Transformaciones y continuidades de los sentidos del aborto voluntario en Uruguay: del ameu al misoprostol



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Transformaciones y continuidades de los sentidos del aborto voluntario en Uruguay: del AMEU al misoprostol




Susana Rostagnol1; Valeria Grabino, Serrana Mesa, Mariana Viera2

Equipo Género, Cuerpo y Sexualidad

gcs.proyecto@gmail.com

Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (UDELAR)

Resumen

En Uruguay el aborto es un delito, sin embargo su práctica está muy extendida. Los métodos utilizados eran principalmente quirúrgicos (AMEU, legrado entre los más comunes) hasta la diseminación en todo el territorio del uso abortivo del misoprostol a principios de 2004, en que se populariza ampliamente su uso.

La ponencia contrasta la experiencia del aborto medicamentoso y el quirúrgico en relación a tres ítems: la vivencia corporal de las mujeres que deciden interrumpir un embarazo; el involucramiento de la pareja en el evento; los cambios en el “secreto” respecto a su práctica en la medida en que participan otros vínculos afectivos de la mujer como amigos/as y familia.

El estudio se realiza desde la perspectiva de las mujeres, mediante el análisis de entrevistas realizadas a mujeres de dos grupos etarios (18-27 y 40-49 años) de capas medias -medias altas y capas medias-medias bajas.

Los resultados parciales a los que se llega evidencias la inexistencia de un “aborto ideal” en las condiciones de restricciones legales en que se producen. Se percibe una mayor apropiación del cuerpo entre las mujeres que se realizan el aborto con misoprostol. La posibilidad de participación activa de la pareja en el proceso, también es vista de manera positiva. Este tipo de aborto parece ubicarse desde un primer momento dentro de la vida cotidiana de las mujeres. Sin embargo, algunas observan en el mismo ciertos inconvenientes que no están presentes en el aborto quirúrgico. No obstante, las características de clandestinidad en que éstos se realizan muestran que en unos y otros las mujeres se enfrentan a una experiencia dolorosa.

Introducción

Esta ponencia constituye un trabajo en proceso por lo tanto, más que conclusiones, plantea interrogantes para continuar la investigación. Está enmarcada en la investigación “Relaciones heterosexuales y regulación de la fecundidad” (CSIC I+D, 2008 UDELAR/HEXCA-CLAM), donde se entrevistaron a hombres y mujeres que pasaron por la experiencia de por lo menos un aborto voluntario, agrupados en dos tramos etarios (18-27 años y 40-49 años) y dos estratos socioeconómicos (medio-medio alto; medio-medio bajo). Constituye pues un avance en el análisis de la información de dicha investigación.

En esta oportunidad hemos considerado solo las entrevistas realizadas a las mujeres, estimando exclusivamente los aspectos relativos a las experiencias del aborto medicamentoso y quirúrgico, a fin de elaborar una comparación entre ambos desde las vivencias de las mujeres. La hipótesis de trabajo que guió el presente análisis refiere al supuesto que la diseminación del uso abortivo del misoprostol produjo cambios en la forma en que las mujeres -y su entorno- transitan por esta experiencia.

Contexto


A igual que en la mayoría de los países de la región, Uruguay tiene una legislación restrictiva respecto al aborto3. Con el avance del siglo XX se agudizaron las restricciones al mismo, volviéndose más secreta su práctica. Desde comienzo del siglo XXI la sociedad debate de manera por momentos amplia el tema de la legalización del aborto. A ello contribuye que en dos periodos legislativos sucesivos se discuten proyectos de ley que proponían su legalización. Asimismo, en 2004 el Ministerio de Salud Pública promulga la Ordenanza 369, Normativa de Atención Sanitaria “Asesoramiento para una maternidad segura. Medidas de protección materna frente al aborto provocado en condiciones de riesgo” donde se establece el asesoramiento pre y post aborto para las mujeres (Briozzo, coord., 2002). A esto se suma el reforzamiento de la declaración de secreto profesional, por lo que el médico tratante no podrá denunciar a una mujer que le diga que ha abortado (Adriazola, 2002).

En Uruguay se estima en 33.000 el número de abortos voluntarios anuales, lo cual implica una razón de abortos (proporción del número de abortos con respecto al total de nacimientos más abortos) de 38.5%. Esto significa que aproximadamente cada 10 concepciones, 3 terminan en aborto (Sanseviero, 2003).

El uso del misoprostol como método abortivo se ha difundido en todo el territorio uruguayo a comienzos del 2004. Previamente, los métodos más usuales eran principalmente quirúrgicos, especialmente el AMEU (aspiración manual endouterina). Éstos, exigían la participación de otra persona, en 80% de los casos, un profesional de la salud (Sanseviero, 2003). El misoprostol es un análogo sintético de prostaglandina E1 para el tratamiento de ciertos tipos de úlceras duodenales y gástricas; tiene como efecto el estímulo de músculos, incluyendo el útero, provocando contracciones. La Organización Mundial de la Salud propone el uso del misoprostol en la inducción de abortos en la guía técnica para abortos sin riesgos (OMS, 2000). Sin embargo, en Uruguay, su venta está restringida requiriendo la receta de un gastroenterólogo. Esta situación provoca un mercado paralelo a la ley, donde las mujeres obtienen el fármaco a fin de realizarse un aborto. Diversos estudios clínicos han demostrado que los abortos realizados con misoprostol disminuyen de manera significativa la posibilidad de complicaciones serias, como la sepsis generalizada que provoca la muerte (Arilha y Barboza, 1993a y b; Faúndez, 2007; Vidiella et al., 2004), es por ello que en las policlínicas donde se aplica la Ordenanza 369/04, los ginecólogo/as informan sobre el uso del misoprostol.

Aspectos metodológicos.

En esta ponencia nos propusimos contrastar la experiencia del aborto medicamentoso y el quirúrgico en relación a:

a- La vivencia corporal de las mujeres que deciden interrumpir un embarazo explorando la ‘apropiación’ del cuerpo y el posible sentimiento de ‘desmedicalización’.

b- El involucramiento de la pareja en el evento.

c- La forma en que se pone en juego el “secreto” en la práctica del aborto voluntario y su articulación con la participación de otros vínculos afectivos de la mujer como amigos/as y familia.

Estos tres ejes de análisis resultan en parte de los hallazgos de investigaciones sobre el uso del misoprostol en otros lugares (Lafaurie et al, 2005; Gutiérrez et al, 2006; Arilha y Barbosa, 1993a y b), así como de ideas surgidas en una primer lectura de las entrevistas desgrabadas.

Se procesó la información de las entrevistas a los cuatro grupos de mujeres en dos corpus: aborto medicamentoso y aborto quirúrgico para luego establecer la comparación. En los testimonios que acompañan el análisis, hemos agregado ‘grupo 1’ cuando se trata de mujeres del grupo de edad 18-27 y ‘grupo 2’ en el caso de las comprendidas entre los 40 y 49 años. En los casos de aquellas mujeres que vivieron ambas experiencias, se contempló cada una de ellas en el corpus correspondiente. En cada uno de los corpus se organizó la información de acuerdo a los ejes establecidos.

Se llegó a las mujeres entrevistadas a través de la técnica de bola de nieve. Eso permitió tener una amplia gama de experiencias, algunas habían consultado las policlínicas de Asesoramiento (que implementan la Ordenanza 369/04) mientras que otras habían llegado al misoprostol solo por el boca a boca. Del mismo modo, entre quienes se practicaron abortos quirúrgicos, algunas concurrieron a clínicas clandestinas donde se realizaba un pormenorizado seguimiento de la mujer, mientras que otras fueron a clínicas prácticamente montadas a los efectos de manera momentánea.


El procedimiento del aborto quirúrgico y del aborto medicamentoso


En ambos procedimientos existe una etapa previa al aborto mismo que forma parte del proceso: en el caso del aborto medicamentoso se trata de conseguir las pastillas de misoprostol –ya que son de venta restringida-; en el caso del aborto quirúrgico, conseguir la clínica clandestina donde se lo practiquen.

En el caso del aborto quirúrgico, el procedimiento para su realización comienza con el ayuno de la mujer para poder ser anestesiada. Luego continúa, según los momentos de represión, con las diversas maneras de llegar a la clínica. En los períodos donde aumentaba la persecución policial de los proveedores de servicios de abortos clandestinos, las mujeres eran recogidas en alguna esquina e ignoraban el destino final.

“… me dijo que estaba el lugar, era un lugar que habían alquilado en el Pinar (…) como yo era mayor, tenía que ir sola (..) tenía que ir hasta Portones, verla a ella y a otras personas que iba y subirme a un ómnibus cuando viera que ellas subían y bajarme cuando la viera bajar…” (Mia, grupo 1)

El estado con que muchas mujeres que llegan a la clínica de la manera que lo hizo Mia, evidentemente las coloca en una situación de mucho mayor vulnerabilidad que aquellas que se practican un aborto medicamentoso en su casa.

En períodos ‘normales’ las mujeres llegaban a la clínica directamente

.. fuimos…. para la… clínica los dos (….) parecía una casa re cheta4 afuera. Entramos, tá bueno, era la clínica, que tá, la fachada es como si fuera una casa. Y tá, toda una seguridad antes, como que hay, no me acuerdo, como que era como un código que vos tenías que decir” (Marcia, grupo 1)

Me acuerdo que el que me hizo la ecografía (…) porque ellos te controlan, si tenés mucho flujo, si tenés infección, porque no es así no más hacer el aborto (…)Y después tuve que tomar unos antibióticos porque yo tenía mucho flujo, una cosa así, y bueno, después de que terminé los antibióticos fui a la clínica. (…) primero te dan unas pastillas, como unas drogas son, que te voltean y después te hacen pasar a la sala. Me acuerdo que me pincharon, la anestesia esa y me empecé a ahogar, a ahogar y me dormí. Y tá, después me desperté. Después están los sangrados y esas cosas, el reposo. Y a mí me pasó que me había quedado con un, yo empecé con dolores después. Y me habían quedado unas coagulitos de sangre. Tuve que volver a la clínica, a hacerme eso de vuelta, para que me limpiaran bien, y bueno tá. Eso es todo lo que recuerdo. Me acuerdo que después me dieron galletitas dulces, coca cola y esas cosas y bueno, tá. Más nada.” (Abril, grupo 1)

Las experiencias de aborto medicamentoso son totalmente diferentes. El procedimiento es bien distinto. Así lo relata Luana:

estaban los dos conmigo y yo ta, sangraba un poquito y como que me sentía mal y me fui al baño.. estaba descompuesta. Con vómitos y de repente, ta, seguía sangrando y de repente fue/ estaba acostada, era como que me quería acostar de a momentos y por momentos levantar porque no me podía mantener en la cama. Y en un momento me levanté, me re mareé así. Todo me giraba. Pablo [su pareja] me abrazaba, o sea, me agarraba así porque no me podía mantener de pie. Y ahí fue como que medio, no perdí el conocimiento pero era como que me giraba todo y ahí me descompuse así, parada. Me puse a vomitar y ahí fue que fui al baño y la largué la bola. O sea, largué como un coagulo grande.” (Luana, grupo 1)

Después de haberse llevado a cabo el aborto, se le recomienda a la mujer acudir a un centro de salud para verificar que no han quedado restos. Esa es la situación Miranda (grupo 1), quien después de realizado el procedimiento, va a la urgencia para asegurarse que todo estaba bien, es decir que no le habían quedado restos.

Entonces, el loco [el médico] ahí me revisa y me dice: tá, no expulsaste nada. Yo ahí piré5, se me caían los lagrimones, ¿viste? Pero me tocó nomás¿ viste? Que no, que no había expulsado nada, no sé qué, que igual que me iba a mandar a hacer otra ecografía urgente y veíamos... yo ahí me quería matar”. La ecografía mostró que no había feto solo el endometrio engrosado.

De una manera u otra en ambos procedimientos está la presencia de la institución médica. Sin embargo, en el aborto medicamentoso, la mujer puede llevar a cabo todo el proceso sin tener contacto con un médico. Luana es plenamente consciente de lo que sucedió en su cuerpo. Esta diferencia entre un procedimiento y otro tiene consecuencias en la vivencia corporal de las mujeres. Mientras que en el caso del aborto quirúrgico –tal como se observa en el fragmento transcripto- Abril de alguna manera ‘entrega’ su cuerpo al profesional de salud. Siente y observa su sangrado, tiene algunos dolores; pero el proceso mismo de desprendimiento del producto de la concepción está fuera de su conciencia, sucede estando anestesiada. Como la mayoría de las mujeres que se realizan un aborto quirúrgico, no sabe lo que los profesionales de salud hacen con su cuerpo (¿con ella?) durante la intervención que produce el aborto.



La vivencia corporal de las mujeres que deciden interrumpir un embarazo

A fin de aproximarnos a la vivencia corporal de las mujeres que siguen uno u otro procedimiento, analizamos la información de acuerdo a tres aspectos: apropiación del cuerpo/desconocimiento del cuerpo; la ‘desmedicalización’ del cuerpo que eventualmente podría acompañar el aborto medicamentoso; y la relación con el producto de la concepción.

Apropiación del cuerpo/desconocimiento del cuerpo


En el grupo de mujeres de 40 a 49 años que se practicaron abortos quirúrgicos algunos años antes, abundan los relatos en que ni siquiera saben el método usado (AMEU, legrado, sonda y laminarias). Solo recuerdan haber llegado, haber sido anestesiadas, y luego, todo había acabado. Recuerdan sus miedos. Existe un total desconocimiento de lo que sucede en su cuerpo. En un solo relato (Milena, grupo 1), el médico le explicó todo lo que sucedería mientras estaba anestesiada.

Entre las mujeres que recurren al aborto medicamentoso el cuerpo está omnipresente durante todo el proceso.

.. a la hora, primero me dio diarrea, tá.. me cagaba encima, y vomitaba al mismo tiempo. O sea, bidet y wáter, todo al unísono [risas] y ahí empecé a sangrar, a sangrar y a sangrar, a sangrar, y ahí, yo para mí, ya largué. O sea, porque tipo me había puesto un ‘siempre libre’6 y.. y nada, y y y y y largué como una especie de pedazo de carne. (…) Duró, o sea, claro, estuve así como una primera hora que estuve pirando de dolor, como un dolor de ovario fuerte.” (Miranda, grupo 1)

Miranda, a igual que con las otras, reconoce el éxito del procedimiento una vez que comienza el sangrado y la expulsión de los coágulos. Esto es consistente con los estudios que sugieren que las mujeres saben si el procedimiento fue exitoso, sin necesidad de recurrir a profesionales de salud (Ellertson et al, 1997). En su caso, ciertos dolores posteriores, la hacen sospechar que habían quedado restos.

“…Y ta, empezar a expulsar como los coágulos de sangre hasta que expulsé el feto y después seguí expulsando coágulos de sangre, pero ya el dolor pasó enseguida después de la expulsión. Y ta estuve como media hora con la sangre, me senté en el bidet, abrí el bidet, empecé a esperar que se terminara de salir todos los coágulos de sangre. (…) Mmm... Si [hay una especie de mini diálogo con la mirada que es imposible transcribir pero sería que yo le digo “está muuy salado” y ella me responde que si]. (Milagros, grupo 1)

Los efectos colaterales mencionados por nuestras entrevistadas coinciden con los más usuales citados en la bibliografía sobre la temática (Lafaurie et al., 2005). Algunas mujeres se sintieron sobrepasadas por los dolores, contracciones, vómitos, diarrea. Varias de ellas no sabían que el misoprostol tenía efectos colaterales, estando en ese desconocimiento parte del malestar con que vivieron el procedimiento.

Si tomamos la idea de corporeidad (embodyment) desde la perspectiva fenomenológica de Csordas (1994) podríamos preguntarnos si esa mujer en esa vivencia corporal está relacionándose con el mundo de una manera particular, a lo que podríamos agregar que esa experiencia quedará en la memoria corporal. En cambio, cuando el aborto es practicado usando anestesia, la vinculación con el mundo se rompe, se pierde la conciencia, hay un vacío experiencial.

‘Desmedicalización’


En algunas entrevistas se percibe cierto temor a la desmedicalización en parte alentado por los mismos médicos:

A Miranda la ginecóloga que la atendió –conocida de la familia- le dijo que los resultados eran mejores cuando las pastillas eran colocadas por un ginecólog@; ofreciéndose a hacérselo. Miranda no dudó en seguir el consejo y acudir a la clínica privada donde atendía la profesional.

ella me las ponía, te abren y te las ponen bien. Con el espéculo te las ponen en el cuello del útero, que es donde hay que ponerlas, ¿viste?. Porque tá, uno con el dedo no llega a donde hay que ponerlas; entonces tá, tenés peores resultados

A pesar de lo cual, tuvo que hacerse lo que la ginecóloga denominó como un “pequeño legradito”, obviamente que necesitó anestesia general.

En muchas entrevistas de mujeres que se realizaron abortos medicamentosos se percibe cierto agenciamiento del proceso del aborto, implicando no solo una desmedicalización sino también una apropiación del cuerpo por parte de las mujeres. No sin cierta ambivalencia esto está acompañado del disgusto por haber tenido que soportar un proceso doloroso.

Entrevistadora: Porque vos te sentiste mal después. Tuviste vómitos, fiebre y eso.

- Eso es un proceso común que hacés, por lo fuerte que son las pastillas, por lo que están haciendo dentro de tu organismo que es como una bomba, lo que te hace es hacer contracciones al útero para expulsar el feto y ta, y cómo es…a las 3 horas fui al baño, y tuve una expulsión así, sangrado y durante el día estuve así con sangrado. Al principio, no tenía sangrado, o sea, tuve sangrado y después, era un sangrado re – leve. Yo ya fui a, me hicieron una ecografía de vuelta, como que había restos todavía, pero que demoraba. Era todo un proceso que tenía que pasar. Después, ya ahí empezaron los dolores. Eso fue dos semanas después, ponele, cuando empezaron los dolores.. y tipo, seguía sangrando poco. Me empezaron los dolores. Voy al.. a la última, sería la última ecografía que me tocaba. Ya no tendría que haber nada, para esta altura, y estaba todo prácticamente bien; pero había algo que ta, que no y empezó a sangrar, a sangrar a sangrar a sangrar abundante. Esteee cuando llego, que me hacen una ecografía, y después me dice: ‘pará, que no puedo ver’, y me hacen con un cosito que te meten, no sé cómo se llama. Estee y me dice: no, teneés que ir a una urgencia, porque vos tenés restos todavía´’. (Guadalupe, grupo 1)

Este pasaje muestra la articulación entre una apropiación del cuerpo y la búsqueda de asistencia profesional cuando se percibe que algo no está resultando de la manera prevista. Guadalupe conoce los efectos colaterales, los padece pero no les da importancia. Es el volumen de sangrado y los dolores que luego tiene lo que le hacen sospechar que el proceso no ha culminado.

En todo caso, es bueno subrayar que muchas de aquellas mujeres que procuran cierta medicalización no necesariamente ven en la figura del médico alguien que les va a ayudar a atravesar el proceso. Por el contrario, así como Miranda busca la institución médica para asegurarse que todo está bien, ella misma no se sorprende cuando el ginecólogo de urgencia no la atiende como ella hubiera esperado y necesitado. Esta fisura entre la noción de medicalización del cuerpo como clave para el bienestar y las ideas sobre el relacionamiento con los médicos/as es una aspecto sobre el que vale la pena avanzar en pasos siguientes de la investigación.

Así algunas entrevistadas procedieron al uso del misoprostol, recurriendo a un hospital durante el sangrado. Para ellas significó la posibilidad de recibir atención médica sin cuestionar su decisión de realizarse un aborto.


Relación con el producto de la concepción


La relación de las mujeres con el producto de la concepción durante el proceso del aborto es diferente según se trate de un aborto medicamentoso o quirúrgico. En el primer caso, la mujer no tiene noticia del cuerpo extraído, a menos que explícitamente solicite verlo, como en el caso de Alondra (grupo 1) y Daniela (grupo2), aunque decididamente esto no es lo habitual. En la mayoría de los casos están anestesiadas y no tienen contacto; al despertar por lo general lo que más les preocupa es que no hayan quedado lesiones. Sucede lo contrario cuando se trata de un aborto mediante el uso de misoprostol, ya que la mujer expulsa el producto como resultado de las contracciones. Eso hace que en la mayoría de las ocasiones, las mujeres vean aquello que han expulsado.

Así Miranda dice: “largué como una especie de pedazo de carne; largué como un coagulo grande”.

La entidad del producto de la concepción para aquellas mujeres que abortaron usando misoprostol está en el orden de “cosa”: coagulo, bola, pedazo de carne. Ninguna hizo referencia al mismo dándole un carácter que pudiera hacer pensar en algún tipo de “entidad humana”. Contrastantemente, Alondra y Daniela que solicitaron verlo tenían una visión que acercaba más el producto de la concepción a la idea de bebé.

A diferencia de lo relevado en otras investigaciones (Lafaurie et al, 2005) ninguna de las entrevistadas que atravesaron por un aborto medicamentoso lo asimilaron a una menstruación. Por el contrario, en todos los casos, los relatos revelan una clara conciencia del aborto realizado. Esta diferencia nos plantea interrogantes acerca de la posibilidad de especificidades contextuales en los abortos experimentados por nuestras entrevistadas y aquellos experimentados por las entrevistadas de otras regiones. Me gusta!!!


Comparación de ambos procedimientos


porque tá, yo qué sé, si tenía que ir a una clínica a hacerme un aborto, iba, pagaba, ¿entendés?” (Miranda, abortó con misoprostol), señala que cree que el aborto quirúrgico es mejor.

aborté con misoprostol, horrible! La experiencia fue lamentable! Por eso yo digo, quiero aquello, cerrar los ojos, abrirlos y que esté todo resulto” (Claudia, grupo 2, se hizo un aborto quirúrgico siendo muy joven)

Entre las mujeres que abortaron mediante el uso de misoprostol, aquellas que señalan que hubieran preferido un aborto quirúrgico, lo hacen en base a:


  1. Dolores y malestares diversos que sufrieron en el proceso de aborto medicamentoso.

  2. La ansiedad vivida por lo extenso del procedimiento, que en algunos casos llevó varios días con varias dosis.

La experiencia con uno y otro método queda determinada hasta cierto punto por el lugar donde la mujer acuda, ya sea una clínica clandestina o una clínica de asesoramiento.

En el caso de Luana, quien se practica un aborto medicamentoso, acude a una ONG que brinda el servicio de asesoramiento en atención pre y post aborto, con un abordaje más amplio que el de la mayoría de las policlínicas del sistema público de salud7:

“…ahí llamé a [nombre de la ONG] y el sicólogo, divino me dijo: ‘si podés venirte ahora, veníte, está acá el médico y ya nos contás como fue y te quedás tranquila’. Y ta, y fui, fuimos con Pablo y nos/ y ta, me dijo que estaba todo así, perfecto. O sea, le conté todo, me dijo: ‘ta, bárbaro, realmente no vas a necesitar legrado ni nada porque estás así, eliminaste todo’. Y en realidad me hizo una ecografía, me dijo: ‘bueno, en realidad la ecografía hay que hacerla unos cuantos días después, unos 4 o 5 días, porque es cuando todo se normaliza, pero por las dudas vamos a hacer una’. Me hizo la ecografía y me dijo: ‘mirá, está todo re bien, igual veníte dentro de 3 días o 4 días y te hago otra’. Me fui, me hicieron otra, y ta, ahí todo bien. Igual después yo fui a mi mutualista, soy de [nombre de la IAMC8 donde se atiende] y cuando le dije a mi ginecólogo casi se muere, salado!” (Luana, grupo 1)

El relato deja en evidencia la diferencia entre una y otra institución. Pero, y sobre todo, da cuenta de la contención que Luana recibe en la ONG, donde la problemática del aborto es atendida por un equipo interdisciplinario.

En algunas policlínicas del sistema público la atención recibida por el/la ginecólogo/a también es contenedora de la situación y del estado en que se encuentra la mujer, especialmente cuando son muy jóvenes. Así, la experiencia de Guadalupe en el consultorio del Pereira Rossell9 fue muy buena; fue con su pareja, la ginecóloga que los atendió les explicó detalladamente todo lo que le iba a suceder en el proceso de expulsión del embrión por medio del uso de misoprostol. También Claudia subraya lo bien que se sintió durante las consultas pre y post aborto. Los relatos muestran que cuando existe una tarea de consejería y asesoramiento el proceso del aborto medicamentoso resulta una experiencia que con mayor facilidad puede entrar en el devenir cotidiano.

En los casos de los abortos quirúrgicos, la experiencia varía en gran medida según la clínica clandestina donde se lleve a cabo. En algunos casos relatados se trataba de lugares sórdidos, donde inmediatamente antes de colocar la anestesia, la mujer le entregaba el dinero al médico. En otros casos, como el relatado por Milena (grupo 1), el profesional que le iba a practicar el aborto le explicó el procedimiento a seguir y le mostró la cánula de Karman mediante la cual se practica el AMEU (aspiración manual endouterina).


El involucramiento de la pareja en el evento.


El involucramiento de la pareja en el proceso del aborto tiene que ver fundamentalmente con la relación afectiva entre ambos, con las características del vínculo, lo cual obviamente excede el procedimiento seguido para realizar el aborto.

El aborto medicamentoso permite una presencia activa de la pareja lo que favorece su involucramiento. Obviamente, no quiere decir que en todos los casos suceda. Si bien algunas mujeres prefieren que su pareja no intervenga ni en la decisión de abortar, ni en el procedimiento del aborto, la mayoría de las entrevistadas viven su experiencia en compañía de su pareja.

En algunos casos relatados por las entrevistadas se percibe un mayor involucramiento de las parejas; alguno incluso ayuda a colocar el misoprostol en la vagina; acompañan durante todo el procedimiento de expulsión.

“..En el tema de apoyo emocional, estuvo ahí cuando/ o sea, yo me lo hice con Misoprostol al aborto, y él me la puso porque yo no podía y onda las 3 horas que te tenés que quedar quieta y yo me arrollaba del dolor y él siempre así abrazado a mi: ‘está todo bien, quedáte tranquila’. Hay una parte que hacés fiebre, vomitás, es todo un horror! Y también ahí, él al firme, salado!” (Guadalupe)

Marcia se hace un aborto quirúrgico en una clínica. Su pareja la acompaña. Por supuesto que debe esperar en la sala de espera mientras a ella le practican el aborto.

yo no podía con mi cuerpo porque la anestesia no se me iba (….) me dijeron que caminara y yo me caía! (…) No tenía fuerza. Y ahí fue como que se entreabrió una puerta y y Sebastian estaba allá afuera, y como que se deseperó, ¿viste? Y yo lloraba y gritaba así, y estaba como en una demencia…”

La imposibilidad de contar con la contención de la pareja o de alguna otra persona que la mujer sienta cercana, se evidencia como uno de los elementos más penosos del proceso de aborto quirúrgico.

La investigación en la cual está enmarcada esta ponencia incluye entrevistas a los varones. Sin lugar a dudas que el análisis de sus relatos permitirá tener una mayor comprensión del involucramiento del varón en el proceso del aborto medicamentoso. Sin embargo, en esta oportunidad privilegiamos la visión desde las mujeres.


El “secreto” del aborto voluntario y la participación de vínculos afectivos de la mujer


Si bien el aborto es ilegal y están penado por la ley, goza de una amplia aceptación social. Esto se traduce en el porcentaje mínimo de procesamientos llevados a cabo por esta causa10. De manera general puede decirse que en la segunda mitad del siglo XX, a pesar de su amplia aceptación –recordemos que 3 de 10 embarazos terminan en aborto- era un tema ‘privado’, mantenido en secreto. Las mujeres convertidas en redes solidarias pasaban datos sobre clínicas clandestinas, pero difícilmente hicieran mención a sus abortos. Existía una trama social que habilitaba su existencia y que al mismo tiempo lo condenaba (Sanseviero, 2003).

La difusión del misoprostol, junto a la promulgación de la Ordenanza 369/0411 facilitaron que el aborto ‘saliera del closet’.

Es Claudia quien habiendo experimentado un aborto quirúrgico siendo muy joven y un aborto medicamentoso más próximo en el tiempo, hace una referencia sobre la ‘mayor legitimidad’ de este último. “Pero es como un compinchismo, hay una cuestión tan legal, hay una cuestión como tan legitimad. Esa es la palabra, es una cuestión tan legítima, aunque sigue siendo ilegal, porque toda la sociedad está un paso más adelante. La experiencia en relación a nosotros fue bárbara, en este caso fue.. en aquella oportunidad cuando yo era joven fue toda una cuestión clandestina, no se enteró nadie [se refiere al aborto quirúrgico practicado en una clínica clandestina]…”

El procedimiento de aborto con misoprostol permite que la mujer esté acompañada de sus vínculos durante el proceso.

“… vinieron de noche así, este… comieron conmigo, ellas comieron pizza y tá, ahí tipo estaba re contenta yo, re tranquila y fue así de noche y tá.” (Lía, grupo 1)

.. mi ex suegra se empieza a mover (…) justo una amiga de mi cuñada (…) había abortado con misoprostol (….) Lo hicimos en casa de mi madre )…) yo, él [su pareja], mi hermano Esteban y .. y después de noche vino mi hermana Mariela a estar ahí con nosotros, y tá.” (Inés, grupo 1)

El aborto deja de ser (o puede dejar de ser) un evento estrictamente personal, para ser un evento del cual participa el círculo social más cercano a la mujer; comparten el devenir del proceso. Milagros hizo el procedimiento del aborto medicamentoso en la casa de una amiga, “ella estaba ahí, como socorriendo, estaba ahí por si necesitaba algo..”

Las ambivalencias: no hay aborto perfecto (al menos con restricciones legales a su ejercicio)


Se constataron diferencias en las formas en que el aborto es vivenciado según hayan sido quirúrgicos o medicamentosos.

La mayoría de las mujeres que experimentaron un aborto medicamentoso parece haber tenido una vivencia más íntima con su cuerpo. Sus relatos sugieren cierta ‘desmedicalización’. Por otro lado, contrariamente, algunas mujeres manifiestan inquietud y temor frente a la ausencia del profesional de salud en el proceso de aborto medicamentoso.

Se percibe por parte de algunas mujeres que experimentaron un aborto medicamentoso cierta inclinación hacia el aborto quirúrgico en lo que tiene de inmediato, ausencia de dolores y malestares varios (diarrea, vómitos, mareos, etc.). A diferencia de lo que sucede en otros países de la región12 donde a pesar de las restricciones legales existen clínicas que ofrecen servicio de aborto quirúrgico y medicamentoso de acuerdo a la elección de la mujer, en Uruguay las mujeres difícilmente puedan elegir entre uno u otro. De modo que aquellas que habiéndose realizado un aborto con misoprostol mencionan que hubieran preferido un aborto quirúrgico no se han visto enfrentadas a la posibilidad de tal opción. Por lo tanto no han evaluado seriamente las ventajas y desventajas de uno y otro para así tomar una decisión.

Al mismo tiempo, subrayan la importancia que tuvo para muchas de ellas el involucramiento de sus parejas en algunos casos en todo el proceso (incluyendo la colocación de las pastillas en la vagina). Queda por analizar la percepción desde los varones.

El acompañamiento de amigas y familia (además de la pareja) además de su realización en la casa, hacen que el aborto medicamentoso forme parte del fluir cotidiano de la vida de las mujeres, colocándose en un plano de mayor legitimidad. Por el contrario, el aborto quirúrgico, aún en los casos en que las parejas acompañaron tanto como les resultó posible, tuvo en prácticamente todos los casos, características no solo de ‘evento sórdido’, sino sobre todo, de algo secreto-malo que debe ser excluido del fluir de la vida cotidiana. Y de esa manera, con frecuencia, esos abortos permanecieron fuera de las narraciones de las mujeres al realizar relatos sobre sus vidas –a menos que fueran preguntadas explícitamente. Por el contrario, el aborto medicamentoso –incluyendo las dificultades para la obtención del misoprostol- forman parte de la vida cotidiana compartida de la mujer. Por lo tanto parecería que se reconfigura la participación del entorno de las mujeres en situación de aborto. Se vuelve un evento desarrollado en el ámbito privado del hogar, por lo que el “secreto” frente a la familia y amigos se diluye.

Bibliografía


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1 Investigadora principal.

2 En la realización y desgrabación de las entrevistas también colaboraron otros integrantes del equipo.

3 Ley Nº 9.763, de 1938, lo penaliza en todas las circunstancias, existiendo eximentes y atenuantes a la pena para algunos casos.

4 En lenguaje coloquial, especialmente entre jóvenes significa de clase alta.

5 En lenguaje coloquial, especialmente entre jóvenes significa volverse loca.

6 Marca de toalla femenina.

7 En el sistema privado, depende del ginecólogo/a. Las instituciones privadas no disponen de policlínicas destinadas especialmente a este tema.

8 Institución de Asistencia Médica Colectiva

9 Hospital público de referencia para mujeres.

10 De manera general puede decirse que los únicos procesamientos realizados son aquellos donde la mujer desafortunadamente muere.

11 Ambos hechos suceden simultáneamente.

12 Lafaurie et. al. (2005) da cuenta de la situación en México, Colombia, Perú y Ecuador señalando grados de opción entre uno y otro para las mujeres.



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