Tratado de Brest Litovsk de 1918. Frenazo a la revolución



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Sin interrupciones no cabe hablar de revolución permanente

Respuesta a "Tratado de Brest Litovsk de 1918. Frenazo a la revolución"




Sin interrupciones no cabe hablar de revolución permanente

Respuesta a "Tratado de Brest Litovsk de 1918. Frenazo a la revolución"
ÍNDICE

  1. Introducción

  2. Las condiciones de la lucha como premisa de cualquier planteo táctico

  3. Las inconsecuencias e incoherencias de la "oposición obrera"

  4. Algo sobre el debate acerca del capitalismo de Estado

  5. La paz por separado, condición de existencia del poder soviético

  6. La tesis de la ofensiva revolucionaria frente a la paz por separado

  7. Entre la paz de Brest-Litovsk y el fiasco de la revolución europea

  8. Comunismo y Milicia Obrera Vs. Capitalismo de Estado y Ejército Rojo

    1. Capitalismo de Estado obrero-campesino

    2. El "Ejército Rojo" obrero-campesino

  9. El levantamiento de Kronstadt

  10. Conclusión


<
>
(V.I. Lenin: "Reunión del CEC de toda Rusia" 29/06/1918)

1.-Introducción
A principios de este año, en medio de los acontecimientos ocurridos en Argentina, el señor Guy Sabatier, que está dentro del "Circle de París" o próximo a él, nos envió su libro titulado: "Tratado de Brest-Litovsk de 1918. Frenazo a la revolución" , un texto polémico en torno a uno de los temas de mayor importancia para la memoria histórica del movimiento político de los asalariados. Explica y reivindica allí, el punto de vista y la acción política desplegada dentro del partido bolchevique por los militantes de la llamada "oposición obrera", también conocidos por "comunistas de izquierda", durante el período comprendido entre 1917 y 1922.

Este grupo de compañeros surgió del acusado contraste entre el optimismo y la impaciencia revolucionaria que impregnó en ellos la relativa facilidad y rapidez con que los revolucionarios rusos habían podido ir de victoria en victoria hasta la toma del poder, en un país devastado por la guerra, y la determinación por parte de la mayoría bolchevique a cargo del nuevo Estado soviético, de replegarse, retroceder y esperar a que la prevista revolución europea madure y estalle.

Tomando por referencia el libro del señor Guy Sabatier, nuestro trabajo ha consistido en confrontar los argumentos y posiciones del grupo disidente que Lenin llamó "anárco-sindicalista" y "antipartido", con la gran complejidad preñada de peligros latentes y enormes dificultades de orden político y militar, que los revolucionarios bolcheviques debieron enfrentar y resolver para realizar la triple y simultánea tarea de conservar el poder soviético, alentar la revolución europea y preparar el mayor acervo de fuerzas en el menor tiempo posible, para incorporarse a ella en el momento preciso imprevisible. Todo esto aparece sintéticamente descrito y analizado aquí.

Al margen del mayor o menor grano de verdad histórica que cada lector atribuya a uno u otro de estos dos trabajos, estamos seguros de que ambos sirven como introducción al conocimiento y necesario debate colectivo en torno a este importantísimo período de la lucha de clases en la sociedad moderna, y aportan sin duda a la recuperación de la memoria histórica como parte de la educación política de los explotados, condición ésta sin la cual, no hay progreso humano posible.


2.-Las condiciones de la lucha
como premisa de cualquier planteo táctico

Señor Guy Sabatier:

Suponemos que acordará usted con nosotros, en que, antes de actuar o de analizar lo actuado en política, es preceptivo reproducir en el pensamiento y tener en cuenta la exacta correlación de fuerzas entre las clases y sectores de clase en un determinado lugar y momento de la historia, condición "sine qua non" tanto para intervenir en política desde cualquier perspectiva ideológica, como para analizar los hechos una vez ocurridos. Usted no se ha ocupado de este asunto. Lo ha obviado por completo. Se limitó a deducir resabios ideológicos anticomunistas dominantes en el comportamiento de los bolcheviques desde la firma del tratado de Brest Litovsk, respecto del acuerdo alcanzado en las Conferencias de 1915 en Zimmerwald y Kienthal, que, según parece, entiende como un principio de acción política absoluta, es decir, históricamente incondicionada y, por tanto, abstracta. Nos referimos al acuerdo en cuanto a que los revolucionarios deben "tratar de transformar la guerra imperialista entre los pueblos en una guerra civil de las clases oprimidas contra sus opresores" (subrayado nuestro). Lenin no se cansó de señalar que las consignas inmediatas para cada lugar y momento de la lucha de clases, deban cambiar con las cambiantes condiciones de los distintos conflictos. En tal sentido, respecto del caso que nos ocupa, la consigna de "paz democrática sin anexiones" que dio pábulo a la paz anexionista por separado con Alemania en marzo de 1918, ha sido táctica respecto a la estrategia para el período de "convertir toda guerra interimperialista en guerra civil revolucionaria", ajustada a las condiciones objetivas y subjetivas de la Rusia revolucionaria en ese momento. De ahí que los acuerdos de Zimmerwald y Kienthal hayan contemplado esta condicionalidad histórica variable de la lucha de clases.

