Soy un cuerpo, luego existo



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Soy un cuerpo, luego existo

Juliana Ben Brizola da Silva

Tutorizada por María-Milagros Rivera Garretas

Introducción

En este trabajo disertaré sobre el cuerpo, desde su amplitud original hasta su fragmentación moderna.

A partir de una búsqueda de los orígenes de tal fragmentación, hablaré sobre el actual (re)toma de consciencia de que somos un cuerpo, es decir, nuestras sensaciones, emociones, ideas y pensamientos no pasan por el cuerpo, como nos quiso hacer creer  el pensamiento moderno, sino coinciden con en el cuerpo. El cuerpo no es una herramienta por la que nuestra vida pasa, sino lo es, de una manera sencilla y potente a la vez.

Partiendo de este hilo, intentaré formular un razonamiento respecto a la competencia simbólica del cuerpo, en cuanto su capacidad de decir lo que desea, y sobre el hacer simbólico presente en la política de tantas mujeres que ya percibieron - y aceptaron - sus cuerpos femeninos, y buscan la transcendencia, en cuanto a ser fiel a si misma para acceder al mundo.



El principio del equívoco: la supremacaa de la razón

El siglo XVI fue un período de profundas transformaciones en la mirada hacia el mundo del hombre occidental. La atmósfera intelectual del Renacimiento trae consigo el rechazo de las ideas medievales, que hasta el momento orientaban la vida social y que estaban garantizadas sobretodo por el peso de autoridades ahora contestadas.


En este período, marcado por grandes descubrimientos y colonizaciones, los ideales políticos, religiosos y espirituales empiezan a ser cuestionados y un nuevo orden surge: el orden moderno. Pensadores como René Descartes, Francis Bacon y Michel de Montaigne estuvieron en el centro de estas transformaciones y fueron los precursores del racionalismo moderno.
Descartes, el autor de la célebre frase Pienso, luego existo, fue uno de los primeros a pensar la razón como el centro del individuo. La confianza que depositaba en la razón era tanta, que creía, a través de ella, poder resolver de manera definitiva la gran ecuación del universo. Para él, la única certidumbre del hombre era la existencia del yo en cuanto un ser pensante.

No me voy a fijar en los cambios positivos - que seguro hubieron - traídos por el pensamiento racionalista, sino en el proceso de fragmentación del cuerpo y su separación del alma - una supuesta alma - y de la razón, propio de esta vertiente de pensamiento, que va a influenciar fuertemente la mirada de las mujeres y de los hombres contemporáneos.



El pensamiento binario y sus efectos corporales

Es interesante notar como el racionalismo ha logrado romper con el cristianismo, respecto al Poder Superior dictador de las reglas de la sociedad y, a la vez, ha consolidado la idea cristiana de que tenemos un cuerpo, es decir, que el cuerpo es algo que nos pertenece. Así que a partir de nuestra mente - que estaría apartada del cuerpo, aunque esté dentro de él - podríamos comandar las acciones e inacciones de nuestros cuerpos, como si lo mismo fuera algo simplemente mecánico y subyugado a la razón. 



Las oposiciones binarias empiezan a guiar nuestras vidas, en los campos público y privado, cuando el cuerpo pierde su capacidad de ser, sentir, hablar, vivir, y presentarse como algo lejano y ajeno a nuestro ser-estar-en-el-mundo1. En este momento, la medicina occidental conquista un espacio de suprema importancia en nuestras sociedades, así que nosotros confiamos nuestra salud a terceros y nos alejamos cada vez más de nuestra consciencia corporal, o sea, nos desconectamos cada vez más de nosotros mismos.
El pensamiento binario, característico del sistema patriarcal, nos quiso hacer creer que el corazón se opone a la razón. Que la naturaleza se opone a la cultura. Que el amor no coincide con el deseo.
Nos dijo que hay un bien y un mal. Un cielo y un infierno. Un sagrado y un profano. Un camino cierto y otro errado.
Nos ha intentado convencer de que no se puede tener todo y por esto debemos eligir: amor o trabajo, maternidad o profesión, público o privado, blanco o negro, luna o sol, caliente o frío. Ellos nos dicen: Nuestra vida es hecha de elecciones y esto nos hace poderosos. La lógica patriarcal del poder cree que podemos poseer todo, incluso nuestros cuerpos. El deseo de poder – la ganancia – nos aleja de una experiencia particular en el mundo, nos alejando así de nuestros cuerpos y, por lo tanto, de nosotros y nosotras.
Pero muchas de nosotros y nosotras ya nos dimos cuenta de las confusiones que ha hecho el patriarcado y empezamos a rescatar nuestras conexiones con nuestros cuerpos, con el otro y la otra y con el mundo. Empezamos a desatar los nudos creados por la lógica binaria que confunde poder con autoridad, desigualdad con diferencia, individualidad con individualismo, simplicidad con banalidad.
Empezamos a desnudar la idea patriarcal de que el mundo es complejo por la naturaleza y de que la mediación universal masculina es necesaria. El hombre de Tomas Hobbes – que es malo por naturaleza – y el hombre de Rousseau – que es bueno por naturaleza – quizás son lo mismo. En la vida el bueno y lo malo no necesariamente están opuestos.
El pensamiento binario nos ha causado mucho daño, particularmente a nosotras mujeres que, por nuestra capacidad de ser dos, cultivamos una relación más cercana con nuestros cuerpos. La invitación del patriarcado de sobrepasar la razón, no escuchar la intuición, adaptarse a tecnología, ignorar los límites del cuerpo nos ha dejado exhaustas.
Sabemos que no podemos seguir contrariando nuestros cuerpos y, de esta manera, negando nuestra experiencia particular en el mundo. Sentimos una necesidad muy grande de redimir la historia y, al revés de ir contra lo que sea, simplemente ir más allá, pues las dialécticas dejan el odio vivo y el odio no se redime. Necesitamos absolver. Soltar y soltarnos, nos desplazando de la posición de víctima o de vencidas, para no caer otra vez en la antinomia vencedores X vencidos.
La historia de las mujeres nos fue ocultada, así que no estamos presentes en esta historia que nos fue contada. Como bien ha dicho Milagros: Nosotras mujeres estamos en la historia humana; no estamos, o estamos inadecuadamente, en la historia social. (Milagros_Rivera, 2003). La historia del pensamiento – que es la historia social – ha ignorado el hecho de que hombres y mujeres nacen de madres, y son ellas las grandes responsables por la nutrición – en todos los sentidos – de estos cuerpos en la primera etapa de sus vidas. La autoridad de la madre fue rechazada por los grandes pensadores del mundo y ese hecho tan grave ha provocado todas las confusiones de que hablamos arriba. El olvido de la madre ha estropeado las relaciones, particularmente las relaciones entre hombres y mujeres. Nos quedamos órfanos de madres vivas, órfanos del orden simbólico de la madre. Nos restó el desorden simbólico y la autoridad del padre, que tiene su importancia, pero solamente carga su fuerza positiva si combinada a la autoridad de la madre. Y es esta autoridad, tan rica y fundamental, que muchas de nosotras – y de nosotros – buscamos ahora rescatar.

Mi cuerpo es
Mi cuerpo es y, por ende, comprende. Soy un cuerpo de mujer y mi experiencia en el mundo solo existe como una experiencia femenina. Una experiencia femenina única, distinta de otras experiencias femeninas, aunque a menudo cercana de muchas de ellas. Mi cuerpo de mujer desea muchas cosas y no suele contradecirse. Las elecciones que algunas veces soy socialmente compelida a hacer, esas sí, entran en conflicto con mi cuerpo, es decir, conmigo.
Deseo ser madre. Percibo que cada vez deseo más esto. Pero pienso que no puedo ser madre antes que tenga un buen trabajo, aunque mi compañero ya tenga un buen trabajo. Tengo 28 años y sé que estoy lista para la maternidad. Mi cuerpo me señala esto todo los meses. Tengo ganas de dejarme llevar y seguir a penas lo que me señala mi cuerpo, pero no es fácil apartar el ideal de igualdad. Mi madre – una feminista de la igualdad – y mi padre – un marxista convicto – me han enseñado que la libertad significa ser independiente económicamente de los hombres – y, si es posible, emocionalmente también. Sé que estoy poco a poco libertándome de este paradigma y acercándome a mi propio sentido de libertad, que mucho tiene que ver con las enseñanzas de mi madre que no pasaban por su razón. Mis mejores recuerdos de niña son momentos con mi madre, cuando ella me regalaba su amor y atención.
Mi cuerpo de mujer también desea tiempos. Tiempos en que hago a penas cosas que me traen placer conmigo misma. Baños de bañera, ideas en el papel, cena en la olla, algodón en la piel, caminadas serenas, viento en la cara, andar en bicing, dulces de higo, conversas internas, dedos en la guitarra, películas en la cama, el encuentro del mar.

Percibo a menudo que estos simples placeres me conectan con mi cuerpo y me ayudan a integrarme a él, de manera completa y serena. Ellos también me inspiran profundamente a hacer una de las cosas que más amo en la vida: escribir. Me acuerdo de escribir estas líneas tras bañarme en el mar de una de mis playas favoritas de Brasil:


