Teresa de jesús blanch bretó Prudencia y caridad



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TERESA DE JESÚS BLANCH BRETÓ

Prudencia y caridad


23 de junio de 1876, 22 años

Teresa Blanch1 nació el 14 de enero de 1854 en Godall, pueblecito cercano a Tortosa (Tarragona), en una familia cristiana, de labradores, gente sencilla y trabajadora. D. Agustín Roses, párroco de Godall, fue testigo de la piedad juvenil de Teresa. Otras jóvenes del pueblo con los mismos ideales cristianos que ella fueron: Teresa Plá, maestra recién llegada y Dolores Llorach, hija del médico.

En 1873, D. Agustín llamó a predicar al pueblo al joven sacerdote de Tortosa, D. Enrique de Ossó. En aquel momento estaba dedicado a difundir la Archicofradía de Hijas de María y Teresa de Jesús, fundada por él este mismo año y que tuvo una rápida difusión por el levante español. En Godall, la Asociación fue muy bien acogida y formaron parte de ella, Dolores y las dos Teresas.

Teresa Blanch tuvo varias conversaciones con D. Enrique. Estando el primer grupo de jóvenes con doña Magdalena en Tarragona fue a verlas y la acogieron como una más del grupo. Ella refirió los hechos: “Antes de ir a Tarragona pasé por Tortosa. Allí, primero que a las demás jóvenes que después formaron nuestro Instituto “Compañía de Santa Teresa de Jesús”, el Siervo de Dios me leyó el plan que tenía escrito para fundar una Asociación de Maestras católicas según el espíritu de Santa Teresa de Jesús. Este plan había sido aprobado ya por su confesor y por el Obispo de Tortosa. Al invitarme a pasar una temporada en Tarragona se proponía que yo tratase en la intimidad a las jóvenes allí reunidas y le informase después de sus aspiraciones y necesidades…”2. Parece que allí no encontró la soledad y la vida interior, contemplativa que buscaba. Cuando se disponía a regresar a su pueblo sucedió un hecho que resultó ser importante: “Al despedirme para volver a Godall, estando ya a punto de salir de Tarragona, mi amiga Dolores se puso a llorar amargamente. Viendo su pena me rogó nuestro Padre que me quedase algunos días con ella para consolarla. .Accedí a quedarme en Tarragona, ¡pero sólo unos cuantos días! La providencia fue disponiendo las cosas de manera que no volví más a la casa de mis padres. Dos meses más tarde, el 23 de junio de 1876, el Siervo de Dios fundó la Compañía de Santa Teresa de Jesús y yo fui una de las ocho fundadoras del Instituto”3. En junio de 1876, Enrique había presentado el plan de la Compañía a las jóvenes de Tarragona. Alguna se echó atrás. La mayoría aceptaron entrar en el proyecto que Enrique les proponía. Teresa Blanch asistió a los Ejercicios Espirituales que hicieron con él. Al salir se comprometía con el plan de Enrique: “D. Enrique nos explicó detalladamente el fin que se proponía en aquella nueva obra teresiana para que supiésemos a qué nos obligábamos y más tarde no nos llamáramos a engaño. En la iglesia de Nuestra Señora de la Enseñanza, en Tarragona, nos comprometimos a vivir en comunidad, a observar el reglamento provisional que nuestro Padre nos había dado y a dejarnos gobernar por su dirección, órdenes e instrucciones verbales y escritas”4.

Era la fiesta del Sagrado Corazón, 23 de junio de 1876. Este nuevo grupo que se preparaban para maestras tenían que estudiar con tesón. El estudio era una de las primeras exigencias del Fundador. Era fundamental para el apostolado de la Compañía.

Su director más asiduo durante este período de formación fue D. Agustín Ferrer, amigo de Ossó. El y Enrique fue moldeando el espíritu de Teresa Blanch. Estuvieron cerca el P. Martorell, sj y el Dr. Sanuy, confesor ordinario de la comunidad.

Cuando vinieron las primeras dificultades y algunas abandonaron el naciente Instituto y Blanch a mediados de agosto de 1877 regresó unos días a su casa para reponerse y el 12 de septiembre regresó . Elegidas por el padre fundador quedaron como ‘hermana mayor’, Teresa Plá; como vicesuperiora, Teresa Guillamón, y Saturnina como secretaria cuando el grupo se estableció en la casa de la calle San Pablo nº 4. En junio de 1878, Teresa Blanch, Saturnina Jassá y Cinta Talarn, se examinaron de magisterio en Huesca.

En Tarragona el día último del año 1878, hacia las once de la noche, las fundadoras pasaron al primer piso donde funcionaba el noviciado y se reunieron en el pequeño oratorio, sólo decorado por nos cuadros en el fondo y una sencilla mesa de altar. Estuvo Enrique de Ossó. Se oró en silencio. Se escuchó su palabra y a medianoche las ocho fundadoras recibieron de su mano, por delegación del arzobispo, el hábito5. El 1 de enero de 18796, en la capilla de San Pablo, emitió los votos junto a las ocho fundadoras. Una a una pronunciaron la fórmula de consagración. La cuarta fue Teresa Blanch.

