Tema la novela española de la primera mitad del siglo XX. PÍO baroja y miguel de unamuno. Contexto histórico



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TEMA 6.- LA NOVELA ESPAÑOLA DE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX. PÍO BAROJA Y MIGUEL DE UNAMUNO.
 1.- Contexto histórico

Existe un amplio acuerdo en denominar Edad de Plata al período histórico que va de 1898 (pérdida de las últimas colonias españolas), hasta 1939 (fin de la Guerra Civil). La etiqueta historiográfica alude a la brillantez y altura que alcanzó la producción artística e intelectual de esa época.

La Edad de Plata abarca dos etapas: el reinado de Alfonso XIII (1902.1931) y la Segunda República (1931-1939), durante los cuales se suceden tres promociones de novelistas: novela modernista (Generación del 98: Valle-Inclán, Pío Baroja, Unamuno), la novela novecentista (Gabriel Miró, Pérez de Ayala, Ramón Gómez de la Serna) y la novela neorrealista (Ramón J. Sender, Cesar Arconada).

En el período comprendido entre 1939 y 1950 hay que distinguir entre la novela del exilio (Max Aub, Francisco Ayala, Ramón J. Sender, Rosa Chacel) y la novela en los años 40 en España (Torrente Ballester, Cela)


2.- Edad de Plata

Si el siglo XIX fue el del nacimiento y desarrollo de la novela como género burgués basado en la reproducción fiel de la realidad social, el siglo XX ha sido el de la crisis del realismo y la búsqueda de nuevos caminos novelísticos. Las múltiples vías de esa búsqueda afecta a dos aspectos: el argumento y los temas, por un lado, y, por otro las estructuras y técnicas narrativas.


2.1- Novela modernista

Puede afirmarse que el siglo XX empieza, por lo que respecta a la novela española, en 1902, año en que se publican cuatro importantes obras que suponen una ruptura con el realismo del siglo XIX: La voluntad, de José Martínez Ruiz (Azorín); Camino de perfección, de Pío Baroja; Amor y pedagogía, de Miguel de Unamuno; y Sonata de otoño, de Ramón María del Valle­-Inclán. El propósito ya no es reflejar objetivamente la realidad, sino que ésta aparece diluida como un trasfondo de las experiencias subjetivas o de los problemas de conciencia.


Temas.
- El tema de España: en sus obras mezclan el dolor y el amor por España. Rechazaron a parte de la política del momento, “la ramplonería” y el “espectáculo” deprimente de la sociedad. Exaltaron, sobre todo en su madurez, “una España eterna y espontánea” (Azorín); de ahí su interés por el paisaje, por la vida de los pueblos y por la historia.

- Las tierras de España: junto a su visión del atraso y la pobreza convive una exaltación lírica de los pueblos y del paisaje. Sobre todo de Castilla, en la que vieron la médula de España. Su atracción por lo austero de las tierras castellanas supuso una nueva manera de mirar, una nueva sensibilidad.

- La Historia: por debajo de la “historia externa” (reyes, batallas…), les atrajo lo que a Unamuno llamó la intrahistoria, “la vida callada de los millones de hombres sin historia que con su labor diaria han hecho la historia más profunda” (M. Unamuno).

- Anhelo de Europeización: apertura a Europa y revitalización de los valores propios, “tenemos que europeizarnos y chapuzarnos de pueblo” (M. Unamuno).

- Las preocupaciones existenciales: los personajes de las novelas se interrogan sobre el sentido de la vida humana, sobre el tiempo, la muerte etc. Y son frecuentes los sentimientos de hastío de vivir o de angustia.

- El problema religioso: los noventayochistas fueron agnósticos en su juventud, se mantiene así Baroja toda su vida. Unamuno en perpetua lucha entre la razón y la sed de Dios, fue un temperamento profundamente religioso, pero angustiado y fuera de la ortodoxia católica. Azorín y Maeztu adoptaron con el tiempo posiciones católicas tradicionales.


2.2- El estilo: renovación estética.

- El Subjetivismo. No les interesa la presentación pura de la realidad sino su reflejo en el individuo y los procesos que desencadena en la conciencia de él; la realidad queda teñida por la sensibilidad personal mediante un empleo especial del lenguaje.

- Renovación de la lengua literaria. Reaccionaron por igual contra el retoricismo con sobriedad, y contra el prosaísmo de la literatura anterior con gran cuidado de la forma (del S. XIX admiran a Bécquer); no obstante cada uno de ellos tiene un estilo diferenciado como el tono apasionado de Unamuno, la limpia concisión de Azorín, el aparente desaliño de Baroja o el sabio desgarro de Valle- Inclán.

- Gusto por las palabras tradicionales y terruñeras. Incorporan en sus relatos las palabras “sabrosas” que se van perdiendo, sobre todo en las grandes ciudades, Unamuno, Azorín…pusieron en circulación un enorme caudal léxico que recogieron en los pueblos o recogieron de los clásicos, llevados de su amor a lo castizo y a nuestras raíces culturales.

- Innovación también en los géneros literarios. Ha sido el grupo del 98 quien configuró el ensayo moderno, haciéndolo apto para recoger las más variadas reflexiones o vivencias. La novela se enriqueció con nuevas técnicas. Menor eco tuvieron ciertos intentos de renovar el teatro, dejando aparte el singular caso de Valle – Inclán.
 Autores.


2.1.1.- José Martínez Ruiz , Azorín (1873- 1966)

La novela se convierte en un género híbrido de narración, ensayo y poema en prosa. En sus obras, la peripecia argumental carece de importancia, dado que a los personajes nunca les suceden hechos extraordinarios. Una débil trama sirve para ensartar pormenorizadas descripciones de la naturaleza, de recintos cerrados, de caracteres e impresiones. Esto confiere a sus novelas una acusada parsimonia narrativa y un intenso subjetivismo.

Los dos temas fundamentales de sus novelas son el paso del tiempo y la creación literaria.

Su estilo se caracteriza por la precisión, la concisión, por su vastísimo vocabulario y por una sintaxis seca y escueta.

Novelas: La voluntad , Las confesiones de un pequeño filósofo y Los pueblos y Castilla (de inspiración autobiográfica), Doña Inés, Félix Vargas (obras experimentales de su segundo período) El escritor (escrita tras la guerra)


2.1.2.-Ramón María del Valle-Inclán (1866- 1936)

La producción novelística de Valle-Inclán se organiza en tres ciclos:

a)   El ciclo simbolista lo componen cuatro novelas Sonata de otoño (1902), Sonata de estío (1903), Sonata de primavera (1904) y Sonata de invierno (1905), que representan la culminación de la prosa modernista española, musical y preciosista.

b)   La trilogía La guerra carlista está integrada por Los cruzados de la causa (1908), El resplandor de la hoguera (1908)y Gerifaltes de antaño (1909). Serie de novelas más legendarias que históricas, sobre la Galicia rural, en las que ensaya el camino del primitivismo.

c) El ciclo de las novelas esperpénticas es la expresión plena de su visión demoledora y grotesca del mundo contemporáneo. Tirano Banderas, El ruedo ibérico.

La lengua literaria de Valle-Inclán es la más elaborada de su época. En su primera etapa cultiva una prosa modernista, pletórica de efectos sensoriales y musicales. En la segunda, afluyen a su estilo expresiones y modismos coloquiales y jergales, que se mezclan con arcaísmos y madrileñismos.

Los otros autores de este tipo de novela son Unamuno y Baroja, que estudiaremos más adelante.


2.2. Novela novecentista

La novela de este período tiende, por un lado, al intelectualismo y, por otro, al formalismo lírico. La intención estilística renovadora se advierte:

En la novela lírica de Gabriel Miró (1879-1930) Es un ejemplo de escritor puro, entregado a su obra (Nuestro padre San Daniel, El obispo leproso),

En la novela intelectual de Ramón Pérez de Ayala (1880- 1962). En la década de los veinte escribió Berlamino y Apolonio, Luna de miel, luna de hiel y Tigre Juan se trata de novelas intelectuales.

En la novela vanguardista de Ramón Gómez de la Serna (1888-1963). Ramón Gómez de la Serna fue el pionero en la introducción de las vanguardias en España. Lo más característico de su producción son las greguerías, imágenes lírico-humorísticas que, de modo ingenioso, se establecen relaciones insólitas y faltas de lógica entre dos objetos o conceptos. Como novelista dinamitó el género desbaratando su cohesión estructural y haciendo descansar la unidad de las obras más en la repetición de algunos motivos que en una trama sólida, Cinelandia, El novelista, Automoribundia.
 2.3.- La vuelta del realismo (novela neorrealista)

A la deshumanización y la pureza literaria de los años veinte siguieron en los treinta la rehumanización y la defensa de un arte impuro (politizado y henchido de sentimientos). En este nuevo clima surgió una novela neorrealista empeñada en señalar acusadoramente las desigualdades y la explotación de los humildes, en la que sobresalió fundamentalmente el aragonés Ramón J. Sender (1902-1982) que con su novela Imán nos ofrece una cruda visión de la guerra de Marruecos




3.- Pío Baroja
3.1.- Vida y pensamiento

Nació en San Sebastián en 1872. Estudió medicina y se doctoró con una tesis sobre las consecuencias psíquicas sobre el dolor. Abandonó muy pronto el trabajo de médico. En Madrid, colaboró en diversos periódicos. Sus novelas, cuentos y artículos se suceden de un modo incesante. Desarrolló una notoria actividad política, pero terminó desengañado. Tras la Guerra Civil permanecerá en España hasta su muerte en 1956.

