The year of living dangerously por juan gabriel tokatlian



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ARGENTINA-ESTADOS UNIDOS 2004: THE YEAR OF LIVING DANGEROUSLY
por JUAN GABRIEL TOKATLIAN*
Usualmente es muy desacertado, e incluso temerario, anticipar la importancia de un año determinado en materia de política mundial. Acontecimientos imprevistos—baste recordar el 11 de septiembre de 2001 al respecto--, fenómenos impensados—el colapso de la Unión Soviética, por ejemplo—y simples contingencias hacen que la “política ficción” sea mal consejera para la comprensión de las relaciones internacionales. En ese sentido, predecir puede resultar osado e imprudente.
Sin embargo, se puede prever con cierto grado de verosimilitud que 2004 será un año clave en las relaciones entre Buenos Aires y Washington. Y así será porque 2004 es, en Estados Unidos, en cuanto a los vínculos argentino-estadounidenses y en términos de los lazos interamericanos, un año de definiciones: elección presidencial en EE. UU., resolución de la moratoria argentina (un 9.1%--el cuarto porcentaje después de Argentina misma, Italia y Suiza—de los US$ 87.050 millones de bonos argentinos en default están manos de estadounidenses) y definición de varios asuntos económicos y políticos trascendentales en el hemisferio.
Un año que, anticipadamente, sabemos que contendrá varias definiciones puede ser un año de fricciones. Resulta, entonces, indispensable tener en cuenta este marco de referencia. Para Argentina, en particular, es esencial estar consciente de ese fenómeno. No se trata de exacerbar una agenda bilateral suficientemente compleja, sino de saber cuáles son los intereses nacionales en juego, cómo defenderlos mejor y de qué modo manejar las diferencias (unas estructurales, otras naturales y aún otras coyunturales) entre Argentina y Estados Unidos.
El temario argentino-estadounidense de este año es exigente y delicado: 1) la negociación, ahora sí precisa, del default; lo cual implica tocar y tramitar intereses materiales concretos, con lo que, consecuentemente habrá ganadores y perdedores; 2) la discusión y transacción de algún tipo de ALCA; lo cual encierra una determinación más política que económica; 3) la resolución de los focos de perturbación en los Andes; lo cual llevará a adoptar posturas más precisas y activas frente a Hugo Chavéz y el eventual referéndum revocatorio en Venezuela (¿seguirá Argentina pasiva en el caso de un país donde somos el segundo mayor inversionista—después de Estados Unidos--del hemisferio?), ante el conflicto armado en Colombia (¿se sumará Argentina a una coalición multinacional militar—una “coalition of the willing” auspiciable por Estados Unidos--o protagonizará una salida multilateral política—junto a Brasil?); y en relación a la débil institucionalidad en Bolivia, Perú y Ecuador (¿se desentenderá Argentina del torbellino andino o jugará a favor de una diplomacia preventiva a través de una “concert politics” regional?); 4) la reaparición de fricciones limítrofes en Sudamérica (Colombia-Venezuela, Chile-Bolivia) y su potenciales efectos desestabilizadores para el área en su conjunto; 5) la afirmación de una sociedad estratégica argentino-brasileña (cabe subrayar que de un nivel de divergencia entre Argentina y Brasil en las votaciones en Naciones Unidas de 28.% en 1995, los dos países alcanzaron en 2002 una diferencia de apenas 3.2%); lo cual perturba, de algún modo, la proyección geopolítica de Estados Unidos en Sudamérica; 6) la situación en Cuba en términos de derechos humanos; lo cual adquiere más relevancia en un año electoral en Estados Unidos; 7) el eventual acuerdo (a firmarse este año) entre MERCOSUR y la Unión Europea y su impacto en las relaciones triangulares Latinoamérica-Europa-Estados Unidos; 8) el mayor despliegue militar de Estados Unidos en el área a través de sus Forward Operation Locations en El Salvador, Curazao y Ecuador; lo que va acompañado de una creciente presión de Washington para involucrar a los militares de la región en ámbitos estrictamente policiales; 9) la irresuelta y cada vez más extendida “guerra contra las drogas” militantemente impuesta por Estados Unidos y su significación para la región en medio de las próximas elecciones legislativas de noviembre; y 10) el abierto desdén de EE.UU. hacia el multilateralismo (excepto cuando este es funcional a sus propios y estrechos intereses) y sus consecuencias para las relaciones interamericanas; lo cual podría generar efectos muy negativos para Argentina.
En breve, en un año de definiciones las potenciales fricciones entre Argentina y Estados Unidos exigen tener claridad estratégica, fortaleza institucional y prudencia política; cualidades que la administración del Presidente Néstor Kirchner está en mora de asegurar.
Hans J. Morgenthau, el más grande exponente contemporáneo del realismo clásico en materia de política internacional, señalaba que “el gran estadista difiere de los diplomáticos y de los políticos mediocres exactamente en que él es capaz de ver los problemas a los que se enfrenta como casos especiales de proposiciones generales y objetivas, esto es; teóricas”. El principal desafío del Presidente Kirchner en materia de las relaciones entre Argentina y Estados Unidos es entender que tiene una oportunidad para cambiar el rumbo equívoco que tuvo la diplomacia argentina en los últimos tres lustros: la aquiescencia pragmática de Buenos Aires hacia Washington dejó al país más pobre y fracturado en lo interno y más débil y vulnerable en lo externo que hace dos décadas. Pero también es esencial entender que en términos de cambio hoy es más sensato ser reformista que revolucionario.



* Director de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés.


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