Tema los paisajes vegetales españoles los factores determinantes de los paisajes vegetales españoles



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TEMA 6. LOS PAISAJES VEGETALES ESPAÑOLES

LOS FACTORES DETERMINANTES DE LOS PAISAJES VEGETALES ESPAÑOLES.

La biogeografía es una rama de la Geografía que explica la distribución del mundo viviente a partir de datos sobre el clima, los suelos y la vegetación. La situación en la faja meridional de la zona templada y la posición en la parte occidental del continente europeo, frente al Atlántico, son los factores fundamentales que condicionan la diversidad vegetal peninsular. A ellos habría que añadir el Clima, el Relieve, la Litología y la Edafología.

CLIMA

Es el más importante. Las características climáticas de la Península Ibérica, ya analizadas en otro tema, son fundamentales a la hora de hablar de vegetación. A grandes rasgos se ve influenciada por:



-Masas de aire atlánticas que aportan humedad y temperaturas suaves.

-Masas de aire europeas y centroeuropeas que provocan olas de frío y masas de aire africanas que provocan olas de calor.

-Situaciones anticiclónicas (sobre todo el Anticiclón de las Azores) que proporcionan tiempo estable y soleado.

-Lluvias de carácter orográfico.

Durante el Pleistoceno, debido a condicionantes climáticos (mayor pluviometría y temperaturas más reducidas) el poblamiento vegetal de la Península Ibérica era distinto al actual. Las especies dominantes eran robles, quejigos, hayas, etc. Posteriormente, con el aumento de las temperaturas y la reducción de las precipitaciones, estas especies son sustituidas por formaciones más termófilas y xerófilas, destacando la encina, de hojas coriáceas duras de gruesa cutícula.

RELIEVE


La forma de la Península y la disposición de la Meseta (elevada y rodeada por sistemas montañosos) hacen que el interior de la Península esté caracterizado por la continentalidad. Las nubes encuentran barreras montañosas y por ello se producen precipitaciones de carácter orográfico. Asimismo pueden proteger de precipitaciones y de invasiones de aire frío como sucede con el Sistema Ibérico respecto a la comunidad valenciana o el Sistema Bético respecto a zonas de Granada y Almería.

LITOLOGÍA

Atendiendo a la roca madre los suelos pueden ser silíceos (sueltos y permeables), arcillosos (compactos e impermeables) o calizos (permeables y pastosos al humedecerse). Hay que tener en cuenta que las especies vegetales presentan preferencias respecto a sus asentamientos. Encontramos árboles que prefieren terrenos silíceos y otros calizos.

EDAFOLOGÍA

La edafología es la ciencia que se ocupa del estudio de los suelos. El suelo es la capa superficial que resulta de la alteración de las rocas y que contiene una multitud de seres vivos y materias orgánicas (humus o mantillo) sujeta a muy distintas transformaciones. Junto a estos componentes sólidos, también se hallan otros líquidos en disolución y gaseosos.

Si trazamos un perfil del suelo observaremos que se distinguen una serie de capas a las que llamamos horizontes (y no se deben confundir con los estratos). Hay suelos incipientes que se encuentran en formación; en los maduros se distinguen los siguientes horizontes:



1) Horizonte A

Es el más superficial, con gran contenido en humus y de color oscuro; el agua transporta las sustancias hacia niveles inferiores.



2) Horizonte B

Es más claro por la ausencia de humus, distinguiéndose una primera capa que forma con el anterior el suelo propiamente dicho y otra más profunda que recibe las soluciones de las capas superiores.



3) Horizontes C y D

Se hallan en relación con la roca madre según esté o no meteorizada.

Los factores que inciden en la formación del suelo son de dos tipos: físicos y biológicos. Entre los primeros destacan los materiales litológicos de los que procede: el suelo será autóctono si es resultado de la alteración de materiales predominantes en un lugar y alóctono si ha sido transportado. El clima es también muy importante tanto por la humedad y precipitaciones (arrastre de sustancias) como por las temperaturas que incrementan las actividades bioquímicas o la evaporación. El viento y las pendientes acusadas favorecen su erosión. Entre los factores biológicos influye tanto la vegetación de árboles y arbustos (empobrecimiento de los suelos o aumento de la fertilidad) como las bacterias y hongos que favorecen la formación del humus. Finalmente se ha de considerar la acción humana.

