Terapia familiar



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Terapia familiar

Últimos títulos publicados:



  1. B. P. Keeney y O. Silverstein - La voz terapéutica de Olga Silverstein

  2. M. Adolfi - Tiempo y mito en la psicoterapia familiar 25. W. H. O'Hanlon - Raíces profundas




  1. H. C. Fishman - Tratamiento de adolescentes con problemas

  2. M. Selvini Palazzoli y otros - Los juegos psicóticos en la familia

  3. T. Goodrich y otras - Terapia familiar feminista

  4. L. Onnis - Terapia familiar de los trastornos psicosomáticos

  5. A. Ackermans y M. Andolfi - La creación del sistema terapéutico

  6. S. de Shazer - Claves para la solución en terapia breve

  7. A. M. Sorrentino - Handicap y rehabilitación

  8. L. Cancrini - La psicoterapia: gramática y sintaxis

  9. W. H. O'Hanlon y M. Weiner-Davis - En busca de soluciones

  10. C. A. Whitaker y W. M. Bumberry - Danzando con la familia

  11. F. S. Pittman III - Momentos decisivos

  12. S. Cirillo y P. Di Blasio - Niños maltratados

  13. J. Haley - Las tácticas de poder de Jesucristo

  14. M. Bowen - De la familia al individuo

  15. C. Whitaker - Meditaciones nocturnas de un terapeuta familiar

  16. M. M. Berger - Más allá del doble vínculo

  17. M. Walters, B. Cárter, P. Papp y O. Silverstein - La red invisible




  1. Matteo Selvini - Crónica de una investigación

  2. C. Raush Herscovici y L. Bay - Anorexia nerviosa y bulimia




  1. S. Rosen - Mi voz irá contigo

  2. A Campanini y F. Luppi - Servicio social y modelo sistémico

  3. B. P. Keeney - La improvisación en psicoterapia

  4. P. Caillé - Uno más uno son tres

  5. J. Carpenter y A. Treacher - Problemas y soluciones en terapia familiar y de pareja

  6. M. Zappella - No veo, no oigo, no hablo. El aulismo infantil

  7. J. Navarro Góngora - Técnicas y programas en terapia familiar

  8. C. Madanes - Sexo, amor y violencia

  9. M. White y D. Epston - Medios narrativos para fines terapéuticos

  10. W. Robert Beavers y R. B. Hampson - Familias exitosas

  11. L. Sega! - Soñar la realidad

  12. S. Cirillo - El cambio en los contextos no terapéuticos

  13. S. Minuchin - La recuperación de la familia

  14. D. A. Bagarozzi y S. A. Anderson - Mitos personales, matrimoniales y familiares

  15. J. Navarro Góngora y M. Beyebach - Avances en terapia familiar sistémica

  16. B. Cade y W. H. O'Hanlon - Guía breve de terapia breve

  17. B. Camdessus y otros - Crisis familiares y ancianidad

  18. J. L. Linares - Identidad y narrativa

  19. L. Boscolo y P. Bertrando - Los tiempos del tiempo

  20. W. Santi y otros - Herramientas para psicoterapeutas

  21. M. Elkaím - La terapia familiar en transformación

  22. J. L. Framo - Familia de origen y psicoterapia

  23. J. Droeven (comp.) - Construyendo más allá de pactos y traiciones

  24. M. C. Ravazzola - Historias infames: el abuso en las relaciones

  25. M. Coletti y J. L. Linares - La intervención sistémica en los servicios sociales ante la familia multiproblemática

  26. R. Perrone - Violencia y abusos sexuales en la familia

  27. J. Barudy - El doctor invisible de la infancia

  28. S. Minuchin - El arle de la terapia familiar

Salvador Minuchin Wai-Yung Lee, George M. Simón

El arte

de la


terapia familiar



w

PAIDÓS


Barcelona

Buenos Aires

México


Título original: Masteriitg Family Therapy. Joumeys of Growth and Transformation Publicado en inglés por John Wiley & Sons, Inc., Nueva York y Toronto

Traducción: Víctor Manuel Arnáiz Adrián Revisión técnica: Carlos de la Hera Narganes

Cubierta de Mario Eskenazi

*

I." edición, 1998

Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autori¿ación escrita de los titulares del «Copyright», bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendi­dos la reprograh'a y el tratamiento informático, y la distribución de ejempla­res de ella mediante alquiler o préstamo públicos.

© 1996 by John Wiley & Sons, Inc.

© 1998 de la traducción by Víctor Manuel Arnáiz Adrián

© de todas las ediciones en castellano,

Ediciones Paidós Ibérica, S.A.,

Av. Diagonal, 662-664 - 08034 Barcelona

ISBN: 84-493-0572-1 Depósito legal: B-44.218-2006

Impreso en Book Print Digital, S. A.

Botánica, 176-178 - 08908 L'Hospitalet de Llobregat

i"m™m f n F.snaña - Printed in SDain

Para Andy Schauer (1946-1994), un amigo

franco y amable, que vivió su vida sin resentimientos y

nos dejó antes de su hora.

SUMARIO


Agradecimientos 11

Prólogo, Braulio Montalvo 13

Prefacio, Salvador Minuchin 15

Primera parte FAMILIAS Y TERAPIA FAMILIAR



  1. Terapia familiar: una dicotomía teórica 21

  2. Familias particulares: todas las familias son diferentes ... 35

  3. Familias universales: todas las familias son semejantes ... 47

  4. Terapias de familia: práctica clínica y supervisión 57

  5. El encuentro terapéutico 77

Segunda parte HISTORIAS DE SUPERVISIÓN

  1. La supervisión en el encuentro terapéutico 97

  2. La feminista y el profesor jerárquico

Margaret Ann Meskill 105

8. Una cabeza, muchos sombreros



Hannah Levin 119

9. La poetisa y el percusionista



Adam Price 133

10. El retorno del «hijo edípico»



GilTunnell 151

11. En el crisol



Israela Meyerstein 165

12. Enfrentarse al gorila



Dorothy G. Leicht 181

13. Hombres y dependencia: el tratamiento de una pareja


del mismo sexo

David E. Greenan 195

10 EL ARTE DE LA TERAPIA FAMILIAR

14. El pintor al excremento



Wai-Yung Lee 213

15. Llenando el vaso vacío: la historia de Andy Schauer



Wai-Yung Lee 237

Epílogo, Salvador Minuchin 253

Bibliografía 255

índice analítico y de nombres 257



*

1

AGRADECIMIENTOS

Para comenzar, estamos profundamente en deuda con los terapeutas cuyos capítulos conforman la segunda parte de este volumen. Sin sus va­lerosos deseos de exponer su trabajo clínico a examen público, este libro se hubiera convertido en una árida aventura académica de dudosa utili­dad para todos aquellos que se encuentran implicados en el arduo traba­jo de practicar y supervisar la terapia familiar.

Quisiéramos reconocer la contribución de Richard Holm, nuestro miembro facultativo asociado del Centro Minuchin para la Familia. Ri­chard, aunque sea de forma invisible, está presente por doquier en este li­bro. Sus contribuciones van de lo sublime a lo meticuloso: desde ayudar­nos a cristalizar algunas de las ideas teóricas hasta trabajar en el análisis de las cintas de vídeo.

Cualquier autor puede sentirse agraciado si encuentra un editor que pueda entender el material y mejorarlo. En la escritura de este libro fui­mos afortunados; tuvimos a tres de estos editores. Francés Hitchcock se dedicó a las transformaciones básicas cuando el material salió de nues­tros procesadores de textos. Nina Gunzenhauser nos previno sobre los errores en el manuscrito cuando creíamos que éstos ya no existían. Y Jo Ann Miller, directora ejecutiva de John Wiley, aportó su conocimiento del área y la habilidad para integrar el trabajo de varios escritores en un vo­lumen coherente.

Vaya también nuestro profundo agradecimiento para Lori Mitchell, Jenny Hill y Gail Elia. Trabajaron incansablemente y con una paciencia diplomática para reescribir las numerosas revisiones que sufrió el ma­nuscrito.

Finalmente, quisiéramos dar las gracias a nuestras esposas: Patricia Minuchin, Gail Elia y Ching Chi Kwan. Ellas nos acompañaron a lo largo de este libro y representan lo mejor de la complementariedad en el traba­jo y el matrimonio.






PRÓLOGO

Este libro constituye una caja de herramientas de valor incalculable. La primera parte es una contribución pionera, en la cual Salvador Minu-chin expone su visión particular sobre las principales ideas de los máxi­mos exponentes de la especialidad, seleccionando algunos de los concep­tos y las técnicas más excitantes para la ayuda de familias problemáticas.

En la segunda parte, escucharemos las voces individuales de nueve te­rapeutas supervisados mientras pugnan por transformarse a sí mismos y a las familias a su cargo, bajo la guía maestra de su supervisor. Les vere­mos mejorar la propiedad y complejidad de sus intervenciones y observa­remos cómo aprenden a abandonar metas utópicas. Veremos cómo em­plean las reacciones catalizadoras de Minuchin y compartiremos su dolor y alegría mientras mejoran sus habilidades y realzan sus estilos.

El modo en que se relata cada historia del terapeuta, así como los co­mentarios sobre la evolución de su trabajo, hacen que la lectura de este li­bro sea como asistir a una «clase magistral». Seguimos la perspectiva del estudiante y del profesor y observamos cómo éstas interactúan y afectan a la terapia. En este trabajo impresionan los ejemplos expuestos: una am­plia galería de «accidentes» del Manual diagnóstico y estadístico (DSM) de altos niveles de dificultad.

Para el novel que busca nuevas aproximaciones a aquellos proble­mas que a primera vista parecen individuales El arte de la terapia fami­liar es una fuente eminentemente rica. Para el terapeuta experimentado que persigue formas nuevas de romper sistemas patológicos, de ampliar las diferencias y de desafiar lo usual, la cosecha nunca habrá sido tan abundante. Este libro será particularmente provechoso para estimular 'a imaginación del supervisor. Todos los que nos hemos encontrado en conflicto con la dirección elegida por el supervisor, aprenderemos de las mgeniosas maneras que encuentra Minuchin para resolver los conflictos y promover el crecimiento. Muestra cómo el supervisor puede aprove­char las diferencias entre él y sus alumnos, y entre éste y la familia con la que trabaja, transformando tales diferencias en un conflicto producti-vo, en una solución inesperada a la vez que curativa. Enseña a emplear eficientemente el instrumento más fundamental del supervisor: la habi­lidad para unirse con el estudiante en un diálogo honesto y vigoroso

14

EL ARTE DE LA TERAPIA FAMILIAR


donde ambos persigan con avidez los medios de anticipar y crear esce­narios.

Estas ideas no encajan dentro de una área inclinada a sacrificar el em­pleo de conversaciones evocativas y probatorias por la planificación y puesta en marcha de intervenciones terapéuticas. Estas ideas no se aco­modan con un protocolo breve y atomizado concebido como el medio principal de entrenamiento. Sin embargo, sí pertenecen a cualquier esce­nario profesional en el que se emplee un tipo de terapia centrada en la fa­milia y ejecutada por sujetos que valoren sobre todo la relevancia y utili­dad de las intervenciones. Estos clínicos acogerán con avidez el tema principal del libro: el descubrimiento de metas viables y la improvisación de una trayectoria terapéutica flexible, a través del entendimiento siste­mático de las familias. La guía de Minuchin para lograr tal empresa cul­tiva y libera la imaginación bruta del terapeuta: la capacidad ilimitada para desarrollar nuevas opciones. Enseña cómo asumir las diferentes fór­mulas en función de las necesidades de cada caso.

En el futuro, cuando el campo de la terapia familiar sea examinado y las herramientas de su taller inventariadas, El arte de la terapia familiar será concebido como algo más que el mero trabajo de un brillante artesa­no de cuya fragua se extrajo una colección extraordinaria de herramien­tas que continúan moldeando el área de la terapia familiar. Será recorda­do como una fuente literaria central a la hora de inspirar a los terapeutas a encender su imaginación y forjar sus propias armas para ayudar con mayor efectividad a las familias con las cuales trabajan.

Braulio Montalvo





PREFACIO

En una ocasión, un sabio anciano rabino escuchaba con afecto a sus dos discípulos más brillantes enzarzados en una polémica discusión. El primero presentó su argumentación con una convicción apasionada. El ra­bino sonrió de forma aprobatoria: «Eso es correcto».

El otro seguidor defendía lo contrario de modo convincente y claro. El rabino sonrió de nuevo. «Eso es correcto.»

Los discípulos, atónitos, protestaron. «Rabino, no podemos estar am­bos en lo cierto.»

«Eso es correcto», replicó el sabio anciano rabino.

Al igual que el sabio anciano rabino, los autores mantienen dos pun­tos de vista diferentes con relación a la formación del terapeuta familiar. Meyer Maskin, un supervisor analítico brillante y cáustico del Instituto Wi-lliam Alanson White, solía contar a sus alumnos cómo en cierta ocasión, cuando deseaba construirse una casa de verano, le pidió a un arquitecto que le mostrara los planos de casas que había diseñado con anterioridad. Después fue a mirar su aspecto una vez que estaban terminadas. Aquí Maskin realizaría una pausa para lograr un golpe de dramatismo. «¿No deberíamos realizar un proceso idéntico y riguroso cuando buscamos un analista? Dicho de otra manera, antes de que iniciemos juntos el ar­duo periplo psicológico, ¿no deberíamos observar de qué modo ha cons­truido su vida el potencial terapeuta? ¿En qué grado se entiende a sí misma? ¿Qué clase de esposa es? Y lo que es más crucial, ¿cómo educa a sus hijos?»

Otro observador igualmente crítico, el terapeuta familiar Jay Haley, diferiría con el anterior punto de vista. Haley afirma que conoce a mucha «buena gente» y padres modelos que son terapeutas mediocres o nefas­tos; él también conoce buenos terapeutas familiares cuyas vidas persona­les son un desastre. Ni las habilidades de la vida, ni el autoconocimiento alcanzado a través del psicoanálisis mejoran la capacidad del terapeuta para convertirse en un clínico mejor. La habilidad clínica, haría notar, re­quiere de un entrenamiento específico en el arte de la terapia: cómo pla­near, dirigir, reordenar las jerarquías. Eso sólo se puede adquirir, de­fendería, a través de la misma supervisión de la terapia. Según Haley, para conocer la calidad de un terapeuta familiar, se necesitaría entrevis-


16 EL ARTE DE LA TERAPIA FAMILIAR

tar a sus pacientes. Incluso cualquier trabajo escrito de un terapeuta sólo nos daría información acerca de sus habilidades literarias, no sobre las terapéuticas.

Así que nos encontramos en un aprieto porque, al igual que en la his­toria del rabino, ambos bandos difieren absolutamente y estamos de acuerdo con los dos. En escritos anteriores, he indicado cómo respondo a las necesidades específicas de los clientes empleando diferentes facetas de mí mismo. Mi experiencia acerca de la influencia que la familia ejer­ce sobre mí, modula mis respuestas hacia ellos. Este aspecto de la tera­pia requiere ciertamente un autoconocimiento. Pero Haley está en lo cierto cuando afirma que las respuestas terapéuticas no están guiadas por el autoconocimiento, sino por el conocimiento de los procesos de funcionamiento de la familia y de las intervenciones dirigidas hacia su cambio.

Para escapar de esta paradoja, algunas escuelas de terapia familiar pi­den a sus alumnos que entren en psicoterapia durante su entrenamiento. De hecho, éste es un requisito para licenciarse en algunos países euro­peos. Recordamos las primeras estrategias de Virginia Satir y Murray Bo-wen sobre la reconstrucción familiar cuando enviaban a sus estudiantes a modificar las relaciones con sus familias de origen. Cari Whitaker solía tomar en terapia a sus estudiantes como parte del entrenamiento. Más re­cientemente, Harry Aponte y Maurizio Andolfi han desarrollado técnicas de supervisión que pretenden el autoconocimiento como terapeutas.

La estrategia de supervisión, con la cual confrontamos esta paradoja, consiste en centrarnos en el estilo preferente del terapeuta —esto es, el uso que hace de un grupo delimitado de respuestas previsibles bajo cir­cunstancias diferentes—. Un terapeuta puede centrarse en exceso en el contenido; otro podría percibir cierta conducta a la luz de una ideología particular como, por ejemplo, el feminismo. Algunas veces el estilo se re­laciona con respuestas caracteriológicas básicas del terapeuta, tales como la evitación del conflicto, una posición jerárquica, miedo al enfrenta-miento, un foco exclusivo en la emoción o la lógica, o una preferencia por los finales felices. Pero, en la mayoría de los casos, el estilo del terapeuta manifiesta elementos que son menos visibles para el propio terapeuta, como, por ejemplo, centrarse en pequeños detalles, permanecer distante, ser indirecto, hablar demasiado o carecer de ideas propias.

Así, dos terapeutas con una visión similar de una situación familiar y con las mismas metas terapéuticas, responderán ante la familia de dos maneras diferentes, idiosincrásicas. Esta diferencia en el estilo puede ejercer un efecto considerable sobre el curso de la terapia; algunas res­puestas son mejores que otras. Mi acercamiento a la supervisión, por tan­to, es comenzar trabajando con el terapeuta en la comprensión de su es­tilo preferido. ¿Qué respuestas de su repertorio emplea con mayor frecuencia? Las acepto. Son correctas. Después, las declaro insuficientes. El estilo del terapeuta es correcto en tanto funciona, pero se puede desa­rrollar. El terapeuta que se centra en el contenido puede aprender a diri­gir su atención a las interacciones que acontecen entre los miembros de



1

PREFACIO

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la familia; el terapeuta cautivado por la trama de la historia puede apren­der el arte de una intervención discontinua.

Sea cual fuere el estilo que identifiquemos al comienzo, éste se con­vierte en el punto de partida. Desafiamos al terapeuta a que amplíe su re­pertorio, a que sea capaz de responder a una diversidad de perspectivas de manera complementaria a las necesidades de la familia. La meta es un clínico que pueda manipularse a sí mismo en interés del cambio terapéu­tico, sin dejar de ser espontáneo.

Cari Whitaker, que fue un terapeuta versátil y único, comunicó a través de la enseñanza la necesidad de adoptar una diversidad de roles durante el trabajo con la familia. Le encantaba contar historias de cuando era «niña». Esta libertad para ser proteico y a la vez fiel a uno mismo, es la que intentamos impartir a nuestros estudiantes.

La supervisión exitosa da lugar a un terapeuta diferente de su super­visor, pero también distinto de la persona que era antes del proceso de su­pervisión. El truco es respetar los límites de la vida privada del estudian­te durante el proceso de autotransformación.

Acerca del libro

Hemos dividido el libro en dos partes. En la primera parte examina­mos las diferentes teorías sobre la terapia familiar y describimos un mo­delo terapéutico intervencionista, modelo que está a la base de nuestra supervisión de terapeutas en prácticas. Esta parte del libro fue escrita conjuntamente por los tres autores mencionados en el título, quienes comparten sus perspectivas sobre la familia y la terapia familiar que se desarrolla a lo largo del volumen. Por lo tanto, la voz del autor en esta dis­cusión será el «nosotros» y alude a nosotros tres. La mayor parte del es­tudio sobre el encuentro terapéutico y su supervisión hace referencia al trabajo individual efectuado por Minuchin y cuando se emplea el pro­nombre «yo» se alude a él.

La segunda parte es una respuesta a las sugerencias de Haley respecto a que el modo de saber si un terapeuta lo hace bien es preguntando a las familias. Pedimos a nueve estudiantes del curso avanzado de entrena­miento que hablen con Minuchin sobre sus experiencias en la supervisión y el efecto de ésta en la práctica clínica. El autor y los alumnos supervisa­dos comienzan sus relatos describiéndose a sí mismos como miembros de sus familias de origen. (Tal actividad no forma parte del curso de entrena­miento; les fue asignada sólo a propósito de este volumen.) El resultado es una galería completa de terapeutas familiares, trabajando todos ellos con un supervisor, encontrándose con un grupo diverso de familias. Será fácil aPreciar que ninguno de ellos es un clon de Minuchin.

Supervisor y alumno son sorprendidos en la misma experiencia. Es-tan unidos en la meta de crear un terapeuta complejo, flexible, un clínico ^e tenga una experiencia terapéutica satisfactoria con la familia. El pro­ceso influye en ambos. El profesor no sólo respondió a nivel intelectual



18 EL ARTE DE LA TERAPIA FAMILIAR

sino que fue un participante activo. Y, finalmente, supervisor y estudian­te se beneficiaron de la comprensión de su propia experiencia, así como de sus limitaciones.

En los capítulos 7-15 los pasajes en cuerpo menor y redonda reflejan los comentarios de Minuchin sobre los casos.

Esperamos que ambas secciones de este libro, la teórica y la práctica, transmitan el complejo y gratificante proceso de dominar la terapia fami­liar.

Salvador Minuchin

<*

Primera parte FAMILIAS Y TERAPIA FAMILIAR


1




1. TERAPIA FAMILIAR

Una dicotomía teórica
Madre (con impaciencia): ¿Quieres contarle lo que hiciste?

David: Oh, sí, mi ojo, me lo he frotado un poco. No debía hacerlo. El impulso no iba a durar tanto.

Gil (suavemente): David, ¿dónde estaban tus padres antes de que te entraran las ganas? ¿Qué estaban haciendo?

La clase del miércoles, tras el cristal unidireccional, se dedica a obser­var a Gil con la familia de David. David, de veinticuatro años, ha pasado el último año de su vida bajo vigilancia psiquiátrica. Cuando la compul­sión de frotarse el ojo amenazaba con cegarle, no parecía que existiese al­ternativa a la hospitalización. Gil fue, en un principio, su terapeuta indi­vidual, pero durante los últimos cuatro meses éste ha estado trabajando con David y sus padres.

En estos cuatro meses, Gil ha estado mostrando vídeos de la terapia al grupo. Hoy por primera vez asistimos a la sesión de familia en vivo. Nos sentimos como si conociéramos bien a estas personas. Estamos familiari­zados con la forma en que los padres prestan atención a David. Cada de­talle de su conducta llega a estar dotado de sentido y es una preocupación para ellos. No puede ocultarlo.

El padre, una figura gris, parece dubitativo, deseoso de ser útil. La cara redonda de la madre parece más cercana a la de David de lo que no­sotros, los miembros del grupo, creemos necesario. Las torpes explica­ciones de David se dividen equitativamente entre ellos; primero trata de satisfacer a su madre, después a su padre. Es evidente que su misión es agradar.

Gil, un psicólogo nacido y criado en el sur, tiende a relacionarse con la gente manteniendo una distancia respetuosa. Como terapeuta, prefiere las interpretaciones moderadas en un tono delicado.

Minuchin (el supervisor, al grupo): Creo que Gil les dice que el hecho de que David se frote los ojos está desencadenado por la proximidad de la "ladre. Él es tan considerado con el poder de las palabras que piensa que lo han entendido. Pero ellos se encuentran en otra órbita. Gil necesitará aprender a gritar antes de que puedan escucharle.

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