Sobre la conveniencia de incorporar a Rusia y Turquía a la Unión Europea (Noviembre de 2015) Actualización de una propuesta políticamente incorrecta



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Sobre la conveniencia de incorporar a Rusia y Turquía a la Unión Europea (Noviembre de 2015)

Actualización de una propuesta políticamente incorrecta (nuevos acontecimientos)

Hace exactamente 12 meses, finalizaba la redacción de este Paper. Puedo asegurarles que desde antes del año 1998, vengo dándole vueltas al asunto. En aquellos años, discutía con mis amigos y colaboradores de realidadeconomica.com, sobre la conveniencia de incorporar a Turquía a la Unión Europea. Entonces, lo de Rusia, parecía casi sacrílego.

Uno de mis colegas de lucha (contra los molinos de viento) había estudiado en Alemania y convivido con los turcos. Su experiencia y opinión eran negativas: “nunca se van a integrar”…“es una cultura muy diferente”… “la influencia religiosa es condicionante”…

Con el tiempo viajé a Turquía (2) y Rusia (1), donde pude comprobar sobre el terreno su evolución política y perspectivas económicas. Y aunque la historia, tanto la reciente como la antigua, no da muchos ejemplos alentadores de armonía y buenas relaciones entre dos o más poblaciones de origen, creencias, costumbres y visión del mundo distintas conviviendo en un mismo Estado, consideré útil plantear el debate de la integración.

La política autoritaria de Erdogan y el comportamiento de Putin en la crisis ucraniana, así como el evidente desinterés de la Comisión Europea en continuar el proceso de integración de Turquía (enfriando o burocratizando al extremo las negociaciones), y las sanciones comerciales aplicadas por la UE a Rusia por su intervención en Ucrania, hizo que estimara prudente demorar la publicación del Paper, hasta un mejor momento.

Las consecuencias de la guerra civil en Siria, tanto por el éxodo de refugiados hacia Europa, como por los actos terroristas cometidos por el EI en algunos países de la Unión, han revitalizado la importancia del papel de Turquía y Rusia, en la solución de esta crisis.

Hasta hace unas pocas semanas, los europeos creían vivir en una especie de santuario, aislados de los conflictos actuales del mundo. Las noticias e imágenes de migrantes ahogados eran ciertamente espantosas, pero la tragedia que se desarrollaba al sur de Italia, Grecia y Malta parecía muy lejana.

Más lejana incluso parecía la brutal guerra civil que ya hace años devasta Siria. Su presidente Bashar al Assad llegó a emplear gas venenoso y, más tarde, bombas de barril llenas de clavos y fragmentos metálicos contra la población rebelde. Y a los que escapaban de sus esbirros les aguardaba el terror de Estado Islámico. Cientos de miles murieron asesinados, millones de sirios huyeron; la mayoría para vivir durante años en campos de refugiados en Jordania, Líbano o Turquía, en condiciones deplorables y sin esperanzas de mejora.

Así que en algún momento del verano (boreal), desaparecido el último atisbo de esperanza de volver a Siria y ya sin una alternativa realista a Assad y al Estado Islámico, estas personas pusieron rumbo a una Europa que parecía prometer un futuro de paz, libertad y seguridad. Vinieron a ella por Turquía, Grecia y los estados balcánicos, o a través del Mediterráneo para escapar de un caos similar en Eritrea, Libia, Somalia y Sudán.

En agosto, miles de refugiados quedaron días enteros varados en la estación Keleti de Budapest, cuando el gobierno de Hungría permitió deliberadamente que la situación se agravara. Al fin, miles de hombres, mujeres y niños (incluso ancianos y discapacitados) se lanzaron a buscar a pie la frontera con Austria. Fue entonces cuando Europa, testigo de un éxodo de proporciones bíblicas, no pudo seguir ignorando los retos y las consecuencias de las crisis en su vecindario. El continente quedó frente a frente con las duras realidades a las que antes parecía inmune.

Europa, una vez más, no estaba preparada. La Unión Europea carecía de las herramientas civiles, diplomáticas y militares necesarias para contener (por no hablar de resolver) las crisis y los conflictos en su interior. Y cuando los migrantes vinieron a ella, la política común de asilo de la UE fracasó, porque el denominado acuerdo de Dublín III no ofrecía un mecanismo eficaz para distribuir a los solicitantes de asilo entre todos los estados miembros tras el registro inicial en los estados fronterizos (en particular Grecia e Italia). El llamado del primer ministro italiano Renzi a la solidaridad europea fue ignorado.

Cuando miles de refugiados llegaron a Budapest camino de Alemania y Escandinavia, un desastre humanitario golpeó a las puertas, y la canciller alemana Angela Merkel tuvo que elegir: o aceptar a los refugiados o correr el riesgo de un agravamiento de la crisis en Budapest. Es probable que si Alemania esperaba apenas unos días más, el desastre se hubiera producido.

Merkel tomó la decisión, valiente y acertada, de permitir la entrada de los refugiados a Alemania. Esto la hace merecedora de respeto sincero y apoyo total, más aún vista la glacial respuesta que recibió de muchos miembros de su propio partido.

El flujo iniciado durante el “verano de los refugiados” cambiará a Alemania y a Europa. La UE sólo podrá hacer frente al reto (y aprovechar la oportunidad) de integrar a los recién llegados si lo hace en conjunto y en el espíritu de la solidaridad europea. Si esta crisis rompe la unidad, las consecuencias para todas las partes involucradas (especialmente los refugiados) serán graves.