Después, se desplazó a Barcelona al frente de un grupo de hermanas que fijaron primero su residencia en la calle Ramilleras y después en Frenería y el Bruch. Con Teresa Blanch formaban la comunidad, Dolores Llorach, Cinta Talarn, Agustina Alcoverro y una hermana ayudante que se ocupaba de las tareas de la casa. Recibían clases de dibujo, caligrafía, bordado, pintura e iniciación en los últimos métodos pedagógicos. Vivieron con mucha pobreza7.

En mayo de 1879 se había colocado en Jesús, Tortosa, junto al convento de las carmelitas, la primera piedra de noviciado y futura Casa Matriz de la Compañía. En septiembre llegaron Saturnina con un grupo de novicias a habitar la casa a medio construir. El 12 de octubre de 1879 se erigió canónicamente el noviciado de Jesús, Tortosa. Quedaba al frente la M. Saturnina, ejerciendo al mismo tiempo de superiora y maestra de novicias8. En octubre de 1879 Enrique de Ossó encargó a Teresa las educandas que quedaban en Tarragona9. El 20 de diciembre de 1879 al fundarse Roda de Bará, fue como directora del colegio10, estuvo solamente el primer curso, volviendo a Tortosa como maestra, a últimos de septiembre de 188011. La nueva formadora tenía como instrumento las primeras Constituciones entregadas por el Fundador el 23 de junio de 1879, tres años después de fundada la Compañía, y contaba también con la cercanía de Enrique de Ossó.

Los testimonios de quienes fueron sus novicias coinciden en la forma de tratarlas que tenía: Intuición que le ponía en contacto con las personas, acierto en la intervención interior y suavidad en su magisterio espiritual. No se alteraba ni impacientaba; aunque corregía cuando debía hacerlo, sin herir a nadie por la prudencia y medida de sus palabras. Era muy amante de la pobreza y tenía espíritu de oración. La veían como una “regla viva”.

La Virgen de Montserrat estuvo muy presente en la formación y desarrollo de la Compañía. Como gratitud el padre fundador quiso consagrársela solemnemente después de ser coronada su imagen y declarada patrona de Cataluña por el papa León XIII. La consagración de la Compañía se celebró el 7 de octubre de 1881, fiesta de la Virgen del Rosario, coincidiendo con el catorce aniversario sacerdotal de Enrique de Ossó, que había celebrado en Montserrat su primera misa en octubre de 1867, celebró una misa a la que asistieron muchas hermanas que habían sacado el título de maestras en varias escuelas Normales y era costumbre ofrecerlos a la Virgen de Montserrat. Teresa Blanch no estuvo presente, pero en el noviciado, donde era Superiora y Maestra de Novicias se simultaneó la ofrenda que se hacía en Montserrat.

El 15 de octubre de 1882, se celebró en la Iglesia y en el Carmelo, el Tercer Centenario de la muerte de Santa Teresa. La Compañía también lo festejó. D. Enrique reunió en la Casa Matriz y noviciado de Tortosa, a las ocho Fundadoras. La mañana del día 15, fiesta de Santa Teresa, hicieron votos perpetuos. Los primeros emitidos en la Compañía. Una vez más, los recibió el Fundador, como delegado del Obispo de la diócesis. Al atardecer del mismo día, congregadas las religiosas en presencia del Fundador, procedieron a la elección de Superiora General. Hasta ese momento había ejercido las funciones, a título de Hermana Mayor, la M. Saturnina Jassá, elegida por Enrique de Ossó. Ahora, por primera vez las electoras confirmaron unánimemente la anterior elección del Fundador, reeligiéndola para el cargo. Teresa Blanch, como Superiora local fue la primera en prestarle obediencia.

Del 16 de julio al 27 de agosto de 1883 hicieron varias Fundadoras y un grupo de Madres más antiguas, un breve período de Tercera Probación o segundo noviciado. El 19 de agosto entraron de Ejercicios y el 27 clausuraron esta etapa con el “Juramento de Perseverancia”. Las primeras fueron las Saturnina Jassá, Teresa Blanch y Teresa Plá.

En el verano de 1887, la M. Blanch asistió a la reunión, del 15 de julio hasta el 15 de agosto, convocada por Enrique de Ossó en Barcelona, calle San Elías, 4, San Gervasio que juntó a las fundadoras y las superioras de la Compañía. Tuvo carácter de Capítulo general de asuntos. Se examinaron uno a uno los artículos de las Constituciones antes de presentarlas a la Santa Sede; se trató de potenciar el progreso espiritual, intelectual y material de la Compañía, la organización de los colegios y muchos detalles más. Resultado del Capítulo fue la primera aprobación pontificia del Instituto con el documento “Decretum Laudis”.

