Simposium de Historia, 2016. Hechos y Palabras



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Simposium de Historia, 2016.

Hechos y Palabras

La Vida Periodística de Abelardo Casanova

Por: Francisco Casanova

En octubre de 1962, cuando el mundo se mantuvo tenso y preocupado a causa de una posible conflagración mundial, por la llamada “Crisis de los misiles”, uno de los conflictos más fuertes que se vivió en la época de la famosa “guerra fría”, en la que destacó la presencia del presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy y del primer ministro de la Unión Soviética, Nikita Kruchev, así como de los cubanos Fidel Castro y el Ché Guevara, la gente de Sonora y especialmente la de Hermosillo, no estuvo exenta ni ajena a las vicisitudes de ese conflicto, ni mucho menos alejada de aquel temor.

Era un temor colectivo que se expresaba en las charlas familiares, con los amigos, en las escuelas, entre los niños y en los parques, en los mercados y en las esquinas; en todas partes se hablaba de la posibilidad de que estallara la tercera guerra mundial y se acabara el mundo. Se podía pensar que ese año el mundo estuvo en verdadero peligro. Porque las armas de destrucción con las que se alardeaba a través de la prensa eran cohetes teledirigidos cargados con bombas atómicas.

Eran los tiempos en que el mundo se equilibraba con dos poderosas fuerzas: el Capitalismo y el Comunismo.

En esa época aquí en Hermosillo, en el famoso Canal 6 de televisión, conocido por su eslogan como “la Espiga del Noroeste de México”, el presidente del Consejo de Administración Raúl Azcárraga, comentaba con el joven periodista Abelardo Casanova –en ese entonces encargado de la contabilidad de aquella exitosa empresa de telecomunicación– sobre la responsabilidad de ofrecer al teleauditorio un mensaje de ecuanimidad y tranquilidad, dirigido a la población a través de un programa –en vivo y al aire– que destacara la necesidad que tiene el ser humano de construir antes que destruirse.

El programa se hizo. Y fue tal el éxito de comunicación al identificarse con los sentimientos de la gente, que así nació el aún recordado y muy querido programa de televisión “Hechos y Palabras”, con el destacado comentarista Abelardo Casanova.

Abelardo Casanova había debutado en el periodismo con una columna titulada “En este Mundo Traidor”, en el Noroeste de Nogales, firmada con el seudónimo de Alfonso Diez, cuyas entregas duraron dos años. Tiempo después tuvo una columna diaria en el vespertino La Extra, del licenciado Rafael Vidales Tamayo, en Hermosillo. La columna diaria con el nombre de “Hechos y Palabras” inició en abril de 1966 en El Regional, -que después se convirtió en El Imparcial- por invitación de José Alberto Healy, director de este matutino en Hermosillo, y continuó en Información hasta 1983.

Respecto a su programa de televisión, el destacado académico y articulista Ernesto Camou Healy, dijo en su BATARETE lo siguiente:

“Cuando por fin llegó la señal de la TV –a Hermosillo – a la novedad de tener cine en casa, se añadió la de contar con una celebridad vecina, pues un señor de la cuadra de al lado, ahí en la calle Bravo, atrasito de Catedral, papá de nuestros amigos, amable y serio, el Abelardo pues, aparecía en televisión, dirigía un noticiero y lo hacía de un modo ameno, inteligente, y con una cuidada técnica que le permitía controlar la cámara, adueñarse de ella y parecer que hablaba con la naturalidad y frescura de quien platica en la sala de su casa…

“Para entonces me quedaba claro un filón ético muy especial en Abelardo: Una convicción profunda de que la vida tenía un sentido y había que impregnarla con ese compromiso fundamental.

“Era un humanista que poseía una cierta dosis de sano cinismo frente a una comunidad, regional y nacional, que ostentaba y presumía sus creencias, y se dedicaba con ahínco a contradecirlas en la vida cotidiana; y él las documentaba, con agudeza e ingenio, que le permitían narrar y hacer evidente las contradicciones, sin parecer un juez severo”.

Me tocó trabajar cerca de mi padre en el periodismo, cuando me mandó en unas vacaciones con José Ángel Partida, en ese entonces reportero del noticiero de televisión El Mundo al Día, a quien acompañé como asistente montado en una motocicleta negra Yamaha, para echar las luces a la hora de filmar con una cámara de 16 mm, en entrevistas a personajes de la ciudad y contrastarlas con la opinión de altos personajes de gobierno y servidores públicos, al mismo tiempo que vivía experiencias personales y familiares que marcaron mi adolescencia.

