Traficantes de Sueños no es una casa editorial, ni siquiera una



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Traficantes de Sueños no es una casa editorial, ni siquiera una

editorial independiente que contempla la publicación de una

colección variable de textos críticos. Es, por el contrario, un

proyecto, en el sentido estricto de «apuesta», que se dirige a

cartografiar las líneas constituyentes de otra forma de vida. La

construcción teórica y práctica de la caja de herramientas que,

con palabras propias, puede componer el ciclo de luchas de las

próximas décadas

Sin complacencias con la arcaica sacralidad del libro, sin concesiones

con el narcisismo literario, sin lealtad alguna a los

usurpadores del saber, TdS adopta sin ambages la libertad de

acceso al conocimiento. Queda, por tanto, permitida y abierta

la reproducción total o parcial de los textos publicados, en

cualquier formato imaginable, salvo por explícita voluntad del

autor o de la autora y sólo en el caso de las ediciones con ánimo

de lucro.



Omnia sunt communia!

traficantes de sueños

Mapas. Cartas para orientarse en la geografía variable de la

nueva composición del trabajo, de la movilidad entre fronteras,

de las transformaciones urbanas. Mutaciones veloces que exigen

la introducción de líneas de fuerza a través de las discusiones

de mayor potencia en el horizonte global.

Mapas recoge y traduce algunos de los ensayos, que con mayor

lucidez y mayor fuerza expresiva han sabido reconocer las posibilidades

políticas contenidas en el relieve sinuoso y controvertido

de los nuevos planos de la existencia.

mapas 5

Condiciones del Copyright



Se permite la copia parcial o total, en

papel o en formato digital, de los contenidos

de este libro siempre y cuando

se respete la autoría de los textos.

© 2003, Franco Berardi Bifo.

© 2003, Traficantes de Sueños.



Septiembre de 2003

Título:

La fábrica de la infelicidad



Autor:

Franco Berardi Bifo



Traducción:

Patricia Amigot Leatxe

Manuel Aguilar Hendrickson

Maquetación y diseño de cubierta:

Traficantes de Sueños.



Edición:

Traficantes de Sueños

C\Hortaleza 19, 1º drcha.

28004 Madrid. Tlf: 915320928

e-mail:ts@nodo50.org

Impresión:

Queimada Gráficas.

C\. Salitre, 15 28012, Madrid

tlf: 915305211



ISBN: 84-932982-4-7

Depósito legal:

La fábrica de la

infelicidad.

Nuevas formas de trabajo y

movimiento global.

Franco Berardi Bifo

traducción y notas:

Manuel Aguilar Hendrickson

y

Patricia Amigot Leatxe

traficantes de sueños

mapas
Introducción a la edición en castellano 9



Introducción 29

1. La ideología felicista 33

2. El trabajo cognitivo en la red 59

3. New economy & semiokapital . 99

4. Globalismo inhumano, horizonte posthumano 131

5. Rekombinant 157



Conclusiones fuera de tema 185

Bibliografía y sitografía 189

índice
CUANDO ESTE LIBRO FUE ESCRITO en la primavera de 2000, la

new economy mostraba los primeros signos de una crisis que

se agravó hasta desencadenar la recesión en la que el mundo

entró en 2001. La crisis se precipitó de forma trágica cuando,

el 11 de septiembre, el símbolo del poder económico occidental,

las torres del World Trade Center, fueron destruidas

por el ataque de un comando suicida.

En el último decenio hemos visto sucederse con vertiginosa

rapidez tres fases diferentes: el ascenso de una clase

social ligada a la virtualización, que halló su triunfo en la

impresionante subida de las acciones tecnológicas en la

Bolsa; la crisis ideológica, psíquica, económica y social del

modelo de la new economy; y por último la precipitación de la

crisis y su revés angustioso en forma de violencia, guerra y

militarización de la economía.



La fábrica de la infelicidad es un libro dedicado al análisis

de la ideología virtual, de sus aporías teóricas y, sobre todo,

de su fragilidad cultural.

La ideología virtual es una mezcla de futurismo tecnológico,

evolucionismo social y neoliberalismo económico.

Floreció a mediados de los años noventa, cuando la revista

californiana Wired se convirtió en el Evangelio de una nueva

clase cosmopolita y libertaria,1 optimista y sobreexcitada.

En los últimos años, todos han empezado a darse cuenta de

que el neoliberalismo no es el más perfecto de los programas

9

Introducción a la edición castellana

1. En el sentido norteamericano de liberal radical partidario de una

absoluta libertad de los individuos frente al Estado, distinto de su acepción

europea como sinónimo de anarquista. [N. del E.]

políticos, de que el mercado no se corrige a sí mismo, y de

que la mano invisible de smithiana memoria no es capaz de

regular los procesos sociales y financieros hasta producir

una perfecta autorregulación del ciclo económico. Se ha

hecho evidente que la infoproducción no es ese reino de la felicidad

y de la autorrealización que la ideología había prometido

como premio a los que trabajan en la economía de la

red, en las condiciones de continuo estrés competitivo de la

empresa fractal individualizada. La promesa de felicidad y

autorrealización en el trabajo estaba implícita en el edificio

discursivo e imaginario de la new economy. Esta promesa se

marchitó: la crisis financiera de las acciones tecnológicas

hizo estallar un malestar que hasta ese momento fue ocultado

y calmado con masivas dosis de sustancias —financieras

y psicotrópicas. Ese malestar no se ha podido mantener oculto

al quedar claro que las inversiones disminuían y, con ello,

desaparecería el incentivo para aplazar toda reflexión, todo

relajamiento y toda profundización.

En el centro de la new economy, entendida como modelo

productivo y como discurso cultural, se halla una promesa

de felicidad individual, de éxito asegurado, de ampliación

de los horizontes de experiencia y de conocimiento. Esta

promesa es falsa, falsa como todo discurso publicitario.

Impulsados por la esperanza de lograr la felicidad y el éxito,

millones de jóvenes trabajadores altamente formados han

aceptado trabajar en condiciones de un espantoso estrés, de

sobreexplotación, incluso con salarios muy bajos, fascinados

por una representación ambigua en la que el trabajador es

descrito como un empresario de sí mismo y la competición

es elevada a regla universal de la existencia humana.

El hundimiento de la ideología felicista ligada a la economía

de red comenzó cuando los títulos tecnológicos empezaron

a perder puntos en las Bolsas de todo el mundo y se

empezó a prever que la llamada «burbuja especulativa»

pudiera pincharse. El sentimiento de malestar se acentuó

cuando a la crisis financiera siguió una auténtica crisis económica,

con rasgos de crisis de sobreproducción semiótica y

tecnológica. Finalmente, se abrió un vertiginoso y temible

abismo cuando la clase virtual descubrió que es físicamente

vulnerable, cuando la violencia se demostró capaz de entrar

en el edificio transparente de la virtualidad. El apocalipsis ha

hecho que la clase virtual descubra que no es inmune a la crisis,

a la recesión, al sufrimiento y a la guerra.

La fábrica de la infelicidad 10

En ese momento, las perspectivas cambiaron de modo radical.

Cuando las torres de Manhattan fueron destruidas por

hombres convertidos en bombas, la clase virtual que desarrollaba

su trabajo atrincherada en esas torres salió de su

condición de espíritu puro, descubrió que tiene un cuerpo

físico, carnal, que puede ser golpeado, herido, muerto. Y descubrió

también que tiene un cuerpo social, que puede empobrecerse,

ser despedido, ser sometido al sufrimiento, a la

marginación, a la miseria; y también un cuerpo erótico, que

puede entrar en una fase de depresión y de pánico. En otras

palabras, la clase virtual ha descubierto que es, además, cognitariado,

es decir: trabajo cognitivo dotado de un cuerpo

social y carnal, que es sometido conscientemente o no al proceso

de producción de valor y de mercancía semiótica, que

puede ser sometido a explotación y a estrés, que puede sufrir

privación afectiva, que puede caer en el pánico, que incluso

puede ser violentado y muerto. La clase virtual ha descubierto

un cuerpo y una condición social. Por eso ha dejado de

sentirse clase virtual y ha empezado a sentirse cognitariado.

El hundimiento y la disolución de la new economy, es decir,

del tejado ideológico y de categorías bajo el cual se desarrolló

la semioproducción en los años noventa, no supone el hundimiento

de la net economy, es decir, del proceso de producción

conectado en red. La infraestructura de la red ha seguido creciendo

y articulándose a pesar de la crisis, y la prioridad hoy

reside en crear los contenidos, imaginar los usos, las funciones

sociales y comunicativas de la red futura. ¿Qué encadenamientos

sociales se crearán con el desarrollo de la banda

ancha, de la fibra óptica, del UMTS,2 es decir, de las infraestructuras

técnicas producidas durante la onda expansiva de

los últimos años noventa y hoy muy infrautilizadas?

Se abre un vasto campo a la imaginación. Se trata de

imagi-nar para los próximos años interfaces de uso, modos

de encadenamiento, formatos de narración conectiva y

narración en inmersión, de activar una nueva mitopoiesis3

Introducción a la edición en castellano 11

2. UMTS, tecnologías que permiten el acceso a Internet a través de los

teléfonos móviles. [N. del E.]

3. Mitopoiesis podría ser traducido como generación creativa de mitos. El

neologismo, de doble raíz helénica, ha quedado sin embargo incoporado

al léxico político de los movimientos, gracias en buena mediad a la actividad

del grupo italiano Wu Ming, y de su predecesor europeo Luther

Blissett. Para un desarrollo de la actividad de este grupo léase Wu Ming,



Esta revolución no tiene rostro, Madrid, Acuarela, 2002. [N. del E.]

de la red, caminando al borde del abismo que la guerra y la

recesión han abierto.

Se trata de imaginar todo aquello que se volverá productivo

durante y después de la apertura del abismo porque, si

la humanidad no desaparece, la red sobrevivirá.



Consecuencias ideológicas del dotcom crash4

En los años noventa, gracias a la participación masiva en el

ciclo de inversión financiera, los productores cognitivos

pudieron actuar como capa económica autosuficiente.

Invirtieron sus competencias, su saber y su creatividad y

hallaron en el mercado financiero los medios para crear

empresa. Durante unos años la forma de la empresa ha sido el

punto de encuentro entre capital financiero y trabajo cognitivo

de alta productividad. Una forma de autoempresa que

exaltaba a un tiempo la autonomía del trabajo y la dependencia

del mercado. La ideología libertaria y liberal que dominó

la cibercultura de los años noventa idealizaba el mercado al

presentarlo como una dimensión pura. En esta dimensión,

natural como la lucha por la supervivencia que hace posible la

evolución, el trabajo hallaba los medios para autovalorizarse

y hacerse empresa. Abandonado a su dinámica pura, el sistema

económico reticular debía lograr resultados óptimos para

todos, propietarios y trabajadores. Este modelo, teorizado por

autores como Kevin Kelly y transformado por la revista Wired

en una especie de visión del mundo digital liberal, altanera y

triunfalista, ha quedado en entredicho en los dos primeros

años del nuevo milenio, junto con la new economy y gran parte

del ejército de autoempresarios cognitivos que animaron el

mundo de las dotcom.

Ha quedado en entredicho porque el modelo de un mercado

perfectamente libre es falso en la teoría y en la práctica. Lo

que el neoliberalismo ha favorecido a largo plazo no es el libre

mercado sino el monopolio. Mientras el liberalismo idealiza el



La fábrica de la infelicidad 12

4. Hundimiento de las acciones de las empresas dotcom («puntocom»),

empresas cuya actividad se realiza sobre todo en, y en relación con,

Internet. [N. del E.]

mercado como lugar libre en el que compiten saberes, competencias

y creatividad, la realidad ha mostrado que los

grandes grupos de poder actúan de un modo nada libertario,

introduciendo automatismos tecnológicos, imponiéndose

por medio de la fuerza de los medios de comunicación o del

dinero y, por último, robando sin pudor alguno a la masa de

accionistas y al trabajo cognitivo. La falsedad del libre mercado

ha quedado completamente a la vista con la presidencia

Bush. La política del gobierno Bush consiste en favorecer

de modo explícito a los monopolios —empezando por el

escandaloso indulto a Bill Gates, a cambio de una alianza

política y de los correspondientes apoyos financieros electorales.

La política del gobierno Bush es de tipo proteccionista,

que impone la apertura de los mercados a los países débiles

pero permite a los Estados Unidos de América mantener

aranceles del 40 por ciento sobre la importación de acero.

Con la victoria de Bush, la ideología liberal y libertaria ha

quedado derrotada, reducida a la hipócrita repetición de

lugares comunes sin contenido.

La ideología que acompañó a la dotcommanía consistía en

una representación un tanto fanática de optimismo obligatorio

y economicista. Pero el proceso real que se desarrolló en

los años de las dotcom contiene elementos de innovación

social, además de tecnológica. En la segunda mitad de los

años noventa se desarrolló una auténtica lucha de clases en

el seno del circuito productivo de las altas tecnologías. El

devenir de la red ha estado marcado por esa lucha. El resultado

de la misma, en este momento, aún es incierto. La ideología

del mercado libre ha demostrado ser un señuelo. La

idea de que el mercado pudiera funcionar como un espacio

puro de confrontación en igualdad de condiciones entre las

ideas, los proyectos, la calidad productiva y la utilidad de

los servicios ha sido barrida por la amarga verdad de una

guerra que los monopolios han conducido contra la multitud

de trabajadores cognitivos autoempleados y la masa un

tanto patética de microaccionistas. En la lucha por la supervivencia

no ha vencido el más eficaz ni el mejor, sino el que

ha sacado los cañones. Los cañones de la violencia, de la

rapiña, del robo sistemático, de la violación de todas las

normas éticas y legales. La alianza entre Gates y Bush ha

sancionado la liquidación del mercado, y con ello ha concluido

una fase de la lucha interna en la virtual class. Una

Introducción a la edición en castellano 13

parte de ésta se ha incorporado al complejo tecnomilitar,

mientras otra ha sido expulsada de la empresa y empujada

hasta el borde de la proletarización. En el terreno cultural

se están creando las condiciones para la formación de una

consciencia social del cognitariado. Este podría ser el fenómeno

más importante de los próximos tiempos y la única

alternativa al desastre.

Las dotcom han sido el laboratorio de formación de un

modelo productivo y de un mercado. El mercado ha sido

finalmente conquistado y ahogado por los monopolios y el

ejército de autoempresarios y de microcapitalistas de riesgo

ha sido disuelto y despojado. Se inicia así una nueva fase: los

grupos que prosperaron con el ciclo de la net economy se han

aliado con el grupo dominante de la old economy —el clan

Bush, representante de la industria petrolera y militar— y

ello ha marcado un bloqueo del proceso de globalización. El

neoliberalismo ha producido su propia negación, y quienes

fueron sus más entusiastas defensores se convierten en víctimas

y marginados.

En cuanto la red empezó a difundirse y a mostrar sinergias

culturales, técnicas y comunitarias llegaron los comerciantes

y los publicitarios y toda su cohorte de fanáticos del

beneficio. Su pregunta era muy sencilla: ¿puede Internet

convertirse en una máquina de hacer dinero? Los «expertos»

—un puñado variopinto de artistas, hackers y experimentadores

tecnosociales— respondieron de manera sibilina. Los

californianos de Wired respondieron que Internet estaba destinada

a multiplicar la potencia del capitalismo, a abrir

inmensos mercados inmateriales y a trastocar las propias

leyes de la economía, que prevén crisis, recesiones, rendimientos

decrecientes y caídas de la tasa de beneficio. Nadie

desmintió a los vendedores digitales. Artistas de la red y

mediactivistas tenían otras cosas que hacer y sus críticas y

reservas fueron tomadas por los lamentos del perdedor,

incapaz de entrar en el gran juego. Visionarios digitales



cyberpunk y artistas de la red dejaron que el globo creciese.

Lo que entraba en el circuito de la red era dinero útil para

desarrollar todo tipo de experimentación tecnológica, comunicativa

y cultural. Alguno lo ha llamado funky business. El

trabajo creativo encontró el modo de sacarle unos durillos a

una marea de capitalistas grandes, grandísimos, pero también

pequeños.

La fábrica de la infelicidad 14

Pero Internet no es una máquina de hacer dinero. No lo ha

sido nunca y no puede convertirse en ello. Esto no quiere

decir que la red no tenga nada que ver con la economía. Por el

contrario, se ha convertido en una infraestructura indispensable

para la producción y la realización del capital. Pero su cultura

específica no puede ser reducida a la economía. Internet

ha abierto un capítulo completamente nuevo del proceso de

producción. La inmaterialización del producto, el principio de

cooperación, la continuidad inseparable entre producción y

consumo han hecho saltar los criterios tradicionales de definición

del valor de las mercancías. Quien entra en la red no cree

ser un cliente sino un colaborador, y por eso no quiere pagar.

Ni AOL ni Microsoft ni los demás tiburones pueden cambiar

este hecho, que no es sólo un rasgo cultural un tanto anarcoide,

sino el corazón mismo de la relación de trabajo digital. No

debemos pensar que Internet es una especie de isla extravagante

en la que ha entrado en crisis el principio de valorización

que domina el resto de las relaciones humanas. Más bien,

la red ha abierto una grieta conceptual que está destinada a

agrandarse. El principio de gratuidad no es una excepción

marginal, sino que puede convertirse en el principio universal

de acceso a los bienes materiales e inmateriales

Con el dotcom crash el trabajo cognitivo se ha separado

del capital. Los artesanos digitales, aquellos que en los años

noventa se sintieron empresarios de su propio trabajo, se

irán dando cuenta poco a poco de cómo han sido engañados,

desvalijados y expropiados, y ello creará las condiciones de

aparición de una nueva consciencia de los trabajadores cognitivos.

Comprenderán que a pesar de poseer toda la potencia

productiva, les ha sido expropiado el fruto de su trabajo

por una minoría de especuladores ignorantes pero hábiles

en el manejo de los aspectos legales y financieros del proceso

productivo. La capa improductiva de la clase virtual, los

abogados y los contables, se apropian del plusvalor cognitivo

producido por los físicos, los informáticos, los químicos,

los escritores y los operadores mediáticos. Pero éstos pueden

separarse del castillo jurídico y financiero del semiocapitalismo

y construir una relación directa con la sociedad, con

los usuarios. Tal vez entonces se inicie el proceso de autoorganización

autónoma del trabajo cognitivo. Un proceso que,

por lo demás, ya está en marcha, como lo demuestran las

experiencias del activismo mediático y la creación de redes

de solidaridad del trabajo migrante.

Introducción a la edición en castellano 15

El sistema nervioso digital como centro

de un nuevo campo disciplinar

Acabado el período del triunfalismo capitalista y de la hegemonía

ideológica neoliberal, ¿debemos volver a las viejas categorías

analíticas del marxismo y a las estrategias políticas del

movimiento obrero del siglo XX, a los horizontes del socialismo

democrático o del comunismo revolucionario? Nada sería

más inútil y equivocado. El capitalismo reticular de masas que

se ha afirmado plenamente en los años noventa ha producido

formas sociales irreducibles al análisis marxiano de las clases.

No nos bastan las categorías de la crítica de la economía política,

porque los procesos de subjetivación atraviesan campos

bastante más complejos. Se empieza a dibujar un campo disciplinar

en el punto de encuentro entre los territorios de la

economía, la semiología y la psicoquímica.

El modelo productivo que se dibuja en el horizonte de la

sociedad postmoderna es el Semiocapital. Capital flujo, que

se coagula, sin materializarse, en artefactos semióticos. Los

conceptos forjados por dos siglos de pensamiento económico

parecen disueltos, inoperantes, incapaces de comprender

gran parte de los fenómenos que han aparecido en la esfera

de la producción social desde que ésta se ha hecho cognitiva.

La actividad cognitiva siempre ha estado en la base de toda

producción humana, hasta de la más mecánica. No hay trabajo

humano que no requiera un ejercicio de inteligencia.

Pero, en la actualidad, la capacidad cognitiva se ha vuelto el

principal recurso productivo. En el trabajo industrial, la

mente era puesta en marcha como automatismo repetitivo,

como soporte fisiológico del movimiento muscular. Hoy la

mente se encuentra en el trabajo como innovación, como lenguaje

y como relación comunicativa. La subsunción de la

mente en el proceso de valorización capitalista comporta

una auténtica transformación. El organismo consciente y

sensible es sometido a una presión competitiva, a una aceleración

de los estímulos, a un estrés de atención constante.

Como consecuencia, el ambiente mental, la infosfera en la que

la mente se forma y entra en relación con otras mentes, se

vuelve un ambiente psicopatógeno. Si queremos comprender

el infinito juego de espejos del Semiocapital, es necesario

mirarlo desde tres ángulos:

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