Teresa Blanch en Tortosa recibió la convocatoria para reunirse en Barcelona con las religiosas que iban a asistir al Capítulo, y hacer Ejercicios con Enrique de Ossó. Llegó a Barcelona el 14 de diciembre de 1889. A fines de mes estaba de vuelta en Tortosa, dónde había de reunirse la asamblea. Bajo la presidencia del obispo D. Francisco Aznar y Pueyo, las capitulares procedieron a la elección de la superiora general y consultoras. Lo excepcional del momento era que a partir de este Capítulo la Compañía había de regirse por si misma obedeciendo exclusivamente las órdenes de la superiora general y su consejo12.

En el Capítulo de 1889, la M. Teresa Blanch fue elegida, el 31 de diciembre, vicesuperiora y visitadora general. Siguió el Capítulo de asuntos los primeros días de enero de 1890. Tuvo que abandonar el Noviciado. Fue sustituida por la M. Francisca Plá. El 27 de enero de 1890 salió del noviciado hacia Barcelona, a la calle San Elías, donde residía el consejo general, la comunidad de la casa, las religiosas estudiantes y alumnas internas. En abril de 1890 se trasladaron de la torre de la calle San Elías a la Casa Madre de Ganduxer, aún no terminada del todo. Teresa Blanch desempeñaba el cargo de superiora local.

El 2 de octubre de 1892 asistió en Montserrat a las Bodas de Plata sacerdotales del fundador, junto con las consejeras generales y un grupo de religiosas llegadas de América. En febrero de 1889 se inauguró el primer colegio de la Compañía en América, Puebla de los Ángeles. De allí llegaban solicitudes para nuevas fundaciones. El 5 de noviembre de 1894, embarcó hacia México con un grupo de hermanas destinadas a la fundación de Zacatecas. Al llegar la M. Blanch, existían ya en México cuatro colegios teresianos: Puebla, Morelia, Mérida y Chilapa. Se esperaba su llegada para ultimar la fundación de Zacatecas, que fue fácil13. Costó más la fundación de Toluca, el 1 de abril de 1895.

Pasó visita a las casas de México. De antemano, conocían los temas que iba a tratar: amor a Jesucristo, fidelidad a las Constituciones, amor fraterno, amor a la Virgen. Como antigua maestra de novicias de muchas hermanas tuvo con ellas un encuentro personal. Regresó a España llamada por D. Enrique ante la enfermedad grave de corazón de la superiora general. Este caso estaba previsto en las Constituciones y se indicaba que le sustituía la primera consultora con el cargo de vicesuperiora general. No fue posible porque la superiora general no consintió. Meses más tarde moría en Sancti Spiritus Enrique de Ossó. El telegrama recibido de Barcelona el 28 de enero de 1896, comunicaba la muerte del padre Fundador. Salieron hacia Gilet, Teresa Blanch, Plá y Alcoverro. Con ellas llegó a Sancti Spíritus el provincial de los Carmelitas Descalzos. Como recuerdo le entregaron a Teresa Blanch, las últimas cuartillas escritas por D. Enrique.

El 30 de diciembre de 1898 reunidas en la Casa Madre de Barcelona las capitulares procedieron a la renovación de cargos. La Madre Teresa Blanch quedó libre. Resultó elegida superiora general, Saturnina Jassá que estaba en México con las Religiosas de la Cruz, colaborando con ellas en los comienzos de su Instituto. El obispo D. Ramón Ibarra había obtenido el permiso para que estuviera con ellas durante tres años. Ello impidió que viniera a España y asumiera el generalato. En el mes de abril, de nuevo, Capítulo para nombrar superiora general. La M. Teresa Blanch no era electora y, por tanto, no asistía al Capítulo. Al ser elegida, el 11 de abril de 1899, fue llamada a la Sala Capitular. Aceptó el cargo, en presencia de D. Ricardo Cortés, delegado del Vicario Capitular de la Diócesis de Barcelona, sede vacante, para actuar como Presidente en el Capítulo.

En 1901 se inauguró el noviciado y se celebraron los 25 años de fundación de la Compañía. Se conmemoraron solemnemente, los días 13 y 14 de junio, en el Noviciado de Jesús, Tortosa. Este año tuvo para el Instituto valor jubilar. Asistieron dos Obispos: el de Tortosa, D. Pedro Rocamora, y el de Palencia, D. Enrique Almaraz. Siguieron ocho días de solemnidad religiosa. En la clausura, la M. Saturnina, Superiora del colegio Valencia, escribió una Memoria, leída por la Prefecta General de Estudios. En el acto literario celebrado en la conmemoración de las Bodas de Plata. Se decía: “Ahora, la Compañía cuenta con un personal de 440 hermanas y 67 que han muerto. Consta de cuatro provincias: Europa, África y las dos Américas. Tiene 35 colegios en los que se educan 9.000 alumnas y cada día ensancha más sus conquistas por medio de los tres apostolados de oración, enseñanza y sacrificio”. Por primera vez, la M. Teresa Blanch escribió una Circular a toda la Compañía invitando a dar gracias por los beneficios recibidos.

Un mes después en Roma, el Cadenal Carmelita Fr. Jerónimo María Gotti expedía en nombre del Papa, la aprobación definitiva del Instituto “atendiendo principalmente a las letras comendaticias de los Obispos de las Diócesis en que residen las hermanas”. El Decreto fue expedido el 16 de julio de 1901. A los dos años, el 15 de junio de 1903, eran aprobadas las Constituciones “ad experimentum”. La M. Blanch las presentó a través de una Circular. Unos años más tarde, en 1905 reunió lo que no se había recogido de las Constituciones de Enrique de Ossó y publicó el Directorio.

Durante su gobierno la vida de la Compañía se fue desarrollando con arraigo de la espiritualidad y con un crecimiento expansivo: Vinebre, 1887 (España); Patzcuaro, 1900 y Tehuantepec, 1904, en México. Ese mismo siete hermanas fueron a Nueva Nursia (Australia)14. En estas dos últimas fundaciones hubo problemas que obligaron a dejarlas.

Lo sucedido en Tehuantepec15 motivó la visita a los Colegios de México. El 1 de mayo de 1905 escribió una Circular a toda la Compañía, anunciando su viaje y dejando como consejo en su ausencia la caridad: “Caridad en las palabras, caridad en las obras, caridad en todo y para todos”. Estuvo en tierras mexicanas un año. Volvió a finales de marzo de 1906. En su despedida, escribió a las hermanas una entrañable Circular. El regreso fue con la Secretaria, dos profesas y quince postulantes que iban al Noviciado de Tortosa.

A los cuatro meses de regresar de México viajó a América del Sur. Pasó las navidades en Montevideo. Después visitó Rocha y Dolores. En marzo de 1907 regresaba a España. La primera fundación en América del Sur, había sido Rocha (Uruguay) en julio de 1899, durante su generalato, y enseguida le siguió Dolores (1903).

El 11 de abril de 1908 se cumplían los nueve años de mandato de la M. Teresa Blanch y terminaba el tiempo de gobierno. En el Capítulo fue elegida superiora general, Saturnina Jassá y Teresa Blanch como tercera consultora. En el mes de julio, Saturnina Jassá, Rosario Elíes y Teresa Blanch, iban a Sancti Spiritus para traer a la Compañía los restos del Fundador. Fueron llevados al noviciado, Jesús, Tortosa16.

En verano de este mismo año fue nombrada Superiora de la primera fundación llevada a cabo en el generalato de la M. Saturnina, en la Rambla de Cataluña (Barcelona). Abrió las clases en otoño del curso 1908-1909 con sólo tres alumnas mayores y unos veinticuatro de párvulos de ambos sexos. Formaban la comunidad ocho religiosas jóvenes. Fueron tiempos de pobreza. Teresa Blanch era austera consigo misma, pero amplia y espléndida con las hermanas. Lo era, sobre todo, en la formación de las niñas y con las enfermas. Era muy exigente con la preparación de las profesoras17. Estuvo en el colegio de la Rambla seis años y volvió como consultora general a San Gervasio.

En enero de 1915 se hallaba en Buenos Aires en calidad de Delegada de la Superiora General. Le acompañaron ocho religiosas destinadas a América del Sur. El objetivo del viaje era pasar Visita a los Colegios de América del Sur. Personalmente erigió el colegio de Buenos Aires. El 4 de abril se encontraba en Paraguay tramitando otra fundación teresiana. Concertada la fundación y con el acuerdo de enviar religiosas, regresó a Buenos Aires, y de allí a Río de Janeiro. Trabajó y se sacrificó en extremo por esta fundación18. Sólo le acompañó una hermana portuguesa. Un mes entero anduvieron buscando una casa. Por fin se pudo adquirir el local para el futuro Colegio, en Rua Hadock Lobo. Enseguida envió dos telegramas a España y Montevideo pidiendo hermanas para la fundación. Tras estar un poco de tiempo en Montevideo, a principios de noviembre volvió a Asunción. Todavía visitó algún otro colegio y desde Buenos Aires, el 2 de enero de 1916 regresó a España. Traía dos postulantes americanas. El 20 de enero estaba ya en Barcelona.

Permaneció unos años en la casa madre llevando una vida sencilla. Pasaba mucho tiempo en la capilla. En el Capítulo general celebrado en la casa madre, el 11 de abril de 1920 fue elegida de nuevo Superiora General. Enseguida se dirigió a toda la Compañía con una Carta Circular. Destacaban en ella múltiples expresiones de humildad y la petición a las hermanas de vivir en caridad.

Durante su gobierno se dieron acontecimientos importantes para la Compañía. Llegaron de Roma las Constituciones con las modificaciones jurídicas impuestas por la Sagrada Congregación a partir del nuevo Derecho Canónico. Con este motivo se dirigió otra Circular a la Compañía para ofrecer la nueva edición de las Constituciones y Directorio y exhortar a su cumplimiento. Las dos Circulares que abrieron su generalato recogían sus dos temas predilectos: la caridad y la observancia.