Una de las razones por las que la situación a la que se enfrenta Europa actualmente es tan difícil es que fue tan inesperada. Resulta que súbitamente, 70 años después de la Segunda Guerra Mundial, 25 años después del final de la Guerra Fría y más o menos dos décadas después de la Guerra de los Balcanes, el futuro político, económico y estratégico de Europa es mucho más incierto de lo que se predecía apenas hace un año.

Será necesario establecer lo antes posible un nuevo sistema para la protección efectiva de las fronteras externas de Europa. Esto incluye un procedimiento conjunto para la evaluación de pedidos de asilo y un mecanismo para distribuir equitativamente a los refugiados entre los países de la UE. Además, si la UE desea conservar sus valores centrales (incluida la abolición de las fronteras internas), deberá concentrarse en estabilizar a sus vecinos de Medio Oriente, el norte de África y el este de Europa, con dinero, compromiso y todo su poder duro y blando. Será esencial adoptar un enfoque unificado.



Últimos acontecimientos: lecturas recomendadas (de la hemeroteca reciente)

El plan entre la UE y Turquía para evitar que los refugiados viajen hacia Europa

Los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea (UE) acordaron hoy el plan de acción con Turquía para contener la llegada de refugiados a territorio comunitario, y prometieron concretar en las próximas semanas sus contribuciones financieras para hacer frente a la crisis”...La UE acuerda con Turquía un plan de acción sobre refugiados (Expansión - 16/10/15)

“Hemos acordado el contenido exacto de este plan de acción común” con Turquía, que la Comisión Europea pactó con el Gobierno turco este jueves en Ankara, anunció el presidente del Ejecutivo comunitario, Jean-Claude Juncker al término del encuentro.

Este plan tiene como objetivo asegurar que los refugiados que están en Turquía se queden en ese país y evitar que estas personas viajen hacia la UE, agregó, al tiempo que destacó que la financiación que el bloque comunitario está dispuesta a conceder al país será objeto de discusión en los próximos días.

La canciller alemana, Angela Merkel, reconoció que los Estados miembros han discutido hoy conceder 3.000 millones de euros a Turquía a cambio de esa contención de refugiados, y consideró que esa cantidad se correspondería con el reparto de la carga financiera si se tiene en cuenta lo que Turquía lleva gastado en la acogida de los refugiados en los últimos tres o cuatro años.

Ankara había puesto además mucho interés en que la UE agilizase el proceso de liberalización de visados para sus ciudadanos a cambio de cooperar con los Veintiocho frente a la crisis.

Juncker dijo que “el proceso de liberalización de visados será acelerado”, pero recalcó que “esto no significa que vayamos a salirnos de los criterios básicos” ni que se vayan a aceptar otras reglas para Turquía. “Evaluaremos el progreso en la primavera de 2016”, añadió.

Bruselas y Ankara también trataron la apertura de alrededor de cinco capítulos del proceso de adhesión de Turquía, así como su inclusión en la lista de países seguros, una medida dirigida a agilizar el proceso de evaluación de las solicitudes de asilo.

Merkel afirmó que estas cuestiones no fueron tratadas en profundidad en la reunión de líderes de hoy, aunque se mostró abierta a la inclusión de Turquía en esa lista de países seguros, siempre que se analice de forma individual cada caso y se tenga en cuenta la situación de los ciudadanos kurdos.

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, reclamó “una respuesta responsable y adecuada” de Turquía y dijo que debe aplicarse “el principio más por más”.

Los Veintiocho se comprometieron además a proteger mejor las fronteras exteriores de la UE y a mejorar los procesos de identificación y toma de huellas dactilares de los demandantes de asilo a través del envío de cientos de expertos a la Oficina Europea de Apoyo al Asilo (EASO) y del refuerzo de la Agencia Europea de Fronteras Exteriores. Frontex avanzará en los próximos meses para convertirse en una agencia más operativa que pueda repatriar inmigrantes irregulares sin derecho a asilo y participar más activamente en la protección de las fronteras.

Merkel está preparada para apoyar el proceso de adhesión a la UE de Turquía

La canciller alemana, Angela Merkel, opinó hoy que para reducir la llegada de refugiados sirios a Europa no sólo hay que ayudar económicamente a Turquía, para que se haga cargo de ellos, sino también hallar vías de traslado legal hacia la UE y acelerar el proceso de adhesión turca a la Unión Europea”... Merkel apuesta por avanzar en la adhesión turca a la UE para frenar la llegada de refugiados (Expansión - 18/10/15)

Merkel dibujó este panorama en una rueda de prensa conjunta con el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, con el que se reunió en Estambul para conversar sobre cómo la Unión Europea y Turquía pueden colaborar en este asunto.

“La migración ilegal no es una solución. Un país en solitario no puede asumir la emigración o la huida de gente en dificultades. Debemos tener una migración regulada y coordinada y debemos ver formas de apoyar a Turquía y para posibilitar una migración regulada hacia la Unión Europea”, subrayó.

Esta migración ordenada debe acordarse “entre Gobiernos, y no pagando a los traficantes el dinero que podríamos necesitar para dar educación a los hijos de los refugiados o darles acceso a la salud”, agregó la mandataria alemana.

