Ústav románských jazyků a literatur Bakalářská diplomová práce 2012 Kamila Šumajová Masarykova univerzita Filozofická fakulta Ústav románských jazyků a literatur



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Pues, la opinión de Vasconcelos es que los indios mexicanos «mejoraron con la conquista»34. Aún con eso, las palabras de Vasconcelos no se pueden considerar apropiadas para la descripción de la cultura mexicana, porque es cierto, que la civilización azteca sobrepasó en muchos aspectos a otras civilizaciones, como por ejemplo las de la América del Norte, y se puede comparar con la de Egipto. Ésta, siendo maestra en astrología y avanzada en la ciencia matemática, tenía, según Prescott, los cálculos con una precisión desconocida a los grandes filósofos de la Antigüedad.35 Por eso defendemos la opinión de que se trató de una civilización. A pesar de eso, Prescott se allega a la teoría del provecho de la conquista cultural advirtiendo las instituciones beneficiosos llevados a la cultura mexicana por los españoles:
«No debo omitir hacer mención aquí de una institución que en el Antiguo Mundo se cuenta entre los benéficos frutos producidos por el cristianismo. En las ciudades principales había establecidos hospitales para la curación de los soldados enfermos y refugio permanente de los inutilizados, y había en ellos cirujanos, tanto mejores que los de Europa, [...]»36
No obstante, no se trató sólo de las instituciones, sino también de la cultivación de nuevos comestibles o de nueva ideología llevada a la tierra mexicana de España.
«Continuando un poco más adelante, sube el viajero a otros climas favorables para otra clase de cultivo. Le ha seguido el maíz desde las más bajas llanuras; pero ahora mira por la primera vez los campos sembrados de trigo y otros granos europeos traídos al país por los conquistadores, y mezclados con ellos los plantíos de maguey, que los aztecas aplicaban a tan diversos e importantes usos.»37
Según Vasconcelos, la llegada de los españoles cambió el carácter de México precortesiano de tal manera que se creó una patria mexicana:
«La nueva civilización, al aumentar los productos de la tierra con nuevos cultivos, al elevar al indio, por la religión, a la categoría del amo, al otorgarle el recurso de queja ante los tribunales, bien iritencionados en su mayoría, al ensanchar el espíritu del indio con el tesoro de las artes, las festividades religiosas, las esperanzas del cielo, fue, en verdad, la creadora de una patria mexicana.»38

No estamos de acuerdo con tal afirmación porque no se puede dudar que la patria mexicana ya existía antes de la llegada de los españoles. Lo comproban las palabras de Rosario Aguayo quien dice que:


«La categoría de salvajes aplicada a los indios en México, como en otras conquistas posteriores, no indica sino el grado de presunción e ignorancia, con que les acometíamos, situándonos en un estadio de superioridad erróneo. Era cierto que poseíamos una superioridad impuesta por los siglos: un sustrato cultural básico, generalizado al orbe blanco, con el que nos identificábamos, si bien, los indios poseían su propio sustrato, no equiparable en cuanto a lo que hoy se denomina sabiduría universal o clásica (la procedente de Grecia y Oriente Medio), la absorbida por Roma y por todos sus pueblos conquistados [...]»39.
Así que los españoles pasaron por alto el hecho de que ya había existido una patria mexicana antes de su llegada. Y lo hicieron para darle a la conquista el aspecto de una misión beneficiosa para los mexicanos, porque, según ellos, los españoles llegaron a civilizar a la población mexicana. Vasconcelos lo afirma diciendo que los jesuitas tuvieron los méritos en la tarea de la expansión de la cultura. «[Los jesuitas, que ...] al principio establecieron colegios para la educación de sacerdotes, se lanzaron más tarde a los territorios desconocidos. La gran tarea de anexar California a la civilización, se debe a jesuitas como el Padre Eusebio Kino.»40 La opinión de Vasconcelos surge del hecho de que gracias a la estableción de los colegios, se civilizaba más a la nación y así se desarrollaba la cultura indígena. Como cuenta más adelante, gracias al trabajo de los jesuitas, México se ha hecho, durante siglos, la nación más culta del Nuevo Mundo. «De un extremo a otro de la Nueva España había escuelas, bibliotecas, una Academia, galería de pinturas, colegios, Universidades.»41 Se puede admitir que aquellas instituciones profundizaban el conocimiento indígena del mundo europeo y promovían el proceso de la aculturación, no obstante, no estamos de acuerdo con las afirmaciones de Prescott y Vasconcelos de que se trató de una cosa beneficiosa para los mexicanos, porque de tal manera se había destruido la cultura original indígena.
En la actualidad predomina la opinión de que la evangelización inició el proceso de la destrucción de la culturas indígenas. Los españoles no aceptaron los indígenas como una sociedad equivalente, mas se mostraban dominantes y a través de los procesos como la evangelización trataron de dominar a los indios. Según Kašpar, «la conquista espiritual trató de destruir cualquier atavismo de la estructura del sistema ideológico precortesiano»42. En práctica, con su intención de terminar con las idolatrías y sacrificios humanos, se eliminaron las bases del mundo espiritual indígeno; del mundo que tenía su fundamento en la religión.43
Los españoles no quisieron aceptar e incorporar ningunos de los elementos indios a su propia cultura así que «los misioneros temían, y se negaban a dejar el camino abierto, a todo sincretismo profundo»44. Todo esto se podría ver después cuando «la Inquisición de la Iglesia Latinoamericana perseguía con suma dureza toda mezcla de paganismo, magia o hechicería.»45. Partimos también de las palabras de Woodrow Borah quien al comentar las consecuencias de la conquista mexicana, no habla del sincretismo en religión sino de «la sustitución de la cristianidad, destrucción de los elementos viejos de la religión indígena, e imposición de nuevas formas de oración y devoción.»46. Por eso no se puede hablar de la conquista mexicana como de una cosa beneficiosa para México mismo, porque la conquista cultural llevada a cabo por los españoles había destruido completamente la cultura propia indígena y la había sustituido con la española.
Así que hemos averiguado que la evangelización de los indios sobre todo sirvió como el pretexto para los objetivos individuales de los conquistadores y también para la justificación de la conquista. También hemos visto, que los primeros españoles que habían llegado a la tierra indígena tenían por provechosa la conquista de México, ya que la justificaron con la necesidad de civilizar a la gente indígena. Se habían creado las instituciones para el propósito de educar a la población de México. Éstas profundizaban el conocimiento indígena del mundo europeo y promovían el proceso de la aculturación, no obstante, no se trató de una cosa beneficiosa para los mexicanos, porque de tal manera se había sustituido la cultura indígena con la española. Por eso, no consentimos con la afirmación de la necesidad de civilizar a la gente indígena.


  1. REFLEXIONES SOBRE LA PERSPECTIVA DE LOS CONQUISTADORES

La conquista de México pertenece a uno de los acontecimientos que marcaron considerablemente la historia de la humanidad y también ha sido uno de los eventos más increíbles y dramáticos del proceso de la colonización de América. El inapagable interés por el encuentro entre los españoles y los antiguos mexicanos que ya hemos comprobado antes, demuestra la importancia de este acontecimiento hasta hoy día. Han tratado el tema tanto los cronistas de la época de la conquista como los autores contemporáneos. De los más famosos cronistas podemos mencionar a Francisco Lopéz de Gómara, fray Bernardino de Sahagún o fray Toribio de Benavente. De los historiadores contemporáneos mencionamos al británico Matthew Restall o al checo Oldřich Kašpar. En el capítulo siguiente, vamos a comparar las perspectivas de los cronistas del siglo XVI a los temas elegidos en contraste con las reflexiones de los historiadores contemporáneos.


    1. ASPECTOS RELIGIOSOS

      1. RELIGIÓN DE LOS INDIOS

        1. LA FIGURA DE QUETZALCÓATL47

La veracidad del mito de Quetzalcóatl según el cual los indios ven a Cortés como su dios regresado – Quetzalcóatl – había sido discutida a lo largo de siglos. Los que lo consideran verdadero, siguen ocupándose de la cuestión de su influencia sobre el resultado de la conquista a favor de los españoles. Uno de los que empezaron a expandir el mito fue Cortés mismo quien al reproducir las palabras de Moctezuma, dirigidas a la congregación de todos los señores de las ciudades, afirmó el mito de Quetzalcóatl según el cuál los indios le consideraban a él como su dios regresado.48 De las palabras de Cortés, no se puede deducir si este hecho ayudó a la victoria de los españoles, sin embargo, es cierto que gracias a la presuposición errata de Moctezuma y su etnía, se habían enriquecido los españoles. Partimos de la opinión de Francisco Antonio Lorenzana quien dijo que «se aprovechó Cortés de la inteligencia errata en que estaban los Indios, pero el razonamiento de Moctezuma en haberles pedido oro y plata les desagradó»49. Podemos ver que Cortés mismo comprobó aquella afirmación con decir que «le dije [a Moctezuma], que Vuestra Alteza tenía necesidad de oro, por ciertas obras, que mandaba hacer...»50. Aunque no fuera cierto su impacto a la victoria de los españoles, es evidente que les ayudaba mucho la equivocación de los indios en cuanto a sus objetivos materialistas.

Sahagún confirmó el errado concepto en que estaba Moctezuma de que había llegado Quetzalcóatl con decir que los aztecas «pensaron que era [Cortés] el Dios Quetzalcóatl que volvía, al cual estaban ya esperando según parece en la historia de este Dios.»51. La prueba de la superstición de Moctezuma fue, según Sahagún, «el haber abandonado su palacio para cederlo a los españoles y que lo habitasen.»52. Se puede considerar un gesto respetuoso de Moctezuma, no obstante, aquelo ha debilitado su poder en los ojos de los españoles.


Se le condenaba a Moctezuma como cobarde y timorado gracias a su superstición y la presuposición de su creencia en que Cortés fuera el regresado dios Quetzalcóatl. Esta explicación incita la idea de que los indios tuvieran la culpa de su propia derrota ya que, según Restall, eso ha sido el fondo para el mito de Quetzalcóatl, a base de que, se han tenido los españoles por los dioses, porque «la apariencia, la capacidad y las acciones de los conquistadores indujeron a los indígenas a confundirlos con los dioses»53. Eso impedía a los indígenas hacer resistencia a los españoles porque creían que eran dioses.
Sin embargo, no echamos la culpa de la derrota indígena sólo al mito de Quetzalcóatl sino acusamos a la política y la religión indígena. Según Michael Wood, la culpa de su derrota radica en «la política azteca [que] era, indudablemente, un orden moral con una espiritualidad profunda y atormentada»54. Y es que toda su cultura que se basaba en la superstición, estaba administrada según las predicciones y los presagios de sus dioses. La cultura mexicana fue «regida por los augurios»55 e «impregnada de fatalismo resignado»56. Se pueden tener por la prueba los sacrificios humanos, que como lo vamos a ver, no sólo sirvieron como el instrumento de la dominación política, sino para festejar y servir al dios. Le Clézio afirma aquella presuposición con decir que «los mayas, los totonacs y los mexicas eran tribus profundamente religiosas, completamente sometidas al orden de los dioses y al régimen de sus reyes-sacerdotes»57. Como lo podemos ver a través de las palabras de Moctezuma en La historia de Nueva España de Cortés, los aztecas aceptaban con resignación la aparente «ineficacia de la religión y la magía indígenas»58 y por eso admitieron que Cortés era Quetzalcóatl. Lo afirman las palabras de Rosario Aguyano quien dice que «Moctezuma cedió su rango al progreso venido de oriente. Comprendió — posiblemente muy influenciado por sus creencias en el destino profético — que había finalizado una etapa y comenzaba una nueva era. Por eso no opuso ninguna resistencia.»59. Así que la superstición y el religionismo profundo del Moctezuma causaron que se dejó seducir por la superioridad española.
Resumiendo, no se puede echar toda la culpa de la derrota azteca al mito de Quetzalcóatl, sino al sistema de la sociedad indígena. Los aztecas, como seres predominantemente religiosos regían sus vidas según los augurios de sus dioses y pusieron excesiva importancia a su religión. Esto había causado su creencia en el regreso del dios Quetzalcóatl, no obstante, no había originado la derrota de su imperio.


        1. LOS SACRIFICIOS HUMANOS

A lo largo de los años se han formado en mínimo tres teorías sobre el significado de los sacrificios humanos. Los primeros espectadores europeos que habían observado los sacrificios humanos aztecas les consideraban la demostración de su barbaridad. Como dice José Vasconcelos, «se había entablado una lucha de religiones, de culturas; de un lado la barbarie más cruel de que tiene noticia la historia; del lado de los españoles la religión más sublime que conoce el hombre, la civilización más importante de la época.»60. Según él, los indígenas demostraban su barbaridad a través de los sacrificios humanos y la práctica de la idolatría. Por otro lado, el objetivo de Cortés era «sustituir los ídolos con la cruz»61 y terminar con las matanzas. Algunos escolares como Caso62, Ortiz de Mortellano63 o Sahlins64 les consideran una demostración de la religión ya que las víctimas servían como las ofrendas a sus dioses. Otros como Cook65 y Price66 dicen que han sido el instrumento de la control de la población. También habían escolares como Michael Harner67 que les atribuyen el significado nutritivo a los sacrificios humanos. Según Ingham, quien parte también de las investigaciones de muchos escolares, ni una de las teorías arriba mencionadas es correcta ya que «una considera las ideas religiosas cosa corriente, mientras que las otras las omiten completamente.»68. Estas teorías no son satisfactorias porque no prestan atención a otros propósitos posibles como la demostración del poder.
Según Jaromír Fajkus, los sacrificios humanos fueron la expresión de la dominancia política. La función de aquel acto público no era sólo la de festejar y servir al dios sino la de asombrar a los espectadores y así demostrar el poder de la nación.69 Como dice más adelante, podemos comparar los sacrificios aztecos con las ejecuciones europeas respecto al carácter de los sacrificados. A los españoles les parecían brutales los sacrificios durante las ceremonias religiosas aztecas, no obstante, hacemos alusión a las ejecuciones y quemas de la gente en España en los tiempos de la Inquisición. En ambas sociedades las características de los sacrificados eran semejantes. La víctima era «el enemigo de la sociedad, habitualmente bastante poderoso e importante para ser digno de tal tratamiento excepcional. Estuvo llevado frente la muchedumbre, públicamente deshonrado y al fin fue matado de una manera codificada.»70 De tal manera triunfó el verdugo con toda su sociedad e ideología que representaba sobre el ejecutado y así al mismo tiempo había subido su poder. Según Fajkus, esto era también la táctica y la causa de la dominancia de los aztecas entre los grupos étnicos americanos. «El objeto era manifestar a la nobleza forastera que el dominio azteca es ineludible y que la resistencia no sea lógica.»71 Así que les mostraban a sus enemigos a través de aquellos actos rituales las consecuencias de contraponerse a las leyes aztecas. En cuanto a los sacrificios humanos podemos decir que ésto no fue sólo un elemento religioso, sino que se trataba de un instrumento político importante, que ayudaba al dominio del imperio azteca.
El artículo Human Sacrifice at Tenochtitlan (El sacrificio humano en Tenochtitlan) de John Ingham afirma las teorías de Fajkus. Según Ingham «el sacrificio humano era el instrumento de la represión política»72. Los sacrificios servían como el medio de mantenimiento de la jerarquía social. Ingham introduce el término «intimidación ritual (ritual intimidation)»73 para explicar que los aztecas empleaban los sacrificios para intimidar a las tribus vecinas y como ya lo hemos dicho antes, así les mostraban las consecuencias si se contraponían a su dominio.
Más adelante, Fajkus dice que para los aztecas el dios servía sólo de apoyo moral y representaba una manera de legitimar la matanza y la intimidación. «Además del espectáculo mismo, los aztecas sin duda explicaron a sus vasallos su sentido mitológico, con lo que legitimaron la bondad de sus hechos.»74. Los aztecas ejecutaban, según las reglas arriba mencionadas, los caudillos de guerra y las más importantes figuras y así los entregaban a dios para que éste se alimentara. Los guerreros ejecutados trataron de desintegrar y destruir el imperio azteca y así se contrapusieron a dios. Como añade Ingham, «el sacrificio humano era sólo una forma más efectiva de la persuasión.»75. Como ya hemos mencionado antes, les mostraba a los enemigos las consecuencias de la oposición política. Así que se puede suponer que «las fiestas religiosas, a cuyas ocasiones se celebraban los sacrificios humanos colectivos, formaban de hecho el fondo para las negociaciones diplomáticas»76, ya que como lo hemos visto en el caso del mito de Quetzalcóatl, también en el caso de los sacrificios humanos es evidente que la religión y la política azteca fueron estrechamente relacionadas.
Las nuevas investigaciones sobre los sacrificios humanos aztecas nos revelan el hecho de que se trataba predominantemente de la representación de la política azteca, y que estos sirvieron como el instrumento de la dominación política. Más adelante, Ingham lo denomina la intimidación ritual a este procedimiento político. También hemos visto que los sacrificios tenían sus reglas, como la ejecución de las figuras más importantes ante la muchedumbre de observadores.


      1. RELIGIÓN CRISTIANA

        1. LA DIFUSIÓN DEL CRISTIANISMO

No fueron sólo los conquistadores quienes tomaban parte en la conquista mexicana. Otros elementos que participaron en la misión fueron la Corona y el Consejo de las Indias, que trataron de intervenir en los acontecimientos en el continente americano. Una de las pruebas de la participación de la Corona fueron las letras escritas por Cortés y destinadas a la Corona misma. Cortés escribió que «no tengo otro pensamiento que el de servir a la Corona.»77, de lo cual podemos suponer que él era subordinado a la Corona y estaba sujeto a sus órdenes. Sin embargo, si bien la Corona fue la autoridad mayor que publicaba leyes y decretos y daba órdenes, de hecho las órdenes no habían sido siempre cumplidas por los conquistadores. Como se ha dicho en el ensayo Época colonial de América Latina:
«[...] la conquista tenía un sentido esencialmente misional, en la intención de los monarcas y en las leyes y decretos emanados de la Corona o el Consejo de Indias, pero, de hecho, ese sentido misional fue muchas veces negado por actuaciones concretas que se oponían en la realidad a lo que se proponía en las leyes. América Latina quedará marcada por este «legalismo perfecto» en teoría, y la injusticia y la inadecuación a la ley en los hechos.»78
Como la prueba nos sirven las palabras de Bernal Díaz de Castillo quien dijo que los conquistadores viajaron al Nuevo Mundo «por servir a Dios y a su Majestad y dar luz a los que estaban en tinieblas: y también por haber riquezas, que todos los hombres comúnmente venimos a buscar.»79. Contradicen las palabras de la cuarta carta de Cortés enviada al rey según la cual, no había suficientes religiosos quienes servirían las misas:
«[...] y he enviado a suplicar a Vuestra Cesárea Majestad, para eso mandase proveer de personas religiosas de buena vida y ejemplo. Y porque hasta ahora han venido muy pocos, o casi ningunos: y es cierto, que harían grandísimo fruto, lo torno a traer a la memoria a Vuestra Alteza, y le suplico lo mande proveer con toda brevedad, porque de ello Dios Nuestro Señor será muy servido, y se cumplirá el deseo, que Vuestra Alteza en este caso, como católico tiene.»80
Esto nos demuestra que la presencia de los religiosos no haya sido tan importante hasta aquel momento. Además, Restall añade que «los españoles no participaban en las expediciones a cambio de un salario, sino con la esperanza de adquirir riqueza y estatus social.»81. A pesar de que hay una cantidad de afirmaciones de que el objeto principal de la conquista era la evangelización, vemos que de hecho esto no fue así. Más, podemos ver que los autores a menudo mencionan el hecho de que el motivo principal fue la adquisición de riqueza. «En las colonias hispanas, la Iglesia Católica fue un instrumento de la Monarquía a efectos de la ocupación del territorio y de la evangelización de la población aborigen.»82 Podemos verlo a través de las palabras de Cortés, ya que éste dice, que aunque la monarquía quisiera evangelizar el Nuevo Mundo, no hubiera enviado los religiosos y los sacerdotes.
Los textos posteriores de los autores como Gómara, Antonio de Herrera y González Fernandéz de Oviedo introducen la teoría del imperialismo. Ésta incluye también el concepto de la civilización y el cristianismo como elementos importantes de la misión conquistadora. Para ellos la conquista comprende una «serie de descubrimientos y conquistas [que] forma parte de un plan providencial encaminado a instaurar la verdadera fe en todo el mundo»83. Ellos se dedicaban a la persuasión de la gente a través de sus libros del plan divino de la conquista. No obstante, el último objetivo de aquellas afirmaciones era la justificación de la conquista. Como ya lo hemos visto antes84 lo comprueba también Lucía Morales Guinaldo. Así, la evangelización de los indios les sirvió como el pretexto oportuno para sus objetivos individuales. En vez de evangelizar, su motivo principal era la adquisición de cierta fama o riqueza. Según Morales Guinaldo, es un «rasgo típico que se les ha atribuido a los conquistadores españoles a lo largo de la historia, así como también en la España de los siglos XVI y XVII.»85. No obstante, la riqueza en los siglos XVI y XVII no significaba lo mismo que hoy. Para los conquistadores, la riqueza era la propiedad de la tierra ya que el 80% de la población española vivía de ella, y ésta, sin embargo, estaba en manos de unos pocos nobles quienes eran dueños de los grandes latifundios.86 Así resulta lógico que el objetivo de los conquistadores fuera hacerse propietarios del territorio americano y así conseguir también un estatuto social más alto y hacerse ricos.
En resumen, no se puede hablar de la conquista mexicana sólo como de una misión evangelizadora. Se nos revela que las crónicas de los conquistadores de México sólo tratan de persuadirnos de que el motivo principal de la conquista de México fue la difusión del cristianismo. No obstante, existen otros objetivos de los españoles que viajaron al Nuevo Mundo y esos fueron el enriquecimiento y la adquisición de cierta propiedad territorial.


    1. ASPECTOS SOCIALES

      1. SOBRE LA «SUPERIORIDAD» DE LOS ESPAÑOLES

El mito de la superioridad se basa en la explicación de la conducta humana, las diferencias entre los españoles y los pueblos indígenas y el desenlace de este acontecimiento histórico. Los cronistas y los historiadores nos proponen una explicación simple y circular: «los españoles conquistaron a los indígenas porque eran superiores, y eran superiores porque conquistaron a los indígenas»87. En general, el mundo occidental representaba las virtudes de la civilización que, según los autores, tenía que luchar contra el mundo poco habitado, desaprovechado y subdesarrollado.
La superioridad hispánica declarada tanto en los textos de los autores coloniales como de los contemporáneos se basa en varios puntos de vista. Según Restall88, la superioridad española ha sido analizada en los textos de los cronistas e historiadores desde diversos puntos de vista. Nos parece muy buena su división según las diferentes perspectivas, ya que abarca lo dicho por varios historiadores y cronistas, por eso vamos a seguirla y analizar la cuestión de la superioridad según sus criterios.
Primero, vamos a dedicarnos a la superioridad de la civilización. «Una de las definiciones más antiguas de la diferencia entre la civilización y la barbarie es la escritura»89, ya que la escritura fue una ventaja moral y tecnológica. Esto presupone la superioridad española en el lenguaje y crea el mito de la capacidad comunicativa superior de los europeos aún apoyada por Colón que llevó a España unos indios «para que aprendieran hablar»90. Apoyada esta teoría por otros como Le Clézio, según el cual ya la conquista de América «se logró gracias a la principal arma de Colón, su capacidad de hablar»91, tenemos que decir que no es que los indios no tuvieran su propia lengua, escritura o lectura sino que no pareciera adecuada y comparable a la española.
Aunque había muchos historiadores que consideraban bárbaros a los indios en cuanto a la falta de la lengua, lectura y escritura, como en el caso de Sepúlveda, que ha dicho que «eran hombrecillos en los que se manifestaban escasos rasgos de la humanidad, indivíduos que no sólo carecían de cultura, sino que ni siquiera sabían escribir.»92, no se puede definir la conquista a través de sus deficiencias en el lenguaje. Aunque siendo importante el lenguaje y la escritura en la conquista, se trata sólo de la «ventaja por la letra»93 por parte hispánica, que sirve sólo de defensa y justificación de la conquista.
El propio Cortés no les ha visto a los indios como bárbaros, sino que su postura ante una cultura diferente ha sido original. A diferencia de los historiadores que comparaban el mundo de los indios con el mundo fantástico de las obras de los autores europeos, Cortés muy frecuentemente evadía de describir la originalidad del Nuevo Mundo con palabras inadecuadas. Para él, la tierra del Nuevo Mundo era «tan lejos de los remedios de nuestras consciencias»94 que ha sido imposible de describirla apropiadamente. Muchas veces proclamaba, como en el caso de la descripción de la mezquita azteca, que «no hay lengua humana, que sepa explicar la grandeza y particularidades de ella»95. Su postura era única en el hecho de que no trataba de meter violentamente todo lo ignoto del mundo americano a lo conocido por el hombre europeo y describía aquel mundo tal como fuera.
Recientemente, Tzevan Todorov lo ha designado como «la teoría de la otredad»96. Esta teoría habla de los indígenas como del «otro» cultural de los europeos y se basa en «la sorpresa de los emperadores aztecas ante las armas y animales portados por los españoles, la oposición entre las distintas maneras de usar la violencia, el asombro mutuo ante las creencias y los ritos de cada grupo.»97. La teoría no resulta muy adecuada en cuanto a las cuestiones del surgimiento y asentamiento de una sociedad colonial, porque «es difícil percibir los cambios existentes entre los distintos sectores de la sociedad colonial.»98. Por lo tanto, no les consideramos a los indios una sociedad bárbara y no civilizada ya que es una raza completamente distinta de la europea, con sus hábitos y vida cotidiana diferentes de las de los españoles. El problema tenía su origen en la incomprensión de su cultura por la parte hispanista.
Segundo, la cuestión ha sido provocada por la superioridad tecnológica de los españoles. Según aquella teoría, los indios han sido superados respecto a las armas superiores de los españoles. También Las Casas afirma que las armas de los indígenas «que son harto flacas y de poca ofensión y resistencia y menos defensa (por lo cual todas sus guerras son poco más que acá juegos de cañas y aún de niños)»99 al lado de los caballos, espadas y lanzas de los cristianos no tenían la menor posibilidad de defender su propia tierra. No obstante, «cuando el factor de las armas se aisla de su contexto y se destaca como la única o la principal ventaja de los españoles, toda la conquista se reduce al enfrentamiento entre armamentos superiores e inferiores»100. Aunque los españoles tenían las armas superiores a los indígenas, no se puede adscribir la victoria de aquellos sólo a la fuerza de sus armas, ya que había otros elementos que han influido sobre la victoria de los españoles, como la desunión indígena o las enfermedades.
La tercera perspectiva parte del contraste entre los líderes de las dos partes, o sea, Cortés y Moctezuma. «Cuanto más se condenaba a Moctezuma como cobarde y timorado, más noble y valiente parecía Cortés.»101. Sahagún lo insinúa a través de las palabras con las que Moctezuma dió la bienvenida a Cortés. Éste con decirle a Cortés que «habéis venido a sentaros en vuestro trono y en vuestra silla, el cual yo en vuestro nombre he poseído algunos días»102 le demuestra su respecto y así se subordina a él con que resulta él mismo muy cobarde y timorado. Según aquella perspectiva se observan las partes enemigas a través de sus líderes. Así que, cuando Moctezuma parece ser tímido y cobarde, toda su etnía lo parecerá. Esto también tiene la influencia sobre la parte enemiga ya que ésta se siente más cierta de sí misma y así resulta Cortés y la parte española más fuerte y superpuesta.
En resumen, se trató sólo de una justificación de la explotación de los indígenas. Aunque se ha analizado la superioridad española de varias perspectivas en los libros de los cronistas y los historiadores, su concepto sirvió sólo de una defensa de los españoles y justificación de la conquista.


      1. EL NIVEL DE CIVILIZACIÓN DE LOS INDIOS

Para que podamos hablar del nivel de la civilización de los indios, es necesario determinar el concepto de la civilización, averiguar lo que hoy significa la voz «civilización» y lo que significó en las palabras de los conquistadores. El diccionario de la RAE comprende el término «civilización» primero como «el estadio cultural propio de las sociedades humanas más avanzadas por el nivel de su ciencia, artes, ideas y costumbres»103 y segundo como «la acción y efecto de civilizar»104. Damos aparte la segunda acepción, ya que ésta es completamente clara, simple y comprensible, porque explica el término como el sustantivo derrivado del verbo «civilizar». En lugar de éste, vamos a dedicarnos a la primera acepción de la RAE, en la que se trata de un punto de vista normativo a la voz examinada. Lo fue Bustos mismo, quien ha dicho que hay dos puntos de vista al término «civilización», o sea, el descriptivo y el normativo. Según él, «la civilización», en el sentido normativo, indica «un nivel de excelencia, de refinamiento o de perfección al que tiende una sociedad en un momento dado. La civilización, bajo esta acepción, es un objetivo ideal, una cota máxima de realización, que ya ha sido alcanzada o se persigue alcanzar.»105. Pues, según la primera acepción de la RAE, «la civilización» es un estadio máximo, que cierta sociedad puede alcanzar, y a la vez se puede mensurar y así poner en una escala. Aquella escala es determinada por el nivel de las ciencias, artes, ideas y costumbres de la sociedad dada. Esta definición equivale a la normativa de Bustos, no obstante, en las acepciones que nos propone la RAE, hace falta una de sentido descriptivo y por eso no tenemos una definición de la RAE completa.
Sin embargo, la RAE nos ofrece también la actualizada vigésima y tercera versión en la que el término «civilización» tiene cuatro acepciones. Según ésta, el término comprende «el conjunto de costumbres, sabores y artes propios de una sociedad humana; el estadio de la evolución de la sociedad; el progreso; y la acción o efecto de civilizar»106. Podemos ver, que no sólo abarca esta definición el sentido normativo, sino incluye el descriptivo. La primera acepción es la descriptiva ya que caracteriza a cierta sociedad. Se trata de unos rasgos específicos de una sociedad determinada, como son las costumbres, los sabores y las artes, que caracterizan a la sociedad dada y así la diferencian de otras. Bustos propone una definición muy similar diciendo que «la civilización en sentido descriptivo sería un conjunto de elementos, materiales e inmateriales que caracterizan a una sociedad determinada. Normalmente, una sociedad del pasado, ya extinta, como la civilización incaica o escita, aunque no forzosamente desaparecida.»107. Podemos ver que la diferencia entre lo normativo y lo descriptivo es sensible, tal como se puede ver la diferencia entre la primera y la segunda acepción que nos propone la vigésima y tercera versión del diccionario de la RAE. El término «civilización» en el sentido normativo crea cierta jerarquía entre sociedades, y el sentido descriptivo, a la vez, nos posibilita la comparación de varias sociedades a base de sus atributos característicos, con el propósito de su diferenciación. «Existirían momentos de más o menos civilización (esplendor o declive) y existirían, irremediablemente, unas sociedades más civilizadas que otras.»108 Podemos ver que la segunda acepción de la vigésima y tercera versión de la RAE es una definición similar a la precedente versión de la RAE, así que es una de sentido normativo. También la cuarta acepción de la nueva versión es recogida de la versión previa. No obstante, nos queda una acepción más y es la que define la voz «civilización» como el progreso. Bustos incluye ésta en su descripción normativa que alude a una jerarquía o progresión. Con todo y con eso, no consideramos bueno el hecho de delimitar esta definición como una individual, ya que todavía en el sentido normativo se trata de una jerarquía a base de progreso de una sociedad y por eso no es necesario de mencionarlo una vez más.
Como hemos estudiado el término «civilización» de varios puntos de vista, averiguaremos que significó para los colonizadores. En cuanto a los colonizadores nos vienen a la mente los términos como la inferioridad de los indígenas y la falta de humanidad, ya que estos les consideraban a menudo inferiores y no humanos a los indígenas. Por ejemplo, el famoso jurista y filósofo español, Juan Ginés de Sepúlveda, dijo que los indígenas no merecían el nombre de seres humanos.109 Primero, mencionamos que la mayoría de los colonizadores no hablaba del hecho civilizatorio de los indígenas sino de su aspecto humano. Sahagún también proclamó que «eran crueles e inhumanos los mexicanos»110 por hacer los sacrificios humanos. Entre la gente de la época colonizadora hay las opiniones opuestas en cuanto a la humanidad de los indios. Las Casas formó las características de lo humano en cuanto tal: «la razón de hombre, lo que por la mayor parte siguen y usan, y lo que es común y natural a todos los hombres.»111 Las opiniones de los historiadores difieren aquí de las de los colonizadores ya que no niegan a los indios su humanidad y les consideran razonables. Según David García López «los indígenas son, pues, seres semejantes a los cristianos, criaturas razonables que tienen necesidad de la buena obra del aprendizaje de la fe.»112. Se pueden hallar afirmaciones similares también entre los conquistadores, como, por ejemplo, en las cartas de Cortés mismo.
En relación con el tema de la civilización de los indígenas, es necesario mencionar la admiración de Cortés hacia la tierra mexicana que es sensible a lo largo de la Historia de Nuevo Mundo. Al llegar a Tlascala escribió que «es tan grande, y de tanta admiración, que aunque mucho de lo, que de ella podría decir, deje, lo poco que diré es casi increíble, porque es muy mayor que Granada, y muy más fuerte y de tan buenos edificios, y de muy mucha más gente […] y muy mejor abastecida de las cosas de la tierra [...]»113. En adelante, en la ciudad de Iztapalapa halla casas que «son tan buenas como las mejores de España, digo de grandes y bien labradas»114. Además de ser el admirador del Nuevo Mundo, Cortés es uno de los que no consideran a los indios como no civilizados. Gracias a la destreza indígena en la arquitectura, les tiene por una raza «de toda razón y concierto»115. Cortés disponía de la comprensión ilimitada que le facilitaba ser capaz de apreciar la madurez de la civilización azteca. Al describir sus instituciones políticas, expresa su admiración y apreciación de aquellas y «reconocía pruebas de los progresos intelectuales, habilidad mecánica, y abundantes recursos de una antigua y opulenta sociedad; […y la] población capaz de convertir estos recursos en su mejor provecho.»116. También los soldados españoles afirman que en sus caminos habían pasado por ciudades de «tan buenos edificios, que dicen, que en España no podían ser mejores» en las que se encuentra la gente «de mucha razón»117. Pues, habían también los colonizadores que no les habían negado el hecho civilizatorio a los indígenas. Como podemos ver, los conquistadores hablan de la civilización en su sentido descriptivo ya que valoran el hecho civilizatorio de la sociedad según una de sus cualidades, en este caso lo era la habilidad de la gente indígena.
Según los aspectos descriptivos, los criterios para la evaluación del hecho civilizatorio de los indígenas divergen. Para los historiadores, el término «civilización» significa la presencia de algunos rasgos determinados en una sociedad estudiada. Restall los denomina las «virtudes de la civilización» que son: la razón, la ciencia, la independencia, el individualismo, la ambición y el logro productivo.118 Como podemos ver, a diferencia de la definición antes propuesta por Las Casas, se ha aumentado el número de las cualidades necesarias para el hecho civilizatorio. Sin embargo, Magdalena Chocano Mena denominó la civilización como «el desarrollo humano dirigido por el principio de la razón»119con lo que repitió la definición de Las Casas. Como podemos ver, lo que los historiadores y también los colonizadores consideran el rasgo común de una sociedad civilizada es predominantemente la razón del hombre. También se puede ver que ambos se rigen por los criterios descriptivos, o sea, las cualidades de la sociedad azteca en cuanto a su hecho civilizatorio.
Sin embargo, no se puede aplicar el hecho civilizatorio a toda la población del Nuevo Mundo, tal como no se lo puede denominar todo como la barbarie. Bernal Díaz del Castillo mencionó en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España que los aztecas son «hombres más de razón que los de Cuba.»120. Es que había muchas sociedades en el territorio mexicano de diferente nivel del desarrollo. En el sentido normativo de la palabra «civilización», se pueden inferir diferencias sensibles entre ellas. «En los extremos, los había que llevaban una vida absolutamente salvaje, sin apenas atisbos de organización política y social, dedicados a caza y recolección, mientras que otros estaban integrados en sociedades política y socialmente bien organizadas en reinos y pueblos y con un desarrollo agrícola importante.»121 Prescott afirma aquella declaración diciendo que «hay una gran diferencia en la habilidad mecánica de las naciones; pero mucho mayor se nota en la facultad inventiva que dirige aquella habilidad y la hace provechosa»122. Así que no se trataba sólo de las diferencias en cuanto al nivel de la civilización entre las sociedades indígenas, sino es evidente, que unas han sido más razonables que otras. Por eso no se puede negar el aspecto civilizatorio y humano a toda la población mexicana, aunque es evidente que había sociedades indígenas salvajes con menos razón.
En suma, se puede estudiar la voz «civilización» desde dos puntos de vista, del descriptivo y normativo. Hemos descubierto que más que el hecho civilizatorio les interesaba a los colonizadores el aspecto humano de los indígenas. A diferencia de otros colonizadores, Cortés no les negaba el rasgo humano a los indígenas y les consideraba razonables. La razón era la mayor cualidad de una sociedad civilizada, aunque no todas las sociedades del Nuevo Mundo habían sido civilizadas.


      1. ASPECTOS ECONÓMICOS

        1. EL PAPEL DEL ORO EN LA CONQUISTA

Presentamos a continuación la cuestión de la importancia del oro como un motor principal de la conquista. Partimos sobre todo de la publicación de Jimena Lobo Guerrero Arenas que rompe los prejuicios de los cronistas coloniales en cuanto a este tema.
Los libros de los cronistas y los historiadores coloniales nos muestran que el principal motivo de los hombres que han llegado al Nuevo Mundo es la búsqueda de oro. Y es que, tal y como lo expresa Lobo Guerrero Arenas, «el tan preciado metal amarillo condujo a más de un español a recorrer durante largas jornadas, a pie o a caballo, el territorio americano»123. Tradicionalmente, se habla de la simple noción de la codicia que impulsaba los hechos de los españoles y la riqueza que les permitía aspirar al estatus social alto o en otros casos a mantenerlo. Aún hoy día, el oro se considera un metal muy importante gracias a su valor inmenso, así que parecería lógico el gran interés que hubiera causado su descubrimiento en el Nuevo Mundo.
Sin embargo, los autores contemporáneos no consideran el oro lo más importante para los conquistadores, sino para la conquista misma, ya que gracias al oro «se posibilitaba toda la labor de conquista y colonización»124. Por lo tanto, lo que interesaba a los españoles no fuera el metal en sí, sino su valor y su capacidad adquisitiva.125 Restall afirma que «los artefactos de oro bien tallado recogidos en Cajamarca y otros lugares se llevaban a la fundición, de acuerdo con un procedimiento sistemático aplicado después de las conquistas, que permitía pagar las cuotas, saldar las deudas y obtener créditos»126, y considerarlo así el dinero. Lo comproban las palabras de Lobo Guerrero Arenas quien dice que «los españoles lo tomaron y lo fundieron convirtiéndolo en lingotes, porque eso era lo que necesitaban, lingotes de oro para transformarlo después en monedas»127. Los españoles siguieron solamente sus intereses, o sea la conquista del vasto territorio mexicano. Para que la pudieran realizar, necesitaban el dinero suficiente para cubrir todos los gastos. Así emerge una explicación simple y circular: para la conquista del territorio mexicano se necesitaba el dinero y para que obtengan el dinero tenían que conquistar el territorio mexicano. Cuanto más querían conquistar, tanto más oro tenían que hallar. Y como no consideraban importantes los objetos de oro labrados por los indígenas, ni les admiraban, resultaría lógico que las hubieran utilizado para su propio provecho, o sea fundirlo para crear la moneda.
Por su parte, el Diccionario de Símbolos atribuía al oro el significado de la «luz pura, el tesoro espiritual otorgado por Cristo, el triunfo en la adversidad, la incorruptibilidad (puesto que mantiene su pureza al ser sumergido en la inmundicia) como la idolatría (el becerro de oro) y las riquezas mundanas»128. Esta interpretación con su valor simbólico, propio de la época de cristianidad, expresa lo que el oro significaba para la sociedad del siglo XVI. Se puede ver en los textos coloniales «esa relación sagrada entre el oro y el hombre, claramente anclada en los preceptos morales de la Iglesia cristiana»129. En la Brevísima relación de la destrucción de las Indias de Bartolomé de Las Casas se relaciona la figura del dios cristiano con el oro:
«Tenía cabe sí una cestilla llena de oro en joyas y dijo: “Veis aquí el dios de los cristianos; hagámosle si os parece areítos (que son bailes y danzas) y quizá le agradaremos y les mandará que no nos hagan mal.ˮ»130
Se ha relacionado el oro con la religión, así que los conquistadores se aprovecharon de la figura de Cristo y la usaron para justificar sus hechos. «En este mismo sentido durante la Conquista los cronistas intentaron reposicionar la relación del oro con lo sagrado, mediante la demonización del oro indígena, en la medida en que éste era ofrenda a falsos dioses. Con ello nuevamente se sacralizaba y pasaba a manos de cristianos y por ende, al servicio de dios y su causa.»131. Su motivación surgió de la lucha contra la barbarie y así que viajaron a las Indias a liberar a los indios del oro porque «tan apetecibles bienes naturales no pueden estar allí para gentes tan vulgares y próximas a la animalidad»132, con lo que justificaron sus razones. Por lo tanto, podemos decir que en la época de la conquista, los cronistas crearon una razón que sirvió para justificar la búsqueda de oro, diciendo que «el ʻoro de los indiosʼ y los indios debían ser convertidos o liberados, al metal como tal también se le debía dar el mismo tratamiento, es decir, se le debía liberar o rescatar.»133. Con el fin de ganar el oro, demostraron que éste era ofrenda a falsos dioses y afirmaban que «su misión era la de liberar a los indios barbáricos del pecado»134. El enfoque de los españoles hacía que el oro mexicano llevó a la intención de sacralizar al oro en vez de considerarlo «el estiércol del demonio»135. Así se convirtió el oro no tanto en el motor como en la justificación de la conquista. Lo afirma Lobo Guerrero Arenas quien dice que el oro azteca «sirve o bien para justificar la evangelización o bien como intermediario o mediador entre unos y otros.»136.
No podemos negar que una de las causas por las que viajaron los conquistadores al Nuevo Mundo era el interés por el oro local. Sin embargo, no lo era el oro como tal, que despertaba el interés de los españoles, sino su valor y su subsiguiente uso. Lo que les interesaba más fue el dinero que se fundía de aquel oro. Con el dinero obtenido de tal manera, se financió la conquista misma. Para el propósito de la defensa de tal adquisición de oro, se han creado disculpas como que se trató del oro como ofrenda a falsos dioses y que han liberado tal oro de las manos de los indios.


  1. FIGURA DE HERNÁN CORTÉS

Unas de las fuentes muy buenas para el estudio del carácter de Hernán Cortés son las Cartas de Relaciones dirigidas al rey Carlos I. por Cortés mismo, porque nos facilitan la imagen de la personalidad del conquistador.
En cuanto a las cartas, se menciona muchas veces la exageración presente en su contenido. En sus Cartas de Relaciones se exageran sus hechos militares y evangelizadores ante el monarca. Si consideramos el insignificante número del ejército de Cortés frente al enorme número de la población mexicana que se había puesto, según el propio Cortés137, en las batallas contra él, resulta muy dudosa la victoria sencilla de los españoles contra tan enorme ejército indígeno. Más, él presenta la conquista como una misión religiosa y dice que «cómo cristianos éramos obligados en puñar contra los enemigos de nuestra fe»138. Aunque al comentador de las cartas de Cortés, don Francisco Antonio Lorenzada, le «parece Cortés más un misionero apostólico, que un militar»139 no podemos consentir con aquella afirmación. Según nosotros, su empeño de dar la impresión del fuerte evangelizador de la población indígena sirve sólo para persuadir al monarca español de sus capacidades de capitán y de sus méritos, para que pueda continuar consiguiendo sus propios objetivos económicos. Partimos sobre todo de la opinión de Ruano de la Haza quien dice que:
«Los conquistadores, especialmente Cortés, exageraran sus méritos y se presentaran ante sus contemporáneos, y ante sus monarcas, como mejores de lo que eran. Las cartas de Cortés al Rey, como las cartas de relación de otros conquistadores, eran en cierto sentido, [...], “probanzas de méritoˮ: memoriales que describían las hazañas del autor para la mayor gloria de su Dios y Rey. Su objetivo principal era, pues, justificar sus acciones y conseguir el favor real;[...]»140
A través de la prueba de sus méritos, Cortés convence al rey del éxito de la conquista. Lo hace para legitimar su empresa ante la Corona. Él necesitaba el consentimiento del monarca para conquistar las tierras y para ganar aquel permiso necesitaba de convercerlo del provecho y el éxito de su empresa. Así que consentimos que resulta absolutamente comprensible la exageración de sus hazañas. Más, con la presentación de sus éxitos en la misión evangelizadora comproba al rey el cumplimiento de las órdenes reales.
Además, como dice Guillermo Lopéz García:
«era fundamental contar con algún tipo de autoridad o reconocimiento escrito de los poderes que, en la práctica, poseía Cortés en México, la llegada de un funcionario real era un acontecimiento de suma importancia, y para asegurar la certificación del poder de hecho como “poder de derecho” Cortés se pasó años enviando emisarios cargados de oro a España para que éstos lo repartieran entre todo aquél que pudiera interceder en su favor, así como enviando una carta tras otra a Carlos V y a la administración española consignando sus éxitos.»141
Así que, las cartas de Cortés sirvieron como el medio de ganar el favor del monarca, puesto que aquello era la única manera de legitimar su estancia en México. Y si no legitimara su estancia, estaría bajo el peligro de la captura y la muerte por la mano de Diego Velazquéz. Así que podemos consentirnos que la exageración de Cortés era necesaria y que sirvió como la justificación de su hechos y como las probanzas de sus méritos ante el monarca.
A base de la narración de Cortés, Lopéz de Gómara creó una obra biográfica, cuyo relato «tomó la forma de hagiografía de Hernán Cortés»142. Ésta empieza con el nacimiento de Cortés y termina con su muerte, así que se trata más de un relato sobre la vida de Cortés que de una crónica de la conquista. Gómara hace una lista de las hazañas de Cortés y le presenta como el gran conquistador y un personaje fuerte y valiente:
«Estuvo en Acuzamil, tomó a Tabasco, fundó la Veracruz, ganó a Méjico, prendió Moteczuma, conquistó y pobló la Nueva España y otros muchos reinos. E por cuanto él hizo muchas y grandes hazañas en las guerras que allí tuvo, que, sin perjuicio de ningún español de Indias, fueron las mejores de cuantas se han hecho en aquellas partes del Nuevo Mundo.»143
A través de la crónica de Gómara se lo ve a Cortés como un personaje idealizado del que depende todo el proceso del descubrimiento y la conquista, porque se le atribuyen todos los méritos de éstos. Podemos observar a través de los títulos de los capítulos que se pone enfásis en el individual y al mismo tiempo se ignoran los papeles de todos los demás144. Los capítulos denominados Rebelión y liga contra Moctezuma por industria de Cortés, Tomó Cortés a Tizapancinca por fuerza o Ganó Cortés a Cinpancinco, ciudad muy grande intensifican la idea del heroísmo de Cortés, porque hablan de Cortés como si fuera el único elemento español que había participado en la conquista de México. No obstante, no se puede adscribir el éxito de la conquista de México sólo a Cortés mismo. Tenemos que mencionar también otros elementos que forman el proceso de la conquista. Por ejemplo, no es sólo el conquistador mismo quien «extiende una pax universal [...], y lleva al cabo una función evangelizadora»145 sino la desempeñan asimismo los religiosos, los monjes dominicanos, franciscanos o los jesuitas, quienes ayudan a pacificar el nuevo territorio. Así que según Restall, la «conquista fue un procedimiento seguido por muchos hombres, no un conjunto de acciones excepcionales de unos pocos»146. Por eso, no se puede hablar de la conquista como de un mero hecho individual de un conquistador, ya que sin otros elementos, como la discordia de las tribus indígenas y la subsiguiente allegación de los tlaxcaltecas a la parte conquistadora en el caso de la conquista mexicana, Cortés no habría sido uno de los famosos conquistadores junto con Colón y Pizarro.

Además, las victorias bélicas en el territorio mexicano no se consideran sólo los méritos de los españoles sino de los propios indígenas como en el caso de los tlaxcaltecas. Partimos sobre todo de la opinión de Medina quien dice que «la conquista fue producto del malestar de algunos señoríos aliados a los españoles. Por eso los tlaxcaltecas fueron premiados como conquistadores recibiendo privilegios a lo largo del siglo XVI.» 147. Cortés mismo prueba la participación de aquellos en la conquista a lo largo de su Historia de Nueva España ya que dice que «me ayudaban bien cinco mil indios de Tascaltecal y otros cuatrocientos de Cempoal»148. No podemos decir que la conquista fue un mero acto de los españoles sino que fue también un proyecto de los indios aliados. Sin embargo, los españoles reciben el papel principal en este acontecimiento bélico.


A lo largo de los siglos muchos autores y cronistas como, por ejemplo, Bernal Díaz del Castillo han contribuido a la creación del mito149 de un hombre excepcional. Hablan de él como de una persona audaz, ingenua y engañosa150 y le atribuyen todos los méritos en cuanto a la conquista de México. La cosa es que, la conquista como un mero proceso individual fue mucho más atractiva para los leyentes. Aun así, a pesar de ser la conquista «un procedimiento seguido por muchos hombres»151 tenemos que consentir con Aguayo quien dice que:
«Es cierto que otros conquistadores, anteriores y posteriores lograron éxitos. Pero es posible considerar que ninguno de ellos, poseyó la sutil inteligencia de este español heróico, que siendo conquistador y ejerciendo la dominación, fue caballero.»152
Es decir, en el caso de Cortés se trata de un hombre exepcional, porque había muchos momentos claves e importantes de la conquista que le aseguran aquel rango. Primero, fue capaz de invertir su destino, es decir, evitar la muerte después de la acusación de rebeldía por Diego Velazqéz. Segundo, fue susceptible de asegurar la empresa, prevenir la pánica y la huída de sus hombres ante la cantidad de indios que lucharon contra los españoles. Tercero, persuadió a Moctezuma, aprovechando su creencia en el destino y lo hizo vasallo del rey Carlos I. Cuarto, aprovechó su permanencia en Tenochtitlán, para realizar un estudio estratégico de las calzadas, los lagos y las puentes, lo que luego le serviría en su definitiva batalla naval. Quinto, tenía habilidad para obtener aliados entre otros indios y así vencer a los aztecas. También no le rehusamos sus cualidades que le ha atribuido Ruano de la Haza que dice de Cortés que «tuviese, primero, la osadía de explorar tierras desconocidas; segundo, la energía, o quizás el fanatismo, de atreverse a conquistarlas después de tener noticias del poderío del imperio azteca; y, finalmente, la astucia y la habilidad de aprovecharse de las circunstancias que encontró en su camino para llevar a cabo la conquista.»153, puesto que los hechos como la fundación de la Villa de Veracruz y su penetración hasta el centro del imperio mexicano, demuestran sus capacidades conquistadoras. Así que, no se puede dudar que Cortés era un hombre excepcional.

LA CONCLUSIÓN



En la tesina nos hemos dedicado al tema de la conquista mexicana. Primero, hemos estudiado los propósitos de la conquista militar y cultural y su impacto a la población indígena. Más adelante, nos hemos dedicado a las cuestiones relacionadas con la conquista mexicana, sobre todo a los problemas religiosos, políticos y humanos. Hemos indicado la pluralidad de enfoques a estos problemas y al mismo tiempo hemos señalado las diferencias entre las opiniones de los colonizadores y los historiadores contemporáneos.
Hemos llegado a saber que la conquista militar sirvió para los conquistadores de medio para lograr sus objetivos económicos, es decir, conseguir nuevos territorios para su propio provecho. Desempeñando la Corona la misma política que los conquistadores, utilizó la fe cristiana como el medio para la justificación de tal sometimiento, conque se legitimó la adquisición de los territorios indígenas.
Hemos averiguado que también la evangelización de los indios sirvió como el pretexto para los objetivos individuales de los conquistadores y también para la justificación de la conquista. Se consideró beneficiosa la conquista cultural, ya que ésta tenía la intención de civilizar a la gente indígena. Se habían creado las escuelas españolas en el territorio mexicano para el cumplimiento de tal ideología española. Así se promovía también el proceso de la aculturación, no obstante, no se trató de una cosa beneficiosa para los mexicanos, porque de tal manera se había sustituido la cultura indígena con la española y al mismo tiempo se ha destruido la cultura indígena original.
Además, hemos averiguado que la derrota del imperio azteca no había sido causada por el mito de Quetzalcóatl. Hemos echado la culpa a la sociedad indígena como tal y a la excesiva religiosidad azteca. En el caso de los sacrificios humanos hemos llegado a saber que no sólo se trató de los rituales religiosos. Según las nuevas revelaciones de los historiadores contemporáneos éstos sirvieron de muestra de la dominancia azteca y la representación de su política, que presidía al vasto territorio mexicano. Así pues los sacrificios humanos eran el instrumento de la dominación política. Además, éstos tenían unas reglas fijadas.
La conquista no había sido sólo una misión evangelizadora como las crónicas de los conquistadores trataron de persuadirnos. Según las nuevas revelaciones de los historiadores contemporáneos, la motivación de los conquistadores para viajar al Nuevo Mundo ha sido la expectativa del enriquecimiento y la adquisición de territorios.
Hemos visto que la idea de la superioridad de los españoles, investigada desde varios puntos de vista, sirvió sólo de defensa de los hechos de los españoles y para la justificación de la conquista.
Hemos examinado la cilivización de los indios desde el punto de vista descriptivo y normativo. A base de la comparación de las opiniones de los colonizadores y los historiadores contemporáneos hemos descubierto que los colonizadores se preocuparon por el aspecto humano, mientras que los historiadores contemporáneos hablaron del aspecto civilizatorio de los indígenas. Los historiadores coinciden con decir que el rasgo común de la humanidad es la existencia de la razón en la sociedad estudiada. Aunque los colonizadores tendieron de negar el aspecto humano a los indios, hemos probado que los aztecas habían sido una rasa civilizada, ya que la presencia de la razón en su sociedad fue sensible.
Más adelante, hemos visto que uno de los objetivos de los españoles que viajaron al Nuevo Mundo fue el interés por el oro local. Las monedas obtenidas de aquel oro financiaron la conquista misma. Según los españoles, los indígenas habían utilizado el oro como la ofrenda a falsos dioses así que era necesario quitarlo de las manos indias. Sin embargo, tal acusaciones sirvieron sólo para la defensa y la justificación de su explotación.
En cuanto a la figura de Cortés y su descripción en las crónicas, hemos llegado a saber que se trató de un hombre excepcional. Aunque existen muchas pruebas de sus hechos meritorios concerniente a la conquista mexicana, como ya hemos mencionado, no se trató de un mero hecho individual, sino del hecho colectivo. Así que no había sido sólo Cortés, él que tiene todos los méritos de la conquista, no obstante, había otros elementos que tuvieron la influencia sobre el resultado de la conquista como, por ejemplo, la discordia entre los indios.

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