Una de ellas, cuando temprano por la mañana, rumbo a la escuela secundaria, pude observar con asombro que en las bardas de la ciudad por donde pasaba iba descubriendo grandes pintas, de letras grandes y rojas con el lema “Casanova Mientes”. Y al rato me di cuenta –ya de vuelta a casa– que esa famosa pinta estaba hasta en el Cerro de la Campana.

Otra, cuando la policía judicial disparaba gases lacrimógenos a los estudiantes cerca de la Universidad de Sonora, observé de lejos que una de las bombas cayó a los pies de mi padre. Y él ni se inmutó.

Una más, cuando lo acompañé como reportero en las ciudades de Nogales y Magdalena, a cubrir la visita que hizo el presidente de Estados Unidos, Gerald Ford, al presidente de México, Luis Echeverría, quien asistió acompañado de una parte de su gabinete, y entre ellos surgía la presencia del polémico Secretario de Estado de los EEUU, Henry Kissinger. Obviamente los gringos venían por el petróleo que se había descubierto en esa época, y con un poco de dignidad, no se llegó a ningún acuerdo con ellos.

Hubo muchas más experiencias, sobre todo familiares, cuando hablábamos de las cosas buenas. Porque de las malas, ni me acuerdo.

Abelardo Casanova se distinguió por el apoyo decidido que dio a los jóvenes estudiantes en el movimiento del 67 y del 73. Y sus adversarios en el periodismo –cuando lo atacaban– lo llamaban “hippie viejo”. En esas décadas los jóvenes se manifestaban en casi todos los países en contra de la guerra de Vietnam y por una mayor democracia, a favor de un cambio pacífico en las relaciones políticas y sociales, y Sonora no fue la excepción.

No fue poca cosa haber tenido la oportunidad de convivir profesional y amistosamente con el primer equipo de periodistas, publicistas y comunicadores, integrado por José Angel Partida, Guillermo Turnbull, Gustavo Romero Carpena, Luis Alfonso López Celis, Alberto el Guerro Murray, Enrique Yescas, Conrado Quezada, Chacho Valencia, el Pajarito Juárez, y ya en el periódico INFORMACIÓN, en el equipo ampliado, con Ismaél Mercado Andrews, Alonso Vidal, Vicente Franco, Sergio Galindo, Delfina Falcón, Rosa María Serna, Jesus Arturo Yanez, el Dr. y profesor Bracamonte, Francisco Rodríguez, Susan Chico Smith, Javier Godoy, el Chava Burruel, Rubén Duarte Rodríguez, y muchos más de la llamada escuela periodística de Abelardo Casanova en Sonora, a la que se le sumaron en su segunda horneada César Gallegos Gardner, Gerardo Godoy, el Chino Hernández, Griselda Sierra, Anna Saint Clair, Ernesto Gutiérrez, Jaime Atondo, el Tavito López, Belmar Cañez, Ranulfo Amavizca, Pancho Bustamante, Lupita López y los cartonistas y dibujantes, Polito, el Pay Navarro, Sheyk y Marent, de la página Editorial, entre los que destacaron personajes conocidos y respetados de la comunidad, como Manuel Octavio Palafox, Héctor el Chino Araiza, doña Catalina Acosta de Bernal, don Blas Salazar, Dario Arredondo, Lichi Duarte, Pico Pancho Navarrete, Paco Luna y muchos más.

Fue toda una legión integrada por reporteros, articulistas, columnistas, administrativos y gente del taller, que se identificaban entre todos por su idealismo ante la vida.

Bien lo señala en uno de sus escritos de este año 2016, la hoy reconocida psicóloga Susan Chico, después de aquella experiencia periodística: “A mis 17 años, me sentía como El Quijote, persiguiendo quimeras, con la espada al aire, de frente a la vida, lista para escribir cuantas noticias aparecieran a los ojos de una reportera”.

Si en la primera época de periodistas en el equipo de Abelardo Casanova el mejor reportero fue José Angel Partida, en la segunda etapa ocupó ese lugar el reportero César Gallegos, quien en sus recuerdos señala:

“Era la época de la lucha social y gran discusión de las ideas que buscaban los cambios trascendentales de la sociedad. En esa discusión, INFORMACIÓN siempre se puso del lado de la justicia. Denunciando todo atropello y abuso de autoridad –pública o privada– que afectara intereses legítimos de la población. Para el periódico de Don Abelardo Casanova, buscar y encontrar la verdad era fundamental para el ejercicio del periodismo libre y objetivo. La verdad se encargaría de inclinar la balanza hacia quienes tenían la razón. No juzgaba a nadie, como sucede en la actualidad. Ubicaba a los líderes de opinión y a quienes ejercían el poder en su exacta dimensión social, para que llegado el momento, respondieran por sus actos si estos afectaban negativamente a la sociedad”.

EL PENSAR DEL CORAZÓN

A su vez, el historiador e investigador académico, Dr. Ignacio Almada Bay, expuso lo siguiente en una semblanza del escritor y periodista, al ser homenajeado en una edición de Las Fiestas del Pitic:

“Abelardo Casanova toma conciencia de que el mundo ha cambiado y sigue cambiando con rapidez desde finales de los años sesenta. Es un hito la fundación del diario Información, en agosto de 1972, con algunos colegas de la experiencia televisiva y una pléyade de entusiastas colaboradores de todos los niveles sociales y para todos los oficios y tareas que hacen a un diario. Ahí se desempeñó como bujía, director, editor de las cabezas de primera plana y propietario. Como lo había hecho en televisión, siguió sus pautas de no responder a las injurias, comunicar la problemática viva y expresarse en buen español. La polarización política y cultural que se registró en Sonora y en México en los años setenta hizo inviable económicamente la empresa, a pesar del pluralismo y la calidad de los articulistas de Información y de su planta de reporteros y trabajadores. La hazaña era pagar la raya semanal”.

Los dos libros de Abelardo Casanova, “Pasos Perdidos” y “Días de Vida” son valiosos y dignos de leerse y releerse.

“Pasos Perdidos, publicado en 1986 y reeditado en 1997, es una radiografía de la sociedad de Sonora, y en especial de la de Hermosillo, durante los años de la persecución religiosa, 1931-1935; contiene párrafos de crítica social y de ironía sobre la época.

“Días de Vida” es una joya, la prosa persuasiva se desliza entre memoria, autocritica, testimonio y autobiografía. Los cinco capítulos y el epílogo que forman este libro mantienen la atención del lector en vilo.

Abelardo Casanova es un hombre puente. Un hombre constructor de puentes, de lugares de encuentro, de espacios de convivencia y diálogo, hombre guiado por el “pensar del corazón”, como escribió Pascal. Don Abelardo nos ha enseñado con su obra y su vida a luchar contra el olvido, nos ha dado el ejemplo de “recuperar los principios que forman el subsuelo hecho de raíces que la experiencia colectiva sedimenta, ahí en donde se encuentran las bases para una restauración de la experiencia común, guiada por un interés de emancipación que nos convoca del lado de esas fuerzas, cuya sede no está en las cosas, sino en las ideas” (Rossana Cassigoli).

Las nuevas generaciones requieren de alas y raíces. Fomentemos que las nuevas generaciones tengan curiosidad por conocer la obra y trayectoria de Abelardo Casanova, donde encontrarán alas, raíces, rumbo y buen humor”.

El periodista, escritor y poeta Rubén Duarte Rodríguez, quien prepara un trabajo sobre la vida y obra de Don Abelardo Casanova, nos presenta frases de su columna Hechos y Palabras escritas a lo largo del tiempo:

“A los políticos no les importa decir cosas increíbles, y tienen razón: Nadie se las cree…”

“Más tiene el rico cuando empobrece que el pobre cuando enriquece”.

“Pero el hecho es que el Hombre es superior a los temas sociales, como la vida es más que el alimento y el cuerpo más que el vestido…”

“Soy Periodista porque serlo envuelve una actividad que me gusta realizar, a partir de que da oportunidad de expresar mi concepto de la Vida Humana”.

“Los gestos humanos por encima de los formalismos y aún de las exigencias que impone la cortesía política, enaltecen la práctica social, porque nos retornan a la verdad de que la Política bien entendida, está al servicio de los seres humanos”.

“Lo que comentes, lo que informes o lo que describas, tiene que estar relacionado con tu interés. Ahora que si tu interés coincide con el de la gente que te va a leer. Pues ya pegaste”.

