Titulo de la ponencia: Consumismo: violencia y exclusión social



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Titulo de la ponencia: Consumismo: violencia y exclusión social.

Mike Angelo Rivera Contreras (Guatemala).

Universidad de Alicante, España y Universidad de San Carlos de Guatemala.

Resumen:

El inicio de la democracia en Guatemala en los ochenta y la firma de los Acuerdos de Paz en los noventa generaron expectativas alentadoras en la sociedad. Décadas más tarde la desigualdad social y la pobreza incluso aumentaron. Exclusión social que especialmente afecta a las poblaciones indígenas, mujeres, campesinos y jóvenes. Por otra parte, contradictoriamente en Guatemala en los últimos años ha aumentado el número de nuevos ricos, a la vez que se inauguran con frecuencia nuevos concesionarios de vehículos de lujo junto con centros comerciales a la usanza estadounidense. La globalización económica junto a su vertiente la cultura consumista discreta pero rápidamente imponen nuevos estilos de vida y forma de relacionarnos. Lujo y pobreza, consumo y miseria, urbanismo y ruralidad, clases sociales, el análisis resultante del cruce de estas variables es el motivo de la presente propuesta.


Ponencia
En Guatemala hay un aproximado de entre 15 y 20 muertos diarios de forma violenta. Los expertos en seguridad indican que esta cantidad sobrepasa el número de muertes diarias de países que se encuentran en guerra como Afganistán o Irak. La mayoría de informes y estudios nacionales destacan que la violencia es resultado de las condiciones de pobreza en la cual se encuentra sumida buena parte de la población 7 de cada 10 guatemaltecos viven en condiciones de pobreza y de estos 2 en pobreza extrema, es decir, sobreviven con menos de un dólar al día. Otras causas son sumadas al fenómeno de la violencia y la pobreza como el de la desintegración familiar, el alcoholismo, las drogas y la violencia intrafamiliar entre otros.

En la última década se implementaron discutibles programas en la región con el ánimo de encontrar soluciones al problema de la violencia. Ejemplo de esto fueron los planes de “mano dura” y “super mano dura”, ejecutados en El Salvador, Honduras y Guatemala, los cuales fueron catalogados como un fracaso. Con fortuna algunos informes como el del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, concluyeron que este tipo de programas no propiciaron ningún tipo de solución al problema de la violencia en la región. Si bien los estudios e investigaciones asocian que la violencia es resultado casi con exclusividad resultado de la pobreza, en la presente ponencia se considera más que la pobreza la abundancia y la riqueza como generadoras de violencia, exclusión social, corrupción, narcotráfico entre otros males que afectan a la sociedad guatemalteca. De allí que la ponencia tenga como objetivo acercarse a explorar y describir las formas y maneras en que la globalización económica y la cultura consumista, pueden potencializar algunos problemas sociales como los arriba descritos.

Es de señalar que la ponencia forma parte de una investigación de Doctorado por la Universidad de Alicante en España conjuntamente con la Universidad estatal de Guatemala. Una estadía larga en España, periodos cortos en Estados Unidos y trabajo de campo en Guatemala. Investigación que aborda especialmente los efectos que tiene en los estilos de vida la cultura consumista en la sociedad guatemalteca. Dentro de las preguntas de la investigación se propuso una que está vinculada a analizar la relación entre desigualdad social y consumismo, de allí se desprende la ponencia que ahora se presenta. La investigación exploratoria está en este momento en fase de sistematización y análisis de resultados. Apoyada metodológicamente de técnicas como la observación, búsqueda bibliográfica y entrevistas a profundidad. Para la realización de la presente propuesta se ha delimitado un acercamiento teórico para comprender la cultura consumista, la manera en que sigilosa pero aceleradamente se ha venido imponiendo en la región y en Guatemala, para posteriormente analizar los posibles efectos para los diferentes sectores de la sociedad guatemalteca.
Guatemala es uno de los países más desiguales del mundo. Los informes de desarrollo humano así lo indican. El país que cuenta con los niveles de desnutrición más altos de América Latina, es a la vez el mismo que con frecuencia inaugura ostentosos centros comerciales y complejos residenciales al mejor estilo del american way of life. Contradictoriamente, mientras en las principales calles de la ciudad a diario deambulan cientos de indigentes y niños vendiendo cualquier objeto posible, esas mismas calles y avenidas son las que ofrecen los concesionarios de vehículos de mayor venta en la región centroamericana, como lo pueden ser Maserati, Ferrari y Jaguar. Un constante predominio y apertura de franquicias nuevas, supermercados de Walmart, tiendas de las mas prestigiosas marcas del mundo, entre otros elementos se abren paso en una sociedad cuya característica principal es la pobreza, la discriminación y la exclusión social. ¿Cuál es el efecto y que pasa con esas frustraciones acumuladas del yo ideal construido por una sociedad materialista y consumista en todas esas personas que no tienen acceso a esos bienes y servicios impuestos por la globalización económica? Revisemos.

