Si el hombre es formado por las circunstancias, entonces es necesario formar las circunstancias humanamente



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Niños y niñas sexualmente abusados por adultos, secuelas en la propia adultez, II.


"Si el hombre es formado por las circunstancias, entonces es necesario formar las circunstancias humanamente". Karl Marx y Friedrich Engels, La sagrada familia.



Dra. Claudia Rubins

Agradecimientos

Nada de lo que viene a continuación sería posible sin la colaboración de muchas personas que, con su generosidad, no solo ayudan con mis producciones, sino que me enseñan sobre valores humanos y potencian mi energía para seguir adelante.

En primer lugar, indiscutiblemente, a mis pacientes, que conocen la existencia del trabajo y aportaron la información que le dio lugar. A los autores de quienes extraje material textual que admiro especialmente como producción intelectual. A Stella, la informática que me regala su trabajo y su paciencia para ordenar mis caos estadísticos. A mis colegas psi del grupo de los miércoles, que aportaron con sus comentarios y diferentes opiniones para ir avanzando en el desafío. A Graciela, incansable compañera de mi derrotero profesional. A Mónica, lúcida lectora que aportó frases tan hermosas para el inicio. A Laura, que – al estar iniciando su propio recorrido – ya expresó comentarios específicos, que me producen a la vez sorpresa y orgullo. Y a todos quienes me rodean en lo cotidiano (marido, hijo, amigos, colegas) que ponen el hombro y soportan mis abstracciones en medio de casi cualquier momento.

A toda/os muchas, muchas gracias.



Introducción

Tomando de mi propia medicina… a diez años…

Previo a iniciar los hallazgos y reflexiones que intento compartir, considero necesario incorporar dos conceptos relativamente recientes y a los que adhiero plenamente, elaborados por la Dra. Eva Giberti y otros teorizadores acerca de la presente temática y que determinan incluso que la denominación de mi trabajo se diferencie del anterior:

“El equipo de violencia sexual del Programa las Víctimas contra las Violencias que dirige la médica psicoanalista Eva Giberti está formado sólo por mujeres y actúa cuando aparece una denuncia. “ […] “Además de tener un registro de todos los casos según edad, tipo de abuso y sexo, Eva Giberti tiene claro que los casos no avanzan por trabas de una Justicia que califica de patriarcal.
- ¿En qué se diferencia el abuso sexual infantil de la violación?

El “abuso sexual infantil” no existe, es la costumbre de hablar mal, de simplificar. No hay abuso sexual infantil, porque infantil es un calificativo de abuso y el abuso no es calificable como infantil. La forma correcta es decir: “Niños y niñas abusados sexualmente por adultos”. De la otra manera queda encubierto que el adulto es el responsable. Dentro del abuso están los incestos, palabra que fue sacada de nuestro Código Penal para lavar el acto con la expresión: “violación agravada por el vínculo”. Violación o incesto es la penetración del adulto a una criatura y se produce en el 90% de los casos por el padre a su hijo o hija. “Giberti, E. (11/7/2013). Decir abuso sexual infantil es una simplificación que encubre al adulto. Buenos Aires: DiarioZ de la Ciudad de Buenos Aires.


Esta última consideración también muestra un importante posicionamiento que los usos no ingenuos del lenguaje colaboran en desdibujar.

Ahora sí, puedo iniciar mi relato.

En mi trabajo anterior, cuya estadística finalizaba el 31 de diciembre de 2002, concluía con una reflexión acerca de nuestras praxis y la posible interferencia que la modalidad de indagación de antecedentes infantiles en las historias clínicas vitales podía producir en las estadísticas sobre secuelas en adultos de sucesos invasivos de su intimidad como antecedente infantil.

Y de eso se trata este trabajo.

Desde el 1 de enero de 2003 y hasta el 31 de diciembre de 2012, en el curso de diez años, he recabado explícitamente a mis pacientes el antecedente de sucesos invasivos en su sexualidad y acontecidos en su infancia en el marco de las entrevistas iniciales en que relevo datos para completar las historias clínicas.

La muestra ofrece particularidades que me resulta imprescindible aclarar: se trata de pacientes del ámbito privado, en muchos casos reconsultantes; ya que me desempeño profesionalmente en esta localidad de modo continuo desde 1985 . La modalidad de consulta ha sido en el ámbito privado, prácticamente sin asistencia para obras sociales (exceptuando alguna prepaga, hasta el año 2006). Los pacientes que relevo son el total de pacientes, lo que incluye tratamientos farmacológicos de personas que transitan espacios de psicoterapia con otros profesionales, psicoterapéuticos, de evaluación preocupacional o para portación de armas, interconsultas solicitadas por algún colega, etc.


Consideraciones teóricas:

"...y con violencia no se puede hacer invisible lo que se ha visto..." Bertolt Brecht, Galileo Galilei


Cómo me sitúo conceptualmente, qué considero necesario analizar en lo social, intrafamiliar, relacional e intrapsíquico para la comprensión del tema abordado… o “desde dónde digo lo que digo”.

Quienes trabajamos con estas temáticas (cuestión que, en mi caso, fue favorecido por las peculiaridades de mi desempeño en el ámbito de la clínica con adultos y familias y en lo institucional, como psiquiatra forense; permitiendo la observación de tales situaciones en los dos extremos de la vida) sabemos que todas las formas de violencia se sitúan en lo social en el marco de discursos que sostienen prácticas de discriminación.

Transcribo textuales extractos de publicaciones que trasmiten de modo esclarecedor tales conceptos utilizando las normativas APA.

Fernández, Ana María. (2012) Las lógicas sexuales: amor, política y violencias. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión.

“ Para que la violencia del golpe, la violación, el acoso, el ataque incestuoso existan, es necesario que una sociedad haya, previamente, inferiorizado, discriminado, fragilizado al grupo social – las mujeres, los niños/as, los ancianos/as, etc. - que es objeto de violencia. Solo se victimiza a aquel colectivo que es percibido como inferior: de este modo se legitiman todos los actos de discriminación…”[…]

“ Los procesos de inferiorización, discriminación y fragilización operan como naturalizaciones; conforman en tal sentido invisibles sociales. En rigor, no son invisibles, sino que están invisibilizados; a estos procesos se los ha denominado violencia invisible. Un invisible social no es algo oculto o escondido, sino que, - paradójicamente – se conforma de hechos, acontecimientos, procesos y dispositivos reproducidos en toda la extensión de la superficie social y subjetiva. Está ahí, pero no se ve o se los considera natural. En tal sentido, violencia visible e invisible conforman un par indisociable.

Al mismo tiempo que las manifestaciones evidentes de maltrato, otras formas de violencia menos visibles pero no menos eficaces se ponen en práctica en la familia cotidianamente a través de la desigualdad en la distribución del dinero, del poder, de las responsabilidades domésticas, de las opciones de realización personal, etc. Asimismo, dentro de la organización familiar los pactos conyugales violentan muchas veces tanto el sentido como las prácticas del erotismo femenino; por otra parte, la educación, los medios masivos de comunicación o algunas modalidades de prácticas médicas y psicológicas reproducen una imagen femenina que violenta, en muchas mujeres, las necesidades de transformación de su lugar social. “ […]

“ Estos violentamientos - sean económicos, políticos, laborales, legales, eróticos, simbólicos o psíquicos – constituyen una de las múltiples estrategias de la producción de las desigualaciones de género. Esta violencia institucional va desde el “currículum oculto” en la escuela a la actitud patriarcal de los jueces, la reproducción de criterios tradicionalistas respecto al lugar de la mujer en los medios de comunicación, etc. “ […]

“ Suele decirse que la violencia es producto de la intolerancia a la diferencia. Sin duda, su legitimación actúa sobre una particular operación en las significaciones colectivas por la cual diferente es igual a inferior, peligroso o enfermo. Sin embargo, con esto no basta para que las violencias se ejerzan en la vida cotidiana de las instituciones, sean públicas o privadas. Para matar a una ex esposa, novia, amante a patadas o simular un suicidio, quienes realizan estas acciones cuentan con diversos grados de impunidad institucional. Las dificultades para encontrar a los responsables de estos delitos que cada tanto conmueven a la opinión pública no hablan de otra cosa que de pactos de silencio, es decir, de las impunidades de un poder patriarcal que se sabe soberano. “ […]
Estamos, entonces, situados en un posicionamiento particular en que considero para esta temática una lógica víctima-victimario sostenida en el marco del funcionamiento social patriarcal que favorece los funcionamientos de abuso de poder de los hombres sobre las mujeres y los niños.

Asimismo, resulta importante trasmitir una mirada que comparto plenamente respecto de los aspectos éticos relacionados con la temática de invasión sexual en la infancia. Giberti Eva, Garaventa Jorge, Lamberti Silvio. (2005). Vulnerabilidad, desvalimiento y maltrato infantil en las organizaciones familiares, capítulo Abuso sexual contra niñas y niños: aspectos éticos. Buenos Aires: ediciones Novedades Educativas.

“ La descalificación de los carentes forma parte de los prejuicios ciegos, como los denomina Gadamer. Estos prejuicios dificultan entender a aquellos que nos resultan extraños y sobre los cuales se depositan pecados y déficit morales. Gadamer añade una aclaración que para este análisis resulta clave: “si esos otros fuesen algo tan ajeno que no tuvieran algo en común con nuestra experiencia, si no tuviesen ninguna afinidad de ningún tipo, no tendría sentido hablar de entendimiento” (entre los seres humanos).

El planteo señala que algo en común existe entre esos otros y quienes los denigran, lo que denomina afinidad.

El resultado de esta modalidad de pensamiento reside en la cristalización de proyecciones que se organizan en un núcleo cerrado, que se constituye como necesario y que se mantiene como prejuicio merced al discurso especulativo de las ideologías que precisan criminalizar las conductas de los pobres” […]

“Desde este lugar de poder se decreta la propia bondad y se configuran los principios tutelares y proteccionales que se declaman a favor de niños y niñas, decreto que se acompaña de pautas normativas acerca de lo que está bien y de lo que está mal: se pretende que lo que está mal no puede haber sido gestado desde organizaciones familiares prolijas, ordenadas, continentes.

Las avanzadas de los derechos humanos, así como los movimientos de mujeres, han modificado este campo discursivo mediante denuncias verbales y escritas que condujeron a una ruptura epistemológica, producto de haberse develado lo no – dicho, pero sabido y silenciado hasta ese momento, acerca de los protagonistas de abuso que incluye a los varones que forman parte de las clases medias y altas.

Las características de los responsables por abuso e incesto miembros de dichas clases están asociados a la degradación ominosa de quien viola y logra silenciar el hecho porque en el mundo de “la gente bien” de eso no se habla. Y porque en ese universo “esas cosas no suceden”. Particularmente cuando se trata de familias que practican una religión.

Las denuncias que transparentan una voluntad de resistencia por parte de las víctimas o de quienes las acompañan se clasifican como fantasías, o si es la madre quien denuncia se pretende clasificarla como intento de separar al padre del ámbito familiar y se adjudica la responsabilidad a la mujer que mediante falsedades pretendería vengarse del padre de sus hijos.

Es decir, los déficit morales de los grupos con poder potencian su campo discursivo que se amplía, más allá de desmentidas y desestimaciones parentales, al haber incorporado la sistematización de sospechas por parte de determinados jueces y profesionales (peritos) que se ocupan de acompañar al padre en la negación de los hechos. “ […]

Esta lógica convencional falla por déficit de funcionamiento moral: lo que debemos hacer no es impedir las denuncias, sino impedir que se proceda de manera incorrecta con las víctimas.

Sintetizando. Es inmoral suponerse superior o presentarse como honestos ciudadanos respecto de quienes padecen carencias, cuando en realidad esas conductas delictivas también provienen de quienes se fascinan a sí mismos con su pertenencia a grupos sociales que se autodefinen como custodios de la moral familiar. “ […]


Para quienes hemos transitado instituciones como la judicial, permanentemente nos hemos encontrado con estos funcionamientos que sostienen prácticas prejuiciosas y sumamente dañinas para sus destinatarios, mujeres y niños cuyos derechos se han vulnerado, y que – en el ejercicio de tales prácticas – resultan por tanto revictimizados.

Las prácticas sociales de avasallamiento de derechos de la infancia, tanto cuanto la violencia contra las mujeres resulta representada en un discurso que se amolda a tales fundamentos produciendo incluso una cierta anestesia respecto del horror humano que todos deberíamos sentir ante ciertas prácticas delictivas extremas como el asesinato. La cita que traigo a continuación, si bien alude al femicidio, ilustra de modo especial cómo los posicionamientos patriarcales colaboran en la impunidad de los delitos de género y generan aval para las conductas de invasión sexual en la infancia.


Garaventa, Jorge. (abril 2013). Las cosas por su Nombre, El Femicidio, o los que Matan Callando. Para La Tecl@ Eñe, Revista digital de Cultura y Politica. Ideas, política y otras historias. Publicación fundada en 2001, Sumario Año Xll, número 57, Buenos Aires.

[…] “Son tiempos de femicidio…y no hablo del asesinato de mujeres, o no solo de ello, sino de aquellas a las que se las mata por ejercer su condición de tal…el más constante de los crímenes…tal vez el más evitable. El femicidio no es un punto de partida sino de llegada de un proceso de profunda raigambre cultural que culmina precisamente cuando una mujer dice basta, cuando enarbola su derecho a decidir sobre sus sentimientos, sobre su cuerpo, sobre su sexualidad…el femicidio es tal vez una de las penas de muerte más legitimizadas…la condenada, la ejecutada, seguramente algo hizo para desatar la violencia machista, o algo no hizo para apaciguarla….

Mientras tanto, solemos escuchar perplejos la perversa declamación, "no soy machista ni feminista", como si una cultura que oprime, violenta y asesina, como es el machismo, pudiera equipararse con una palabra que es sinónimo de lucha y de dignidad y en la que hoy confluyen las distintas vertientes de reivindicación del ejercicio pleno de los derechos de las mujeres.

 No obstante, la lucha contra el machismo no debería ser vanguardia solamente de los movimientos de mujeres sino también de aquellos que reivindicamos orgullosos la masculinidad...porque el machismo mata mientras que la masculinidad hace a la diferencia y a la confluencia.” […]

“ El femicidio es la sanción que el machismo impone a la autonomía femenina, autonomía que en sus aspectos más ofensivos refiere a lo sexual y a lo afectivo, pero que también incluye el desparpajo de decidir de manera inconsulta también en cuestiones menores.

 El proceso que desemboca en el asesinato de una mujer por el ejercicio de su condición de tal es una construcción tanto personal como social. El camino es la deconstrucción conceptual y discursiva ya que este caldo cultural es el vehículo que transporta hacia el exterminio de la rebeldía.

 Es imprescindible revolucionar la educación proveyéndole una perspectiva de género desde lo pre escolar. El patriarcado se ha garantizado su trasmisión desde la institución familiar, y lo consolida desde la escuela” […]

“ Si el femicidio es condenado como tal y desde sus propios fundamentos, otros de los beneficiados serán los hombres que necesitan que se haga una clara diferenciación entre lo varonil y lo machista, porque en definitiva, emulando la estructura discursiva de un cierto machismo podríamos decir que hay que ser muy valiente para ser varón y muy cobarde para ser macho porque de lo que se trata es de la profunda inseguridad que le produce a un macho que una mujer sea mujer. “[…]


Hasta aquí las consideraciones de género, que ilustro finalmente con el femicidio, ejemplo extremo de violencia contra las mujeres y producto del patriarcado, a modo de poner en contexto y perspectiva los efectos que tales discursos sociales generan en las personas.

Ahora podemos ocuparnos de la cuestión vincular específica que – desde la trama relacional – colabora en la situación abusiva y deja profundas huellas en el psiquismo infantil, abonando el terreno de futuras patologías en las adultas/os sobrevivientes.

En todas las etapas de la vida las personas que han atravesado experiencias vinculares como las que se describen a continuación exhiben estilos relacionales peculiares, que las hacen vulnerables a sufrimientos emocionales en ocasiones extremos, al quedar atrapadas en alguna reedición comunicacional como las de su infancia.

Quienes nos desempeñamos en ámbitos específicos, sabemos de la existencia del “hechizo” como fenómeno relacional en las situaciones de invasión de la intimidad infantil, situación que, si bien no es la única que observamos en la comunicación de la niña/o con su victimario, sí es la más frecuente e ilustrativa (puede observársela de modo completo o parcial) y se puede describir ampliamente citando a los autores que de modo más claro lo definen.

Cuando no se instala esta modalidad con todos sus elementos, muchos de ellos están presentes y pueden advertirse claramente en las niñas/os o adultas/os entrevistados. Los autores se detienen en un exhaustivo análisis de la comunicación en familias con situaciones de violencia y abuso sexual, que es el tema central de lo que deseo trasmitir.
Perrone Reynaldo y Nannini Martine. (2007). Violencia y abusos sexuales en la familia, Una visión sistémica de las conductas sociales violentas. Buenos Aires: Editorial Paidos. [...] “ Llamamoshechizo a una condición característica de la relación del abuso sexual.” […]“El estilo comunicacional y el tipo de lenguaje predisponen a la relación abusiva, al paralizar las capacidades de respuesta.

Veremos cómo las rupturas y las confusiones de los registros comunicacionales, el lenguaje de conminación y represalia, están casi siempre presentes en el lenguaje de los abusadores.”[…]



“ Como forma extrema de la relación no igualitaria, el hechizo se caracteriza por la influencia que una persona ejerce sobre la otra, sin que ésta lo sepa; aspecto éste esencial y específico.“[…]“la relación de dominio no está anunciada así, tan claramente . Se observa una colonización del espíritu de uno por el otro. Se trata de una suerte de invasión de territorio, una negación de la existencia, del deseo, de la alteridad y de la subjetividad de la víctima. La diferenciación se vuelve incierta, las fronteras interindividuales se esfuman y la víctima queda atrapada en una relación de alienación. Por cierto, la víctima ignora las condiciones que la llevaron al hechizo, desconoce el sentido de las intenciones y los comportamientos de la persona dominante y no puede detectar con nitidez sus efectos” [...]“ Tal mecanismo nada tiene que ver con un simple abuso de poder; en el hechizo es la fascinación lo que predomina como fenómeno esencial y la violencia, si la hay, solo constituye un epifenómeno.” […]” El matiz ritual nos ha parecido un componente especialmente importante de la dinámica del abuso sexual. “ […]“Efracción: “ […]“Así pues, la violación puede ser asimilada al robo, ya que lo característico es el desacuerdo y la oposición de la víctima. “ […] “El abuso sexual y el incesto pueden ser asimilados a la estafa y al abuso de confianza, porque el abusador toma posesión de la víctima mediante argumentos falaces, traicionando la confianza que ésta depositó en él.” […]“Efracción significa penetrar en una propiedad privada por fractura, por medio de la fuerza, transgredir la frontera y los límites del territorio. Así, pues, la efracción inicia la posesión, la prepara, es su etapa previa.”[…] “ En la captación se utilizan cuatro vías que confluyen en un mismo resultado “ […]La mirada : [..]es el canal más sutil e inasible. Todos sabemos que una mirada puede movilizar emociones intensas, hacer surgir afectos o provocar resonancias incontrolables, por cuanto son inesperadas y secretas. […]” factores que hacen que la mirada funcione como instrumento de captación y anulación de las defensas del otro: la carga, el peso del deseo sexual expresado, la incongruencia, la incontenibilidad, la imprevisibilidad, la falta de escapatoria, el crimen que lleva implícito. En la praxis de captación, la mirada se utiliza para apropiarse de la víctima.” […] “Los niños dicen que lo que ven en los ojos de los padres abusadores les provoca un sentimiento de confusión. La víctima siempre tiene dificultades para conciliar lo que en principio espera de un padre o de un sustituto parental y lo que le trasmiten sus miradas. La información es demasiado inquietante, y el sistema de alerta del niño queda anulado.” […] “Entre estos dos extremos hay otra manera de tocar, con connotaciones sexuales disimuladas, situada en un registro relacional que evita a la vez el consentimiento y la fuerza pura. Es el registro de la captación, en el que el tacto con finalidad sexual reviste, al principio, formas que no permiten tipificarlo. Los roces “casuales”, los contactos aparentemente insospechables e ingenuos, de pronto de vuelven “indecidibles”. Los gestos que hasta entonces tenían un carácter educativo o afectuoso (bañar a un niño, ponerlo sobre las rodillas, etc.) pueden cargarse progresivamente de una connotación sexual, sin que el niño se dé cuenta del momento en que se traspuso la frontera. Al no poder formularse una opinión clara con respecto a la legitimidad o ilegitimidad de estos gestos, con respecto a su “normalidad”, la víctima no puede defenderse, porque ha quedado sumida en el malestar , la confusión y la parálisis.”[…] “Hemos de recordar que la víctima, invadida por la confusión y superada por los actos del abusador, no puede sino quedarse perpleja. Su cuerpo y su espíritu guardarán para siempre las huellas de los gestos del abusador, necesarias para su captación. La víctima, niño o adulto, está a merced de algo irreversible: sin alternativa alguna será progresivamente desposeída de su cuerpo. Ello es así porque gestos, actos y contacto forman parte de un montaje sensorial complejo que la va encerrando en las trampas de la mirada, la palabra el tacto.” […] “Las estructuras de los mensajes destinados al proceso de captación suelen presentar “anomalías” lógicas. En estos casos la lógica está al servicio de la mistificación, la falsedad y la persuasión utilitaria.” […]”En la relación abusiva, la palabra es, prioritariamente, una herramienta. Deja de ser un vector de comunicación- confirmación, para transformarse en un simple medio de captura.” […] “El niño queda en situación de exilio : forma parte del mundo adulto sin estar integrado, y participa del mundo de los niños sin poder pertenecerle. Es extranjero en uno y otro. En su casa oye una lengua extranjera, y habla una lengua extranjera en el exterior: de ahí que esté condenado al silencio.”[…] “cuyo objetivo es condicionar a la víctima para mantener el dominio sobre ella, dado que la programación constituye el remate del hechizo”.[…]
Hasta aquí vemos como van desarrollándose las estrategias que colaboran en la construcción de la trampa relacional en que las niñas/os víctimas de estos delitos quedan aprisionados, y que en su adultez determinarán modos de comunicación, establecimiento de vínculos, modalidades en sus estilos de participación social, la constitución de sus familias, etc. Lo extenso de la cita surge de mis impedimentos personales para acotar una exposición tan ilustrativa, la que en la tarea asistencial con adultos sobrevivientes me ayudó a comprender muchos de los funcionamientos comunicacionales de estas personas.
Como elementos destacables en la asimétrica relación entre victimarios y víctimas, los autores Perrone y Nannini destacan:

[…] “ A estos niños se los priva definitivamente de la posibilidad de descubrir la sexualidad de manera progresiva. Al sentirse desposeídos, pierden toda iniciativa personal y se vuelven frágiles, dependientes sujetos a los deseos del otro. En el adulto, cuando es víctima de abuso, tal despertar va ineluctablemente asociado a sensaciones de violencia, malestar, angustia y miedo, que hacen que se vuelva vulnerable y accesible a la influencia del que explota la relación. “ […] “En la relación abusiva, este proceso se realiza de modo negativo. El cuerpo del niño, preparado para reaccionar ante las estimulaciones sensoriales, no puede evitarlas, o lo hace, pero a expensas de una disociación imposible. El mecanismo sensitivo se activa, sin posibilidad de control ni contención. La erotización y la excitación no tienen ni un acompañante ni un destinatario adecuados.[…]Por otra parte, cuando el despertar se produce, el niño puede buscar seducir o erotizar la relación con el adulto, pero éste debería abstenerse de toda estimulación y participación. Los niños esperan que los adultos establezcan los límites. “ […] ”Evocación del anclaje: […]se podría hablar aquí de una evocación traumática, que cualquier estimulación unida por su significante al abuso sexual hace que emerja en la víctima todo un cortejo de temores y sentimientos confusos. […]Se llama “anclaje” la unión entre el estado emocional y la memoria. […]Secreto: el carácter transgresivo del abuso sexual hace que los hechos queden encapsulados en el espacio comunicacional de la familia o del grupo sin posibilidad de ser compartidos adentro o afuera. La regla impuesta es el silencio, que organiza la relación y garantiza la supervivencia del sistema.” […] “En el secreto se conjugan lo indecible (lo que uno no puede caracterizar mediante palabras, lo que el lenguaje no alcanza a expresar), lo innombrable ( lo que no se puede nombrar por ser demasiado innoble, confuso o incalificable) y lo inconfesable (aquello que no se habla por vergüenza, culpa o autocondena). […] “Vergüenza: en la mayor parte de los casos el abusador no siente ninguna culpa y todo el sentimiento de incongruencia de la situación lo hace derivar hacia la víctima. Esta es la única culpable, puesto que el abusador no muestra duda alguna sobre la normalidad de su conducta. […]” La vergüenza persiste más allá de la revelación y el final de la relación. Solo cesa definitivamente cuando la víctima logra colocar ese sentimiento en el abusador. […]”


El próximo párrafo remite a un elemento que resulta de notable interés al trabajarlo en terapias de pacientes adultos:

[…]“Recientemente, Carlos Sluzki (2006) ha aportado una formalización que aclara este concepto. Define la vergüenza como una emoción social que experimenta un individuo cuando existe una discordancia desfavorable entre la manera en que éste actúa y la manera como desearía actuar, al ser percibida por aquel (el testigo) que lo observa con una mirada crítica. Esta discordancia produce un efecto desestabilizante en la totalidad del yo de la persona, del orden del hundimiento, del deseo de desaparecer. Lo característico de la vergüenza es la internalización, que implica una tendencia a asumir la responsabilidad y a atribuírse la falta, de parte de la víctima, sobre todo cuando están creadas para lograr este efecto.

La humillación, según este mismo autor, es igualmente una emoción social provocada por la discordancia negativa en que la persona actúa y la manera como ella desearía actuar, con la diferencia de que la víctima estima que es el testigo – dada su posición injusta e injuriosa – el responsable de su estado de desestabilización y sufrimiento. En este caso existe externalización, y en consecuencia, suposición de que el otro (el testigo) tiene hostilidad e intención maligna, lo que provoca reacciones de contraataque y de venganza hacia él.

Como fue anticipado precedentemente, en el marco de la terapia conviene transformar la vergüenza en humillación.” […]


Cuando en la infancia acontece todo lo mencionado previamente, resulta muy comprensible entonces constatar lo que afirman varios juristas respecto de las proporciones entre los sucesos abusivos y el mínimo porcentaje de denuncias: un 10% según refiere, y sólo un 2% de procesos judiciales en que el perpetrador resulta condenado.

Si consideramos que lo referido refleja una aproximación estadística actual, cuánto menos posible resultaba en la infancia de mis pacientes acceder a la protección de algún adulto/a que denunciara teniendo en cuenta que la mayor concientización – fuera de los ámbitos especializados - respecto de este tipo de delitos acontece en las dos o tres últimas décadas.

En una apretada síntesis, puedo afirmar que los sucesos invasivos de la sexualidad infantil entrañan como mínimo un triple abuso: de poder del adulto sobre la víctima, de confianza (por la cercanía relacional, generalmente un cuidador próximo afectivamente) y de la intimidad, cuestiones que las niñas/os carecen de madurez para diferenciar en las etapas de dependencia socioafectiva de su infancia.

Los recursos resilientes para sobrevivir a tales experiencias aparecen en los relatos de los entrevistados como mecanismos adaptativos que resultaron inversamente proporcionales a la gravedad de las secuelas en tanto: las niñas/os que recibieron protección de un adulto garante de sus cuidados, si al referir estos sucesos recibieron credibilidad de parte de su entorno cercano, si las situaciones acontecieron más tarde en las etapas evolutivas y resultaron menos prolongadas en el tiempo, también si el victimario fue alguien menos cercano afectivamente o en su crianza; así como quienes contaban con alternativas de contención en la familia extensa o en el entorno social inmediato (barrio, club, escuela, etc.).
De los mecanismos defensivos a la biología, pensando en diagnósticos . Las secuelas.
Por mi experiencia clínica y forense así como la bibliografía consultada, deduzco que las condiciones de desarrollo psíquico de las niñas y niños sometidos a este tipo de suceso traumático resultan altamente favorecedores de patología psíquica.

Se describen (y observan en la praxis) como de privilegio, mecanismos defensivos que, al mantenerse en el tiempo resultan terreno predisponente para importantes enfermedades psicológicas.

Disociación, escisión, negación, depositaciones masivas en el cuerpo y un estilo vincular de apegos inseguros, temor y desconfianza en los cuidadores – cuando no un ambiente explícitamente machista y violento - resultan finalmente en caldo de cultivo para el desarrollo de las patologías que se encuentran en la clínica.

Los estilos de comunicación en la infancia, altamente perturbadores, que incluyen secretos, alteraciones vinculares que contaminan el esperable desarrollo psicosocial infantil y el peso de la vergüenza, responsabilidad y distorsiones en sus registros de las sensaciones corporales (sobre todo en lo referido a la sexualidad) predisponen al establecimiento de vínculos conflictivos con el entorno, un ejercicio dificultoso de su vida sexual (por exceso – promiscuidad – o por defecto - diversas inhibiciones) e importante favorecimiento para desarrollar patología clínica severa.

Como síntomas redundantes, más allá del diagnóstico en cada caso, aparecen los sucesos disociativos, sentimientos de vacío y estados confusionales, facilitación para comportamientos adictivos (alcohol, sustancias, comida, relaciones afectivas), importantes dificultades en la vida sexual, vivencias de dolor emocional extremo ante fantasías de abandono y enormes dificultades en el establecimiento de vínculos saludables.

Teniendo en cuenta que de los 49 adultos entrevistados que revelaron el antecedente de invasión a su intimidad en la infancia sólo cinco develaron la situación en su infancia a otros cuidadores (y solo en dos de los casos les creyeron y alejaron a las niñas del perpetrador) resulta relevante analizar toda la patología en términos de cronicidad. Así como éstas personas no consultaron por este antecedente, ni lo relacionaron de modo alguno con su motivo de consulta, por años quienes los asistimos hemos subestimado la capacidad generadora de patología que presentan tales experiencias.

Destaco asimismo que existe variada bibliografía que describe fenómenos neuroquímicos hallados en sujetos con diferentes patologías y que pueden correlacionarse con alteraciones en el metabolismo de la serotonina, postulándose que – en situaciones de estrés postraumático continuado, como acontece en los abusos sexuales infantiles – todo el camino neuroquímico- hormonal (eje hipotálamo-hipófiso-adrenal) queda dañado irreversiblemente, haciendo vulnerables a estas personas, que exhiben importantes síntomas ante cualquier situación estresante y estilos de funcionamiento psíquico que resultan favorecedores de personalidades borderline y psicopáticas (esta última, más evaluada en ámbitos forenses y más frecuentes, estadísticamente, en hombres).

Casi todos los diagnósticos recibidos por las personas evaluadas pueden comprenderse, en términos neuroquímicos, por alteraciones producidas en el metabolismo psiconeuroinmunoendocrinológico ante los sucesos de estrés crónico acontecidos en su infancia. Asimismo destaco que la mayoría de los pacientes evaluado recibieron diagnósticos de trastornos de la personalidad, en enorme proporción, de trastorno límite.

Cohen, Diego. (agosto 2005) .Interacción cerebro – mente en el trastorno limítrofe y antisocial de la personalidad. Revista Latinoamericana de Psicofarmacología y Neurociencias N° 33, año 5. Buenos Aires:

[…]”El trastorno límite y antisocial de la personalidad (TLP y TASP) constituyen un desafío teórico y clínico para comprender la etiología, las manifestaciones clínicas y la estrategia terapéutica de estos desórdenes psicopatológicos. Se trata de trastornos de una alta tasa de morbilidad y suicidio (aproximadamente el 10% de los pacientes con diagnóstico de TLP), depresión crónica, abuso de sustancias y diversas formas de impulsividad, especialmente en el TASP donde se han reportado casos de homicidio.” […]

“ Podría considerarse que el psiquiatra actual, interesado en una amplia comprensión y tratamiento de los pacientes que padecen estos trastornos, debe poder comenzar a pensar tanto en términos de fuerzas psíquicas, conflictos y mecanismos de defensa como en términos de polimorfismo genético, neurocircuitos, interacción genoma – ambiente, farmacodinamia, etc. De esta manera, será posible un mejor abordaje de estos pacientes, frente a algunas estrategias actuales que consideran la polimedicación o bien la implementación de estrategias psicoterapéuticas, que al considerar al ser humano desde una concepción dualista, lo única que hacen es favorecer el desarrollo de escisiones en el aparato psíquico. […]

Así el objetivo de este trabajo es el de describir: a) la forma en que las experiencias tempranas adversas, que presentan por lo general los pacientes con diagnóstico de TLP (por ejemplo, abuso sexual y/o maltrato físico) se “inscribieron” a nivel neurobiológico, y b) como los factores genéticos y propios del desarrollo permiten amortiguar los efectos traumáticos de dichas experiencias adversas.[…]

Las situaciones traumáticas, especialmente los episodios de abuso sexual sufridos por niños, algunos de los cuales desarrollan TLP en la edad adulta, alteran el normal funcionamiento del sistema hipotálamo - hipófiso – adrenal (eje HPA). Gunderson y col. señalan que es posible concebir algunas formas de TLP como una condición relacionada con traumas tempranos de diversa naturaleza, siendo el abuso sexual un factor de riesgo para el desarrollo del TLP.

