Tema “incidencia del acogimiento familiar o institucional en los niñOS, niñas y adolescentes, en la ciudad de ibarra en el período 2009” introduccióN



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En este ambiente receptivo, en las dos primeras décadas del siglo XX circularon varias declaraciones de los derechos del niño, a veces en forma literaria o bien como resoluciones de organizaciones científicas y pedagógicas.

La Declaración de los Derechos del Niño fue firmada el 20 de noviembre de 1959 por las Naciones Unidas, con ella se intenta promover en el mundo los derechos de los niños y el rol que juegan la escuela y las familias en esto. Una declaración es un manifiesto con una determinada intención moral y ética, pero no  es un instrumento jurídicamente vinculante, como es el caso de una convención.


Posteriormente, en 1989 se logró contar con una Convención de Derechos del Niño (1989), que fue ratificada por nuestro país junto a otros 57 países, asumiendo el compromiso de asegurar a todos los niños y niñas (menores de 18 años) los derechos y principios que ella establece, transformándose así en uno de los tratados de derechos humanos más ratificados de todos los tiempos: actualmente, hay 191 países que se han adherido.
Esta Convención de Derechos del Niño es el primer instrumento internacional jurídicamente vinculante que incorpora a todos los derechos humanos, ya sea civiles, culturales, económicos, políticos y sociales, la cual posee cincuenta y cuatro artículos que protegen a las niñas, niños y adolescentes, pero que, esencialmente, se rige por cuatro principios fundamentales:


  • No discriminación: El niño no deberá sufrir debido a su etnia, color, género, idioma, religión, nacionalidad, origen social o étnico, o por ninguna opinión política o de otro tipo; ni tampoco debido a su casta o por alguna discapacidad. 




  • El interés superior del niño: las leyes y las medidas que afecten a la infancia deben tener primero en cuenta su interés superior y beneficiarlo de la mejor manera posible.




  • Supervivencia, desarrollo y protección: las autoridades del país deben proteger al niño y garantizar su desarrollo pleno - físico, espiritual, moral y social.




  • Participación: Los niños tienen derecho a expresar su opinión en las decisiones que le afecten, y que sus opiniones se tomen en cuenta.

La visión de los derechos de niñas, niños y adolescentes como derechos humanos debe ser parte constitutiva de las intervenciones profesionales, educativas, judiciales y también de las acciones pastorales. Constituye, más allá de las normas expresas, una apuesta y una modificación cultural concreta respecto de la concepción de los niños y adolescentes en su condición de sujetos plenos de derecho y su correlativo en la transformación gradual de las prácticas sociales en este sentido
2.3. LAS INSTITUCIONES ESTATALES O PRIVADAS DE ACOGIMIENTO DE NIÑAS, NIÑOS Y ADOLESCENTES
Expresamente la Constitución de la República establece en el numeral 4 del Art. 46 la protección y atención contra todo tipo de violencia, maltrato, explotación sexual o de cualquier otra índole, o contra la negligencia que provoque tales situaciones. Sin embargo, no se contiene en la sección quinta de la carta magna, el deber primordial del Estado de crear de centros de acogida para albergar a quienes no puedan ser atendidos por sus familiares o quienes carezcan de un lugar donde residir de forma permanente, como acontece con las personas de tercera edad, según se desprende del numeral 1 del Art. 38 ibídem.
Cuando un niño o niña es abandonado en Ecuador es trasladado a un orfanato, ya sea público o privado. Ahí logra ser ubicado por las autoridades en una familia y puede ser adoptado, pero de lo contrario vivirá en este lugar hasta cuando alcance la mayoría de edad y sea obligado a abandonar el centro.
Las medidas de colocación, específicamente el acogimiento familiar e institucional, previstas en el Código de la Niñez y la Adolescencia son aplicadas cuando en la familia natural existen situaciones que colocan o pueden colocar a la niña, el niño o el adolescente en peligro grave, comprometiendo su integridad física o psicológica y de su desarrollo. Es una solución que busca el interés superior de aquellos y debe constituir al último recurso, dando primacía a las medidas ejecutadas en un medio natural de vida.
El acogimiento familiar, previsto en los Arts. 220 al 231 del Código de la Niñez y la Adolescencia, resulta de la atribución de confianza de la niña, el niño o el adolescente a una familia idónea con el objetivo que le presten los cuidados necesarios a su desarrollo integral a través de su integración a un medio familiar. Este acogimiento tiene un carácter provisorio ya que siempre está subyacente el posible retorno a la familia biológica, que deberá ser blanco de una intervención por parte de los profesionales y de todas las instituciones envueltas en el proceso,
Según el catedrático de Psicología Evolutiva de la Universidad de Oviedo, España, el Dr. Pedro Bengoechea Garín: La conducta del hombre adulto, el nivel intelectual, la adaptación y el éxito social dependen en gran medida del medio ambiente en que ha vivido y del medio en que transcurrió su infancia. En este apartado es nuestro propósito el referirnos al niño que vive una especial situación de marginación: el niño depositado en una institución en edades críticas de desarrollo y que por circunstancias familiares y legales no puede vivir en un medio familiar normal. En tales condiciones, si bien muchas de ellas han sido solventadas hoy en día con una mayor aproximación a las condiciones del medio natural, por lo general, las repercusiones de la institucionalización en el desarrollo normal del niño han sido negativas”.9
En consecuencia, las niñas, niños y adolescentes depositados en instituciones en edades críticas de desarrollo han sido negativas, ya que no se debe “institucionalizar” o llevar a un albergue al niño abandonado, porque ahí no se va a familiarizar. “Los sicólogos, los trabajadores sociales y los educadores siempre cambian, cumplirá dieciocho años sin una formación sólida y sostenida” señala Mendoza.
Según la psicóloga portuguesa Dra. Teresa Cansado: “La mayoría de las intervenciones en el ámbito de los menores en riesgo defiende el retiro o separación del menor de su familia a título provisorio, medida que acaba por transformarse en definitiva. El contacto de los servicios con las familias mal tratantes cesaba con la colocación de la niña, el niño o el adolescente en una institución, “amputando”, de este modo, las relaciones intra-familiares de aquellos menores. En la realidad, el problema de colocación en instituciones de estos menores levanta severas críticas. Si bien es cierto que una niña, niño o adolescente no pueden ser mantenidos en una situación de violencia, la verdad es que, su acogimiento institucionalizado puede representar una nueva forma de violencia. Estas niñas, niños y adolescentes viven un malestar psicológico constante provocado por el abandono familiar y por los abusos a que fueron sujetos. Actualmente se asiste a un cambio de los modelos teórico - metodológicos, sobre todo en lo que respecta a las metodologías de intervención basadas en el principio de la institucionalización, considerándose que el apoyo a la familia mal tratante puede ser un abordaje positivo para la superación de las situaciones de maltrato infantil”.10
En nuestro país, la Dirección de Atención Integral de la Niñez (Daina) del Ministerio de Inclusión Social y Económica (MIES) contabilizó en los orfanatos públicos y privados a 1.274 niños abandonados en el 2007. Esta es una cifra que va en aumento porque en el 2005 tuvieron 1.200 huérfanos, mientras que en el 2006 esa cifra subió a 1.218.
Es importante que nuestra legislación sea congruente con lo que dicta la Convención sobre los Derechos del Niño de 1989 y ratificada por el Ecuador en 1990, en los numerales 1, 2 y 3 del artículo 3 establece que las medidas que tomen las instituciones públicas o privadas encargadas de velar por el bienestar familiar, los tribunales, autoridades administrativas o los órganos legislativos en favor de la infancia, sean atendiendo el interés superior del menor.
También en su artículo 20 se establece el derecho a la protección y asistencia especial del Estado para aquellos niños y niñas que se encuentran temporal o permanentemente privados de su medio familiar.
Complementando, el artículo 21 de la citada Convención señala lo referente a las consideraciones que los Estados Parte deben proteger en materia de adopción.
La institucionalización o acogimientos de menores es la figura a través de la cual una institución pública o privada brinda atenciones, cuidados, alimentación y educación, es decir, es el cuidado integral que proporciona una institución a un menor que haya sido abandonado por su familia y que además tiene posibilidades de ser adoptado, con la finalidad de favorecer en su desarrollo personal.
A su vez, es importante destacar que previamente al acceso a un sistema de acogimiento se deberían haber agotado concretamente todos los recursos que posibiliten la permanencia de los niños/as y/o adolescentes con su familia de origen. Por lo tanto, la insuficiencia o inexistencia de otros programas para lograr este objetivo no debería ser motivo para el ingreso de los niños a este sistema
El Sistema Integral para el Desarrollo de la Familia así como diversas instituciones y asociaciones tienen entre sus funciones el encargo de acoger a niños y niñas que no cuentan con una familia que les proporcionen los cuidados y atenciones que marca las leyes ecuatorianas, así como lo ordena la Convención sobre los Derechos del Niño del 20 de noviembre de 1989.
Las instituciones inscritas en el Ministerio de Inclusión Social reportan: 2.561 menores atendidos en instituciones de Acogimiento Institucional (hasta diciembre 2004) y 471 niños/as viviendo con sus padres privados de la libertad, cifra en aumento (en 2003).
En el país, según un censo de 2007, realizado por el  Consejo de la Niñez, existen 3.018 niños abandonados, y la cifra crece cada día. En la DINAPEN de Pichincha (enero-septiembre del 2006) se registraron 283 denuncias y en la Procuraduría 782, correspondientes a 304 niños/as desaparecidos, 67 abandonados, 36 maltratados y 187 recuperados.
Según información proporcionada por el Observatorio de los Derechos de la Niñez y la Adolescencia, 43,60% de los niños sufren algún tipo de maltrato por parte de sus padres cuando no obedecen o cometen una falta. Este porcentaje es del 39,50% en el sector urbano y aumenta al 50,50% en el área rural. Como castigo, 80,20% de niños afirman que les regañan, el 40,40% que les pegan y el 34,30% que les privan de algo que les gusta.
La encuesta EMEDHINO 2000 reportó que al menos 4 de cada 10 niños y niñas es maltratado por sus padres cuando cometen faltas o desobedecen; 1 de cada 10 niños entre 6 y 11 años, ha sufrido tratos peligrosos, como encierros, privaciones de comida, insultos, burlas e incluso expulsiones de la casa. En el país existen 108 entidades de acogimiento, ubicadas en 15 provincias del país. La mayoría se financia con donaciones nacionales y extranjeras. Otras  permiten el padrinazgo, para los niños que no han sido  adoptados.  Con este dinero se costea la manutención, educación.
Fue gracias a la suscripción y posterior ratificación en 1990, de la Convención de los Derechos del Niño, y la asistencia al Congreso Mundial del año 1996 referente al tema así como a diversas investigaciones realizadas en distintos países centro y latinoamericanos, que el Ecuador comenzó a realizar estudios y debates más profundos sobre el fenómeno de la explotación sexual de niños/as y adolescentes, principalmente con la participación de entidades no gubernamentales que se empezó a visibilizarlo. Más aún, porque en la Constitución de 1998 se armonizaron los principios consagrados en la normativa internacional ratificada por nuestro país referente a la infancia y adolescencia.
Es así, que por primera vez, se reconoce a los niños como sujetos progresivos de derechos, debiendo el Estado adoptar mecanismos que garanticen su vigencia y ejercicio; de esta manera se les reconocen todos los derechos humanos relativos al ser humano y a los propios de su condición de menores de edad, así mismo se establece su interés superior frente a cualquier otro derecho.
En virtud de que la Carta Magna vigente hasta octubre de 2008 se estableció la creación de un Sistema Integral de Protección de la Niñez y la Adolescencia que determine y regule las políticas a tomar dentro de este ámbito; es decir la normativa constitucional exigía un nuevo cuerpo legal que regule este tema, por eso en el año 2003 se expide el Código de la Niñez y la Adolescencia que conceptualiza por primera vez los términos de prostitución y pornografía infantil; razón por la cual dos años más tarde mediante reformas al Código Penal se crean diversos tipos penales que sancionan este fenómeno a través de un capítulo titulado “De los Delitos de Explotación Sexual”.
Como se puede apreciar, es reciente la visión del tema concerniente a la explotación de niñas/os y adolescentes (ESCNNA) 11, lo que ha permitido emprender acciones tendientes a prevenirla y enfrentarla.
Con el objeto de situar al Acogimiento Institucional como un fenómeno jurídico-social con diversas connotaciones e incidencias; y, como un problema complejo es necesario conceptualizar algunos aspectos relacionados con ella, que contribuirán a su mejor comprensión. Así tenemos:
El Art. 232 del Código Orgánico de la Niñez y Adolescencia, se refiere al acogimiento institucional señalando que “es una medida transitoria de protección dispuesta por la autoridad judicial, en los casos en que no sea posible el acogimiento familiar, para aquellos niños, niñas o adolescentes que se encuentren privados de su medio familiar. Esta medida es el último recurso y se cumplirá únicamente en aquellas entidades de atención debidamente autorizadas”
Reconocer que hay un abuso en el procedimiento de acogimiento institucional es uno de los primeros pasos que serán determinantes para que ocurran cambios en el orden vigente, siendo necesario un trabajo arduo, en perspectiva social, consistente en medidas de prevención, a fin de disminuir los efectos que produce la internación de las niñas, niños y adolescentes en estos centros.