Puede bien establecerse que el punto de partida de la globalización económica y cultural encuentra como momento de expansión en Guatemala a mediados de la década de los ochenta del siglo pasado. Coinciden varios eventos. Los inicios de la democracia en el país, se inician las negociaciones para que se suscriban posteriormente los Acuerdos de Paz, que culminarían en 1996, poniendo fin a 36 años de conflicto armado interno. En el plano internacional, surgen medidas económicas como las Políticas de Ajuste Estructural, las reformas económicas propuestas a través del Consenso de Washington, diez medidas sugeridas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en 1989 (Stiglitz, 2007:35-38). Entre finales de los ochenta e inicios de los noventa se derrumba el modelo económico socialista, propiciando con ello el final de la guerra fría. El autor estadounidense Francis Fukuyama, sintetizó lo expuesto en un ensayo realizado en 1992 que llevaba por título: El fin de la historia y el último hombre, donde hacía hincapié en que las ideologías resultado de la guerra fría habían terminado, dando paso a un nuevo escenario mundial: la economía de mercado. Sus postulados fueron controversiales, pero acertados al predecir hace más de veinte años que el mundo se regiría bajo una nueva ideología económica, la del libre mercado. El más cercano antecedente es el modelo posfordista de producción estadounidense que a partir de la década de los años setenta y ochenta se caracterizó por la aplicación de nuevos criterios económicos, resultado de las nuevas tecnologías y los nuevos abordajes teóricos que implicaban al nuevo consumidor. La sociedad estadounidense ya no era suficiente para vender la sobreproducción de productos, bienes y servicios. Por lo tanto se necesitaba de nuevos mercados. América Latina se visualizó como ese mercado emergente para cubrir esa sobreproducción de bienes y servicios, dando inicio así a la globalización económica. La periodista canadiense Naomi Klein, resume esta etapa de transición en siguiente párrafo […] las tan acareadas ventajas de la globalización económica se resumen a más de lo mismo: los patronos han cambiado los uniformes militares por trajes italianos y un teléfono móvil marca Ericsson (Klein, 2007:506).

De manera conjunta a la globalización económica se empieza a imponer en las sociedades una nueva carga simbólica que vendría a renovar las relaciones sociales y a imponer nuevos deseos y a fomentar también nuevas frustraciones sociales, esto es la cultura consumista. La literatura académica asume el fenómeno del consumo como un hecho social que recorre la generalidad de nuestra existencia. Abarca la totalidad de los espacios de la vida y todas las dimensiones de la persona (Marinas, 2001:17). El bien por consumir se convierte en una obsesión y deja su lado estrictamente utilitarista, para convertirse en una insatisfacción reiterativa y permanente. Complementa en ese sentido Erich Fromm: consumir es esencialmente satisfacer fantasías artificialmente estimuladas, una creación de la fantasía ajena a nuestro ser real y concreto ([1955] 1985:115). El sociólogo polaco Zygmunt Bauman agrega que el consumismo es un acuerdo social, resultado de la reconvención de los deseos y anhelos humanos como el principal impulso, coordinados por el sistema, la integración social, la estratificación y la formación del individuo. Agrega, el consumismo deja de ser un acto natural, para construirse socialmente (2007:47). Actualmente ya no existen individuos con necesidades auténticas y deseos puros, sino la persona inscrita en estilos de vida socialmente compartidos (Cortina, 2002:51). En ese sentido un clásico de la cultura consumista en la década de los sesenta indicaba que las personas no eligen al azar; sus elecciones están socialmente controladas y reflejan el modelo cultural en el cual se efectúan (Baudrillard [1970] 2009:68). El consumo se constituye en la esencia humana en el cambio del milenio, convirtiéndonos en el homo consumens como bien afirma la autora española de origen valenciano Adela Cortina Orts (2002:21). Autores como el catalán Joan Torres i Prat, es más tajante al indicar que el consumismo es la auténtica y más potente religión del siglo XXI (2005:60). El consumo no es tanto un placer en sí mismo como un cumplimiento placentero de deberes sociales (Featherstone, 1991:196). En las sociedades de la cultura consumista el individuo no es plenamente libre y autónomo, el mercado y la valoración simbólica de lo que le impone el sistema de creencias lo condicionan y manipulan. Alcanzar un estilo de vida impulsado por el sistema basado en el prestigio y el estatus es el principal lei motiv. ¿Qué sucede cuando en una sociedad no todos los individuos pueden acceder a esa exaltación de alcanzar el éxito material impulsado por el sistema económico? Desde hace varias décadas atrás el psicoanalista Abram Kardiner nos adelanta una posible respuesta. El desheredado de fortuna puede exhibir una variedad de sentimientos con respecto del afortunado […] envidia, odio, agresión, deseo de quitar a aquellos que tienen y apropiarse sus posesiones y hasta deseo de aniquilar a los que tienen ([1939]1945:411-412).

El autor suministra otro elemento importante. La ausencia de protección del individuo, la cual se desarrolla desde la primera etapa de la vida, especialmente relacionada con la falta de alimentación. Cuando el individuo es adulto, esta falta de protección se asocia al Estado y la sociedad. Esa falta de protección, conduce a la persona a sentirse coaccionado, intimidado y excluido. La sociedad impone una carga de creencias y valores que son asumidos como verdaderos por un grupo social. Ese proceso de socialización conduce a que pase a formar parte del yo de cada individuo, de modo que la autoestima de la persona depende de alcanzar las metas que se les impone socialmente; conseguir un estilo de vida alto y con bienes costosos pasa a formar parte del yo ideal (Kardiner [1939] 1945:391-393). Quien no alcanza las metas impuestas tiene una mala imagen de sí mismo y pierde su autoestima (Cortina, 2002:107-108). En ese sentido, autores como Robert Merton, agregan que, la gran virtud americana (estadounidense), de la «ambición» promueve el gran vicio americano del «comportamiento desviado» ([1949] 1960:68). Se establece un orden simbólico según cierta tabla de valores. Las metas dominantes constituyen una escala de aspiraciones, con diversos grados de emotividad y significado, son las cosas por las cuales vale la pena sacrificarse agrega el referido autor ([1949] 1960: 53). Coinciden estos autores al indicar que los criterios de éxito o fracaso no son establecidos por los individuos, sino por el sistema, en ese sentido Adela Cortina, agrega que una de las mayores fuentes de insatisfacción es no poseer determinados bienes cuando otros sí los tienen (2002:79). La era del consumo con sus espejismos y deseos se muestra a toda la sociedad sin cortapisas. Para la clase alta se traduce en ambición, en la clase media desesperación y para la clase baja frustración (Rivera, 2015:77-85).