“Hay que dar más legalidad a un proceso que ahora es demasiado ilegal”, opinó la jefa del Gobierno alemán.

Respecto al plan de la UE de otorgar a Ankara 3.000 millones de euros para atender a los refugiados, Merkel admitió que esta suma no saldría de los fondos que la Unión ya ha asignado a ese país. “Turquía quiere dinero aparte, yo lo entiendo, entendemos que es dinero añadido (a las partidas de adhesión comunitaria) y así lo hablaremos”, confirmó.

Otro punto que se negocia con Ankara es la liberalización del visado para ciudadanos turcos, una cuestión que lleva años asociada al compromiso de Turquía de aceptar la devolución de inmigrantes indocumentados.

Un acuerdo con Turquía en materia de refugiados también incluiría la apertura de nuevos capítulos en su proceso de adhesión a la UE, algo que Merkel aseguró que se debe acelerar en este marco de la crisis humanitaria.

Corroboró así la postura de Davutoglu, quien señaló que “de las crisis surgen nuevas visiones” y expresó su esperanza de que “se reaviven las relaciones un tanto congeladas y se recupere el proceso de adhesión” a la UE.



La canciller propuso abrir los capítulos 17, 23 y 24 del proceso, referidos a la política financiera, la justicia y las libertades fundamentales. “Los demás capítulos pueden seguir después. Necesitamos el acuerdo de todos, pero vamos a defender esta postura ante Chipre”, prometió Merkel, en referencia a la posibilidad de que cualquier miembro de la UE bloquee las negociaciones. Chipre ha usado su capacidad de veto por su contencioso con Turquía sobre la parte norte de la isla, pero Merkel recordó que actualmente hay nuevas negociaciones en marcha en este conflicto que deseó sean “exitosas”.

La República Democrática de los Refugiados

““De “avalancha” ha calificado el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, el flujo de refugiados que aún debe esperar Europa y que se calcula en diez millones en los próximos cinco años, consecuencia, añadió en el curso de una conferencia económica, de “decisiones negligentes”, en velada alusión a su superior, la canciller Angela Merkel, y su peligroso buenismo”… Alemania espera recibir al menos 10 millones de refugiados (Gaceta.es - 12/11/15)

“A veces basta que un esquiador descuidado desplace un poco de nieve en su descenso por la ladera”, apuntó Schäuble, para que se produzca la temida avalancha. “Y los alemanes no podemos enfrentarnos a esto solos”.

La cifra es fruto del cálculo realizado por Heinz Buschkowsky, presidente del distrito de Neukölln, en Berlín, por el Partido Socialdemócrata de Alemania (SDP) y experto en inmigración masiva, y tiene en cuenta la actual legislación sobre reagrupamiento familiar de los refugiados. Para este año se espera que un millón y medio lleguen al país (aproximadamente: las autoridades alemanas han reconocido esta semana que no tienen ni idea de cuántos refugiados hay ya en su suelo), como consecuencia de la “invitación” de Merkel. El propio Buschkowsky califica este dato de “conservador”.

Hagamos un rápido cálculo: en el mundo somos 7.500 millones de personas, de los que unos 6.000 viven con una renta per cápita inferior a la europea. ¿Cuántos de esos no arriesgarán por tener una vida mejor emigrando a sociedades que, además, les ofrecen generosas prestaciones sociales gratuitas?

“La situación es irreversible”, declara Buschkowsky en la publicación alemana N24. “La gente que está aquí ahora, esta sociedad, tiene el reto de integrarlos y de ofrecerles perspectivas económicas”. Buschkowsky tiene demasiada experiencia para comulgar con el unicornismo que reina en los medios y en la clase política sobre este asunto: “Este romanticismo social, todos esos bonitos discursos, son difíciles de soportar para quien conoce la realidad por experiencia”.

- Crecimiento inclusivo y justicia a nivel mundial (Project Syndicate - 13/11/15)

(…) Entre tanto, los ataques terroristas en París brutalmente nos recordaron, una vez más, que los desafíos mundiales -tales como el terrorismo, la guerra en Siria, y la crisis de los refugiados- requieren de respuestas que sean verdaderamente de nivel mundial. El G-20 es un foro ideal para abordarlos.

La guerra civil siria -ahora en su cuarto año bien avanzado- debe ser llevada a su fin, y se debe garantizar una transición política justa y sostenible. El conflicto y el brutal terrorismo estatal del régimen del presidente sirio Bashar al-Assad no es sólo la causa del terrible sufrimiento en Siria y de la muerte de más de 360.000 personas, es también la causa raíz de la crisis de los refugiados y del surgimiento del Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL) - que es una amenaza para todos los países. Turquía es miembro de la coalición en contra del EIIL, y estamos en la búsqueda de disminuir y destruir esta amenaza terrorista en nuestro país y más allá de nuestras fronteras.

Al mismo tiempo, no nos debemos permitir olvidar la situación extremadamente difícil de aquellos que huyen de la brutalidad del régimen de Assad y del EIIL. La comunidad internacional, que se estremeció ante la fotografía de Alan Kurdi, el pequeño niño sirio de tres años de edad que fue encontrado muerto en una playa de Turquía, debe forzarse a recordar que muchos más como él están muriendo todos los días en las frías aguas del Mediterráneo y el Egeo.

Turquía acoge actualmente a unos 2,2 millones de refugiados sirios, y hemos gastado más de 8 mil millones de dólares en el transcurso de los últimos tres años para atenderlos. La comunidad internacional debe llegar a un acuerdo sobre un mecanismo que garantice que la carga sea compartida de manera equitativa.

Por último, es importante señalar que Turquía continúa confrontando la amenaza del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), una organización listada como un grupo terrorista tanto por Estados Unidos como por la Unión Europea. Turquía puso en marcha un gran número de reformas y realizó importantes inversiones en beneficio de nuestros ciudadanos kurdos. Y, sin embargo, el PKK se ha negado a desarmarse, por el contrario está acumulando armas y atacando objetivos civiles y de seguridad a lo largo de todo el país. Mientras continuamos luchando contra el flagelo del terrorismo en nuestro país, hacemos un llamamiento a todos los países, no sólo para estar de luto por los muertos en París, sino para rechazar el terrorismo en todas sus formas.

La Cumbre del G-20 en Antalya abordará estos y otros grandes problemas que enfrenta el mundo. Ya sea que el tema abordado trate sobre la economía, las finanzas, el cambio climático o la política, el principio rector debe ser la igualdad y la justicia para todos.

(Recep Tayyip Erdoğan is President of the Republic of Turkey)

- Estamos en guerra (Project Syndicate - 16/11/15)

Desde los ataques terroristas de enero contra el semanario satírico Charlie Hebdo y un supermercado kosher, los parisinos sabían que la barbarie acechaba a la vuelta de la esquina y que volvería a golpear. Pero una cosa es saber algo, anticiparlo, y otra enfrentarse a la triste realidad. En la noche del viernes, la realidad nos golpeó con toda su fuerza. Estamos en guerra. Sería erróneo (incluso peligroso) no admitirlo. Y para ganar, se necesitarán claridad, unidad y firmeza…

En las últimas semanas, la estrategia de terror de Estado Islámico llevó la muerte a las calles de Ankara, Beirut y París, y a los cielos del Sinaí. La identidad de las víctimas no deja dudas sobre el mensaje. “Kurdos, rusos, shiítas libaneses, franceses: ustedes nos atacan, nosotros los matamos”.

El momento en que se producen los ataques es tan revelador como la nacionalidad de sus blancos. Cuantas más derrotas sufre Estado Islámico en el terreno y más pierde el control del territorio en Siria e Irak, mayor su tentación de exteriorizar la guerra para disuadir futuras intervenciones. Por ejemplo, los ataques sincronizados en París coincidieron con la pérdida para Estado Islámico de la ciudad iraquí de Sinjar…

Si ahora Estado Islámico eligió en París ir contra personas que no eran caricaturistas, policías o judíos, es precisamente porque su condición “ordinaria” las dejó desprotegidas. Esta vez, los atacantes prefirieron la “cantidad” a la “calidad” (si se nos puede perdonar decirlo en forma tan ruda). El objetivo era matar a tantas personas cuantas pudieran.

Esta estrategia es posible porque el territorio controlado por Estado Islámico les sirve de refugio y base de entrenamiento. Los territorios del autoproclamado califato son para este grupo lo que el Afganistán controlado por los talibanes era para Al Qaeda en los noventa.

Es imperioso recuperar el control de este territorio. Y destruir las “provincias” de Estado Islámico en Libia, el Sinaí y otros lugares debe convertirse en la prioridad número uno de la comunidad internacional…

También es preciso lograr unidad dentro de Europa. Oímos todo el tiempo decir que Europa atraviesa una crisis de identidad y está necesitada de un proyecto nuevo. Pues bien, lo ha encontrado. Ser europeos significa confrontar juntos el azote de la barbarie y defender nuestros valores, nuestro modo de vida y nuestra forma de vivir juntos, a pesar de nuestras diferencias.

También se necesita la unidad de todo el mundo occidental. La declaración del presidente Barack Obama después de los ataques de París demuestra que lo que une a Europa y Estados Unidos es mucho más importante que lo que nos divide. Estamos en el mismo barco, enfrentados al mismo enemigo. Y este sentido de unidad debe trascender el mundo europeo y occidental, porque Estado Islámico amenaza a países como Irán y Rusia (y qué decir de Turquía) tanto, o más, que a Occidente…

Pero lo primero es la claridad. Cuando París sufre un ataque como el del viernes pasado, hay que hablar de guerra. Nadie quiere repetir los errores de Estados Unidos durante la presidencia de George W. Bush; pero usarlos como excusa para no hacer frente a la realidad sería simplemente un error diferente. La respuesta de Europa debe ser contundente, pero sin apartarse del Estado de Derecho. Al fin y al cabo, estamos librando contra Estado Islámico una batalla política en la que nuestro amor a la vida debe prevalecer sobre su amor a la muerte.

(Dominique Moisi, a professor at L'Institut d’études politiques de Paris (Sciences Po), is Senior Adviser at the French Institute for International Affairs (IFRI) and a visiting professor at King’s College London. He is the author of The Geopolitics of Emotion…)

- Después de lo ocurrido en París (Project Syndicate - 16/11/15)

Los ataques perpetrados en París por personas relacionadas con el Estado Islámico, inmediatamente posteriores a los atentados con bombas habidos en Beirut y al derribo de un avión de pasajeros sobre la península del Sinaí, refuerzan la realidad de que la amenaza terrorista ha entrado en una nueva fase más peligrosa. La razón exacta por la que el Estado Islámico decidió organizar esos ataques ahora es objeto de conjetura; puede muy bien ser que haya pasado a actuar a escala mundial para compensar su reciente pérdida de territorio en el Iraq, pero, sea cual fuere la razón, lo que es seguro es que está justificada una reacción clara.

En realidad, el desafío planteado por el Estado Islámico requiere varias reacciones, pues no hay una única política que vaya a ser suficiente. Se necesitan medidas múltiples en múltiples ámbitos.

Uno es el militar. Ataques más intensos desde el aire contra los activos militares del Estado Islámico y las instalaciones de extracción de petróleo y de gas revisten importancia decisiva, pero, por grande que sea la potencia aérea, por sí sola nunca logrará la misión cumplida. Para hacerse con territorio y mantenerse en él, es necesaria una importante intervención en el terreno…

Semejante empeño ha de ser colectivo. Puede ser oficioso -una “coalición de los que estén dispuestos”, que incluiría a los Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, los Estados árabes e incluso Rusia en las circunstancias adecuadas- o correr a cargo de la OTAN o con los auspicios de las Naciones Unidas. La presentación importa menos que los resultados. Sin embargo, se debe examinar la posibilidad de hacer con cautela declaraciones simbólicas de guerra para que no parezca que el estado Islámico vence todos los días en que no pierde.

No menos esencial es un componente diplomático para cualquier reacción. El Presidente de Siria, Bashar Al Asad, contribuye al reclutamiento para el Estado Islámico y debe marcharse, pero cualquier gobierno sucesor debe poder mantener el orden y no permitir que el Estado Islámico aproveche un vacío de poder, como ha hecho en Libia.

Además, un cambio político ordenado sólo se puede lograr con apoyo ruso e iraní. Una opción a corto plazo que vale la pena explorar es la de un gobierno de coalición aún encabezado por un representante de la minoría alauí, concesión que podría muy bien ser el precio de privar del poder a Asad. En principio y con el tiempo, se podría formar un gobierno nacional más representativo, aunque hablar de celebrar elecciones dentro de 18 meses es descabellado, en cualquier caso.

Pero alcanzar una transacción en ese sentido podría muy bien ser imposible. Ésa es la razón por la que es necesario un empeño militar mayor para crear enclaves mayores y más seguros con los que proteger mejor a los civiles y llevar los combates hasta el Estado Islámico. Siria no es un país normal en sentido alguno y no lo será durante mucho tiempo, si es que llega a serlo alguna vez. Una Siria de enclaves o cantones es un modelo más realista para un futuro previsible.

Otros elementos indispensables de una estrategia eficaz serían una ayuda -o presión- mayor a Turquía para que procure contener más aún la corriente de reclutamiento del Estado Islámico. Además, Turquía, junto con Jordania y el Líbano, necesita más asistencia financiera, pues esos tres países soportan la mayor parte de la carga de refugiados. Los dirigentes árabes y musulmanes pueden desempeñar su parte hablando claramente para contrarrestar la concepción del Estado Islámico y deslegitimar su comportamiento…

Lo que también hace falta es una dosis de realismo. La lucha contra el Estado Islámico no es una guerra tradicional. En modo alguno podremos erradicarlo ni destruirlo a corto plazo, porque es tanto una red y una idea como una organización y un Estado de facto que controla territorio y recursos.

De hecho, el terrorismo es y seguirá siendo uno de los flagelos de nuestra época. Sin embargo, lo bueno es que mediante medidas concertadas y sostenidas se puede reducir espectacularmente la amenaza representada por el Estado islámico en Oriente Medio y el resto del mundo. La enseñanza principal que se desprende del ataque contra París es la de que debemos estar preparados para actuar durante mucho tiempo y en muchos lugares.

(Richard N. Haass, President of the Council on Foreign Relations, previously served as Director of Policy Planning for the US State Department (2001-2003), and was President George W. Bush's special envoy to Northern Ireland and Coordinator for the Future of Afghanistan…)

¿Merkel se ha equivocado?

““No podemos abrir las puertas a todos los que quieran venir. Aquí Merkel se ha equivocado”, ha asegurado Juergen B. Donges, catedrático Emérito de Ciencias Económicas y director del Instituto de Política Económica y del Otto Wolff Institute for Economic Studies de la Universidad de Colonia, en referencia a la crisis migratoria que sufre la UE”… No podemos abrir las puertas a todos los que quieran venir, Merkel se ha equivocado” (El Economista - 17/11/15)

Según Donges, para la UE esta crisis es una prueba de fuego sin precedentes históricos y mucho más exigente que la gestión de la crisis griega, hasta el punto de que “nos jugamos la supervivencia de la Unión Europea si no actuamos de forma adecuada”.

El profesor Donges recordó durante una conferencia en la Fundación Rafael del Pino que los refugiados no son un colectivo homogéneo, sino que encajan dentro de una de las tres siguientes categorías: personas perseguidas por razones de política, religión o raza, que son las únicas que tienen derecho a asilo político; personas que huyen de situaciones de guerra o de terrorismo islámico, que no tienen derecho de asilo pero a quienes se les ayuda por razones humanitarias, y personas que emigran por razones económicas. Este es el grupo más importante de todos.

Según Donges, los gobiernos tienen que hacer un esfuerzo para distinguir de qué grupo son los inmigrantes y recordó que, en el caso de los emigrantes económicos, las personas tienen derecho a abandonar su país de origen, pero no a ser acogidos en aquel que quieran.

Este economista defendió que la emigración tiene consecuencias económicas. Donges señaló, en primer lugar, el coste que supone la inmigración para los países de acogida en forma de alojamiento, rentas de subsistencia, servicios públicos, etc. En este sentido, la crisis migratoria que sufre la Unión Europea supone un peligro para el cumplimiento de los objetivos de ajuste fiscal por parte de los distintos gobiernos, algunos de los cuales ya empiezan a utilizar la excusa de la crisis para relajarlos. Para Donges, esto supone “una recaída en los comportamientos que nos llevaron a la crisis”.

No obstante, Donges también reconoció que la inmigración tiene efectos positivos. A corto plazo, explicó que ese gasto público adicional, más el consumo, más las inversiones privadas que se ponen en marcha expanden la demanda interna. Donges cifró en dos décimas la aportación al crecimiento económico de Alemania en 2015 y 2016 de la avalancha de inmigrantes que está recibiendo.

A medio plazo, este economista cree que los países de acogida pueden ser ganadores en la medida en que los refugiados tengan una cualificación profesional porque aumentarían la fuerza laboral y el número de cotizantes a la seguridad social. El problema es que la mitad de ellos tienen un nivel de escolarización mínimo y apenas aportan al bienestar general, apuntó. Los países de acogida, por ello, solo se benefician de la llegada de emigrantes si se aplica una política de inmigración, explicó.

En este sentido, Donges abogó por la existencia de restricciones porque la capacidad de absorción de inmigrantes es limitada, sobre todo, en el mercado laboral. Además, buena parte de los inmigrantes que vienen a la Unión Europea no tienen la disposición de integrarse en la sociedad que los recibe, indicó.

Para Donges es necesario que la Unión Europea adopte una política de inmigración común porque la presión de la ola migratoria no es puntual. Esa política debe basarse en varios pilares. En primer lugar, registrar a la persona en el país por el que entra a la Unión Europea, estableciendo para ello, si es necesario, ayudas económicas a esos países.

Además, este experto abogó por que los gobiernos distingan entre los tres grupos de refugiados. En su opinión, cuando se trata de personas con derecho de asilo, los sistemas de acogida de los países deberían tener los mismos criterios. También debería establecerse un sistema de reparto de este tipo de refugiados entre los países de la UE, de acuerdo con su PIB y su población, explicó.

En el caso de los refugiados procedentes de zonas en conflicto que reciben ayuda humanitaria, Donges defendió que la Unión Europea debería definir y regular un sistema de protección temporal a nivel europeo, pero sin permitir que los refugiados decidan el país de acogida. Para Donges, esto es inaceptable.

Por último, en el caso de los inmigrantes por razones económicas, Donges considera que deben establecerse limitaciones cualitativas y cuantitativas y tener normas deliberadamente selectivas.

Tras todo el “aislamiento” y las “sanciones”: “Putin vuelve, te perdonamos”

- ¿De verdad Rusia es el enemigo? (Gaceta.es -5/11/15)

Por toda Europa se extiende la impresión de que estamos en el lado equivocado. La política norteamericana, hoy, resulta más peligrosa para Europa que la política rusa.

(Por José Javier Esparza)

Esta misma semana, el jefe del Estado Mayor del Ejército norteamericano, general Mark Milley, tomaba la palabra en la cumbre Defense One, en Washington, y señalaba a Rusia como “la principal amenaza para los Estados Unidos”. Las acciones de Rusia -dice el general- son agresivas y contrarias a los Estados Unidos. Como es el único país del mundo -argumenta Milley- con capacidad nuclear suficiente para destruir Norteamérica, Rusia representa, a ojos de Washington, una “amenaza existencial”. Hace pocos días, en el contexto de las maniobras “Trident Juncture”, el vicesecretario general de la OTAN, Alexander Vershbow, también apuntaba a Rusia como adversario central de Occidente. Es el mismo discurso que ayer mismo, miércoles, repetía el secretario general de la Alianza, Jens Stoltenberg, señalando específicamente la agresión en Ucrania. Hay demasiadas voces que cantan la melodía de una nueva “guerra fría”.

¿Qué está pasando? Esencialmente, que el mapa del poder mundial ha cambiado de forma sensible en tan sólo dos o tres años. Hasta hace muy poco tiempo, los Estados Unidos creían el camino expedito para realizar su proyecto de un gran espacio trasparente a escala mundial, sustentado sobre relaciones comerciales y financieras globales y con epicentro, naturalmente, en Washington. La OTAN permanecía y aún permanece bajo esa órbita. Pero he aquí que China y Rusia han movido sus piezas, han construido sus propios proyectos y en modo alguno están dispuestas a aceptar la hegemonía mundial norteamericana. ¿Eso era previsible? En realidad, sí. Lo que no resultaba tan predecible era que los europeos descubriéramos súbitamente que, en esta especie de nueva guerra fría, los que perdíamos éramos nosotros. Y que a lo mejor conviene no secundar del todo la política de bloques que Washington insiste en mantener.

