TÍtulo del ensayo globalización económica el imperio de la mediocridad temario



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comentario del Cuadro 43


(1) el impulso presupuestario es lo contrario de la variación del déficit estructural primario. Indica la orientación o la política presupuestaria; por ejemplo, en la política presupuestaria de Estados Unidos de 1992 se dio un impulso al crecimiento, cifrado ex ante facto en un 0,8 por ciento del PIB.

(2) se ha excluido Luxemburgo de los cálculos, las cifras se refieren a los otros 14 estados que forman parte de la Unión Europea en 1996.

(3) los datos se refieren a Alemania Occidental hasta 1990; y a partir de entonces a Alemania en su totalidad.

Fuente: OCDE - Economic outlook - junio/96

En el Cuadro puede verse la diferencia entre Estados Unidos y Europa en lo que se refiere a las políticas monetarias y presupuestarias y los resultados económicos (crecimiento y desempleo).

En Estados Unidos se aplica una política contracíclica y en Europa se aplica una política económica restrictiva.

Depresión económica en 1990 y recesión en 1991-92; política presupuestaria y monetaria para mantener la actividad en Estados Unidos. El impulso presupuestario llegó a ser casi del 1% del PIB en 1990 y 1992, mientras que los tipos de interés reales bajaron progresivamente a cero y estuvieron en ese nivel casi dos años (1992 y 1993).

En cambio tanto la política monetaria como la presupuestaria siguieron teniendo carácter restrictivo durante la depresión y la recesión que padeció Europa de 1991 a 1993. La restricción presupuestaria supuso un 0,5% del PIB en el año de recesión de 1993, al paso que los tipos de interés siguieron siendo sumamente altos.

Según el Estudio sobre el empleo en el mundo 1996/97 de la Oficina Internacional del Trabajo - Ginebra (del que se obtuvo este documento): "un estímulo fiscal coordinado del 1,25% del PIB podría elevar la producción en 3,5 puntos porcentuales después de 3 años y disminuir el desempleo en 1,5 o 2 puntos porcentuales al cabo de 4 años".
En nuestra opinión , la lectura del Cuadro 43 y los datos estadísticos aportados anteriormente nos deberían llevar a reflexionar sobre las fuentes de crecimiento a largo plazo.

Teniendo en cuenta las siguientes funciones:

Y=Producto

L=Empleo


K=Capital

TPF=Productividad total de los factores

Las variaciones en el empleo (L) pueden estar explicadas por:

Variación de la población total (que llamaremos d)

Variación de la tasa de participación (que llamaremos e)

Caída de la desocupación (que llamaremos f)

De ello, tendremos que L = d + e + f

Las variaciones en el producto (Y) pueden ser explicadas por:

La contribución del crecimiento del empleo (que llamaremos a)

La contribución del aumento del capital reproductivo del país (que llamaremos b)

La contribución del aumento de la productividad de los factores o innovación tecnológica (que llamaremos c)

Además tenemos que considerar la participación del factor trabajo y la participación del factor capital, o sea:

a = variación del empleo x la participación del factor trabajo

b =variación del "stock" de capital reproductivo anual x la participación del factor capital



entonces Y = a + b + c
Nuestra propuesta es promover alternativas de crecimiento del producto explicadas por una mayor utilización del factor trabajo y menos por el crecimiento del capital y la productividad.
Dada la importancia de la fuente y para abundar en la discusión sobre el tema transcribimos integramente -sin comentarios- un resumen del Informe del empleo en el mundo 1996/97 -las políticas nacionales en la era de la mundialización- de la Oficina Internacional del Trabajo - Ginebra.


"El pleno empleo sigue siendo un objetivo factible y extremadamente necesario
El desorden que impera hoy en los mercados de trabajo no es ni inevitable ni irreversible, dice la Oficina Internacional del Trabajo. Según la OIT, "el concepto de pleno empleo, convenientemente actualizado, debería seguir siendo un objetivo central de las políticas económicas y sociales".

La persistencia de altas tasas de desempleo en los países industrializados y las ingentes proporciones que ha alcanzado el subempleo en los países en desarrollo son argumentos de gran peso que fundamentan la necesidad tanto económica como moral de "devolver al pleno empleo su carácter de objetivo político primordial".

