TÍtulo del ensayo globalización económica el imperio de la mediocridad temario



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Capítulo IX

El Estado -Nación en el Mercado Global - La Reinvención delGobierno
Este capítulo se planteará -con los debidos respetos- en términos de debate. En una primera parte discutiremos -literariamente- con Kenichi-Ohmae, con referencia a sus opiniones -que trascribiremos-dadas en el libro "El Fin del Estado-Nación". Posteriormente haremos lo mismo con respecto a lo dicho por David Osborne y Ted Gaebler en su libro "La Reinvención del Gobierno".

Comencemos reproduciendo, algunos párrafos significativos, de la obra de Kenichi-Ohmae:


"Las fuerzas que están operando en la actualidad han planteado problemáticas preguntas acerca de la relevancia -y eficacia- de los estados-nación como formas de agrupación significativas para recapacitar sobre la actividad económica y mucho menos para gestionarla.

Muchos de los valores que servían de fundamento a un orden mundial de estados-nación independientes y soberanos -la democracia liberal, según su aplicación en occidente, e incluso la propia noción de soberanía política- han mostrado síntomas de que necesitan una profunda redefinición. O, tal vez, una sustitución. Ciertamente a medida que se aproxima el siglo XXI y a medida que la que yo denomino cuatro "íes" -industria, inversión, individuos e información- fluyen con muy pocas trabas atravesando las fronteras nacionales, los conceptos básicos adecuados para un modelo de mundo de países cerrados, propio del siglo XIX, han dejado de ser válidos.

¿Son los estados-nación verdaderamente los actores más importantes de la economía mundial actual?. En un mundo en que las fronteras económicas se desvanecen de manera progresiva, ¿son sus fronteras arbitrarias, historicamente accidentales, genuinamente significativas en términos económicos?. Si la respuesta es NO. ¿Que tipo de fronteras tendrían sentido?.

Una forma de responder a esta pregunta consiste en observar los flujos de las 4 "íes".

En primer lugar la inversión ya no es sometida a limitaciones geográficas.

La segunda, la industria, tiene también una orientación mucho más mundial en la actualidad que la que tenía hace un decenio.

La tercera, la tecnología de la información, hace posible hoy que una empresa pueda operar en diferentes partes del mundo sin tener que construír un sistema empresarial completo en cada uno de los países en los que tiene presencia.

Por último, los individuos consumidores, también han adoptado una orientación mundial.
Como los mercados mundiales de las "íes" funcionan estupendamente por su cuenta, los estados-nación ya no tienen que desempeñar el papel de creadores de mercado.

Esto modifica fundamentalmente la ecuación económica. Si el libre movimiento de estas "íes" hace que el papel de intermediario de los estados-nación quede anticuado, las calificaciones necesarias para sentarse en la mesa mundial y presentar soluciones mundiales empiezan a responder no a las artificiales fronteras políticas de los países, sino a las más centradas unidades geográficas en donde se hace el trabajo de verdad y los verdaderos mercados florecen.

Yo denomino a estas unidades "estados-región". Pueden encontrarse dentro de las fronteras de un sólo estado-nación. Esto no importa. Es el resultado irrelevante de un accidente histórico. Lo que define a esos estados-región no es la ubicación de sus fronteras políticas, sino el hecho de que tienen el tamaño y la escala adecuados para ser verdaderas unidades operativas en la economía mundial actual. Las suyas son las fronteras -y las conexiones- que importan en un mundo sin fronteras.

El autor se pregunta: ¿Qué importa que el PNB medio per cápita de China sea de 317 dólares, si en Shenzhen, cuya economía está estrechamente vinculada con la de Hong Kong es de 5.695 dólares?.

Con respecto a los estados-nación:

· en primer lugar, estas unidades de larga tradición, definidas en términos políticos, tienen mucho menos que aportar, y mucho menos libertad para hacer contribuciones;

· en segundo lugar el estado-nación es cada vez más una ficción nostálgica;

· en tercer lugar, cuando se analizan detenidamente los bienes y servicios que se producen y comercializan por todo el mundo, así como las empresas que los hacen, no es fácil atribuírles una etiqueta nacional.

La californización del gusto. Por ejemplo, hoy existen decenas de millones de quinceañeros de todo el mundo, que han crecido en un entorno multimedia, y que tienen mucho más en común con los otros quinceañeros que lo que tienen con los miembros de generaciones mayores de sus propias culturas.

Los ciudadanos bien informados del mercado mundial no van a esperar pasivamente hasta que los estados-nación, o los profetas culturales, les facilitan mejoras tangibles de su nivel de vida. Han dejado de confiar en que vayan a hacerlo. Por el contrario, desean construír su propio futuro, quieren asumir la responsabilidad de crearse un futuro por si mismos. Quieren sus propios medios de acceso directo a lo que se ha vuelto una genuina economía mundial.

En las sociedades abiertas a la experiencia multimedia, el punto de equilibrio fundamental está empezando a cambiar: los niños y los adolescentes están alcanzando, en los profundos y críticamente importantes sustratos de la sensibilidad y la concepción del mundo, una gran similitud con sus coetáneos de otras sociedades, sometidas a las mismas influencias, similitud que es mucho mayor que la que guardan con las generaciones maduras de sus propias culturas. La continuidad esencial entre generaciones, de la que necesariamente dependen todas las sociedades para garantizar su integridad y supervivencia, ha empezado a quebrarse.

En el mundo de Shonen Jump (una revista japonesa de historias gráficas con una tirada semanal de seis millones de ejemplares y un contenido editorial similar a las novelas rosas), la familia, los padres, la escuela, la comunidad y el país son distracciones mal acogidas que apartan a los protagonistas de los pequeños placeres de la vida. Son fuentes no bienvenidas -y evitables- de autoridad entrometida. Es mucho mejor, por lo tanto, desentenderse de ellos, rechazar el sistema de valores que representan e ir a su aire con los amigos.

Son los niños del Nintendo. El mensaje que va implícito en todo ello, y que es algo completamente ajeno a la tradición japonesa, es que es posible asumir el control de la situación o las circunstancias personales y , por lo tanto,cambiar el destino que nos espera. No hay por que aceptar nada como fait accompli inalterable. Nadie está en la obligación de someterse pasivamente a los dictados de la autoridad externa. Todo se puede explorar, organizar, reprogramar. No hay nada que sea fijo o definitivo. La tecnología ha hecho posible, de la forma menos japonesa que imaginarse quepa, que sean ellos mismos los que se encarguen de definir, moldear, evaluar.

Los vínculos entre las generaciones se han roto; se ha forjado un nuevo vínculo con aquellos que comparten experiencias similares.

A escala mundial, la experiencia de los niños del Nintendo.....es un nuevo tipo de proceso social, algo que nunca habíamos visto con anterioridad y que nos lleva a un nuevo tipo de realidad social; una civilización en la que, de verdad, no hay fronteras, alimentada por el contacto con tecnologías y fuentes de información comunes, en la que los vínculos horizontales establecidos con miembros de la misma generación que viven en otros lugares del mundo son más estrechos que los vínculos verticales tradicionales entre generaciones que viven en zonas geográficas determinadas.Los países que estas personas desarraigadas están abandonando, cada uno por su cuenta, son los estados-nación tradicionales definidos en términos políticos. El país hacia el que todos se dirigen -ayudados por el contacto común con el idioma inglés. la Internet, la Fox T.V., la BBC. la CNN, y la MTV y por los instrumentos de comunicación interactivos- es la economía mundial del mundo sin fronteras.

En el nivel equivalente a los 3.000 dólares per cápita de PNB, se da un intenso y constante aumento del deseo de alcanzar una participación más activa en la economía mundial, como mercado y como fuente de suministro de productos de consumo básico. (en Japón, por ejemplo, este deseo se tradujo en la rápida expansión de la demanda de consumo de refrigeradores, televisores en color y automóviles económicos). Por debajo de este nivel -entre por ejemplo, los mil quinientos y los tres mil dólares per cápita- el interés se centra en las motocicletas (como pasa en la actualidad en Tailandia); por debajo de los mil quinientos dólares, el máximo interés se pone en bicicletas (como sucede en Shanghai y Vietnam). En el umbral de los tres mil dólares, por lo tanto resulta conveniente comenzar un programa a gran escala de construcción de sistemas de autopistas modernas, de sistemas de transporte por ferrocarril en las áreas urbanas más importantes, y de infraestructura básica -agua potable, energía eléctrica, comunicaciones y finanzas- necesaria como apoyo para un nivel substancialmente mayor de comercio internacional.

En el umbral de los 5.000 dólares, se vuelve a experimentar un cambio. La intensidad del deseo de formar parte del sistema económico mundial aumenta rapidamente. Después cuando se alcanzan los diez mil dólares, el símbolo del éxito logrado consiste en pasar a formar parte de la OCDE.

Las decisiones que adopte el gobierno en el momento en que se alcanza el nivel de los 5.000 dólares suponen una gran diferencia en la velocidad -y el acierto- con que se alcanza el nivel de los 10.000 dólares. Siempre y cuando haya políticas razonablemente adecuadas, si el país se aprovecha del sistema internacional -es decir si se abre de verdad a el- la prosperidad vendrá por añadidura. Si no lo hace, o si lo hace a medias, optando por basarse en el opresivo e internacionalista control por parte del gobierno central, su progreso tambaleará.

...........Los estados-nación son cada vez más incapaces de dictar las elecciones económicas individuales. Si intentasen hacerlo de una forma demasiado restrictiva, los flujos electrónicos de capital se dirigirán a otros puntos del mundo, penalizando sus divisas y privando a los países de fondos de inversión. Las transacciones individuales migrarían a canales que se encontrasen lejos de su vista y lejos de su alcance.

Las líneas divisorias que tienen sentido son las que corresponden a lo que yo denomino "estados-región" -unidades geográficas como el norte de Italia, Baden-Würtemberg (o el alto Rhin), Gales, San Diego/Tijuana, Hong Kong/China del Sur, Silicon Valley/Bahía de San Francisco en California, y Pusan (y el extremo sur de la Península de Corea) y las ciudades de Fukuoka y Kitakyushu en el norte de la isla japonesa de Kyushu. Otras áreas similares son el triángulo del crecimiento de Singapur,Johore (el estado más meridional de Malasia) y las vecinas islas de Riau, en Indonesia (incluyendo Batam, una zona de libre comercio);el parque triangular de la investigación de Carolina del Norte; la región de Rhône-Alpes en Francia, centrada en Lyon, que tiene estrechos lazos mercantiles y culturales con Italia; la región del Langedoc-Rousillon, centrada en Tolosa, que tiene estrechos vínculos con Cataluña; Tokio y sus zonas próximas; Osaka y la región de Kansai; la isla Malaya de Penang e incluso el nuevo gran triángulo del crecimiento, presentado en 1992, en el estrecho de Malaca;que conecta Penang, Medan (una ciudad Indonesia de Sumatra) y Phuket, en Tailandia.

En el mundo sin fronteras, éstas son las zonas económicas naturales.

En virtud de su subordinación política, las megálopolis (por ejemplo Calcuta o Ciudad de México) son inmunes a la lógica mundial,y ni la buscan ni son capaces de aprovecharla cuando se pone a su alcance. A falta de estas relaciones mundiales, pues, suelen ser incapaces de reubicarse por sus propios medios en la trayectoria positiva del crecimiento. Al igual que ocurre con los sectores industriales en declive, la dinámica económica de las megálopolis traza un espiral descendente del que nadie puede salir por sus propios medios. Los estados-región son diferentes, porque pueden dejar alegremente a un lado la parafernalia de la soberanía a cambio de aprovechar las "íes" mundiales a conveniencia.

En el caso de los estados-nación:.......aún cuando la tasa de crecimiento general del mercado de un único producto fuese del X%, algunas partes del país estarían creciendo explosivamente con una tasa de X+Y, y otras se estarían quedando rezagadas con un crecimiento de X-Y. El resultado inevitable eran unos mapas de estrategia que, cuando se observaban de cerca, recordaban al camuflage de las cebras: el color no era uniformemente gris, sino que se componía de áreas de actividad oscuras separadas por espacios en blanco.

En términos económicos, en el nivel de granulidad que interesa a los directivos, todos los estados-nación son cebras. Los medios varían, las tasas de crecimiento varían, las infraestructuras varían, los gustos y las preferencias varían.

Sin embargo, en el caso de los estados-región, cuyas fronteras no se trazan con las claras líneas de la geometría euclidiana, sino con los difusos puntos y manchones de un cuadro impresionista, elaborar datos exactos es una tarea mucho mas difícil. Los estados-región no son cajas regulares dentro de las cuales se puedan colocar conjuntos regulares de datos. Son, por el contrario, muchos más parecidos a los imanes que se desplazan sobre un campo de virutas metálicas en movimiento, que tuerce y retuercen los flujos a medida que avanzan.El trabajo que efectúa la empresa no es una acumulación de actividades realizadas en el ámbito de países, sino un sistema operativo no agregado gestionado como un proceso de red, controlado con información compartida y organizado horizontalmente por materias.....crear alianzas o empresas conjuntas transfronterizas, establecer empresas virtuales, aprovechar las diferencias de costes de la mano de obra o de los servicios (correos, por ejemplo, o servicios públicos, o teléfonos). En realidad, teniendo en cuenta el potencial para rediseñar los sistemas operativos que ofrece la actual tecnología de la información y las redes del estilo de la internet, las "soluciones" regionales serán unos instrumentos cada vez más potentes para superar a la competencia. Trasladar el campo de batalla de la nación a la región transfronteriza será uno de los ejes de la estrategia empresarial del siglo XXI.

En una economía mundial, las visiones del éxito que funcionan con un reconocimiento, pleno y explícito, del valor de los estados-región y de la considerable libertad de movimientos que necesitan. Tambien empiezan por una clara apreciación de los tipos de valor que únicamente un gobierno central puede proporcionar: seguridad militar, una divisa firme, normas de infraestructura, y demás.

Esta admisión y esta valoración llevarán , de manera inexorable, a una u otra forma de federación, ya que ésta es la única manera de organización política "paraguas". Bajo la cual pueden florecer independientemente múltiples estados-región en el contexto de la economía mundial, mientras que, se mantienen vinculados con el interés nacional más general.

En Estados Unidos, los agresivos avances realizados para liberalizar la economía, así como la prolongada tradición de descentralizacion estatal bajo un paraguas federal, son una excelente preparación para este papel de catalizador.

En Europa, en el momento en el que los estados-nación empezaban a perder primacía como agentes económicos, Bruselas creaba el estado-supernación. Esto es sarcástico. Tambien es trágico.

Asia, por el contrario, es la parte del mundo en la que los niveles de prosperidad están más claramente basados en la región. En Indonesia, el PNB per cápita varía en un factor de hasta seis de unas regiones a otras; en China ese factor llega a veinte".
Iniciamos la discusión - literaria - con Kenichi-Ohmae, respondiendo a su pregunta:

¿Qué tipos de fronteras tendrían sentido?.

Según Samuel P. Hungtington (el Choque de Civilizaciones)" en el mundo de la posguera fría, las banderas son importantes y también otros símbolos de identidad cultural, entre esos las cruces, las medialunas, e incluso los modos de cubrirse las cabezas, porque la cultura tiene importancia, y la identidad cultural es lo que resulta más significativo para la mayoría de la gente. Las personas están descubriendo identidades nuevas, pero a menudo también viejas, y caminan resueltamente bajo banderas nuevas, pero con frecuencia también viejas, pero que conducen a guerras con enemigos nuevos pero a menudo también viejos".

En otro párrafo Hungtington nos dice: " Por primera vez en la historia, la política global es a la vez multipolar y multicivilizacional; la modernización económica y social no está produciendo ni una civilización universal en sentido significativo, ni la occidentalización de las sociedades no occidentales".

Ante el temperamento universalista o diferencialista de ciertas culturas veamos lo que dice Emmanuel Todd en su libro El Destino de los Inmigrantes: " Las estructuras familiares aparecen como fundacionales, a través de las representaciones ideológicas que de ellas deriva: allí donde se piensa que los hermanos son iguales, se cree a priori en la equivalencia de los hombres, de los pueblos. Si se concibe a los hermanos como diferentes, no puede evitarse la idea de una humanidad diversificada y fragmentada".

Luego nos da algunos ejemplos: " Cada una de las actitudes ateniense, alemana, japonesa, vasca, inglesa, india, sij y judía tienen sus características propias. Pero en todas subyace un postulado de no equivalencia de los pueblos. Recíprocamente, las mentalidades romana, española, francesa, rusa, china, árabe, aunque se distinguen unas de otras por multiples rasgos, todas incluyen el postulado de un hombre universal, cuya esencia única trasciende la diversidad de las apariencias físicas o de las costumbres".

Volvemos a Hungtington para ver que: " Las principales civilizaciones contemporáneas son las siguientes: China, Japonesa, Hindú, Islámica, Occidental, Latinoamericana (Occidental con variaciones) y Africana (posiblemente)

Más adelante sostiene " Occidente conquistó el mundo, no por la superioridad de sus ideas, valores o religión, sino más bien por su superioridad en la aplicación de la violencia organizada. Los occidentales a menudo olvidan este hecho; los no occidentales nunca...... Las grandes ideologías políticas del sigloXX son : liberalismo, socialismo, anarquismo, corporativismo, marxismo, comunismo, socialdemocracia, conservadurismo, nacionalismo, fascismo y democracia cristiana. Todas ellas tienen una cosa en común: son productos de la civilización occidental. Ninguna otra civilización ha generado una ideología política relevante.....Occidente sin embargo, nunca ha generado una religión importante.

Las grandes religiones del mundo son todas producto de civilizaciones no occidentales y, en la mayoría de los casos, son anteriores a la civilización occidental...... El choque intracivilizatorio de las ideas políticas generadas por Occidente, está siendo sustituído por un choque de cultura y religión entre diversas civilizaciones".
Con estos valiosos antecedentes podríamos contestar a Ohmae: que tienen sentido todas aquellas fronteras necesarias para respetar la cultura y las identidades civilizatorias, que cohesionan a los pueblos.

Dicen algunos entendidos, que muchos de los conflictos tribales existentes en África, son producto de las fronteras artificiales que por intereses estratégicos, definieron los poderes coloniales, antes de su retirada.

Nos viene a la mente la defensa que hicieron los vietnamitas de sus "fronteras" y su triunfo ante el "ejército mas poderoso de la tierra" que no tenía -por lo visto-los mismos valores y motivaciones para el combate.

La economía de Madonna (Grupo Lisboa) o el Mc Monde (Guy Sorman) no va a englobar a todas las civilizaciones sin excepción. Conviene no enfermarse de superioridad.

Hay civilizaciones que se resistirán.Ojalá.

Respondida - en nuestro criterio- la pregunta sobre el sentido de las fronteras, veamos ahora el impacto que produce la globalización en los estados-nación, tal como existen en el siglo XX.

Ciertamente al menos tres de las que Ohmae llama 4"íes" -industria, inversión, individuos e información- han atravesado las fronteras nacionales. También es cierto que los gobiernos han perdido poder para "gestionarlas".

Coincidimos con el diagnóstico pero diferimos en la calificación. Para nosotros la pérdida de regulación y liberación de mercado, la movilidad financiera y de capitales industriales, esquivando el marco regulador basado en el estado-nación crea un problema grave. Volvamos a Hungtington a ver que opina al respecto:

"Las administraciones de los estados han perdido en buena medida la capacidad de controlar la corriente de dinero que entra y sale de su país y cada vez tienen mayor dificultad en controlar los movimientos de ideas, tecnología, bienes y personas. Las fronteras estatales se han ido haciendo cada vez más permeables.

Todos estos hechos han llevado a muchos, a ver el final gradual del estado de perfiles netos y el nacimiento de un orden, internacional variado, de múltiples estratos, que guarda semejanzas más estrechas con la época medieval".

Aspecto que confirma Taichi Sakaiya en su libro Historia del Futuro, cuando dice:" Si buscamos el momento histórico que más se asemeje al nuestro, inevitablemente señalaremos esa hora oscura en que la civilización materialista y el espíritu científico y racional del mundo antiguo sufrió un descalabro que allanó el camino de la civilización medieval".

En otra parte Hungtington sostiene:" Puro caos...el debilitamiento de los estados y la aparición de "estados frustrados" contribuyen a una imagen de un mundo en situación de anarquía. Este paradigma subraya: la quiebra de la autoridad gubernamental, la desintegración de los estados; la intensificación de los conflictos tribales étnicos y religiosos, la aparición de mafias criminales de ámbito internacional; el aumento del número de refugiados en decenas de millones; la proliferación de armas nucleares y de otras armas de destrucción masiva; la difusión del terrorismo; la frecuencia de las masacres y la limpieza étnica".


Pasemos a discutir lo que Ohmae denomina estados-región.

Dice al respecto: "Pueden encontrarse dentro de las fronteras de un sólo estado-nación. Esto no importa. Es el resultado irrelevante de un accidente histórico. Lo que define a esos estados-región no es la ubicación de sus fronteras políticas, sino el hecho de que tienen el tamaño y la escala adecuados para ser verdaderas unidades operativas en la economía mundial actual. Las suyas son las fronteras -y las conexiones- que importan en un mundo sin fronteras".

Luego se pregunta: "¿Que importa que el PNB medio per cápita de China sea de 317 dólares, si en Shenzhem, cuya economía está estrechamente vinculada con la de Hong-Kong es de 5.695 dólares?.

Las líneas divisorias que tienen sentido -segun Ohmae- son las unidades geográficas como el norte de Italia, Baden-Würtemberg (o Alto Rhin), Gales,..............En un mundo sin fronteras, estas son las zonas económicas naturales".

Lamentamos estar -una vez más - en desacuerdo con Ohmae. Aceptando la tendencia hacia el desarrollo de, lo que el llama, "estados -región", entendemos que, en tanto y cuanto no se establezcan uno o mas "estados-supernación" quedaran áreas (las partes blancas de la cebra, según el autor) totalmente desasistidas y liberadas -muchas veces injustamente- a su propia suerte.

No es sarcástico y tampoco trágico -estimado Prof. Ohmae- la creación de estados-supernación (tal vez el futuro de los bloques económicos). Es justo y necesario, para moderar, democratizar y humanizar sus 4 "íes" (industria, inversión, individuos e información).

Si ya es de por si difícil el desarrollo de un mismo país; imaginemos, lo que sería intentar recaudar impuestos en estados-regiones, que abarquen zonas de diferentes países, para redestribuír la riqueza con partes de un país miembro rezagadas.

El galimatías fiscal, de infraestructuras, reglamentario, social, educativo, sanitario -por sólo mencionar algunos- sería tan complejo, que sólo llevaría a un atasco funcional inoperable, o la fragmentación de los estados-nación en aras de los estados-región.

En este caso extremo -la secesión-, se condenaría a la marginación y pobreza, a todas aquellas partes de los estados-nación, que no hubieran tenido en suerte, la posibilidad de incorporarse a algún estado-región (las partes negras de la cebra, en palabras de Ohmae).

Esta situación, recién podría compensarse cuando se establezcan los estados-supernación que tanto alarman (¿por retrógrados?) al autor mencionado.

Resumiendo, entendemos que se repite -en escala regional-, el mismo problema que en la globalización. En este caso, el factor desequilibrante de la competitividad está, en las diferentes reglas de juego y grados de desarrollo económico, que tienen los oponentes. Aquello de "jugar al fútbol con las reglas del baloncesto". Y para seguir con el símil deportivo, en nuestro caso, sería como elegir a los mejores, más atleticos y más guapos, para entrar en juego, dejando, para siempre, fuera de la cancha a los peores, gordos y feos.

Asi, galvanizaríamos el dualismo, dando a los ricos la posibilidad de ser más ricos y condenamos a los pobres definitivamente a la pobreza. Y, para más inri, quitando a los estados-nación toda alternativa de arbitrar.

Antes de cerrar esta parte intentaremos discutir sobre "la californización del gusto" y "los niños del Nintendo"

Dice Guy Sorman en un artículo de reciente publicación: "El mundialismo sirve a una causa que es ideológica. Hoy, simplificando, está en manos de los Estados Unidos. Su lema podría resumirse de la siguiente manera: ¿Para qué conservar la identidad cultural y nacional si estamos entrando en un mundo único?. Frente a eso, otros grupos, que explotan políticamente la tribalización, se oponen a mezclarse en una sopa mundialista, y defienden la identidad nacional. No me gusta ninguno de ambos discursos".

Mas adelante agrega: "Es claro que hay un proyecto americano. No es un proyecto imperialista, con complots, como quieren ver algunos. Se trata de un fenómeno de civilización, de una fuerza y una seducción que no es solamente económica sino también religiosa. En los Estados Unidos ha surgido una religión que poco o nada tiene que ver con el cristianismo. Es una suerte de neopaganismo. Una religión muy narcisista e individualista que afirma:"yo soy mi propio Dios". Frente a eso los europeos se quejan, pero no logran encontrar la manera de definirse como proyecto de civilización".

Sobre el particular, Mercedes Odina y Gabriel Halevi en su libro América Sociedad Anónima, nos dicen:"La cultura contemporánea es la cultura americana. Los americanos han sido los principales artífices de su transformación en un objeto de consumo masivo,al convertirla en pura diversión y entretenimiento. A través del cine y la televisión, Norteamerica ha esparcido su cultura por todo el mundo.

En los años noventa, las producciones audiovisuales norteamericanas dominan el 75% de las emisiones por cable y el 85% de la televisión de pago del mercado mundial. Mas del 55% de los ingresos mundiales por alquiler de videos son de películas norteamericanas. En la cifra total mundial que se mueve en el mercado de la música, más de la mitad de los ingresos se los lleva un sólo país, Norteamérica; la otra mitad se la deben repartir entre los restantes países del mundo. En el mercado editorial Estados Unidos domina el 35% de las ventas.

La americanización de Europa o de Japón es un hecho innegable, pero no es responsabilidad americana. Ha sido gracias a la adaptación y a la sabiduría comercial que busca el clientelismo y a las técnicas del mercado por lo que han triunfado en esta tarea de titanes tenderos.

Al final indican que según Herder Schiller, el dominio americano en los contenidos, la estructura y la tecnología de los medios de comunicación, ha representado el mejor apoyo para el imperialismo político y económico de Estados Unidos en detrimento de los valores culturales de otras naciones, que han sufrido un proceso de americanización".

Huntington aporta sus ideas sobre el asunto, cuando nos dice: "El argumento de que la difusión de la cultura Pop y de bienes de consumo por todo el mundo representa el triunfo de la civilización occidental trivializa la cultura de occidente. La esencia de la civilización occidental es la Carta Magna y no el Big Mc. El hecho de que los no occidentales puedan zamparse este no tiene consecuencias a la hora de que acepten o dejen de aceptar la Carta Magna.

Y remata el tema así: La cultura Davos es tremendamente importante. Pero ¿cuánta gente en el mundo comparte dicha cultura?. Fuera de Occidente, probablemente menos de 50 millones de personas, o sea, menos del 1% de la población mundial, quizás tan sólo una décima parte del 1% de dicha población. La medida en que Occidente domina las comunicaciones planetarias es una fuente importante de resentimiento y hostilidad de los pueblos no occidentales contra Occidente".

Tom Engelhardt, en su libro El Fin de la Cultura de la Victoria, señala: "Si la guerra del Golfo reveló la capacidad de los medios para montar operaciones técnicas a una escala sin par, tambien puso de manifiesto la necesidad de estos gigantes mediáticos con dificultades financieras (y de sus competidores advenedizos) de buscarse un patrocinio a unos niveles inimaginables hasta la fecha. Esto fue lo que pareció ofrecer la administración Bush: una empresa de producción foránea capaz de organizar un acontecimiento bien producido y subvencionado que pudiera llegar a todo el público americano (y, cada vez más a todo el planeta) a un coste de rebajas, por así decir.

Con un millón de extras uniformados, sus vastos escenarios y su programa de producción de seis meses lleno de prodigios logísticos (y unos cuantos fiascos), la producción, la Guerra del Golfo, exigió una inmensa colaboración mediática militar a escala planetaria".

En nuestra modesta opinión, esas personas desarraigadas (al decir de Ohmae) que están abandonando, cada uno por su cuenta, los estados-nación tradicionales, para dirigirse ayudados por el contacto común con el idioma inglés, la Internet, la Fox T.V., la BBC, la CNN, y la MTV, y por los instrumentos de comunicación interactivos, hacia el mundo sin fronteras, puede que terminen -en muchos casos, tal vez demasiados- en el limbo del consumismo.

Principalmente, nos preocupa la juventud, allí es donde los "colonizadores" se adueñan del futuro.

Autistas de mercado, alimentados con la "sopa boba" de los videojuegos, con una vida prestada por los medios audiovisuales, clónicos parabólicos,metafísicos binarios,jibarizados por la voz del amo,adocenados, aborregados, deportistas de sillón, revolucionarios de video-clip, disidentes del zapping, esclavos del Tamagochi, uniformados de cuerpo y alma, homogéneos, amorfos, sólo interesan como consumidores.

Los colonizadores buscan -y lo están logrando- un joven que sea: hedonista, frívolo,pasivo,egoísta,individualista,escapista,despolitizado,analfabetofuncional, sensual, promiscuo, inmaduro permanente, frágil, influenciable; al que le ofrecen "el pan" que se gane trabajando en Mc Donald´'s y "el circo" de la guerra del fútbol. Aquéllos que no "soporten el ritmo", tienen el alcohol y la droga para evadirse.

Esta es la materia prima, la "maravillosa juventud" que les interesa, que buscan y que promueven, los homogenizadores. Lo más triste es que lo están logrando!!!

El futuro se muere a chorros, aunque Wall Street marque records.

Cerramos esta parte con las preguntas que lanza Hugo Mayer en su libro, "Adicciones: un mal de la posmodernidad". Según Mayer, en la medida en que el liderazgo social ya no está representado por Dios, por el Rey o por la familia, sino fundamentalmente por el mercado, asistimos a un verdadero trastocamiento de los valores:"Los niños con madres exigidas, desamparadas, y padres ausentes, distantes, demasiado ocupados o preocupados, han quedado a merced de los medios y de las invitaciones o imposiciones del mercado. Un mercado que muestra como un producto calma el malestar o facilita el éxito con el otro sexo, o hace feliz", afirma.

Culmina con un interrogante -qué compartimos- y qué traza un camino de respuestas posibles:"¿Como hará la cultura para regenerar ciertas certidumbres que sean una promesa para el futuro, rejerarquizando el valor del hombre en su infinito potencial, más allá de ser un anónimo, solitario, masivo y triste consumidor?".
Pasemos ahora a discutir sobre las tareas de gobierno para el siglo XXI

Comencemos, reproduciendo, algunos párrafos significativos, de la obra de David Osborne y Ted Gaebler:


"En primer lugar, creemos profundamente en el gobierno. El gobierno es el mecanismo que empleamos para adoptar decisiones que afectan a la comunidad. Es la manera en que proporcionamos servicios en beneficio de todo nuestro pueblo. Es la manera en que resolvemos problemas colectivos, que reflexionamos sobre los problemas con que se enfrenta la sociedad (americana para los autores) de hoy día: drogadicción, crimen, pobreza, carencia de viviendas, analfabetismo, residuos tóxicos, el efecto invernadero, el coste explosivo de la asistencia médica.

¿Como resolvemos estos problemas?. Mediante la acción colectiva.

¿Como actuamos colectivamente?. A través del gobierno.

En segundo lugar, creemos que la sociedad no puede funcionar eficazmente sin un gobierno eficaz, lo cual es hoy algo sumamente raro.

En tercer lugar, creemos que el problema no reside en la gente que trabaja en el gobierno; el problema reside en los sistemas en los cuales trabajan.

En cuarto lugar, creemos que ni el liberalismo tradicional, ni el conservadurismo tradicional tienen mucho que decir respecto de los problemas con que se enfrentan hoy nuestros gobiernos.

No resolveremos nuestros problemas gastando mas o menos, creando nuevas burocracias públicas o "privatizando" las burocracias existentes. Según el momento y el lugar necesitamos gastar mas o gastar menos, crear nuevos programas o privatizar funciones públicas. Pero para que nuestro gobierno vuelva a ser eficaz tenemos que "reinventarlo".

En el mercado mundial de hoy en día, Estados Unidos no puede competir eficazmente si derrocha el 25% de sus recursos humanos.

Dice Drucker: "Los individuos más innovadores y con más espíritu empresarial se comportan como el más adocenado burócrata o como el político sediento de poder seis meses después de haberse hecho cargo de la gestión de una institución de servicio público. Y agrega: "sobre todo si es una institución gubernamental".

La mayor parte del gobierno de Estados Unidos se halla fuera de Washington.

En Estados Unidos hay 83.000 unidades de gobierno: un gobierno federal, 50 gobiernos estatales y miles de ciudades, condados, distritos escolares, distritos hidráulicos y distritos de transporte. La mayoría de nuestros servicios públicos los prestan gobiernos locales.Más de 12 millones de nuestros 15,1 millones de empleados públicos trabaja para el gobierno estatal o local.

Hoy,la diferencia principal del gobierno no estriba en los fines, sino en los medios.

Cuando la década de los ochenta se aproximaba a su fin, la revista Time preguntaba en cubierta: "¿Ha muerto el gobierno?.

A medida que se despliega la década de los noventa, muchos norteamericanos parecen responder afirmativamente a esa pregunta.

Nuestras escuelas públicas son las peores del mundo desarrollado. Nuestro sistema sanitario está fuera de control. Nuestros tribunales de justicia y nuestras prisiones están tan pobladas que hay criminales convictos que andan sueltos. Y muchas de nuestras ciudades y estados más orgullosos están practicamente en bancarrota.

La confianza en el gobierno ha caído a niveles desconocidos hasta la fecha. Casi tres de cada cuatro norteamericanos opinó que Washington prestaba menos servicios por dólar que diez años antes.

Nuestra tesis es sencilla. El tipo de gobierno que se desarrolló durante la era industrial, con sus burocracias perezosas y centralizadas, su preocupación por las reglas y las regulaciones y sus cadenas jerárquicas de mando, ya no funciona muy bien. Se volvieron excesivamente abultados, derrochones, ineficaces. Y cuando el mundo empezó a cambiar no cambiaron con el.

Al poner dificultades al robo de dinero público, hemos hecho prácticamente imposible administrarlo.

Al adoptar pruebas escritas con puntuación hasta el tercer decimal para dar empleo a nuestros oficinistas, policías y bomberos, hemos introducido la mediocridad en nuestra fuerza de trabajo.

Al hacer imposible despedir a los individuos que no rinden, hemos convertido la mediocridad en una rémora humana.

Al intertar controlarlo prácticamente todo, nos hemos vuelto tan obsesivos con las normas según las cuales han de hacerse las cosas -regulando los procesos y controlando el gasto- que ignoramos los resultados.

El producto de todo ello es un gobierno lento, ineficaz, impersonal.

Vivimos en un mercado global que ejerce una enorme presión competitiva sobre nuestras instituciones económicas.

Vivimos en una sociedad de información, a la cual la gente accede casi tan rápidamente como sus líderes.

Vivimos en una sociedad basada en el conocimiento, en la cual los trabajadores con formación manejan los mandos y exigen autonomía.

Vivimos en una época de unos mercados en los que los consumidores se han acostumbrado a la gran calidad y a la amplitud de las opciones posibles.

En ese medio, las instituciones burocráticas -públicas y privadas- que se desarrollaron durante la era industrial nos resultan cada vez más inútiles.

El medio actual exige instituciones extremadamente flexibles y adaptables.

Exige instituciones que ofrezcan bienes y servicios de gran calidad y que aprovechen al máximo todas las energías.

Exige instituciones responsables ante sus clientes, que brinden opciones de servicios no estandarizados. Que gobiernen más por la persuación y los incentivos que mediante órdenes, que creen en sus empleados un sentimiento de significado, de control e incluso de propiedad.

Exige instituciones que capaciten y autoricen a los ciudadanos antes que limitarse a servirlos.

La mayor parte de los gobiernos "empresariales" promueve la competencia entre los proveedores de servicios. Capacitan y facultan a los ciudadanos para desplazar el control fuera de la burocracia y colocarlo en la comunidad. Miden el rendimiento de sus agencias no en función del gasto, sino de los resultados. Se inspiran metas -objetivos o misiones- no se rigen por reglas y regulaciones. Re-definen a sus usuarios o consumidores como clientes y les ofrecen opciones (entre escuelas, entre programas de formación, entre tipos de vivienda). Invierten la energía en ganar dinero, no simplemente en gastarlo. Descentralizan la autoridad por medio de la gestión participativa. Prefieren los mecanismos de mercado a los mecanismos burocráticos. Y no se dedican malamente a suministrar servicios públicos, sino a catalizar todos los sectores -públicos, privados y voluntarios- en la acción para resolver sus problemas comunitarios.

El gobierno no puede funcionar como una empresa. Puede adoptar un talante más empresarial, por supuesto.

Como señaló un observador, los gobiernos son como los gordos que necesitan perder peso. Tienen que comer menos y hacer más ejercicio; en cambio, cuando el dinero escasea, se cortan unos cuantos dedos.

Para disolver las grasas, debemos cambiar los incentivos básicos que mueven nuestros gobiernos. Debemos convertir las instituciones burocráticas en instituciones empresariales, dispuestas a eliminar las iniciativas obsoletas, deseosos de hacer más con menos y ávidos de nuevas ideas.

Nuestro problema fundamental es que tenemos la clase errónea de gobierno. No se trata de que necesitemos más o menos gobierno, sino de que necesitamos un gobierno mejor. Para ser más precisos, necesitamos mejor gestión de gobierno
Gobierno catalizador: mejor llevar el timón que remar.

La obligación del gobierno no reside en prestar servicios, sino en asegurarse que estos se presten.

Menos gobierno pero más gestión de gobierno.

Necesitamos no un gobierno que haga, ni un gobierno que administre; sino un gobierno que gobierne.
Gobierno propiedad de la comunidad: mejor facultar que servir directamente.

Creamos dependencia. Los peligros del clientelismo.

La acción de las comunidades: compromiso, comprensión, resolución, cuidado, flexibilidad, creatividad, más baratas, patrones de conducta más eficaces, se centran en las capacidades.
Gobierno competitivo: inyectar competitividad en la prestación de servicios.

Mayor eficacia, responde a las necesidades de los consumidores, premia la innovación, incrementa la moral de los empleados.
Gobierno inspirado en objetivos: la transformación de las organizaciones regidas por reglas.

Mayor eficiencia, mayor efectividad, innovación, flexibilidad, moral más alta.

Presupuestos inspirados en objetivos.
Gobierno dirigido a los resultados: financiar el producto, no los datos.

Lo que se mide se hace.

Si no se miden los resultados, no se puede distinguir entre el éxito y el fracaso.

Si no se puede reconocer el éxito, no se puede recompensar.

Si no se puede recompensar el éxito, probablemente se recompense el fracaso.

Si no se puede reconocer el éxito, no se puede aprender de el.

Si no se puede reconocer el fracaso, no se puede corregir.

Si se pueden exhibir resultados, se puede ganar el apoyo social.
Gobierno inspirado en el cliente: satisfacer las necesidades del cliente, no las de la burocracia.

Los sistemas inspirados en los clientes obligan a los proveedores del servicio a responsabilizarse ante sus clientes, despolitizan la decisión de elegir al proveedor, estimulan más la innovación, ofrecen al público opciones entre diferentes tipos de servicio, derrochan menos, los clientes eligen y son más comprometidos, crean mayores oportunidades de igualdad.

El gobierno de corte empresarial: ganar en lugar de gastar.

Ahorros y ganancias compartidas.
El gobierno previsor: más vale prevenir que curar.

Gastamos grandes sumas tratando síntomas -con mas policía, más beneficiencia, y más desembolsos en atención médica- mientras las estrategias preventivas tienen que mendigar.

El homicidio es la causa principal de muerte de los varones de color entre 15 y 34 años.

Cada año la industria americana produce más de 2 toneladas de residuos peligrosos por hombre, mujer y niño.

Los Estados Unidos están en la posición número 20 en el ranking de mortalidad infantil.

En 1991 la deuda federal alcanzó los 3,6 billones (14.000 dólares per cápita).

Mientras:

Prácticamente no se hace nada para prevenir la compra de armas.

La industria podría reducir los residuos a la mitad en 5 años. Pero la Agencia de Protección del Medio Ambiente gasta el 99% de su presupusto enfrentándose a la contaminación. No previniéndola.

20 millones de mujeres y niños siguen sin seguro médico.

Si sigue la tendencia actual en el año 2000 la familia media tendrá que pagar más de 5.000 dólares al año en impuestos sólo para pagar intereses de la deuda.
El gobierno descentralizado: de la jerarquía a la participación y el trabajo en equipo.

Son más flexibles, más rápidas, más eficaces, más innovadoras, más comprometidas y con mayor productividad.
El gobierno orientado al mercado: provocar el cambio a través del mercado.
El problema del gobierno mediante programas. Fallos:

Los programas son impulsados por votantes en lugar de consumidores.

Los programas los impulsan los políticos, no la política.

Los programas crean "reductos", que luego las agencias públicas defienden con uñas y dientes.

Los programas tienden a crear sistemas fragmentados de reparto de servicios.

Los programas no se autorregulan.

Los programas pocas veces mueren.

Los programas prácticamente nunca tienen la escala necesaria para producir un impacto significativo.

Los programas utilizan órdenes en lugar de incentivos.

Como están reestructurando el mercado los gobiernos:

· Proporcionar información a los consumidores.

· Crear o aumentar la demanda.

· Catalizar las ofertas del sector privado.

· Crear instituciones mercantiles para llenar los huecos del mercado.

· Catalizar la información de nuevos sectores de mercado.

· Compartir con el sector privado el riesgo de aumentar la oferta.

· Cambiar la política de inversión pública.

· Actuar como agente para compradores y vendedores.

· Tarifar actividades a través del código de impuestos.

· Tarifar actividades a través de cuotas de choque

· Gestionar la demanda a través de las cuotas de los usuarios.

· Construír comunidad.
Vamos a iniciar el debate -literario-, con Osborne y Geabler, intentando contestar la pregunta, que efectuaba la revista Time, a finales de los ochenta: "¿Ha muerto el gobierno?".

Podríamos decir -también literariamente- "los muertos que vos matais gozan de buena salud". Dejando el análisis del gobierno americano, a cargo de los autores, veamos, por un momento, que opinan del suyo los japoneses:

Dice Taichi Sakaiya ("Que es Japón"): "Bajo la rúbrica de "guía administrativa", Japón otorga a sus burócratas poder ilimitado para intervenir administrativamente fuera del sistema legal. En muchos casos la guía administrativa anula la competencia, eleva los precios al consumidor y protege a los productores. El Japón contemporáneo acepta así una competencia restringida bajo la égida de la guía administrativa, para crear un sistema social favorable a la expansión y al desarrollo de la producción masiva. Como resultado de 50 años de cooperación industrial con guía administrativa el consumidor japonés enfrenta poca libertad de elección y precios altos. Los burócratas japoneses no son leales al Japón ni al gobierno japonés, sino a sus ministerios y organismos, dentro de los cuales tienen empleo vitalicio. La lealtad de un burócrata a su ministerio se traduce en una pasión por extender la autoridad y custodiar las tradiciones de dicho organismo. Por esa razón, no tienen -más aún, no deben tener-espacio para considerar si las políticas y programas del ministerio son buenos y malos para el Japón o la sociedad japonesa".

Segun Shintaro Ishihara ("El Japón que Sabe Decir No"): "En Japón también existe una colusión entre burócratas, industrias y políticos......".

También nos decía antes Kenichi Ohmae: "Cuanto menos tienen para ofrecer los viejos partidos políticos al electorado, más desesperadamente tratan de recaudar fondos electorales para mantenerse en el poder, cuanto más gastados están como fuerza histórica, más necesitan gastar.

Los sistemas políticos establecidos se han convertido cada vez más en las criaturas de los grupos con intereses particulares y de los distritos geográficos más pobres, que de manera habitual cambian su apoyo político por protección y libertades".

¿Y qué opinan en Europa?. Según Dolores Dizy Menéndez señala en su libro "¿Por qué nos preocupa el gasto público?" (Círculo de Empresarios -1996) el cuadro de situación de la Dimensión comparada del Gasto Público sería el siguiente:

(en % de PIB)

1960 1994
Alemania 32,3 49,4

Belgica 30,3 56,0

Dinamarca 24,8 62,5

España 19,9 48,2

Francia 34,6 55,5

Grecia 17,4 49,9

Irlanda 28,0 40,7

Italia 30,1 54,8

Luxemburgo 30,5 52,7

Países Bajos 33,7 55,9

Portugal 17,0 44,4

Reino Unido 32,3 42,6

Unión Europea 28,3 51,0

Estados Unidos 27,0 33,4

Canadá 28,9 50,1

Japón 18,3 35,4

Suiza 17,2 67,6

Media OCDE 27,0 42,0


Medido el impacto cuantitativo -que por lo que se ve está entre 15 y 20 puntos por encima de Japón y Estados Unidos- queda por atender el aspecto cualitativo. O sea, que grado de percepción tienen los individuos de los programas de gasto público.

Podríamos generalizar las preferencias individuales de los europeos (interpretando encuestas del libro indicado) del siguiente modo:

· Existe una actitud favorable hacia el gasto público

· Existe aceptación generalizada de los gastos redistributivos como son la enseñanza, la seguridad social, la sanidad,y la vivienda (en los últimos tiempos el orden público).

· Por el contrario, los gastos en bienes públicos puros (defensa, y administración general) obtienen un gran rechazo (especialmente defensa).

· En general son proclives a una intervención del estado en la economía.

· Existe una fuerte demanda de recursos destinados a satisfacer las prestaciones sociales (pensiones, desempleo, ayudas familiares, y gastos sanitarios).

· Más del 50% creen que reciben del estado menos de lo que pagan.

· Más de un tercio considera que el sector público malgasta gran parte de los recursos a el encomendados.

· La mayoría opinan que los servicios públicos, a excepción de la enseñanza y en menos medida la sanidad, pueden ser garantizados indistintamente por el sector público o por empresas privadas.

· En general muestran su desacuerdo sobre la necesidad de aumentar los impuestos con el objeto de mejorar la calidad de los servicios públicos, lo que indica que piensan que existe una mala distribución y gestión de los recursos destinados a los gastos públicos.

Más aún, los ciudadanos opinan que los diferentes niveles de gobierno -estatal, provincial, y local- dedican la mayor parte del presupuesto a programas de gasto no demandados por la sociedad.

Aunque la opinión mayoritaria es que el gobierno debe garantizar el bienestar de los ciudadanos, crece la percepción de que son los individuos los responsables de su propio bienestar al no responder el estado en cuantía suficiente a sus demandas. Se vincula, en consecuencia la acción del estado del bienestar a los servicios básicos y a los ciudadanos más desfavorecidos. La creencia en la existencia de un "estado protector o paternalista" parece estar en vías de superación, tomando conciencia de lo que cuesta financiar la actividad del sector público y cuestionando la eficacia en la asignación de los recursos públicos.
Visto que los gobiernos -aún- gozan de buena salud, discutamos ahora sobre sus deficiencias.

Dicen Osborne y Gaeber: "El tipo de gobierno que se desarrolló durante la era industrial, con sus burocracias perezosas y centralizadas, su preocupación por las reglas y las regulaciones y sus cadenas jerárquicas de mando, ya no funcionan bien. Se volvieron excesivamente abultados, derrochones, ineficaces y cuando el mundo comenzó a cambiar no cambiaron con el":


Entendemos que un estado grande e ineficiente es el peor de todos los males, porque las fuerzas del statu quo y los intereses creados hacen dolorosa y terriblemente difícil su compresión.

"El crecimiento del estado arruina la moral pública y provoca una sensación de envilecimiento y asfixia colectiva", dice el Libro Blanco sobre el papel del estado en la economía española, dirigido por D. Rafael Termes (Instituto Superior de Estudios Empresariales -1996).

También D. Ramón Tamames aporta lo suyo en su libro La España Alternativa (Espasa Calpe -1993): "El estado, en vez de ser un factor de impulso de la economía y del progreso social, se ha convertido en un inmenso armatoste obsoleto, ineficiente y penalizador de iniciativas que se ven frenadas por la rocosa muralla de burócratas despiadados, e intervencionismos generadores de corrupción y derroche".
Si se nos permite generalizar, diríamos que el sector público europeo -aunque podríamos ir más allá- tiene cuatro problemas fundamentales: 1) falta de disciplina presupuestaria: 2) falta de eficacia y eficiencia del gasto público; 3) duplicación y a veces hasta triplicación de gastos -en algunos sectores- a consecuencia de transferencia de servicios a las administraciones provinciales y locales; 4) la fiscalidad (que desalienta el ahorro, e incentiva el fraude). Por ello compartimos -y apoyamos- todo proceso que lleve a la administración pública a ser eficaz, reglada y neutral.

El gobierno debe usar su poder para mejorar el funcionamiento de los mercados,pero debe retirarse y devolver a la iniciativa privada aquello que ocupó intentando sustituír al mercado.

El gobierno debe reducir el gasto y emplear mejor los fondos públicos.

El gobierno debe reducir la presión fiscal liberando recursos para la actividad directamente productiva.

El gobierno debe procurar la corresponsabilidad fiscal. Quien gasta, recauda.
Continuemos el debate. Osborne y Gaebler lo alientan diciendo: "Como señaló un observador, los gobiernos son como los gordos que necesitan perder peso. Tienen que comer menos y hacer más ejercicio; en cambio, cuando el dinero escasea, se cortan unos cuantos dedos.

Para disolver las grasas, debemos cambiar los incentivos básicos que mueven nuestros gobiernos. Debemos convertir las instituciones burocráticas en instituciones empresariales, dispuestas a eliminar las iniciativas obsoletas, deseosos de hacer mas con menos y ávidos de nuevas ideas.

Nuestro problema fundamental es que tenemos la clase errónea de gobierno. No se trata de que necesitemos mas o menos gobierno, sino que necesitamos un gobierno mejor. Para ser más precisos, necesitamos mejor gestión de gobierno".
Vamos a efectuar un pequeño cuestionario de lo que podríamos llamar el "descenso a los infiernos" del estatismo y la burocracia:

Debe el estado invertir en: SI NO

Energía

Telecomunicaciones



Informática

Alimentación

Cigarrillos

Transporte aéreo

marítimo

ferroviario

de carretera y urbano

Autopistas

Papel

Siderurgia



Aluminio

Bienes de equipo

Mineria

Construcción naval



Construcción aérea

Finanzas


Construcción armamento y defensa

Construcción e inmobiliario

Ingeniería y tecnología

Comercio y distribución

Turismo (hoteles)
Si las respuestas son todas SI, el lector vivía o podía vivir en España hasta el año 1996 y con algunas respuestas negativas -tal vez- en cualquier otro país europeo.

Además en el caso de España llevaría como premio al "ciudadano abnegado":

13 Ministerios, 35 Organismos autonómos administrativos, 50 Entes públicos, 32 Organismos autonómos de carácter comercial, industrial y financiero o análogo, 13 Entidades de derecho público, y .......las aproximadamente 100 empresas públicas en los sectores arriba indicados.

Todo ello sin contar la Corona, la Presidencia del Gobierno, el Poder Legislativo, el Poder Judicial, Las Fuerzas Armadas y de Seguridad, Educación, Sanidad, las Comunidades Autónomas, Provincias, Cabildos, Consejos Insulares y Ayuntamientos.

Solamente Kafka podría imaginarse un infierno peor para el "santo pagador" contribuyente español, que debe mantener a 2.000.000 de "chupópteros".

¿Cuántos dedos tendría que cortarse el gobierno español?. ¿Y los otros gobiernos europeos?. Vaya si hay grasa para disolver!!!

Más que una administración "cercana" al ciudadano, parece una administración "sobre" el ciudadano.

Pero, continuemos con el cuestionario:

1)¿ Como se debería sentir un ciudadano normal -trabajador en el sector privado o parado, para mas inri- al que le solicitan más flexibilidad laboral, menores salarios, menores beneficios sociales y hasta llegar al despido libre, en nombre de la globalización y en aras de la competitividad cuando se entera que los empleados públicos tienen empleo vitalicio, sanidad concertada, y jubilaciones especiales?

En lo único que Europa se parece a Japón -el empleo vitalicio, que dicho sea de paso, esta declinando en Japón- es para beneficiar al sector público, a la burocracia, o sea a su propia tropa.

2)¿ Cómo se deben sentir los ciudadanos franceses cuando se enteran que en los hospitales que mantienen con sus impuestos les ponen sangre infectada con SIDA en las transfusiones?

3)¿ Cómo se deben sentir los ciudadanos italianos, que mantienen una enorme burocracia con sus impuestos, cuando se enteran que las casa construídas en la ladera de las montañas del norte que fueron arrastradas por la riada, produciendo enormes pérdidas humanas y patrimoniales, han sido edificadas con permisos administrativos contra toda norma, prevención y lógica urbanística?

4)¿ Cómo deben sentirse los ciudadanos ingleses que pagan impuestos para que la administración controle la sanidad alimentaria y luego se ven afectados por el "mal de las vacas locas" consecuencia de la laxitud con que reglamentaron y controlaron los componentes de los productos balanceados que servían de alimento animal?

5)¿ Cómo se deberían sentir los ciudadanos españoles que pagan sus impuestos para que la administración cumpla y haga cumplir la ley y aún esperan -en algunos casos desde hace más de 10 años- las indemnizaciones correspondientes a desastres con pérdidas humanas y de bienes ocurridos por imprudencia temeraria y negligencia con responsabilidad pública y privada como la rotura de la represa de Tous, el envenenamiento con aceite de colza, la riada que arrasó el camping de Biesca, la rotura de la cisterna que abastecía de agua a la ciudad de Melilla y arrasó toda una barriada?

6)¿ Cómo se deberían sentir los ciudadanos europeos que con sus impuestos pagan -en algunos casos fabulosos- los sueldos al personal de las compañías aéreas de bandera y aeropuertos y que luego hacen huelgas en las épocas en que más daño pueden hacer a los pasajeros -con un claro abuso de posición privilegiada- poniendo en riesgo el inicio del campeonato mundial de fútbol (Francia) o perdiendo -de una tacada- 15.000 maletas + 4 loros amazónicos + 1 perro, en un sólo dia (España)?

7) ¿Cómo se deben sentir los ciudadanos españoles que con sus impuestos -en el caso retenciones en la nómina para solventar la seguridad social- mantienen la sanidad pública y luego deben esperar un año o mas para ser intervenidos quirúrgicamente (listas de espera), o cuando se enteran que un anestesista drogadicto y portador de hepatitis B contagió a más de 100 pacientes, utilizando material con el que se había inyectado, y que el cuerpo médico del hospital conocía el caso y lo encubría por espíritu corporativo?

8)¿ Cómo se deben sentir los ciudadanos alemanes cuando se enteran que el accidente ferroviario más grave de su historia -con más de 100 muertos- en los ferrocarriles que ellos mantienen con sus impuestos, fue causado por "vejez" del material, no controlado, reparado, o renovado en tiempo y forma?

9) Terminaremos este breve recorrido por la geografía burocrática del absurdo, con un relato, que, por lo esperpéntico, merece un poco más de detalle -por lo que pedimos disculpas por extendernos-. Las Islas Canarias -como muchos lectores sabrán- están en el Océano Atlántico, cercanas al continente africano y son internacionalmente conocidas por su "eterna primavera".

Justamente allí, donde la temperatura media anual es de 22 grados centígrados, se construyó un Palacio de Justica según modelo y planos de uno similar "escandinavo". Por ello contaba con lugar para dejar los esquíes (?), canaletas para el deshielo (?), y un acristalamiento integral para que el sol calefaccionara el edificio. Resultado: el edificio de cristal escandinavo se transformó en un infierno bajo el sol de Canarias. El aire acondicionado -instalado posteriormente- no resolvió el problema de insolación. Siguiente solución: se pusieron cristales reflectantes. Los mismos, causaban problemas a los automovilistas, porque les encandilaban causando accidentes en la avenida más transitada de la ciudad. Nueva -y genial- solución: dar vuelta los cristales reflectantes. A partir de alli, el sol -calor- comenzó a entrar al edificio "a chorros", y no sólo ello, sino que se reflejaba y multiplicaba rebotando en los cristales.

Resumiendo. Pasaron años -más de 10- jueces, fiscales, abogados, procuradores, secretarios,personal judicial, demandantes y demandados "gozando" de un edificio escandinavo calefaccionado por el sol de la eterna primavera canaria. Eso si, tenía lugar para guardar los esquíes.

Todo ello proyectado, dirigido, construído y equipado con los impuestos del pueblo español.

Un tiempo tramitando expedientes en ese edificio hubieran hecho a Kafka "sólo" un traspirado reportero gráfico.


¿A qué nos llevan todos estos relatos y comentarios surrealistas?. ¿A destruír el estado -como querían Thatcher y Reagan?. De ninguna manera. Se trata de dimensionar al gobierno para que sirva al ciudadano y no para que se sirva del ciudadano.

¿Para ello habría que eliminar a los políticos profesionales?. Probablemente.

¿Debe desaparecer la clase política?. Sino tanto, por lo menos los usos y costumbres establecidos.

Una administración pública eficaz, reglada y neutral tendrá menos posibilidades de patrimonializar al estado. Estará menos necesitada de politizar la justicia. Al perder los atributos de clase los políticos no podrán pretender la justicia del príncipe. A partir de allí deberán aceptar que la justicia es la misma que para los demás ciudadanos. Entonces Montesquieu no habrá muerto (como dijeron -en su momento- algunos políticos).

El imperio de la justicia -muy probablemente- dificulte o imposibilite el terrorismo de estado. Cuando los fines no justifiquen los medios, no habrá razón de estado superior al estado de derecho.

Al eliminar o reducir este tipo de depredadores de la democracia que son los políticos profesionales que integran la actual clase -¿casta?- política, tal vez sea menos necesario el marketing político. Tal vez sean más importantes los "consejos de sabios" que los asesores de imagen. Cuando no se promocionen -¿vendan?- los políticos como un producto de consumo masivo dejará de ser necesaria la política espectáculo, el electoralismo, el votómetro, y los aparatchik.

Con un gobierno más pequeño, con políticos más judiciables, y con aparatos partidocráticos más reducidos, tal vez -ojalá- haya menos necesidades de "financiamiento" de los partidos y las campañas electorales, y, -mire usted por donde- menos corrupción. Pero esto es tema de un próximo capítulo. Dejémoslo ahí.

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