2.4. EL SISTEMA DE ACOGIMIENTO FAMILIAR
El sistema de Acogimiento Familiar de Menores es algo que todavía resulta desconocido para la sociedad, aunque precisamente no se puede decir lo mismo del alto porcentaje infantil que se encuentra en esta situación o en acogimiento institucional, cuyas consecuencias para las niñas, niños y adolescentes, deja bastante que desear.
Según la magister en Minoridad y Familia, especialista en acogimiento familiar de nacionalidad argentina Dra. Matilde Luna: “por acogimiento familiar se entiende a práctica que lleva a un sujeto, niña, niño, adolescente o adulto a convivir como miembro transitorio o definitivo de otra familia que no es la familia en la cual nació”.12
En consecuencia, el acogimiento familiar puede ser considerado como una alternativa al acogimiento institucional, niños y adolescentes, cuando se piensa en su carácter provisional y transitorio, toda vez que la Convención sobre los Derechos del Niño, de las Naciones Unidas, sostiene: "El niño, para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, debe crecer en el seno de la familia, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión".
La reconocida pedagoga y escritora brasileña Dra. Cláudia Guimarães, señala que: “El acogimiento familiar tiene como objetivo proteger a la niña, el niño y el adolescente que esté en situación de riesgo y que por algún motivo sea necesario apartarlo de la convivencia familiar. Varias razones pueden motivar el acogimiento: los padres pueden estar cumpliendo pena, hospitalizados, ser autores de violencia doméstica. Esta última modalidad, es la más conocida. En este caso, el objetivo es interrumpir el proceso de violencia por el cual las niñas, niños y adolescentes por el que pasan dentro de su casa. Son situaciones en las cuales esas niñas, niños y adolescentes se enfrentan con los diversos tipos de violencia doméstica: física, sexual, psicológica o con situaciones de negligencia. La familia alternativa acoge en su casa, por tiempo determinado, a una niña, un niño o a un adolescente que enfrenta condiciones adversas. La niña, niño o adolescente acogida no se transforma en “hijo” de aquel lugar, pero recibe afecto y apoyo de esta otra familia hasta que esté en condiciones de ser reintegrado a su familia biológica y a la comunidad en la cual estaba inserta. De ahí la importancia de esta modalidad (...). Al contrario de lo que acontece con el acogimiento institucional, donde serán tratados como un todo, ya que la familia acogedora consigue respetar la individualidad de esas niñas, niños y adolescentes, con una dedicación responsable y cuidadosa para la resolución de cada problemática en particular”.13
Todos los problemas del acogimiento institucional de las niñas, niños y adolescentes, se minimizan con el acogimiento familiar, ya que existe un tratamiento personalidado, además que existe un jefe de familia que asume un carácter de cuidador como figura de referencia, que cuida subjetivamente de sus necesidades, con afecto, dedicación y responsabilidad.
En otras palabras, las ventajas del acogimiento familiar son numerosas ya que la niña, el niño y el adolescente se desarrollan en un ambiente de amor, establecen vínculos, tienen referentes, aprenden rutinas diarias y tiene un mayor contacto con la comunidad.
Las desventajas residen, precisamente, en lo provisional del acogimiento y las largas estadías, que muchas veces desembocan en casos de apropiación, interfiriendo en la relación del menor con su familia biológica.

