Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida



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Armenia-Colombia, 9 de Febrero de 2015

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón,

porque de él mana la vida”.

(Prov. 4,23)

Muy queridas Hermanas:

Recibid todas un saludo lleno de cariño desde Armenia, donde me encuentro pasando la Visita Canónica, con el deseo de que vivamos este año dedicado a la Vida Consagrada con agradecimiento por tanto don recibido y con deseos de renovación, de seguir ofreciendo al Señor toda nuestra vida, para que a través de ella, se haga presente en el mundo el reino de Dios.

Las palabras que el Papa Francisco pronunció en la homilía del día 2 de febrero: “Recorrer con alegría y perseverancia el camino de abajamiento de Cristo” me parece que son un pequeño resumen de lo que tiene que ser nuestra vida y también una invitación que nos dispone a vivir el tiempo de Cuaresma “con los ojos fijos en Jesús quien inicia y consuma la fe” (Heb 12,2).

“Jesús recorrió nuestra misma senda para indicarnos la nueva vía, es decir ese «camino nuevo y vivo» (cf. Heb 10,20) que es Él mismo. Y para nosotras, este es el único camino que, en concreto y sin alternativas, hemos de recorrer con alegría y perseverancia. Quien sigue a Jesús emprende el camino de la obediencia, imitando la condescendencia del Señor, abajándose y haciendo propia la voluntad del Padre, incluso hasta el aniquilamiento y la humillación de sí misma (cf. Flp 2,7-8). Para nosotras, avanzar significa abajarse en el servicio, o sea recorrer el mismo camino de Jesús, que «no retuvo ávidamente el ser igual a Dios» (Flp 2,6). La alegría evangélica es consecuencia del camino de abajamiento que recorremos junto con Jesús. Cuando nos sintamos tristes, nos vendrá bien preguntarnos cómo estamos viviendo esta dimensión kenótica. Gracias a este camino, quedamos preservadas de vivir nuestra consagración de manera light, de manera desencarnada, como si de una gnosis se tratara, lo que reduciría la vida religiosa a una «caricatura»: una caricatura en la que se haría realidad un seguimiento sin renuncia, una oración sin encuentro, una vida fraterna sin comunión, una obediencia sin confianza y una caridad sin trascendencia”1.

La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2)2.

La Iglesia, en este tiempo de Cuaresma, nos invita a la conversión y la conversión consiste en dejarse convertir al misterio de Cristo, al evangelio. Cuando nos adentramos en la primera semana de Ejercicios, aunque no haya pecados materiales concretos, lo que contemplamos es nuestro desamor, lo que el Papa Francisco llama “la indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios”.

Nuestra indiferencia puede ser muy sutil, somos personas que nos creemos buenas porque quizás, por pura misericordia, no pecamos gravemente, nos dedicamos todo el año, toda la vida al servicio de Dios… Pero, “¿permitimos que Dios nos revista de su bondad y misericordia, que nos revista de Cristo, para llegar a ser como Él, siervo de Dios y de los hombres?”

“La Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él. Esto sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios y cuando recibimos los sacramentos, en particular la Eucaristía. En ella nos convertimos en lo que recibimos: el cuerpo de Cristo”.

Acogiendo la petición del Papa Francisco vivamos este tiempo de Cuaresma como un camino de formación del corazón. “Es necesario que las que nos creemos fuertes, libres, autosuficientes, seguras, recuperemos nuestra verdad desde el espejo del Evangelio. Nos hará bien descubrirnos frágiles, esclavas del mil esclavitudes, rotas, sin otro norte que nosotras mismas, sin otra medida de libertad que nuestra propia conveniencia3.



Pidamos en esta Cuaresma unas por otras para ¨que Cristo habite en nuestro corazón por la fe, a fin de que arraigadas y edificadas en el amor, seamos capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que rebosemos de toda la plenitud de Dios”. (Ef 3, 17-19)

Con mi cariño, oración y bendición,



Resurrección Lecuna Eguía



Superiora General

1 Homilía del Papa Francisco el 2 de febrero de 2015

2 Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma,

3 Raimon Panikkar


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