Sombras de sueñO



Descargar 36.77 Kb.
Fecha de conversión05.07.2017
Tamaño36.77 Kb.
A N T R O P O L O G Í A F I L O S Ó F I C A

SOMBRAS DE SUEÑO

Miguel de Unamuno

Enrique Sanjuan Santana

Fernando Pérez Aragón
1. BIOGRAFÍA DE MIGUEL DE UNAMUNO.
Miguel de Unamuno es un autor nacido en Bilbao en 1864. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid hasta 1883. Al año siguiente se doctora con una tesis sobre la lengua vasca: Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca. En 1888, se presentó a la cátedra de psicología, lógica y ética del Instituto de Bilbao, aunque no conseguiría la plaza. En 1889 prepara unas oposiciones y viaja a Suiza, Italia y Francia.

El 1891 se casa con Concha Lizárraga, de la que estaba enamorado desde niño y con quien tuvo nueve hijos. Unamuno pasa los meses invernales de ese año dedicado a la preparación de las oposiciones para una cátedra de griego en la Universidad de Salamanca, la cual obtiene.

Desde los inicios de su estancia en Salamanca, participó activamente en la vida cultural, y se hizo habitual su presencia en la terraza del Café literario Novelty, al lado del ayuntamiento, en la Plaza Mayor salmantina. En 1901 fue nombrado Rector de la Universidad de Salamanca, cargo que llegó a ostentar por 3 veces. En 1920 es elegido por sus compañeros decano de la Facultad de Filosofía y Letras. En 1921 es nombrado vicerrector. Sus constantes ataques al rey y al dictador Primo de Rivera hacen que éste lo destituya de su cargo y lo destierre a Fuerteventura en 1924. Aunque es indultado, se destierra voluntariamente a Francia hasta 1930, año en el que cae el régimen de Primo de Rivera. Vuelve a Salamanca.

Al iniciarse la guerra civil apoyó inicialmente a los rebeldes, arrepintiéndose públicamente de su apoyo a la sublevación. Los últimos días de vida los pasó bajo arresto domiciliario en su casa, donde muere en 1936.



2. RESUMEN DE SOMBRAS DE SUEÑO.
La obra narra paralelamente la historia de Julio Macedo (un náufrago extraño que acaba de llegar a la isla de los Solórzano) y de Elvira (la hija de Don Juan Manuel de Solórzano).
Los Solórzano están arruinados y la pobre Elvira no puede salir de la isla para conseguir un marido decente. Elvira se ha convertido en una quijotesa enamorada de los libros (como anteriormente lo había estado su padre), pero también se ha enamorado de uno de los protagonistas de una novela que está leyendo: Tulio Montalbán.
Aparece en la isla un hombre que acude para pasar unos días, pero que decide quedarse para siempre en ella: su nombre es Julio Macedo. Este hombre es el protagonista del libro de Elvira, a la cual no le atrae mucho este señor que le inspira desconfianza ya que ha aparecido de la nada. Tras descubrir que Julio Macedo es el hombre de su libro, el hombre de sus sueños, su Tulio Montalbán, Elvira se enamora perdidamente de él.
Julio Macedo ha decidido matar a su antiguo yo, Tulio Montalbán, cansado de la vida que lleva. Por eso busca al “otro” y lo hace “matándose” a sí mismo, es decir, cambiando su vida por la del “otro”.
El protagonista tiene la necesidad de recuperar un pasado que rechaza: Tulio Montalbán, reconvertido en Julio Macedo, busca en otra mujer (e incluso en “la Mar”) a su esposa muerta. Huye de su yo, pero al mismo tiempo necesita volver a ese pasado para reencontrarse con la mujer que siempre amó, aquella que le proporcionaba la tranquilidad del seno materno.
Esa vuelta al seno materno, es otro de los aspectos que se advierten en este libro. A Julio Macedo le gustaría volver a esa tranquilidad, allí donde no hay que buscar al “otro”. Ese retorno es llamado por Unamuno como “des-nacer” y será uno de los motivos principales por los que se desencadene el conflicto entre los Solórzano y Julio Macedo.
Julio Macedo sabe que Elvira no está enamorada de él, sino de su antiguo yo, de Tulio Montalbán. Entonces, éste rechaza a Elvira (aún estando enamorado de ella) porque está enamorada de lo que él huye desesperadamente. El drama concluye con el suicidio de Tulio Montalbán, y con una Elvira triste, mirando el mar, recordando la sombra del amor de sus sueños.

