Sindicalismo y negociación colectiva un análisis comparado entre América Latina y Europa



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SINDICALISMO Y NEGOCIACIÓN COLECTIVA

Un análisis comparado entre América Latina y Europa

___________________________________________________________________________
Pere J. Beneyto

(Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Valencia, España)



Álvaro Orsatti

(CSA, Confederación Sindical de trabajadores y trabajadoras de las Américas)




Abstract

La presente comunicación da cuenta de una investigación iniciada en 2013 por profesionales latinoamericanos y españoles vinculados al sindicalismo, con el objetivo de identificar modelos organizativos, pautas de intervención gubernamental y experiencias de acción sindical susceptibles de aplicación en ambas regiones que, pese a sus diferencias estructurales, ocupacionales e institucionales, comparten culturas obreras y estrategias reivindicativa similares. Luego de un marco teórico de referencia, el documento sistematiza información estadística sobre indicadores de contexto y otros clave para el objetivo del artículo: la presencia sindical medida por densidad sindical, densidad negocial y densidad de representación en el lugar de trabajo.En análisis considera los promedios de ambas regiones y detalles subregionales, para dar cuenta de las heterogeneidades internas. En las conclusiones se presentan algunos elementos de interpretación (a desarrollar en un futuro trabajo) y se incluye un llamado a más trabajo de investigación y propuestas por parte de los profesionales latinoamericanos y europeos.


Descriptores

Sistemas de relaciones laborales, sindicatos, negociación colectiva, representación de los trabajadores.



Marco general
Los procesos de globalización y regionalización acumulados en las últimas décadas condicionan tanto el desarrollo económico como las formas de gobernanza política, institucional y social de los diferentes países, incluida la gestión de sus respectivos modelos productivos y mercados de trabajo, por la intervención decisiva de nuevos sujetos (empresas multinacionales) y métodos (financiarización, desregulación). Por su parte, la actual crisis económica global y su desigual impacto regional han puesto de manifiesto la correlación existente entre los sistemas de relaciones laborales, desempeño económico y cohesión social, identificando como factores clave el marco normativo t la intervención sindical.
Históricamente el sindicalismo ha operado como actor social (agregación, representación y defensa de intereses de los trabajadores) y factor de igualdad, actuando tanto sobre la primera distribución de la renta (salarios, condiciones de trabajo, regulación del mercado laboral) a través de la negociación colectiva (figura 1), como sobre los mecanismos propios de la segunda re-distribución (política fiscal, prestaciones sociales, Estado de Bienestar) mediante la presión social y participación institucional, según los casos. Recientes investigaciones y estudios comparados demuestran la correlación positiva entre participación sindical y equidad social (Visser, 2008; Stiglitz, 2012, Pontusson, 2013; ETUI, 2013).
Figura 1

Impacto de la densidad sindical (eje horizontal) sobre la desigualdad salarial (eje vertical)
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Fuente.- OIT, International Institute for Labour Studies, 2008



Índice de Gini D9/D1
La actual crisis económica y su impacto sobre el mercado de trabajo y las relaciones laborales (desregulación contractual, descentralización de la negociación colectiva) ha reforzado la potencia de dicha correlación, si bien ahora en sentido contrario, evidenciando que el debilitamiento de las instituciones del mercado de trabajo y, más concretamente, la desindicalización resultante explican gran parte del incremento de la desigualdad (OCDE, 2011). En ASLC no parece haber habido cambios en este período.
En consecuencia, uno de los vectores clave en la estrategia por la equidad y contra la desigualdad social pasa por reforzar y desarrollar los recursos de poder sindical (Lehndorff, 2015), de tipo organizativo (afiliación, coordinación), funcional (representación, presión) e institucional (negociación colectiva, prestación de servicios), haciendo frente a los límites y restricciones de origen tanto exógeno (cambios en la estructura productiva, el mercado y la cultura del trabajo) como endógeno (burocratización, división orgánica, desconexión con los nuevos movimientos sociales, etc.).
Indicadores socioeconómicos
Con un volumen similar de población económicamente activa (PEA) (tabla 1), ALC y UE presentan, sin embargo, significativas diferencias cualitativas en cuanto a su composición destacando la mayor tasa de asalarización de la UE y de empleo vulnerable en ALC.

Tabla 1

Actividad, empleo y paro en América Latina y la Unión Europea, 2014





ALC

UE

Población activa







-número

273.000.000

242.500.000

-% sobre total

8,8

7,7

Población asalariada







- número

147.600.000

180.098.000

- % sobre total

9,6

11,7

- tasa de asalarización

58,2

83,4

Empleo vulnerable







-número

88.000.000

23.200.000

-% sobre total

5,6

1,5

-tasa de vulnerabilidad

31,6

9,5

Población desempleada







-número

16.900.000

24.180.000

-% sobre total

8,4

11,9

-tasa de paro

6,2

9,9

Fuente.- OIT, Global employment trends 2014 y Eurostat. Se denomina empleo

vulnerable al trabajo por cuenta propia y en negocios familiares.


En ambas regiones, existe una importante concentración en pocos países de la PEA), a tener en cuenta al momento de comparar los promedios: en ALC Brasil y México cubren más del 50% (150 millones) de la PEA, seguidas de un segundo grupo de tamaño medio (Argentina, Colombia, Perú, Venezuela, entre 13 y 22 millones), que representan el 25%. En el resto, un tercer grupo de cinco países reúne al 11% del total (Bolivia, Chile, Cuba, Rep. Dominicana, con entre 5 y 8 millones). En la UE seis países concentran el 69% del total (Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, España y Polonia, en ese orden, con entre 18 y 42 millones) mientras que un segundo grupo de países de tamaño medio agrega 16% más (Países Bajos, Portugal, Grecia, Bélgica, Rumania y Suecia, con entre 5 y 9 millones).
Por su parte, el plano subregional es analizado en función de los siguiente agregados: tres subregiones en ALC, Norte (corresponde a México, Centroamérica y Caribe según la terminología CEPAL), Andina y Cono Sur, con 18 países en total, cinco en cada una las dos primeras regiones, y ocho en la tercera. En la UE son cinco las subregiones: Escandinava, Centroeuropea (denominada también Continental o Germánica), Latina (Mediterránea), Anglosajona (Insular) y Oriental, con un total de 28 países. Desde el punto de vista económico, CEPAL considera que la mayor parte de ALC corresponde a países de ingresos medios (29, la mayor parte del Cono Sur y Área Andina, junto a Cuba y pequeños Estados del Caribe), aunque también bajos (Bolivia, Paraguay, andinos, centroamericanos). En los extremos, tres países tienen ingresos altos (Bahamas, Barbados y T-Togado) y uno bajos (Haití). También es frecuente señalar la gran brecha de productividad (producto por hombre ocupado) entre las dos regiones, generalmente fijada en dos tercios menor en ALC.
Si bien el crecimiento en 2014 del PIB en ambas regiones presenta valores coincidentes, su evolución reciente resulta divergente (tabla 2): mientras en ALC se habían acumulado diez años de gran dinamismo que presentaría ahora signos de desaceleración (OIT, 2014), el impacto de la crisis financiera habría provocado una importante recesión en la UE a partir de 2007, especialmente en el área latina, caracterizándose la gestión conservadora de la misma por fuertes medidas de austeridad económica, recortes sociales y desregulación laboral.
Tabla 2

Indicadores socioeconómicos de América Latina y la Unión Europea, 2014

Distribución regional





PIB

Tasa asalariazación

IDH

Región Norte

3,8

58

94

Región Andina

0,7

48

80

Cono Sur

0,7

67

56

Total ALC

1,3

58

82













Escandinava

1,1

88

19

Germánica

2,1

87

15

Anglosajona

2,2

77

28

Mediterránea

0,6

84

24

Oriental

2,3

82

44

Total UE

1,3

84

28

Fuente.- PIB.- Panorama laboral 2014-ALC (OIT) y Eurostat (UE)

Población asalariada: Eurostat (UE) y OIT-CEPAL (ALC)



IDH: Naciones Unidas, 2014
Además, como elemento contextual básico, se incorporan otros dos indicadores: el tradicional índice de desarrollo humano (IDH) de Naciones Unidas y la tasa de asalarización, en tanto universo de la acción sindical y, a su vez, indicador del grado de desarrollo productivo, con eje en la presencia de las formas capitalistas de producción. Las comparaciones se establecen en términos de promedios simples entre los países, para reflejar mejor la dispersión birregional y entre sus subregiones.
El Índice de Desarrollo Humano (IDH) es un indicador sintético que combina los referidos a: esperanza de vida al nacer, años promedio de instrucción, años esperados de instrucción, ingreso bruto nacional per cápita, desigualdad de género, y pobreza multidimensional 1,registrando el lugar del país en el ordenamiento ascendente, significando un menor nivel de desarrollo. Los índices están referenciados en el universo de países cubiertos en el mundo (187), en un sentido ascendente de menor calidad2.
De su análisis regional comparado se concluye que la brecha entre las dos regiones es 2/3 a favor de la UE (28 versus 82). Considerando subregiones internas, en ALC el Cono Sur presenta un nivel bastante superior (56) y en la UE la subregión Oriental otro bastante inferior (44).
Por su parte, la tasa de asalarización, o proporción del empleo en relación de dependencia respecto de la ocupación total, también registra brechas de un tercio entre las dos regiones (58% ALC y 84% Europa)3. En el plano subregional, los datos confirman el mayor desarrollo alcanzado por el Cono Sur (67%) respecto de las otras dos áreas (48% y 58%), aunque se encuentran dos excepciones en dirección contraria a su subregión: Paraguay en Cono Sur, y Costa Rica en Centroamérica. En el cuarto grupo Panamá y México se comparan con Cono Sur, y República Dominicana con Centroamérica. Por su parte, las tasas de asalarización en la UE son más homogéneas, con subescalones internos más bajos en las áreas Latina (Portugal e Italia) y Oriental (Rumania y Polonia).
Un análisis adicional respecto del peso del empleo asalariado no registrado/declarado, aumenta las brechas cualitativas: la tasa de no registro en ALC varía entre 16% en el Cono Sur, y una cuarta parte en las otras dos subregiones. Por el contrario, en Europa las tasas correspondientes son inferiores al 10%, con algunos casos más elevados en países del área Latina y Oriental.
Es en este contexto socioeconómico en el que se sitúa el análisis comparado de los sistemas de relaciones laborales de la UE y ALC, utilizando a tal efecto los indicadores de densidad sindical (afiliación), negocial (cobertura de la contratacìón colectiva), y de representación en el lugar de trabajo, calculadas sobre el universo de la ocupación asalariada, resultado en cada caso de los correspondientes procesos de configuración histórica, estructural, normativa, institucional y cultural (Ferner y Hyman, 2002; De la Garza, 2000), cuya complejidad no podemos abordar en este breve texto y que presentan desiguales grados de desarrollo tanto inter como intrarregional.

Indicadores sindicales y sistemas de relaciones laborales
La referencia normativa básica mundial, desde OIT, para los indicadores sobre presencia y acción sindical, son los convenios sobre libertad sindical y derecho de sindicación (C 87), la negociación colectiva (C 98 y C 154) y la representación de los trabajadores (C 135), que están ampliamente suscriptos en las dos regiones4. De todas formas, en ALC se registran fuertes restricciones a ambos derechos en el plano normativo nacional y más aún en la práctica (CSA, 2015)
La modelización de las relaciones laborales nacionales está más avanzada en Europa que en ALC. Este tema tiene ya una importante tradición en el análisis europeo, alcanzándose tipologías bastante precisas (Comisión Europea, 2013; Bernaciak et al. 2014). Se distinguen los siguientes:

  • corporatismo organizado, correspondiente al área escandinava (Dinamarca, Finlandia y Suecia) y caracterizado por altas tasas de densidad sindical y de cobertura de la negociación colectiva

  • partenariado social: área centroeuropea (Austria, Bélgica, Alemania, Luxemburgo, Holanda y Eslovenia), con niveles medios de densidad sindical y tasas altas de cobertura y centralización negocial.

  • estatista: área latina (Portugal, España, Francia, Italia y Grecia), tasas medio-bajas de densidad sindical, compensadas con instituciones de representación, con la resultante de cotas altas de cobertura negociadora

  • liberal: área anglosajona (Reino Unido, Irlanda, Malta, Chipre), niveles medios de densidad sindical, estructura descentralizada de la negociación y bajas tasas de cobertura

  • mixto: correspondiente al área oriental (Bulgaria, Chequia, Eslovaquia, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia y Rumanía), caracterizado por la baja densidad sindical y negocial, cuya estructura resulta muy descentralizada.

De todas maneras, en términos dinámicos, hay que registrar que, vinculado a la “gran recesión” (crisis financiera de 2008-2010), ha seguido la “gran agresión” (2011-2015) a los derechos sociales mediante reformas y recortes unilaterales (Stan et al. 2015) que han afectado gravemente tanto a los actores (debilitamiento sindical) como a los procesos (desregulación normativa, descentralización) y resultados (reducción cuantitativa y cualitativa) de la negociación colectiva y el conjunto de las relaciones laborales (González y Luque, 2015)


En ALC está pendiente una modelización de este tipo (en Campos y Gianibelli, 2013, existe una aproximación para la dimensión negocial), que debería incorporar la gran brecha entre norma y aplicación que se observa en esta región, así como los cambios normativos vinculados al ciclo político5
Del análisis comparado de los indicadores de sindicalización disponibles6 se deduce que la densidad sindical en ALC es inferior en un tercio a la de UE: 15% versus 23% (tabla 3), registrándose asimismo un mayor grado de fragmentación organizativa en la primera de dichas regiones. Diferenciando por áreas subregionales, en ALC la densidad promedio del Cono Sur es mayor a la europea (27%, por la situación de Argentina y Brasil), siendo muy inferiores los niveles medios en las otras dos áreas (entre 8 y 12%). En la UE, las brechas internas son aún más grandes entre los extremos de las áreas escandinava y oriental (72 y 17%, respectivamente).
Tabla 3

Densidad sindical, negocial y de representación en ALC y la Unión Europea. Distribución regional. A inicios de la década


Región

Densidad

sindical


Densidad negocial

Densidad de representación en el lugar de trabajo

Promedio ALC

15

16

---

Región Norte

12

10

---

Región Andina

8

6

---

Cono Sur

27

35

---













Promedio UE

23

61

63

Escandinava

72

76

88

Germánica

31

74

78

Anglosajona

46

52

50

Mediterránea

22

70

55

Oriental

17

34

25

Fuente: OIT, estadísticas nacionales y estimaciones sindicales en ALC), OIT

y Eurofound para UE


Por su parte, la cobertura de la negociación colectiva o densidad negocial7 en ALC es inferior en tres cuarta partes a la europea (16% versus 61). En ALC se necesita distinguir claramente la situaciòn del Cono Sur (35% de cobertura media), por las altas tasas (superiores al 50%) en Argentina, Brasil y Uruguay (Trajtemberg, 2013; Notaro, 2011), contratado con la muy baja densdiad en el resto de la región (entre 6 y 10%). En UE existe una fuerte homogeneidad (70% y más) en las tres primeras subregiones, bajando en la Anglosajona y Oriental (52% y 34%, respectivamente). Al actual nivel europeo se llega después de una reducción significativa durante la última década (68% en 2002) (Comisión Europea, 2014), siendo aún mayor la caída en los países mediterráneos más golpeados por la crisis (Grecia, España y Portugal).
Finalmente, un rasgo tradicional del sistema de relaciones laborales en la UE es la habilitación de una forma de presencia sindical en la empresa, que tiene independencia relativa de la afiliación: la representación en el lugar de trabajo (RLT, en adelante), cuya densidad promedio es equivalente a la negocial (63%), aunque en algunas subregiones la supera (Escandinavia, Germánica).
La RLT se realiza a través de diferentes canales, pero básicamente son dos: los comités de empresa elegidos por el conjunto de la plantilla de la misma a partir de los 10 trabajadores. y los las secciones sindicales de empresa integradas por los afiliados de la organización. En los países que cuentan con doble canal de representación parece existir una cierta división funcional entre los diversos ámbitos: los sindicatos se dedican básicamente a la negociación colectiva y los comités de empresa se dedican principalmente a las actividades de información y consulta.
Se puede establecer una tipología en relación a los tipos principales de representación en la empresa agrupando a los países en cuatro grandes grupos a partir de la diferencia entre representación sindical y unitaria, entendida como la representación a través del comité de empresa (Otaegui, 2012; Beneyto, 2014). . El primer tipo lo constituyen los países que cuentan con un único canal de representación, en el que los comités de empresa son la única estructura existente de representación de los trabajadores/as, entre los que se encuentran: Austria, Alemania, Luxemburgo y los Países Bajos. El segundo lugar está ocupado por los países que tienen dos canales posibles de representación, en los que el comité de empresa tiene un papel preferente: Bélgica, Francia, Italia. En algunos Estados miembros, el sistema de base sindical, unido a los últimos cambios legislativos sobre los comités de empresa, parecen haber impulsado la creación de estos últimos: Estonia, Eslovaquia, Hungría, Rumanía, Letonia, Polonia, el Reino Unido, y, en menor medida, Irlanda. El tercer tipo está compuesto por los países que tienen dos canales de representación, pero en los cuales son los sindicatos quienes tienen un papel preferente o predominante: Dinamarca, Finlandia, Portugal, Eslovenia y Croacia, y en cierta medida España desde 2011.Finalmente, los países con un único canal de representación y los sindicatos como único órgano de representación de los trabajadores son Chipre, Malta y Suecia.
La tasa de cobertura media de la RLT alcanza a un tercio de las empresas y casi dos tercios de los trabajadores asalariados (Eurofound, 2013), variando considerablemente en función del sistema de relaciones laborales y de los canales de representación, complementando y/ ampliando la presencia sindical directa (afiliación) lo que en casos como el español en que esta es relativamente menor opera como un importante factor de expansión de la misma a través de mecanismos electorales.
En ALC sólo Argentina ha desarrollado un sistema de RLT, de forma espontánea inicialmente y más tarde normativizada, alcanzando una densidad que se aproxima a la media europea.
Conclusiones
Los resultados aquí presentados proporcionan una base para el análisis estructural más amplio sobre las brechas de presencia sindical en sociedades de regiones tan diferentes como ALC y UE.
En general, existe una relación directa entre niveles de desarrollo humano de las sociedades y la participación sindical, considerando no solo la sindicalización sino también dos intervenciones básicas: la negociación colectiva y la representación en el lugar de trabajo. En ALC, esta baja cobertura es resultado de la debilidad sindical, vinculada a la fuerte difusión de formas atípicas precarizadas de empleo, que incluyen una alta presencia (muy superior a la UE) del trabajo no declarado. Ello se vincula, de forma directa, a la mayor presencia de la pequeña producción en la estructura productiva latinoamericana (así como el empleo doméstico remunerado), aún cuando también se presentan en las medianas y grandes empresas e incluso en el sector público. A ello se agrega en ALC la existencia de modelos normativos laborales restrictivos y/o no promocionales, tanto en el plano individual como colectivo y, además, una débil administración del trabajo8,
La potencialidad del modelo europeo combina entonces situaciones más favorables al trabajo digno y a la presencia y acción sindical, por la combinación virtuosa entre estructura productiva más homogénea y modelos laborales, a pesar del también extendido trabajo atípico y precario. En particular, los modelos laborales promocionan la organización y negociación colectiva a nivel sectorial, derivando en el efecto “erga omnes” (para todos) en la negociación colectiva, que permite la cobertura de los no sindicalizados.
Respecto de la relativamente baja densidad sindical europea, se ha argumentado que es resultado de un efecto dialéctico inverso (denominado “free rider”): los Estados de Bienestar, al asegurar políticas sociales y laborales que protegen al trabajador de manera permanente y de manera marcada en momentos de ciclos económicos negativos, reducen la necesidad de la integración a un sindicato (que tiene siempre un costo monetario adicional). La excepción es Escandinavia y Bélgica (por la aplicación del sistema Ghent de políticas de empleo, en el que participan los sindicatos). La RLT es una expresión de este fenómeno, ya que la densidad de representación (no estrictamente sindical) es tan alta como la negociación colectiva, y muy superior a la densidad sindical 9
Los resultados de este estudio preliminar muestran claramente la potencialidad de los estudios comparativos, perspectiva que podría ser promovida con un mayor alcance y diversidad de enfoques si se constituyera una red de investigadores académicos y sindicales de ALC y UE que articule pensamiento crítico y acción sindical, aportando información, análisis y estudios orientados a reforzar y legitimar la intervención del movimiento obrero como sujeto colectivo con voluntad emancipadora.

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1 Desde 2910 se ha incorporado un ajuste por desigualdad de ingresos, el que no está retomado en este documento porque no está disponible para todos los países. Su impacto mejora la ubicación de ambas subregiones en el conjunto mundial, especialmente ALC.

2 El primer país en IDH es Noruega (1) y el último Níger (187). Naciones Unidas elabora también una versión ajustada por el grado de desigualdad, que mejora relativamente (en alrededor de cinco puntos) la ubicación de ALC respecto de UE, pero no está disponible para todos los países

3 En estas diferencias juega un papel importante el peso del empleo público sobre el total de población asalariada, del 13,1% en ALC y casi el doble en el caso de la UE. En términos sindicales, es claro que la mayor presencia del trabajo estatal aumenta las posibilidades de afiliación, en relación a la mayor concentración y homogeneidad relativa.

4 Los C87 y C 98 han sido ratificados por todos los países de la UE y casi todos los de ALC, con la excepción significativa de Brasil en el primer caso y México en el segundo. Por su parte, el C 135 está pendiente de ratificación en Bélgica, Irlanda y Bulgaria en el caso de la UE y de Bolivia, Colombia, Ecuador, Guatemala, Panamá, Perú, y Venezuela entre los latinoamericanos (OIT, 2015b). En 2015 existen iniciativas en Colombia y Panamá para su ratificación

5 En el caso de ALC la dialéctica política entre dictadura y democracia se ha superpuesto en parte a las especificidades regionales que siguen siendo, con todo, significativas como acreditan los indicadores correspondientes, configurando en las últimas décadas dos modelos generales de relaciones laborales, de carácter liberal-autoritario en los años noventa y regulado-participativo desde comienzos del actual siglo (Notaro, 2010). Conforme a los lineamientos del denominado “Consenso de Washington”, la mayor parte de los gobierno latinoamericanos impusieron durante los años noventa una serie de reformas laborales orientadas a debilitar a las organizaciones sindicales, descentralizar la negociación colectiva reduciéndola al nivel de empresa y mercantilizar la relación de trabajo conforme al modelo neoliberal de management de recursos humanos.A partir de 2003, la emergencia de gobiernos de izquierda en la región supone una progresiva inversión del modelo mediante cambios legislativos y sociales que favorecen la gobernabilidad de las relaciones laborales, recuperan el diálogo entre sindicatos, patronal y Estados, potencian la negociación colectiva sectorial y suponen una importante, aunque desigual, revitalización del sindicalismo (Quiñones, 2011)

6 La información para la UE tiene un grado avanzado de homogeneidad y credibilidad (a partir del trabajo de Eurostat, OIT, OCDE. ETUI, Eurofound). Por el contrario, en ALC no existe una base única y confiable más allá de los datos provenientes de registros gubernamentales recopilados por la OIT), por lo que el sindicalismo de CSA ha realizado un estudio (utilizado en Beneyto y Orsatti, op. cit.) que integra y consolida fuentes diversas.


7 Existen problemas de comparabilidad entre las dos regiones, ya que en ALC suele considerarse en las estadísticas sólo al sector privado (excluyendo al público) y, por el contrario, incluirse formas inferiores de negociación, que no cumplen con el requisito establecido por el Convenio 154 de OIT: “todas las negociaciones que tienen lugar entre un empleador, un grupo de empleadores o una organización o varias organizaciones de empleadores, y una organización o varias organizaciones de trabajadores por otra, con el fin de: fijar las condiciones de trabajo y empleo, o regular las relaciones entre empleadores y trabajadores, o regular las relaciones entre empleadores o sus organizaciones y una organización o varias organizaciones de trabajadores, o lograr todos estos fines a la vez”. Es que se observa una gran variedad de acuerdos de menor calidad: clausulas extraconvencionales, arreglos directos, pactos colectivos, incluso acuerdos políticos o acuerdos de trabajo. Algunos de estos acuerdos son realizados, por los trabajadores, desde organizaciones vinculadas al empresariado, como el “solidarismo” (en Costa Rica y otros países centroamericanos). El caso mexicano es extremo, en cuanto a que buena parte de la negociación es simulada, mediante los denominados “contratos de protección patronal”. Las escasas estadísticas disponibles suelen combinar todas estas formas. Otra característica limitativa de las estadísticas es que suelen no incluir las negociaciones con los servidores públicos. El estudio ha corregido en la mayor medida posible ambos efectos distorsionantes.


8 Existen también elementos que provienen de trayectorias diferentes en el plano político-institucional, que se observan claramente en el caso de la región Oriental de Europa. Si bien no se lo ha analizado aquí, el caso de Cuba en ALC va en igual dirección, con tasas de sindicalización y negociación colectiva del 70-80% (datos de OIT, a partir de fuentes gubernamentales).

9 En ALC, los indicadores sobre Argentina la hacen semejante al caso escandinavo/belga, en cuanto a las tres densidades, con las obras sociales sindicales como elemento de política que aporta a ese equilibrio, aunque con un menor nivel general derivado de la fuerte presencia de informalidad/precariedad (cercano al 40%) en la estructura laboral.





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