Para que la situación económica de la familia de acogida no se vea reducida, y para que todo tipo de familias con más o menos recursos pueda acceder al acogimiento es recomendable que el mismo sea remunerado.


Para paliar esta situación, Rodrigo Rojas, director de la DAINA, explica que se tiene un plan para crear familias de acogimiento y aclara que el 70% de los casos de abandono se dan por razones económicas en la ciudad de Guayaquil provincia del Guayas.
El Vicepresidente de la República, Lenin Moreno, durante el enlace ciudadano Nº 138, que se realizó en el Centro de Rehabilitación Social de Mujeres en Guayaquil, resaltó el éxito del programa “Ecuador sin Niños en las Cárceles”, desde su aplicación en noviembre de 2007 hasta la fecha. El Programa “Ecuador sin Niños en las Cárceles”  fue creado para fortalecer el Sistema de Rehabilitación Social, mediante la incorporación de sistemas de protección y atención integral para los hijos de personas privadas de la libertad, respetando así su derecho a una convivencia familiar y comunitaria.
A finales del año 2008, el Vicepresidente de la República anunció que el país erradicaría definitivamente esa aberrante costumbre de tener niños viviendo con sus progenitores en las cárceles del país y se logró rescatar de los centros de rehabilitación a 818 niños mayores de 3 años, quienes fueron reubicados en ambientes acogedores y seguros, en donde se prioriza la atención familiar.

La ministra Coordinadora de Desarrollo Social, Jeannette Sánchez, ratificó el compromiso del Gobierno de la Revolución Ciudadana por brindar atención a todos los niños del país, y en este caso a los que aún viven en las cárceles del Ecuador.

Este programa cuentan con un financiamiento de $1`600.000, recursos que son empleados en la  reinserción de dichos menores en las casas de sus familias directas, en casas de “familias sustitutas” o en última instancia en casas hogares, a fin de restituirles de forma inmediata sus derechos. Para la manutención de los menores se ha previsto la entrega en especie (alimentos, ropa o medicinas), de un equivalente a 100 dólares por niño.

Asimismo, el apoyo permanente de psicólogos y trabajadores sociales dan seguimiento a la calidad de vida que tienen los infantes luego que salen de las cárceles.

Los derechos de la niñez tienen como principio básico, la obligación de la sociedad de satisfacer sus necesidades fundamentales y proveer asistencia para el desarrollo de su personalidad, talento y habilidades, a través de cuatro grupos de derechos: supervivencia, protección, desarrollo y participación, así como lo marca la Ley para la Protección de los derechos de la Niñez y la Adolescencia.
Dentro del grupo de derechos de protección se encuentra el derecho que tienen los niños privados de su medio familiar para recibir la protección especial y asegurar que puedan beneficiarse de cuidados familiares y en su defecto de la colocación en un establecimiento apropiado.
El tema del acogimiento de niñas, niños y adolescentes en situaciones de vulnerabilidad social viene ganando espacios importantes de discusión tanto en ámbito de desarrollo de políticas públicas, así como en el medio científico-académico y jurídico. Tales discusiones están presentes en la agenda nacional al buscar trazar directrices que garanticen el derecho a la convivencia familiar y comunitaria, y que favorezcan la des - institucionalización de niñas, niños y adolescentes.
En este sentido, el acogimiento de niñas, niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad es un campo en plena transformación y reordenamiento. Transformaciones que se encuentran tanto en el campo de las políticas macro-sociales, como en las prácticas cotidianas desarrolladas por equipos multidis-ciplinarios.
El acogimiento familiar, como un programa formal, surgió como práctica alternativa a la institucionalización, éste tuvo inicio en diferentes momentos en países como los Estados Unidos de Norteamérica en 1910, en Inglaterra en 1940, en España en 1970 y en Italia el año 1980, acompañadas por políticas sociales influenciadas por una literatura de las áreas médicas y psicológicas (que abordan los riesgos causados al desarrollo infantil mediante la institucionalización) y por modificaciones ocurridas en las diversas legislaciones a partir de extensas discusiones sobre los derechos de la niña, el niño y el adolescente.
2.4.1. Historia del acogimiento familiar
Uno de los principales derechos de todo niña, niño y adolescente es poder vivir y desarrollarse en un ambiente familiar adecuado, en condiciones de seguridad y estabilidad, pero cuando ese entorno no existe, por abandono de los padres, por violencia intrafamiliar, etc. Al Estado corresponde velar por el interés de aquellos.
El acogimiento familiar es una alternativa de convivencia no institucional para aquellos niños que no pueden o no deben vivir con su familia por diversos factores tales como: violencia y maltrato, drogadicción, alcoholismo, entre otras.

La presente investigación intenta darnos una síntesis descriptiva de formas de maltrato y abuso infantil desde la antigüedad, hasta llegar a nuestros días en que la mayor parte de naciones reconoce su existencia y estragos sociales, viéndose así en la obligación de salvaguardar a la niñez y adolescencia. El impacto que ha causado a lo largo del planeta y así tener una visión más amplia acerca de esta problemática para posteriormente sumergirnos en ella desde un punto de vista legal que es lo que nos interesa.