Por lo menos una docena de casos se ventilan en los juzgados de Guatemala por corrupción que involucra a empresarios, altos funcionarios públicos con tentáculos que vinculan a decenas de políticos que incluso involucra a gente de confianza del mismo Presidente y Vicepresidente del país. Tanto en los organismos legislativo y judicial se están iniciando procesos por lo mismo, delitos relacionados con corrupción. Varios de estos políticos y empresarios muchos provenientes de modestas clases medias, se caracterizaron porque de la noche a la mañana empezaron a llevar un ostentoso estilo de vida. Vehículos de alta gama, ostentosas residencias valoradas en millones de dólares, sus hijos en la mayoría de los casos estudiando y viajando constantemente a Europa y Estados Unidos. De allí que tenga sentido que para la clase alta, el consumismo se traduzca en mantener el estatus quo o generar altos niveles de ambición que se traducen en el fomento a una cultura basada en el VIP, en ello radica precisamente la trampa del fomento de los deseos. Por su parte, la clase media, es la que mas asechada se siente en la era consumista. Constantemente imita y anhela el lujoso estilo de vida impuesto por la clase alta. Es ese sector especialmente urbano de la capital, que para sentir esa cercanía al estilo de vida americano, realizan un viaje anual a Estados Unidos con la familia, compran vehículos de origen japonés, normalmente al crédito, acuden con frecuencia (no siempre de shopping) a los centros comerciales y con cierta periodicidad a las cadenas americanas de restaurantes como pueden ser Kentucky Fried Chicken, Chili´s, IHOP, Applebees y Starbucks. Para la clase baja, el acceso al estilo de vida de la clase media y alta es prácticamente imposible. Es un sector poblacional que vive literalmente en un sótano con pocas posibilidades de acceder al fantasmagórico mundo que impone la sociedad consumista, al no ser que se haga por los medios no lícitos, narcotráfico, crimen organizado, extorsiones, entre otros. Es este sector de la sociedad el que acumula esa frustración de no acceder a todos esos bienes y servicios que se muestran exponencialmente con la globalización económica. Es en este sector donde especialmente los jóvenes de las ciudades urbanas de las áreas marginales traducen esa frustración en violencia.

Los ingresos salariales pueden ser un buen ejemplo de esa disparidad social. El salario para un guatemalteco promedio que es el grueso de la población oscila entre 150 y 350 dólares. Para la clase media ronda los 800 a 2500 dólares. En algunos puestos públicos empieza a cambiar ese ingreso substancialmente. Un diputado puede recibir sin incluir sus dietas un promedio de 4000 dólares mensuales. Un Magistrado del Organismo Judicial puede llegar a cotizar unos 8000 dólares por mes. El alcalde de la municipalidad de la ciudad alcanza unos 14,400 dólares. El presidente de la republica promedia 20,000 dólares mensualmente. Esa disparidad en el ingreso, sumado a la variable que nos incita a un consumo ostentoso, definitivamente va a generar una sociedad con grandes frustraciones y por lo mismo con grandes problemas sociales. Ese abismo en el ingreso de los diferentes estratos sociales, es uno de los obstáculos para el desarrollo (Stavenhagen, 1972:17). En definitiva, quien ostenta dinero, de cierta manera también exhibe poder y casi siempre una vida rodeada de glamur y prestigio. Es el lugar en el que todos quieren estar, porque al otro lado está el desafortunado, el fracasado.



Es importante anotar, que para el caso guatemalteco los efectos producidos en los estilos de vida de los guatemaltecos relacionados con la riqueza tienen una repercusión y análisis diferente cuando se analizan por ejemplo categorías relacionadas con el área urbana y rural. Para el caso guatemalteco, la ciudad capital y sus diferentes provincias en su mayoría urbanas constituyen el espacio geográfico menos pobre del país, llama poderosamente la atención que es también la parte en donde los índices de violencia son los más altos. Por el contrario, en el área rural, en las comunidades indígenas en donde la pobreza es mucho mayor, en estos espacios territoriales la violencia alcanza niveles ínfimos ¿Por qué? Es precisamente en la ciudad capital y ciudades circunvecinas donde se desenvuelve y desarrolla el modelo consumista en su máxima expresión. Centros comerciales que nada tienen que apetecer a los construidos en Miami o Los Ángeles, tiendas de ropa de marca o diseñador, restaurantes premium, concesionarios de vehículos de lujo, complejos habitacionales suntuosos, centros educativos en donde la colegiatura de un joven puede oscilar los mil dólares mensuales. Por otra parte, en esas mismas ciudades un grueso de la población, sobrevive con salarios modestos, atenúan el bombardeo consumista con la deuda provocada por las tarjetas de crédito que se han masificado. Pocas veces la clase media, alta y baja se entremezclan. Cada grupo vive en determinados sectores, los hijos acuden a ciertos centros educativos, incluso eso se ve hasta en el cementerio e iglesia a la que asisten. Mientras tanto, en el área rural, el nivel de dispersión entre grupos sociales es menos marcado e incluso menos perceptible. Usualmente se acude a los mismos lugares, no hay una segregación por el lugar en donde se vive. El contacto cara a cara es más cercano, y por lo tanto se desenvuelven relaciones sociales más cercanas e incluso solidarias. Esto en parte evita que los jóvenes se integren con facilidad a pandillas juveniles, porque sus papas o abuelos son conocidos de todos en el pueblo, lo que provocaría una especie de vergüenza familiar, donde esta en juego el honor de la familia. Sin embargo, más recientemente se potencializan otras formas de conducta social desviada, como el narcotráfico, el crimen organizado y la corrupción básicamente por parte de los políticos locales. A manera de predicción bien puede decirse que la globalización económica y cultural abraza hoy en día a casi todo las sociedades y grupos sociales del mundo. En Guatemala, en las comunidades rurales es cada vez más frecuente encontrar centros comerciales, lo cual es una novedad y una nueva forma en que los ciudadanos realizan su ocio al acudir a estas denominadas por el sociólogo estadounidense George Ritzer como las nuevas catedrales del consumo. La valoración de las personas en las relaciones sociales están cada vez mas condicionadas por el tipo de consumo que se realiza, por ejemplo en vestimenta, vehículos, o bien teléfonos móviles por citar unos bienes. Uno de los cambios mas evidentes que ha implicado la cultura consumista tiene que ver con la modificación en los hábitos alimenticios. Las franquicias internacionales de comida rápida, una amplia gama de productos enlatados y envasados, están suplantando con celeridad los alimentos realizados de forma tradicional.