Los SUELOS del clima OCEÁNICO

Están bastante evolucionados y son ricos en materia orgánica. Las lluvias constantes lavan los estratos superficiales y arrastran las sustancias fértiles hacia los estratos inferiores. En todos los suelos ácidos el abonado es una exigencia para su aprovechamiento agrícola. El tipo dominante es la tierra parda, que es una excelente tierra de cultivo. Cuando la pendiente donde se asienta aumenta, puede dedicarse a pastizales. En la zona oceánica también abundan los suelos jóvenes o ranker, situados sobre roquedo silíceo en las zonas más altas o de mayor pendiente. Son suelos sometidos a fuerte erosión, lo que explica su escaso espesor (el horizonte orgánico reposa directamente sobre la roca madre). Sólo son aptos para pastos y bosques, nunca para cultivo.

Los SUELOS del clima MEDITERRÁNEO

Se encuentran hoy muy alterados por la erosión y la acción del ser humano. Las rocas calizas sufren un proceso lento de disolución del carbonato cálcico. Ello da lugar a suelos de diversa riqueza, caracterizados por su color rojizo oscuro debido al óxido de hierro. El suelo rojo mediterráneo constituye un excelente terreno de cultivo. También podemos encontrar la terra rossa en proceso de formación por descomposición, cuyo horizonte arcilloso reposa directamente sobre la roca madre caliza en algunas áreas (páramos), lo cual produce frecuentes afloraciones rocosas que dificultan la mecanización. Sobre él dominan los matorrales o bosques adehesados y cultivos marginales como el almendro y el olivo.

En las rocas silíceas, como las del Oeste peninsular, la evolución del suelo es mucho mayor. El tipo más característico es la tierra parda meridional, fácilmente erosionable por su estructura suelta. Se dedica o bien a dehesas de encina y a pastizales pobres, o bien, cuando se abona y encala (se añade caliza para corregir su acidez) a cereales.

En las arcillas “tenaces” (muy finas y cohesionadas) y margas surgen los vertisuelos, que se hinchan cuando se humedecen y se contraen cuando se secan. Durante el verano se abren grietas, que se rellenan con otros materiales. Es característico del Valle del Guadalquivir y de la Tierra de Barros (Badajoz).

En las tierras de clima mediterráneo más árido los suelos dependen en gran parte de la roca madre. El más característico es el suelo gris estepario o subdesértico, que aparece en el sudeste peninsular y algunas áreas del valle medio del Ebro. Como la vegetación que soporta es escasa y abierta, deja grandes espacios de tierra al desnudo. Su aprovechamiento en secano es prácticamente nulo. En regadío es bastante fértil; aunque hay que tener presente el problema de su fácil salinización, debido a la acusada evaporación de las zonas donde se encuentra.

Los SUELOS del clima CANARIO

Aunque existe una amplia variedad de suelos (vertisuelos, pardos, rankers, etc) destacan sobre el resto los suelos volcánicos, sobre todo basálticos, poco evolucionados pero rico en componentes productivos.



LOS PRINCIPALES DOMINIOS VEGETALES ESPAÑOLES.

La Península presenta más endemismos (elementos propios de un país, en este caso vegetación autóctona) que cualquier otro territorio de extensión similar en Europa. Las especies endémicas ocupan áreas muy localizadas, como por ejemplo el pinsapo en la Sª de Grazalema y Sª de Nieves. El hecho de que España se incorporase tardíamente a la industrialización evitó impactos que mermaron en Europa parte de sus recursos naturales. Actualmente la actividad del ser humano pone en peligro las especies vegetales también en España.



VEGETACIÓN DE LA ESPAÑA HÚMEDA

Comprende el Norte y NO de la Península Ibérica. Debido a la alta pluviosidad y a su proximidad al mar cuenta con el espacio de mayor riqueza vegetal de la Península. Es el dominio del bosque caducifolio, constituido principalmente por robles y hayas. En el sector cantábrico la especie dominante es el CARBALLO (Quercus robur) hasta 800-1.000 m y Quercus Petrae hasta los 1.300 m. Por encima de los 800-1.000 m en suelos básicos aparece el bosque de HAYAS (Fagus Sylvatica); sin embargo, puede aparecer por debajo si están orientados hacia el norte. Las hayas son exigentes en cuanto a humedad y resistentes a las bajas temperaturas. La disposición horizontal de sus hojas provoca una sombra muy densa, que impide el desarrollo del sotobosque. Junto a robles y hayas aparecen, alisos, sauces y fresnos que completan el paisaje vegetal originario. No obstante, el hombre ha introducido otras especies como el castaño (Castanea Sativa), (ahora se dice que se han encontrado restos fósiles), pinos (Pinus Insignis) y eucaliptos, que han sido objeto de acciones de repoblación debido a su crecimiento rápido y su aprovechamiento económico.