Una de estas condiciones fue que la revolución se produjo en medio de la ruina económica del país y la guerra imperialista, donde Rusia estaba comprometida con el bando anglofrancés. Por tanto, a partir del 17 de octubre (8 de noviembre) de 1917, quedó inmediatamente planteada la necesidad de abandonar la guerra, recuperar económicamente al país y transformar el ejército zarista -cansado de combatir, diezmado por las bajas y el hambre después de tres años de combate- en un ejército revolucionario. Esto explica la decisión bolchevique de ordenar su inmediata desmovilizaciónn -algo que ya estaba ocurriendo de hecho- y plantear a ambas partes beligerantes la consigna de la paz, aprobada entre el 25 y el 26 de octubre (8 y 9 de noviembre) de 1917, durante el II Congreso de los Sóviets de toda Rusia.



3.-Las inconsecuencias e incoherencias de la "oposición obrera"
Usted mencionó esta decisión política, pero no se pregunta por qué entre octubre y enero las organizaciones del partido en Petrogrado y Moscú, partidarios de impulsar la guerra revolucionaria -como les dijo Lenin en su momento- no hicieron nada ante la desmovilización espontánea del ejército. ¿Por qué no se opusieron a ella esos partidarios de la "guerra revolucionaria"?:

<hechos entre octubre y enero, hubiéramos visto por parte de ellas una lucha decidida contra la desmovilización. Pero no hubo nada de eso.>> (V.I. Lenin: "La fraseología revolucionaria" 21 ó 22 de febrero de 1918)

Tampoco menciona usted que, cuando el bando anglofrancés rechazó el armisticio y el CC decidió llevar adelante la paz por separado con Alemania, una vez puesta a consideración del partido esta iniciativa política no fue cuestionada absolutamente por nadie, lo cual vendría a demostrar que la "oposición de izquierda" surgió de la perplejidad que se apoderó de una parte del POSDR(b) ante la primera situación compleja y extrema que debió afrontar ese partido en el poder, llevada por su incapacidad a refugiarse en unos principios justos sin posibilidad de llevar a cabo dadas las condiciones objetivas del momento y, por tanto sin táctica conducente al objetivo de estar preparados para potenciar la esperada revolución europea:



<(donde militaban los componentes de la fracción que en abril de 1918 se constituyó como "oposición de izquierdas"), revelan que hasta ahora, no se ha logrado dar más que los primeros pasos en la formación de un Ejército Rojo de voluntarios. Desentenderse de este hecho desagradable -y es un hecho-, esconderse tras frases altisonantes y, al mismo tiempo, no sólo no hacer nada para que cese la desmovilización, sino ni siquiera oponer objeciones a ella, es estar mareado con el sonido de las palabras.

Una confirmación típica de lo expuesto es, por ejemplo, el hecho de que en el CC de nuestro partido, la mayoría de los más destacados opositores a una paz por separado votó contra una guerra revolucionaria, votó contra ella en enero y en febrero1. ¿Qué significa este hecho? Significa que todos los que no temen enfrentar la verdad han admitido la imposibilidad de una guerra revolucionaria (en aquellas circunstancias).>> (V.I. Lenin: "La fraseología revolucionaria" 21 (8) de Febrero de 1918)

Usted acuerda con la "oposición de izquierda", siguiendo a Rosa Luxemburgo, en acusar a Lenin y los bolcheviques de haberse enrocado en el nacionalismo burgués dependiente del imperialismo alemán, mediante un tratado tildado de "contrarrevolucionario" porque comportó la entrega de territorios bajo dominio soviético desde octubre del 17, dando por definitivo que:



<<....el poder de los Sóviets perdía el 40% de su proletariado industrial pues los austroalemanes ocupaban la cuenca hullera del Donetz, el 90% de su industria azucarera, el 65 al 70% de su metalurgia, el 55% de su trigo, por tanto la mayor parte de los trigos de exportación. (con lo que) La dependencia respecto del mercado mundial, que ya antes era importante, no hacía sino reforzarse.>> (Guy Sabatier: "Tratado de Brest Litovsk de 1918. Frenazo a la Revolución" (Guy Sabatier: "Tratado de Brest Litovsk. Frenazo a la Revolución")

Esto demuestra el propio nacionalismo indigente de aquella fracción del PC(b)R su incoherente falta de confianza en el supuesto compartido de las transformaciones geopolíticas internacionales que se esperaban de la prevista revolución europea, de espaldas a la conocida táctica muchas veces necesaria de sacrificar un alfil o una torre para ganar la partida. En un largo discurso pronunciado el 20 de febrero de 1918, Lenin exhortó a que los asalariados letones ejercieran la virtud de la paciencia revolucionaria prestando su apoyo al plan de paz con los alemanes, prometiendo que, a la postre, las cosas volverían otra vez al sitio donde la revolución de octubre las había puesto, como así sucedió:



< se extenderá muy pronto no sólo a Alemania, sino también a los otros Estados beligerantes. Bajo la influencia de la revolución social mundial, el imperialismo alemán se verá obligado a renunciar a todas sus conquistas.>> (V.I. Lenin: Op.cit.)

Los opositores de izquierda decían -con usted- que todo pacto con cualquiera de los imperialismos en conflicto, sembraría el desánimo en el proletariado europeo y abortaría el proceso. Sin embargo, la paz con Alemania se llevó a término y el estallido de la revolución europea fue un hecho. Y aunque todo ese movimiento no tuvo el alcance previsto y saldó con sendas derrotas históricas en Alemania, Austria y Hungría, a la postre todos los territorios del antiguo imperio zarista perdidos antes y después del pacto con Alemania, volvieron a formar parte de la URSS en 1921, gracias al poco tiempo de relativa paz que hizo posible la construcción y puesta en movimiento del Ejército Rojo, donde se demostró que el avance de las tropas alemanas para ocupar territorios no previstos en el pacto de Brest-Litovsk, fue un revulsivo moral que aceleró la construcción de ese ejército.


4.-Algo sobre el debate acerca del capitalismo de Estado
Otra recusación que hace usted, siguiendo a la "oposición de izquierdas", es que la política exterior de los bolcheviques durante ese período no fue una política de Estado proletario sino una política de Estado burgués, o capitalista de Estado, porque giró en torno a las contradicciones interimperialistas y a la concepción policlasista del ejército. Esta recusación se basa en que, para hacer la revolución europea en 1918, la Rusia revolucionaria proletaria se bastaba a sí misma, sin necesidad de transar alternativamente con una y otra parte de las fuerzas en conflicto para conseguir ventajas o ayudas, ni de apelar a la movilización militar de los campesinos:

<
revolucionaria que por ahí mismo toma todo su significado. En ningún momento los comunistas de izquierda querían hacer una guerra "al lado de los aliados" [francobritánicos], (aceptando su ayuda o siguiendo su plan de combate) sino más bien, por el contrario, hacerles frente con el mismo título que a los imperialistas centrales [austroalemanes], o cualesquiera otros imperialismos (...)

En lugar de esto, la guerra revolucionaria para defender el proceso proletario, "su dictadura" (y no al Estado ruso o los territorios rusos) y para extender la revolución, habría reclamado:

  • apoyarse en los destacamentos armados del proletariado avanzado de Petrogrado y Moscú, es decir ¡en milicianos y no en suboficiales!

  • Sostener una lucha inmediata contra todos los imperialismos "aliados" o "centrales", a pesar del peso del campesinado. (Guy Sabatier: Op. Cit. Cap. II: La necesidad de la guerra revolucionaria. Lo entrecorchetes es nuestro)

Respecto de que cualquier pacto con un enemigo estratégico, en sí y por sí supone abdicar de la revolución, decir, en primer lugar, que los fines políticos inmediatos en todo proceso revolucionario, están acotados o limitados por determinadas y precisas condiciones históricas ("La humanidad no se propone nunca nada que no pueda alcanzar"), y estos fines de tal modo condicionados, crean sus propios medios de realización; en cualquier caso, no respetar esas condiciones que limitan la libertad de acción, equivale, de hecho, a carecer en absoluto de fines. Aquí hay una confusión que es necesario aclarar. ¿Qué son los principios políticos? Según el significado aristotélico adoptado por Marx, el vocablo "principio" es sinónimo de causa -en este caso en tanto acción consciente-, que tiene su respectivo efecto de última instancia en la finalidad política estratégica bajo determinadas condiciones históricas, que, de momento, son un dato de la realidad a respetar y crean los medios necesarios para conseguir dichos fines. Y aquí, las consideraciones morales deben ponerse al margen o, en cualquier caso, deben juzgarse con arreglo a los fines propuestos por uno u otro bando, que llevan naturalmente implícitas sus respectivas concepciones del mundo y de la moral. Lenin ilustra muy bien este asunto. Por ejemplo, usted, de acuerdo con los "comunistas de izquierda", reprochan a los bolcheviques haber aceptado la ayuda del bando anglo-francés en momentos extremadamente críticos para el destino de la recién nacida revolución rusa durante las postrimerías de la primera guerra mundial. Lenin contesta:

<

No. No es difícil comprenderlo. Lo entendería cualquir campesino, hasta el más ignorante y analfabeto.

Ahora bien, si un representante de la clase oprimida y explotada -luego de que esa clase derrocó a sus explotadores y publicó y anuló todos los rapaces tratados secretos- es asaltado por los imperialistas de Alemania, ¿se le puede reprochar por buscar un "trato con los bandidos" anglo-franceses para obtener por ese medio armas y papas a cambio de dinero, madera, etc.? ¿Se puede considerar deshonroso, vergonzoso, sucio un trato semejante?

No. No se puede...>> (Lenin: "Sobre la sarna" 22/02/918)

En el post scriptum de este trabajo, a propósito de la lucha de liberación de los incipientes burgueses norteamericanos contra los colonialistas ingleses a finales del siglo XVIII, Lenin alude a la ayuda que recibieron de los colonialistas Franceses y españoles, para justificar la ayuda que en 1918 los bolcheviques solicitaron y obtuvieron de los imperialistas anglo-franceses, a fin de contrarrestar el avance sobre territorio soviético de sus rivales, los imperialistas alemanes. Desde el punto de vista de los fines políticos genéricos, la analogía es pertinente. Usted, sin embargo, entiende que no lo es, dado que:



<de la identificación que hacía Lenin entre el proceso de una revolución burguesa, y el de una revolución proletaría, contrariamente a la posición de los comunistas de izquierda.>> (Guy Sabatier: Op. Cit.)

El razonamiento implícito en este párrafo es el siguiente: la ayuda de los colonialistas españoles y franceses a los burgueses norteamericanos se inscribió en un proceso revolucionario burgués que consagra el cambio. Por lo tanto, fue legítima; no porque favoreciera o perjudicara a la revolución anticolonial, sino porque formaba parte de la moral del capitalismo. En cambio, la transacción de los bolcheviques con los capitalistas anglo-franceses vició el proceso revolucionario socialista y, por tanto, fue ilegítima y contrarrevolucionaria, independientemente de los resultados prácticos desde el punto de vista de su finalidad específica: contrarrestar el avance alemán para poder negociar la paz con ellos en mejores condiciones; y para usted lo fue sólo en virtud de que la moral de los comunistas es contraria a toda práctica mercantil, a todo trato con el enemigo de clase. Por eso usted no dudó un segundo en identificar el proceso contrarrevolucionario zarista de su alianza con Gran Brataña antes de la guerra, con la política oficial del flamante Partido Comunista de la URSS en febrero de 1918, afirmando que, esa ayuda de la Entente a los bolcheviques,



<> (Ibíd)

Por lo menos, usted marca en este punto una saludable distancia con algunos colegas suyos "comunistas de izquierda", quienes, según cuenta Lenin en el mismo "post scriptum", se habían propuesto escribir un "trabajo erudito" acerca del "sucio trato" de los norteamericanos en aquellos tiempos, como si la moral no fuera también un convencionalismo producto de la historia, tan poco sujeta a condiciones históricas específicas como la táctica política en general. Esto es tan erróneo, como cierto que en toda guerra de clases, cada bando combate primordialmente por hacer prevalecer su propia moral. De ahí que, como decía Gramsci con toda razón, cada moral sólo rige las relaciones entre los miembros de cada trinchera, de modo que, en términos estrictamente militares, sólo puede ser inmoral la acción presidida por la moral de cada bando que no cumple con los objetivos propuestos.

A primera vista, este razonamiento da razón a los "comunistas de izquierdas", porque la moral de los comunistas no casa con el "tu me das yo te doy". Pero el caso es que, quienes combatimos por la moral comunista, de hecho estamos reconociendo que esa moral no tiene vigencia universal. ¿Por qué? Porque la sociedad actual carece aun del suelo económico-social que haga posible asumirla siquiera sea en el bando de quienes combaten por ella, en tanto ese suelo es todavía inexistente porque las condiciones objetivas no dan para ello. Por tanto, quienes desde la trinchera anticapitalista combatimos por el comunismo, somos comunistas por convicción científica y por el proyecto socialista (¿qué proyecto?), pero no por conciencia de clase social y culturalmente sedimentada en una realidad comunista que no existe. Por lo tanto, si estamos de acuerdo en que la práctica social determina la conciencia y no al revés, los comunistas que regimos nuestra conducta política por el materialismo histórico, aceptamos no poder desembarazarnos totalmente del espíritu objetivo mercantil de la burguesía, que no puede desaparecer de la moral imperante en el bando "comunista" por el sólo hecho de combatir contra él.

Por lo tanto, mientras no se gane la guerra de clases -y bastante más allá de ese momento- los comunistas de hoy deberemos seguir pisando suelo social burgués y, por tanto, como asalariados, en nuestro neg-ocio con la burguesía y durante el tiempo de la jornada laboral que hemos vendido y en el que se nos niega el ocio -el tiempo propio- tampoco podemos dejar de actuar y pensar como burgueses, y a veces hasta nos vemos precisados a hacerlo en nuestro carácter de militantes en nombre de la moral comunista -como hicieron los bolcheviques-, siempre que el uso de lo que compremos, sirva efectivamente a la revolución y lo que vendamos no sean los principios comunistas. Ellos vendieron espacio territorial ruso a cambio de tiempo para superar su inferioridad relativa y contraatacar en el momento propicio, como así ocurrió. Los "comunistas de izquierda" y usted mismo, parecen no haber comprendido las implicancias políticas del doble carácter de la mercancía.

Quienes juzgan cualquier acto de compra-venta haciendo abstracción de las condiciones de actuación y la finalidad específicas de los agentes que intervienen en él, incurren en una determinación abstracta, en un hegelianismo impenitente. Desde este punto de vista, la crítica de los "comunistas de izquierda" a la moral burguesa -en que necesariamente debieron incursionar los bolcheviques, desde la entrega de la tierra a los campesinos carentes de ella, hasta la implantación del capitalismo de Estado y el tratado de Rapallo, pasando por el tratado de Brest Litovsk y la transacción con el imperialismo franco-británico- queda categóricamente recusada. Para nosotros, todo lo que de moral burguesa tuvieron estos actos políticos de los bolcheviques, fue usada magistralmente con intención y acierto en contra de esa moral, en pro de la revolución mundial y la construcción del socialismo.

5.-La paz por separado, condición de existencia del poder soviético
Sin el apoyo de los campesinos pobres -contrapartida política de su acceso a la tierra posibilitada por los bolcheviques- es dudoso que los comunistas rusos hubieran podido tomar el poder y menos aun coservarlo. En cualquier caso, sin ese apoyo social, no cabe ninguna duda de que el movimiento revolucionario se habría agotado mucho antes de lo que tardó en estallar la revolución europea. De hecho, el campesinado ruso que entre 1918 y 1920 combatió contra el Estado soviético, fue una ínfima minoría dentro de la mayoría absoluta que por entonces constutuía la pequeñoburguesía en la población total de ese país, y lo hizo por medio de las levas forzosas de que fue objeto por parte de las fuerzas imperialistas invasoras y de los guardias blancos una vez acabada la guerra.

Respecto de la paz anexionista firmada por separado con Alemania, fue el otro de los dos pilares sobre los que hasta ese momento se había sostenido socialmente el poder político revolucionario, tras arrastrar la tan profunda como postergada aspiración democrático-burguesa de los campesinos sintetizada en la consigna de "paz y tierra", que la burguesía rusa había demostrado ser incapaz de cumplir. ¿Es que, dada la asincronía de la revolución en el resto del continente respecto de Rusia, no había que pasar por esto para que el proletariado pudiera sobrevivir como clase dominante dirigiendo un proceso revolucionario ejemplar en nombre de la democracia real, hasta tanto acudiera en su ayuda el proletariado europeo? ¿En nombre de qué abstracta "moral revolucionaria" debía el poder soviético renunciar a sacar provecho político de las contradicciones y el desgaste de fuerzas en el campo enemigo, transando la ayuda material necesaria de uno de los contendientes?

Para que una transacción se lleve a efecto, debe estar precedida por un acuerdo de voluntades políticas en función de distintos intereses. De hecho, si Alemania firmó la paz propuesta por el poder soviético, fue porque dada la merma sufrida por su ejército, consideró más importante desplazar sus fuerzas del frente oriental a Bélgica y Francia en vísperas de la entrada en guerra de EE.UU., cuyos efectivos sumados amenazaban penetrar en su propio territorio. Por su parte, el poder soviético necesitaba ganar tiempo suficiente para reemplazar el ejército zarista desmovilizado por un ejército regular revolucionario.

Es cierto que, en un principio, el acuerdo de Brest-Litovsk deprimió el espíritu de lucha en la parte aun activa del ejército montado por la autocracia zarista, en su mayoría ya desmovilizado; sobre todo la moral decayó en los asalariados de los países de la Entente, que, en ese momento2 no estaban en condiciones de entender el pacto soviético con Alemania, así como por la misma razón en los territorios soviéticos ocupados más allá de los límites fijados por el tratado, dada la correlación militar de fuerzas desfavorable a la revolución en todos los frentes, que Alemania, también debilitada, aprovechó todo lo que pudo. Pero no es menos cierto que de no ser por ese tiempo de paz relativa ganado a la guerra interimperialista, los campesinos no hubieran aprendido a defender el nuevo Estado revolucionario afincados en su tierra, y el poder soviético no habría podido mantener su estabilidad creando el disuasivo del Ejército Rojo, ni estar en condiciones de aleccionar al proletario europeo antes y después del estallido revolucionario en noviembre del 18.

Si la paz armada con Alemania se hizo posible, fue porque la burguesía de este país era el polo más débil de la contradicción antiimperialista, conciente, además, de que la catástrofe política al interior de sus fronteras nacionales se acercaba. Por su parte, la coalición franco-británica en ningún momento dio un respiro militar al poder soviético, frente al que siempre se mantuvo a la ofensiva. Y si el imperialismo franco-británico decidió aceptar la petición de conceder ayuda a los bolcheviques, fue a regañadientes, para meterle presión a los alemanes en el frente oriental, tratando de evitar el reforzamiento de sus tropas de ocupación en Francia y Bélgica, ante la prevista contraofensiva de los aliados en el frente occidental, con el más que seguro aporte de efectivos norteamericanos, país cuya entrada en guerra era inminente. Como se verá un poco más adelante, los pactos germano-soviéticos durante este período de la guerra, dependieron de la evolución de los acontecimientos en el frente occidental, en modo alguno de la voluntad política de alemanes y soviéticos. En cuanto a la "ayuda" solicitada por el Estado obrero y campesino a la Entente, ni siquiera hubo tiempo de concretarla, salvo en lo que se refiere al aporte de oficiales ingenieros en los trabajos para destruir las vías del ferrocarril y retrasar así el avance alemán, tarea acordada el 20 de marzo de 1918 y que no sabemos si llegó a realizarse. Pero sí se sabe que la "ayuda" franco-británica acabó en los primeros días de abril, cuando los japoneses iniciaron su intervención en el territorio soviético de Vladivostok.

Mientras tanto, los revolucionarios rusos combinaron esta dificilísima, justa y eficaz táctica de supervivencia, con una activa política de aliento a la revolución internacional, siguiendo el espíritu de Zimmerwald y Kienthal. La "oposición de izquierda" dentro del POSDR (b) centró sus acusaciones a la fracción liderada por Lenin de abandonar los principios de la guerra revolucionaria, a la vista del artículo 2 del tratado de Brest Litovsk, según el cual cada parte asumía el compromiso de "evitar toda agitación y propaganda contra el gobierno o las instituciones políticas y militares de la otra parte".

Según reporta E.H. Carr en "La revolución bolchevique (1917-1923)":

<<...en el sétimo Congreso del partido, que se reunió en privado para tratar de la ratificación del tratado, no era necesaria la discreción. "Sí, por supuesto, hemos violado el tratado -decía Lenin, defendiendo la ratificación- lo hemos violado unas treinta o cuaranta veces">> (Op. Cit. Cap. 21: "De octubre a Brest Litovsk")

Esto vino sucediendo desde los primeros meses de 1918, cuando se constituyó la Sección Internacional del "Comisariado del pueblo para asuntos exteriores" (Narkomindel) bajo la dirección de Radek, compuesta principalmente por distintos grupos nacionales de prisioneros de guerra, encuadrados en una organización exclusivamente dependiente del partido. En abril de 1918, se formaron en Moscú los grupos alemán, magiar, austríaco y Yugoslavo del partido ruso, cada uno bajo la responsabilidad política de un dirigente nacional. Cada grupo nacional trabajaba entre los prisioneros de guerra de su nacionalidad; unos elaborando su propio periódico y otros medios de propaganda; otros distribuyendo la propaganda entre los prisioneros induciendo a que se integren en el Ejército Rojo; otros destinados a sus respectivos países para que trabajen allí como agitadores y propagandistas en pro de la revolución mundial.

El 17 de ese mismo mes, se celebró en Moscú el "Congreso de prisioneros de guerra internacionalistas de toda Rusia" en el que participaron cuatrocientos delegados. Allí se lanzó un manifiesto "exhortándoles a unirse al Ejército Rojo o regresar a sus países y hacerse "pioneros de la revolución socialista internacional de los proletarios". El Congreso nombró un Comité ejecutivo central que se autodenominó: "Comité de obreros y campesinos extranjeros".

En los últimos días de abril, llegó a Moscú el embajador alemán ante el gobierno soviético desde la ruptura de relaciones a causa de la guerra. Una de sus primeras apariciones tuvo lugar en Moscú durante el desfile del Primero de Mayo. Entre las unidades miltitares que desfilaron, había un destacamento de prisioneros alemanes llevando una pancarta donde se exhortaba a que sus compatriotas en Alemania derrocaran al emperador Guillermo. A pesar de numerosas protestas del gobierno alemán ante esta y otras actividades de propaganda revolucionaria inducida por los soviéticos en territorio alemán y entre los prisioneros de guerra de ese país en Rusia, los bolcheviques siguieron alentándolas hasta después del armisticio de noviembre de 1918, a raíz del levantamiento revolucionario. Pocos días después de ese hecho subversivo, los prisioneros de guerra alemanes y austríacos ocuparon los edificios de sus respectivas embajadas en Moscú, constituyendo entre ellos consejos de obreros, de diputados y soldados, que inmediatamente organizaron la expedición de agitadores a Europa Central.

Si bien los bolcheviques exageraron el alcance de sus actividades revolucionarias en los países de Europa Central, lo cierto es que tuvo el mayor posible dadas las enormes dificultades de la lucha contra el asedio enemigo exterior e interior para garantizarlas, esto es, la preservación del poder soviético. Esas mismas dificultades explican, aunque a nuestro modo de ver sólo en mínima parte, el hecho de que el aporte del "Estado obrero y campesino" a la lucha internacionalista en los países beligerantes de Europa no tuviera la trascedencia deseada. Una revolución no se exporta, el principio activo de su explosión y desarrollo, está en el magma social y político -incluida la política internacional- de cada Estado nacional. Este es el error de perspectiva histórica en que cayeron, con usted, los "comunistas de izquierda". Se han metido en la ortodoxia espontaneísta y voluntarista de Rosa Luxemburgo, se apoyaron en sus críticas a los bolcheviques como si ella y sus compañeros de fracción al interior de la socialdemocracia alemana no hubieran tenido nada que ver con el fracaso de la revolución en ese país. Y con esto no queremos decir que la lógica de los acontecimientos allí estuvo presidida por el comportamiento de los spartaquistas.

Años después de estos episodios, el entonces embajador soviético en Alemania, A. Joffe, al parecer tambien bajo un rapto de espontaneismo revolucionario -no hay que olvidar que al principio estuvo entre quienes propugnaron el impulso de la revolución mundial a toda costa- rememoró su misión en una entrevista concedida al escritor norteamericano L. Fisher, quien la dio a conocer en su libro: "Man and Politics":



< servía de cuartel general para la revolución alemana. Compró información secreta a funcionarios germanos y se la pasó a los líderes radicales para que hiciesen uso de ella en discursos públicos y en artículos contra el gobierno. Compró armas para los revolucionarios y pagó cien mil marcos por ellas. Toneladas de literatura contra el Kaiser fueron impresas y distribuidas a expensas de la embajada soviética. "Queríamos derribar al Estado monárquico y acabar con la guerra", me dijo Joffe. (...) Casi todas las tardes, al anochecer, los dirigentes del ala socialista independiente (USPD)3 penetraban subrepticiamente en el edificio de la embajada en Unter der Linder, para consultar a Joffe sobre cuestiones tácticas. Era un consumado conspirador. Buscaban su guía, su consejo y su dinero. "Al final, sin embargo, comentaba Joffe amargamente, ellos, nosotros, no realizamos nada, o muy poco de valor permanente: éramos demasiado débiles para provocar una revolución">> (Citado por E.H. Carr: Op. Cit. Cap. 21)
6.-La tesis de la ofensiva revolucionaria frente a la paz por separado
Usted opina que ya en enero de 1918, en lugar de firmar la paz con alemania y limitarse a hacer propaganda revolucionaria, el poder soviético debería haber lanzado una ofensiva militar sobre el Centro de Europa, aprovechando la primera situación crítica por la que atravesaban Alemania y Austria desde el estallido de la guerra:

<Estos acontecimientos de mediados de enero, habrían podido marcar un giro considerable en la perspectiva de romper el aislamiento de los sóviets rusos y extender la revolución si se hubiese seguido la guía de la guerra revolucionaria en lugar de la paz separada>> (Guy Sabatier: Op. Cit. Cap. II: La presencia de Trotsky),

y cita de las memorias del conde Czernin -por entonces Ministro de asuntos extranjeros de Austria- la conversación que sostuvo con el varón von Khulman, en la que ambos coincidieron en que, dada la situación de deterioro económico y de recursos bélicos en Alemania y Rusia, ambos países "no tienen más elección que la salsa en que se harán comer". Pero hace valer esta sentencia sólo para Alemania, como si no fuera cierto que en esas mismas fechas, la población de Petrogrado y otras grandes ciudades estaba padeciendo -ya impaciente- el flajelo del hambre; que la tracción animal se encontraba en un estado de completa inutilidad inhabilitando el desplazamiento de toda la artillería; que las ciudades estaban pasando por "un enorme caos" y desabastecimiento de víveres ante la desorganización total de los ferrocarriles y demás medios de transporte; que el componente campesino del ejército, ya agotado, no quería seguir luchando y se desmovilizaba espontáneamente. (Lenin decía que estaba dispuesto a aceptar una paz anexionista), y que si se optaba por la guerra revolucionaria, pensarían que las promesas prerrevolucionarias de paz y el decreto sobre la tierra tras la toma del `poder, habían sido un engaño y se volverían contra el poder soviético apoyando a la contrarrevolución interna. Esto, sumado a la superioridad militar de las fuerzas alemanas en el frente oriental, si la revolución en ese país se demoraba unos meses y no se firmaba de inmediato la paz por separado, según el razonamiento de los bolcheviques esa alternativa daría por resultado que en unas pocas semanas, en el mejor de los casos el poder soviético debería aceptar una paz más humillante, si no es que otra tal vez menos lesiva, pero con un gobierno burgués. Nadie puede probar si no es ocultando o falseando estos hechos, que ni el pacto con el imperialismo alemán, ni la petición de ayuda al imperialismo anglofrancés -que prácticamente no se llevó a efecto- torcieron en lo más mínimo la política exterior soviética en dirección a promover la revolución europea.

El razonamiento de Lenin respecto de llevar adelante la guerra revolucionaria, era que, en ese supuesto, era obligado empezar por la liberación de países limítrofes como Polonia, Lituania y Curtlandia Pero de acuerdo con los principios del Marxismo, el principio de autodeterminación de las naciones está subrogado al principio de defensa del socialismo, por lo que antes de extender la revolución a países como Polonia, Lituania y Curtlandia, habría que recuperar a países socialistas ocupados por Alemania, como Finlandia y Ucrania. Y según los análisis de Lenin -que compartimos y acabamos de exponer- no estaban dadas las condiciones objetivas ni subjetivas para emprender esa tarea necesaria, pero, de momento, sólo abstractamente posible.

Usted afirma lo contrario. Dice, además, que hubiera sido realmente posible cumplirla mediante recursos humanos de extracción puramente asalariada: las milicias proletarias de Moscú y Petrogrado. En su obra ya citada, E.H. Carr reporta que entre el 15 y el 28 de enero, el mismo día que Trotsky regresó a Brest-Litovsk con el mandato del Comité Central del partido para la última fase de las negociaciones, el Sornarvkom4 promulgó un decreto "para la creación de un Ejército Rojo de obreros y campesinos, compuesto por "elementos con más conciencia de clase, y más organizados de las masas trabajadoras". Este decreto fue seguido quince días después por otro que creaba una "Armada Roja de obreros y campesinos socialistas". Sobre esta cita de "Sobranie Uzakoneni", Carr comenta: "Lo que esto pudiese suponer, en la práctica es otra". Y agrega seguidamente según datos de P.S. Pujov en: Kak Vooruzhalsya Petrograd:



<> (E.H. Carr: Op. Cit. Cap. 22)

El 22 de febrero de 1918, mientras el ejército alemán reanudaba sus operaciones sobre territorio ruso, el Sonavkom publicó en Pradva una proclama titulada: "La Patria está en peligro", donde se exhortaba a que todas las fuerzas y recursos del país se pusieran al servicio de la defensa revolucionaria. Según cifras de R.H. Bruce Lockart que el propio E.H. Carr recogió en la obra aquí citada (Cap. 22), al primero de marzo de 1918, tras el llamado a filas del 22 de febrero, el reclutamiento voluntario aumentó hasta los 15.300 efectivos en todo el país.

El análisis que usted hizo de esa situación difiere totalmente de lo que sugieren estos datos:

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