Shakespeare, (a)cerca de la muerte Manuel Palazón Blasco



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Shakespeare, (a)cerca de la muerte

Manuel Palazón Blasco

ISBN 978-84-16048-30-4

Depósito Legal: V-3165-2013
Shakespeare (a)cerca de la muerte
Índice
Cavilaciones…9
Prólogo, 9.-- “All is naught.”, 10.-- Querella de Venus contra la Muerte, 11. -- “¿Qué se hizo?”, 13. -- Donde no llegan los reyes, 14. -- “Los plazeres e dulçores desta vida trabajada…”, 15. -- “assí que no [h]ay cosa fuerte…”, 17. -- ¡Morir joven, y perfecto!, 19. -- Una vida mejor, 20. – Perecedero, 21.
Suertes del cuerpo y del alma…23
Prólogo, 23. – Epitafio, 24. -- “‘Tis too horrible…”, 25. -- Noticias del Más Allá, 26. -- Maneras de muerte de Cleopatra, 28. -- Visión y pensamiento de Catalina, 29. -- La muerte según Julieta, según Romeo, 30. -- El Infierno, 33. -- “Afondado cinco brazas yace tu padre…”, 34.
Muertes fingidas…35
Prólogo, 35. – Hero, 36. – Hermíone, 39. – Julieta, 41. – Thaisa, 42. – Helena, 43.
“Morir, dormir; / Dormir, tal vez soñar…” …45
La muerte como sueño, 45. – Bellas durmientes, 46. – El príncipe y Blancanieves, o la Bella Durmiente, 46. -- La mirada de Tarquino (Lucrecia), 47. – La mirada de Yáquimo (Imógena), 48. – La mirada de Otelo (Desdémona), 50. – La mirada de Romeo (Julieta), 51.
Tálamos nupciales, lechos de muerte…53
“a thing like death”, 55. – Julieta, 55. – Imógena, 57. – Thaisa, 58. – Actas de la muerte de Cordelia, 60.
La Muerte y la Doncella…61
Prólogo, 61. – La Muerte y Marco Antonio, 62. – La Muerte y Claudio, 63. – La Muerte y Adonis, 64. – La Muerte y Julieta, 65 .—La Muerte y Doña Constanza, 69. – La Muerte y Cleopatra, 70.
Muertos de amor…73
El Ave Fénix y el Tórtolo, 73. – Romeo y Julieta, 74. – Antonio y Cleopatra, 75. – Melancolías, 78. – Lear, 80. – Otelo, 81.
Ahogados…83
Prólogo, 83. – Sebastián y Viola, 84. – Pericles, 86. – Katherine Hamlett, 87. – Ofelia, 88. – La Hija del Alcaide, 89. – Thaisa, 92. – “Full fathom five…”, 93.
Botánica…97
Flores nupciales que fueron funerales, 97. – Ofelia, 97. – Julieta, 97. – “maiden flowers / strewments”, 98. – Funerales rústicos de Imógena y Cloten, 99. – Papá, 100. – Una canción fúnebre, 102. – Mortajas hechas de flores, 103. – Ofelia, 103. – La Hija del Alcaide, 106. – Flores póstumas, mágicas, 107.

Cavilaciones


Prólogo
Shakespeare, o sus personajes, meditan sobre la muerte, y sobre lo que vale la vida, mirándose en su espejo.
“All is naught.”
Para Cleopatra, después de perder a Antonio, ya “todo es nada”: “All is naught” (IV, XV, 78). Como “todo es nada” para nuestra santa Teresa, aquí, en el mundo, que a su estupendo amigo lo gozará con menos estrecheces en el cielo, al otro lado de las cosas.
Querella de Venus contra la Muerte
Venus “espió” al cochino montés. Tenía el hocico, “espumoso, tintado todo de rojo, / como si se hubiesen mezclado la leche con la sangre” (900 – 903). Se espantó. ¿Decían aquellas señales el final violento de Adonis?
“‘Tirana de rasgos duros, fea, magra, flaca,

Odiosa divorciada del amor’, así clamaba ella contra la muerte:

Fantasma de mueca horrorosa, gusano de la tierra, ¿qué buscas


Ahogando la belleza y robándole el aliento?…’”

(931 – 934)


Usó luego los argumentos clásicos, de manual. La muerte, ciega, golpeaba “al azar”, y esta vez su “falso dardo” había errado “el blanco” partiendo en dos “el corazón de un niño” (940 – 942).
“‘Los destinos te maldecirán por este disparo:

Te habían ordenado que quitases la mala hierba, y arrancas una flor.

Debería haber volado hacia él la flecha de oro del amor,

Y no el dardo de ébano de la muerte, que lo ha dejado muerto.’”
(945 – 948)
Siguió todavía la diosa con su denuncia, hasta que oyó el cuerno de un cazador. ¿Sería el muchacho?
Ahora deshace la madeja que había tejido:

Adonis vive, y la muerte no tiene culpa alguna.

No, no fue ella, asegura, la que dijo que era una nonada.

Ahora añade honores a su odioso nombre:

Lo1 titula rey de las sepulturas, y sepultura de reyes,

Emperador supremo de todas las cosas mortales.
No, no’, dice, ‘dulce muerte, burlaba nada más,

Perdóname, ¡sentí tanto miedo

Cuando vi al jabalí, la bestia sanguinaria,

Que no conoce la compasión, y se muestra siempre severo!

Sí, gentil sombra, debo confesar la verdad,

Te reñí, temiendo la muerte de mi amado.
No tengo yo la culpa, me tiró de la lengua el jabalí:

Véngate en él, comandante invisible.

Es él, esa terrible criatura, quien te ha ofendido:

Yo no hice sino actuar: él es el autor de tu infamia.

El dolor tiene dos lenguas, y ninguna mujer, hasta ahora,

Ha sido capaz de regir ambas a la vez, sin juntar el ingenio de diez mujeres.’
Así, esperando que Adonis esté vivo,

Exculpa a su apresurado sospechoso y,

Para que su belleza prospere con mayor seguridad,

Coquetea humilde con la muerte,

Le habla de trofeos, de estatuas, de tumbas, y hace historia

De sus victorias, de sus triunfos y de sus glorias.
(991 – 1014)
No le valieron sus loas: enseguida vio a Adonis, muerto nuevo.

“¿Qué se hizo…?”


Warwick se sabe herido de muerte. Ha sido mucho, ha valido mucho, ha tenido mucho, pero ahora regresará al polvo:
--…Mi cuerpo destrozado indica,

Como indican mi sangre, mi falta de fuerzas, mi corazón enfermo,

Que debo rendir mi cuerpo a la tierra

Y, con mi caída, mis conquistas a mi enemigo.

Así se rinde el cedro al filo del hacha:

Sus brazos daban cobijo a la principesca águila,

Bajo su sombra dormía el león rampante,

Sus ramas más altas miraban por encima del árbol de Júpiter

Y protegían a los arbustos del viento poderoso del invierno.

Estos ojos, que ahora apaga el velo negro de la muerte,

Han sido tan penetrantes como el sol de mediodía,

Y buscaban las secretas traiciones del mundo;

Las arrugas de mi frente, ahora llenas de sangre,

Eran comparadas a menudo con sepulcros reales,

Pues, ¿qué rey vivía, que yo no pudiera cavar su tumba?

¿Y quién osaba sonreír cuando Warwick bajaba la frente?

¡Contemplad ahora mi gloria cubierta de polvo y de sangre!

Mis parques, mis paseos, los feudos que poseía

Junto con todas mis tierras, ya me han dejado

Y no me queda otra cosa que el largo de mi cuerpo.

¡Ah, sí! ¿Qué son la pompa, el gobierno, el reino, sino tierra y polvo?

Y, aunque vivamos todo lo bien que podamos, nos tenemos que morir.
(Tercera Parte de El rey Enrique VI, V, II, 7 – 28)
Donde no llegan los reyes
El Rey Ricardo II, compadecido, acortaba el destierro de Bolingbroke, el hijo de Gaunt. Gaunt reflexionó sobre el señorío de los reyes, que puede quitar y poner, y terminar la vida de sus sujetos, pero es incapaz de alargarla un minuto.
Gaunt: Doy las gracias a mi señor, pues, teniéndome en consideración,

Habeís rebajado cuatro años del exilio de mi hijo,

Pero poca ventaja cosecharé yo de este favor,

Ya que, antes de que los seis años que él tiene que pasar

Puedan cambiar sus lunas y cumplir su tiempo,

Mi lámpara, acabado el aceite, y mi luz, agotadas sus horas,

Se habrán extinguido con la edad y con la noche interminable:

Mi pequeña vela se habrá quemado y acabado

Y la muerte, vendándome los ojos, no me dejará ver a mi hijo.

Rey Ricardo: Vamos, tío, tienes aún muchos años por vivir.

Gaunt: Pero no tengo ni un minuto, rey, que tú puedas darme:

Puedes abreviar mis días con la pena,

Y quitarme noches, pero no puedes prestarme una sola mañana;

Puedes ayudar al tiempo a arar mi frente de surcos

Pero no detendrás una arruga en su peregrinaje;

Tu palabra vale mi muerte,

Pero, una vez muerto, tu reino no puede comprar mi aliento.
(El Rey Ricardo II, I, III, 216 – 232)
“Los plazeres e dulçores

desta vida trabajada…”


En Medida por medida el puritano don Ángelo, que gobernaba en lugar del Duque, en Viena, ha condenado a Claudio, porque se había gozado de Julieta sin casarse como tocaba, a muerte. El Duque, disfrazado (vigilaba a su diputado), lo consolaba:
Duque: Prefiere absolutamente la muerte, que tanto la muerte como la vida

Te parecerán entonces más dulces. Razona así con la vida:

“Si te pierdo pierdo una cosa

Que sólo los bobos guardarían. Un aliento, eso eres,

Esclava de todas las influencias celestiales

Que afectan cada hora esta habitación

Donde te alojas. No eres más que el bufón de la Muerte:

Para ella trabajas intentando evitarla,

Pues en tu huida corres aún hacia ella. No eres noble,

Pues todas tus comodidades las alimentan

Bajezas. No eres de ninguna manera valiente,

Pues temes el tenedor blando y tierno

De un pobre gusano. Tu mejor descanso lo encuentras en el sueño

Y a menudo lo provocas, y, sin embargo, miras horrorizada

Tu muerte, que no es otra cosa. Tú no eres tú misma,

Ya que existes gracias a muchos miles de granos

Que brotan del polvo. Feliz no eres,

Pues, aquello que no tienes, te esfuerzas por conseguirlo,

Y lo que tienes lo olvidas. No estás segura,

Pues tus humores cambian, produciendo extraños efectos,

Con la luna. Si eres rica, eres pobre,

Pues, como la mula cuyo lomo doblan los lingotes,

Soportas tus pesadas riquezas una jornada nada más,

Y, terminada ésta, la Muerte te descarga. Amigos no tienes ninguno,

Pues tus propias tripas, que te llaman señora,

Las efusiones mismas de tus entrañas,

Maldicen a la gota, la lepra y el reuma

Por no acabarte antes. No tienes juventud, ni vejez,

Sino una especie de pesada siesta

Cuando sueñas en ambas, pues toda tu bendita juventud

Parece vieja, y pide limosnas

A los paralíticos ancianos, y cuando eres viejo y rico
Te faltan el calor, el cariño, los miembros y la belleza

Que vuelvan placenteras tus riquezas.” ¿Qué queda aún en esto

Que lleve el nombre de vida? En esta vida

Se esconden mil muertes, y, sin embargo, tenemos miedo de la muerte

Que allana todos estos obstáculos.

Claudio: Humildemente os doy las gracias.



Si suplicase por mi vida, me parecería que busco morir,

Y, si busco la muerte, encontraré la vida. Que pase, entonces.
(III, I, 5 - 43)

“assí, que no [h]ay cosa fuerte…”


Escandalizó al príncipe que el enterrador cantase mientras cavaba tumbas (V, I, 65 – 66). Era una “bonita revolución” (V, I, 89) la del zacateca, que maltrataba con su pala cráneos que fueron de políticos que quisieron “burlar a Dios”, o de cortesanos, o de “doña Lombriz”. “¡Tanto que costó la crianza de estos huesos y ahora juegan con ellos a la petanca! Los míos me duelen, de pensar en esto.” El sepulturero cantaba:
Un azadón y una pala, y una pala,

Y, además, una mortaja,

Oh, toca hacer un pozo de arcilla

Para un huésped así.
(V, I, 74 – 95)
Entró Hamlet con su amigo Horacio. Quiso saber para quién desocupaba el hoyo. Para “una que fue mujer, señor, pero, que su alma halle descanso, porque está muerta” (V, I, 131).

Acuclillado a la cabecera de la zanja donde guardarán el cuerpo de su novia de antes, Hamlet se entretiene con filosofías y cuentos de los despojos que el sepulturero va sacando, morboso:


Hamlet: ¿Cuánto tiempo yacerá un hombre bajo la tierra antes de pudrirse?

Sepulturero: A fe mía, si no está podrido antes de morir (que últimamente tenemos muchos cadáveres tocados de viruela que apenas aguantan el entierro) puede duraros unos ocho o nueve años.


(V, I, 158 – 162)
Luego descubrió la calavera de Yorick, el bufón de su padre. Él había besado sus labios, y ahora había perdido la dentadura (V, I, 166 – 189).
Hamlet: Te lo ruego, Horacio, dime una cosa.

Horacio: ¿Qué, mi señor?

Hamlet: ¿Tú crees que Alejandro pintaría así bajo la tierra?

Horacio: Así mismo.

Hamlet: ¿Y olería así? ¡Aj!

Horacio: Así mismo, mi señor.

Hamlet: ¡A qué bajos usos venimos a regresar, Horacio!
(V, I, 189 – 196)
Hamlet imaginó a Alejandro muerto, y enterrado, y convertido en polvo, y el polvo transformado en tierra, y la tierra en arcilla, y la arcilla en el tapón de un barril de cerveza: “El imperial César, muerto y vuelto en barro, / podría terminar tapando un agujero para impedir que entre el viento” (V, I, 196 – 207).

¡Morir joven, y perfecto!


Palamón, en el camino del patíbulo, se consolaba, y consolaba a sus compañeros, que morirían con él:
--…Expiramos,

Y no sin la compasión de los hombres. (…)

(…)

…Nos ahorramos

La abominable miseria de la edad… (…)

(…)

…venimos hacia los dioses

Jóvenes y frescos, y no renqueamos estorbados por crímenes

Numerosos y rancios. Esto placerá, seguro, a los dioses,

(…) y nos convidarán a néctar,

Pues somos espíritus más claros.


(V, IV, 4 – 13)
Palamón y Arcite, los dos “nobles parientes” del título, temían que el mundo, y los años, los corrompiesen.
(En Los dos nobles parientes)
Una vida mejor
Cleopatra ha perdido al amigo, y buscará acabarse detrás de él.
Cleopatra: Mi desolación comienza a procurar

Una vida mejor: es poca cosa ser César:

No siendo la Fortuna, él no es sino su vasallo,

Un ministro de su voluntad. Y es magnífico

Hacer aquello que pone fin a todos los demás actos,

Aquello que pone grilletes a los accidentes, e impulsa el cambio,

Aquello que duerme, y nunca volverá a saborear el estiércol,

El ama de leche del mendigo, y de César.
(V, II, 1 – 8)
(En Antonio y Cleopatra)
Perecedero

Porque somos hombres mortales no duramos para siempre. Aquí el Ave Fénix (pero es hembra) muere en la pira sacrificial con su amigo, el tórtolo. No hay resurrección, ni renacimiento.


La muerte sirve ahora de nido al ave Fénix,


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