TÍtulo del ensayo globalización económica el imperio de la mediocridad temario



Descargar 2.58 Mb.
Página5/38
Fecha de conversión29.04.2018
Tamaño2.58 Mb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   38

Capítulo V

Impacto Ecológico - El Costo del Crecimiento Sostenido
En virtud de las denuncias permanentes, y del accionar constante, de grupos ecologistas, estudiosos, publicistas, académicos, y organizaciones no gubernamentales, vamos tomando conciencia de la alarmante situación ambiental en que se encuentra nuestro planeta. Como se verá en las proximas páginas, no sólo el estado del mundo es deplorable, sino que la hipoteca se extiende a la propia condición humana, en peligro de reproducción, enfermedad, disminución de cualidades y .....futuro.

El libre mercado, no sólo se esta " cargando " el planeta, sino que está "robando" el futuro a la humanidad.

Para el tratamiento de este capítulo utilizaremos - y reproduciremos algunos párrafos muy valiosos- dos magníficas publicaciones. La Situación en el Mundo de Lester Brown y otros (Editorial Apóstrofe -1993) y Nuestro Futuro Robado de Theo Colborn, John Peterson Meyers y Dianne Dumanoski (Ecoespaña Editorial -1997). También reseñaremos la opinión de algunos tratadistas que venimos utilizando en anteriores partes.
Antes de ceder la palabra a los que saben, quisiéramos solicitarles que, cuando lean la información de los estudiosos que reseñaremos, no se alarmen -únicamente- y piensen que en este drama no tienen parte de la culpa. Cada uno de nosotros somos víctimas -indiscutibles- y victimarios -en alguna medida- del estado ambiental. Por acción u omisión "todos" tenemos nuestra cuota parte de responsabilidad. Con nuestro comportamiento cotidiano y con nuestro accionar como consumidores hacemos y dejamos hacer daños -tal vez irreparables- al planeta. Actuamos y dejamos actuar con espíritu de exterminio. Presenciamos la "liquidación" del futuro con resignación o indiferencia dando la impresión de poder mudarnos cuando el medio ya no funcione.

Cada vez que compramos algo, cada vez que utilizamos el automóvil, cada vez que encendemos la luz,........votamos. Tomamos una decisión que no sólo afecta más o menos al ambiente, sino -y aquí está lo más importante- envía a los gobiernos, fabricantes, proveedores, y distribuidores, un mensaje aprobando o no su accionar.



Si para un político 48 Hs. es largo plazo y el capitalismo no piensa más allá de 3 años, quien, sino el ciudadano, el simple consumidor, ese "hombre que esta sólo y espera",tiene que pensar en si mismo, en sus hijos, en sus nietos, ......en el planeta ......en fin, en el futuro. Y de eso se trata.
Vamos ahora a transcribir a los maestros:
"El modelo global de consumo de los recursos naturales se ha mantenido inalterado tras la Conferencia de Medio Ambiente de Río de Janeiro en 1992. El 20% acomodado reclama para si el 85% del consumo mundial de madera, el 75% de la siderurgia y el 70% de la energía.

Es posible que el consumo de energía hasta se duplique de aquí al 2020. Los gases que producen el efecto invernadero aumentarán entre un 45 y un 90%.

En todo el mundo los escapes de los automóviles han eludido todo control: 1000 millones de coches, el doble de los actuales, se dirigirán en el año 2020 hacia el infarto global del tráfico", nos dicen Hans-Peter Martin y Harald Schumann (ob. cit.).
"Durante los últimos 20 años, el medio ambiente se ha deteriorado en el mundo de una manera espectacular para tan corto período de tiempo geológico. Entre los ejemplos están la destrucción de la capa de ozono y de las selvas tropicales, la universalización de la contaminación de los mares, la aceleración de la contaminación atmosférica y los síntomas de recalentamiento de la superficie de la tierra.

El Banco Mundial, el mismo GATT y eminentes economistas se oponen totalmente a que la protección del medio ambiente se realice mediante medidas comerciales unilaterales.

Se estima que el transporte motivado por el comercio internacional consume la octava parte del petróleo utilizado en el mundo.

El aumento del comercio mundial crea residuos y contaminación por el mismo hecho del transporte de mercaderías a distancias más grandes.

La dedicación de países enteros al incremento de las exportaciones de materias primas en el comercio internacional también tiene su impacto medio ambiental en el punto de extracción o de producción, especialmente en los países en vías de desarrollo (la madera tropical es quizás el caso más conocido).

Los efectos medio ambientales de la producción industrial para la exportación comporta el consumo intensivo de energía con su agotamiento de recursos no renovables y sus consecuencias en cuanto al cambio climático, a la contaminación del aire y el agua, a la generación de productos químicos tóxicos y al vertido de residuos.

Cada época tiene su propia teoría de la catástrofe. Cada año se destruyen 17 millones de hectáreas de selva tropical, junto con las emisiones de residuos de combustibles fósiles, es lo que está creando el "efecto invernadero", que afectará gravemente a la producción de alimentos. Las consecuencias del cambio climático se interrelacionan y son potencialmente catastróficas. El nivel de los mares subirá, con lo cual se reducirá a escala planetaria la extensión de tierras cultivables que se hallan a poca altura sobre el mar. Tan sólo un metro de elevación del nivel de la hidrosfera pondrá en peligro de desaparición el 3% de las tierras del mundo. Este porcentaje parece pequeño a primera vista; pero nos daremos cuenta de su trascendencia si sabemos que equivale a la tercera parte de los campos cultivados en todo el mundo y que es el suelo donde viven 1000 millones de personas.

Desde 1987, han ocurrido al menos 11 temporales acompañados de vientos huracanados cuyos daños totalizan mas de 50.000 millones de dólares a las preocupadas compañías de seguros de todo el mundo. Otros sectores serán amenazados por el 20% de incremento previsto de las lluvias o por el 5-10% de disminución de las lluvias de verano. La reiteración de este fenómeno convertiría en un desierto la región cerealista de Estados Unidos. Un aumento de 2 grados centígrados en la temperatura planetaria media podría significar un declive entre el 3 y el 17% en el rendimiento de las cosechas de trigo de Europa y Estados Unidos.

En un seminario empresarial que examinó "la amenaza del ecologismo", una vez terminada la cumbre de la tierra de 1992, se puso de manifiesto la preocupación existente de que las normas medio ambientales no fuesen mas que instrumentos proteccionistas encubiertos. Pero la libertad de comercio siempre trae consigo el peligro de que las normas de protección del medio ambiente y de la salud pública desciendan hasta el denominador común más bajo de un bloque comercial", nos dicen Tim Lang y Colin Hines (ob. cit.).
"El comercio exterior y el medio ambiente.

Las fuentes de contaminación:

1) la creciente población del mundo

2) los pesticidas y otros productos químicos utilizados en la

agricultura

3) el transporte de pasajeros y carga

4) la electricidad

5) las fábricas (aire, ríos, lagos y mares)

6) la tala de bosques

El comercio internacional aumenta la contaminación por vía del transporte. También aumenta el riesgo de contaminación accidental. Tambien aumenta el consumo de energía", nos dice Ravi Batra (ob. cit.).
"La cuestión medioambiental, como la amenaza de la emigración masiva, significa que, quizás por primera vez, lo que el sur haga puede perjudicar al norte.

Sólo desde mediados de siglo se calcula que el planeta ha perdido casi una quinta parte del mantillo de tierra, una quinta parte de los bosques tropicales y decenas de miles de especies vegetales y animales.

En el año 2000 pueden haber sido taladas la tres cuartas partes de los bosques tropicales de América y haberse perdido para siempre el 50% de sus especies. Lo que la naturaleza creó en el curso de millones de años nosotros lo destruíremos en poco más de 40 años.

La creciente contaminación de la atmósfera terrestre es también resultado de crecimiento demográfico y de un deseo por elevar los niveles de vida.

El desarrollo agrícola e industrial también afecta a la cantidad y calidad de las reservas de agua del planeta.

Por supuesto, todo este daño medioambiental producido en los países en vías de desarrollo se vio precedido durante mucho tiempo por medidas igualmente insensatas por parte de los países desarrollados......lluvia ácida, efecto invernadero de calentamiento global, agujero de la capa de ozono.

A fin de reducir el daño que estamos infligiendo hoy al ecosistema, deberían producirse drásticos cambios en nuestro modo de vida para de ese modo detener las emisiones atmosféricas. Esta postura es contestada enérgicamente por los científicos más escépticos y los economistas del laissez-faire; estos últimos se oponen en particular a la limitación del crecimiento y desaprueban la interferencia gubernamental en el modo en que los negocios se llevan a cabo y los individuos viven sus vidas.

Estados Unidos con un 4% de la población mundial devora más de una cuarta parte del combustible del mundo, es el primer país en emisiones de gases invernaderos.

Los sacrificios tienen que ser globales, más que eso tendrán que ser tan equitativos como sea posible, teniendo en cuenta la diferencia en los niveles de renta", nos dice Paul Kennedy (ob. cit.).
"Los problemas del medio ambiente surgen del impacto de la producción y el consumo sobre la salud, la comodidad y el bienestar de la comunidad contemporánea en general. Y nace de sus futuros efectos, incluído el agotamiento de los recursos naturales actualmente disponibles y que con tanta abundancia se consumen.

Las manifestaciones de los deterioros contemporáneos son inquietantemente sabidas: la contaminación de la atmósfera y de la aguas, el considerable y creciente problema de la eliminación de la basura, el inmediato peligro para la salud que constituyen los productos y servicios que se administran, la contaminación visual derivada de la intrusión de las actividades de la producción y de las ventas, sobre el paisaje urbano y rural", nos dice John Kenneth Galbraith en su libro Una Sociedad Mejor (Editoria Crítica Grijalbo/Mondadori -1996).
"Decir que hay que salvar el medio ambiente es decir que hay que cambiar radicalmente el modo de vida de la sociedad, renunciar a la carrera desenfrenada por el consumo. No es nada menos que eso. La cuestión política, psíquica, antropológica, filosófica que se plantea, en toda su profundidad, a la humanidad contemporánea", nos dice C. Castoriadis (ob. cit.).
"Asuntos tratados desde 1984: deterioro de los bosques, reducción del ozono atmosférico,consiguiente aumento de la radiación ultravioleta que llega a la superficie de la tierra (agujero de ozono), pérdida de (11 millones de hectáreas en 1984) bosques tropicales cada año (17 millones de hectáreas en 1993), la desaparición de miles y miles de especies vegetales y animales durante la ultima década (tres cuartas partes de las 9.000 especies conocidas de aves que hay en el mundo estaban viendo disminuír su población o estaban amenazadas por la extinción en 1992), en 1989 advertíamos que una ola de calor y sequía (1988 había reducido la cosecha cerealista estadounidense por debajo de los niveles de consumo nacional por primera vez en la historia) anticipo del calentamiento global, la erosión del suelo costaba a los agricultores de todo el mundo 24.000 millones de toneladas de suelo, una vez descontado el suelo de nueva formación (42.000 millones de dólares en pérdidas de productividad agrícola y ganadera por año, cantidad igual al valor de la cosecha cerealista de Estados Unidos), el imparable crecimiento de la población (en 1984, 80 millones de personas al año, en 1993 más de 92 millones de personas).

Tendencias prometedoras desde 1984: incrementos de la energía eólica y solar, disminución y hasta anulación de la instalación de nuevas centrales eléctricas nucleares (luego del accidente de Chernobyl en 1986), corte de la producción de la familia de productos químicos que amenazan la capa de ozono,reduciéndola a la mitad en 1988 (Montreal 1987), más de una docena de países (desde 1984) se han fijado el objetivo de reducir las emisiones de carbono en los siguientes 10 años (Alemania comprometió una reducción del 20% para el 2005), en Estados Unidos el programa de conservación de reservas de 1985 ha supuesto la siembra de árboles o hierba en unos 14 millones de hectáreas de tierra agrícola muy sensible a la erosión, en una segunda fase del programa, entre 1990 y 1995, las pérdidas de suelo podrían llegar a reducirse en otra tercera parte.

A principios de 1992, la Academia Nacional de las Ciencias de Estados Unidos y la Real Sociedad de Londres publicaron un informe que empezaba así: "si las actuales predicciones sobre el crecimiento de la población resultan acertadas y si los modelos de actividad humana no cambian, la ciencia y la tecnología podrían verse incapacitadas para evitar una irreversible degradación del medio ambiente y la pobreza definitiva para una buena parte de la población mundial".

A pesar de que el interés por el futuro del planeta se ha intensificado, la Conferencia de las Naciones Unidas (Río de Janeiro - 1992) se quedó corta y no respondió a las esperanzas y expectativas que había levantado. Muchas de las dificultades se debieron a la insistencia por parte de los Estados Unidos de que los objetivos para reducir las emisiones de carbono debían desaparecer del Tratado sobre el clima, dejándolo en poco más que en una declaración de buenas intenciones. La convención para proteger la diversidad biológica tenía algunos puntos débiles, pero quizás el más serio fue que Estados Unidos no la firmó.

Durante los veinte años transcurridos desde Estocolmo, los agricultores han perdido casi 500.000 millones de toneladas de suelo cuando a la vez se les pedía que alimentaran a 1.600 millones más de personas. Las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono (CO2), el principal gas invernadero,subieron un 9%. En Río los riesgos que para la vida sobre la tierra supone la pérdida de ozono estratosférico y el consiguiente aumento de la radiación ultravioleta estaba en la mente de todos. En 1972, nadie hubiera imaginado una amenaza así.

La contabilidad económica de los países utilizada por los gobiernos sobreestima el progreso. Al no reflejar la realidad, genera políticas económicas destructivas desde el punto de vista ecológico. El sistema de contabilidad ecológico ( que considera la depreciación del capital natural, como la pérdida de suelo por erosión, la destrucción de los bosques por la lluvia ácida, o la disminución de la capa protectora de ozono ) es en el mejor de los casos fragmentario. Tampoco hay ningún mecanismo de contabilidad que lance un aviso cuando se sobrepasan los límites de la capacidad de carga de los ecosistemas. El resultado de este defectuoso sistema de contabilidad económica y del casi inexistente sistema de contabilidad biológica es la degradación generalizada y la destrucción de la base

ecológica de la economía. Se permite que las empresas internalicen los beneficios y que externalicen los costes, derivando hacia la sociedad gastos tales como la sanidad relacionados con la contaminación del aire o con el calentamiento global.

El rápido crecimiento de la población, la degradación ecológica y la expansión de la pobreza se refuerzan entre si, formando una especie de espiral descendente que engulle a muchos países.

Quizás el déficit ecológico más visible es la desforestación resultado de la tala de árboles y de las tareas de despejar el bosque por encima del crecimiento natural y la repoblación de árboles. Cada año, este desequilibrio le cuesta al mundo unos 17 millones de hectáreas solamente de bosque tropical. La eliminación del bosque tropical no es más que la conversión de un ecosistema muy productivo en yermo a cambio de un beneficio económico a muy corto plazo ( tres a cinco años de agricultura o cinco a diez años de pastura antes de convertirse en yermo )

Los científicos del Instituto de Análisis de Sistemas Aplicados de Austria han estimado los efectos sobre la productividad forestal de las emisiones de dióxido de azufre lanzadas por las centrales eléctricas, fábricas y automóviles que queman combustibles fósiles. Concluyen que el 75% de los bosques europeos están actualmente soportando niveles dañinos de deposiciones de azufre. Las pérdidas derivadas del deterioro de los bosques europeos ascienden a 30.400 millones de dólares al año, aproximadamente la misma cantidad que factura la industria alemana del acero.

Con datos de 1990, en una evaluación de Naciones Unidas de las regiones secas del planeta, se calcula que la degradación de las superficies agrícolas de regadío,

de zonas agrícolas que dependen de la lluvia y de las pasturas, le cuesta actualmente al mundo más de 42.000 millones anuales en pérdidas de productos agrícolas ganaderos, una suma que se aproxima al valor de la cosecha cerealista de Estados Unidos.

El exceso de demanda también amenaza de manera directa la productividad de las pesquerías oceánicas, la FAO, señala que 4 de cada 17 zonas pesqueras del mundo están sobre explotadas. También documentó que la mayoría de las reservas marinas pesqueras tradicionales han alcanzado su máxima explotación.

La disminución de los stocks pesqueros afecta a la economía de muchos países.

Tras incrementarse en casi un 4% anual entre 1950 y 1988 y subir desde los 22 hasta los 99 millones de toneladas, las capturas han entrado ya en una fase de declive y se estima que la disponibilidad per cápita de pescado ha bajado en un 7% durante los últimos cuatro años. Si los mares no pueden soportar unas capturas de más de 100 millones de toneladas al año ( FAO ) esta reducción tiene visos de continuar a causa del aumento de población. La producción de cereales, primer alimento en la dieta humana creció a un ritmo del 3% anual desde 1950 hasta 1984 ( 344 Kg. per cápita ). Desde entonces y hasta 1992 ha crecido menos del 1% anual, apenas la mitad de la tasa de crecimiento de la `población. En la soja se pasó de un crecimiento del 5% al 2%. En carnes del 3,4% al 2%. La erosión del suelo y la contaminación del aire han afectado las cosechas y disminuído la `productividad, también inciden la desaparición de la capa de ozono, las inundaciones causadas por la deforestación, la disminución de los acuíferos, la pérdida de diversidad genética de varios cultivos.

El estancamiento de la producción mundial de alimentos, especialmemte el bajón del 6% en la producción de cereales por persona entre 1984 y 1992, es quizás la tendencia más perturbadora del mundo actual.

La contaminación atmosférica de gases invernadero es potencialmente la alteración desde el punto económico, más perjudicial y costosa de las que ha puesto en marcha nuestra moderna sociedad industrial. William Cline, un economista del Instituto de Economía Internacional de Washington, ha estudiado los efectos a largo plazo del calentamiento global. En una parte de su trabajo analizó las consecuencias sobre la economía de Estados Unidos de una duplicación de los gases invernadero, algo que podría ocurrir en fecha tan temprana como el año 2025. Según Cline, el calor y la sequía costarían a los agricultores estadounidenses 18.000 millones de dólares de su producción, el aumento del uso de electricidad para los aires acondicionados costaría otros 11.000 millones de dólares y la respuesta que se requeriría por la subida del nivel del mar costaría otros 7.000 millones al año. En total Cline estima unos costes cercanos a los 60.000 millones de dólares al año, aproximadamente el 1% del PNB de Estados Unidos en 1990.

Cada comunidad paga un precio por la contaminación de su medio ambiente. La contaminación del agua, del aire y del suelo por productos tóxicos y radioactivos junto con el aumento de la radiación ultravioleta, está minando la salud humana y disparando los costes de sanidad. Un estudio de la calidad del aire realizado por la OMS y otros da cuenta de que 625 millones de personas están expuestas a niveles no saludables de dióxido de sulfuro, más de 1.000 millones de personas se hallan potencialmente expuestos a niveles dañinos de contaminación del aire. Un estudio en Estados Unidos estima que la contaminación del aire puede costarle al país hasta 40.000 millones al año en sanidad y pérdidas de productividad.

Los nuevos datos sobre Rusia muestran a la perfección los efectos devastadores de la contaminación por toxinas químicas y orgánicas sobre la salud humana. La Academia Rusa de Ciencias Médicas señala: que el 11% de los niños rusos padecen defectos de nacimiento. La mitad del agua potable y una décima parte de los alimentos están contaminados, por lo que el 55% de los niños tienen problemas de salud. Es particularmente preocupante el aumento de enfermedades y de muertes prematuras entre las personas de 25 a 40 años.

Otro problema que hará aumentar los futuros costes de la sanidad es la disminución del ozono estratosférico. Tan sólo en Estados Unidos puede significar 200.000 casos más de muerte por cáncer de piel durante las proximas 5 décadas. A escala mundial equivale a millones de muertes. También aumentarían las cataratas y enfermedades infecciosas.
Ademas del déficit ecológico, el mundo está viendo como se le acumulan unas enormes facturas por la contaminación y recuperación ecológica. Por ejemplo, los costes calculados para la descontaminación de los lugares donde hay residuos peligrosos en Estados Unidos ronda los 750.000 millones de dólares, algo así como tres cuartas partes del presupuesto federal de Estados Unidos para 1990.

La alternativa a estas operaciones de limpieza es ignorarlos y dejar que los residuos tóxicos se filtren hasta las capas freáticas. De una u otra forma, la sociedad tendrá que pagar, ya sea en forma de facturas de descontaminación o en forma de crecientes costes en la sanidad

Los déficit y las deudas ecológicas en que el mundo ha incurrido en las últimas décadas son enormes, empequeñeciendo, muchas veces la deuda estrictamente económica de los países. Quizás lo más importante es una diferencia que se suele pasar por alto entre los déficit económicos y los ecológicos. Una deuda económica es algo que nos debemos entre nosotros. Por cada prestarario hay un prestamista, los recursos sencillamente cambian de mano. Pero las deudas ecológicas, especialmente aquellas que suponen daños o pérdidas irreversibles de capital natural, muchas veces sólo pueden ser reembolsadas mediante la privación y la enfermedad de las generaciones futuras.
Es evidente que el actual sistema económico está lentamente empezando a autodestruírse a medida que elimina su base ecológica natural.

El reto está en diseñar y construír un sistema económico sostenible desde el punto de vista ecológico.

¿Podemos entrever que aspecto tendría?. Si. ¿Podemos definir una estrategia para ir desde el actual sistema económico al ecológicamente sostenible en el intervalo del tiempo que disponemos?. Otra vez la respuesta es si.

Los componentes básicos de un esfuerzo para construír una economía global ecológicamente sostenible son bastante elementales, a saber, recuperar la estabilidad del clima, proteger la capa de ozono, restaurar la cubierta vegetal de la tierra, estabilizar los suelos,salvaguardar la restante diversidad biológica de la tierra y restaurar el tradicional equilibrio entre nacimientos y muertes.

Salirse del curso de la decadencia y la degradación ecológica requiere un enorme esfuerzo, similar a una movilización para librar una guerra. Para darle vuelta a la situación, debemos empezar por nosotros mismos. Cada uno de nosotros, puede hacer muchas cosas. Podemos reciclar, podemos utilizar el agua y la energía de manera mucho más eficiente y podemos limitar nuestras familias a dos hijos. Estas acciones individuales son necesarias, pero no suficientes, ya que no traen consigo los cambios estructurales básicos que la economía necesita para convertirse en sostenible. Para esto, hay que recurrir a la acción ciudadana y así presionar a los gobernantes para que tomen medidas políticas que deberán transformar la economía.

La necesidad más acuciante es la de una nueva percepción del mundo, una nueva perspectiva que refleje las realidades ecológicas y que redefina la idea de seguridad al reconocer que la primera amenaza a nuestro futuro no es la agresión militar, sino la degradación ecológica del planeta.

La cuestión, por tanto, no es sólo lo que necesitamos hacer, sino también como podemos hacerlo rápidamente, antes de que se nos acabe el tiempo y el mundo entero sea engullido por esa espiral descendente que ya se ha tragado una sexta parte de la humanidad. Entre los principales instrumentos políticos que pueden convertir un sistema ecológicamente sostenible está la política fiscal. Hasta el momento, los gobiernos han confíado en las regulaciones de todo tipo, pero a la vista, de lo conseguido en estas últimas dos décadas, no parece que se trate de una estrategia que vaya a dar buenos resultados. Es obvio que las regulaciones tienen que desempeñar tambien un papel. Sin embargo, para transformar rápidamente la economía, el instrumento más efectivo con diferencia es la política fiscal, especialmente la sustitución parcial de los impuestos sobre las rentas por impuestos ecológicos. Este cambio impulsaría el empleo y los ahorros y desincentivaría las actividades que destruyen el medio ambiente. En síntesis, impulsaría actividades productivas y desincentivaría las destructivas, guiando tanto las inversiones de las empresas como los gastos de los consumidores.

Para nuestra generación, el medio ambiente y la pobreza son las grandes cuestiones", nos dice Lester Brown (ob. cit.).
"A partir de los años cincuenta, extraños y desconcertantes problemas empezaron a manifestarse en diferentes partes del mundo: en Florida, los Grandes Lagos y California; en Inglaterra; Dinamarca, el Mediterráneo, y en todas partes. Muchos de los inquietantes informes sobre la vida silvestre mencionaban órganos sexuales defectuosos y anomalías de conducta, pérdida de fecundidad, alta mortalidad juvenil, e incluso la desaparición repentina de poblaciones animales enteras. Con el tiempo, los alarmantes problemas reproductivos observados en animales silvestres han afectado tambien a los seres humanos.

Cada incidente constituía una clara señal de que algo iba muy mal, pero durante años nadie quiso admitir que aquellos fenómenos inconexos estaban en realidad conectados. A pesar de que la mayoría de los casos parecían tener alguna relación con la contaminación química, nadie veía el hilo que lo conectaba todo.

Por fin, a finales de los años ochenta, una científica empezó a reunir las piezas..........

El águila calva, la trucha del lago, la gaviota argéntea, el visón, la nutria, el cormorán de Florida, la tortuga mordedora, el charrán común y el salmon coho,........tenían síntomas similares......., declive de población, efectos en la reproducción, tumores, decaimiento, supresión de la inmunidad y alteraciones de conducta.

¿Que tenían todos en común?......Todos y cada uno de estos animales eran depredadores de alto nivel que se alimentaban del pescado de los Grandes Lagos. Aunque la concentración de contaminantes como los PCBs era tan baja en el agua de los Grandes Lagos que no se podía medir con los procedimientos corrientes de análisis de las aguas, estas sustancias químicas persistentes se concentran en los tejidos y se van acumulando exponencialmente al pasar de un animal al otro e ir ascendiendo por la cadena alimenticia. Siguiendo este proceso de magnificación, la concentración de un compuesto químico persistente, que resiste la descomposición y se acumula en la grasa del cuerpo, puede llegar a ser 25 millones de veces mayor en un depredador como la gaviota argéntea que en el agua del lago.

Otro dato sorprendente: a los animales adultos no parecía irles tan mal; los problemas de salud se manifestaban principalmente en su descendencia. Aunque las culpables parecían ser las sustancias encontradas en los cuerpos de los padres, actuaban como venenos de segunda mano, que se transmitían de una generación a otra y masacraban a los embriones y a los recién nacidos.

Los venenos de segunda mano encontrados en la grasa corporal de la fauna salvaje tenían una cosa en común: de un modo o de otro, todos actuaban sobre el sistema endocrino, que controla los procesos vitales del organismo y dirige las fases críticas del desarrollo prenatal. Los venenos de segunda mano eran disruptores del funcionamiento de las hormonas.

Las hormonas además de dirigir algunos aspectos del desarrollo sexual del niño no nato, orquestan el crecimiento de los sistemas nervioso e inmunitario del embrión, programan órganos y tejidos como el hígado, la sangre, los riñones y los músculos, que funcionan de manera diferente en hombres y mujeres. El desarrollo normal del cerebro, por ejemplo, depende de las hormonas de la tiroides, que inician y dirigen el desarrollo de los nervios y su migración a la zona correcta de este órgano increiblemente complejo.

Para que todos estos sistemas se desarrollen normalmente, es preciso recibir los mensajes hormonales adecuados en la cantidad precisa, en el lugar correcto y en el momento exacto. Si algo trastorna los estímulos en un período crítico del desarrollo, la descendencia puede sufrir graves consecuencias durante toda la vida.

Las sustancias químicas pueden atravesar la placenta, trastornar el desarrollo del feto y provocar graves efectos que no se manifiestan hasta muchos años después; efectos retardados a largo plazo, que no se hacen aparentes hasta que el niño alcanza la pubertad, o incluso más tarde.

Medicamentos y otras sustancias que apenas tiene efecto sobre los adultos pueden provocar graves daños permanentes a un bebé durante su rápido desarrollo prenatal.

El descubrimiento de que el DDT era capaz de actuar como un estrógeno pudo parecer una curiosidad aislada el 1950, pero, por desgracia, dista mucho de ser el único caso. Durante el ultimo medio siglo, los mismos laboratorios químicos que produjeron este "milagroso" plaguicida han creado multitud de nuevos productos químicos sintéticos que también pueden interferir con las hormonas.

Hemos tardado mucho en darnos cuenta de este peligro y percatarnos de que el mundo ha quedado impregnado de sustancias que trastornan la acción hormonal.

De los 51 compuestos sintéticos identificados hasta ahora como disruptores hormonales, por lo menos la mitad -incluídos los PCBs - son productos "persistentes", que resisten los procesos naturales de descomposición que los harían inofensivos. Estos productos de larga duración serán una herencia que dejaremos a nuestros hijos y seguirán representando un peligro durante años, décadas que, en el caso de algunos PCBs, varios siglos.

Cuando una madre amamanta a su hijo, le está dando algo más que amor y alimento: además le está traspasando elevadas dosis de sustancias sintéticas.

Han transcurrido tres décadas desde que los investigadores sanitarios descubrieron que el DDT, los PCBs y otros productos persistentes se estaban acumulando en la grasa y en la leche humana y en prácticamente en todo el medio ambiente.

Los investigadores están convencidos que la cantidad de compuestos sintéticos que los seres humanos llevamos en nuestro cuerpo es suficiente para poner en peligro a nuestro hijos.

No existe en el mundo un sólo lugar seguro y sin contaminar.

¿Cuáles son los efectos a largo plazo de los productos químicos que alteran el sistema hormonal?. ¿Estamos saboteando nuestra propia fecundidad y no sólo la de la fauna salvaje?. ¿Es posible que, sin darnos cuenta y de manera invisible se esté socavando el futuro reproductivo de nuestros hijos?.

" La sustancia más tóxica en la tierra" que los científicos conocen como 2,3,7,8 -TCDD ( dioxinas) es, en su mayor parte, un subproducto de la vida del siglo XX,un contaminante que se forma durante la fabricación de ciertos productos químicos clorados como plaguicidas y protectores para madera, y también al blanquear papel con cloro, al incinerar basura que contenga plásticos y papel, y al quemar combustibles fósiles. Y, como los demás compuestos persistentes como el DDT y los PCBs, las dioxinas se acumulan en las grasas corporales y han sido detectadas prácticamente en todas partes: en el aire, el agua, la tierra, los sedimentos y la comida.

En comparación, los seres humanos somos reproductores poco eficaces, que solemos producir la cantidad mínima de espermatozoides necesaria para lograr la fecundación. Según algunos investigadores, muchos hombres presentan ya un nivel de espermatozoides " rayano en lo patológico " aunque no hayan sufrido los efectos de las sustancias disruptoras del sistema endocrino. Si ellos tienen razón y continúa durante mucho tiempo esta disminución del número de espermatozoides a nuestra especie le espera un futuro muy incierto. Este descenso puede tener un efecto devastador en la fertilidad humana.

Los fabricantes ocultan con frecuencia información sobre los componentes de sus productos aduciendo que se trata de datos patentados o de secretos comerciales, un principio que la legislación y la jurisprudencia protege con mucho más rigor que el derecho del público a saber. Nadie sabe cuántos artículos de consumo de plástico del mercado contienen sustancias químicas que alteran el sistema hormonal. Incluso en el caso de los plaguicidas, en el que los gobiernos mantienen una vigilancia más estrecha, es imposible obtener datos coherentes sobre la producción de plaguicidas específicos.

Examinemos algunas cifras que esbozan la magnitud del experimento global que lleva en marcha medio siglo.

Entre 1942 y 1982, la producción de materiales sintéticos se multiplicó aproximadamente por 350 y miles de millones de sustancias químicas artificiales se vertieron en el entorno, exponiendo a los seres humanos, los animales y las plantas y el sistema planetario a innumerables sustancias a las que nunca habían tenido que hacer frente.

Hoy en día se usan en Estados Unidos treinta veces más plaguicidas sintéticos que en 1945.

El 35% de los alimentos consumidos en Estados Unidos tienen residuos plaguicidas detectables.

Las cantidades de productos químicos potencialmente nocivos que se producen anualmente son realmente asombrosas: miles y miles de sustancias químicas y miles de millones de kilogramos. Unos 2000 millones de kilogramos de plaguicidas se dispersan no sólo en los campos agrícolas sino también en parques, escuelas, restaurantes, supermercados, viviendas y jardines.

Así pues es crucial que como individuos y como sociedad, efectuemos elecciones que reduzcan este legado químico que se transmite de una genereción a otra. Por el bien de la generación venidera y de la siguiente debemos limitar la exposición a los niños mientras crecen y mantener la carga tóxica que las mujeres acumulan en su vida antes del embarazo en los niveles más bajos posibles. Los hijos tienen derecho a nacer libres de sustancias químicas. Las sustancias químicas sintéticas cloradas y sus derivados constituyen el 45% del PNB mundial de los productos químicos", nos dicen Theo Colborn, John Peterson Meyers y Dianne Dumanovski (ob. cit.).
Tal vez al lector las citas utilizadas le parezcan algo "generalistas", algo "lejanas", difícil de vincular con las empresas y con su accionar. A veces, lo que es responsabilidad de todos, no lo es de nadie. Todos a una como Fuenteovejuna.

Vamos a utilizar, a modo de relato anecdótico, una "catástrofe ecológica muy grave" (así la titularon los periódicos, radios y televisiones europeas) que ocurrió en el Parque Nacional de Doñana -España, considerado la mayor reserva de la biosfera de Europa.

