Sor maría josefa de la consolación-c



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SOR MARÍA JOSEFA DE LA CONSOLACIÓN-C-
Nació en Jarandilla (Cáceres) el 3 de mayo de 1836. Hija de Tiburcio González y María Izquierdo. Profesó en el convento de Agustinas Recoletas de Serradilla el 5 de Diciembre de 1859. Muy fiel y fervorosa, muy puntual y exacta con todos los cargos en que la puso la obediencia que fueron:enfermera, ropera, portera, doce años tornera, maestra de novicias y priora siete años. Era religiosa de mucha virtud, sobre todo muy humilde, caritativa y silenciosa. Murió el 5 de Marzo de 1917. (Archivo convento de Serradilla, lib. 1º de difuntos, fol.150 v.-151)
Es este el único caso, lo dijimos en la introducción, exceptuando cinco de las cartas dirigidas a Sor Rosa Agustina de San José, en el que no peseemos los originales autógrafos de Don Eladio. Contamos, no obstante, con la transcripción que de las cartas hizo su destinataria, Sor Josefa de la Consolación, por indicación del mismo Siervo de Dios, como dijimos en su momento. Se conserva esta transcripción en (Archivo G.JST, Cuaderno "C").
1-8
Viva Jesús

6 de febrero de 1872


Hermana mía en Jesucristo, nuestro amor:
Lo bueno que tenemos nos viene de Dios
1. He visto con sumo gozo en el Señor el bosquejo de su espíritu, y estoy sumamente contento con él. ¡Bendito sea Dios, hija mía, que la va disponiendo para grandes cosas!
Usted, hija mía, al leer esto comprenderá perfectamente que de sí nada tiene, sino miseria, y que lo que tanto me ha agradado, de Dios le viene y ha venido.
Ponerse ante Dios como esclava
2. ¡Oh hermana mía, cómo me recreo en espíritu al considerar aquel ejemplo vivísimo que nos dejó nuestra Madre de amor cuando el arcángel le dio la nueva feliz de que el Altísimo la escogía para Madre del Verbo humanado! «He aquí   dijo   la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra»1.
Pues bien: hermana mía, al oír la nueva feliz que yo, siervo el más ruin de todos los siervos de Dios, la doy respecto a que el Altísimo la va disponiendo para grandes cosas, diga de todo corazón postrada en tierra: «Señor, he aquí la esclava de tu esclava; hágase en mí según tu palabra anunciada por tu ministro»2.
Deseos de padecer a ejemplo de Jesús
3. ¡Padecer por amor de Jesús! ¡Padecer por amor del Esposo amado! ¡Oh, qué dulce es, qué dulce es, hija mía! ¡Oh, quién pudiera morir padeciendo y volver a revivir para vivir padeciendo!
¡Oh Señor, apiádate de este tu siervo que esto escribe, que ni una gota de sangre ha derramado por ti, cuando tú, Amor mío, derramaste totalmente la tuya por mi amor! Pero, ¡oh Dios mío!, no se haga mi voluntad, sino la tuya3.
La oración consiste en amar más que en pensar
4. Importe a usted poco no meditar cuando no pueda; pues, según Santa Teresa, orar no es pensar mucho, sino amar mucho4. Y ama mucho quien seriamente se determina a agradar a Dios en todo con el auxilio de su divina gracia y se dispone a obrar y padecer por Él en todo y por todo según plazca a su voluntad.
El tiempo de la comunión, tiempo de gracia
5. El recogimiento después de comulgar se lo encargo a usted mucho; dice Santa Teresa que éste es el tiempo más a propósito para negociar y quedar enriquecidos5.
La petición de que el Señor desalojase y dejase vacío su corazón de todo impedimento, etc., es magnífica y agradó mucho al Señor cuando fue hecha por Santa Gertrudis.
6. Por último, hija mía, apruebo todo, todo cuanto me dice usted al fin del bosquejo respecto a la proposición: «Mi amado todo para mí, y yo toda para mi amado»6.
Buscar a Dios independientemente de sus dones
7. Me alegro, hija mía, en gran manera que busque al dador de los dones, que se ejercite en avivar los deseos de querer padecer y morir por Él, que reciba la sequedad, aridez, etcétera, con ánimo tranquilo y determinado de estar así cuanto Dios quiera, siempre que os dé lo que os manda para que mande lo que quiera, y finalmente la digo que todo esto es amar, y en su consecuencia, la quintaesencia de orar. ¡Adelante, hija mía, adelante! «Padecer o morir» fue de la gran Teresa el lema, y usted padecerá muy pronto y mucho si así conviniere. ¡Ojalá la siga en la misma forma y en este camino!
El siervo más ruin de Jesucristo.

2-17
Viva Jesús

6 de marzo de 1872


Muy amada hermana en mi amado Jesús:
Dios no se cansa de nuestras miserias
1. He visto con alegría qué bien le va disponiendo el Señor para ser totalmente suya, según mi pobre modo de entender, y me agrada en gran manera su modo de disponerse. ¡Bendita sea mil veces la bondad de Dios, que no se cansa de nuestra miseria, sino antes bien tiene sus delicias en habitar con los hijos de los hombres!7
Actitud ante las propias caídas
2. No me asusta su caída, sea cual fuere, y me edifica su consideración y oración que con tal motivo hizo. ¡Oh hijita mía!, si esto lo comprendieran muchas almas, ¡cuánto más apriesa caminarían por la vía de la perfección! Cayó Pedro: se humilló, lloró, huyó, y su amado Maestro le levantó al grado más sublime de dignidad y de amor8. Cayó Judas: se turbó, inquietó, desesperó, y vino a parar a lo más profundo del infierno, y para siempre9. No tengo que insistir en esto, pues usted sacará las consideraciones consiguientes.
Sufrimiento que purifica
3. La oración de 2ª y 3ª semana es excelente. Ejercítela mucho cuando Dios se la dé. En efecto, no queda bien purificado el oro hasta que no pasa por el crisol; así, no queda purificada el alma hasta que no pasa por el crisol de la purgación sensible (que es la falta de lágrimas y gustos sensibles en la oración y ejercicios de virtudes); y lo que es más, hasta que no pasa por el más fino crisol de la purgación sustancial, que no es otra cosa sino un profundo y clarísimo conocimiento sobrenatural y extraordinario de nuestra nada en el orden de la naturaleza y de la gracia.
Para pasar por esto, claro es que hay que padecer inter­namente siempre, y algunas veces interna y externamente. A nosotros no nos toca sino decir, confiando en Dios y atrevién­donos santamente: «Señor, preparado está mi corazón»10.
Desligarse de todo lo que no es Dios
4. Respecto a la 4ª semana, es casi la misma oración que las dos antecedentes; y no dudo que para ser toda de Dios es preciso desligarse de todo lo que no es Dios. Por tanto, es preciso desligarse de las afecciones del mundo, parientes, salud, honra, libertad, vista y demás sentidos, y aun de los gustos sensibles que Dios nos da si Dios no quiere dárnoslos.
He aquí el atrevimiento santo arriba dicho, fundado en estas palabras de San Pablo: «Todo lo puedo en Cristo, que me conforta»11.

¡Ea, hija mía!, subamos juntos a la cumbre del monte. Allí posa el amado de nuestra alma.


Un siervo que alienta por el aliento de Cristo.

3-24
Viva Jesús

23 de abril de 1872


Muy amada hija en las entrañas de amor de mi amado Jesús:
Dios cumple lo que predijo su ministro
1. ¡Bendita sea la misericordia infinita del Padre de las misericordias12, que ya quiere principiar a concederla lo que tanto ansiaba su corazón! Sí, hija mía, bien recordará usted que deseaba con vivas ansias «padecer, ser purificada y quedar desnuda de todo lo que no fuese Dios».
Pues bien: Dios, nuestro buen Dios, sobre cuyas obras todas resplandecen su misericordia y amor, la ha oído, y empieza a darle trabajos interiores espirituales para purificarla y desnudarla de todo lo que no sea El.
Vea usted, hija mía, cómo la bondad infinita de mi Dios principia a cumplir la palabra que empeñó este su pobre ministro.
Que todas las criaturas alaben la bondad de Dios
2. ¡Oh bondad infinita, oh bondad suma, oh bondad inmensa de mi Dios amado!, desde el abismo insondable de mi ruindad, mi miseria y mi nada, yo te confieso, te bendigo y alabo con todo mi corazón, toda mi alma, toda mi inteligencia, toda mi voluntad, todas mis fuerzas, por todas las criaturas ingratas que no te confiesen, alaben y bendigan. ¡Oh bondad infinita de mi Dios!, ¿cuándo me consumes, me abrasas, me aniquilas en el voraz incendio de tu divino amor? ¿Cuándo, cuándo?
¡Oh hija mía!, perdona, perdona por amor de Dios, que al verme tan pobre de este amor, gima y clame pidiendo por mí, olvidando que te estoy escribiendo. Perdona también que unas veces te hable de tú y otras de usted, pues tal me pone esta mi indigencia amorosa13.
Dios nos purifica para comunicársenos sin travas
3. Hija mía, lo que usted siente y padece con su desabrimiento, oscuridad y condición, es una gracia altísima que Dios la concede en su misericordia y bondad infinita para purificarla de todo amor sensible, tanto terreno como celestial. Es que Dios quiere ya irse comunicando a su espíritu puro, y, en su consecuencia, quiere que mueran, ¡sí, que mueran!, sus senti­dos y potencias. ¡Oh muerte dichosa, oh muerte feliz! Yo muero porque así no muero14.
Abandonarse ciegamente a la misericordia
4. Hija mía, vale más una hora de oración que sufra resignada en este estado, que cien horas que haya hecho en gozo en otras ocasiones. La advierto que no se canse en discurrir y meditar; es tiempo de humillarse profundamente, resignarse totalmente y lanzarse ciegamente al seno de la misericordia de Dios y de la Virgen para que obren como quieran, cuando quieran, tarde o pronto, según les plazca.
Espere grandes cosas
5. Hecho con fidelidad y abnegación amorosa, le anuncio y digo que espere usted grandes, muy grandes cosas. Quedo edificado de los dos actos del día de San José, y estos actos, u otros semejantes, nunca me los calle, para conocer cómo y por dónde marcha el alma. Su estado no es de tibieza, sí inaprecia­ble sequedad.
Sea Dios bendito porque se la da.
Un Padre que ama a su hija espiritual.

4-32
Viva Jesús

20 de mayo de 1872


Muy amada hija en nuestro amado Jesús:
Dolor por las propias ingratitudes
1. También a mí me enternece y me deshace, hija mía, el ver que usted supone en mí un tan gran amor de Jesús, dulce esposo de mi alma, que tanto deseo, y que, sin embargo, por mi culpa y sólo por mi culpa me veo tan pobre de El.
¡Oh hermana mía!, ayúdeme a llorar mi ingratitud y ruegue a Dios que mi corazón se encienda con fuego vivo de contrición y amor para que me abrase todo y abrase yo todo lo que se puede abrasar.
Alaba a Dios por las gracias que derrama en la hermana
2. Gozo espiritual, y grande gozo, me causa el ver las misericordias que Dios derrama en su corazón, serenándole y purificándole para que perciba la dulzura de la contemplación de sus grandezas e hiriéndole divinamente con aquellos toques que encienden, avivan e inflaman la dulcísima llama de los santos y amorosos afectos, que tanta confianza filial engendran y que tanta dulzura derraman. ¡Bendito sea mil veces! ¡Santo Cristo de la Victoria, misericordia, Señor!15
He aquí, hermana mía, un grito que se escapa naturalmente de todos los corazones verdaderamente cristianos en las actua­les circunstancias16.
Aceptar, siempre la voluntad de Dios
3. Oremos con fe viva, pongamos toda nuestra confianza en Dios, y, en mi humilde concepto, pronto podremos decir, llenos de humildad, gratitud y santa alegría: «Victoria por Jesucristo»; tal es la convicción íntima que abriga mi corazón. Si así no fuese, adoremos los altos juicios de Dios, y con su gracia logremos la victoria de nosotros mismos diciendo: «Cúmplase ahora y siempre la voluntad santísima de Dios.»17
No apegar el corazón ni siquiera a los bienes espirituales
4. Pláceme en gran manera que no tenga asido su cora­zón a nada, ni aun a los bienes espirituales sensibles; y que no dude que si, humilde y resignada a todo, se pone en manos de Dios, pronto, muy pronto recibirá altísimas mercedes del divino Esposo. Así como la noche sucede al día y viceversa, para nuestro bien, para nuestro bien espiritual, a las tinieblas del entendimiento síguese la luz, y tras la sequedad y tristeza, viene la lluvia benéfica del amor divino que empapa nuestro corazón.
Cómo actuar en las distracciones
5. Respecto a sus distracciones, haga lo siguiente: si son voluntarias y deliberadas, dolerse de ellas, humillarse y acoger­se al amparo de Jesús y María; si son involuntarias, luego que las advierta, humillarse, ponerse en la presencia de Dios, procurar recogerse, y seguir con tranquilidad adelante. Si éstas fuesen voluntarias y tenaces, humillarse, ponerse en la presen­cia de Dios y decirle de corazón: «¡Oh Señor!, ya veis mi miseria; compadeceos de mí; pero si es de vuestro agrado que esto sufra, quiero sufrirlo por vuestro amor por tantas veces como Vos me habéis sufrido a mí.» Después siga tranquila, haciendo lo que pudiere.
En estas circunstancias suele dar buen resultado ocuparse sólo en hacer actos de amor, resignación, humildad, etc.
6. Dios la premie la oración que hizo por este pobre pecador en el día de la Ascensión18, y no dude que en la mía siempre tiene usted parte. ¡Ojalá Dios haya oído su súplica!
Un siervo inútil de Jesucristo.

5-40
Viva Jesús

26 de junio de 1872


Muy amada hija en Jesucristo:
Recibidas sus dos últimas, paso a contestarlas, confiando en la ayuda de Dios.
Agradece los consejos y pide oraciones
1. Ya veo su orden de novena. Apruebo y agradezco las reflexiones que me hace. Me alegro que usted comprenda bien cuánta humildad, luz y amor de Dios se necesita para llevar a cabo la empresa. De aquí procederá que en sus humildes y fervientes oraciones no se descuidara usted de pedirlas para su pobre hermano19, que tanto las necesita.
La encargo mucho, hija mía, que no sólo las pida, sino que las pida sin cesar cuando se acuerde. Porque, siendo tan sutil el demonio, pudiera ocurrir muy bien que, principiando bien, se prosiguiese mal y se concluyese peor este asunto.
Desea querer y saber sólo a Dios
2. Quisiera el hermano no saber nada, ni amar nada que no sea su Dios. Y lo que éste quiere que sepa y ame, por amor suyo. Así se lo pide muchas veces. Quisiera ser cera blanda, pura y blanca puesta en las manos de Dios para que El solo imprimiese en ella el sello que quisiese20. Aborrece toda luz que no sea luz de su Dios; todo amor que no sea amor de su Dios; toda humildad que no venga de su Dios; todo, en fin, lo que no tenga por principio, centro y fin a su Dios.
Proclama que todo lo que tiene se lo debe a Dios
3. Esto mismo que ahora escribe, no quisiera escribirlo en cierto modo, pero lo escribe en presencia de su Dios, y escribe lo que siente, así como proclama que nada tiene de sí mismo; que todo se lo debe a su Dios; y que, aunque no tuviese otras razones para probar la bondad y misericordia infinita de Dios para con las criaturas, le bastaría el ver la que ha obrado con él en tantos años de negra ingratitud para publicarla de palabra y por escrito, complaciéndose en que llegue a conocimiento de todas las criaturas presentes y futuras.
Se confiesa ingrato y soberbio
4. ¡Oh misericordia infinita y bondad suma de mi Dios, yo te publico a la faz de todas las generaciones! ¡Oh negra ingratitud y soberbia mía, cuánto tiempo habéis resistido al Dios de amor, yo lo confieso, lo publico y lo proclamo para perpetua confusión mía y para que todo corazón caritativo ruegue por este pobre pecador!
¡Oh hermosura siempre antigua y siempre nueva   diré con el contrito Agustín  , cuán tarde te conocí y cuán tarde te amé!21
Paso a la 2ª.
Conocer los dones de Dios para vivir agradecidos
5. Me enternece y edifica su modo de portarse en la oración y presencia del Señor. Crea usted, hija mía, que en eso consiste esencialmente la verdadera pobreza de espíritu. ¡Loa­do, bendecido y alabado sea Dios, que así la regala y favorece! Lo del sueño, bien considerado, puede enriquecerla de humil­dad. El modo de obrar que usted apetece, y al cual ha dado principio ya, es una especie de oración altísima. Se lo digo no para ensalzarla, sí para estimularla a ser y vivir más agradecida, más humilde, más vigilante y, sobre todo, más amante.
Oración de unión
6. ¡Oh hermana mía, unir los oficios de Marta y María!22 Esto es obrar, y sólo obrar a la vista del ojo amante de Dios y con sólo el fin de agradarle en todo y por todo; es lo que se llama oración de unión, en mi humilde concepto; si bien yo, miserable pecador, entiendo poco, y puede ser que no sea así. Mas le aseguro a usted que esta unión me enamora y la pido de corazón al Señor, por más que sé que aún más espirituales hay otras. Para mí ésta es la unión sustancial activa.
No hemos venido al mundo a sujetar nuestra loca imagina­ción, sino a servir y amar a Dios, lo que es obra de nuestro entendimiento y voluntad y gracia de Jesucristo.
Un ruin siervo de Jesucristo, que en todo desea obrar por amor de Dios.

6-49
Viva Jesús

24 de julio de 1872


Muy amada hija y hermana en Jesucristo:
Dios lo dispone todo con suavidad
1. Me alegro que usted siga con su oración de Marta y María, porque no sólo es buena, sino excelente. Vea a la vez con qué suavidad dispone Dios las cosas, dándola el oficio que me dice y que tanto la ayuda23.
Invitación a amar a Dios
2. ¡Bendito seas, Dios mío! ¿Quién no te ama siendo tan bueno como eres? ¡Oh amor mío! Duéleme en el alma el recordar mi ingratitud, mi ceguedad y desamor antiguos. ¡Oh amor, amor tan poco amado, tan tarde conocido y al presente todavía tan mal correspondido! ¡Oh Espíritu Santo, oh Espíri­tu divino!, ven, ven a mi corazón; abrasa, consume, haz cenizas este mi frío corazón y dame un corazón nuevo, un espíritu recto y una alma mansión pura de mi Dios24.
¿No oyes, amor mío, mis lamentos y acaso no escuchas mis súplicas? ¿Cuándo vives plena, total, absolutamente en mí, sin que yo cuide de otra cosa que de amarte? ¿Cuándo, Dios mío, cuándo?
Descubrir a Jesús en el que sufre
3. Gran recurso es el que pone en acción cuando en el enfermo ve a Jesucristo. No hay duda que por este medio aprovechará usted mucho, porque es la acción combinada de Marta y María.
Ponernos sin condiciones en manos de Dios
4. Siempre, y mucho más ahora, debemos ponernos, sin restricción, en manos de nuestro Dios para que haga lo que quiera de nosotros y nos pruebe como le plazca. En mi humilde concepto, ha llegado el tiempo previsto por el real profeta cuando decía: «Es tiempo de obrar, Señor; tiempo de obrar, porque han disipado tu santa ley»25. Feliz, hija mía, aquella alma a quien Dios halle digna de padecer por su amor y en defensa de su santa ley.
Discurrir no es lo más importante
5. Ya sabe usted lo que la tengo dicho sobre el discu­rrir26. Bueno es cuando no hay otra cosa; pero luego que nuestra voluntad se mueve a amar, ¿para qué discurrir?
Apruebo sus santos deseos de padecer, y mucho más su plena delación en manos de Dios para que la guíe por el camino que quiera y cumpla en usted su santísima voluntad en el tiempo y eternidad.
Esto es amar; esto es unión activa cuando es verdadera, real; esto es lo que debemos temer perder, si lo tenemos por la misericordia de Dios; y esto, en fin, con la gracia de Dios, debemos todos procurar alcanzar.
Un siervo ruin de Jesucristo.

7-57
Viva Jesús

27 de agosto de 1872


Muy amada hija y hermana en Jesucristo:
Orar y pedir luz a Dios antes de escribir
1. Gratísimo es a mi corazón el ver cómo empieza su carta pidiendo luz a Dios para exponer clara y verdaderamente el estado de su alma.
Bien, hija mía, bien; además de que así lo tengo ordenado en mis instrucciones al principio dadas27, nunca me cansaré de inculcarlo y jamás dejaré yo de hacerlo, ora lo consigne en el escrito, ora sólo Dios sea testigo de ello.
¡Oh hija mía!, si en todo pidiéramos luz a Dios y en todo lleváramos la recta intención de agradarle, ¡qué acierto sellaría a nuestras obras y qué caudal tan inmenso de amor divino poseeríamos al fin de nuestra vida!
El temor que intranquiliza procede de orgullo
2. No se inquiete e impaciente al verse en el estado actual de distracción. Tampoco tema en demasía que en nada agrada a Dios y antes le ofende. El temor moderado, tranquilo, humilde y discreto es bueno. El temor intranquilo, desmedido, que impacienta al alma, que, entristeciéndonos, nos turba en la oración, que nos pone agrios con nuestros prójimos y con nosotros mismos, es malo; y aunque parece una paradoja, o sea, una contradicción, es, en el fondo, orgullo refinado y de muy mala digestión.
Oración del siervo humilde
3. El siervo humilde, al verse distraído y sin fervor, dice: «He aquí, Señor, lo que soy cuando Vos os retiráis de mí un poco; ahora conozco experimentalmente mi miseria, podre­dumbre, mi nada; ahora veo por lo claro lo que sois Vos y lo que soy yo; ahora, en fin, Dios mío, te alabo, bendigo, adoro, confieso y amo más y más, porque has querido enseñarme esta verdad tan importante para mi aprovechamiento espiritual. Sin Vos, Señor, todo es noche, desamparo, oscuridad, temor, disipación y miseria. Con Vos todo es día, consuelo, luz, confianza, amor, recogimiento y cielo anticipado. ¡Bendito seas, Señor, porque, humillándome, me enseñas; ocultándote, me pones de manifiesto; retirándote, más me acercas, y castigándome, más y más me amas! ¡Bendito, bendito, bendito, bendito seas, Señor!»28
El sirvo fiel se sabe sostenido por Dios
4. He aquí, hija mía, el lenguaje y modo de proceder del siervo fiel, según mi humilde concepto, en estado semejante. Concepto que, entre otras razones que he tenido para formar­lo, se apoya en aquellas palabras tan luminosas y consoladoras del santo y real profeta cuando dice: «Señor, tu vara y tu báculo me han consolado»29, que es como si dijera, a mi modo de entender (entender que estoy dispuesto a deponer si nuestra madre la Iglesia católica dijese que no es recto)30: Tu vara de justicia y de temor saludable y tu báculo de misericordia y confianza me han consolado; ambos me han iluminado, soco­rrido y sostenido; ambos me han guiado, conducido y, final­mente, guardado en el camino de perfección.
Doy gracias a Dios y usted debe darlas, porque su distracción no es de mal género, y su temor es humilde y tranquilo, como el que acabo de exponer.
El abandono en la misericordia, más importante que el fervor sensible
5. Si llegara a hacer de todo corazón y con toda humil­dad plena y absoluta dejación de sí misma en el seno de la misericordia y amor infinito de Dios para que haga de usted lo que quiera, como quiera y por el tiempo que quiera, en el tiempo y eternidad, no dude que adelantaba más con un solo acto perfecto de este modo que con cien años de fervor sensible.
¡Ánimo y a la cumbre!
6. ¡Ea, hija mía, ánimo, ánimo, a la cumbre, a la cima, a la cúspide del monte santo de la perfección! Nuestro amado está crucificado, desolado, escarnecido en la cima del Calvario. ¡Arriba, pues! Acompañemos a nuestra Madre María. ¡Arriba, pues! Juntémonos con Magdalena, la enamorada de Cristo. ¡Arriba, en fin! Unámonos a Juan, el discípulo querido, el águila de los evangelistas y el apóstol reclinado sobre el pecho amante de Jesucristo, nuestro amor.
Dios sabe mejor que nosotros lo que nos conviene
7. Buena es la petición que hace al verse en dicho estado y dado el fin con que la hace. Pero no se fatigue. Sabe Dios mucho mejor que nosotros lo que más nos conviene; su misericordia es infinita, su providencia, paternal; su celo, sin límite, y su amor, sin medida.
Por tanto, déjese plena y confiadamente en manos de su Dios, y no aspire a otro amor ni unión con El que el amor y unión, calidad y medida, forma y perfección que más le agrada darla.
Esta es mi opinión, que, como mía, la califico de simple, pero a mí me llena el alma y satisface mi corazón.
Un siervo simple de Jesucristo.
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