El húngaro Orban declara que Rusia está haciendo en Siria lo que tenía que haber hecho Europa. Sarkozy -el mismo que volvió a meter a Francia en la OTAN- viaja a Moscú y elogia el papel de Putin en el orden internacional. Simultáneamente, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, François Hollande, viajan a Pekín y manifiestan sus deseos de estrechar los lazos con China. Hungría, Francia y Alemania forman parte de la Alianza Atlántica. Los dos últimos países han apoyado además la operación de cambio de poder en Ucrania, estimulada desde Washington. Pero las exigencias norteamericanas están yendo demasiado lejos. La guerra de Siria ha abierto muchos ojos. A ras de suelo, es un hecho objetivo que quien está defendiendo a los cristianos sirios e iraquíes y quien está atacando a la tiranía rabiosamente antidemocrática del Estado Islámico es precisamente Moscú. Por el contrario, los países de la OTAN y sus aliados han apoyado la creación de milicias islamistas en Oriente Próximo, y esto es también un hecho objetivo. O sea que los occidentales hemos armado en Siria a los mismos que detenemos en Europa, y consideramos enemiga a Rusia porque mata en Siria a los mismos que encarcelamos aquí. Es descabellado, pero esta es la situación. Por toda Europa se extiende la impresión de que estamos en el lado equivocado. Y no es sólo una impresión: es un hecho que la política norteamericana, hoy, resulta más peligrosa para Europa que la política rusa.

Entendámonos: Moscú no nos salvará. Moscú no está defendiendo a “la Cristiandad”. Tampoco “la democracia”. Moscú está defendiendo sus propios intereses geopolíticos, que no son los nuestros. La clave está en que esos intereses rusos, que Washington ve como enemigos, no son necesariamente adversos con ojos europeos.

Lo que quiere Rusia

Con frecuencia se oye decir a los analistas de facción que Putin intenta reconstruir el espacio geopolítico soviético. No: lo que intenta reconstruir es el espacio geopolítico tradicional ruso, que es el mismo desde los tiempos del zar Pedro el Grande. Los regímenes cambian y pasan, pero la geografía siempre es la misma y, por tanto, los intereses geopolíticos de una nación siempre son idénticos. En el caso ruso, se trata de controlar un espacio continental enorme, pero muy difícil y poco habitable, lo cual obliga a buscar permanentemente salidas al sur, a los mares cálidos. Es esto, y no otra cosa. ¿Y no hay diferencias entre el Kremlin de hoy y el de 1960? Sí, sí las hay. La Rusia de hoy, a diferencia de la vieja Unión Soviética, no tiene un proyecto de dominación mundial. Porque tampoco posee los instrumentos para semejante cosa. Algo que hay que tener presente cuando se habla de la “amenaza rusa”.

Por así decirlo, Rusia es como un tipo demasiado grande con energías limitadas y ostensibles dificultades para sostener un cuerpo descomunal. En 2014 el PIB de Rusia fue de 1,4 billones de euros. ¿Es mucho o poco? En el mismo año, el de Francia superó los 2 billones y el de España fue un billón, así que calcule usted. El PIB conjunto de la zona euro supera los 10 billones. Si Rusia entrara en la zona euro, su aportación apenas superaría el 10%. ¿Y su gasto en Defensa? En 2014 fue de 63,7 millones de euros. Una vez más, ¿mucho o poco? Compare: Francia gastó 47,2 millones, el Reino Unido 45,6, Alemania casi 35, Italia gastó 23,3 millones de euros, España -oh, sí- sólo 9 millones. Es decir que solo la suma de los principales países de la Unión Europa supera con creces el gasto militar ruso. Incluso en el caso de que Rusia estuviera mintiendo sobre su gasto en defensa -cosa que insinúan algunos observadores atlantistas- y en realidad fuera mucho mayor, seguiría por debajo del gasto militar de la UE. Saquemos de la comparación a los Estados Unidos, cuyo gasto en defensa en 2014 superó el medio billón de euros, y a China, que invirtió 162,7 millones. El gasto militar norteamericano sigue representando aproximadamente la mitad del gasto mundial en esta materia y multiplica por ocho la cifra declarada por Rusia. Son cosas que hay que saber antes de hablar de “amenazas expansionistas”.

¿Qué más tiene Rusia? ¿Petróleo? Sí: siempre figura entre los tres o cuatro máximos productores mundiales. Pero los otros dos primeros son Estados Unidos y Arabia Saudí, de manera que no es un dato determinante. ¿Gas? También, y con mayor ventaja que en el caso del crudo, pero el otro gran productor mundial son los Emiratos, que políticamente están en el otro lado. ¿Armas nucleares? Por supuesto, Rusia las tiene y las exhibe sin embozo. Pero también las tienen China, Francia, el Reino Unido, Pakistán, la India, probablemente Israel y, por supuesto, los Estados Unidos. Y como la nuclear es un arma que, por definición, sólo puede usarse una vez -porque la segunda sería el apocalipsis mundial-, tampoco el dato es determinante.

La imagen del mundo

Y bien: si la potencia rusa no es determinante en PIB, ni en gasto militar, ni en petróleo, ni en gas ni en armas nucleares, ¿entonces qué tiene Rusia para ser una superpotencia? Espacio. Porque Rusia tiene todo eso -que no es moco de pavo- pero, sobre todo, tiene otro elemento que hace determinante al conjunto: espacio, territorio. Hoy como en tiempos de los zares. Y desde que gobierna Putin tiene, además, la clara decisión de tomar pie en ese espacio para reafirmar la soberanía nacional rusa en el tablero mundial. Cuando se dice que Putin es el único “hombre de Estado” que queda en Europa se quiere decir precisamente eso: mientras todos los demás jefes de estado o de gobierno europeos se ven a sí mismos como gestores temporales de un negocio cuyo origen y destino ya no depende de ellos, Putin sí se ve como protagonista de la soberanía de su nación.

¿Cómo proyecta Rusia esa afirmación de su soberanía? Ante todo, en los términos clásicos de un estado-nación, por más que se trate de un estado-continente. Es decir que Moscú no concibe el mundo como un escenario llamado a constituir un único espacio comercial e institucional bajo los criterios de la “gobernanza global” -que esa es la visión predominante en Occidente-, sino que permanece en la visión clásica de la política internacional protagonizada por agentes que pueden ser ora amigos, ora enemigos, pero siempre cada cual con su propio objetivo singular. Ahora los agentes no son sólo nacionales, sino transnacionales, pero las reglas del juego, a ojos de Moscú, son las mismas. Donde Washington -y Bruselas- ven un mundo unipolar, Moscú lo ve multipolar. En la última fiesta nacional rusa se comentó mucho la ausencia de líderes occidentales en los festejos. “Putin está aislado”, dijeron aquí nuestros medios de comunicación. Pero quienes estaban al lado de Putin en la tribuna eran los chinos y los indios: 2.500 millones de personas tirando por lo bajo. Curioso “aislamiento”.

¿Y Europa? ¿Qué dice Europa? Nada, que se sepa. Lo cual nos coloca a todos en una situación francamente enojosa, porque Europa, quiera o no, está obligada a entenderse con Rusia, mal que les pese a los americanos y a los eurócratas de Bruselas. Primero, por inevitable contigüidad geográfica: basta mirar el mapa para entender que Europa sólo es el apéndice de la masa euroasiática; estamos donde estamos y nunca tendremos por medio un mar que nos separe de Moscú. Además, por evidente vecindad cultural, ¿o no son europeos Tolstoi y Tchaikovski, Dostoievski y Rachmaninoff? Y de manera muy particular, por complementariedad económica. ¿Qué tiene Rusia que nosotros no tenemos? Materias primas. ¿Qué tenemos nosotros que no tiene Rusia? Elevadísima capacidad tecnológica e industria de transformación de alta calidad. No es que estemos hechos el uno para el otro, pero la complementariedad es evidente. Tanto Europa como Rusia lo sabían perfectamente hace diez años. También Washington, y por eso ha pasado lo que ha pasado en el mundo.

¿Rusia es nuestro enemigo? Visto el caso desde Washington, sí: Rusia y también China. Pero los europeos deberíamos acostumbrarnos a mirar con ojos europeos. Todo descansa en qué entendemos por “nuestro”. Es hora de que ese “nuestro” vuelva a corresponder a un “nosotros”. Nosotros, europeos.

- ¿Y si la Rusia de Putin no es culpable, después de todo? (Gaceta.es - 6/11/15)

¿Y si todos los horrores -o parte de los horrores- que leemos a diario sobre Rusia y su líder, Vladimir Putin, fueran el resultado de esa propaganda intensiva y continuada con que se demoniza al enemigo a batir? Es solo una posibilidad, pero vale la pena explorarla.

(Por Carlos Esteban)

Si la primera baja en cualquier guerra es la verdad, también es cierto que no hace falta que estalle el conflicto abiertamente para que se active la maquinaria de la demonización entre los medios y la clase política. Es uno de los efectos secundarios indeseables de la democracia: en el Antiguo Régimen, el rey de España podía emprender una guerra contra el rey de Francia porque era él solo quien decidía, sin que la aventura afectara demasiado al común, de modo que podía -y solía- hacerla limitada, sin necesidad de convencer a sus súbditos de que el francés era la personificación del mal. Hoy es necesario contar con el apoyo de la población, y eso obliga a una frenética labor de propaganda intensiva para pintar al enemigo potencial con los más negros colores.

Hoy el enemigo es Rusia, por si ustedes no lo habían notado, cosa que dudo: eche un vistazo a las portadas de las principales revistas occidentales de los últimos meses -The Economist, Time, Newsweek- y podrán ver las caricaturas más sangrantes y los montajes más ofensivos a costa de la figura de Rusia y, muy especialmente, su líder, el 'dictador' Vladimir Putin.

Hemos vuelto al “Rusia es culpable” de la España de los años Cuarenta casi sin darnos cuenta. Putin es un dictador tramposo que se mantiene en el poder por el terror y la trampa, Rusia es una potencia belicista y agresiva que sueña con ampliar sus fronteras por la fuerza, que está amenazando a las antiguas repúblicas de la URSS, ahora independientes, para volverlas a reintegrar en el imperio post-soviético. Rusia ha invadido Ucrania para impedir que esta se integre en Occidente, ha humillado a la pequeña Georgia y ahora apoya al sanguinario El Assad. Rusia persigue a los homosexuales, censura la opinión, aborrece las libertades. Rusia es, en fin, nuestra antítesis, el enemigo perfecto e irredimible. Rusia, sí, es la principal culpable, sino la única, de que el mundo esté otra vez al borde de una conflagración mundial.


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