Tesis doctoral self y modernidad. La poesia de david herbert lawrence



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PEOPLE” (252)


The great gold apples of night

Hang from the street's long bough

Dripping their light

On the faces that drift below.

On the faces that drift and blow

Down the night-time, out of sight

In the wind's sad sough.

The ripeness of these apples of night

Distilling over me

Makes sickening the white

Ghost-flux of faces that hie

Them endlessly, endlessly by


Without meaning or reason why

They ever should be.
El conceit por el que las farolas de la ciudad se convierten en manzanas, que a su vez representan, según el poeta, a la gente que carece de propósito interior, se asemeja, por lo extravagante y “far fetched”, a la utilización metafórica que los metafísicos ingleses del siglo XVIII hacían en sus versos. No obstante, lo que aquí nos interesa, desde el punto de vista de la historia que el poeta presenta, es la capacidad de éste de transformar los detalles de la realidad exterior asimilida en un “inner landscape” que, como afirma Herrick (1981:230), constituye uno de los logros más acusados tanto de LWCT como de BBF. La metáfora es ampliada en el siguiente poema, “Street Lamps” (253), composición que posee una métrica y una estructura estrófica similar al anterior. Así, el Londres invernal de 1916 pasa a ser epítome del mundo asfixiante y rutinario del hombre urbano moderno. En un principio, los ecos de la visión negativa y distópica del Blake de Songs of Experience resuenan inevitablemente en estos versos de factura tradicional. De cualquier forma, la originalidad por parte de Lawrence puede radicar, quizás, en la metamorfosis por la que las multitudes oscuras se convierten en semillas que no han perdido la capacidad de germinar. Por otro lado, la correcta utilización de los mecanismos de la repetición, la paradoja y la aliteración en versos de tres a siete acentos, ayuda a mimetizar perceptivamente la descripción poética:

(de STREET LAMPS)

Slowly above the street

Above the ebb of feet

Drifting in flight

As they cross and part and meet


And pass out of sight!….

Seed after seed after seed

Drifts over the town, in its need

To sink and have done

To settle at last int the dark


To bury its weary spark

Where the end is begun (253).


Si este poema, junto con “Autumn Rain” (268) y “Frost Flowers” (269), supone una mirada al mundo exterior que rodea los momentos finales de la historia inicial de la pareja en su deambular geográfico cronológico y simbólico, “New Heaven and Earth”, “Manifesto” y “Craving for Spring” reflejan, como apuntábamos más arriba, el momento de la reflexión extensa sobre la significación de la experiencia extraordinaria de ese viaje real e iniciático. Como consecuencia de ello, tales composiciones se van a extender en analizar, quizás excesivamente, presente, pasado y futuro, en un intento por parte del poeta de aprehender las posibles consecuencias y esperanzas que dicha experiencia puede ofrecer al self de cada uno de los amantes.

“New Heaven and Earth” (256) es un poema relativamente extenso, dividido en ocho partes, que Lawrence escribe, con el título inicial de “Terra Nuova”, muy posiblemente, a finales de enero de 1915 (Sagar, 1979: 57) en Greatham, Sussex, donde la pareja reside hasta mediados de ese año. El poeta, como hemos mencionado con anterioridad, llevaba meses sin escribir poesía, dedicado, sobre todo a la composición de ensayos como STH, Le Gai Savaire! (que acabaría siendo titulado “The Crown”) y su novela The Rainbow (Sagar, ibid., 56-58). A las reflexiones sobre temas como el amor, las relaciones entre el self y el otro, o la importancia del momento presente, Lawrence añade ahora, de manera central, el tema del renacimiento espiritual y emocional. Cuando, a mediados de 1916 (Sagar, ibid., 70-72), el autor decide escribir una segunda parte de The Rainbow, matriz de la futura Women in Love (C. Ross, 1989: 11), esos mismos asuntos van a ser discutidos en lo que será el capítulo tres de la versión final de lal referida novela (ibid., 90-93), en el pasaje en el que, como ya mencionamos, Birkin habla de “the great dark knowledge”. Se trata del conocimiento que la muerte metafórica del viejo self proporciona al individuo sensible. Esta experiencia constituyó ya el eje argumental de poemas como “And Oh— That the Man I Am Might Cease to Be “ (205) en la primera secuencia, así como del propio “Song of a Man Who Has Come Through”, y subyacía, como pudimos también comprobar, en los pentámetros en verso no rimado de poemas como “Cherry Robbers” (36) de su primer libro, LPO.