Existe una relación directamente proporcional entre la reiteración de los episodios y la gravedad de la patología de la personalidad.

Cuanto más directo el vínculo con el perpetrador, más grave es la patología. Desde los trabajos publicados por investigadores del trauma como Van der Kolk, Yehuda y Heim et al.; tiene sentido hablar de cuatro condiciones aplicables a los pacientes con TLP que padecieron traumas sexuales infantiles: 1) episodios de depresión mayor, 2) estrés crónico; 3) trastorno por estrés postraumático (TEPT) y 4) psicosis breves. Estas condiciones se asocian a las manifestaciones propias del trastorno de la personalidad. Las dos primeras comparten, desde el punto de vista fisiopatológico, ciertas similitudes en su perfil bioquímico: por ejemplo, las alteraciones observadas en la capacidad de respuesta del eje HPA.” […]

Por lo tanto, algunos estudios desarrollados en pacientes con TLP y TASP (trastorno límite de la personalidad y trastorno antisocial de la personalidad) permiten plantear que:

1) Las situaciones anormales del desarrollo basadas en vínculos altamente patológicos tienen correlato cerebral y neurobioquímico, aunque resta saber si estas alteraciones son permanentes (marcadores de rasgo) o si se presentan durante ciertos estados (marcador de estado).

2) Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) pueden ser útiles en el tratamiento psicofarmacológico de los pacientes con TLP, dada la influencia que la neurotransmisión serotoninérgica tiene sobre el control del eje HPA (hay estudios que describen la capacidad de la paroxetina, luego de tres semanas de tratamiento, de disminuir los niveles de ARNm para la síntesis de CRF). Lo cual establece la relación natura-nurtura (nature-nurture) en la constitución de la relación existente entre la mente y el cerebro o “mind-brain”. […]

Por lo tanto, las experiencias sociales y afectivas que van surgiendo a lo largo del desarrollo del ser humano actúan como inputs que favorecen el crecimiento y desarrollo neuronal y sináptico, de fundamental importancia en la génesis de circuitos que participan en el procesamiento emocional. La construcción de estos circuitos se complementa y se completa con la adecuada internalización mnémica de las interacciones con el obleto (madre, padre, cuidador, entre otros).[…]

De esta manera, la ToM (teoría de la mente) permite superar científica y filosóficamente el dualismo cartesiano que, a pesar de ser anticuado, sigue guiando en algunos casos el tratamiento de muchos pacientes en la actualidad “[…]


Por otra parte, de un modo integrado y articulando los elementos etiológicos relativos al trastorno borderline de la personalidad, Koldobsky, Néstor (2005). Trastorno borderline de la personalidad, un desafío clínico “.Buenos Aires: Editorial Polemos dice: “Uno de los factores de riesgo más importantes sería el abuso. […] Esa historia de trauma físico y sexual da base para que algunos autores sostengan el modelo etiológico de trastorno por estrés postraumático (TEPT), el que puede darse con disociación o sin disociación.[…]La historia infantil de abuso físico y sexual determina efectos a largo plazo como la ira crónica, la auto-destrucción, el abuso de sustancias, la disociación, el miedo a ser abandonado y las relaciones intensas e inestables.”
Si bien el desarrollo de cualquier cuadro psicológico psiquiátrico requiere de enorme complejidad de factores individuales, familiares, ambientales, sociales, etc. de todo tipo, he intentado recortar los que se relacionan con el tema de esta investigación, teniendo en cuenta que diversos autores relacionan la particular respuesta a los estresores que estos pacientes presentan y que he podido comprobar en la praxis de 33 años de ejercicio de mi profesión.
Datos demográficos y estadísticos :

La muestra abarca la totalidad de los pacientes atendidos en el período mencionado (1 de enero de 2003 a 31 de diciembre de 2012), que fue de 163 personas, de las cuales 49 refirieron antecedentes de invasión de su intimidad sexual en su infancia al ser consultadas explícitamente.

Destaco que, al serle formulado el requerimiento de tal información les ofrecía la alternativa de no contestar, fundamentalmente a quienes no mantendrían un contacto posterior tras la/s entrevista/s de inicio, en ningún caso de negaron a responder.

Los sorprendentes resultados abonan la premisa de partida: los adultos no consultan por esta razón, ni la vinculan con las secuelas que las situaciones abusivas les han producido.

Aclaro, asimismo, que la indagación ha sido al inicio de los tratamientos y, por tanto, va a la búsqueda de los recuerdos concientes de estas experiencias infantiles.

De una población total de 163 pacientes, 135 mujeres y 48 varones; 49 refirieron antecedentes de abuso sexual infantil, es decir el 30,06% de la misma.

De este grupo, 43 fueron de sexo femenino y 6 masculino, es decir, 88 % mujeres y 12 % hombres.

Rango de edades de los pacientes al momento de la consulta


  • De 20 a 25 años: 0 casos

  • Entre 26 y 30: 6 casos

  • Entre 31 y 35 años: 5 pacientes

  • Entre 36 y 40: 5 casos,

  • Entre 41 y 45: 8 casos

  • Entre 46 y 50: 11 casos,

  • Entre 51 y 55: 4 pacientes

  • Entre 56 y 60: 7 casos

  • Entre 61 y 65 años: 0

  • Entre 66 y 70: 2 casos

  • Entre 71 y 75 años: 0 casos

  • Entre 76 y 80 : 1 paciente





Se observa una curva a predominio de consultas entre los 30 y 60 años, con un pico estadístico en la cuarta década de la vida.


En cuanto al perpetrador: en 48 de los casos fue de sexo masculino y una mujer en uno de ellos. Es decir 98 % de los casos, mientras que en 2 % fue una mujer.
La relación y/o parentesco con el victimario fue reportada como menciono a continuación:

  • El padre, en 20 casos, 40,8%

  • El tío, en 11 casos, 22,4%

  • Otro cuidador (3 primos, 2 vecinos, 1 padrino, 1 profesor, 1 sacerdote) en 9 casos, 18,3%

  • El padrastro, en 4 casos, 8,16%

  • La madre, en 1 caso, 2,04 %

  • Un extraño, en 2 casos, 4,08 %



La patología

Diagnósticos de los pacientes que solicitan tratamiento según codificación DSM lV





  • Trastornos de personalidad, en 32 casos: 24 trast límite, 3 trast esquizoide, 2 trast narcisista, 2 trast paranoide, 1 trast obsesivo compulsivo (TOC)

  • Trast alimentario (asociación con trast límite): 1 paciente

  • Distimia: (en asociación contrast de ansiedad) : 1 paciente

  • Trast bipolar: 1 caso

  • Esquizofrenia: 2 pacientes

  • Trastorno de ansiedad: 7 casos

  • Disfunciones sexuales (trast de ansiedad asociado a disfunciones sexuales) : 2 pacientes

  • Enfermedades psicosomáticas graves ( en asociación con trast de ansiedad, disfunciones sexuales y otras) : 3 casos

































A

=

trast. Límite




G

=

Distimia

B

=

trast. Esquizoide




H

=

trast.bipolar

C

=

trast. Narcisista




J

=

Esquizofrenia

D

=

trast. Paranoide




K

=

trast. De ansiedad

E

=

TOC




L

=

disfunciones sexuales

F

=

trast. Alimentario




M

=

enf. Psicosomaticas graves






















Debo destacar que el criterio utilizado para establecer diagnóstico fue el de enunciar o listar en primer término la entidad más protagónica ya que – por ejemplo – casi todos los pacientes manifestaban diferentes dificultades en relación a su vida sexual, elementos disociativos en su funcionamiento psíquico, y alguna repercusión somática al estilo de “descarga por la vía del cuerpo” en situaciones de estrés.

Asimismo, como elementos comunes a la casi totalidad de los casos, pueden observarse: aspectos/sucesos disociativos, baja autoestima, sentimientos y vivencias de vacío, ira y resentimiento, elementos psicosomáticos y autoinmunes (asma, patología dermatológica, digestiva, etc.) y dificultades en su vida sexual; independientemente del diagnóstico.
CONCLUSIONES
"Hay palabras que dan poder y otras que acentúan el desamparo" Noam Chomsky

En un 30,06 % la población consultante en mi área específica de asistencia en Salud Mental (abordaje psicoterapéutico y psicofarmacológico) exhibe el antecedente de abuso sexual en su infancia.

Si bien no es este el motivo de consulta en ninguno de los casos, personalmente no he encontrado otros antecedentes traumáticos que mostraran semejante peso estadístico, a excepción de las vivencias de desarraigo, ya que la nuestra es prácticamente, una comunidad de migrantes.

Podría hipotetizar que, estas personas, que han atravesado sucesos invasivos de su intimidad y por tanto fueron exigidas a desarrollar a temprana edad ciertas modalidades defensivas de supervivencia, muestran mayor vulnerabilidad y/o riesgo de desarrollar patología psíquica.

Desde las teorías que señalan las secuelas de estrés postraumático en niños sobrevivientes de abuso sexual infantil hasta las que afirman un daño específico del metabolismo neuroquímico en situaciones de estrés; se puede afirmar que estos sujetos portan una mayor fragilidad que otros ante la aparición de las diferentes crisis de la vida; y por tanto, mayor predisposición a desarrollar padecimiento emocional.

Me resulta imprescindible trasmitir que, al resultar el tipo de patología secuelar en general de gravedad, se trata – en ambos extremos de la vida – de un problema de salud pública, cuestión que – en medio de los atravesamientos de género y y prejuicios sociales – se desdibuja, quedando por tanto en segundo plano la evaluación de acciones de prevención y tratamiento en todas las etapas de la vida. No debemos soslayar que estas personas transitan por su vida padeciendo múltiples discapacidades, dificultades relacionales que muchas veces requieren de abordajes complejos (estatales, judiciales, etc.), severa patología clínica (adicciones, trastornos alimentarios, enfermedades psicosomáticas, etc.) y enorme sufrimiento personal, con importantes elementos de autoagresión (que muchas veces culminan en suicidio).

Las propuestas a futuro en nuestras praxis se refuerzan con estos resultados estadísticos: detección precoz en la infancia e intervención en tal etapa de la vida, asistencia terapéutica y fundamentalmente favorecer los elementos resilientes en las niñas/os y familias en tratamiento, el diagnóstico y asistencia en la vida adulta y la insoslayable búsqueda del antecedente traumático cuando se inician los tratamientos en nuestros consultorios, recordando en todo momento que estos pacientes no consultan por su antecedente ni lo relacionan con su sufrimiento actual .

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