El año 1923 curación de Antonia Barrera Reig y Mª Cintra Monfort importantes para la Causa de Beatificación del padre Fundador. Dos años después, 1925 fue Año Santo. La Superiora General y su Consejo fueron a Roma. El Cardenal Protector tramitó la audiencia con el Papa Pío XI y personalmente las presentó a Su Santidad en recepción privada. El Papa bendijo a la joven Compañía. La M. Teresa Blanch obtuvo la aprobación de algunas variantes introducidas en las Constituciones al hacer la revisión de las mismas. Logró el permiso para fundar en Roma una Casa de la Compañía y, sobre todo, consiguió el poder incoar los Procesos de Beatificación del padre Fundador. Dejó en Roma, como encargado de la Causa al Rector del Colegio Español, D. Joaquín Jovani. Volvió a España con los poderes necesarios para que se nombrasen Vicepostuladores en las Diócesis de Tortosa y Barcelona y se procediese inmediatamente a la apertura. Esta fue la noticia que comunicó al llegar a España. La Circular del 30 de junio de 1925 rebosaba optimismo. Se encargó de recoger los recuerdos, cartas, etc. que tuvieran las hermanas del padre Fundador.

El 26 de noviembre de 1925 se iniciaba el Proceso de Beatificación del Siervo de Dios Enrique de Ossó y Cervelló en la Diócesis de Barcelona19, en la capilla de la Casa Madre. Teresa Blanch y asistieron su Consejo. Prestó juramento ante el Tribunal para declarar sobre las virtudes del Siervo de Dios. Dos años, el 15 de julio de 1927 se clausuraba el Proceso en la Casa Madre20. El Obispo precintó y selló los siete enormes volúmenes que contenían las declaraciones juradas. Simultáneamente se había terminado el Proceso incoado en la Diócesis de Tortosa.

En 1926 fueron las Bodas de Oro de la Compañía (1876-1926). Se hizo una solemne celebración en el Noviciado21 de Jesús, Tortosa. Asistieron el Arzobispo de Valencia y el Obispo de Tortosa. Junto a la tumba de Enrique de Ossó estuvo Teresa Blanch y las dos Consultoras, Saturnina Jassá y Teresa Plá.

La expansión de la Compañía en el segundo generalato de la M. Teresa Blanch se inició con la fundación de Oviedo. A lo largo del generalato hubo una amplia expansión. La Compañía estaba en España y Canarias, Portugal, Italia, etc. En 1926 en México hubo serios problemas. La persecución del gobierno que cada vez se iba haciendo cada vez más violenta, afectó a la Compañía22.

El 30 de octubre de 1927 inauguraba personalmente la Tercera Probación para las Profesoras de la Compañía, en el noviciado de Tortosa. Fue uno de sus deseos que pudo hacer realidad. Se reunirían durante un año para profundizar en la espiritualidad de la Compañía. La pequeña comunidad de trece probandas se puso bajo la protección de Cristo Rey, titular de la probación. La M. Teresa Blanch estuvo en la inauguración en el mes de noviembre y permaneció allí durante un tiempo. Con fecha 12 de diciembre de 1927 dirigió desde Tortosa una Circular a toda la Compañía, informándole de la realización del artículo 43 de las Constituciones, recientemente añadido a las mismas.

Antes de terminar su gobierno se despidió de las hermanas con una Circular de tono entrañable. Recomendaba la caridad, “ser un solo corazón y una sola alma”. Tenía 78 años la M. Teresa Blanch cuando, el 11 de abril de 1932, se celebró el Capítulo General. Resultó elegida Superiora General, la M. María de los Ángeles Folch. Teresa Plá, primera consultora y Teresa Blanch, segunda consultora.

Como todas las hermanas tuvo que salir de la casa madre al iniciarse la guerra civil. Las hermanas se refugiaron en casas de familias que se brindaron a acogerlas. La superiora general estaba pasando visita a las casas de América. El consejo general se refugió en un piso de la calle Pedralbes. Tuvieron que salir hacia Roma, junto con otras religiosas. Llegaron el 11 de agosto de 1936 y se dirigieron a Vía Fregene.

Al regresar la Superiora General de América encontró que la mayoría de los Colegios de la Compañía habían caído en manos de los revolucionarios. Le fue preciso ir al Colegio Pamplona para reunir de nuevo al Consejo General y proyectar la reagrupación de las hermanas. La M. Teresa Plá, salió de Roma el 7 de enero de 1937. La M. Blanch permaneció en Roma hasta el 6 de julio.

Barcelona fue liberada el 26 de enero de 1939, pero la casa madre, primero tomada por los revolucionarios y luego Asilo Municipal, no fue devuelta a la Compañía hasta el 29 de junio. El 16 de septiembre, después de reparada, la M. Blanch volvió a San Gervasio

Prudencia y caridad fueron las dos características de su gobierno. La humildad23 fue una virtud muy querida por Teresa Blanch. Prudentemente reservada, huía de lo espectacular. Mujer de notoria ascesis. La caridad fue una característica siempre activa. Sin hacer nunca distinciones tuvo una preferencia por los más débiles y los pequeños. Profesó un especial cariño a las novicias, las enfermas y las hermanas Ayudantes.

Trabajó por plasmar en si misma el ideal del Instituto, en hacer que la letra de la ley estuviese animada en cada hermana, haciendo una “regla viva” de cada una de las religiosas. Fue mucho el empeño en vivir las Constituciones y Directorio24. Su fidelidad al espíritu del Instituto fue el legado como Superiora y como Fundadora25.

De recia personalidad, “temple de acero” se mantuvo fuerte y serena ante cualquier dificultad. En momentos difíciles para la Compañía confío en que la Providencia aparecería cuando fuera necesario26. Mujer orante, de inconfundible espíritu, gran amor a la Virgen, en especial a la de Montserrat, y a Teresa de Jesús. Fiel a Enrique de Ossó y observante de las Constituciones. Sobria, prudente, discreta, mujer de silencio. Suave y tranquila, pero enérgica, supo unir caridad con autoridad. Humilde, con conciencia de no haber llegado nunca a la meta. Austera y sacrificada, vivió la pobreza de no exigir nada.



Son muchos los testimonios de hermanas que han quedado sobre la M. Teresa Blanch: “Amable, bondadosa, de una firmeza inquebrantable, unida a la suavidad. Apreciada por su amabilidad27. “Silenciosa, reservada. No había en ella cosas extraordinarias: lo que prescribe el Instituto, pero, extraordinariamente bien practicado. Su perfección era asequible y parecía fácil a todas28. “Tenía el secreto de suavizar los mandatos duros con una palabra delicada29. “De una prudencia extremada. Fe grande en la providencia, causa de la paz que reflejaba en su rostro, en sus palabras, en sus decisiones. Tenía gran amor al Fundador. Era gran apóstol y observante de las Constituciones 30. “De la madre Blanch, sólo puedo decir que siempre la vi con una eterna sonrisa. Cuando la recuerdo, me infunde paz 31. Durante la guerra civil española, sufrió mucho por el sufrimiento de las hermanas. Ella misma confesaba: “Sufro tanto pensando en lo que padecen las hermanas y en los peligros a los que están expuestas entre los enemigos de Dios, que mi corazón no puede resistir más” 32.

La actuación de la M. Blanch en el gobierno tuvo una doble característica: Suavidad firme y firmeza delicada33. Nada amiga de singularidades, jamás consintió que se hiciera con ella distinción en la comida, vestido, habitación, etc.34. Vivió el consejo de Teresa de Jesús a las Superioras: “Procuren ser amadas para ser obedecidas”. Jamás por su cargo se justificó nada que creyera que no debía concederse a sí misma. Tuvo mucho tacto para evitar alabanzas. Le gustaba celebrar su cumpleaños fuera de la Casa Madre para evitar trascendiera al Colegio y para evitar que le recibieran solemnemente en las casas, gran parte de sus visitas las hizo por sorpresa. Todo el Instituto sabía que era contraria a que se le hiciese el centro de las veladas y festejos literarios. No sufría las distinciones y quiso siempre se fiel a la palabra de Enrique de Ossó: “Que no se haga más con la superiora que con las otras”35. Sumamente prudente. Jamás tomaba decisiones de repente, sin antes haber orado mucho. A pesar de sus múltiples tareas de gobierno, pasó largos tiempos de oración en la capilla. Las Constituciones y el Directorio fueron sus instrumentos de gobierno. Guardiana fiel del patrimonio espiritual que Enrique de Ossó legó a la Compañía. Fueron claras en ella, la prudencia, la firmeza y la humildad.




1 AA.VV., Cien Años de la Compañía de Santa Teresa de Jesús. Ediciones STJ. Barcelona, 1983; García Sancho, Manuel. Memoria de las Fundadoras de la Compañía. Oración fúnebre pronunciada el día 9 septiembre 1966. Carta Circular; De Nuestras Hermanas. Noticias edificantes de las Hermanas de la Compañía (AGSTJ II); Archivador Nº 1, nº 4, nº 10, Cuaderno 1º, Cuaderno 5º (Materiales sin clasificar, AGSTJ)

2 Rosas y espinas, Tomás Álvarez, ocd, p. 32

3 Ibid., 34

4 Ibid., 35

5 Rosas y espinas, Tomás Álvarez, ocd, p. 51

6 Aquel mismo día, 1 de enero, se repitió la ceremonia de imposición de hábito a dos postulantes. Tres más lo vistieron el día de Reyes. El 4 de mayo del mismo año, el día de San José se bendijo canónicamente la capillita y se puso el sagrario y el Santísimo. Fue invitado para hacer la bendición y dar el hábito a un grupo de postulantes, el Arzobispo de Tarragona, D. Benito Vilamitjana y Vila, que recientemente había tomado posesión de la sede. Le acompañaron los dos sacerdotes, D. José María Castellarnau y D. Antonio Forcades, Director y Vicerrector, respectivamente, de la Archicofradía Teresiana de Tarragona.

7 Un testimonio de aquel momento dice: “Estábamos ciertamente muy pobres, pero vivíamos con mucha paz y alegría. Nuestro oratorio era una reducida alcoba, con una mesa y sobre ella las imágenes de la Santísima Virgen y de San José, que medían escasamente dos palmos de altura. Sólo seis sillas teníamos en la salita de recibir y de ellas nos servíamos, llevándolas de un sitio a otro, para sentarnos. Unos cuantos catres y unos colchones colocados en el suelo sobre una estera, componían nuestro dormitorio. Las demás habitaciones y la comida se ajustaban con exactitud al mobiliario descrito. Este fue el cimiento humildísimo de os edificios que ha querido el Señor confiarnos en América y España”, Rosas y espinas, Tomás Álvarez, ocd, p. 76

8 AGSTJ Vol. 13, 114 Tarragona, 29 noviembre 1879

9 AGSTJ Vol. 8, 37 carta 8 octubre 1879

10 AGSTJ Vol. 3, 87 carta17 diciembre 1879

11 AGSTJ, Libreta para Crónicas

12 En las Constituciones, presentadas a la Sagrada Congregación el año 1888, la dirección del Instituto correspondía al Obispo de Tortosa, y el gobierno inmediato a un consultor o visitador general. Dependiendo de ambos debía funcionar el gobierno interior de la Compañía formado por la superiora general y cargos generalicios. Sobre esta disposición recayó la modificación de la Santa Sede que prefirió para la Compañía una vida autónoma como persona jurídica con plenos derechos y poderes, bajo la tutela del Papa. D. Enrique acató la enmienda.

13 El obispo Fr. Buenaventura Portillo y D. Baudilio Guerra, Magistral de la catedral, fueron los promotores de esa fundación, después de visitar y observar como se educaba en los Colegios de Puebla y Morelia. Económicamente se contó con el apoyo incondicional de la M. María del Consuelo Moncada, Capuchina Sacramentaria, perteneciente a una familia cristiana y acomodada. El Obispo cedió para colegio su propio Palacio Episcopal.

14 El Cardenal Casaña, Arzobispo de Barcelona pidió a la Compañía que se hiciese del orfanato de niñas indígenas en la Misión de Nueva Nursia (Australia) que llevaban los Benedictinos de Montserrat. Fueron siete hermanas, en 1904. Tres años después surgieron dificultades en la labor misionera que llevaban a cabo las hermanas y los benedictinos, la lejanía de España y la poca facilidad de comunicaciones. Además, llegaron otras religiosas a ocuparse de las niñas blancas. El Gobierno General creyó conveniente retirar a las hermanas. Regresaron a Barcelona, en 1908 excepto una de ellas, de votos temporales que no renovó y se quedó en la misión. Otra de votos perpetuos regresó a Australia y obtuvo la dispensa. Ambas fueron las fundadoras del Instituto de las Hermanas Benedictinas de Nueva Nursia (Australia).

15 El Obispo de Tehuantepec, antiguo confesor del colegio de Mérida pidió insistentemente una fundación en su diócesis. La M. Blanch, a pesar del insalubre clima, envió de España a un grupo de hermanas. Lucía Caire, provincial de San Francisco de Sales, comenzó la fundación el 2 de enero de 1904 acompañada por seis religiosas. Trece días después contrajo la fiebre amarilla que le causó la muerte. A los pocos días murieron tres hermanas más. La M. Blanch decidió cerrar la casa.

16 Cf. capítulo I ver pág.

17 Una de ellas dice: “Ejercí durante mucho tiempo el apostolado de la enseñanza al frente de las clases de párvulos, y nunca tuve una superiora que pidiese mayor preparación en las clases diarias, mejor presentación de las asignaturas en los exámenes y mayor pulcritud en los trabajos escolares de los niños. Si desconfiaba de la preparación intelectual que se daba en alguna clase, por vía de ensayo para las maestras mandaba a las más jóvenes que presentaran las pruebas finales de exámenes en la segunda quincena de abril. Su objeto era que no tuviésemos un fracaso al terminar el curso”.

18 “Hace más de dos meses que estoy en Río de Janeiro negociando una nueva fundación y, como puede usted suponer, se ofrecen muchas dificultades que vencer […] gracias a Dios estamos en nuestra casita, que no es muy grande, pero es muy bonita y está bien situada. Tiene un pequeño jardín en frente y bastante terreno por la parte de atrás. El día de San Enrique se celebró la primera misa en nuestro pobrecito oratorio, que está muy devoto con la grata compañía del buen Jesús Sacramentado, en donde procuro pasar algunos ratitos, pues es el único confidente que tengo para contarle las penas de mi corazón. Todavía he de regresar a Montevideo y Buenos Aires, porque aún me falta visitar algunas casas”, carta a María Folch, 4 agosto 1915, en CD II Enrique de Ossó-Compañía STJ, Roma 15 octubre, 2008