La vida para Baroja carece de sentido, está sujeta al azar y los seres humanos son tipos peligrosos que no le inspiran confianza. El rasgo esencial en Baroja es su pesimismo existencial, su desconfianza en el hombre y en el futuro. Se entiende así la aspiración barojiana a la ataraxia, a la abstención de actuar, pues toda acción es dañina y produce dolor, y más aún en los seres sensibles y conscientes. Hay en su obra un constante enfrentamiento entre vida y pensamiento, pues los seres que más piensan son los que más sufren. El ideal de Shopenhauer de alcanzar la serenidad por medio de la abstención y la autolimitación aparece constantemente en su obra. Para los inadaptados protagonistas de sus novelas, el amor no es tampoco una solución, puesto que sólo es, como la religión, otra mentira vital.

Bajo el desencanto, el escepticismo y la desilusión, hay una esperanza de raíz romántica, que se advierte en la minoritaria, pero real presencia de personajes positivos en sus novelas.


3.2.- Etapas y obra

La crítica suele reconocer dos etapas en su producción.

En la primera etapa sus novelas se caracterizan por su variedad temática. Es la más importante literariamente. Aparecen en ella obras muy significativas: Camino de perfección (1902), La lucha por la vida (trilogía compuesta por La busca 1904; Mala hierba 1904 y Aurora roja 1905), El árbol de la ciencia (1911). Sus protagonistas, que en muchos rasgos son trasuntos biográficos del escritor, se caracterizan por su inadaptación y su enfrentamiento con el mundo. En esta época escribe también algunas novelas de acción y aventuras que preludian sus novelas posteriores: Zalacaín el aventurero (1907).

Muchas sus novelas están agrupadas en trilogías. Algunas de éstas son: Tierra vasca (La casa de Aizgorri, El mayorazgo de Labraz y Zalacaín el aventurero), La vida fantástica (Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox, Camino de perfección y Paradox, rey), La lucha por la vida (La busca Mala hierba y Aurora roja), La raza (La dama errante, La cuidad de la niebla y El árbol de la ciencia).


En la segunda etapa publica numerosas novelas que insisten en los modos y técnicas narrativas anteriores. Se observa el predominio del relato de trasfondo histórico, y en ellas es habitual la perspectiva irónica. Memorias de un hombre de acción (1913-1935), veintidós novelas unidas por el tema, el ambiente y el protagonista, a través de ellas intenta narrar la vida española del siglo XIX. También pertenecen a esta etapa obras como: La sensualidad perdida, El gran torbellino del mundo y Los pilotos de altura.
3.3.- Ideas sobre la novela

Novela abierta, de construcción libre. Para Baroja las cualidades supremas del novelista son la capacidad de observación y la facultad inventiva, que le permite insertar los datos de la experiencia en un mundo imaginario. La novela admite todo tipo de fórmulas de realización: el libro filosófico, el libro psicológico, la aventura, lo épico, todo absolutamente. Por lo tanto para Baroja la novela es el género que mejor consiente la libertad de composición.

El héroe barojiano. Sus protagonistas, por lo general son seres inadaptados (bohemios, vagabundos, aventureros...) que suelen fracasar en su lucha vital. Aparecen caracterizados por lo que hacen y dicen, son pesimistas y desesperanzados y, al mismo tiempo, están dotados de una acción todopoderosa que, en la mayoría de los casos, se convierte en vana al no lograr vencer al mundo. Además de los protagonistas, incluye gran cantidad de personajes que se introducen en la acción central y luego desaparecen sin dejar rastro.

Las conversaciones constituyen la sustancia novelística de muchas de sus obras: los interlocutores defienden sus puntos de vista por medio de un diálogo sencillo y verosímil. Baroja practica incluso la novela dialogal en obras como La casa de Aizgorri, Paradox, rey.

Hay que destacar su maestría en la descripción: el escritor selecciona con habilidad los componentes de cada escenario, se detiene en el detalle brindando la sensación de estar en el lugar evocado. Describe con detalles significativos a los protagonistas y las condiciones de su entorno. En ocasiones sus descripciones paisajísticas interrumpen la tensión narrativa, y con este distanciamiento devuelve la objetividad al lector.

3.4.- Estilo

Frente a la novela cerrada del realismo, Baroja propone una novela abierta y cambiante, cuyo rasgo fundamental debe ser su amenidad. Otras características de su novela que se relaciona con el deseo de entretener al lector son la acción ininterrumpida, los rápidos cambios de escenario, la profusión de personajes, la concentración de escenas dialogadas.

Las novelas de Baroja no son fruto de un plan riguroso y, muchas veces, el personaje central es el único principio constructor de un relato con apariencia de fragmentario. Habitualmente, son novelas contadas en presente y con escasas vueltas atrás en el tiempo. El narrador está muy lejos del principio naturalista de la impersonalidad; por el contrario, comenta los sucesos que narra y adjetiva machaconamente a sus personajes, que quedan así definidos antes de que el lector pueda formar una opinión propia sobre ellos.

Estilísticamente, la prosa de Baroja es decididamente antirretórica: párrafos cortos, frases breves, lenguaje sobrio, claro y directo, sin circunloquios ni elementos superfluos, reducido uso de los nexos sintácticos...


4.- Miguel de Unamuno

4.1. Vida

Nació en Bilbao en 1864. Estudió Filosofía y Letras en Madrid. En 1891 obtuvo la cátedra de Griego en la Universidad de Salamanca, ciudad a la que quedó vinculado para siempre. Murió el último día de 1936.

Unamuno gustó siempre de la polémica, no dejó de combatir vehementemente todo aquello que le parecía mal. Su vida fue una constante lucha, una agonía ("lucha", en griego), lucha consigo mismo y contra las trivialidades de su tiempo, intentando sacudir las conciencias.

Fue novelista, poeta, ensayista y dramaturgo, pensador profundo, preocupado, en su juventud, por la regeneración de España y, en su madurez, por la pugna angustiosa del ser humano contra el no ser y la muerte.
4.2.- Concepción de la novela

Para Unamuno, la novela, más que el ensayo y la poesía, constituye el instrumento idóneo para expresar intuiciones fundamentales que, de otro modo no conseguirían un tratamiento sistemático. De esta manera, la novela se convierte en el medio más apropiado para interpretar la realidad.

Las novelas de Unamuno suponen una expresa ruptura con la novela relista, pues según dice él mismo, el realismo es cosa puramente externa, aparencial, cortical y anecdótica. Según Unamuno, es una novela "ovípara", diferente de las "vivíparas", nacidas vivas como los mamíferos. El autor separa, así, el procedimiento realista de acumular datos de otra técnica que es la que refleja la realidad. Juega con las técnicas narrativas, con la estructura de los relatos y con la concepción de los personajes, que pasan de ser entes de ficción a rebelarse contra su creador (Niebla). Además fue costumbre en Unamuno exigir la participación del lector con prólogos, epílogos..., en los que se proponen interpretaciones contradictorias de las obras o se polemiza sobre diversos aspectos de ellas. Las novelas son entonces un juego intelectual que propone al lector múltiples interrogaciones.

Otros rasgos definitorios de estas novelas son la concentración de la acción y la ausencia de descripciones, salvo las de carácter simbólico, porque lo importante es el desarrollo de los conflictos íntimos de los personajes (expresa los temas que le obsesionan: la afirmación de la personalidad, la lucha contra el instinto, el afán de dominio sobre los demás, la muerte...). Por eso, el tiempo y el espacio externos suelen ser imprecisos, ya que lo que interesa es el tiempo vivido en el ámbito de la conciencia. Pero no evita que muchos de los relatos se localicen en un espacio y tiempo concretos: la España provinciana de principios de siglo.

Como lo importante es la interioridad de los personajes, adquieren en la narración gran relevancia el monólogo y el diálogo, para plasmar las ideas e inquietudes de los protagonistas. Se da gran importancia a todo aquello que permite el conocimiento de la personalidad, los sentimientos y las pasiones de los personajes.
4.3.- Obra

Dedicó doce años a la documentación y gestación de su novela histórica Paz en la guerra (1897), es una novela realista con elementos autobiográficos.

Unamuno renegó de la escritura "ovípara" (que incuba la obra) a favor de una escritura "vivípara", que da luz una obra viva, sin preparación. El resultado fueron unas novelas de ideas, sin apenas descripción de las circunstancias exteriores de los personajes (aspecto físico, entorno), en las que se realizaba una exploración del mundo interior de éstos. Frente al realismo costumbrista Unamuno propugnó un realismo íntimo que fuera manifestación del "querer ser" de los personajes. Por ejemplo en Amor y pedagogía (1902) el escritor satiriza la pretensión cientificista de planificar la vida humana para conquistar la felicidad. Ante las objeciones de algunos críticos, que negaron a esa obra su condición de novela, Unamuno replicó años después subtitulando nivola su novela Niebla (1914), novela de la angustia existencial, la expresión novelística del anhelo de imposible inmortalidad.

Junto con Niebla otras obras de madurez son Abel Sánchez (1917), en ella aborda el tema de la envidia ciega. El tema del instinto y de maternidad frustrado aparece en La tía Tula (1921), San Manuel Bueno, mártir (1930), centrada en el martirio de un sacerdote que ha perdido la fe pero oculta su angustia para preservar la felicidad de sus feligreses.


4.4.- Estilo

Lenguaje tensado por las ideas y las emociones. Su estilo es despojado, austero, exento de halagos retóricos. El desgarro de Unamuno entre contrarios (la fe y la duda, la realidad y la historia, la razón y el corazón, España y Europa...) también se transmite a su escritura, llenándola de paradojas y antítesis que, en algunos casos, originan neologismos: intrahistoria, noluntad, nivola.

Utiliza técnicas narrativas diversas: novela dentro de la novela, manuscrito encontrado, diálogo con los personajes

Además de novelista, fue uno de los principales ensayistas de la época, de hecho su primer libro fue un ensayo: En torno al casticismo(1895). Otros ensayos importantes son: Vida de don Quijote y Sancho (1905), Del sentimiento trágico de la vida (1913), La agonía del cristianismo (1925)


5.- Novela del exilio


La prosa narrativa de los exiliados españoles alcanza una gran dimensión. No fue conocida en España a su debido tiempo y solamente los más famosos (Sender, Ayala, Aub) pudieron llegar, aunque tardíamente, a los lectores del interior.



Ramón J Sender buena parte de su producción novelística en el exilio está dedicada a la España del primer tercio del siglo XX y a la Guerra Civil, considerada desde perspectivas diversas. Lo autobiográfico y la España anterior a la guerra se aúna en la serie de nueve novelas titulada Crónica del alba. Su obra más conocida es la novela corta Réquiem por un campesino español (1960), en la que se exponen los problemas de conciencia de un cura que no había intentado evitar el asesinato de un campesino republicano tras haberlo entregado él mismo.

Francisco Ayala, conocido por sus colecciones de cuentos (Los usurpadores, Historia de macacos, El as de bastos... ) y dos novelas Muertes de perro (1958) y El fondo del vaso (1962), situadas en el subgénero de novelas de dictador, son una reflexión sobre el poder y la violencia y sus secuelas de corrupción y degradación moral.

Max Aub, en el exilio desplegó sus grandes dotes de escritor en novelas que van desde el realismo tradicional hasta el más audaz experimentalismo. Destaca su ciclo narrativo sobre la Guerra Civil, la serie de los Campos (1943-1968): Campo cerrado, Campo de sangre, Campo abierto, Campo del Moro, Campo Francés y Campo de los almendros. Rosa Chacel, en sus novelas no aparece el tono dolorido y angustiado del destierro, sino un proceso de indagación intelectual y psicológico. Memorias de Leticia Valle, Barrio de Maravillas.


6.- Novela de los años 40

Durante la posguerra, la novela, bajo un realismo decimonónico, refleja la ideología de los vencedores: Zunzunegui, José María Gironella, Rafael Sánchez Mazas.

Otras novelas acentúan la ambientación sórdida, las acciones violentas y la expresión abrupta para relatar historias más o menos truculentas. Para denominar este tipo de literatura, se ha hablado de tremendismo. Literatura violenta, de un naturalismo que refleja ambientes y personajes sórdidos y anormales, conductas bárbaras, espacios tenebrosos, se seleccionan los aspectos más duros y desagradables de la realidad, sin remilgos en el lenguaje: La familia de Pascual Duarte (1942) de Camilo José Cela (1916-2002) narra la historia de un campesino extremeño, que condenado a muerte, escribe la historia de su vida, llena de acontecimientos truculentos, asesinatos, violencia gratuita y horrores diversos.

 Dentro de la novela de corte realista cabe destacar a otros dos autores que dan a sus relatos cierto sesgo existencial. Miguel Delibes, quien en 1947 obtuvo el Premio Nadal con su primera novela La sombra del ciprés es alargada. Carmen Laforet, cuya primera novela Nada (1945) revela una realidad social exterior degradada y miserable, tanto en el aspecto material como moral, es la historia de una joven que va a estudiar a Barcelona y se encuentra dentro de la familia que la acoge con un mundo sórdido y mezquino.




Ies. Vadinia.- Lengua Castellana y Literatura 2014/15




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