Cabe mencionar que fue a partir de la era cristiana que se comenzó a ver a los infantes como seres inocentes, incapaces de conocer sensaciones y placeres provenientes de relaciones incestuosas o de otro tipo. En las cuales se los usaba como instrumento de satisfacción. Tal es así que en el siglo IV D.C., Constantino dictaminó que las necesidades de los recién nacidos debían atenderse prioritariamente; de igual forma, en la legislación visigoda se prohíbe a los padres vender a sus hijos o darlos en prenda a partir del año 438 D.C.; más tarde, en el año 530, Justiniano ordenó la liberación de los niños prostituidos, así como la inversión del Estado en su educación.14
El maltrato infantil ha estado presente en la especie humana constantemente, desde la historia de nuestra cultura occidental nos llegan noticias de este comportamiento, en Esparta por ejemplo los niños con algún tipo de disminución física no sobrevivían a las duras pruebas a las que eran sometidos. Suetonio, en la descripción que hace de las vidas de los emperadores, destaca la crueldad con los niños, a Tiberio, Calígula, Julio Cesar y Trajano.
En la edad media era frecuente el acto de castrar a los niños para convertirlos en eunucos y para otros menesteres. Ya en esa época hubo un famoso proceso contra Gilles de Rais, el número exacto de los infantes muertos a manos de noble y sus secuaces es desconocido debido a que los cuerpos eran quemados o enterrados, más el estimado varía entre 60 y 200. La edad de las víctimas varía de los 6 a los 14 años e incluían ambos sexos, sin embargo Gilles de Rais prefería a los niños varones, aunque lo haría también con niñas si la circunstancia lo requería, el 26 de octubre de 1440 fue sentenciado a la horca, permitiéndome, respetuosamente, transcribir la confesión de este asesino, también conocido como “barba azul”:
Yo, Gilles de Rais, confieso que todo de lo que se me acusa es verdad. Es cierto que he cometido las más repugnantes ofensas contra muchos seres inocentes –niños y niñas- y que en el curso de muchos años he raptado o hecho raptar a un gran número de ellos –aún más vergonzosamente he de confesar que no recuerdo el número exacto- y que los he matado con mi propia mano o hecho que otros mataran, y que he cometido con ellos muchos crímenes y pecados. En todas estas viles acciones yo fui la fuerza principal, aunque he de mencionar como asesinos de niños a mis primos Roger de Bricqueville y Gilles de Sillé, a mis criados Griart y Étienne Corillaut, alias Poitou, a mi otro criado Rossignol y al pequeño Robin, que desgraciadamente ha muerto. Confieso que maté a esos niños y niñas de distintas maneras y haciendo uso de diferentes métodos de tortura: a algunos les separé la cabeza del cuerpo, utilizando dagas y cuchillos; con otros usé palos y otros instrumentos de azote, dándoles en la cabeza golpes violentos; a otros los até con cuerdas y sogas y los colgué de puertas y vigas hasta que se ahogaron. Confieso que experimenté placer en herirlos y matarlos así. Gozaba en destruir la inocencia y en profanar la virginidad. Sentía un gran deleite al estrangular a niños de corta edad incluso cuando esos niños descubrían los primeros placeres y dolores de su carne inocente. Me gustaba poner mi miembro viril en los culos de las niñas que no sabían todavía para qué servían sus otras partes. Dejé que mi semen impregnara los cuerpos de estos niños y niñas hasta cuando estaban agonizando.





Éste no es el final de mis execrables crímenes. Siempre me he deleitado con la agonía y con la muerte. A aquellos niños de cuyos cuerpos abusé cuando estaban vivos, los profané una vez muertos. Después de que hubieran muerto, gozaba a menudo besándolos en los labios, mirando fijamente los rostros de los que eran más bellos y jugueteando con los miembros de los que estaban mejor formados. También abrí cruelmente los cuerpos de aquellos pobres niños o hice que los abrieran en canal a fin de poder ver lo que tenían dentro. Al hacer esto mi único motivo era mi propio placer. Codiciaba y deseaba carnalmente su inocencia y su muerte. Con frecuencia, he de confesar, y mientras esos niños estaban muriendo, yo me sentaba sobre sus estómagos y experimentaba gran placer en oír sus estertores de agonía. Me gustaba que un niño muriera debajo de mi cuerpo, u observar como uno de mis criados cometía actos de sodomía con un niño o una niña y lo mataba después. Solía reírme a carcajadas a la vista de un espectáculo así en compañía de los mencionados Corillaut y Griart. Ordenaba que Griart, Corillaut y los otros convirtieran después en cenizas los cadáveres de mis víctimas (…)
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