Terror con la pamplonesa



Descargar 6.9 Kb.
Fecha de conversión07.07.2017
Tamaño6.9 Kb.
TERROR CON LA PAMPLONESA
La música es un excelente conductor de sensaciones, pero no todas ellas tienen la obligación de ser placenteras. Tal y como afirma el compositor estadounidense Aaron Copland, el plano sensual de la escucha consiste en el puro placer que produce el sonido musical mismo. Sin embargo, no es una escucha completa. Un oyente cualificado es el que atraviesa ese umbral y entra en el plano expresivo, aquél en el que se conecta con lo que la música trata de decirle. Para eso hay que estar preparado y querer contactar, o si no, contar con la sugestión suficiente para poder hacerlo.
El espectáculo de esta tarde-noche pertenece al género del terror. Por tanto, la música elegida para acompañar a la acción sugiere sensaciones como el desasosiego, violencia, odio, melancolía.... y así fueron concebidas por sus autores. Un Seance es un intento de comunicarse con los espíritus. Una reunión en la que se mandan y reciben mensajes a través de un medium. Algo que personas de toda condición y clase han realizado a través de los tiempos. La obra del mismo nombre del norteamericano John David Hazlett, recoge el ambiente misterioso de ese momento, por lo que hoy nos será de gran ayuda. La divina comedia, del norteamericano Robert W. Smith, es una sinfonía programática basada en el clásico literario del mismo nombre de Dante Alighieri. Cuenta con todos los ingredientes musicales para describir las dos secciones que hoy escucharemos (Infierno y Purgatorio). Incluso obliga a los músicos a participar de la acción como coro y como parte de la ambientación. La Pasión de Cristo, del valenciano Ferrer Ferrán, es una de las obras actuales más importantes. El tercer movimiento desprende la energía necesaria para culminar el cóctel de sensaciones que hoy se prepara, siempre al servicio del argumento al que acompaña.
ODIO, IRA, VENGANZA, CULPA. Cuatro palabras de las que la condición humana no debe sentirse orgullosa. Sin embargo, a veces nos pueden y nublan la razón. Así le ocurre a nuestro anfitrión, un sencillo acomodador que custodia esta sala y que sufre por lo que aquí aconteció, tal día como hoy, hace mucho tiempo. Un incendio de origen no aclarado arrasó el patio de butacas y desde entonces lleva una pesada carga que tal vez hoy pueda quitarse de encima: la culpa. Quizá hoy se sepa toda la verdad. Aquella noche las almas de los espectadores quedaron atrapadas en su interior y cada 5 de noviembre alivian su tormento y agonía vagando entre el público. Es posible que alguien de entre nosotros deba quedarse y permanecer con ellas para siempre en este purgatorio. ¿Será usted?
Luis Mª San Martín Urabayen


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal