Shakespeare, (a)cerca de la muerte Manuel Palazón Blasco


La muerte sirve ahora de nido al ave Fénix



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La muerte sirve ahora de nido al ave Fénix,

Y el pecho leal del tórtolo

Descansa en la eternidad.

(56 – 58)


(En El Fénix y el Tórtolo)
Romeo y Julieta
Romeo y Julieta se quitan de aquí cuando ven que el amigo se ha ido, porque lo echan de menos.

Antonio y Cleopatra


Antonio y Cleopatra se dan a la Muerte movidos por el orgullo, para que Roma no los pasee derrotados.
Antonio: Eros,

¿Te gustaría que te mostrasen en un escaparate en la gran Roma, y ver

A tu amo así, maniatado, doblando

Su cerviz incorregible, rendido el rostro

A la penetrante vergüenza, mientras el afortunado César,

En su carro, precediéndiolo, marca

Su humillación?
(IV, XIV, 71 – 77)
Cleopatra no se dejará coger:
Cleopatra: …El teatro imperial

De César, favorito de la fortuna, jamás contará

Con mi broche, si el cuchillo, las drogas, las serpientes, tienen

Filo, operación y colmillos. Estoy a salvo:

Vuestra esposa Octavia, con sus ojos llenos de modestia

Y sus calladas conclusones, no adquirirá honor ninguno

Examinándome despacio…
(IV, XV, 21 – 29)
-- ¿Dónde estás, muerte?

¡Ven aquí, ven! ¡Ven, ven, y llévate a una reina

Que vale más que muchos bebés y mendigos!

(...)

Señor, no comeré carne, ni beberé, señor;

Y (pero ¿no es ocioso decirlo?)

Tampoco dormiré. Arruinaré esta casa mortal,

Por mucho que pueda César. Sabed, señor, que yo

No toleraré que, clavadas mis alas, me exhiban en el patio de vuestro amo,

Ni que me riña con su mirada sobria

La torpe Octavia.

¿Me subirán a una carreta

Exhibiéndome ante la canalla chillona

De la censora Roma?
(V, II, 40 – 57)
Antonio y Cleopatra se dan a la Muerte movidos por su soledad nueva, perdidos de amor (IV, XV, 59 – 68; 78 - 82).
Antonio: ¿Muerta, entonces?

Mardian: Muerta.

Antonio: Desármame, Eros, hemos terminado los largos trabajos del día

Y debemos dormir.


(IV, XIV, 34 – 36)
Antonio rogó a sus costados que se partiesen en dos, a su corazón que, por una vez, fuese más fuerte que su “continente” y quebrase su “frágil estuche” (IV, XIV, 39 – 41).
--Me adelantaré hasta ti, Cleopatra, y

Lloraré, solicitando mi perdón.


(IV, XIV, 44 – 45)
--¡Eros! Ya voy, mi reina…¡Eros! Espérame

Donde las almas se recuestan sobre las flores, y allí nos cogeremos de la mano

Y con nuestro maravilloso porte haremos que los fantasmas nos admiren:

A Dido y a su Eneas les faltará compañía

Y toda la región será nuestra.
(IV, XIV, 50 – 54)
Marco Antonio: …Mi espíritu se va,

No puedo más.

Cleopatra: El más noble de los hombres, ¿puede morir?



¿Es que no me quieres? ¿Tendré que habitar

En este torpe mundo, que en tu ausencia

No es mejor que una pocilga? ¡Ay, mirad, mis mujeres:

La corona de la tierra se derrite. [Antonio muere.]

¿Mi señor?

¡Ay, se ha secado la guirnalda de la guerra,

Ha caído el polo norte de los soldados: los mozos y las mozas

Valen tanto ahora como los hombres. Lo extraordinario se ha ido,

Y no queda nada notable

Bajo la luna que nos visita! [Se desmaya.]
(IV, XV, 58 – 68)
Por ahora había sido sólo un desmayo. Pero para Cleopatra ya “todo es nada” (IV, XV, 78).
--La paciencia es cosa de puercos, y la impaciencia

Propia de perros rabiosos. Entonces, ¿es pecado

Entrar corriendo en la casa secreta de la muerte,

Antes de que la muerte ose venir a buscarnos?

(…)

¡Mis nobles muchachas! Ah, mujeres, mujeres. Mirad,

Nuestra lámpara se ha agotado, apagada. Mis buenos señores, tened corazón,

Lo enterraremos, y luego, lo bravo, lo noble,

Lo haremos según la moda de los grandes romanos,

Y conseguiremos que la muerte se sienta orgullosa de llevársenos. Venid, llevaos

La caja de ese enorme espíritu que ahora está frío.

¡Ay, mujeres, mujeres! Venid, no tenemos otro amigo

Que nuestra resolución, y el final más breve.
(IV, XV, 79 ss.)

Melancolías


La indiferencia y el asco del príncipe y los finales desastrados de su padre estropean primero a Ofelia y luego la terminan.
En Los dos nobles parientes las causas de la locura de la Hija del Alcaide son semejantes (ha perdido, sacando a Palamón de su cárcel, su nombre, y a su padre, y ahora su amigo no viene, comido por las fieras, o porque no la quiere), pero su autor estorba su muerte, y escribe para ella una parte ridícula, tristísima.
Shakespeare cita brevemente otras ofelias, muertas de amor, fabulosas:
En sus ricas tiendas de las afueras del Parque de Navarra hablaban, la princesa y sus damas de compañía, de Cupido, niño eternal de cinco mil años de edad, y “verdugo gamberro y desgraciado” (V, II, 11 – 12).
Rosaline: Vos jamás seréis amiga suya, que mató a vuestra hermana.

Katharine: La volvió melancólica, triste, y apesarada,



Y, así, murió. De haber sido ligera, como vos,

De haber tenido un espíritu alegre, ágil, movido,

Habría llegado a abuela antes de morir,

Y tanto podréis vos, pues vive mucho el corazón ligero.
(V, II, 13 – 18)
Abel Lefranc (Sous le Masque de William Shakespeare, 1918) estudió dos embajadas que el verdadero Rey de Navarra recibió de Francia. En una de ellas la embajadora fue la princesa Margarita de Valois, esposa de Enrique, que vino con su madre, Catalina de Médicis. En la otra lo fue la propia Catalina, reina de Francia. En ambas (desde luego en la primera) se negoció la dote de Margarita. Seguían a la princesa graciosas damas conocidas como “l’escadron volant”. En 1577 Margarita había ido a Liége (Brabant: Berowne recuerda a Rosaline que bailaron allí una vez [II, I, 113 – 114]). Allí Hélène de Tournon, la hija de una de sus damas de compañía, se murió del amor que le tenía al Marqués de Varembon. El Marqués se hallaba ausente cuando esto sucedió, y conoció la muerte de la amiga cuando, al regresar, se encontró con la procesión fúnebre. El hecho pudo inspirar tanto el triste final de la hermana de Katharine como, luego, el de Ofelia.6
(En Trabajos de amor perdidos)
Porcia, para seguir a su marido disimulada, hará al hombre, representará la máscara del Capitano, que, con su “brava” “daga”, presume de las cuchilladas que ha dado.
--…Y contaré curiosas mentiras,

Diciendo cómo damas honradas buscaron mi amor y,


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