Sinopsis ¿Qué tienen que ver un científico, una modelo, una viuda y su hija, un tenaz playboy, y las dos amigas de éstos?: las divertidas noches de Nueva York y los secretos que éstas encierran; una comunidad de vecinos muy peculiar



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cómo le dices a dios
SINOPSIS

¿Qué tienen que ver un científico, una modelo, una viuda y su hija, un tenaz playboy, y las dos amigas de éstos?: las divertidas noches de Nueva York y los secretos que éstas encierran; una comunidad de vecinos muy peculiar; conseguir una esperanza para nuestro mundo. O puede, que lo que los una sea mucho más que la casualidad.



ÍNDICE

EL ASCENSOR pág4

VÍA MUERTA pág63

LA HUIDA DE SIWON pág132

KATHERYN pág173

LA CAJA FUERTE pág216

UN PLAN OCULTO pág251


EL ASCENSOR
Despertador, ropa, ascensor, sótano; lavadora.

¡Otra vez no…! ¿Dónde está el maldito calcetín? Siempre igual: una colada más un calcetín menos. Tal vez viajen a universos paralelos durante el centrifugado, tal vez en esos mundos de Dios sean capaces de diferenciar el azul oscuro del negro.

-Buenos días. ¡Tierra a Marcus! ¿Me recibes?

-Disculpa estaba dándole vueltas a algo sin importancia.

 -Pues no te lo vas a creer, me acaban de comentar que ya han alquilado el dieciséis-e, dice Jess, la madre de Nu, al tiempo que apoya su cesta llena de ropa en una silla.

-Sí, y parece ser que se trata de una extranjera, interrumpe la excéntrica Sophíe, la más anciana del edificio.

- Os veo muy bien informadas. Sólo espero que sea menos ruidosa que el anterior inquilino que tuve que sufrir, respondo dejando tras de mí el cuarto común de lavadoras del edificio.

             Entro en el ascensor y pulso el quince que, como es habitual, requiere de cierto trato especial para obedecer como se espera de una máquina. Y esta, en particular, parece tener un único propósito en su metálica existencia: impedir mi llegada a casa. Eso, o es que cuida mucho de mi salud. ¡Un piso por encima! He sido afortunado; me ha dejado cerca. Para colmo de males parece que hay alguien en el rellano con el que seguro tendré que mantener una conversación absurda acerca del tiempo. Mientras trato de descubrir a quién me encontraré al otro lado las puertas comienzan a abrirse con su lento chirriar: ¿será el Señor Dolan?, hombre de pocas palabras y modales castrenses o, quizás James, con alguna morena de infinitas piernas; como cada mañana de cada sábado. Siempre, por ¨estricta prescripción médica¨. Sin duda, ser un doctor soltero y bien parecido tiene sus ventajas. ¿Y si la nueva inquilina?, fuese una rubia, de esas que estaban excluidas de la ¨dieta de latinas¨ del buen Doctor James.

Tres, dos, uno; cojo aire y confío en que esta vez la suerte esté de mi parte. ¡Genial!, no hay nadie. Juraría que había escuchado unas voces, pero lo único con lo que me encuentro es un sonido mecánico repetitivo que no logro identificar procedente del piso de mi nueva vecina.

        Vuelvo a jugar a la lotería pulsando el botón número quince, pero... ¡Cómo no! esta vez, ni me hace caso. Derrotado, salgo del interior de ese cacharro y antes de bajar andando me acerco a la puerta de la que sale ese desconcertante ruido. Al llegar a la altura de la alfombrilla de la entrada mi corazón comienza a palpitar descontroladamente. Aún así, apoyo mi oreja en la puerta y, justo en ese preciso instante, el sonido se extingue amortiguándose como si el aire se transformase espuma. ¿Y si la extranjera me ha descubierto? ¿Y si no es exótica, ni bella? ¿Y si...?

           - ¿Marcus que haces ahí?, dice la pequeña Nu.

   Sorprendido, todavía con mi cabeza en la puerta, intento encontrar una respuesta para evitar el ridículo. Como si me hubiesen propinado un golpe en la espalda, sale de mi boca un ¨ ¡Hola Nu! , ¿tú tampoco has podido coger el ascensor?, supongo. 