La fisonomía de las comunidades está siendo modificada. La saturación de carteles, publicidad y comercios hacen que se pierda el sentido original de una vivienda. Las casas tradicionales se convierten en comercios. La tecnología, la televisión y los inmigrantes en Estados Unidos, potencializan los productos y el estilo de vida estadounidense. En la etapa del homo consummers, todos los caminos conducen al consumo de bienes, a la búsqueda del prestigio, el reconocimiento y el estatus social. El dinero, el honor y la capacidad de pago entran como variables que se instalan en nuestra vida cotidiana, como bien nos expondría hace más de un siglo el sociólogo estadounidense Thorstein Veblen (2008). Adquirir y asumir estos nuevos roles en estos novedosos estilos de vida es librarse de cierta manera para no ser etiquetado como pobre. Baudrillard hace algunas décadas lo resumía de la siguiente manera: La sociedad de consumo es, en un mismo movimiento, una sociedad de solicitud y una sociedad de represión, una sociedad pacificada y una sociedad de violencia ([1970] 2009:221).



Bibliografía
Baudrillard, J. (2009). La sociedad del consumo. Sus mitos, sus estructuras. España: Siglo XXI
Bauman, Z. (2007). Vida de Consumo. Madrid, España: Fondo de Cultura Económica
Cortina, A. (2002). Por una ética del consumo. España: Taurus Editorial
Featherstone, M. (1991). Cultura de consumo y posmodernismo. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu
Fromm, E. (1985). Psicoanálisis de la sociedad contemporánea. México: Fondo de Cultura Económica
Fukuyama, F. (1992). El Fin de la Historia y el último hombre. Buenos Aires, Argentina: Planeta
Kardiner, A. (1945). El individuo y su sociedad. México: Fondo de Cultura Económica
Klein, N. (2007). No Logo. Barcelona, España: Paidós
Marinas, J. M. (2001). La fábula del bazar: Orígenes de la cultura de consumo (Colección: La balsa de la medusa, vol. 118). Madrid, España: A. Machado Libros
Merton, R. (1960). Teoría social y estructura social (Cuadernos de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales). Santiago de Chile: Andrés Bello
Rivera, M. (2015). La Escalera. Ciencias sociales y humanidades. Volumen 2, No. 1, Guatemala: Dirección General de Investigación –DIGI-
Stiglitz, J. (2007). El malestar en la globalización. En C. Rodríguez (Trad.). España: Punto de lectura
Stavenhagen, R (1972). Las clases sociales en las sociedades agrarias. México: Siglo Veintiuno Editores
Torres, J. (2005). Consumo luego existo. Poder mercado y publicidad. Barcelona, España: Icaria
Veblen, T. (2008). Teoría de la clase ociosa. España: Alianza Editorial



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