fonte da vida


É nesses dias que mais gosto dele. Quando o tempo é curto e a vontade é muita. Quando o som provoca e a cor invade. Quando a luz é turva. É nesses dias contados que mais gosto de tê-lo. Sentir seu cheiro cálido e seu ar magistral, num dançar de sombras constantes, harmônicas, como se o ritmo dele ditasse o ritmo do universo. Perder-se nele. Embevecer-se. Como quem ama e chora. Como nós. Depois, vem o toque. Frio, forte e despertante. Começa pelos pés e vai subindo até alcançar as coxas e a púbis. O deslizar do seu fruto condensa as sensações mais renovadoras, mais energizantes. Fundir-se a ele é como jogar pinball no espaço e depois descansar numa nuvem-nave lá para as bandas de saturno. Estar em sua companhia significa tudo.
Quando me desligo dele, continuo sentindo suas vibrações. Elas me acompanham por um tempo quase determinado. Com o passar dos meses, elas vão se dissipando e dando lugar às energias da cidade, mais pesadas e confusas. Mas quando chega setembro, já anseio por ele e começo a planejar um novo encontro. Gosto de imaginá-lo quente: vivo e possante. Gosto de pensar que ele me espera. Gosto do gosto dele em mim e de tudo que lembra a nossa presença. E quando, finalmente, nos reencontramos, gosto de gritar:

- Que saudades de ti, meu amor-mar!2


Este texto es una verdadera declaración de amor al mar. Más que esto, es la expresión viva del amor al contacto directo con la naturaleza. Mi cuerpo pide este contacto, que resulta en una necesidad corporal para mí. Yo siento una libertad muy grande al asumir que mi cuerpo de mujer está cercano a la naturaleza y casi no sé como he podido pasar tanto tiempo me creyendo un ser más cultural que natural. Hoy sé que soy todo: cultura, sociedad, naturaleza.


Conectarme conmigo me trae lucidez en todos los campos de mi vida y sobretodo ayúdame a sacar el peso del mundo que llevaba en mí. Yo me pensaba capaz de grandes hechos. Me veía en el centro de grandes transformaciones en la sociedad y esto me hacía sufrir, pues en el fondo ya sabía de la imposibilitad de esto, o mejor, de la ilusión que es pensar que podemos cambiar el mundo con acciones que no parten de nosotros mismos, que no están involucradas con nuestros propios deseos y pasiones. Creo que expurgué el último gramo de este peso cuando leí esta frase de Clarice Lispector: mas há os que passam fome e eu nada posso senão nascer.3
Hoy estoy segura de que lo mejor que puedo aportar al mundo es nacer. Puedo nacer a cada día y así hallarme en mí un poco más. Puedo acercarme, sin prisa o miedo, de mis misterios y dudas a cada día, pues como he escrito tras la primera clase en Duoda: porque en verdad, acabo de llegar. Acabo de llegar en mí.

Bibliografía

DESCARTES, René. Os pensadores. Rio de Janeiro: Editora Nova Cultural, 2000.


LISPECTOR, Clarice. Água Viva. Rio de Janeiro: Rocco, 1973.
GARRETAS, María-Milagros Rivera. La vida de las mujeres: entre la historia social y la historia humana en Flocel Sabaté y Joan Farré, eds. Medievalisme. Noves perspectives, Lleida, Pagès, 2003, págs. 109-120.
Merleau-Ponty, Maurice. Fenomenología de la percepción. París: Gallimard, 1945.
MURARO, Luisa: El orden simbólico de la madre. Madrid, horas y Horas, 1994.
http://pintaultravioleta.blogspot.com/2009/02/fonte-da-vida.html

Anexo

Fuente de la vida


Es en estos días que más me gusta él. Cuando el tiempo es corto y las ganas son muchas. Cuando el sonido provoca y el color invade. Cuando la luz es turbia. Es en estos días contados que más me gusta tenerlo. Sentir su olor cálido y su aire magistral, en un baile de sombras constantes, harmónicas, como si su ritmo dictara el ritmo del universo. Perderse en él. Extasiarse. Como quién ama y llora. Como nosotras. Después surge el toque. Frío, fuerte y despierto. Empieza por los pies y va subiendo hasta llegar a las piernas y el pubis. El deslizar de su fruto condensa las sensaciones más renovadoras, más energizadotas. Fundirse en él es como jugar pinball en el espacio y después descansar en una nube-nave cerca de saturno. Estar en su compañía significa todo. Cuando me desconecto de él, sigo sintiendo sus vibraciones. Ellas me acompañan por un tiempo casi determinado. A lo largo de los meses, ellas se van disipando y abren espacio para las energías de la ciudad, más pesadas y confundidas. Pero cuando el setiembre llega, ya ansío por él y empiezo a planear un nuevo encuentro. Me gusta imaginarlo caliente, vivo y potente. Me gusta pensar que él me espera. Me gusta el gusto dél en mí y de todo que se nos hace acordar de nuestra presencia. Y cuando finalmente nos reencontramos, me gusta gritar:

- ¡Como te extrañé, mi amor-mar!




1 Concepto de Merleau-Ponty – filósofo fenomenólogo francés – que reconoce tanto la corporalidad de la consciencia como una intencionalidad corporal, contrastando así con la ontología dualista cuerpo/alma de Descartes.

2 Traducción adjunta en el anexo

3 Traducción: Pero hay los que tienen hambre y yo nada puedo sino nacer.


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