            - He visto que marcaba el piso dieciséis y como no bajaba, he subido a ver que le ocurría. ¿Qué hacías en esa puerta?, responde.

             - ¿No has escuchado ese ruido?, digo ruborizado.                                                                

            - La verdad es que yo no he escuchado nada. Ya…La nueva vecina, dice ella dejándome en evidencia.

            En ese preciso instante debía elegir entre la menor de las humillaciones para mi ego o quedar como un cotilla o, peor todavía, quedar como un patético desesperado en busca de una aventura.

-Nu, Nu, Nu…Siempre inventando cuentos. ¿Algún día aprenderás que no todo es lo que parece? Pero, ¿qué hago tratando de justificarme con una niña?, me digo a mi mismo.

¡Venga!, volvamos a casa.

         -¿Has podido ver a nuestra vecina, o sólo estabas cotilleando?, insiste ella.

         -Para ser tan pequeña eres muy perseverante. ¡Adiós!, me despido abriendo la puerta de mi apartamento.

          -¡Adiós!, contesta apresuradamente Nu al tiempo que comienza a bajar corriendo los quince pisos. ¡Ah…!y no hace falta que escuches en mi puerta. No hay nadie, ja, ja, ja.

           - ¡Niños! Lo peor es que ahora se lo comentará a su madre y quedaré como un idiota.

            Mientras me esfuerzo en olvidar el lamentable incidente, vuelvo a escuchar

ese misterioso sonido proveniente del piso de arriba. Enciendo el ordenador, atascado por la infinidad de e-mails que debo responder después de un par de semanas de vacaciones aislado de la civilización, y uno más se apila en la bandeja de entrada, al tiempo que todo el edificio decide quedarse mudo. Inmediatamente después, la oscuridad me rodea. Cojo la linterna de la entrada y voy a comprobar el cuadro eléctrico: todos los interruptores están bien. Me asomo enseguida a la puerta; el apagón sólo me ha afectado a mí. E incompresiblemente, veo que hay luz en la escalera. Antes de que pueda revisar otra vez los fusibles vuelve la corriente a mi piso. 

             Ahora que puedo leer el último e-mail, con el asunto ¨ puerta equivocada ¨, un escalofrío recorre mi cuerpo. Ningún vecino conoce mi dirección de correo, y aún así llega a mi bandeja de entrada justo después de haber estado indagando en el piso de arriba. Al mirar la hora en la pantalla del ordenador me doy cuenta de que debo ducharme, sino llegaré tarde a cenar con Anne y Steven.

            Mientras las gotas de agua recorren mi cuerpo me resulta imposible olvidar lo cómodo que resultaba lavar la ropa con tu propia lavadora sin necesidad de compartir con el resto de la humanidad mis gustos en ropa interior. Al salir de la ducha veo en el cajón unos calzoncillos del Correcaminos, y pienso en qué opinaría la anciana Sophie al verlos. Enseguida abandono la idea…Prefiero vivir en la ignorancia.

             Una vez vestido de forma adecuada para cenar en Parsifore debo decidir si será mejor coger un taxi o ir en coche. Supongo que Steve llevará su flamante Camaro y me podrá acercar a la vuelta. Cierro la puerta y me dirijo al ascensor confiando en no tener que bajar andando. Pulso el botón y, a medida que se acerca, las dudas me asaltan. Ya está llegando, se oye a alguien hablando en el interior, aunque no logro identificar bien el idioma. Ya sólo está dos pisos por debajo, un piso. ¿Se parará?, ¿seguirá de largo? ¡Bingo!, se ha detenido. ¡Sin nadie en su interior…!                                                       

            ¿Otra puerta espacio temporal?, rio no muy convencido, hasta que súbitamente sube al piso dieciséis conmigo dentro. Se detiene, y mi respiración también ante la idea de que decida desplomarse de golpe desde el piso dieciseis. Me esfuerzo por salir, pero las puertas se niegan a dejarme escapar y, como por arte de magia, sin tocar a ningún botón comienza a descender. Al salir respiro con alivio y le comento a Bill, el conserje, que deben arreglar el ascensor del ala oeste. Él responde asintiendo levemente con su cabeza, con la desidia de aquel que se cree en la certeza de honrar al resto de sus congéneres con su presencia. Ya ni me atrevo a pedirle que me consiga un taxi.

             Fuera, en la calle, me espera una gélida noche de enero con los restos de la nevada de hace dos días. Confío en la suerte de poder conseguir un taxi antes de que me amputen algún dedo del pie por congelación. Está claro que la moda se encuentra reñida con la supervivencia. Gracias a Dios, un taxi para justo cuando el dedo gordo derecho de mi pie comenzaba a dar señales de desfallecimiento. El conductor es un chico libanés que lleva poco tiempo en New York y habla un extraño idioma, que él afirma que es inglés, aunque eso no le suponga problema alguno para contarme con todo lujo de detalles la historia de su familia. Al cabo de diez minutos reconsidero que tal vez la opción de la hipotermia no hubiese sido tan mala.

            ¨Hemos llegado¨, me dice mi ¨amigo libanés. Con la tristeza en sus ojos se despide de mí después de haberme contado todo acerca de los suyos. Chao Líbano, hola Parsifore. Con un poco de suerte no seré el primero en llegar, porque no es especialmente divertido esperar solo rodeado de personajes que te perdona la vida con su mirada de superioridad. Por desgracia la fortuna parece esquivarme esta noche: no han llegado todavía y, eso significa tomar un aperitivo rodeado de extraños con alma extraña. Me acerco a la esquina de la barra para estar un poco más aislado y pido un combinado de vodka Grey Goose. En mi opinión, el mejor, a pesar de ser francés. Pero quizás sea un trendsetter sometido a la dictadura de las modas: traje Armani, zapatos Allen Edmonds, reloj. ¡Qué más da! Pero odio el Gin-Tonic, aunque ahora lo cool en esta ciudad sea el vodka.

            Mientras espero absorto viendo el virtuosismo del barman, no me llega el momento de poder disfrutar de ese sabor tan especial y fresco. ¡Por fin lo tengo ante mí, y sólo para mí! Lo cojo en mis manos, observo su brillo y me dirijo a tomar el primer tra…Hasta que lo veo en el suelo derramado con la copa rota.  Una chica rubia se gira y me pide disculpas, hipnotizado por sus preciosos ojos verdes sólo llego articular un balbuceante¨ no pasa nada¨. Ella insiste en pedirme disculpas e invitarme a otra copa, y yo insisto en que no hace falta, que ha sido un accidente, pensando que después de todo este puede ser mi día de suerte.

 Falsa alarma, el chico que la acompaña parece su pareja De pronto, todas mis ilusiones quedan en eso: ilusiones.

            Finalmente acepto su invitación, esperando que haberme negado dos veces sea suficiente para no parecer muy desesperado. Ella se gira un momento y yo aprovecho la ocasión para deslizar mi vista por su cuerpo, evitando así, ser pillado in fraganti mirando para zonas montañosas en las que cuelga el cartel de ¨curvas peligrosas, atención desprendimientos¨. Me esfuerzo por fijar mi atención del cuello para arriba, pero mi instinto animal me vence y descubro un pronunciado escote de un vestido vaporoso negro. Y es entonces, cuando mis dudas acerca de la existencia de un dios, como científico que soy, se van al traste: ni el Boson de Higins, ni ninguna partícula subatómica han podido tener nada que ver en esta obra maestra de la naturaleza.

Mi incursión montañosa ha tenido éxito y he podido regresar a la base (del cuello para arriba) sin daños colaterales. Es justo entonces cuando sé con certeza que esta es la misión de mi vida y que debo jugarme el todo por el todo.

-Me llamo Marcus, no quisiera molestaros a ti y a tus amigos, ya has hecho más que suficiente con esta invitación. Una carcajada de ella me dejó claro que la estrategia de chico bueno podría no ser la adecuada.

-No es ninguna molestia. Yo me llamo Katheryn.

Ahora es cuando debiera decir bonito nombre. Y después, ¿qué?: ¿estudias o trabajas? Definitivamente, estoy desentrenado, me repito a mí mismo.

-Tu acento no parece de Nueva York.

-No, estoy pasando unos días con estos amigos. ¿Y, qué me dices de ti, Marcus?

- Para bien o para mal he nacido en esta ciudad.

-¿Cómo que para bien o para mal?, me pregunta sorprendida por mi respuesta.

-Ya sabes… Los habitantes de la ciudad que nunca duerme, somos un tanto neuróticos. Tal vez porque nunca dormimos, le digo sonriendo de forma nerviosa al escuchar el eco de la estupidez que acabo de pronunciar.

-Entiendo la parte mala. ¿Y la buena?, insiste ella dejándome descolocado.

-Que podríamos estar más neuróticos todavía, respondo con otra nueva sandez, para mi desesperación. ¡No!, es broma, exclamo intentando arreglar el desastre sin mucho éxito. Nueva York es una ciudad que te ofrece infinidad de posibilidades: culturas, tendencias y, personas como tú (salto a por ella sin ¨paracaídas¨).

-Me cuesta entender lo que quieres decir con eso, replica ella con otra carcajada.

- Bueno Marcus, debo decir que no me arrepiento de haberte tirado tu copa. Ahora debo irme, me están esperando. Si quieres, cuando acabes de cenar tratamos de continuar la conversación.

Esto, sin lugar a dudas es la confirmación de que Dios existe y es bondadoso. ¡Gracias Señor!, grita tan alto mi subconsciente que hasta las mesas del fondo lo han debido escuchar.

-¡Hola Marcus!, le saluda el siempre bronceado Steve, aunque sea con la patética marca dejada por las gafas de ski.

-Te veo fantástico; como siempre. Incluso se podría decir que tu moreno reluce más de lo habitual.

-Je, je… Siempre tan irónico, Marcus.

- ¿Qué tal va la informática?, le pregunto.

-Bien, ya sabes, cada cinco segundos hay algo nuevo, responde

- Y tú, ¿qué…? más cerca de los orígenes del universo.

-Estoy en ello: mañana a las cinco resuelvo la Teoría de la Unificación y, si me da tiempo antes de cenar desvelo que había antes del Big Bang.

- ¿No crees que debiéramos llamar a Anne?, ya llega diez minutos tarde, dice Steve justo cuando aparece ella con sus rizos pelirrojos rebotando como relucientes muelles de cobre.

-¡Qué alegría ver a mis chicos favoritos!

-Eres un encanto, dice Marcus.

-Estás tan espléndida como siempre, recalca Steve con una sonrisa.

-¿Cómo va tu libro nuevo, Anne?

-Mí querido Marcus, sabes cuando empiezas una historia pero, se acaba cuando sus personajes lo deciden o la editorial te obliga. En mi caso, mi novela todavía se encuentra a gusto en mi compañía. De todas formas, preferiría no hablar de trabajo esta noche.

-¿Alguna conquista nueva que debamos añadir a tu extensa lista, Steve?

-Depende como se considere, Anne.

-Sólo hay una consideración posible, para conquista y, eso, por extraño que te pueda parecer, Steve, no implica necesariamente sexo.

-Siempre has sido una romántica.

-No es cuestión de romanticismo. Es cuestión de que no sean siempre tus hormonas las que decidan por ti.

-Quería que fuese un secreto, pero ya que te pones así, Anne, debo decirte que el treinta y tres de este mes juro mi voto de castidad.

-¡Tiempo muerto! dice Marcus. ¿Qué os parece si hacemos un armisticio hasta determinar las cláusulas en los postres?

-Apruebo la moción, dice Steve.

El debate se ve interrumpido con la presencia del maître que les transmite la sugerencia del chef: de primero salmón escocés marinado con eneldo ó tatar de atún en base de wakame; de segundo, brochetas de magret de pato con reducción de vino de jerez ó cordon bleu con puré de castañas y frutos del bosque.

-Gracias Jean Pierre, creo que nos hacemos una idea. Para beber no hay discusión, sentencia Marcus: James Berry 2007.

-Una excelente elección, si me permiten mi opinión.

Parecía que la noche no podía ir mejor, a pesar de que no dejaba de pensar en aquel e-mail recibido (puerta equivocada). Era como si alguien supiese que había estado indagando acerca de mi nueva vecina. ¡Qué más daba! Un momento como este no debería ser estropeado por nada.

Al terminar los postres intento disponer de la visión adecuada para comprobar si Katheryn todavía se encuentra en el restaurante. De repente pienso que se ha podido ir con el tipo que la acompañaba, y me quedo hundido observando como sus amigas se disponen también abandonar el local. En ese momento noto una mano sobre mi hombro izquierdo que me dice: “Hasta luego Marcus, nos vamos a tomar unas copas a un sitio que se llama Square¨. He vuelto a perder el habla, y creo que mi amigo Steve también. Por suerte Anne resuelve la situación con sorprendente naturalidad.

-¡Qué casualidad!, justamente estaba diciéndole a los chicos que nos podríamos acercar hasta allí.

-Perfecto, dice Kathye, nos vemos.

-¡Guau, que callado te lo tenías!, exclama sorprendido Steve. No entiendo cómo puedes estar de tan mal humor. Nos despistamos un momento y, mira lo que pasa. Supongo que Anne no tratará de convencerte a ti también de que el amor es un sentimiento que nada tiene que ver con las necesidades carnales.

- No sé cómo lo ha hecho Marcus pero, a diferencia de lo que sueles hacer tú, Steve, ha sido la chica la que se ha acercado a él para decirle a donde iban.

-¡Vale, vale! De verdad que lo he entendido la primera vez. No habrá sexo con mujeres si no paso antes por el altar. Y, ahora, dime, Marcus, ¿cómo has convencido a esa preciosidad?

-No soy un hombre de plegarias, pero si estás en el cielo; ¡ayúdame Superman para aguantar a mi amigo Steve!

- ¿Qué os parece si cambiamos de aires? ¿Steve has venido en tu ¨ máquina del amor¨?, se levantó Anne dándoles la espalda camino de la salida.

-Sí, se lo he dejado al aparcacoches. Espero que no me lo haya rayado.

-Jean Pierre; fantástico como siempre, se despide Marcus con un apretón de manos.

-Confío en verles en breve

-Así será

-Aquí tiene su coche Señor.

Steve recorre con su mirada el brillante lateral amarillo de su Camaro, sin pudor alguno, ante el violentado aparcacoches.

-¿Está todo bien Señor?

-Sí.


-Entonces, ¿a qué esperamos para irnos?, pregunta de forma intranquila Marcus.

-No hagamos esperar más a la dama, dice Steve mientras resuena el potente V8.

-Entonces, ¡directos a Lafayet Street! Me encanta The Squared, dijo Anne.

-Como si no lo supiésemos, siempre quedas allí con algún escritor como tú, o artistas...

-No te quejes Steve, las actrices suelen estar dentro de tus estándares de calidad, ¿me equivoco?

-Para qué negarlo. Pero he dicho artistas, no exclusivamente actrices. Y, ya se sabe, a veces el arte es complejo de entender, como las extrañas vestimentas de algun@s de ellos. Hay veces que tengo la sensación de que sólo se acercan a mí para realizar un ritual satánico.

-Está claro que tantos rayos uva han sido capaces de atravesar tu cráneo, aunque estadísticamente es muy difícil que impacten con tu única neurona.

-No lo desconcentres mientras conduce su carroza de placer, me río.

-Marcus, nunca te he visto tan ansioso anteriormente.

-Creo que es una apreciación subjetiva, Anne. Además confío en que una sacerdotisa de vestido negro haga algún ritual conmigo en el que tengamos que ofrecer nuestros cuerpos.

-Yo de ti no haría bromas con eso, ya sabes que hay gente perturbada para hacer todo tipo de cosas. Además, quién te dice que tu encuentro con esa rubia haya sido fortuito.

- ¿Qué insinúas, que tu instinto de mujer te dice que Katheryn se encuentra fuera de mi alcance?

-Sólo digo que hay gente muy peligrosa por ahí, y quizás esto no es fruto de la casualidad, sigue la broma Anne aguantando a duras penas la risa.

- No te veo engendrando a un súbdito de Mesphistófenes. Y eso en el mejor de los casos, porque…Y si quieren, y digo quieren; porque seguro que sus amigas son sacerdotisas y su amigo también, élp odría ser el que te... No quiero ni pensarlo, dice soltando finalmente una carcajada Steve.

-Bueno, creo que ya está bien de bromas. Tú encuentra alguna bella actriz y, Anne, tú puedes hablar de Falkner con algún intelectual amigo tuyo. La cuestión, Steve, es si ahora dejarás que te aparquen el coche, porque ya hemos llegado.Tengo una idea mejor, ¿qué te parece si te quedas sentado dentro hasta que volvamos y así lo cuidas tu mejor?, pregunta Marcus bajando del Camaro.

-Señor, ¿me permite las llaves de su coche?, de lo contrario le rogaría que lo desplace hacia delante para poder aparcar el siguiente.

Steve contesta con un titubeante “si no queda más remedio...”

-Le repito Señor que si no lo desea desplace su automóvil.

-De verdad que ya le he entendido la primera vez. Le dejo las llaves puestas.

-No se preocupe, tendremos cuidado.

-Eso espero…

-Tendremos cuidado de no rayar el Aston Martin de al lado al suyo, Señor.

Ja, ja,ja. Rieron Anne y Marcus.

-Lo dicho: los rayos uva, dice Anne.

-¡Venga chicos! es hora de dejar la calabaza, van a dar las doce.

Al bajar del coche se encuentran con la impresonante fachada de Square, una iglesia gótica traída piedra a piedra del otro lado del Atlántico, para cumplir con una misión muy diferente para la que había sido concevida.

-Por más veces que venimos aquí, no me deja de sobrecojer esta entrada.

-¿Desde cuándo te importa el arte, Steve?

-Anne, como siempre realizas un juicio de valor gratuito. Es más, por el tipo de gárgolas te diría que es una iglesia del gótico, de finales del S.XIV.

-Eres una caja de sorpresas, Steve. Debo reconocer que te he juzgado mal.

-Yo no diría tanto Anne. Yo soy capaz de ser más preciso que Steve: la fecha de su construcción fue 1667. En honor al apóstol Sant Yago.

-Pero, ¿qué os pasa esta noche a los dos?

-Absolútmente nada. Sólo es cuestión de que yo sé leer los números romanos y, me temo que Steve ha olvidado lo que nos enseñaron en el colegio.

-¿Cómo?, pregunta sorprendida Anne.

-Fácil: si buscas, encuentras, y si buscas en la dirección adecuada verás que pone la fecha.

-Ja, ja,ja…Me estabais dejando alucinada.

-Cómo verás nunca se debe prejuzgar a nadie aún cuando creas que lo conoces.

-Debo reconocer mi error Marcus. Quizás he pecado de prepotente.

-¿Sólo quizás?

-Vale Steve, la primera la pago yo como penitencia.

-Ya entiendo el motivo de tu generoso ofrecimiento, mi querida amiga; está atendiendo la barra principal tu barman fetiche. ¿Se llamaba Iván, no?

-Me decepcionas, ¿no has tenido una ocurrencia mejor? Iré a cumplir mi castigo. Supongo que tomaréis lo de siempre.

-Supones bien, dijeron Marcus y Steve.

Anne se dirige a la barra central donde la gente espera sus bebidas como si fuera una pócima mágica elaborada por el tres veces mejor barman de la Costa Este: Ivan Farina.

- Hola Ivan, ¿cómo va la noche?

-Un poco más tranquila de los habitual. La verdad que lo agradezco. ¿Lo de siempre?

-Lo de siempre, un Cosmopolitan, y un Vodka con Martini.

-Fiel a tus principios. Se escucha desde la barra

-Justamente eso es lo que me acaba de decir un amigo.

-Entiendo…

-Seguro que no Iván, seguro que no. Chiao cariño, voy a llevarle esto a mis chicos.

Poco a poco Anne se hace sitio entre la gente hasta llegar sin sufrir daños colaterales.

. -Caballeros mi penitencia queda saldada con estos brebajes.

-Gracias, dice un sonriente Steve

-Si me disculpáis un momento voy a tratar de encontrar a Katheryn

-¡Corre, corre Marcus! El sacrificio humano está previsto para las 6 y 6 de la mañana en algún sitio cuya dirección sea el número 6.

-Te puedes reír si quieres, Steve, pero te recuerdo que las dos sacerdotisas que la acompañaban no estaban nada mal. Y para tu información, Anne, el maestro de la ceremonia parecía un hombre de modales refinados.

Me dirijo hacia una de las capillas que en algún momento y en algún otro sitio constituyeron el baptisterio, reconvertidas ahora en salas con diferentes ambientes y músicas. Lo malo es que hay cuatro y esto no me facilitará encontras a Miss ojos verdes.

-¡Espera Marcus! Uno para todos y todas para mí. Iremos contigo

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