Por otra parte, la degradación del bosque ha dado lugar a la aparición de LANDAS: formación de helechos, tojos y brezos. Asimismo encontramos PRADOS en laderas y en los fondos de los valles, empleados en ocasiones para uso agroganadero.

Las áreas de transición entre la España húmeda y la España seca se encuentran fundamentalmente en las vertientes meridionales de los Pirineos y la Cordillera Cantábrica. Los árboles predominantes son el ROBLE REBOLLO o MELOJO (Quercus Pyrenaica) y el QUEJIGO (Quercus Faginea). El roble rebollo es una especie que se acomoda a los suelos silíceos y que soporta bastante bien el frío. El quejigo es un árbol relativamente pequeño, de hoja pequeña y coriácea, que no gusta de ambientes fríos pero que soporta la disminución de las precipitaciones.



VEGETACIÓN DE LA ESPAÑA SECA

El área mediterránea es la más extensa. Está caracterizada por la sequía estival, mínimo secundario de invierno y lluvias equinocciales; en cuanto a las temperaturas, son suaves en primavera e invierno (según las regiones) y elevadas en verano. La gran extensión que ocupa esta región provoca contrastes muy acusados; por ejemplo los que se dan entre el centro peninsular (clima mediterráneo continentalizado) y las costas mediterráneas donde las temperaturas son mucho más suaves en invierno.

La vegetación se adapta al rigor térmico, a la aridez y al carácter de los suelos. Dominan, en general, las plantas con raíces profundas, leñosas y de carácter xerófilo, es decir, adaptadas a la sequedad.

El árbol característico es la ENCINA (Quercus Ilex). Su ubicuidad determinó que se expandiera por gran parte de la Península Ibérica: sudeste de Galicia, Girona, etc., pero la mayor concentración se da en las penillanuras de Zamora, Salamanca y Extremadura. Es un árbol que crece lentamente, de hojas pequeñas y coriáceas (tienen una espesa cutícula para evitar la evaporación por la radiación solar). Tiene un amplio sistema de raíces para aprovechar al máximo las escasas precipitaciones, por lo que soporta sin dificultad largos períodos de aridez. Aparece formando bosques cerrados o bosques abiertos (dehesas) o en forma de monte bajo. En la Submeseta Norte se ha aprovechado para carboneo y pastoreo del ganado ovino. En Extremadura, en cambio, se aprovechan las bellotas para alimentar el ganado porcino.

En las zonas más elevadas y de mayor rigor térmico la encina es sustituida por ENEBROS (Juniperus Communis) y SABINAS (Juniperus Thurifera). Se sitúan en los estratos de páramo calizo, al este de las cuencas sedimentarias del Duero, Tajo-Guadiana y márgenes del Ebro.

Sobre suelos silíceos y más húmedos aparece el dominio del ALCORNOQUE (Quercus suber). Resiste peor las heladas y la sequía que la encina. Necesita 600-1.000 mm/año, áreas con temperaturas medias entre 14º-17º C, de inviernos suaves. No se da en suelos calizos. La morfología es muy similar a la de la encina, pero se diferencia por la capa corchosa y el verde más oscuro de las hojas. Aparece en Extremadura, Cádiz y Girona. El alcornoque se está expandiendo debido al aprovechamiento de su corteza para la obtención de corcho y los diferentes usos de su madera (toneles, construcción naval).

Los OLMOS (Ulmus Nigra), ÁLAMOS, CHOPOS (Populus Nigra y Populus Alba) , SAUCES, ALISOS, FRESNOS se sitúan en las riberas de los ríos.

Dentro del bosque mediterráneo encontramos algunas especies de pinos. El PINSAPO (Abies Pinsapo) es una especie endémica, actualmente muy protegida, que se localiza en las sierras de Cádiz y Málaga. El PINO CARRASCO (Pinus halepensis) se localiza en las provincias costeras del Mediterráneo y puntos de Aragón. Sus condiciones óptimas se dan en altitudes inferiores a 600 m. PINO PIÑONERO (Pinus Pinea) lo podemos encontrar en Gerona, Barcelona, Albacete, Huelva, Cádiz, Valladolid... PINO RODENO O MARÍTIMO (Pinus Pinaster) se encuentra en casi toda la Península (falta en Baleares).

La degradación del primitivo bosque de encinas ha dado como resultado el predominio de las zonas de matorral. Cuando aparecen suelos ácidos crecen los madroños, los acebos, y los brezos, que reciben el nombre de MAQUIS. Sobre suelos calcáreos o calizos aparece la GARRIGA, compuesta por la coscoja, el tomillo, el romero, etc.. El maquis es más rico en especies, denso y alto; la garriga es más baja, se considera una etapa inferior del maquis.

En el sudeste peninsular el PALMITO, el ESPARTO y el AZUFAIFO o el ESPINO NEGRO ocupan los sectores más secos y degradados.



VEGETACIÓN DE MONTAÑA

El escalonamiento vegetal en las montañas españolas es evidente, aunque varía de unos sistemas montañosos a otros. El techo del bosque suele localizarse en los 1.600 m en la Cordillera Cantábrica y los 2.500 m en los Pirineos. Son varios los hechos que explican esta estratificación:

-Las precipitaciones de carácter orográfico (vertiente barlovento-vertiente sotavento).

-El descenso de la temperatura en relación con la altitud: 0'65º C cada 100 m.

-La exposición de las vertientes al sol también condiciona el desigual desarrollo de la vegetación sobre éstas. Las vertientes orientadas hacia el Sur, denominadas de solana, presentan una mayor incidencia de la acción solar, mientras que las orientadas al Norte, llamadas de umbría, retienen más la humedad. Esto hace que la vegetación presente un desarrollo desigual, siempre con especies más termófilas en alturas superiores en la solana que en la umbría.

LA MONTAÑA ALPINA

Los Pirineos constituyen desde el punto de vista de la vegetación, una prolongación de las cordilleras alpinas. En los Pirineos hasta los 1.000 m encontramos encinas, robles; los pinos silvestres (Pino Sylvestris) superan este límite. En el piso subalpino (de 1.200-1.600 hasta 2.300-2.400 m) aparecen abetos y pinos negros. El abeto (Abies Alba) no tolera los suelos encharcados. Es un árbol de gran porte, que puede llegar hasta los 40 y 50 m de altura. La copa tiene una forma más o menos cónica, y el denso y oscuro follaje origina una acusada disminución de la luz, por lo que el sotobosque es normalmente pobre. Con cierta frecuencia se mezcla con el haya y constituye bosques mixtos.

Los bosques de pino negro (Pinus Unciata) son más extensos que los de abetos y se desarrollan a mayor altitud. Este tipo de pino es un árbol no muy alto, de tronco grueso, copa cónica, capaz de resistir condiciones extremadamente duras. Cuando se desarrolla en buenas condiciones constituye bosques muy densos con sotobosque arbustivo formado por rododendros y arándanos. Cuando la exposición al sol reduce la humedad, desaparece esta vegetación. Los pinos reducen acusadamente su densidad y se hace abundante el enebro en forma de pequeñas matas y el piorno. (Esta vegetación, cuando los bosques de pino negro se aclaran por la acción del hombre, se adensa y constituye un espeso matorral).

El piso alpino en los Pirineos comprende de los 2.300-2.400 hasta los 3.000 m. Está formado por prados (de festuca) y otras plantas y flores. Esta formación de prado tiene un período vegetativo corto, ya que pasa 7 u 8 meses cubierta por la nieve. En este piso abundan los sectores constituidos por rocas desnudas y canchales poblados por pequeñas plantas que aprovechan el escaso suelo de las rendijas, pero que en conjunto quedan poco visibles.

El piso nival no alcanza superficies importantes en los Pirineos, como en ninguna parte de España; corresponde a los sectores situados por encima de los 3.000 m. La vegetación es casi inexistente.

LA MONTAÑA DE TRANSICIÓN

Una gran parte de las montañas de la Península Ibérica, desde el punto de vista de la vegetación, presenta unas características intermedias entre los rasgos de las montañas atlánticas y de las montañas mediterráneas.

-Montañas de transición hacia el Atlántico

Dentro de este apartado se encuentran las montañas de la Cordillera Cantábrica. Su disposición paralela a la costa y su proximidad al mar ocasiona una pluviosidad elevada. En cuanto a los principales rasgos de la vegetación, cabe destacar la desaparición del piso subalpino o de las grandes coníferas. Hasta los 1.500 m aproximadamente, y según la orientación (solana, umbría) podemos encontrar robles, encinas y en las zonas más elevadas hayas (más exigentes en cuanto a humedad). Por encima de los 1.500-1.700 m la vegetación está constituida por brezos, genistas, etc, afines a la landa atlántica, los cuales en las mayores altitudes dejan lugar al prado alpino.


-Montañas de transición hacia el Mediterráneo

Se consideran como tales, principalmente el Sistema Central y el Sistema Ibérico. Aquí el verano inicia ya una cierta sequía y aparecen con mucha más frecuencia las especies mediterráneas. La ausencia de coníferas puede relacionarse aquí con una falta de precipitaciones o con un excesivo calor. En las zonas más bajas del Sistema Central encontramos encinas, alcornoques, pinos y castaños. A partir de los 1.000 m las especies predominantes son el quejigo, el rebollo y los pinos silvestres. A partir de los 2.000 m abunda el enebro enano que deja paso a los prados a medida que es mayor la altitud. Bastante similar es el Sistema Ibérico, aunque en la vertiente septentrional pueden aparecer hayas y a partir de los 2.000 m el piorno y el enebro enano.

LA MONTAÑA MEDITERRÁNEA

Al sur y al este de los anteriores sectores son poco importantes las áreas que puedan ser consideradas como alta montaña, siendo la de mayor entidad la de Sierra Nevada. La característica climática fundamental es la existencia de un verano que puede considerarse seco. Hasta los 2.000 m encontramos encinas, varios tipos de robles (rebollo, quejigo) y pino carrasco, etc. En las zonas más elevadas aparecen especies orófilas y matorrales. Los pedregales y la roca desnuda ocupan grandes extensiones, en relación con el clima y con un intensísimo pastoreo.



VEGETACIÓN DEL ARCHIPIÉLAGO CANARIO

La peculiaridad del clima canario y su disposición orográfica explican los contrastes entre la vegetación de las islas orientales y occidentales. En estas últimas, en las zonas bajas, se encuentran las plantas xerófilas (Cardón y Tabaiba), junto con árboles aislados tales como Palmeras o el Drago; en el piso intermedio se localizan los bosques de Pinos y laurisilva; a mayor altitud aparecen especies subalpinas endémicas, como la Violeta del Teide.

Las islas orientales, mucho más áridas y de menor altitud, y constituidas por un material volcánico relativamente reciente, cuentan con una vegetación de carácter estrictamente xerófilo.

LA DIVERSIDAD BIOGEOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN.

Las formaciones vegetales varían en función del relieve, el clima, el suelo y la actuación humana, que ha modificado la vegetación natural.

En la depresión del Duero la vegetación arbórea está muy degradada por la intervención humana y por la aridez. En los páramos, cuestas y campiñas el tipo predominante era la encina, pero ha perdido extensión a favor de los cultivos; los pastos; otros árboles, como el pino, (Tierra de Pinares, al sur del Duero) y de matorrales, favorecidos por la acción antrópica, los incendios y la sequía. En las orillas de los ríos tenemos vegetación de ribera (chopo, sauce, fresno, aliso). En los piedemontes aparecen el roble rebollo, la encina y el matorral (brezo, jara, retama, tomillo).

En los rebordes montañosos encontramos diferentes formaciones. En la penillanura domina la dehesa de encina, entremezclada con rebollo, quejigo y alcornoque. En la montañas es donde mejor representados están los bosques. Según la altura y los tipos de suelo:

-robles, suelos silíceos,

-hayas, suelos calizos y húmedos de la Cantábrica y las umbrías del Ibérico,

-sabinas, suelos calizos y clima riguroso, como el Ibérico, páramos sorianos y el sector oriental de la Cantábrica,

-castaños,

-pinos, en la Sierra Pinariega de Burgos y Soria, Pinar de Lillo en los Montes de León y zonas de repoblación, como Valsaín en Segovia,

-abedul, en los Montes de León.

En las zonas más altas tenemos matorral de piorno y escobonales, y en las cumbres, prados.
CONCEPTOS

-Formación vegetal:

-Matorral:

-Vegetación xerófila:

-Suelo:

-Bosque caducifolio:



-Cliserie:

-Repoblación forestal:

-Bosque mediterráneo:
PRÁCTICAS:

-Mapas sobre dominios vegetales españoles generales o específicos.



-Algunas cliseries significativas (Pirineos, Sistema Central, Sistema Ibérico, Cordillera Cantábrica)




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