Sin embargo, es en “New Heaven and Earth”, en la recta final del poemario que nos ocupa, cuando Lawrence —una vez expuestas sus ideas sobre el self y el otro, la luz y oscuridad, lo desconocido dentro de lo conocido— se decide a elaborar una teoría más coherente sobre la relación profunda entre el amor y la muerte, teoría que, tal como apunta Gilbert (1973: 111), situaría al poeta de Eastwood en la tradición de la literatura occidental que tiene como referente la leyenda de Tristán e Isolda. Basa esta opinión la investigadora y poeta norteamericana en la referencia explícita que el propio autor hace a esta leyenda en carta a Lady Cynthia Asquith de enero de 1915 (Sagar, 1979: 57), así como en los versos de “Elysium” (261): “I have found a place of loneliness / Lonelier than Lyonesse / Lovelier than Paradise”, poema que el autor, significativamente, sitúa entre “New Heaven…” y “Manifesto”, tanto en LWCT, como en CP (Roberts y Poplaski, 2001: 44-157) y que más adelante tendremos la ocasión de volver a analizar. Gilbert (ibid.) amplía su hipótesis proponiendo que quizás Lawrence tome como modelo de su persona poética en el poemario al Dante de La Vita Nuova, aunque transformando aquí el discurso del poeta toscano en una especie de mock-heroic o parodia épica (ibid.). De cualquier modo, el poema —escrito, como se ha mencionado, después de que el drama real que LWCT presenta ha sido completado— parece dejar a un lado la polarización original entre los amantes en su intento de llegar a ser ellos (“come through”) de forma individual, para fijar la atención en las recién halladas relaciones sociales, cambio que, en parte, vendría motivado por la realidad del exilio y la guerra en Europa. Lockwood (1987: 90) sugiere que los poemas que Lawrence va a incluir en sus dos siguientes libros, B y NP, se encuentran entre los más alejados al ideario original de preocupación por el self individual, constituyendo, según dicho autor, ”the furthest point in Lawrence’s long journey back towards social rehabilitation” (ibid.). Considero que, muy al contrario, tal giro supondría la constatación de la condición no estática del ideario poético de Lawrence, el cual incluye las preocupaciones por lograr un necesario equilibrio entre las razones del self y las urgencias del entorno social e histórico. Sea cual fuere el caso, conviene ya reproducir el poema al que nos estamos refiriendo:

“NEW HEAVEN AND EARTH” (256-261)

I

And so I cross into another world



shyly and in homage linger for an invitation

from this unknown that I would trespass on.


I am very glad, and all alone in the world,

all alone, and very glad, in a new world

where I am disembarked at last.
I could cry with joy, because I am in the new world, just ventured in.

I could cry with joy, and quite freely, there is nobody to know.


And whosoever the unknown people of this unknown world may be

they will never understand my weeping for joy to be adventuring among them because it will still be a gesture of the old world I am making

which they will not understand, because it is quite, quite foreign to them.

II

I was so weary of the world,



I was so sick of it,

everything was tainted with myself,

skies, trees, flowers, birds, water,

people, houses, streets, vehicles, machines,

nations, armies, war, peace-talking,

work, recreation, governing, anarchy,

it was all tainted with myself, I knew it all to start with

because it was all myself.


When I gathered flowers, I knew it was myself plucking my own flowering.

When I went in a train, I knew it was myself travelling by my own invention.

When I heard the cannon of the war, I listened with my own ears to my own

destruction.

When I saw the torn dead, I knew it was my own torn dead body.

It was all me, I had done it all in my own flesh.


III

I shall never forget the maniacal horror of it all in the end

when everything was me, I knew it all already, I antici­pated it all in my soul

because I was the author and the result

I was the God and the creation at once;

creator, I looked at my creation;

created, I looked at myself, the creator:

it was a maniacal horror in the end.


