para evitar que el acoso callejero se efectúe. Esto forma parte de su sentido de usar, sentir, imaginar y ejercer sus derechos dentro de su propia ciudad. Esta investigación se basa en entrevistas semi-estructuradas a las participantes (12), pero también se entrevistó a un grupo menor de hombres (3) que comparten las mismas características para usar su información como un punto referencial.

SER MUJER EN LA CALLE: HALLAZGOS


Hay siete ideas principales sobre el imaginario urbano que se han encontrado hasta el momento. En primer lugar, Lima es peligrosa; en segundo lugar, es que se relaciona con la de inseguridad y el acoso callejero. Tercero, en ambos casos, ellas afirman mayor exposición a experimentarlos porque se las considera débiles, más fáciles de robar y/o acosar. Cuarto, en la noche el temor se acrecienta, y la idea de ser violadas o sufrir algún tipo de abuso sexual en una calle solitaria les parece más probable. En quinto lugar, los problemas de Lima se relacionan a las interacciones con las personas; mientras que el paisaje, las actividades, los lugares, son el lado positivo. En sexto lugar, aunque Lima tenga una gran cantidad de personas, existe la sensación de que nadie te va ayudar en caso de necesitarlo. Finalmente, quienes están encargados de cuidar en la ciudad no cumplen con sus funciones.

En su experiencia, las personas que suelen realizarlo son, en resumen, hombres en la calle; aclarando justamente que puede ser cualquiera, inclusive “los que no parecen”, ya sea que estén en grupo o solos. Sin embargo, mencionan más a los obreros de construcción3 y lo relacionan con nivel de educación y estrato socio-económico. Es así que los lugares donde piensan que hay más situaciones de acoso, por momentos, están relacionados a dichos estratos.

Con respecto a las tácticas, en general son de evitar o disminuir los escenarios donde es probable el acoso callejero, con lógicas que manejan todas, el principal es evitar llamar la atención, pasar desapercibidas. Cuando se trata de observaciones o miradas persistentes, saludos, silbidos, sonidos de besos u otros; las tácticas son el uso de audífonos, parecer molestas, mirar ‘mal’, caminar ‘como hombre’, y si aun así les ha sucedido, simplemente fingen que no pasó nada. Todas, en algún momento, han reaccionado, al ver que la situación no cambiaba y/o por temor a represalias, no lo hicieron más. Una cantidad menor afirma que puede responder en ocasiones pero cuando están con un hombre. Para el caso de los tocamientos hay dos lugares; en la calle y en el transporte público. Para el primero, evitan, principalmente, grupos de hombres con los que se vayan a cruzar; ellas cruzan al frente de la calle o se van por una calle paralela. Si es que no pudieron hacerlo por alguna razón, los bordean yendo por la pista, a excepción de dos entrevistadas que son las que suelen responder. Sin embargo, en el caso de estas dos, es porque piensan que empeoraría la situación y prefieren caminar por el medio, considerándose ‘valientes’ por hacerlo. Cuando les han tocado, ha sido tan rápido que no tuvieron tiempo de reaccionar, las que sí reaccionaron, gritaron e insultaron, pero sintieron impotencia al no ver mayores consecuencias.

En el caso del transporte público, todas coinciden en que es el lugar donde el acoso callejero es más frecuente. Es aquí donde las acciones de acoso que más suceden son los roces o los tocamientos no deseados. En primer lugar, no se suben a un transporte público lleno. Si es que no pudieron evitarlo por alguna razón, prefieren sentarse hacia la ventana, de manera que al evitar el asiento del pasadizo no tienen que lidiar con hombres que les rozan el hombro o los senos con su pene, o les intenten tocar los senos con la mano. Luego, si se encuentran sentadas para el lado del pasadizo y un hombre empieza a rozarles, lo primero que hacen es alejarse. Algunas miran mal también, si continúan los roces recién dicen algo en voz alta para que deje de hacerlo. Si es que se encuentran paradas, se ubican en un lugar donde no haya tantas personas y miran de tal manera que es obvio que están atentas para desalentar a los hombres que la intenten tocar, performan la atención y el mal humor, para así marcar el espacio que ocupan. Si es que no pudieron, ocultan su trasero evitando ponerse en un lugar donde haya un hombre atrás de ellas, se ponen de costado o diagonal.

Por otro lado, todas coinciden en 3 partes del cuerpo que reciben más atención: senos, trasero y muslos, para ello evitan vestirse con ropa que resalte estas. En la mayoría hubo un familiar, usualmente la madre, que les aconsejó u obligó a no salir vestidas con esas prendas4. Cuando han comentado sobre experiencias a sus familias, sea porque ha sido por desahogo, se asustaron o sintieron cólera, a excepción de dos casos5, la familia ha reaccionado echándoles la culpa o por su vestimenta o por estar solas en la calle.

El acoso callejero no es lo único que las hace sentir más vulnerables en la calle.

También señalan que si tienen que regresarse tarde de noche6 o madrugada, evitan regresar solas. Si no tienen con quién regresarse se quedan en sus casas, si tienen dinero, la mayoría prefiere tomar un taxi seguro, lo que es más costoso7 y dado que es un grupo de diferentes situaciones económicas, no todas pueden pagarlo. Evitan también tomar taxis de la calle, sino es porque se regresan con alguien más o se quedan a dormir en la casa de una amiga. Ello implica que tienen que saber con anticipación cómo es que se van a regresar. La peor situación que se imaginan les puede suceder es el ser violadas8 y por eso evitan los lugares solitarios, especialmente de noche. Ellas intentan estar acompañadas; si no, caminan rápido y sus rutas son escogidas por considerarlas más seguras. Si están en una calle solitaria y ven a un hombre que se acerca, prefieren mantener distancia, o hacer como si hablaran por teléfono con alguien.



Análisis y discusión

¿Alguna vez te han robado? ¿Has notado que luego de un robo evitas pasar por ese lugar y, en general, te sientes menos seguro que antes al desplazarte por la ciudad? También empiezas a ver a la gente como potenciales ladrones, desconfías más. Tu vínculo con tu ciudad y tus vecinos se debilita.

(…)

Si crees que un robo no es equiparable a las experiencias que sufren las mujeres, tienes razón. Para las mujeres, el acoso callejero puede ser mucho peor pues involucra a su cuerpo (que es parte importante de su identidad) y no a un objeto ajeno, como pasa en el caso de un robo. ()



Los imaginarios urbanos son una forma de aproximarse a su experiencia en la calle, pues permiten conocer, inclusive, por medio de las sensaciones su realidad (Silva, 2012). La fotografía que los resultados enseñan, estaría retratando quién ejerce poder sobre quién a través de acciones concretas (Borja, 2003). En el caso del acoso callejero, son los hombres quienes ejercen sobre las mujeres y la mayoría no reacciona, avalándolo y en ese sentido, se normaliza. Asimismo, su experiencia es, principalmente, ‘negativa’. Estas tres características; la inseguridad, tráfico y acoso callejero, retratan lo que sucede cotidianamente en la ciudad. Los imaginarios no se reducen sólo a lo subjetivo9, la subjetividad está organizada socialmente y las variaciones de perspectivas del sujeto están condicionadas (García Canclini, 2007). Cabe resaltar que suelen hacer la salvedad que hay personas buenas, pero por todo lo descrito, no pueden simplemente caminar sin tener que, al igual que sus objetos, ‘guardar’ su cuerpo de mujer. Lima es una ciudad dinámica también; sin embargo es el trato a la mujer en el espacio público les afecta directamente en su ejercicio de ciudadanía. En ese sentido, un hecho resaltante es el temor a ser violadas en el espacio público, no sólo por la gravedad sino porque la razón de ello es el ser mujer, este tipo de respuesta no se encuentra en las entrevistas a hombres. El ser mujer en la calle demuestra cómo el género funciona, pues están siendo tratadas como se piensa que se deben tratar a las mujeres. Una mujer sola en la calle está insegura, se sienten más seguras con la presencia de un hombre con ellas, lo que las hace dependientes a ellos para ser menos vulnerables. Otro elemento que ayudaría a comprender el imaginario son los medios de comunicación, pues las noticias están centradas en muertes, asesinatos, violaciones.

Las estructuras de las relaciones sociales que permiten el acoso callejero indican la inequidad de género que existe. Se puede entender al acoso callejero, en parte, como un mecanismo de control del orden donde la mujer sigue siendo ‘lo otro’, la mujer-objeto, se la mantiene en su lugar. De igual manera, este fenómeno hace que ellas no puedan disfrutar del anonimato y la individuación que existen en el espacio público, sufriendo de hipervisibilización como objeto de atención ajena (Delgado, 2007). En ese sentido, todavía está presente la idea base al espacio público como espacio masculino; y el ámbito privado como lo femenino. Es un espacio rudo, agresivo, deberían saber soportar si desean usarlo. Es también una manera con la que los hombres performan su masculinidad, demostrando su deseo por la mujer, su heterosexualidad obligatoria, su ‘ser hombre’, tratando a la mujer como lo que ‘es’. Por eso, una de las tácticas en caminar ‘como hombre’, porque se supone que a los hombres no les gustan otros hombres y parecerlo, generaría rechazo. Sin embargo, en las últimas décadas, las mujeres lo han invadido, pues ahora trabajan y necesitan desplazarse y al hacerlo, se apropian del espacio público. Se podría ver como una reacción frente a ello. En este punto, es importante resaltar la labor del Observatorio Paremos el Acoso Callejero de la PUCP y la Marcha de las P.U.T.A.S. que al juntarse visibilizaron el problema que siempre estuvo ahí. Al punto que se creó una nueva ley penalizando estas prácticas. El problema con esto, si no se tiene la suerte de haber sido acosadas en un lugar con cámaras, por la misma naturaleza del acoso que es rápido y en muchos casos de corta duración e inclusive sutiles, presenta dificultad para pedir el nombre a la persona para poder denunciarla. Aún si se realiza, podría terminar sólo con la denuncia sin haber represalias por no poder probarlo. El apoyo por parte de las mujeres hacia estos colectivos es una señal de que efectivamente se está generando un cambio de mentalidad basado en reclamar su ser ciudadanas. El Facebook ha ayudado a su difusión, sirviendo de plataforma de información y como medio para ayudar a transformar la mentalidad. También se puede observar discusiones entre personas que normalmente están en contra, mayoritariamente hombres, y mujeres, que siguen culpabilizando a la mujer, y empleando los estereotipos hacia las feministas como ‘exageradas’ o ‘histéricas’ para deslegitimar. Aún queda un largo recorrido por hacer y sólo eso no va a ser suficiente.

Con respecto a las frases del acoso callejero, se habla de groserías y faltas de respeto como parte de los “piropos” en oposición a los “galantes” o “piropos con respeto”, ambos siguen mantiendo la misma lógica de ver a la mujer como objeto, como el individuo delicado que se define según su validación, algo que admirar por su belleza. Y es casi preferido por parte de una minoría de entrevistas, en el caso de que pudieran escoger entre los ‘respetuosos’ e ‘irrespetuosos’.

Es verdad, si miramos hacia el pasado, la situación de la mujer ha mejorado; no obstante, no quiere decir que las desigualdades y la exclusión que experimenta ya no estén presentes, se reproducen en la educación, se enseña el miedo a lo que hay más allá de sus puertas, por lo que hay lugares y conductas vedadas a mujeres (Delgado, 2007). La crianza diferenciada según el género, para las mujeres, ha hecho que aprendan a callar, aprendan que son el sexo débil, además de lo ya mencionado, ¿cómo se espera que empiecen a denunciar? Si cuando, todavía, comentan con sus familias y/o amigxs lo que sucedió, la mayoría las culpabiliza de una forma u otra, si ellas mismas siguen pensando que si se visten ‘provocadoras’ es su culpa, no se deben quejar. Es este tipo de reacciones que influencian en su forma de comprender la ciudad y manejarse dentro de ella, pero además, de comprenderse a ellas mismas como mujer-objeto, son ese algo que deben ocultar, mediante su forma de vestir, o caminar, para no provocar.

Finalmente, si bien es cierto parece haber relación entre la frecuencia con que un grupo de hombres acosa, y el nivel socio-económico, no se puede afirmar que se trata de una relación directa, pues, se trata de hombres en la calle. Y en este caso, los hombres que trabajan viendo hacia la calle como los obreros de construcción, vigilantes, autoridades, son los que se encuentran más tiempo en ella.
Aportes al problema y comentarios finales

Hay un tema que sobresale, y es que hay una relación entre la inseguridad, el miedo, el no reaccionar y la actitud de la familia de las entrevistadas cuando les ha sucedido este tipo de situaciones en la calle. Las dos únicas mujeres que sí reaccionan, coinciden en que sus familiares, desde niñas no las han culpabilizado de lo que les ha sucedido en la calle. Y una en particular, que muestra resistencia, su padre le enseñó a insultar para defenderse. En el resto de casos, las entrevistadas suelen sentir mayor inseguridad y tienen menor probabilidad de responder; siendo más fuerte en los casos donde la culpabilización ha sido más fuerte y clara.

El que organizaciones de mujeres hayan conseguido la ley contra el acoso sexual callejero ha sido un gran avance. Sin embargo, aunque es importante el estar respaldadas por la ley, ello no lo es todo. Una crítica constructiva al feminismo es el concentrarse en lo estatal como solución, cuando el resto de la sociedad sigue igual, muchas veces se deja de lado el ámbito privado.

Una posible solución iría por incentivar a las madres, padres y/o apoderadxs de familia a no culpabilizar a la niña/adolescente, explicando las razones, de manera que puedan demostrar apoyo. Asimismo, instruir las razones por las que no son culpables y cómo reaccionar en esos casos. Y, sin olvidar, transmitir lo mismo a los niños. En muchas ocasiones, el feminismo ha enfocado sus soluciones en las mujeres porque son las afectadas directas, sin embargo, usualmente se olvida también de tratar el problema de raíz, y uno de los lados es justamente la del agresor.


Conclusiones

  • Las mujeres experimentan la calle con miedo por ser mujeres (y todo lo que ello significa).

  • Como una medida paliativa, ellas aplican las tácticas, debido a que no consideran que se pueda hacer un cambio en caso de reaccionar. Estas tácticas afectan su derecho a la ciudadanía.

  • Las tácticas no siempre funcionan (salvo la de no salir a la calle). No obstante, ellas igual las siguen empleando debido su objetivo es reducir la probabilidad que estas situaciones sucedan. Y en la mayoría de los casos, ellas terminan responsabilizando a las mujeres también por el acoso que reciben debido a su forma de vestir.

  • Lo que afecta al imaginario urbano de las entrevistadas es principalmente el apoyo de la familia en un inicio, pero también hay otros elementos como el lugar de origen y el poder adquisitivo. Dicho apoyo hace la diferencia entre aplicar tácticas o mostrar resistencia a la violencia.

  • Las mujeres tienen espacios donde aprenden de otras mujeres con más experiencia a lidiar con las consecuencias de ser tratadas como mujeres según su cultura.

Bibliografía

Municipalidad de Lima Metropolitana

2015 Disponible en: http://www.munlima.gob.pe/programas/seguridad/serenazgo-de-lima

Vallejo en IOP; 2013: 4. En: http://textos.pucp.edu.pe/pdf/2678.pdf


El Umbreo dice (2015) "Me da miedo salir de mi casa en vestido"


Recuperado el 30/08/2015 de http://umbreondice.blogspot.com/2015/08/me-da-miedo-salir-de-mi-casa-en-vestido.html
Carrión, Fernando. (2007) “espacio público : punto de partida para la alteridad.” En Olga Segovia. Espacios públicos y construcción social. Hacia un ejercicio de ciudadanía.

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Castro, m. Del rosario (2005) mujeres profesionales jóvenes: redefinición de roles tradicionales femeninos. /tesis para obtener el grado de licenciatura/ lima: pucp/ facultad de ciencias sociales/sociología.

García Canclini, N. (1999) imaginarios urbanos.

Buenos aires: editorial universitaria de buenos aires

García Canclini, N. (2007) Alicia Lindon: Diálogo con Néstor García Canclini “¿Qué son los imaginarios urbanos y cómo actúan en la ciudad?

Revista Eure, Vol. XXXIII, No 99, Santiago de Chile, agosto de 2007.

Silva, Armando (2012) Recuperado el 10/08/2015 de: http://www.imaginariosurbanos.net/index.php/es/teoria



1 Las tácticas se entienden como “el arte del débil”; operan a partir de acciones aisladas, toman ventaja de oportunidades y dependen de ellas, existiendo sin ninguna base donde puedan acumular sus logros, construir su propia posición y planear incursiones. Son operaciones al margen del discurso de poder, desarrolladas a manera de transgresión, pero a la vez buscando una posición de dominio. Las tácticas, para De Certeau, son formas para que la gente desarrolle significados, a partir de una situación dada. (SAUCEDO, I. A. & TARACENA, 2011: 280). Para analizar sus imaginarios, se empieza por cómo describen la ciudad de Lima y su experiencia en ella. Luego, cuáles son los sentimientos asociados con la ciudad, seguido de las acciones empleadas para evitar o disminuir la experiencia de acoso callejero. Finalmente, para conocer si hay relación entre los imaginarios urbanos y los usos del espacio público, se explora la manera en cómo usan la calle.



2 Característica de Lima es el estar compuesta por migrantes en su mayoría.

3 También a los hombres ‘descuidados’ físicamente.

4 También se considera la cara, lo que varía según su experiencia, por lo que evitan salir ‘muy arregladas’ a la calle o terminan de hacerlo una vez que se encuentran en el lugar al que se dirigían.

5 Justamente las dos entrevistadas que suelen responder.

6 Usualmente se refieren a partir de las 9 de la noche.

7 Suele ser el doble del precio regular.

8 Luego estaría que las toquen un grupo de hombres.

9 Asimismo, también son prácticas sociales de actores que no tienen la intención de generar algún tipo de conocimiento científico social (García Canclini, 2007). A ello se le suma la cuestión urbana, lo que trae consigo preguntas como lo que se puede conocer de una gran ciudad; si son fragmentos o parcialidades, si la ciudad es heterogénea donde coexisten muchos imaginarios, entonces, ¿se puede afirmar algo con cierto grado de generalidad? (García Canclini, 2007).



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