“En todos los instantes de nuestra vida, sea cual fuere nuestra actividad, lo importante no es decir lo que se quiere, sino lo que se debe”.

“Si no sabes de quién eres hijo, métete a la política. Entonces te sobrará quien te lo informe”.

Obituario.- Escrito por el articulista sonorense del periódico Milenio, Ramón Cota Meza: “Abelardo Casanova, periodista muy respetado en Sonora, murió a los 85 años en Hermosillo el sábado pasado. Cultivó un estilo cordial, equilibrado, ameno, siempre ceñido a la información comprobable, sin concesión al chacoteo y la especulación. Su independencia, probada en muchos trances políticos, provenía de su hondo sentido de la honradez y la decencia. Era tan discreto que privó al público de escuchar su hermosa voz como cantante”.

Y el reportero Gerardo Godoy, escribió en ese entonces en el Dossier Político: “Se ha ido hoy -26 de noviembre de 2010– uno de los más grandes del periodismo no solo de Sonora sino de México entero. Don Abelardo Casanova Labrada, gran maestro forjador de varias generaciones de reporteros, nunca pretendió ser tomado como tal, sin embargo sus acciones, actitudes y enseñanzas no eran lecciones de periodismo, sino de vida.

“Catalogado por sus detractores como comunista y de izquierda por la apertura que siempre brindo a las causas estudiantiles, al sindicalismo y a su desacuerdo con la violencia, las injusticias y las imposiciones, paradójicamente su formación y su fe lo habían llevado a ser uno de los más activos miembros de la ACJS fundada por el padre Hermenegildo Rangel Lugo, con quien tuvo una entrañable amistad, así como con el obispo Don Juan Navarrete y Guerrero.

“Cuando Faustino Félix Serna –ya siendo ex gobernador– engañó a Enguerrando Tapia, prometiéndole que le vendería el periódico El Sonorense, habiendo hecho tratos ya con la Agencia Mexicana de Información, AMI, con la que finalmente cerró negociación, Tapia Quijada, bastante abatido, habló la noche del día 2 de junio de 1981 a Don Abelardo Casanova para informarle que estaba fuera del periódico y le expresó con llanto: “Hermano, me he quedado sin trinchera”, a lo que este le contestó: un periodista sin trinchera no es periodista, Enguerrando; las puertas de Información están abiertas para ti.

“Cinco días después, en la mañana del 7 de junio, Día de la Libertad de Expresión, Don Abelardo nos llamó a la dirección del periódico, a Francisco su hijo que era el Sub director, a César Gallegos Gardner, jefe de información, y a mí, para informarnos que a partir del lunes siguiente la columna ‘Mi Libreta de Apuntes’ de Enguerrando, se empezaría a publicar en la contraportada del periódico. Sin embargo, horas después Tapia Quijada falleció”.

También vale la pena recordar en este Simposium una parte de la entrevista que le hicieron Javier Godoy y Oscar Castro a Abelardo Casanova a principios de este siglo. El les dijo: “Simplemente formé un nuevo periódico porque pensaba que había una forma más inteligente de hacer periodismo”.

Fue muy revolucionario para su época, le aclaran.

“No pensé en revolucionar nada, yo escribía con mucho éxito en El Imparcial y mi columna Hechos y Palabras era la más leída en ese periódico y en todo el estado”.

Estaba conciente de que escribía la columna más leída y más influyente de ese tiempo?.

“Sí, la más leída. Pero nunca me aproveché de ello”, subrayó Don Abelardo Casanova.

Cuando falleció mi padre la noticia corrió como reguero de pólvora. Y al darla a conocer a mis amigos y amigas más cercanas, hablé por teléfono con Rubén Duarte Rodríguez, quien inmediatamente me envío por internet -a manera de condolencia- este poema:

Abelardo se ha ido,

Partió de Madrugada,

Sin Hacer Ruido,

Mientras sus Amigos,

Todos sus Lectores,

Estaban Dormidos,

Se ha ido Abelardo,

Dejando sus Hechos

Y Palabras,

Su Información,

Sus Días de Vida,

Sus Pasos Perdidos,

Abelardo se ha ido,

Así, sin Borlote,

Me han dicho

Que dijo,

Antes de Marcharse,



A sus Hijos.

Ponencia Simposium de Historia, Nov. 2016, Sociedad Sonorense de Historia, Hermosillo, Son. Mex.


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