3. EL SER HUMANO: ¿FICCIÓN O REALIDAD?
El concepto de realidad en Unamuno no carece de ambigüedad en el pensamiento filosófico, sobre todo si se pretende delimitar positivamente. Incluso emprendiendo una vía negativa se pueden encontrar contrapuestos: aparece en oposición a la realidad la noción de ficción.
Etimológicamente, ficción procede del verbo latino fingere, que significa representar, formar, hacer, construir, componer, modelar, etc. Luego pasó a significar imaginar, por ello se equiparó con un producto de la facultad imaginativa. La ficción sería algo producido por la imaginación, referida sobre todo al arte y literatura. En este sentido, ficción no habría que contraponerse a realidad ya que el producto de nuestra imaginación tiene alguna forma de realidad. Pero a menudo se contraponen, siendo la realidad aquello que no es ficticio, es decir, que no es producto de la imaginación humana. La existencia real del ser humano se contrapondría a la existencia ficticia de sus creaciones literarias. Es esta problemática desde donde va a partir Unamuno.
Para Unamuno el problema está centrado fundamentalmente en el hombre, en la ficción o realidad del ser humano. Lejos de admitir la oposición que se tiene de los dos términos, Unamuno llega a unirlos, borra las fronteras entre ambos, como por ejemplo en Sombras de sueño.
Unamuno entiende por ficción al producto de la imaginación humana, al ser creado por el hombre en su producción literaria. Pero los problemas aparecen cuando intenta atribuir a ese ser creado la misma realidad que a los seres humanos de carne y hueso. Debido a que lo real para Unamuno sería lo grave o lo denso, no supondría ningún problema atribuir una realidad humana a los personajes literarios ya que los sentimientos o ideales pueden tener esa gravedad o densidad, pueden llegar a ser tan consistentes como lo material o corpóreo.
Cuando habla Unamuno de realidad o real, no suele entender el término como sinónimo de ser, pues éste último concepto al ser demasiado vago, lo lleva a un terreno abstracto rechazado por Unamuno. Lo real es algo concreto.
Tampoco habla de realidad como actualidad en el sentido aristotélico, ni se mete en disquisiciones metafísicas sobre los conceptos de esencia o existencia. Sin embargo, el término existencia si se relaciona con lo que Unamuno entiende por realidad. Lo que “está ahí”, lo que existe, es lo real para él. Pero lo que existe en concreto. De esta forma encontramos la noción de realidad como sinónimo de vida.
Lo real es lo que actúa, lo que obra. Si hay algo que sea fundamentalmente activo, ese algo es el ser humano. La vida humana es esencialmente activa. Por ello Unamuno considera que la realidad primaria es la vida, e incluso la conciencia del ser humano. Si la vida es la realidad primaria, esta tendría los siguientes caracteres: dinámica, activa, temporal y substancial. Pero Unamuno no entiende por substancia lo que tradicionalmente se entiende en filosofía.
Unamuno vitaliza la substancia. Se trata de una substancia concreta y vital. Centra el problema de la substancia a la vida humana. Para Unamuno el origen de la noción de substancia está en la propia substancialidad de la conciencia, ya que está antes de conocerse como razón, se siente y se toca, es más bien como la voluntad de no morir. En esto último consiste lo substancial, y en definitiva, la realidad, ya que los caracteres de lo real coinciden en gran medida con los de la substancialidad unamuniana.
Aunque la realidad substancial para Unamuno sea el ser humano, esto no quiere decir que lo demás no sea real. Lo demás puede ser real en tanto que actúa en las características de la vida humana. De ahí que se pueda hablar de la substancia de las ideas, ya que son vitales y dinámicas porque ejercen su acción haciéndonos obrar. La substancia de las ideas es lo que puede movernos en acción o provocar sensaciones. Todo lo demás son mondaduras lógicas. De ahí que también puedan ser reales y substanciales los entes ficticios.
Unamuno afirma a menudo que ficción y realidad son la misma cosa. Lo que de verdad intenta diciendo esto es situar en un parecido status existencial a los seres humanos y a los personajes ficticios. La afirmación de que la existencia de los seres humanos reales y la de los seres ficticios es equiparable presenta dos aspectos:
a.) La duda existencial. Aparencialidad del ser humano. El ser humano existe, pero Unamuno duda a veces de su realidad y de la consistencia de su ser. Llega a manifestar sus dudas sobre la realidad substancial de todos los seres humanos, empezando por él mismo. Esta duda es una duda existencial, vida que le viene dada a Unamuno por su propia concepción humana como limitada, cambiante, limitada y dependiente. Si hay algún modo de resolver esta duda, no sería a través de un método racional (como el de Descartes), sino mediante el sentimiento. Entiende Unamuno que a través del sentimiento podemos tener alguna certeza sobre la propia existencia. La razón no nos puede dar esa certeza debido a que no tiene esa razón de ser porque está sobre todas las razones.

El problema de la muerte del hombre es fundamental para entender el planteamiento unamuniano sobre la cuestión de la realidad. La duda sobre la consistencia de la vida humana se basa en la incertidumbre de su futuro. Dicha consistencia se tambalea ante la posibilidad de muerte como aniquilación: la muerte convertiría a todos los seres humanos en personajes ficticios (la incertidumbre sobre el futuro y la muerte llevan a Unamuno a pensar esto), aunque mediante la vía del sentimiento tengamos seguridad de la propia existencia.


b.) Realidad de ser ficticio. El personaje producto de nuestra imaginación puede llegar a ser más real que su propio creador, y puede que este no sea más que un pretexto para que la existencia del ente ficticio se dé. Las razones que impulsan a Unamuno a afirmar la realidad del personaje ficticio son las siguientes:
1.- Los personajes son parte integrante del autor: Todos los personajes de una obra verdaderamente viva son algo autobiográficos, presentan aspectos de la personalidad del autor, e incluso hechos biográficos de su propia vida. El personaje es real porque participa de la vida del autor, se puede decir de él que es el propio autor novelado. Por ello, afirma Unamuno que nuestra obra es nuestro espíritu.
2.- Los personajes existen porque obran: La verdadera realidad no es aquello que subsiste o permanece de forma inmutable, sino que es lo que permanece de forma activa y dinámicamente, lo que se prolonga en el tiempo gracias a su actividad. De hecho uno de los motivos más claros que tiene Unamuno para afirmar la existencia del personaje ficticio es el hecho de que obran, son activos. Los personajes pueden dejar una huella marcada en cada lector, puede influir sobre los seres humanos mucho más que las propias personas de carne y hueso.
3.- Los personajes pueden sobrevivir a su creador: La muerte es el destino inevitable de todo ser vivo. Como ocurre en Sombras de sueño (Tulio Montalbán, que es un personaje histórico y literario a la vez (Julio Macedo) huye para empezar una nueva vida, no ser ese ser ficticio, sino ser él mismo. Como no hay manera de librarse de ello, se suicida). A pesar de todo, el personaje, Julio Macedo sobrevive al ser humano, Tulio Montalbán.
4.- Los personajes pueden inmortalizar a su autor: ¿No inmortalizaron Hamlet a Shakespeare o Don Quijote a Cervantes? Los personajes pueden proporcionar a su creador inmortalidad, o al menos que su nombre sobreviva al de los demás. El autor cobra una nueva vida en la historia de su obra.
4. FICCIÓN Y REALIDAD EN LA PSICOLOGÍA DE LOS NIÑOS.
También podemos estudiar los conceptos de ficción y realidad en la psicología de los niños.
¿Por qué la ficción es igual de importante que la realidad? Los niños son los mayores creadores de ficción más apasionados y entusiastas del mundo. Son capaces de construir mapas del mundo psicológico: teoría de las mentes, en lugar de teorías de las cosas, psicología cotidiana en lugar de la física. Para una especie social como la nuestra, entender lo que la gente puede hacer, y actuar con el fin de cambiar lo que hacen, es aún más importante que comprender y cambiar el mundo físico.

Cabría esperar que esos mapas causales psicológicos se reflejaran también en los juegos infantiles de fingimiento, como los compañeros imaginarios. Esto forma parte de la estrategia de inmadurez protegida.


Esta psicología de conocimiento e imaginación sostiene también la ficción adulta. Comprender el juego de fingimiento de los niños puede ayudarnos a comprender por qué la ficción es, también, tan importante para los adultos.
La existencia de un compañero imaginario es muy común en los niños. Los chicos pequeños tienen predilección por supercriaturas de enorme poder, mientras que las niñas suelen inventarse animales pequeños de los que compadecerse y a los que cuidar. Niños de diferentes culturas y ambientes distintos tienen también compañeros imaginarios, aunque algunas culturas los rechazan, ya que podrían ser el demonio, manifestaciones de vidas pasadas, o simplemente por ser extraño. Sin embargo pese a estos impedimentos los compañeros imaginarios perduran. A medida que pasa el tiempo estos amigos desaparecen de la mente de los niños sin dejar rastro.
Según los estudios de Taylor, los compañeros imaginarios eran más frecuentes en los niños mayores y los hijos únicos, y también entre los extrovertidos. Debido a esto, los psicólogos del pasado llegaron a concluir que los niños tenían un escaso sentido de la realidad. Pero, en realidad, los compañeros imaginarios no constituyen un indicio de genialidad ni de locura. Taylor vio que incluso los niños con compañeros imaginarios muy vividos y queridos sabían perfectamente que esos compañeros eran imaginarios.
Cuando los niños de hacen mayores, los compañeros imaginarios, normalmente se sustituyes por una nueva clase de actividad imaginaria, los paracosmos. Los paracosmos representan una forma de explorar sociedades contrafactuales, del mismo modo que los compañeros imaginarios representan una forma de explorar mentes contrafactuales.
Los compañeros imaginarios reflejan las formas en que la gente podría llegar a ser, y las formas en que podrían actuar. El apogeo de los compañeros imaginarios se da entre los dos y seis años de edad, este es también el periodo en que los niños crean una psicología cotidiana, una teoría causa de la mente.
Del mismo modo que los niños construyen un mapa causal de la biología, construyen también un mapa que conecta estados mentales unos con otros y con el mundo exterior a ellos. Pueden explorar todas las combinaciones y permutaciones posibles de la conducta humana, e imaginar las extrañas cosas que la gente puede pensar, sentir y hacer.
Los niños fingen mucho porque están aprendiendo mucho. Y ese temprano fingimiento parece continuar a la ficción adulta. Lo que hacemos y pensamos siempre reflejan lo que otras personas nos han dicho y nos han hecho, y lo que nos hemos dicho y hecho nosotros mismos. Creamos nuestros mundos psicológicos y descubrimos nuestros mundos físicos.
Los niños pequeños no es que no diferencien el mundo real del imaginario, simplemente no encuentran ninguna razón particular para preferir vivir en uno real. El resultado evolutivo de esta investigación es que los niños pueden aprender más que los adultos. La ficción de los adultos se sitúa entre los alocadamente desinhibidos contrafactuales de la infancia y los severamente prácticos de la edad adulta.

5. BIBLIOGRAFÍA.


  • El filósofo entre pañales. Gopnik, A., Madrid, Temas de hoy,2010




  • La antropología filosófica de Miguel de Unamuno. Cecilia, M.A., Sevilla, Publicaciones universidad de Sevilla, 1983



  • Sombras de sueño, Unamuno, M., Madrid, 1930.




  • Biografía de Miguel de Unamuno, extraído de la página web Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_de_Unamuno


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal