Soria, Negri, Kogan



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A C U E R D O

En la ciudad de La Plata, a 5 de junio de 2013, habiéndose establecido, de conformidad con lo dispuesto en el Acuerdo 2078, que deberá observarse el siguiente orden de votación: doctores Soria, Negri, Kogan, Genoud, se reúnen los señores jueces de la Suprema Corte de Justicia en acuerdo ordinario para pronunciar sentencia definitiva en la causa C. 109.753, "Gatti, Natalia Soledad y otro contra Ocampo, Juan Antonio y otros. Daños y perjuicios" y su acumulada "Ocampo, Juan Antonio contra Ferrosur Roca S.A. y otros. Daños y perjuicios".



A N T E C E D E N T E S

La Sala II de la Cámara de Apelación en lo Civil y Comercial del Departamento Judicial de Azul modificó la sentencia única de primera instancia y, en consecuencia, hizo extensiva la condena recaída contra Juan Antonio Ocampo, a los codemandados "Ferrosur Roca S.A." y Germán Darío Ayalef (fs. 655/686 vta.).

Se interpuso, por estos últimos, recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley (fs. 703/731).

Dictada la providencia de autos y encontrándose la causa en estado de pronunciar sentencia, la Suprema Corte resolvió plantear y votar la siguiente



C U E S T I Ó N

¿Es fundado el recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley?



V O T A C I Ó N

A la cuestión planteada, el señor Juez doctor Soria dijo:

1. En el sub lite, los accionantes reclaman la indemnización de los daños y perjuicios sufridos a raíz de un accidente acaecido entre una camioneta -conducida por Juan Antonio Ocampo- que circulaba por la Ruta provincial 51 en el tramo que une la ciudad de Azul con la Ruta provincial 226 y la formación ferroviaria perteneciente a la firma "Ferrosur Roca S.A." al mando del maquinista Germán Dario Ayalef, en el paso a nivel ubicado en el paraje La Colorada.

El magistrado de origen juzgó responsable exclusivo del siniestro al conductor del vehículo menor -el coactor señor Ocampo-, cuyo comportamiento temerario resultó ser la causa determinante del hecho (fs. 590/608).

Apelado dicho pronunciamiento, la Sala II de la Cámara de Apelación en lo Civil y Comercial de Azul lo modificó parcialmente, haciendo extensiva la condena a los coaccionados "Ferrosur Roca S.A." y el señor Germán Darío Ayalef (fs. 655/686 vta.).

Para así resolver, el tribunal a quo consideró que también medió participación causal (aunque en menor proporción que la del señor Ocampo) de la empresa ferroviaria y del maquinista Ayalef, en razón de la velocidad inapropiada que desplegaba el tren, la omisión de la concesionaria demandada de adoptar otras medidas de señalización activa más idóneas y las defectuosas condiciones y potencialidad dañosa que tenían los dispositivos de la locomotora (fs. 662 vta.).

Liminarmente, remarcó que "... si bien la velocidad desarrollada por la locomotora no resulta[ba] materialmente antijurídica, y por ello fue exonerado de responsabilidad penal (ver sentencia fs. 374/378 causa penal), no es menos cierto que resultó inapropiada, desaprensiva y parcial concausa del hecho, toda vez que se inobservó una norma interna, propia de la prestación del servicio ferroviario, dirigida seguramente a evitar los siniestros...". Sostuvo, en este sentido, que "... la velocidad del tren contribuyó a cocausar el hecho dañoso aunque en un porcentaje del 10%, toda vez que ese ‘plus’ de velocidad excesiva alcanzó ‘un grado apreciable de influencia en la producción, mecánica y desenlace del siniestro’..." (fs. 664/665).

Puntualizó, seguidamente, que de la ley 2873  t.o., Ley 22.647 General de Ferrocarriles-, la resolución de la Secretaría de Transporte y Obras Públicas Nro. 7 del año 1981 (S.E.T.O.P., 7/1981), el decreto 747/1988, reglamentario de la ley 22.647 y el decreto 779/1995, que reglamenta la Ley Nacional de Tránsito 24.449 se infiere que "... Ferrosur Roca S.A. si bien no tenía el expreso e imperativo mandato legal o contractual, con plazo fijo y determinado, de colocar barreras, no ha cumplimentado el núcleo obligacional que surge de esa normativa vigente de proveer a la seguridad del paso a nivel de la ruta provincial 51, paraje La Colorada" (fs. 669/671 vta.).

Estimó, por fin, que la locomotora marchaba con los paragolpes hacia delante -es decir, sin haber sido rebatidos sobre sí mismos-, circunstancia que implicaba que su desplazamiento "... no se llevó a cabo con sujeción a las normas de seguridad, empleando los elementos que el fabricante diseñó e incorporó a la misma, precisamente, para operar funcional y prácticamente en situaciones como las planteadas en esta causa, contribuyendo a disminuir los daños" (fs. 673 vta./674 vta.).

En razón de lo expuesto, concluyó que "la temeraria inconducta de Ocampo de intentar el cruce adelantándose al tren, cocausatoria del 70% del resultado dañoso final, no exime la concurrencia parcial del conductor de la locomotora Ayalef (limitada sólo al 10%) toda vez que la velocidad inapropiada de la formación ferroviaria le es imputable y la de Ferrosur SA (del 30%) que incluye -además del hecho de su dependiente- la ausencia de otras y más idóneas medidas de señalamiento y advertencia del cruce ferroviario y la peligrosidad del sistema de enganche (lo que es imputable al concesionario), contribuyeron idónea y eficazmente a la producción del daño..." (fs. 675).

2. Contra esta decisión se alzan los codemandados "Ferrosur Roca S.A." y Germán Darío Ayalef mediante el recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley de fs. 703/731, en cuyo marco denuncian la existencia de absurdo en la apreciación de la prueba; la violación de las leyes provinciales 11.430, 1873, ley nacional 24.449, decretos nacionales 747/1988 y 779/1995 y S.E.T.O.P., 7/1981; arts. 901, 902, 906, 1109, 1111 y 1113 del Código Civil; 278, 279, 375, 384, 456 y 474 del Código Procesal Civil y Comercial; 14, 17 y 19 de la Constitución nacional y de la doctrina legal de esta Corte que individualiza.

En prieta síntesis, los quejosos tachan de contradictoria la decisión que, de un lado, reconoce que la formación ferroviaria no superó la "máxima legal" permitida de 50 km/h y, del otro, sostiene que la velocidad del convoy en ese cruce debió ser de 12 km/h de conformidad con el Manual de especificaciones de seguridad exigido por "Ferrosur Roca S.A." a los conductores de los trenes, apartándose de tal modo del informe de la C.N.R.T. y de las experticias obrantes en autos. En adición, señala que la gravitación que la sentencia le asignó a la velocidad impresa por el conductor Ayalef carece de todo sustento como concausa del hecho dañoso (fs. 708 vta./714 vta.).

Destacan, además, que yerra la Cámara al razonar que el concesionario ferroviario debía "... progresivamente proceder a la adecuación del ‘cruce existente instalando la señalización activa (barreras), la que es de su competencia...". Dicha circunstancia, dicen, no sólo contradice lo informado por los expertos que reputaron innecesaria la colocación de barreras y afirmaron que el cruce a nivel estaba correctamente señalizado, sino que en el caso puntual careció de toda incidencia causal en la producción del hecho (fs. 715/719).

Controvierten, asimismo, lo concluido por el tribunal en el sentido de que "... la configuración de la locomotora para su desplazamiento por el ramal que atraviesa la ruta provincial n° 51, no se llevó a cabo con sujeción a las normas de seguridad..." dado que la legislación vigente permite circular al convoy indistintamente hacia delante o hacia atrás y el hecho de no haberse rebatido los paragolpes de la locomotora no contribuyó a la causación del hecho, el que fue ocasionado por la grave imprudencia y temeraria conducta de la víctima (fs. 721/725).

3. El recurso debe prosperar.

a. Es doctrina de esta Corte aplicable en la especie que determinar si la conducta de la víctima o de un tercero ajeno interrumpió o no el nexo causal entre el hecho y el daño y, en su caso, establecer en qué medida lo hizo, constituye una cuestión fáctica irrevisable en sede extraordinaria salvo absurdo (conf. Ac. 51.817, sent. de 8-VI-1993; C. 97.794, sent. de 3-XI-2010; entre muchas), extremo que -como veremos- los recurrentes logran patentizar.

b. En la causa penal 1959/2001 instruida con motivo del accidente, se dictó sentencia condenatoria contra "... el conductor de la camioneta Chevrolet dominio S404.864, chasis 172.109, motor B45N844012". Sostuvo el magistrado penal que el nombrado, "desplazándose por la ruta 51 arribó al paso a nivel a excesiva velocidad, sin acatar las disposiciones de los carteles indicadores de peligro por cruce de ferrocarril y de 20 km/h de velocidad máxima emplazados a la vera de la ruta, sin adoptar los necesarios recaudos de prudencia para cruzar las vías sin riesgos y sin visualizar la marcha de la formación ferroviaria pese a no tener ningún obstáculo que se lo impidiera o dificultara, siendo impactado dicho vehículo por la máquina locomotora. Ello determina que el accionar del imputado Ocampo ha sido -en esta ocasión- imprudente y violatorio de las disposiciones de los arts. 47, 51 inc. 3, 59 inc. 9, 60, 76 y 77 inc. 6, apartado b) de la Ley 11.430 -reglamentaria del tránsito vehicular-, convirtiéndose así en causal eficiente de producción de la colisión a resultas de la cual fallecieran su esposa Jorgelina Isabel Frattini y su hija Evelyn Soledad Ocampo, siendo por tanto merecedor de reproche penal a título de culpa" (fs. 376 vta.).

Por el contrario, el conductor del tren señor Germán Dario Ayalef, fue sobreseído definitivamente al tenerse por demostrado que el convoy por él dirigido "... al tiempo de cruzar por la Ruta provincial 51, a la altura del paraje La Colorada de Azul, circulaba a menos de 35 kilómetros horarios, con las luces encendidas y tocando el silbato" (fs. 210/vta.).

Entre los diversos elementos valorados en sede penal para arribar a las decisiones referidas, se encuentra el peritaje técnico que, en lo que aquí interesa, refiere que "la velocidad máxima a que deben transponer las formaciones ferroviarias de carga vacías el paso a nivel sobre ruta 51, en la zona denominada ‘La Colorada’ es de 50 km/h"; que "el convoy cruzó el paso a nivel por debajo de la velocidad informada en el punto anterior, haciéndolo a menos de 35 km/h al momento de la colisión"; que "analizados los factores humanos, mecánicos y ambientales, (...) debe atribuirse a falla por parte del conductor de la camioneta, la causal del mismo" y que "ésta ha consistido en ignorar toda la señalización existente y lo establecido en el Código de Tránsito para transponer pasos a nivel" (fs. 185/vta.).

También fue ponderado el testimonio de Francisco Humberto Galeano, quien expresa que "... siendo alrededor de las 7.30 horas aproximadamente en circunstancias en que (...) se encontraba en la parte de afuera de la vivienda (...), escucha la bocina del tren, observa a este último y (...) que una camioneta, de la cual no recuerda otros datos identificatorios, se dirigía en dirección Sur-Oeste a Noreste es decir del lado del cruce de la Ruta 51 y 226 hacia la ciudad de Azul, a una velocidad aproximada entre los 80 y 90 km.. Que de inmediato, sale corriendo desde el lugar donde se hallaba en dirección a la Ruta, estimando que en virtud a la velocidad que llevaba el rodado menor, no llegaría a frenar al llegar a las vías, aclarando que el tren ya se encontraba a unos cinco metros de la ruta, circulando en dirección Buenos Aires-Olavarría, y la camioneta no había disminuido la velocidad, aun cuando se encontraba a unos entre sesenta y setenta metros de las vías (...) Que luego de ello, sólo pudo escuchar un fuerte ruido..." (fs. 24/vta.).

En sentido concordante, el perito ingeniero mecánico Angel Bocchio puntualiza que "la velocidad máxima admitida para trasponer las formaciones ferroviarias vacías, el paso a nivel sobre Ruta N° 51, en la zona denominada ‘La Colorada’ (km. 295,3) es de 50 km./h". A ello agrega que "en el lugar, ni los árboles ni las edificaciones o pastizales (están cortados tanto en zona carretera corno en ferroviaria), obstaculizan la visual necesaria y nada en los últimos 150 m. adyacentes al cruce, -según la verificación hecha en dirección de cruce con Ruta N° 226 hacia ciudad de Azul-, donde la visión es totalmente despejada. El ángulo en que converge la vía con la ruta, es de aproximadamente 150°, ubicación que favorece la visual de los automovilistas que viajan en el sentido en que ocurrió el hecho". Destaca, además, que "hay carteles de varios tipos, avisando cruce de ferrocarril, presencia de escuela, cruces de San Andrés, semáforos, pizarras de anuncio y alerta y un cartel de limitación de velocidad de ‘Máxima 6o km/h’ antes del cruce (...) el semáforo, con doble luminaria amarilla, funciona permanentemente en forma intermitente y secuencial..." (fs. 483/487).

c. A similares conclusiones arriba, en la presente causa, el perito Sabalza en su dictamen de fs. 699/716 vta.

Afirma el nombrado que "... la velocidad máxima establecida en el itinerario para trenes de carga en la fecha señalada es de 50 km/h. no habiendo a dicha fecha otras restricciones" (fs. 706) y que "... la locomotora impactó con su frente lateral derecho contra el lateral derecho de la pick-up Chevrolet en momentos que ésta sobrepasaba las vías del ferrocarril, haciéndolo sobre su mano izquierda, en una clara maniobra de escape del conductor por evitar el choque" (fs. 700 vta.).

En cuanto a la distancia a partir de la cual podía advertirse el paso nivel, señala que "... el conductor de un vehículo se enfrenta con el tramo recto de ruta al pasar la curva existente 1.500 metros antes del p.a.n. (cruce con la calle 174). A partir de ese momento, habiendo el conductor abandonado el control de la trayectoria en curva, comenzando la exploración visual en línea recta y dirigiendo la visión al punto de fuga de la carretera ya puede comenzar a divisar el señalamiento y semáforos, pero puede focalizar su atención sobre las indicaciones del señalamiento sólo 700 metros antes del p.a.n" (fs. 713 vta./714, exp. acumulado).

d. Ahora bien, el tribunal de grado tuvo presente el contenido de la sentencia dictada en el fuero penal que condenó al señor Ocampo -conductor de la camioneta que participara en el siniestro- como autor penalmente responsable del delito de doble homicidio culposo (v. fs. 661 vta./662), como así también los términos del sobreseimiento definitivo dictado a favor del señor Ayalef -codemandado en autos y conductor de la formación ferroviaria- (v. fs. 662; arts. 1102 y 1103 su doct., C.C.).

Con todo, entendió que medió participación causal de Ferrosur y del maquinistas Ayalef en razón de las siguientes circunstancias: la velocidad inapropiada que dijo desplegaba el tren, la omisión de la concesionaria ferroviaria de adoptar otras medidas de señalización activa más idóneas (barreras) y las defectuosas condiciones y potencialidad dañosa que tenían los dispositivos de las locomotoras (v. fs. 662 vta. y ss.).

e. Este segmento de la decisión es idóneamente rebatido por los codemandados quienes, en su pieza recursiva, logran evidenciar el absurdo valorativo en que incurre el tribunal al asignar relevancia causal a las mentadas circunstancias.

i] En hipótesis como la de autos, esta Corte ha señalado que a fin de verificar el requisito de la efectividad del nexo causal es menester una ponderación conjunta de las omisiones endilgadas a la empresa ferroviaria con el obrar desplegado por el conductor que protagonizara el siniestro (conf. doctrina causa Ac. 82.656, sent. de 30-III-2005), pauta que en la especie ha sido desoída por el a quo. Me explico.

En la especie, el tribunal de la instancia inició su examen considerando el accionar del conductor Ocampo al cual encontró apto desde el punto de vista causal a fin de producir el hecho. A renglón seguido se interrogó si la velocidad del convoy resultaba excesiva (v. fs. 662 vta./665), si un cruce ferroviario con barreras era aconsejable en el caso (v. fs. 666/672) y, finalmente, si la configuración de la locomotora que marchaba con los paragolpes hacia delante incumplió las normas de seguridad, a todo lo cual respondió afirmativamente.

Sentado lo anterior, la sentencia conformó una suerte de sumatoria automática de causas, como resultado de un examen aislado que consideró en forma sucesiva y no simultánea cada uno de los datos del evento. De tal modo, no obstante reconocer en un inicio el obrar temerario de la víctima con operatividad completamente autónoma en relación al estado del paso a nivel y circulación del convoy, seguidamente asignó relevancia causal a una serie de falencias que endilgó a los codemandados, desoyendo que las pruebas aportadas al proceso y lo resuelto en sede penal daban cuenta que no existía en el caso ningún impedimento físico para que el señor Ocampo pudiera concretar una correcta individualización del tren con suficiente antelación para evitar el accidente, siendo su conducta temeraria -al desatender las numerosas indicaciones del lugar que alertaban la existencia del paso a nivel- la causa eficiente del daño, provocando, de tal modo, la ruptura del nexo causal (art. 1113, 2do. apartado, C.C.). En este sentido, resultan por demás contundentes los elementos de convicción incorporados tanto en sede penal como en este fuero, y el contenido mismo de los pronunciamientos penales en cuanto a la materialidad fáctica por ellos definida (arts. 1102 y 1103, su doct., C.C.).

ii] En adición, en lo que respecta puntualmente a la velocidad desarrollada por la locomotora, el razonamiento de la alzada pierde fuerza cuando se advierte que por un lado afirma que aquélla resultó "inapropiada, desaprensiva y parcial concausa del daño" (fs. 664) y por otro, reconoce que "tal como ha ocurrido en el caso de autos, sea que el convoy se desplazara a 12, 35, 47 o 50 km/h, el siniestro ferroviario igualmente se hubiera producido" (fs. 664 vta.). Ello, sin perjuicio de señalar que a tenor de los informes periciales la velocidad desplegada por el maquinista era inferior a los 35 km/h, siendo la máxima permitida de 50 km/h y sin que las pruebas rendidas permitan concluir que, a la fecha de producción del hecho, estuviera vigente la instrucción interna en la cual la Cámara pretende fundar el reproche bajo estudio.

iii] Asimismo, en cuanto atañe a la ausencia de señales activas (barreras), tiene dicho esta Corte que el mero incumplimiento por parte de la entidad ferroviaria de dicha obligación no genera por sí su responsabilidad concurrente, si la causa del accidente fincó -como ocurre en la especie- en la conducta del conductor del vehículo que colisionó con el tren (conf. Ac. 78.554, sent. de 18-VII-2001).

En efecto, resulta absurda la conclusión del fallo que atribuye responsabilidad (aún de modo parcial) a la empresa ferroviaria por un accidente ocurrido en un paso a nivel sin barreras, cuando de las constancias de la causa surge que existía un cartel que anticipaba con suficiente distancia la localización del cruce, una "Cruz de San Andrés" y un semáforo con luz intermitente y, además, los pastizales no impedían la debida visualización al conductor quien, al avanzar sin la previa comprobación de que no se aproximaba ningún tren (art. 60, ley 11.430) a través de esa conducta y en esas circunstancias, ha interrumpido totalmente el nexo de causalidad (conf. Ac. 84.612, sent. de 3-III-2004).

Entrando a la consideración puntual del sub lite, no es ocioso destacar que del acta de inspección ocular y croquis practicados en la causa penal a fs. 2/4, pericia del ingeniero de fs. 285/289 de las citadas actuaciones y accidentológica de Sabalza de la causa civil, surge que "a 635 m existía cartel indicador de ‘Peligro Cruce Ferrocarril’; a 325 m cartel ‘Ferrocarril’; a 244 metros ‘Cruce escolares’; a 205 m. ‘Cruce Ferrocarril’; a 96 m ‘Ferrocarril’; a 37 m ‘Velocidad máxima 20 km/hora’; a 34 m semáforos intermitentes; a 12 m. ‘Cruz de San Andrés’ y a 10 m ‘Cruz de San Andrés’", advertencias todas éstas ignoradas por el conductor de la camioneta, quien -al decir de la propia Cámara- "intentó sorpresivamente ganarle al tren el cruce del paso a nivel" (v. fs. 664 vta.).

Ello, sin perjuicio de observar que la conveniencia de la colocación de barreras se encuentra contradicha por lo dictaminado por el ingeniero Sabalza quien destaca que "por ser la Ruta 51 una ruta abierta donde se circula a gran velocidad, la instalación de barreras en el P.A.N. de referencia, no aportaría nada a la seguridad y que, por lo contrario, la comprometería" (fs. 758, exp. acumulado).

iv] Por fin, lo argumentado por la alzada con base en la deficiente configuración del convoy y su potencialidad dañosa, pierde virtualidad ante las explicaciones brindadas por el experto Bocchio.

Sostiene este último que "si la locomotora hubiera circulado en dirección y forma normal, igual se hubiera producido el siniestro, en primer lugar porque la camioneta estaba excedida en velocidad y en segundo término, porque [su] conductor [...] no había visualizado al tren ni obedecido la advertencia precautoria de las señalizaciones. Como la prioridad de paso es legalmente atribuida al tren, y agregando a esto la imposibilidad de este último de frenar en metros por las condiciones de peso y volumen, la gravedad del hecho no hubiera variado esencialmente".

A ello aduna que "el miriñaque plano es igual en ambos extremos de la locomotora y que el frente de choque no cambia en su plano de ataque sea cual fuere su sentido, sólo varía la visual del maquinista que, en la instancia de autos, nada pudo hacer para evitar el impacto". Por lo demás, si bien expresa que "desde el punto de vista ferroviario, la falencia reside en que no se rebatió y fijó el para golpe y no se realizó el enganche del gancho tractor", no le atribuye incidencia causal en el evento dañoso (fs. 485 vta.).

Tampoco el informe del perito Sabalza brinda sustento a la conclusión bajo examen. Expone el nombrado que las locomotoras poseen paragolpes en ambos frentes, estando diseñadas para operar indistintamente en ambos sentidos de marcha (v. fs. 703). A su turno, interrogado sobre "si las consecuencias hubieran sido las mismas si la locomotora hubiera circulado en forma normal, con su parte delantera hacia el frente, es decir con el 'miriñaque hacia delante'" responde que "con la finalidad de despedir objetos, animales, personas y hasta vehículos [...] evitando que se introduzcan bajo la locomotora, ésta presenta tanto en su frente como en su contrafrente una defensa constituida por una placa plana, de chapa de acero", siendo que "dada la simetría que presentan ambos frentes de la locomotora tanto en sus defensas como en sus paragolpes, las consecuencias hubieran sido las mismas circulando la locomotora con la trompa corta al frente al momento del embestimiento" (v. fs. 704).

f. Los elementos reseñados, que fluyen objetivamente de las constancias de la causa, echan por tierra la conclusión de la alzada en cuanto afirma la existencia de un nexo causal entre las falencias que imputa a los demandados y la producción del siniestro y sus consecuencias. La prueba rendida evidencia que la causa del accidente fincó en la por demás temeraria conducta del conductor del rodado que colisionó con el tren, siendo éste el factor desencadenante del evento lesivo. Al propio tiempo, los elementos de convicción aportados al proceso descartan la imputación desplegada en contra de los accionados tanto en cuanto a la existencia misma de las deficiencias que le endilga como, y principalmente, a su incidencia causal en el hecho dañoso. En suma, la solución dada en el fallo recurrido no se corresponde con los hechos objetivos probados de la causa y, por tanto, debe ser descalificada (art. 384, su doct., C.P.C.C.).

4. Por todo lo hasta aquí expuesto, propongo al acuerdo admitir el recurso de inaplicabilidad de ley articulado y casar el fallo impugnado en la materia discutida, manteniéndose el pronunciamiento de primera instancia que desestimó las pretensiones enderezadas contra "Ferrosur Roca S.A." y Germán Darío Ayalef, con costas de todas las instancias a los vencidos (arts. 68 y 289, C.P.C.C.).

Voto por la afirmativa.

Los señores jueces doctores Negri, Kogan y Genoud, por los mismos fundamentos del señor Juez doctor Soria, votaron la cuestión también por la afirmativa.

Con lo que terminó el acuerdo, dictándose la siguiente

S E N T E N C I A

Por lo expuesto en el acuerdo que antecede se hace lugar al recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley interpuesto y, en consecuencia, se revoca la sentencia recurrida, manteniéndose el pronunciamiento de primera instancia que desestimó las pretensiones enderezadas contra "Ferrosur Roca S.A." y Germán Darío Ayalef. Costas de todas las instancias a los vencidos (arts. 68 y 289, C.P.C.C.).

El depósito previo efectuado, deberá devolverse al recurrente (art. 293, C.P.C.C.).

Notifíquese y devuélvase.


HECTOR NEGRI

DANIEL FERNANDO SORIA LUIS ESTEBAN GENOUD


HILDA KOGAN


CARLOS E. CAMPS



Secretario


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