Shakespeare, (a)cerca de la muerte Manuel Palazón Blasco


Pero aún no he tomado posesión de ella. Estoy vendida y, sin embargo



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Pero aún no he tomado posesión de ella. Estoy vendida y, sin embargo,


Todavía no me han gozado. Me parece tan tedioso este día

Como la víspera de fiesta

A un niño impaciente, que tiene un traje nuevo,

Y no puede ponérselo.
(III, II, 26 – 31)
Supo entonces por boca de su ama lo de la reyerta en una plazuela de Verona, donde Romeo, “tirano hermoso” (III, II, 75), había matado al primo de su amiga, Tibaldo, un guapo muy retador. El alcalde desterraba a Romeo, y Julieta, su “mujer de tres horas” (III, II, 99), se veía viuda y entera sin remedio.
--Ven, cuerda, ven, tía: iré a mi lecho conyugal,

Y que la Muerte, en lugar de Romeo, me desvirgue.
(III, II, 136 – 137)
“…I’ll to my wedding bed,

And death, not Romeo, take my maidenhead.”


Viuda nueva y virgen, Julieta casaría en segundas nupcias con la Muerte, y le ofrece su flor maravillosa.
*

Pero vino Romeo adelantado, entró por su ventana, le robó el nido. La mañana, peligrosa, los separó con mucho trabajo. Se fue él al fin, y entró la señora Capuleto, apretando a su hija, de parte de su padre, para que se casara con Paris.

--¡Que no! –contestó Julieta.

Capuleto: ...Y qué, mujer,



¿Le habéis comunicado nuestro decreto?

Lady Capuleto: Sí, señor, pero dice que no, y os da las gracias.



¡Ojalá la boba se viera desposada con su propia tumba!
(III, V, 138 – 141)
“I would the fool were married to her grave.”
*

Capuleto, empeñado en chulear a su hija, se enfadó.

--¿No te casarás, mala puta, con quien yo mande, y cuando me dé la gana? El jueves dirás que sí, que sí, o te dejaré de conocer, te echaré de mi lado, y no te servirá nada de lo mío –dijo, y salió bufando.
Julieta: ¿Se sienta la Piedad en las nubes

Y no ve el fondo de mi pena?

Ay, mi dulce madre, no me echéis,

Retrasad este matrimonio un mes, una semana.

O, si no queréis, armad mi tálamo nupcial [the bridal bed]

En el apagado monumento donde yace Tibaldo.
(III, V, 196 - 201)
*

Capuleto miraba a su hija, pobre:


--La Muerte la cubre como la escarcha que, deshorada,

Se posa sobre la flor más dulce del prado.
(IV, V, 28 – 29)
“Death lies on her…” El verbo cubrir traduce bien, creo, la deliciosa, terrible boda.
*

Capuleto abrió la puerta a Paris, el novio, que venía con banda de músicos a recoger a Julieta:


--¡Ay, hijo! La víspera de tu boda

La Muerte se ha acostado con tu esposa. Ahí yace

Tu flor, desflorada por Él.

La Muerte es mi yerno, la Muerte me heredará.

Con mi hija se ha desposado. Yo moriré

Y le dejaré todo: la vida, los vivos, todo pertenece a la Muerte.
(IV, V, 35 – 40)
Y Paris plantado, compuesto y sin novia, se decía burlado (“beguil’d”, dice dos veces) por la Muerte, timado, derrotado (IV, V, 55 – 57).
*

Miró Romeo dentro de la cripta, dándose lumbre con una antorcha.


--...¡Ay, mi amor! ¡Mi mujer!

La Muerte, que ha libado la miel de tu aliento,

No ha podido todavía con tu belleza:

No te ha conquistado: la enseña de la hermosura aún

Enrojece tus labios, tus mejillas,

Y la Muerte no ha plantado ahí su pálida bandera.
(V, III, 91 – 96)
Miró aún.
--.....¡Ah! ¡Julieta, cariño!

¿Cómo eres aún tan hermosa? ¿Habré de pensar

Que la Muerte, pese a no tener substancia, es amorosa,

Que el monstruo, flaco y aborrecible, te conserva

Aquí, a oscuras, para que seas su concubina?
(V, III, 100 – 104)
Celoso de la Muerte, entendiendo al revés las señales de la vida que volvía a su amiga, Romeo decidió acompañarla al otro lado. Bebió la poción y, besando a Julieta, murió.
*

Julieta despertó, conoció su mala suerte. Vio la copa vacía en el puño cerrado del amigo, adivinó el veneno, lo bebió de sus labios, pero la acababa demasiado despacio.


--¡Ah! ¿Ruido? Entonces seré breve. Oh, daga feliz.

Ésta es tu vaina. Herrumbra ahí, y déjame morir.
(V, III, 160 – 169)
Ahora sí la Muerte, armada, desposa a Julieta, que se ofrece a Él casi con gusto: quiere que herrumbre ahí, en su vaina (o sea, dentro de su coño), su “daga feliz” (vale su cipote), y ella morirá (se correrá).
*

Shakespeare ha escrito, dentro de la “excelente e ingeniosa tragedia4, o la “excelentísima y muy lamentable Tragedia5 de Romeo y Julieta, una Comedia de La Muerte y Julieta, con final feliz (puesto que se casan los amigos después de muchos trabajos). Su madre, su padre, Paris, Romeo, y ella, y ella, todos imaginan la boda (el matrimonio) de Julieta con la Muerte.


(En Romeo y Julieta)
La Muerte y doña Constanza
Han derrotado a los de su bandera, y han hecho prisionero a su hijo Arturo, que merecía, a su juicio, por derecho, el trono de Inglaterra. Doña Constanza quería acabarse, y pide a la Muerte que se case con ella:
--Muerte, Muerte: ¡Oh Muerte amable y encantadora!

¡Tú, peste odorífera! ¡Saludable podredumbre!

Levántate del diván de la noche duradera,

Tú, odio y terror de la prosperidad,

Y besaré tus detestables huesos,

Y colocaré mis globos oculares en tu cavernoso ceño,

Y anillaré estos dedos con tus domésticos gusanos,

Y detendré mi aliento con el horroroso polvo,

Y seré, a tu semejanza, un monstruo carroñero:

Ven, salúdame con espantosa mueca, y pensaré que me sonríes

Y te besaré como esposa tuya. Tú, que amas la miseria,

¡Oh!, ven a mí.
(El rey Juan, III, IV, 25 – 36)
Doña Constanza tutea a la Muerte, apellidándola, primero, “amable” (“amiable”) (“la persona que por su natural dócil, suave, apacible y cariñoso se concilia la común estimación, aprecio y amor” [Aut.]) y “encantadora” (“lovely”: resulta, por sus gracias, fácil amarla, y ama con facilidad), y luego dice su aspecto horroroso, pero todavía se entrega a ella (a Él). Dibuja una boda (una cópula) tremebunda.
La Muerte y Cleopatra
*

Marco Antonio tiene que irse, apretado por asuntos particulares y otros que tocan a la patria. Enobarbo, su cínico amigo, le previene:


--Si la ocasión es fuerte dejad que mueran las mujeres, pero sería una lástima exterminarlas por nada, aunque si hay que escoger entre ellas y una gran causa tendremos que estimar que nada valen. Cleopatra, si le llega el menor ruido de esto, muere instantáneamente. Yo la he visto morirse veinte veces por cosas de mucho menos momento: me parece que la Muerte, formidable, comete con ella algún acto amoroso, puesto que acude con tanta celeridad a morirse.
(I, II, 134 – 142)
“I do think there is mettle in death…” La palabra “mettle” viene de “metal”, y significa “vigor” o “espíritu” (se llama también la facultad, el vigor natural y virtud que vivifica el cuerpo, le anima, alienta y fomenta” [Aut.]). El metal (un poco como la gana viril) “se engendra en la tierra de exhalaciones y vapores, y sacado de ella se queda sólido y duro para poderse labrar” (Aut.). Enobarbo pinta a la Muerte priámica, y a Cleopatra rendida a ella, viciosísima.
*

Ha perdido a Antonio. Para Cleopatra ya “todo es nada” (IV, XV, 78).


--…La paciencia es cosa de puercos, y la impaciencia

Propia de perros rabiosos. Entonces, ¿es pecado

Entrar corriendo en la casa secreta de la Muerte,

Antes de que la Muerte ose venir a buscarnos?

(…)

¡Mis nobles muchachas! Ah, mujeres, mujeres. Mirad,

Nuestra lámpara se ha apagado, agotada. Mis buenos señores, tened corazón,

Lo enterraremos, y luego, lo bravo, lo noble,

Lo haremos según la moda de los grandes romanos,

Y conseguiremos que la Muerte esté orgullosa de llevársenos. Venid, llevaos

La caja de ese enorme espíritu que ahora está frío.

¡Ay, mujeres, mujeres! Venid, no tenemos otro amigo

Que nuestra resolución, y el final más breve.
(IV, XV, 79 ss.)
Cleopatra se entrará, con prisa, en la Casa de la Muerte (su Novio), antes de que él venga a buscarla, a cortejarla. Eso no puede ser pecado. Su marido nuevo, entonces, se la llevará, la tomará (“take”), orgulloso.
*

Cleopatra ganaría “una vida mejor” (V, II, 2). Para ello solicitaba (solicitar “por extensión vale requerir, y procurar atraer a amores con instancia a alguna persona” [Aut.]) a la Muerte:



-- ¿Dónde estás, Muerte?

¡Ven aquí, ven! ¡Ven, ven, y llévate a una reina

Que vale muchos bebés y mendigos!

(V, II, 46 - 48)


“Where art thou, death?

Come hither, come; come, come, and take a queen

Worth many babes and beggars!”
Otra vez pide a la Muerte que la robe, que la tome (“take a queen…”). Un poco antes, cuando suben a Antonio a su alta torre (y se le moría), usaba el mismo verbo, lleno de ansias de enamorada: “Pero ven, ven, Antonio…” (IV, XV, 39). “Ay, ven, ven, ven” (IV, XV, 37).
*

“Decid que quiero morirme” (V, II, 70). No iban a pasearla por las calles de Roma. Ella escribiría su escena última, eligiría el teatro de su agonía.


--Vestidme, mis doncellas, como una reina: id a traerme

Mis mejores galas.
(V, II, 226 – 227)
Iría vestida de novia, como a otra boda, recordando la ribera del Cidno donde la había visto, la primera vez, Marco Antonio, espléndida.
*

La Muerte se encarnará en “el sutil [pretty] gusano del Nilo/ que mata sin dolor”, dulcemente (V, II, 242 – 243).

Se lo trae un Bufón, oculto dentro de una cesta de higos. “Su mordedura”, le advertía, “es inmortal” (V, II, 245 – 246).
--Fuera, adiós.

--Os deseo que gocéis del gusano.

--Adiós.

--Debéis pensar, ¿eh?, que el gusano obrará según su naturaleza.

--Sí, sí, adiós. (...) ¿Se me comerá?

--No iréis a juzgarme tan simple que no sepa que ni el mismo diablo se comería a una mujer; yo sé que la mujer es plato para los dioses, siempre que no la aliñe el demonio…
(V, II, 232 – 275)
Se fue el Bufón, y Cleopatra llamó a sus camareras, Iras y Charmiana. La Reina se puso la víbora a la teta.
--...Ven, bicha mortal,

Desata en seguida con tus colmillos

El nudo que me sujeta a la vida. ¡Pobre tonto venenoso,

Enfádate, y despacha! (...)

--¡Ay, estrella del oriente!

-- Calla, calla.

¿No ves que tengo mi niño al pecho,

Y pone a dormir a su nodriza?

-- ¡Ay, quitad, quitad!

--Dulce como un bálsamo, suave como el aire, gentil como...

¡Ay, Antonio! ...No, te usaré también a ti.

[Se arrima otro áspid a un brazo.]

¿Para qué iba a quedarme...?

--¿En este perro mundo? Bueno, adiós.
(V, II, 302 - 313)
El “sutil gusano del Nilo” (“prettyquiere decir ladino, o bonito, o delicado) es metáfora facilona de la verga de la Muerte.
*

Charmiana certifica el matrimonio de su señora con la Muerte: “Now boast thee, death, in thy possession lies / A lass unparallel’d.” “Ahora puedes presumir, Muerte, de poseer / una chica sin parangón.” (V, II, 314 – 315)

Muertos de amor
El Ave Fénix y el Tórtolo
El Ave Fénix (que es hembra) y el Tórtolo fueron tan verdaderos en su cariño que quisieron irse del mundo “en una llama mutua” (24). Don Amor hizo un “treno” dedicado a ellos, “soberanos conjuntos y estrellas del amor, / como Coro a su trágica escena” (49 – 52). No habrá resurrección, ni renacimiento, para “estos pájaros muertos” (67).



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