En su informe "El empleo en el mundo 1996/97", la OIT critica "el cuestionamiento generalizado de la utilidad del concepto de pleno empleo" que ha llegado a predominar en los círculos académicos y políticos de todo el mundo, así como la proliferación de expresiones eufemísticas (como "aumento de la falta de empleo", "fin del trabajo" y otras) tan en boga en la actualidad. Descartando tales ideas en razón de su carencia de fundamentos y su peligrosidad potencial, la OIT insiste en que "no hay pruebas de que exista o pueda existir pronto una penuria de trabajo útil de tal magnitud que el pleno empleo deje de ser una meta factible". Afirma la OIT que el incremento del desempleo "obedece más a una merma de las tasas de crecimiento económico que a un repentino aumento de la falta de empleo".

La OIT tambien disiente de la idea de que las rigideces del mercado de trabajo han sido una causa importante del desempleo, y que la solución a éste reside en una mayor flexibilidad de aquél. "Las rigideces del mercado de trabajo no han empeorado durante el período de aumento del desempleo (....)el aumento del desempleo no puede explicarse únicamente en función de factores relativos al mercado de trabajo". La menor progresión económica registrada de los países industrializados desde 1975 ha sido, según la OIT, "la principal causa de fondo del aumento del desempleo".

En el informe se indica que por "pleno empleo" no se entiende una tasa de desempleo igual a cero, sino que se trata mas bien de un nivel en el que la gran mayoría de las personas en edad de trabajar, capaces y dispuestas a hacerlo, pueden encontrar empleo productivo, remunerado y libremente escogido. Desde este punto de vista,"la definición de pleno empleo como la inexistencia de desempleo involuntario o como la disponibilidad de puestos de trabajo para todas las personas que busquen activamente una ocupación sigue teniendo la validez de siempre". Históricamente, esta definición ha correspondido a una tasa de desempleo en el entorno de 2 a 3 por ciento, nivel que predominaba en la mayoría de los países industrializados hasta comienzos de los años setenta. En todo caso, el problema no se reduce a darse por objetivo una determinada tasa de desempleo; además, estas cifras no tienen nada de sacrosanto, sobre todo si se tienen en cuenta los abundantes cambios tecnológicos y económicos registrados desde aquella época.
Modernizar la noción de pleno empleo
La OIT sostiene que, hoy en día, un objetivo político debería ser la adecuación de un concepto práctico y progresivo -el de la eliminación del desempleo involuntario- a las circunstancias actuales, entre las que figuran la mundialización, la mayor rapidez del progreso tecnológico, la aparición de formas atípicas de trabajo e incluso la transformación radical de la índole misma de la actividad laboral o de la actitud personal ante el empleo.

La OIT advierte sobre el peligro de que el abandono de la meta del pleno empleo se convierta en una triste realidad en momentos que el espectro de un futuro sin trabajo acecha a muchos millones de personas a medida que empeoran las condiciones del mercado laboral. El "pesimismo con respecto al empleo" se extiende día a día, y el problema pudiera agravarse al crecer la confusión respecto a las verdaderas causas del desempleo y las posibles soluciones al problema. El informe de la OIT critica en particular dos variantes de este pesimismo.

El primero es el punto de vista según el cual los actuales niveles de desempleo, junto con la revolucionaria transformación de la tecnología y la mundialización del comercio y las actividades financieras llevan inexorablemente a la conclusión de que, si bien las economías crecen, "nunca se volverán a crear puestos de trabajo en número suficiente como para restablecer el pleno empleo". Si los escépticos que prevéen un futuro en el que no hay trabajo tuviesen razón, lo mejor sería "dejar el debate tradicional sobre la adopción de políticas para reducir el desempleo" y empezar a adaptar "las instituciones económicas y sociales a una futura escasez de puestos de trabajo". Ahora bien, la OIT indica que tales planes no son ni inminentes ni viables.

El informe de la OIT muestra que la mundialización no tiene la culpa de la adversa situación del empleo, sino que, muy por el contrario, ofrece mayores posibilidades e incentivos para aumentar la productividad y el comercio, y puede servir de estímulo al crecimiento económico necesario para alcanzar el pleno empleo.
El crecimiento sigue creando puestos de trabajo
Por otra parte, la noción de "recuperación sin generación de empleo" es infundada. De hecho, las proporciones del empleo en el proceso de recuperación económica en curso son muy similares a las de años anteriores, y la creación global de puestos de trabajo (es decir, el crecimiento del empleo) se ha mantenido constante durante casi todos los últimos 35 años; sin embargo, el empleo ha mantenido un ritmo de crecimiento bastante inferior al de la fuerza de trabajo. El informe considera que, mas bien, "el crecimiento ha pasado a sustentarse en coeficientes de mano de obra más altos", ya que "el ritmo de creación de puestos de trabajo se ha mantenido constante, a pesar de la drástica disminución de la tasa de crecimiento durante los decenios de 1970 y 1980".

Además, se ha estrechado la interdependencia entre el aumento del PIB y la creación de empleo. El informe hace notar que "mientras que antes de la crisis del petróleo la economía de los Estados Unidos necesitaba de un crecimiento anual del 2 por ciento para comenzar a crear empleo (y que Europa necesitaba de una tasa de 4,3 por ciento), actualmente la creación de puestos de trabajo comienza cuando el crecimiento económico alcanza 0,6 por ciento (2,0 por ciento en Europa).

De acuerdo con la OIT, tampoco cabe culpar de la pérdida de empleos a la tecnología. El estudio presenta datos que muestran que los horarios de trabajo totales en Canadá, Japón y los Estados Unidos aumentaron notablemente en los últimos 30 años, no obstante los elevados niveles de innovación tecnológica de estos países. En el mismo período, los horarios de trabajo disminuyeron sólo moderadamente en el Reino Unido, Francia y Alemania, independientemente del progreso técnico. El informe señala que "de un punto de vista estático, resulta sencillo indicar los efectos negativos de las innovaciones que permiten utilizar menos mano de obra, pero desde un punto de vista adecuadamente dinámico, también hay que tomar en consideración todos los efectos indirectos de la innovación".

Las teorías que anuncian "el fin del trabajo" se basan en parte en la racha de despidos masivos practicados por grandes empresas en razón de las innovaciones tecnológicas y los esfuerzos encaminados a aumentar la productividad. La OIT aduce que la credibilidad de los múltiples y sombríos augurios extrapolados a partir de los casos de reducción de dimensiones de determinadas empresas es limitada: "las medidas de reorganización que han entrañado la reducción de personal en las grandes empresas manufactureras no permiten explicar todo: también hay que tener en cuenta lo ocurrido en las pequeñas empresas y en otros sectores de la economía". Del mismo modo, tales análisis pesimistas "no toman en consideración los efectos indirectos de la evolución tecnológica ni los empleos que pueden generarse gracias al desarrollo de nuevos productos y nuevas industrias". Lo ocurrido en ciertas grandes corporaciones se invoca incorrectamente como casos representativos de toda la economía y "los efectos directos de reducción de la mano de obra ocupada en los procesos de producción se presentan como única consecuencia de los cambios tecnológicos".
El carácter socialmente inaceptable de las llamadas "tasas naturales"
La segunda clase de pesimismo corresponde al punto de vista que sostiene que todo intento por forzar la evolución de "la tasa natural de desempleo" fracasará invariablemente al provocar el aumento acelerado de las tasas de inflación. Si los teóricos partidarios de las "tasa naturales" tuviesen razón, no habría motivo para preocuparse por el ingente volumen de desempleo de la actualidad, el que no sería sino una forma voluntaria de mantener el equilibrio entre los mercados de trabajo. Ahora bien, la OIT afirma que las actuales elevadas tasas de desempleo ciertamente no representan "un equilibrio que sea tolerable según criterios sociales". Por otra parte, las patologías sociales que provoca el desempleo de larga duración pudieran tener costos insoportables tanto en lo humano como en lo económico; en efecto , los desequilibrios macroeconómicos se agravarían, al convertirse en estructurales los costos del desempleo y al resultar ineficaces los programas de prestación de subsidios.

Otras teorías que se nutren del pesimismo en materia de empleo postulan lo que se ha dado en llamar "el fin del trabajo": una característica fundamental de las sociedades postindustriales sería el incesante incremento de la productividad y de la riqueza, y la correspondiente reducción de la necesidad de trabajar, lo que dejaría un amplio margen para dedicarse a actividades de realización personal, aunque tal vez sin valor mercantil.

Esta pespectiva utópica se apoya en otros conceptos, como el que prevée terminar con la vinculación entre la percepción de ingresos y el trabajo, por ejemplo, sustituyendo los salarios por un "ingreso básico del ciudadano", que pudiera incrementarse o disminuir al tomar éste parte en actividades laborales de tiempo completo, tiempo parcial o incluso ocasionales. La premisa básica en este caso, a saber, que la economía ha alcanzado un grado de productividad suficiente que le permite sufragar tales disposiciones opcionales, es extremadamente discutible, y cabe dudar de la capacidad de tales mecanismos para incentivar el trabajo: "a menos que sea inminente el paso a niveles de crecimiento superiores de resultas del empleo de nuevas tecnologías, la propuesta de desvincular los ingresos del trabajo se encontrará con un serio problema de viabilidad financiera".

También son escasas las pruebas empíricas que respalden la creencia muy extendida que prevée la desaparición de los "empleos vitalicios". Según el informe, si fuera efectivo que "ha desaparecido el empleo vitalicio, y que la movilidad laboral se ha hecho cada vez más frecuente, las estimaciones acerca de la permanencia en el empleo en el conjunto de la economía (o sea, la duración de la relación de trabajo con un sólo empleador) y las tasas de separación del servicio (la frecuencia con que el trabajador deja sus empleos o es despedido) deberían reflejar notables incrementos". En realidad, los datos acopiados muestran "que prácticamente no hay indicios que traduzcan una tendencia general de mayor inestabilidad en los principales países industrializados (....) las personas empleadas en la actualidad han ocupado su puesto de trabajo entre 6 a 12 años, según el país, y estas cifras no han disminuído".
Mantener el rumbo hacia el pleno empleo
Basándose en su análisis, la OIT llega a la conclusión de que "no hay motivos convincentes para descartar toda idea del pleno empleo basándose en que se han registrado cambios radicales en la demanda de mano de obra, la naturaleza del trabajo o las actitudes personales ante el empleo". Hay que reconocer que se han registrado transformaciones considerables en estas esferas, pero ello no basta para justificar una revisión drástica de objetivos e instrumentos normativos fundamentales, y, en particular, de las disposiciones que reglamentan el mercado de trabajo. La OIT reconoce que hoy es evidentemente más difícil lograr y mantener el pleno empleo; ello no obstante, "en el marco de las políticas económicas y sociales clásicas, y sin adoptar programa utópico alguno, todavía es posible analizar las causas del elevado nivel de desempleo y los posibles remedios a este problema".

El informe preparado por la OIT pone de relieve que existe una norma internacional del trabajo -el Convenio sobre la política del empleo, 1964 (núm.122)- que "con el objeto de estimular el crecimiento y el desarrollo económicos, de elevar el nivel de vida, de satisfacer las necesidades de mano de obra y de resolver el problema del desempleo y del subempleo" invita a los Estados Miembros de la Organización a "formular y llevar a cabo, como un objetivo de mayor importancia, una política activa destinada a fomentar el pleno empleo, productivo y libremente escogido". El Convenio núm. 122 ha sido ratificado hasta ahora por 84 países".

"Los desempleados de larga duración corren el riesgo de ser "expulsados" del mercado de trabajo
Los mercados de trabajo de los países industrializados más ricos siguen abrumados por las elevadas y persistentes tasas de desempleo y la desigualdad cada vez mayor en materia de ingresos. Los desempleados de larga duración pudieran convertirse en "marginados" económicos permanentes; además, en los países desarrollados no deja de crecer el número de trabajadores que sólo tienen acceso a empleos escasamente remunerados. Es imprescindible impulsar el crecimiento, promover mecanismos para estabilizar la inflación y perfeccionar las políticas que rigen el mercado de trabajo.

En el informe El empleo en el mundo 1996/97, de la OIT, se dice que "el desempleo masivo y prolongado convierte a una parte de los trabajadores desempleados en una categoría social permanentemente marginada". Cuando estas personas pierden sus competencias profesionales, observa la OIT, dejan de ser consideradas como candidatos a la ocupación y "pierden su capacidad para ejercer presión en el marco de las negociaciones sobre las remuneraciones y el valor real de los salarios". Como resultado de ello "se menoscaba el funcionamiento competitivo del mercado de trabajo y se reduce la influencia del desempleo en el valor real de los salarios".

Al hecho de que un creciente número de personas quedan socialmente excluídas, se suma la imposibilidad de aceptar en tales circunstancias las pretensiones salariales a la evolución de la productividad laboral, lo que conduce por ende a aumentar el volumen de desempleados como una forma de mantener controlada la inflación.

El informe de la OIT hace hincapié en que "la remoción del mercado de trabajo de aquellas personas que han estado desempleadas durante largos períodos contribuye claramente a incrementar el desempleo de equilibrio". La influencia que los desempleados de larga duración pueden ejercer en las negociaciones salariales se ve reducida o incluso desaparece en algunos países donde dejan de servir para contener la progresión de los salarios reales.

Las tendencias de gran aumento de las diferencias de remuneración y del desempleo tienen consecuencias nefastas y "constituyen graves desviaciones con respecto al ideal del pleno empleo". Además, suscitan el temor de que "los empleos en los escalones inferiores del mercado de trabajo queden muy por debajo de normas ampliamente reconocidas". También suscitan interrogantes en los círculos económicos y entre los responsables políticos respecto de si "tal vez no resulte inevitable" tener que aceptar algunas formas de concesiones complementarias "entre la calidad y la cantidad de trabajo disponible".

Por su parte, la OIT rechaza esa clase de concesiones, y sostiene que los principios de desempleo reducido, desigualdades mínimas y protección social adecuadas tienen que formar parte del ideal del pleno empleo.
¿Cuáles son las causas actuales del desempleo?
En su informe, la OIT señala tres causas principales del alto y persistente desempleo que afecta a los países industrializados:

· las menores tasas de crecimiento económico registradas desde 1973;

· la lenta adaptación de los salarios a la menor progresión de la productividad laboral y la aparición de la inflación de origen salarial;

· la eliminación progresiva del mundo del trabajo de que son objeto los desempleados de larga duración.

La OIT sostiene que la desreglamentación de los mercados de trabajo no es la única solución a las actuales dificultades en materia de empleo, si bien está de acuerdo en que la necesidad de revisar las normas que coartan la productividad es evidente. El aumento sostenido del desempleo "no puede explicarse únicamente en función de los factores del mercado de trabajo", no sólo porque las tasas de desempleo han crecido, al parecer, independientemente del grado de reglamentación de los mercados de trabajo, sino también porque dichas tasas han aumentado a pesar de los numerosos esfuerzos desplegados para acrecentar la flexibilidad del mercado. "Difícilmente se puede argumentar que el funcionamiento del mercado de trabajo es hoy menos competitivo que hace 20 años, si se toma en consideración que la ocupación sin seguridad de empleo y los contratos temporales y de duración determinada son hoy más corrientes". Paralelamente, en muchos países se han reducido la influencia de los sindicatos y las prestaciones de desempleo, así como, en algunos casos, los salarios mínimos, evolución que ha tenido un efecto escaso o nulo por lo que se refiere a mejorar la situación del empleo. Asimismo, el informe señala que "hay muy pocos datos que muestren que se hayan aplicado medidas para compensar los menores ingresos con la creación de más empleos para los trabajadores menos calificados".

El informe de la OIT muestra que el volumen del desempleo en todos los principales países industrializados se incrementó durante los pasados 30 años. Por ejemplo, en la Comunidad Europea la tasa media de desempleados se disparó desde cerca de 2 por ciento en los años sesenta a alrededor de 12 por ciento en la actualidad; las tasas son menores (promedio de 6 por ciento) en los países que integraban la Asociación Europea de Libre Intercambio, hoy desaparecida, y en el Reino Unido (cerca de 8 por ciento). En los Estados Unidos, la media de desempleo ha fluctuado "en torno a los niveles promedio registrados en el decenio de 1960"; en cambio la desigualdad de los ingresos ha aumentado considerablemente.

El Japón sigue registrando las tasas de desempleo más reducidas de entre los países industrializados, pero "la brecha también se ha ensanchado" en este país, al ir creciendo desde los años 1980 las tasas de desocupados y también, aunque en un grado menor, la desigualdad de los ingresos.
La falta de crecimiento engendra desigualdad
Entre las principales causas invocadas para explicar el aumento del desempleo de equilibrio que se ha producido durante el decenio figuran "la lentitud de los mecanismos de ajuste tras las fuertes alzas del precio del petróleo en 1973 y 1979 y luego del considerable incremento de las tasas de interés en los años ochenta". El informe señala que el crecimiento económico fue considerablemente más lento a partir de 1973 y que nunca ha recuperado cabalmente su ritmo de progresión previo. Las políticas macroeconómicas adoptadas para hacer frente a las crisis del abastecimiento han permitido contener la inflación, pero no han logrado sostener la demanda, retrasando toda recuperación de niveles de desempleo más moderados. Las secuelas de los períodos de recesión han sido más profundas y duraderas que lo previsto.

Si bien teóricamente los efectos de las crisis debían ser transitorios, el retraso en la puesta en práctica de los ajustes macroeconómicos contribuyeron a prolongar la etapa de crecimiento del desempleo. Los sucesivos períodos de bajo crecimiento, en vez de estimular el crecimiento futuro, tienen por efecto reducir "la cantidad y la calidad de la fuerza de trabajo", disminuir las inversiones y la acumulación capital y, por ende, minimizar el crecimiento potencial.

Además de la creciente precariedad del empleo, un número cada vez mayor de trabajadores sólo pueden aspirar a ocupar los trabajos menos remunerados, lo que hace temer que esté formándose una categoría social de "trabajadores pobres". "En los Estados Unidos, se considera que el estancamiento de la progresión de los salarios reales y la drástica reducción del segmento de trabajadores que perciben salarios de valor medio traduce el peligro constante de que crezca aquella parte de la fuerza de trabajo que gana ingresos por debajo del nivel de pobreza". La estructura salarial también muestra una gran polarización en el Reino Unido. Varios otros países han experimentado un marcado aumento de las diferencias de ingresos, "en particular el Canadá y Finlandia durante los años ochenta, y Australia, Francia, Nueva Zelandia y Suecia desde mediados de ese mismo decenio", aunque cabe indicar que tal proceso de diferenciación fue menos marcado en la parte continental de Europa con respecto a los países anglosajones.
Repercuciones del comercio y la tecnología
El informe señala que el comercio internacional "no ha influído mayormente en la pérdida de valor relativo de los salarios de los trabajadores menos calificados". Datos correspondientes a los Estados Unidos muestran que las pautas de empleo en los sectores de actividad menos afectados por el comercio (por ejemplo, la construcción y los servicios), siguieron la misma evolución que el empleo en los sectores directamente afectados (especialmente, las industrias manufactureras). Y si bien es cierto que las exportaciones de los países con mayor dinamismo económico de Asia destinadas a los países de la OCDE aumentaron durante los últimos 20 años, aún representan una muy pequeña proporción (2,02 por ciento en 1994) del PIB de los países industrializados, demasiado reducida para incidir significativamente en la evolución estructural del empleo.

La rápida transformación tecnológica se suele citar tambien como una de las causas de las dificultades del mercado de trabajo, por cuanto se piensa que ejerce un efecto de sesgo que beneficia a los trabajadores más calificados, en desmedro de los menos capacitados. Pero también en esta esfera la OIT considera que existe una relación mínima: "la evolución tecnológica puede explicar sólo en forma parcial la tendencia de aumento de las desigualdades salariales".

La OIT insiste en que "es igualmente posible que las desigualdades salariales crecientes en una misma categoría de trabajadores traduzcan cambios institucionales", como la pérdida de importancia y de afiliados por los sindicatos o la descentralización de las negociaciones salariales", fenómenos que perjudican a los trabajadores con menores calificaciones, menor escolaridad y menores remuneraciones. En el decenio de 1980 se observó una neta tendencia de declive sindical, descentralización de las negociaciones colectivas y desreglamentación del mercado en prácticamente todos los países industrializados.

Según estudios efectuados en el Reino Unido y los Estados Unidos, "cerca del 20 por ciento del aumento de la dispersión salarial puede atribuirse a la disminución de la afiliación sindical". "El debilitamiento institucional de la situación de los trabajadores que perciben salarios más modestos, junto con las menores tasas de crecimiento de la economía registradas desde 1973, dio lugar a una "reducción de la tasa de crecimiento de los empleos mejor remunerados en el mercado de trabajo"; a su vez, "la insuficiente creación de puestos de trabajo bien remunerados tendió a socavar la situación en el mercado laboral de los trabajadores menos calificados, que se vieron obligados a aceptar puestos mal remunerados o quedaron marginados del mercado por exigir salarios superiores a la oferta".

En su informe, la OIT aduce que la solución del problema del aumento de las desigualdades salariales y de ingresos reside en la creación de un entorno macroeconómico favorable, que haga posible el aumento del valor real de los salarios y la compresión salarial. "Sólo en un contexto de fuerte crecimiento y de aumento de la demanda total de mano de obra se crearán más puestos de trabajo en los segmentos mejor remunerados, de alta productividad, del mercado de trabajo".

La experiencia adquirida por los Estados Unidos desde 1994 subraya la importancia del crecimiento: "El mercado de trabajo de los Estados Unidos parece haber comenzado a generar puestos de trabajo mejor remunerados, en circunstancias en que se registran una sólida recuperación macroeconómica y la baja de las tasas de desempleo". Estudios recientes muestran que 68 por ciento del aumento neto de empleo a tiempo completo correspondió a las categorías de puestos medianamente remunerados; más de la mitad (52 por ciento) del crecimiento del empleo a tiempo completo correspondió al 30 por ciento superior de las categorías de puestos de trabajo.

Según el informe de la OIT, "la diferencia entre los períodos anterior y posterior a 1994 es que a contar de ese año, la creación de empleo ha tenido lugar en un contexto de crecimiento constante y duradero, y de bajas tasas de desempleo". Es evidente que el vigor del entorno macroeconómico ha contribuído a aliviar la presión que mantenía bajos los niveles salariales, y ha permitido que el mercado de trabajo genere empleos que ofrecen mejores posibilidades de remuneración".
Los requisitos previos para el pleno empleo
La experiencia de los Estados Unidos da motivos para pensar que, durante los períodos de recesión, el crecimiento y el empleo pudieran estimularse mediante la aplicación de políticas monetarias y presupuestarias anticíclicas encaminadas a dar un gran impulso a la actividad económica.

El informe subraya que "para que una política destinada a reactivar la economía reciba un respaldo sin reservas de las autoridades moneterias, es fundamental que no sea inflacionaria". Por lo tanto, pide encarecidamente que toda política de estímulo del crecimiento sea acompañada de dos políticas complementarias: la primera la constituyen "mecanismos adecuados" que permitan asegurar que "el mayor crecimiento no genere necesariamente reivindicaciones salariales excesivas"; la segunda es la aplicación de "políticas de formación y readaptación profesional para los grupos de trabajadores más vulnerables (los desempleados de larga duración y los trabajadores menos calificados)".

La puesta en práctica de mecanismos para moderar la inflación salarial supone que exista una mejor coordinación en materia de negociación de las remuneraciones y una mayor cooperación entre los gobiernos y los copartícipes sociales con respecto a cuestiones económicas y sociales fundamentales.

El informe de la OIT menciona tres requisitos previos esenciales para alcanzar el pleno empleo en los países industrializados:

· aumentar las tasas de crecimiento económico, mediante una combinación de políticas expansivas y de medidas destinadas a fomentar la productividad. Concretamente, ello implica reducir las tasas de interés, en un ambiente de moderación de las aspiraciones salariales, y desplegar esfuerzos concertados para superar la escasez de mano de obra calificada;

· aplicar mecanismos de lucha contra la inflación, entre los que podría figurar la mejora de la coordinación de los procedimientos de negociación salarial y la concertación de un pacto social más sólido;

· perfeccionar las políticas relativas al mercado de trabajo, incluídas la reforma de los sistemas de subsidios de desempleo y los programas de transferencia de prestaciones, la aplicación de subsidios a los empleos de baja remuneración y de deducciones tributarias en función de la plantilla, destinadas a estimular la contratación de desempleados de larga duración. El fortalecimiento de la capacitación debería beneficiar esencialmente a los grupos más desfavorecidos del mercado de trabajo".
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