I was a lover, I kissed the woman I loved,

and God of horror, I was kissing also myself.

I was a father and a begetter of children,

and oh, oh horror, I was begetting and conceiving in my own body.

IV

At last came death, sufficiency of death,



and that at last relieved me, I died.

I buried my beloved; it was good, I buried myself and was gone.

War came, and every hand raised to murder;

very good, very good, every hand raised to murder!

Very good, very good, I am a murderer!

It is good, I can murder and murder, and see them fall,

the mutilated, horror-struck youths, a multitude

one on another, and then in clusters together

smashed, all oozing with blood, and burned in heaps

going up in a fcetid smoke to get rid of them,

the murdered bodies of youths and men in heaps

and heaps and heaps and horrible reeking heaps

till it is almost enough, till I am reduced perhaps;

thousands and thousands of gaping, hideous foul dead

that are youths and men and me

being burned with oil, and consumed in corrupt thick smoke, that rolls

and taints and blackens the sky, till at last it is dark, dark as night, or death, or hell

and I am dead, and trodden to nought in the smoke-sodden tomb;

dead and trodden to nought in the sour black earth of the tomb;

dead and trodden to nought, trodden to nought.


V

God, but it is good to have died and been trodden out,

trodden to nought in sour, dead earth,

quite to nought,

absolutely to nothing

nothing


nothing

nothing.


For when it is quite, quite nothing, then it is everything.

When I am trodden quite out, quite, quite out,

every vestige gone, then I am here

risen and setting my foot on another world

risen, accomplishing a resurrection

risen, not born again, but risen, body the same as before,

new beyond knowledge of newness, alive beyond life,

proud beyond inkling or furthest conception of pride,

living where life was never yet dreamed of, nor hinted at,

here, in the other world, still terrestrial

myself, the same as before, yet unaccountably new.

VI

I, in the sour black tomb, trodden to absolute death



I put out my hand in the night, one night, and my hand

touched that which was verily not me,

verily it was not me.

Where I had been was a sudden blaze,

a sudden flaring blaze!

So I put my hand out further, a little further

and I felt that which was not I,

it verily was not I,

it was the unknown.

Ha, I was a blaze leaping up!

I was a tiger bursting into sunlight.

I was greedy, I was mad for the unknown.

I, new-risen, resurrected, starved from the tomb,

starved from a life of devouring aiways myself,

now here was I, new-awakened, with my hand stretching out

and touching the unknown, the real unknown, the un­known unknown.

My God, but I can only say

I touch, I feel the unknown!

I am the first comer!

Cortes, Pisarro, Columbus, Cabot, they are nothing, nothing!

I am the first comer! I am the discoverer!

I have found the other world!

The unknown, the unknown!

I am thrown upon the shore.

I am covering myself with the sand.

I am filling my mouth with the earth.

I am burrowing my body into the soil.

The unknown, the new world!

VII

It was the flank of my wife



I touched with my hand, I clutched with my hand,

rising, new-awakened from the tomb!

It was the flank of my wife

whom I married years ago

at whose side I have lain for over a thousand nights

and all that previous while, she was I, she was I;

I touched her, it was I who touched and I who was touched.
Yet rising from the tomb, from the black oblivion

stretching out my hand, my hand flung like a drowned man's hand on a rock,

I touched her flank and knew I was carried by the current in death

over to the new world, and was climbing out on the shore,

risen, not to the old world, the old, changeless I, the old life,

wakened not to the old knowledge

but to a new earth, a new I, a new knowledge, a new world of time.
Ah no, I cannot tell you what it is, the new world.

I cannot tell you the mad, astounded rapture of its dis­covery.

I shall be mad with delight before I have done,

and whosoever comes after will find me in the new world

a madman in rapture.

VIII


Green streams that flow from the innermost continent of the new world,

what are they ?

Green and illumined and travelling for ever

dissolved with the mystery of the innermost heart of the continent,

mystery beyond knowledge or endurance, so sumptuous

out of the well-heads of the new world.—


The other, she too has strange green eyes!

White sands and fruits unknown and perfumes that never

can blow across the dark seas to our usual world!

And land that beats with a pulse!

And valleys that draw close in love!

And strange ways where I fall into oblivion of uttermost

living! —

Also she who is the other has strange-mounded breasts and

strange sheer slopes, and white levels.

Sightless and strong oblivion in utter life takes possession of me!

The unknown, strong current of life supreme

drowns me and sweeps me away and holds me down

to the sources of mystery, in the depths,

extinguishes there my risen resurrected life

and kindles it further at the core of utter mystery.

Greatham.
En diciembre de 1915, es decir, un mes antes de la composición de estos versos, Lawrence había escrito a Katherine Mansfield:

Sólo sé una cosa: que estoy cansado de esta insistencia en el elemento personal, es estéril e inútil. Busco…una nueva actitud impersonal que sea al mismo tiempo una genuina actividad vital…seamos independientes e impersonales, tratando de crear una vida en común. (Aldous Huxley, Narciso Pousa, trad., 1984, V.II: 14)


Sugiere, a continuación, Lawrence ir a Florida y crear allí una especie de comuna ideal, su ya mencionado y jamás realizado Ranamin (G. J. Zytaruk, 1988: 266-294; Kinkead-Weeks, 1996: 180-182), lejos de la esterilidad de la Inglaterra bélica. Insiste en dicha carta el poeta de Eastwood en la idea del renacimiento de los seres, tras haber pasado una larga temporada en letargo invernal: “our lives have been all autumnal and wintry now“ (ibid.). En otras cartas escritas también durante ese invierno a Lady Ottoline Morell (Boulton, 1997: 113-119), y a pesar de estar viviendo en plena penuria económica y social, el autor habla de la sensación que tiene de haber entrado en una nueva etapa personal de vitalista resurgimiento, lo cual contrasta con el pesimismo que dice ver en intelectuales, por entonces amigos, como B. Russell, E. M. Foster o J. Keynes. Podemos leer en una de ellas: “nada podemos hacer…, sino tan sólo alimentar en las tinieblas los nuevos brotes… de la nueva vida que será (A. Huxley, ibid., 17), y en otra: “one has to recover the original self, now… we have a letter from Bertie (Bertrand Russell): very miserable he doesn’t know why he lives at all: mere obstinate pride, he says, keeps him” (Boulton, 1997: 119).

En marzo de 1916 desde su retiro obligado en Zennor, Cornualles, al hacer referencia a la elaboración de The Rainbow y a la revisión final de su ensayo sobre Thomas Hardy, el varias veces citado STH, Lawrence, en una especie de glosa a posteriori sobre el contenido de “New Heaven and Earth”, escribe:

I am ashamed to write of love to my fellow men … so how shall I come to a woman? To know myself first well and good. But knowing myself is only preparing myself. Wat for?. For the adventure into the unexpected, the woman, the whatever-it-is am up against. Then the actual heart says “No, no —I can’t”, because an explorer is one sent forth from a great body of people to open out new lands for their occupation. But my people can not even mourn…I am not an explore, I am a curious inquisitive man with eyes that can only look for something to take back with him (in Lockwood, ibid., 91).
En otras palabras, el autor aclara su aproximación a los problemas sociales y morales de su época desde la perspectiva de la relación íntima entre hombres y mujeres, a diferencia de lo manifestado por Russell (Kinkead-Weeks, 1996: 243-244), quien, según Lawrence, aborda esos conflictos centrándose en cambios institucionales, tal como cita en otro momento de la carta. De hecho, un año antes había escrito al filósofo y matemático lo siguiente:

I write to say to you that we must start a solid basis of freedom of actual living -not only of thinking. We must provide another standard than the pecuniary standard, to measure all daily life by. We must be free of the economic question. Economic life must not be the means to actual life (en Boulton, 1997: 91).


Estas ideas van a impregnar la obra de Lawrence, especialmente en esos momentos de exilio interior y de intensa búsqueda de una salida al trágico conflicto exterior con el que su país se está enfrentando. De ahí el tono reflexivo y didáctico que subyace en gran parte de la producción poética, novelística y ensayística de este período. El poeta desea extrapolar su misión al hombre medio inglés, al que muy especialmente se refiere en su intensa y polémica correspondencia con Russell de finales de 1915, justo antes de la ruputura de la amistad entre ambos (Herzinger, 1982: 172-177).

Por otra parte, los términos casi religiosos con los que el poema comienza (“I cross into another world”) preludian la entrada ritual en un viaje en el que poeta y lector van a compartir el largo peregrinar del protagonista, el cual, a diferencia del peregrino de Dante o de Bunyan, presentará una visión del mundo que poco tiene que ver con la de la perspectiva cristiana ortodoxa de estos antecesores literarios. En esta moderna visión poética de un mundo desconocido en el que se mezclan presente, pasado, muerte y resurrección, el moderno peregrino no encuentra a quíen comunicar su epifanía: ”And whosoever the unknown people of these unknown world may be / they will never understand my weeping for joy to be adventuring among them / because it will still be a gesture of the old world I am making “(256).

En las siete partes siguientes, la narración intenta mostrar al lector la esterilidad que produce el solipsismo constante en el que el hombre moderno vive. Todo es, en un sentido negativo, self: “Everything was tainted with myself”, confiesa el protagonista. Por otro lado, malgrè Lawrence, un amor aparentemente expansivo —al estilo de Whitman (G. Y. Trail, 1981: 172-180) hacia la humanidad entera parece subyacer en todo el poema. Para Lockwood (1987: 92), dicho amor no es más que una trampa o círculo vicioso en que el protagonista cae. Y esto parece ser así incluso cuando, como si se tratase de un explorador moderno, el peregrino va a la mujer como quién va a lo desconocido, al misterio, ya que en el fondo tan sólo se arriesga en ese territorio para extraer conocimiento, cuando no placer, de sí mismo. Así, en la tercera parte del poema, el poeta escribe: “I shall never forget the maniacal horror of it all in the end when everything was me.../… I was a lover, I kissed the woman I loved, and God of horror, I was kissing also myself” (257).

No es extraño, entonces, que, ya en la cuarta sección, predomine un ritmo repetitivo, tanto gramaticalmente como fonéticamente, como si el poeta quisiera materializar la sensación de esterilidad que tanto egocentrismo ha deparado al protagonista. Lockwood (ibid., 93) llega a la calificar ese ritmo de ”onanistic”. En tal contexto no sólo la aparición de la muerte metafórica del yo, sino la real, incluida la de los otros seres, pasa a ser un acto inútil. En ese panorama dantesco y desolador no puede alcanzarse ningún fin que no sea la nada, tanto para “the thousands and thousands of gaping hideous foul dead” (258), como para el propio peregrino-protagonista, unos y otros “dead and trodden to nought” (ibid.).

Como será el caso años más tarde —cuando el poeta prepara su propia nave de la muerte en la serie de poemas que componen “The Ship of Death” (TSD) (716, 961, 964)—, la reducción o vuelta a la nada supone el encuentro o descubrimiento de una autética Terra Nova. En este momento del poema, el uso de la repetición, a nivel prosódico y gramatical, enfatiza aquí el tránsito a una nueva realidad, la cual no se halla en el más allá, sino en el presente: "When I am trodden quite out, quite. Quite out /…New beyond knowledge.“ (258), “Living where life was never yet dreamed of, nor hinted at / Here, in the other world, still terrestrial / myself, the same as before, yet unaccountably new” (ibid.).

En la sexta sección, el poeta-peregrino recuerda —en una serie de versos que utilizan formas del pasado verbal— las etapas anteriores por las que ya pasó antes de llegar a las puertas de lo desconocido, las cuales tuvo ante sí y no supo reconocer, pues se hallaba inmerso en la exploración y percepción excesiva de sí mismo: “I was greedy, I was mad for the unknown / Starved from a life of devouring always myself” (259), hasta alcanzar, por fin, el momento de epifanía última que aparece expresado en las etapas finales en términos exclamativos, anáforas y paralelismos sintácticos de cadencia prosística. Como un nuevo explorador, el narrador-peregrino se sorprende de la magnitud de un descubrimiento que posee las características físicas del encuentro con un mundo nuevo, hallado a través de los sentidos. De esta forma, la metáfora geográfica e histórica se funde con la sensorial: “My God, I can only say / touch and feel the unknown!… I am filling my mouth with the earth…” (259).



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