19 “Mañana salgo para Barcelona para asistir a la primera sesión celebrada en San Gervasio con asistencia del Sr. Obispo, para incoar el Proceso de la Causa de nuestro venerado Padre […] el mes que viene se celebrará aquí (Tortosa) en la misma forma, rueguen para que el Señor bendiga esa obra a mayor gloria de Dios y de su Siervo”; “ El 26 tuvimos en la iglesia de la Casa Madre, el acto solemne de celebrar la primera sesión del Proceso informativo de la Causa de Beatificación de nuestro venerado Padre. Juraron todos los del Tribunal, suplentes y Vicepostulador…”, carta a Antonieta Purull, 25 noviembre 1925 y a Amelia Torres, 28 noviembre 1925, respectivamente, en CD II Enrique de Ossó-Compañía STJ, Roma 15 octubre, 2008

20 El 7 de junio de 1927 Tersa Blanch escribía a Adela Teijelo: “El proceso se dará por terminado a mediados de este mes en Tortosa y en Barcelona, en julio, ahora están en el cotejo y para agosto, probablemente ya estará en Roma”; lo mismo le comunica en las cartas del 14 y 30 de junio y 25 de julio; y a Teresa Sendoa en la carta del 30 de julio 1927. Curiosamente a Dolores Folch, el 7 de noviembre, le dice: “le mando este regalito: un trozo de cinta que cerraba la Caja que contenía los escritos del Proceso Informativo del padre Fundador que se llevó a Roma, y allí el 25 de julio se abrió y, como recuerdo nos mandaron parte de dicha cinta, con los lacres, que la guardamos como una preciosa reliquia…”, en CD II Enrique de Ossó-Compañía STJ, Roma 15 octubre, 2008

21 Carta a Dolores Folch, 11 noviembre 1925, en CD II Enrique de Ossó-Compañía STJ, Roma 15 octubre, 2008

22 Cf. Carta a Adela Teijelo, 26 julio 1926; a Antonieta Purull, 31 julio 1926; a las hermanas expulsadas de México, 19 agosto 1926; a Adela Teijelo, 19 agosto 1926; a la Superiora Provincial de México, 20 agosto 1926, en CD II Enrique de Ossó-Compañía STJ, Roma 15 octubre, 2008

23 En su cuadernito personal se halló escrito: “Hacerme pequeña con los demás: No querer ser notada, ni escuchada, ni consultada; no adoptar jamás tono de autoridad, ni mostrar saber cosa que otros ignoran, a menos que sea directamente preguntada. Consentir que se me tenga por poco instruida y de escaso talento, despojarme de todo egoísmo, buscando sólo la gloria de Dios y el bien de las almas”, Rosas y espinas, Tomás Álvarez, ocd, p. 290

24 Cf. Carta a la Superiora y hermanas de Valladolid, 15 enero 1927; a la Superiora y hermanas del Colegio de Las Palmas, 17 enero 1927, en CD II Enrique de Ossó-Compañía STJ, Roma 15 octubre, 2008

25 Reflejan muy bien su actitud fundamental las palabras que dejó en el Informe de la visita a la Casa de Valladolid, el año 1921: “Recomiendo a todas las hermanas la fiel observancia de las santas Constituciones y prácticas del Instituto, procurando con gran empeño perfeccionarse en el espíritu de la Santa Madre y de las virtudes que nos dejó en herencia y muy singularmente recomiendo que reine entre todas la santa cordialidad y la caridad de nuestro Señor Jesucristo superabunde en sus almas y trascienda a todos sus actos […] recomiendo particularmente a las profesoras que trabajen con ahínco, identificadas en un mismo querer, en la formación espiritual y moral de las niñas, valiéndose en parte de la enseñanza y formación intelectual, para producir en sus almas, el hilo de oro de la caridad” (CD II Enrique de Ossó-Compañía STJ, Roma 15 octubre, 2008)

26 Ibid., carta a Mª Teresa Riera, 3 marzo 1921

27 María Guadalupe Madrigal, residente en la Casa madre, de Barcelona (AGSTJ, Archivador nº 1, Materiales sin clasificar)

28 Vicenta Añó, sacristana en el Noviciado, Tortosa (Ibid.)

29 Genoveva Vernet, Superiora del Noviciado, Tortosa (Ibid.)

30 Brígida Pérez García, Provincial de la Provincia de Mª Inmaculada (Portugal) (Ibid.)

31 Berta de Mª Inmaculada Colmenares, STJ, Santiago Archivador Nº 4, Materiales sin clasificar (AGSTJ)

32 Testimonio de Mª Teresa de Jesús Zavala, Secretaria General (AGSTJ, Archivador nº 10, materiales sin clasificar)

33 “Es, amada hija, cargo de mucha trascendencia, porque el noviciado es el molde donde se han de modelar las almas […] son incipientes en la virtud y ha hacer gran derroche de paciencia para hacerlas esposas del Crucificado. Procure enseñar más con el ejemplo que con la palabra, es la mejor lección, y sea su gobierno recto, maternal y suave en la forma…”, carta a Mª Teresa Sendoa, 7 noviembre 1927, en CD II Enrique de Ossó-Compañía STJ, Roma 15 octubre, 2008

34 Ibid., 165

35 Ibid., 169



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