TÍtulo del ensayo globalización económica el imperio de la mediocridad temario



Descargar 2.58 Mb.
Página38/38
Fecha de conversión29.04.2018
Tamaño2.58 Mb.
1   ...   30   31   32   33   34   35   36   37   38

Capítulo XV -

Conclusión :......... ¿ Puede Europa estar "medio" embarazada ?
En el capítulo sobre globalización veíamos que para 1990 la cantidad de veces que el sueldo de un ejecutivo superaba al sueldo medio del trabajador era de 6,5 veces en Alemania, 11,6 veces en Japón y 17,5 veces en Estados Unidos; que el índice de pobreza era del 4,9% en Alemania, y del 17,1% en Estados Unidos; que la participación en el ingreso del 20% menos favorecido era del 6,8 en Alemania, 8,7 en Japón y 4,6 en Estados Unidos; y finalmente el índice de desigualdad era de 66 en Alemania y de 99 en Estados Unidos (según los datos aportados por Ravi Batra, en su libro El Mito del Librecambio - 1993).

En el capítulo sobre quienes pierden con la globalización veíamos que para 1996 en Alemania más de 6 millones de personas dispuestas a trabajar no encontraban empleo fijo. Los ingresos medios de los alemanes occidentales descendían desde hacía 5 años. Y esto no es más que el principio (decían Hans-Peter Martin y Harald Schumann, en su libro La Trampa de la Globalización - 1998). Para luego agregar: por lo menos otro millón y medio de empleos desaparecerán en la próxima década sólo en la industria, se pronostica; además probablemente uno de cada dos puestos de trabajo en los cuadros medios de dirección. La industria va a seguir los pasos de la agricultura. En el fondo la producción ofrecerá sueldo y pan a un pequeño porcentaje de la población activa. Sólo en Alemania, más de 4 millones de puestos de trabajo corren grave peligro. Con eso el porcentaje de paro podría más que duplicarse, pasando del 7,3% al 18%.

Martin y Schumann finalizan el párrafo señalando que desde 1989, las estadísticas recogen en Alemania un claro ascenso de la criminalidad; la violencia es una posibilidad de rehuír el estrés y la competencia. El abismo entre ricos y pobres se profundiza. En vez de "bienestar para todos" se impone por doquier "la revuelta de las elites".

¿Qué ocurrió entre medio?. En el capítulo sobre competitividad, Jeremy Rifkin (en su libro El Fin del Trabajo - 1996), nos decía que el trabajo en Europa es un 50% más caro que en América o en Japón. Los pagos de la Seguridad Social en Alemania, en 1990, fueron un 25% del PIB, un 15% en Estados Unidos y un 11% en Japón. Los impuestos de las empresas en Alemania exceden el 60%, en Estados Unidos el 45%.

Cuando se suman todos los costos de mantener una adecuada red social, incluyendo costos de los impuestos, la seguridad social, la compensación por desempleo, las pensiones y los seguros médicos, el total se sitúa alrededor de un 41% del PIB en Europa, frente al 30% en Estados Unidos y Japón.

El trabajador medio alemán tiene una retribución hora de aproximadamente 26,89 dólares (un 46% se destina a subsidios), en Italia el trabajador gana 21 dólares (la mayor parte de la retribución es bajo la forma de subsidio) y en Estados Unidos cuesta en promedio 15,89 dólares (de los que sólo el 28% se destinan a subsidios).

En 1992 el trabajador alemán medio trabajaba 1519 horas al año y tenía 40 días de vacaciones pagadas, los americanos 1857 horas al año (en promedio) y los japoneses 2007 horas al año.

Lester Thurow (en su libro El Futuro del Capitalismo - 1996), resume la situación, de la siguiente manera: la legislación europea hizo muy costosa , y casi imposible despedir trabajadores. En vista que los trabajadores, no podían ser despedidos, no tenían que aceptar las "restricciones" y las reducciones salariales que se impusieron a los trabajadores norteamericanos. Como resultado, los salarios y los beneficios adicionales aumentaron mientras en Estados Unidos declinaban. A mediados de la década del 90 la mayor parte de Europa Occidental tenía salarios muy por encima de los Estados Unidos. Pero si resulta costoso o imposible despedir trabajadores, las empresas comerciales que pretenden maximizar sus ganancias tampoco los emplearán.

La legislación social europea a través de la introducción de altos salarios y otras prácticas sociales ha creado economías con una distribución de ingresos muy condensada, donde el quinto más bajo de la fuerza laboral gana 80% más que el quinto más bajo de la fuerza laboral norteamericana. Como consecuencia no puede existir ni expandirse en Europa toda una serie de industrias y servicios de bajo salario que hay en Estados Unidos.

Luego aporta el siguiente dato: en Europa Occidental los programas vigentes para la clase pasiva requerirán para el año 2030 el 50% del PBI, que según Taichi Sakaiya (Historia del futuro - 1994) es 15 a 20% más alta que en Japón o Estados Unidos.


Ya tenemos los factores que entre 1990 y 1997 han producido el malestar social europeo.

A finales de la década anterior, se mantenía un estado del bienestar que redistribuía la riqueza, atendía la vejez, universalizaba la sanidad, y protegía socialmente al trabajador y al parado.

A mediados de la presente década, se ha constatado que ese modelo benefactor deja a las empresas fuera de competencia. A consecuencia de ello el empresario no invierte y no crea empleo en Europa. Peor aún, sustituye la mano de obra por tecnología y despide personal.

El modelo del Rhin no puede continuar. Pero nadie quiere hacer esos cambios. Consecuencia, pérdida de competitividad. Siguiente paso, desempleo (L. Thurow).


¿Qué es mejor, más desocupados, o más trabajadores mal pagados? (M. Albert).

Estamos ante una elección. A partir de ahora tenemos la facultad de decidir -a la carta!!- si preferimos la desocupación a la pobreza o ésta a aquélla. Pero que nadie tenga la menor duda: ¡Tendremos las dos cosas! (V. Forrester).


A finales de la década ya logramos lo que Forrester ofrecía: desocupación y pobreza.

Nos han adelgazado sin que aceptaramos la dieta.

No fuimos al sicólogo, ni dimos el portazo , ni pateamos el tablero

Europa está "medio embarazada". Ni si, ni no, sino todo lo contrario.

Busca una competitividad vergonzante, mientras enarbola la bandera del estado del bienestar hecha girones. El medio embarazo lo sostienen los sindicatos burocráticos y prebendatarios, los trabajadores -insolidarios- con empleo y los empresarios beneficiados por subsidios oficiales.

Estos corifeos y palmeros, luchan, como cimbros, para mantener -mientras duren- los privilegios del reparto del pan y la sal.

Al resto de la población, los parados, los emprendedores, los jóvenes, los ancianos, los enfermos, los pobres, les dicen que Europa no está embarazada, sino "medio" embarazada y que todos los sacrificios tienen como finalidad crear empleo.

A ellos -la mayoría satisfecha, que decia Galbraith-, a los políticos y a los gobiernos no sólo le vamos a pedir "respeto" (como Forrester), "cordura", como decíamos antes, sino también, que sean menos "hipócritas".

No existen los medio embarazos. O se está o no se está. O vamos a por todas y algunos pagan el costo político o mantenemos el modelo del bienestar europeo y abandonamos la búsqueda de la competitividad.

El azucar salado no existe. Nada puede obligar a vivir una decadencia evitable.

Desearíamos que no se cumpla el presagio de Alain Touraine, cuando dice: "Al final de este siglo nadie cree más en lo que se llama progreso. Nadie piensa en una suerte de culminación del progreso social, cultural y humano, a partir de una evolución tecnológica y humana".

Compartimos con el Prof. Touraine que "la tarea obvia es reconstruír mediaciones, puentes entre la economía y la cultura, entre el mundo del dinero, el mundo de la tecnología, el mundo de los mercados, y, por otro lado, el mundo de las identidades, de las comunidades y de las creencias". Así como que "el mayor tema de preocupación es reconstruír, a nivel mundial, y muy especialmente en cada país o grupos de países, una capacidad suficiente de control político y social de la economía".

Europa acepta el aumento del desempleo y la caída de los salarios a cambio de nada.

Nunca va a tener la aptitud competitiva de los Estados Unidos, ni la capacidad productiva de Japón.

No estamos discutiendo una acción coyuntural, se trata de debatir el modelo de crecimiento que adoptará Europa y el consenso que darán los europeos a ese modelo.

Si el estado estará dominado por el gasto de recursos en pensiones y atención médica se planteará el interrogante: ¿Quedará dinero para realizar las inversiones en educación, infraestructura y conocimiento que es necesario hacer?. Otro problema a resolver es que una población joven cada vez menos numerosa deberá mantener a una población cada vez más anciana. Si no crece la economía, si no aumenta la productividad; ¿qué es lo que se dejaría de pagar?. El tema es muy delicado y el plazo no mayor a los 20 años.

La Unión Europea, se juega su sobrevivencia, en el mismo período, si continúa su marcha hacia el librecambio, abandonando su provechoso -aunque imperfecto- mercado común.

La Unión Europea debe plantear un modelo propio de crecimiento y distribución. Dentro de ese modelo se debe procurar un medio industrial flexible y no sólo un mercado laboral flexible.

Estados Unidos, en los últimos 25 años, creció un 40% y creó 46 millones de empleos. Europa, en igual período, mantuvo un crecimiento económico parecido, pero no creó empleos. No existe nada mágico. Hay algo que no funciona. ¿ Será aquello -que decíamos muchos capítulos atrás- de jugar al fútbol con las reglas del baloncesto o como decíamos en este, el medio embarazo?

¿Trabajo a cambio de sueldos miserables?. ¿Trabajo del hombre y la mujer para mantener el ingreso familiar?. ¿Menores impuestos sobre la masa salarial para mantener la Seguridad Social?.

La Unión Europea debe definir la clase de futuro que quiere construír.

Puede elegir su camino, sin que le venga elegido de fuera, ponerse en estado físico, antes que el colesterol o el infarto lo manden a terapia intensiva, y mantenerse a un buen ritmo de carrera.

¿Competir?. En algunos sectores, en algunos productos seleccionados, con criterio empresario. ¿Inventar?. ¿Copiar?. Lo que sea más fácil, más rápido, más rentable. Dejar el orgullo para otras cuestiones. ¿Capacitarse?. Dando educación prioritaria a la mitad más baja de la fuerza de trabajo. ¿Apoyar la iniciativa empresaria?. Desregular, promover, subvencionar, liberar o reducir la carga impositiva, eliminar todas las tramitaciones burocráticas, apoyo crediticio a interés preferencial y largo plazo de amortización y premiar los emprendimientos.

El modelo europeo actual tiene un desempleo muy alto. No sirve. Hay que cambiarlo. ¿Interesa el estadounidense?. No interesa, por injusto. ¿Interesa el asiático?. ¿Cuál de ellos?, ¿El Chino?. Una dictadura capitalista; indigerible para

Europa. ¿El de los tigres y dragones?. Un dato reciente dice que la prostitución genera el 15% del PIB de Tailandia (300.000 mujeres), Indonesia (230.000), Filipinas (600.000), Malasia (180.000), (OIT - agosto/99); intolerable para Europa. ¿El Japonés?. Cuestionado y en mudanza; deseable, pero tardío.

Habrá que inventar uno nuevo, que contemple la equidad, la economía y la ecología.

En este nuevo modelo deberían incorporarse -entre otras- algunas de las siguientes cuestiones: mayor eficacia del gasto público (Europa no sólo gasta mucho, sino que gasta mal), aliento a la producción, aliento a la investigación y desarrollo, conservación del medio ambiente, aumento de la cohesión social, mejora del potencial educativo, infraestructura eficiente, órden jurídico y fiscal adecuado, estímulo a la inversión no especulativa, estímulo a la creación de empleo, fórmulas de contratación laboral sostenibles, premio al ahorro y la inversión doméstica, premio a la iniciativa empresaria y solidaridad.
Europa debe apostar al futuro. Su hipoteca social (pensiones y sanidad) no puede lastrar a los jóvenes y futuras generaciones hasta tornarlas incapaces, ociosas o marginales. Si no, no habrá ni para los unos, ni para los otros. Sin "olvidar" el pasado hay que "pensar el futuro". Hay desafíos ajenos y propios, que, son razones suficientes, para procurar las transformaciones internas, sin la necesidad de seguir un sendero dependiente.

Sin soberbia y sin humillación; con realismo y con equidad Europa debe iniciar las acciones que permitan asegurar el acceso a toda la sociedad a los frutos del crecimiento y de la inclusión e inserción en el proceso productivo.

El sugestivo proyecto de la Unión Europea debe tener por clave política el mantenimiento de la cohesión social.

Tal vez para ello el estado deba proveer la equidad con un nivel razonable de eficiencia y de respeto de la libertad individual.

Tal vez para ello las empresas deban retomar su responsabilidad social más alla de las de producir eficientemente bienes y servicios, respetando las reglas del mercado (Rockefeller).

Tal vez para ello los trabajadores y los sindicatos no deberán percibir a la empresa como causante del daño ecológico, de la pobreza, de la creación de diferencias o privilegios, o de actuación autoritaria o discriminatoria (Paolo Rocca).

Tal vez para ello, todos, debamos asumir una mayor flexibilidad y aceptar -también- una mayor incertidumbre.
En una palabra, la Unión Europea debe reformular su Contrato Social para decidir como administrar necesidades y recursos, y cuál será en ese escenario el nuevo papel del estado.

No cabe duda que amplios sectores de la sociedad perderán sus beneficios derivados de la -actual- extendida presencia del estado.

Ese Contrato Social deberá armonizar los intereses de los distintos sectores: por un lado, de los viejos, de los marginados y los desempleados, y, por el otro, de los que trabajan en general y los jóvenes empleados en un sistema con productividad mucho más alta (Paolo Rocca).

Lo que no puede ser, es que se facilite -apoye, subvencione, promueva- el crecimiento de la economía y que ello genere mayor desempleo, empobrecimiento, caída del salario real o distribución más inequitativa de la riqueza.

"Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible"; como decía un popular personaje español, que no sabía nada de economía, pero sabía mucho de la vida.

Lo que no puede ser, es que en la nueva división internacional del trabajo a Europa le toque "bailar" con la más fea. Ni el derecho de "pernada" del modelo americano, ni la "prostitución" como mayor contribuyente del PBI del modelo asiático emergente.

Ni socialismo real, ni capitalismo de estado, ni dictadura del capitalismo.

Lo que no puede ser, es aceptar, así como así, que "la competencia entre los trabajadores del norte y el sur se convierta en un componente estructural de los mercados de trabajo, dando lugar a un mundo de desigualdades insuperable entre naciones, la exclusíon social, múltiples modalidades de racismo, etc." (Julio Godio).

Europa no puede, ni debe, competir internacionalmente en base a bajos salarios, desocupados, subempleados, cuentapropistas o trabajadores formales precarios; pero tampoco puede continuar el proceso de crecimiento económico sin empleo.

Ahí está la clave del problema europeo. Resolver el dilema -planteado por Viviane Forrester- entre desocupación o pobreza.

En la actualidad el modelo renano (o del Rhin, como lo llama Thurow) opta por "una de cal y otra de arena".

En nuestra opinión el modelo renano (que con variantes modernizadoras asimilamos al nuevo modelo propuesto para la Unión Europea) debe afirmarse y no resquebrajarse.

La empresa como "comunidad de trabajo", producto de la concurrencia de intereses entre el capital y el trabajo debe mantenerse donde se tenga, procurarse donde sea posible, y propugnarse donde este pendiente.

Reconvertir el modelo renano no quiere decir dejarse arrastrar por la riada del Yangtse chino, ni mantener "relaciones inadecuadas" con Estados Unidos.

Un capitalismo productivo de tipo "renano" evitará los defectos del capitalismo socialista chino y los excesos del capitalismo neoliberal norteamericano.

Ni un estado del bienestar esclerótico, ni un estado del malestar cancerígeno.

Existe una enorme senda intermedia donde la Unión Europea puede transitar modernizando sus estructuras -que es justo y necesario- sin destruír su sistema de bienestar -que tambien resulta justo y necesario-.

Apretando el acelerador cuando se puede, utilizando el freno cuando es necesario, pero no conduciendo con la vista fija en el espejo retrovisor, la Unión Europea debe encontrar su propio camino.

Estados Unidos tiene su propio camino y le deseamos la mejor de las suertes.

Japón esta intentando redefinir el suyo y también le deseamos éxito.

La Unión Europea debe encontrar el propio. Nuestra propuesta es que lo haga con independencia y soberanía. Respetando, pero no necesariamente imitando a los otros, salvo en aquellos casos en que se demuestre condición necesaria y suficiente. Y por supuesto exigiendo de parte de la comunidad internacional el debido respeto a su razón de estado.

La Unión Europea no tiene por que aceptar -contra sus intereses- recetas de Estados Unidos, Japón, el GATT, la OCM, el FMI , y el conjunto de organismos internacionales o ideólogos influenciados o influenciables por las empresas multinacionales.

Si la Unión Europea se respeta a sí misma, encontrará -espontáneamente- el respeto de los otros países. Para eso se necesita más Europa y no menos, más decisión, más cohesión, más dinámica, más representatividad, más autoestima, más seguridad en si misma, y no menos.

Tal vez, para agilizar la toma de decisiones haya que llegar al voto mayoritario y no a la unanimidad. Sospechamos que algún país podrá abandonar la Unión. Lamentablemente es un costo asumible para alcanzar la mayoría de edad política.

Si Europa se resuelve a ser una, fuerte y solidaria habrá llegado el momento de dejar de ser un gigante económico y un enano político.

Si Europa asume el consejo ofrecido a Macbeth: "Si se hace cuando hay que hacerlo, entonces, más vale hacerlo de prisa", podremos encontrarnos como dice Lester Thurow (en su libro La Guerra del Siglo XXI - 1992): "Que los historiadores futuros observarán que el siglo XXI perteneció a la Casa Europa".



Ojalá.
1   ...   30   31   32   33   34   35   36   37   38


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal