Sigo: pues explicados estos extremos no me queda sino entrar en materia y largarles la primera de mis historias: Susana. Mi hermana Susana y su Gran Amor, Tito



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Sigo: pues explicados estos extremos no me queda sino entrar en materia y largarles la primera de mis historias: Susana. Mi hermana Susana y su Gran Amor, Tito. Juzguen vds si la historia de mi colateral es trágica, cómica, dramática, las tres cosas juntas o ni una cosa ni otra sino todo lo contrario. ¡Para lo que me peta! Telón, Susana.

Susana era la tonta de la casa y además la hermana mayor. Luego venía Asun, un misterio de niña; terminó suicidándose en el Metro de ParÍs. Y despues yo, el pequeñín, el machito, un servidor.

A Susana se le veÍa venir desde que nació. A Clemen, la tata, le traía mártir. Como jugaba a señora tirana siempre estaba diciéndole lo que tenía que hacer. Sólo entraba en la cocina para eso. Para eso y para la repostería. No sé si porque era golosa o porque la tía Bea le habia dicho que Sissi horneaba bizcochos para su marido el Emperador.

A mí la cocina me encantaba. Era siempre un sitio acogedor, caliente, y con un poco de suerte veías el fuego cuando abrían la tapa de la chapa. Susana, de ir a la cocina para soñar, nada. Cuando no estaban papá y mamá se montaba un servicio de té en el salón grande y jugaba a recibir amigas. Amigas mayores, señoras. Siempre fue así. Las niñas cuando se visten de primera comunión se sienten artistas infantiles. Ella se sentia menopausica en la Ópera.

¡Qué razzias en el armario de mamá! Y sólo lo más espantoso, lo más lamé, las plumas de la abuela. Si no le hubiese visto en pelota mil veces a lo mejor hubiese pensado que iba de travesti.

Una arpía, una Xantipa, una señora, en suma. Para todos tenía una palabra desagradable. A Asun le decía que le iban a tomar por chico, y que despues de todo era una señorita, fea pero señorita. A mí, que no sabía vestirme y que la camisa no iba con la corbata ni la corbata con la chaqueta...bueno...yo la estaba mandando a la mierda cada cinco minutos. A Clemen...¡uy!...a Clemen de todo. Claro que Clemen pasaba no ya de Susana sino del mismísimo lucero del alba. ¡Ay Clemen, la casa eras tu! Si no hubiese sido por ella no es que no se hubiese comido en casa, es que la casa se la hubiesen comido las chicas de servicio. ¡Qué putas! Le tomaban los puntos a la casa y en cuanto veían de qué iba aquello entraban a saco. ¡Ah, pero allí estaba Clemen de guardián de la fortaleza! Ella era ama de llaves, cocinera, madre de los hijos y hasta padre que ya me acuerdo yo de alguna hostia bien dada en pleno papo. Con razón, ojo. Con toda la razón. Una madre alcohólica y un padre astrónomo ya me dirán vds que casa puede llevarse así sin un zurriagazo ocasional.

De ahí vino todo. Y lo de Susana tambien. No de los zurriagazos, quiero decir. Del desmadre aquel de Alcalá que parecia mas una comuna anarco que una familia cristiana.

Así que empezaron a rondarla de cría. Y entre que los colegios de monjas no son precisamente Harvard y el vicio de la nena por vigilar menús, echar broncas al servicio, salir con las amigas e ir de compras se juntaron el hambre con las ganas de comer. De estudiar, nones. Su Bachiller consistió en citas con galanes y facturas de la Telefónica.

Por otra parte mi casa...bueno...llamar casa a aquello...mi madre agarrada todo el dia al frasco...mi padre en la buhardilla, osea en la Luna...en esas circunstancias una chica es del primero que llega. Todo lo mas del segundo. Yo creo de todas formas, que en este caso, del primero.

Vamos, Susana no tuvo ni que ir al Rocío como otras a buscar novio. Le vino el a buscar a casa.

Inolvidable el gachó. Tito Belagua, un guaperas con tupé de gomina, bigotillo y algo cachas. La flor del Barrio de Salamanca por aquellos años. Un chulo de coche deportivo y chaquetas de tweed, un parásito de monterías y parrandas, juergas flamencas y borracheras. Un putero impenitente, vago, machista y soez. El nene, eso sí, oía Misa todos los Domingos en la Residencia y se decia simpatizante de Falange. De la revolucionaria por si fuera poco.

Cuando el pavo este conoció a mi hermana hacía tercero de Segundo, osea, repetía Segundo curso de Derecho por tercera vez. Un record. Había terminado el Bachiller a

los 21 tacos. ¡Qué se iba a esperar de tal luminaria!

Nada, presa facil. Imagínense. Un tipo de veintitantos con Triumph a la puerta. Ni para empezar con aquella pobre. La fulminó en cuestión de dias. Noviazgo convencional, ya saben. Merendar en Embassy, la sierra, los guateques..todo iba sobre ruedas. Susana se veía ya reprendiendo niños, llevando paquetes de un lado para otro, escogiendo cortinas y tapicerías y montando timbas de caridad. Vamos, la señora perfecta. Ejecutiva de una empresa que trafica en cosas banales a la vez que imprescindibles-todo ello con la máxima urgencia.

¡Ay Tito! Era sobrino de Tal, primo de Cual, conocía mucho a No Sé Quien, habia estado en un aguardo con Villaverde...¡que monumento facial, que caradura! Decia que le tentaban dos oposiciones: Notario o Agente de Bolsa. ¡Toma, a mí tambien me tentaba Natalie Wood y ni por esas!

En realidad Tito era el vástago inútil, uno más, de esa familia española que ha conocido tiempos mejores, las está pasando putas sin que se entere ni el vecino y conserva las apariencias gracias a un piso alquilado desde siglos y a un apellido que fue ilustre por culpa de un Capitán General. Por único patrimonio unas finquillas y gracias. Tierras de secano, evidentemente. Mal administradas y peor cuidadas donde a veces hasta se caza. Ojo, solo a veces y por lo general poco. Que a base de no respetar vedas ni encames suele estar el monte como el desierto de Kalahari.

Y se murió papá. No se crean, siempre se lo supo hacer el muy chorizo. El tío se habia enterado que lo de mamá era cáncer y se dijo: ¿viudo yo, aguantar a este trío salvaje, a esta horda? Na, para cuatro constelaciones que me quedan facturo y despego, a lo mejor la eternidad es otra galaxia. Un ataque así, indoloro, rápido y ¡zas!, puerta. Mi madre por la posta, se iba ya, terminal, en los huesos. Al poco rato tarifó detrás del Jefe, la frieron en una sesión de rayos. ¡Olía a pan tostado y todo!

Dejémonos de truculencias. Allí la única que lo sintió de verdad fue Asun, como se vio al poco, la gafitas, la misteriosa. Y Clemen, claro. Para ella fue el final, la muerte niquelada. El servicio aprovechó para apañarse un poco de ropa de mi madre. Acreditada tradición testamentaria de la España rural. Clemen eso no lo perdonó nunca, sobre todo a la más mangui, una tal Hortensia, de Valdecaballeros. Pero no la denunció a la policía, tradicional tambien, los ritos de la muerte.

¡Qué ganas teníamos de deshacer la casa! Susana y yo, me explico. Susana porque quería casarse, osea ser libre a su modo. Y yo, porque tambien queria ser libre al mío. Muchas novias efímeras, a follar con el tacómetro en rojo, un 600 a la puerta, un vocabulario de frases hechas y algún que otro panfleto en el portaequipajes para lavar mi mala conciencia de niño bien.

Osea que a Susana se le abrieron las puertas del paraíso. No paraba de hablar de cretonas, moarés, lanas cardadas...era un muestrario ambulante. Sigue en ello. Ya saben, genio y figura...aunque algo menguada en sus entusiasmos textiles por la edad, lo reconozco.

Para mí la libertad fue la pasta. Eran los años del boom. Me compré un piso en Serrano, me tocó una lonja en el reparto y rebañé un paquete de acciones de esas de toda la vida: Matildes, Iberdueros y demás. Para ir tirando.

Y para Asun tambien fue el Paraíso porque como era un alma inocente y se tiró al Metro en París seguro que le acogieron los angelitos. Además los de París son mas galantes, la escuela de Charles Boyer, fijo. Debe de estar pasándolo bomba.Liquidado en dos días.

Lo vendimos todo, hasta la pacotilla. Aventar las cenizas, que se decia en tiempos. Con lo que sacamos no habría hoy ni para pagar la entrada de un apartamento en San Blas pero por aquellas fechas era un fortunón. ¡Y hala, el muerto al hoyo y el vivo al bollo!

Susana arrancó fuerte. Su Tito era un prodigio, tenía ideas geniales, iban a invertir en lo mejor, nada, ahora que la caza empezaba a estar de moda, safaris, marketing, no sé qué, armería que te crió.

Verdad es que Tito cazaba pero como era un pichalaire lo hacía a su manera, osea fatal. Para ser un buen cazador, perdón, para hacer bien lo que sea hay que ser serio. O por lo menos tener un mínimo de rigor. Y Tito lo de rigor yo creo que lo confundia con vigor o algo así. Ni habia oido la palabreja. Según me dijeron, porque en Madrid no hay secretos, era un Nimrod de chicha y nabo. Si tardaban en entrar las reses se entretenía machacando urracas. Si antes de empezar el ojeo veía a un conejo, que se jodan los feos, tiro al mamífero, macho, las perdices a su aire, y nunca mejor dicho. ¿Que se aburría? Ponía el transistor a todo volumen. A veces hasta se llevó furcias al puesto.

Para él, eso de pantallas, ángulos de seguridad, rebotes, na, literatura. Tiraba de rodillas, echado, contra el agua, a donde fuese. Tiro y tentetieso. Un montero viejo le bautizó Balilla, como al Fiat, y con Balilla se quedó.

Con esos antecedentes, algunos catálogos y muchas prisas Tito consiguió en traspaso un antiguo almacén de vinos, una ganga, y se hizo comerciante. El dinero lo puso Susana, en fin, no sé ni porque lo digo. Algo habia que pagar por la libertad de regañar niños, quejarse del servicio y hacer compras. Todo era inversión al fin y al cabo.

Ya se imaginan lo que pasó. El negocio se venía abajo desde el principio. ¡A ver que montero como es debido tenia los santos cojones de irle a comprar cosas a aquel pichiflautas! Ahora, eso sí, éxito o fracaso de la operación, es decir, fracaso total, ruina irremediable, Tito follaba y malcazaba más que nunca mientras que su santa esposa, mi hermana, por mis pecados, se castigaba la neura teniendo críos, tres, y sacando brillo a la plata en sus ratos de ocio, que el servicio, ya se sabe, está, lo que se dice, imposible. Osea, matrimonio feliz a no se puede mas, típica pareja modelo.

Según iba la cosa en lenguas, la armería era una rebotica de pueblo, un club de amiguetes donde se juntaban los colegas para hablar de la montería del Domingo. Entraba un cliente y poco menos que lo echaban a patadas por haber

interrumpido la tertulia. Luego, de profesionalidad, nada. Tito se liaba con los calibres, los decimales eran mucho para el. Confundía el 30/30 con el 30.06; el 7,62 con el 7,65 y tutti quanti. El Ejército para arreglar las cosas prohibió no sé cuantos calibres y eran justo los que el trabajaba-cosa que no sucedió a la competencia, por ejemplo. Despues se hinchó a decir que los Magnum eran una mierda y se impusieron sin dificultad...añadan que se llevaba las armas nuevas al campo para probarlas y que cuando volvian al mostrador ya no estaban como salidas de fábrica...que olvidaba los pedidos o se equivocaba de mercancia...el caos.

En fin, ruina y a otra cosa. Pero Tito era incombustible, el tipo iba como una moto. ¡Mira tu que se lo advertí a mi hermana! ¡Colega que os estrellais, que te está chuleando y en cuanto se acabe el monis se te abre el pavo y si te he visto no me acuerdo! ¡Para el caso que me hizo! Claro que yo para dar consejos...yo iba a hacer la Revolución desde mi cochecito reluciente y entre ligue y ligue. ¡En fin!

El siguiente embarque fueron los caballos. Según el, la pasión de su vida. Eso y su colección de medallas de la Virgen. ¡Échale huevos! Bien, argumentaba el señorito. ¿No soy un Belagua? ¿No ha habido un General de Caballería con ese nombre? ¿No le habia dicho Paco Goyoaga que montaba como los ángeles? (Seguro que no, chicos, seguro que no). Y seguía: la perspectiva caballera, el noble bruto, la dignidad equestre...¡la intemerata!

¡Como odiaba yo al gilipollas aquel!

Valle Inclán habia dicho que habia que instalar una guillotina eléctrica en la Puerta del Sol. Yo, sin dudarlo: Tito el primero de la fila. Él lo sabía y a veces trataba de confraternizar. Pero sus ofertas de paz eran tan delirantes que jodían todavia más la cosa. Una vez me propuso ir de furtivo y guardarme las espaldas con un 6,35 y un visor de diez aumentos. Como el guarda tenia solo una carabina del nueve la impunidad estaba garantizada. Otra de sus fantasmadas consistió en ofrecerme a fin de montería

unas gitanillas como de diez años para que me las tirase entre las jaras. ¿Se van percatando de la catadura moral del engendro aquel?

Bueno, pues allá entró Tito en el mundo de los cuadrúpedos como en todo. Mal, a destiempo, sin amor y sin ganas. Se hizo con un Rastro de cosas, cabezadas, arneses, monturas, gualdrapas, espantamoscas, mantas...y ¡hala!, a proveer al respetable.

Susana, que se lo hacía de profesional del matrimonio cristiano, desenterró pamelas y gasas y ¡venga¡, a consumirlas a la intemperie de los concursos. Se convirtió en la indispensable de las tribunas. Yo creo que en el Club de Campo no empezaban hasta verla llegar. Salió un dia y todo en el NO DO una final de la Copa del Generalísimo.

Como de costumbre las cosas se torcían. Lo que aquel ignaro supiese de caballos me lo comía yo con patatas fritas. ¡Qué decir de su estilo cómo jinete! Una vez le vi en la pista de galope del Club de Campo y parecía una foto movida. Pero no por efecto de la velocidad. Es que el tío era un puro Parkinson, un trozo de gelatina. Se le iban las manos a Siberia, el culo a Estambul y los estribos en plan tren de mercancías. ¡Macho, ni que el patrón de la caballería hubiese sido San Vito, qué meneo!

Luego, métete tu con los jinetes. No hay nada peor que el obsesivo, el encerrado, el místico. Y el jinete es así, tíos, un respeto. El jinete es al caballo lo que el alma al cuerpo. Osea, ve un caballo y ya no hay ni hijo en coma, ni señora estupenda ni Cristo que lo fundó. Hay caballo y basta. Ahí si que un tipo como él no tenia nada que hacer. Para entrar en eso hay que ser un elegido. Y claro, le pillaban en renuncios, en abandonos, en ignorancias inexcusables...lo que un jinete no perdona jamás. Antes te pasa que le mates a la madre. Pero si su caballo pilla un dolor de muelas por tu culpa vete rezando el Miserere que te visita la Morgue a domicilio. ¡Ojo, ojo!

Tito, cuando vio que aquello escoraba, se decidió por los grandes remedios. Nada, la magia, el Lourdes del Foro, el unguento curalotodo, la panacea, el San Roque redivivo. Había oído hablar aquel inútil a no se qué indocumentado sobre un tónico húngaro maravilloso. Ya saben, la putzsa, los míticos caballos de Atila, el filete tártaro...con eso se hacian Pegasos en quince días. Nada, tu le dabas a un penco una cucharada del tónico y a ganar el Arco del Triunfo garantizado.

El problema era que por aquellos años los húngaros eran tabú. El comunismo internacional acechaba. ¡La que se montó! Recomendaciones, telegramas, visitas a Ministros, memoriales...por fin se arregló todo y un dia glorioso llegó a Barcelona el líquido de marras.

Llegó...y se quedó en Aduana. Faltaban papeles, la póliza, el permiso, la licencia...explico esto porque me parece a mi que esa larga espera tuvo la culpa de todo. El jarabe se convirtió en un carminativo formidable.

Tito enrolló a medio mundo con la cosa aquella del Hungarton, como el lo bautizó. Y las cuadras se convirtieron en salas de concierto. ¡Macho, que redobles de pedos! Los caballos se ponian panzones y, plis, plas, se aliviaban con unos ventarrones que dejaban a los mozos para el arrastre. Desde lejos se oía el estruendo. El fin de toda la historia fue sonado, es natural. ¿Como puede concebirse otro? Y allí estaba yo no se por qué...

Echen a trabajar las neuronas, vengan conmigo. Estamos en la Venta de la Rubia una tarde radiante de primavera. Se celebra el Campeonato Militar de España de Salto. El Club está como una patena. Acaban de regar y de arar la pista y la arena oscura conserva todavia la huella acanalada de los hierros. En el rectángulo brillan las barras rojiblancas de los obstáculos y a los lados hacen guardia altas matas de boj.

A lo lejos verdea la sierra, abierta en claros de pizarra y pedrusco, y por allí, por ese aire crujiente de puro seco, llega un aroma picante a jara que se mezcla con el de la pista húmeda.

En el chalet ventean oriflamas y estandartes. A tope de mástil se balancea una enorme bandera nacional.

Tribuna de honor dominada por uniformes de gala y señoras con pamela. Mi hermana en primer plano, faltaría mas, en la fila del Capitán General y demás prebostería. Los tres críos dando guerra por allí con vestiditos de a millón el cm cuadrado. Y Tito hecho un flan yendo y viniendo a boxes, entrando en pista, diciendo cosas al oido de la parienta, volviendo a bajar, sonriendo a todos, mirando al reloj, hablando solo, en fin, patético como de costumbre.

Eso sí. Nos enteramos todos de que “su” caballo era una yegua, Olivera, un cruce mágico de Trakehner con angloárabe, una genialidad de un amigo suyo criador. Del jinete ¡que decir!. Iba directo a la Olimpíada, reverdecía los laureles de aquella mítica y única Medalla de Oro de Amsterdam.

Olivera corría la última.

Bien: el concurso se desarrolla sin mas incidentes que un par de amonestaciones a Tito por ir y venir de acá para allá como un poseso, por dar el coñazo, vaya. Y todos los participantes derriban. Todos. Llega el anteúltimo, se escarafolla en el triple y saludo del jinete, fin.

Bueno, pues le llega el turno al cobaya aquel del tónico y la leche en bote y Olivera en pista. Las carreras de Tito se hicieron frenéticas. Susana pasó de comerse las uñas a devorarlas pero ya con hambre, como si fuesen patatas fritas.

A mi Olivera no me pareció nada del otro mundo. Cara lista, eso sí, alegre, esa expresión traviesa y noble que distingue al árabe, menudo e incansable. De Trakehner poco. No tenía volumen de caballo alemán. Una yeguita simpática mas bien de andar por casa.

Pero con esto de los caballos nunca se sabe. Te sale saltamontes y con un pony arrasas en el Campeonato del Mundo, se ha visto.

- Tito, ¿qué es esa cola como un mástil?- le pregunté porque la yegua llevaba la cola mirando al tendido.

- El muelle, me dice muy serio el fantasmón. La sangre árabe.

A mi no me cuadraba tanta erección. Y le veía tambien como un retortijón nervioso en el costillar, un temblorcillo sospechoso que le venía de la tripa. El jinete era claro que no las tenía todas consigo, iba blanco como el papel.

Suena la campana, se inicia el recorrido y por lo visto el renque agitó el fermento. Olivera va, se desune y celebra la ocasión con dos cuescos memorables: plis, plas. Al juez de pista casi lo tumba del rebufo.

Un recorrido musical, tíos: el Sitio de Zaragoza. Vertical, plaf, plaf. Fondo, pataplóf. Vallas, pum.

Ese es de calibre grueso, dijo un chusco. ¡Un 155!- se dio por aludido un artillero..¡.y autopropulsado! Y empezaron las risas. Duraron lo que tardó en llegar el perfume a la tribuna. ¡Pua! Una peste algo terrible. El público volvia la cara, trataba de ganarle barlovento a la furia aquella. Pero era inútil.

Una señora estaba abanicándose frenéticamente a mi lado y un capitán ordenó casi sin voz del puro ahogo: ¡señora, por favor, no lo remueva!

Y llegamos a la ría. Ya saben que la ría es un obstáculo de longitud. El animal, mas que elevarse planea. Pues justo en el momento de batir, un redoble que no se acababa, un viento de popa de aquí te espero.

Un crio gritó todo excitado.

- ¡A reacción mamá, como los aviones!

La tribuna pasó ya del regocijo al cachondeo y de las carcajadas no se libraba ya ni el Capitán General que comentó en voz alta: Talledo parece de Aviación. Va en globo...

Tito contraatacaba sin éxito.

- El mozo, eso es el mozo. ¡Mira tu que le he dicho que no diese hoy el pienso a la yegua!

Nadie le hacia caso, se imaginan. Estaban todos al redoble. Pero entre bromas y veras Olivera ganaba. Es verdad que iba cola en alto, que se ayudaba con pedorretas y que había dejado la Venta que parecia un chiquero. Pero al triple lo habia fulminado. Y al vertical despues de la ría tambien. En un fondo con barras se habia permitido hasta salvar un error del jinete. En fin, bien por Olivera, brava.

Ah, pero llegó el oxer final, una cosilla de nada, un por decir que si, una minucia. Tíos, aquello podia con el aroma del Hungarton y con lo que fuese. Un silencio en el respetable, religioso. El Campeonato de España en el alero. Tito al borde del infarto.

Y va Olivera, enfila la cosa y cuando todos le veía

mos alzarse con el santo y la limosna va la pobre y no puede mas, y se clava de manos, se queda tiesa como una estatua, se espatarra de atrás y bueno, qué andanada, un cuesco monumental, un pedón inacabable, un tornado.

Se acabó el momento mágico, macho. Empezaron a reirse todos pero a mandíbula batiente. Los mas cachondos se soltaron a hacer comentarios sangrientos, tipo: ponle un tapón...cuidado que despega...te van a meter un puro por hacer la guerra química...el acabóse.

El jinete se lio a fustazos con la yegua pero ¡quia! a aquella no la movía ni el mismísimo Caprilli redivivo. No terminó ahí todo que cuando Olivera se sintió a gusto debió de pensar, hoy corono la faena, ¿que pinta este fantasma que tengo aquí arriba? Dos botes, el concursante por los suelos y a triscar por las verdes praderas.

Triste.

Pues no fue el fin. Tito era incombustible. Le quedaba un último cartucho. Un boticario de Requena habia patentado un unguento de cascos y el patentaba su distribución mundial. El, Tito Belagua. Nada, repetia el insensato, unguento Belagua y a otra cosa, esta casa es seria y no tiene sucursales. ¡Que coño sucursales, lo que no tenia era fuste!

No se que porquerías le metería el boticario aquel a la pócima pero lo cierto es que apestaba. Y los caballos...buenos son los caballos. La princesa del guisante, macho. Venía el mozo allá por las Quimbambas y ya estaban ellos inquietos. Entraba en la cuadra con el unguento en la mano y no veas en lo que se convertía la cuadra ¡el ballet ruso! Coces, patadas, relinchos...la leche.

A un mozo le desgraciaron de un repelón. No pasó nada; de un mozo se hace fotocopia. Pero, ay, trajeron un potro alemán que costaba no sé cuantos millones y el angelito al sentir cerca aquella mierda tiró un patadón que agujereó la pared (lo vi, doy fe) y hubo que sacrificarlo. Tito cerró la tienda y se fue de vacas. Por una vez obedeció a la voz de la razón. Creo que eso le salvó la vida.

Pues todavia no se dio por vencido. Ideó una estrategia comercial alternativa. En vez de vender al público pasó a equipar al Glorioso: así lo llamaba el, el Glorioso Ejército Nacional. Faltaba el pequeño detalle de la modernización de los medios y de la sustitución del caballo por el motor. Pero nada, él erre que erre. Quedaba Montaña, Estado Mayor...¡uy que se yo cuantas plazas montadas!

Esto ya lo vamos a tratar de puntillas porque el escándalo tuvo nombres y apellidos, estuvo a punto de haber Consejo de Guerra y se pararon varios ascensos. ABC incluso se refirió a ello. De pasada, respetuosamente y en lenguaje de iniciados. Pero la historia mereció su editorial.

El acabose. Del negocio, del dinero y naturalmente de la familia. En cuanto Tito se vio sin pasta encontró por ahí a un putón de revista, se lió con ella y tararí que te vi. Ni pensión ni visitas a los hijos ni nada, la del humo. Si te he visto no me acuerdo y ni agradecido ni pagado.

Así que Susana cumplió el sueño de su vida. Quería ser mamá. Pues ha acabado siendo mamá y papá. Profesional de sus labores, para hacer más redondo lo de la carrera y el oficio. Pero no cómo sus amigas que cobran del marido sino en el libre mercado. Chapucillas que le encargan las monjas, bordar manteles, preparar meriendas...caridad disfrazada de las antiguas compas del cole.

Susana podria hacérselo de otra manera, no se crean. Está francamente apetitosa y oportunidades en el mercado de segunda mano no faltan. Pero de eso, nada. Yo creo que con Tito ni fu ni fa, en ese campo, la cama, me explico, y si además le ponemos la educación religiosa...y...bueno, ella lo que quería era una familia y un marido, partidas de bridge, caridad de Rastrillo...aunque tuviese que pulir la plata tres veces al día (el psicoanálisis de las señoras como ella) cada vez que el macho llegaba a casa oliendo a pachuli: tuvo ambas cosas. Y en exceso.

¿Que, se ríen como Jose Mari y Felisa? ¿Les hace gracia tanta miseria, tanta incompetencia, tanta mezquindad? Pues a mi no. A mi no me gustan esos zánganos made in Barrio de Salamanca; ni las señoras malcasadas-que son casi todas; ni esos hijos de señor de posibles que solo valen para irse de putas y soltar tacos y casarse con alguna incauta.

Afortunadamente se ha producido el relevo. Han venido los yuppies y es otra cosa. Se acabaron los garbanzos y el colegio de curas. Ahora privan la coca, la escuela de postgrado y ¡ah!, ¡oh!, el Master en Buenos Modales.

Mi hermana está en eso. Da clases junto con un Embajador jubilado y una señora argentina mas cursi que un pedo de monja.

Yo me cachondeo. ¡Pero hombre, Susana! Si lo primero que se aprende en una clase de protocolo es que no se debe asistir a clases de protocolo. Risas. ¿Te acuerdas del cole? Para el Rey uno y para Dios ninguno (el guante); en la escalera toma la delantera (los chicos cuando van en compañia femenina); las señoras siempre delante menos en el restaurante...Susana se ríe. ¿Todavía te acuerdas?

¡Pobre Susana! Para ella el Cole fue lo más bonito. Se ve siempre con guantes blancos haciendo la Primera Comunión. ¡Estaba tan mona con su velo y su vestidito blanco...!

Oye, sigo yo. Pero si esos tíos solo hablarán de dinero, ¿no?. ¿Y de qué quieres que hablen?- me dice ella.

Pues mal andarás-continúo. Porque de dinero no se habla.

¡Uy que antiguo estás!-replica. Y a todas horas.

¡Cielos!-me escandalizo. ¿es que estás en el nivel elemental todavía, en el “la sopa no se sorbe, no se mete uno el dedo en la nariz, etc?”

En ese mismo-confirma ella. Chico, qué quieres, son ellos los que tienen el parné. Y eso es lo que manda. Aquí en cuanto te emiten una tarjeta oro o platino ya puedes hacer lo que te venga en gana.

¿Hasta llevar zapatos de ante con el smoking?- provoco yo.

¡Uy!-me dice ella. Y playeras. Si yo te contara...

Bueno- me resigno yo- siendo así...-y doy el quiebro- Lo que no entiendo entonces es porque van a tu Academia.

Yo tampoco-reconoce ella. Pero como son ellos los que pagan...

Bromas inocentes, fracasadetes que somos. ¡Pobre Susana! Quiso ser una señora no porque le gustase más o menos sino porque eso era lo que se esperaba de ella. Conformarse siempre es malo pero entre nosotros y siendo mujer puede resultar fatal. Vease el ejemplo: Tito. Ya es que en Europa tipos como el citado no existen. Quizás en Egipto, en Líbano...con suerte y de manera excepcional a lo mejor en Nápoles o en Lisboa...

Su marido fue su destino. El mío, mi destino, la verdad, tampoco es que sea ejemplar. Por eso Susana y yo no nos ensañamos el uno con el otro. Por eso, cómo personas maduras, limitamos nuestros reproches a una convención inofensiva. Ella hace ademán de escandalizarse por mi desaliño. Yo me dejo regañar, faltaría más, es mi papel, y le reprocho a mi vez su frivolidad de señora bien y su voluntaria castidad, cosa que le encanta. Que le digan que está como un pan, quiero decir, y que si no se enrolla es porque no quiere. Y ahí termina todo.

Pone un té, excelente, por cierto, que trae siempre ella y luego me deja el resto. Un regalito para el hermano soltero, todavía hay clases, gracias.

Viene para convencerme de que venda la buhardilla al Almirante o a la Inmobiliaria. Quieren rehabilitar el inmueble y el único que les falta soy yo. Y les seguiré faltando, por mucho que mi ilustre colateral insista. Sus argumentos los tengo más que oidos: estarías mucho mejor en un apartamento o en un chalecito de las afueras, con ese dinero tendrías libertad para traducir lo que quisieras...

Mi silencio tambien lo conoce ella. Nos miramos, nos sonreímos sin acritud y sin gracia y hasta la próxima. Hasta la próxima vez que la Inmobiliaria le de el toque y le recuerde lo que se va a embolsar si me convence.



¿Gracioso? Vds me dirán. En fin, reconozco que les he encajado un golpe bajo, el tema no es de los que me entusiasman, qué le vamos a hacer. Vamos con algo más chusco. Chusco para vds, ¿eh?-que a mí a poco me cuesta el gori gori.






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