Trelleborg, uno de los consorcios suecos más poderosos (su facturación en 1997 ascendía a más de 2.700 millones de dólares), produce, fundamentalmente, mecanismos de freno y antivibración para la industria automovilística, así como laminados de metal y caucho. Boliden Limited es su división minera. Desde 1987, Boliden es la propietaria de Andaluza de Piritas, la explotación a cielo abierto cuyos residuos han provocado el mayor desastre ecológico de la historia española.

El terreno está localizado, en una zona metalogénica propicia. Los geólogos la definen como masa pírica, y se adentra hasta Portugal. Alberga grandes masas de un cóctel de minerales que dan a sus minas el nombre de sulfuros complejos.

Boliden Apirsa (el nombre de la filial que constituyeron los suecos) mantuvo en actividad los trabajos en el antiguo yacimiento -balsa de residuos incluída- e inició los trámites ante la administración, en solicitud de apoyo financiero, para poder materializar una inversión de 160 millones de dólares.

El proceso de producción se ha mantenido invariable. El mineral se traslada en camiones hasta la planta de tratamiento. Allí se muele y se deposita en las denominadas celdas de flotación, unos receptáculos llenos de agua y dispersante. El zinc y el plomo flotan formando burbujas, que es realmente lo que se aprovecha. El residuo estéril cae al fondo y es conducido por tuberías hasta el embalse.

La balsa que Boliden siguió utilizando como vertedero fue contruída por Dragados (una de las grandes empresas constructoras de España) en 1974. Está dividida en dos mitades y sus diques, de material de escombrera, han ido elevándose con el paso del tiempo hasta alcanzar los 20 metros actuales y albergar 60 millones de metros cúbicos de piroclastos y piritas.

El tamaño del embalse es difícilmente imaginable. La longitud de uno de los lados ronda el kilómetro y medio.

El embalse (según informe de los técnicos solventes, no vinculados a la empresa) estaba razonablemente impermeabilizado con material arcilloso, para evitar filtraciones y era objeto de comprobaciones periódicas, a cargo de la firma especializada, Geocisa.

Como consecuencia de la rotura de la presa de embalsamiento se han vertido al cauce del Guadiamar 5 millones de metros cúbicos de agua altamente contaminada. Los técnicos barajan como causa un movimiento por debajo de los muros de contención. Junto a las repercuciones del suceso en cultivos y ganadería de la 4.000 hectáreas afectadas, uno de los principales focos de atención estaba en el entorno de Doñana, donde se cerraron todas las compuertas que comunican el Río Guadiamar con el Coto para evitar males mayores.

A juicio de los expertos en este caso se han cometido dos errores fundamentales. El primero, el emplazamiento, junto al lecho de un río, el Guadiamar, que ha extendido hasta el mar el veneno; el segundo, el tamaño: lo más aconsejable hubiera sido contruír varias balsas de menor tamaño.

Antes de que el desastre ecológico arruinara a toda una comarca, amenazara al parque de Doñana, sacudiera las conciencias de la ecológica Suecia y pusiera a Boliden ante la mayor de sus crisis, el imperio minero de la compañía escandinava no había hecho sino extenderse.

Los orígenes de Boliden se remontan al 10 de diciembre de 1924, fecha en la que se encontró oro en una zona de Suecia llamada Fagelmyren, cuya curiosa traducción podría ser la de Pájaro de lodo, y en su día fue la mayor mina de oro de toda Europa. Hasta su agotamiento, se extrajeron 125.000 kilos de oro, 400.000 de plata y 117.000 de cobre.

La compañía se extendió primero por Suecia y luego por todo el mundo. En la actualidad posee minas en Mexico, Argentina y Chile, además de Arabia Saudi, Canadá y España.

Radiografía de los daños:

Como poco, los científicos pronostican que serán necesarios 170 millones de dólares y, al menos unos 30 años para que el ecosistema se recupere.

En las primeras horas posteriores al evento se habían recogido 20 toneladas de peces muertos de los ríos y canales marismeños de Doñana.

Casi 5.000 hectáreas de cultivos (pastos, frutales, algodón, cítricos, arroz) han quedado totalmente arrasados por los lodos tóxicos. Se calculan 100 millones de dólares en pérdidas de cultivos y potencial productivo.

Los fangos contaminados con metales pesados han tapizado el fondo y las orillas del Guadiamar, produciendo un efecto mortal sobre la avifauna mas característica de la zona, como avocetas, cigüeñas, garzas imperiales o aguiluchos laguneros, entre otras.

La preocupación por las repercusiones en la salud humana está en el peligro existente de que los vertidos pasen a la población a través de la cadena alimentaria. Los metales pesados no se destruyen, quedan durante años en los organismos, permaneciendo en todos los ciclos biológicos.


Luego de leer esta pequeña reseña de la catástrofe y mientras continuamos viviendo una mezcla de pesadilla y ficción difícil de describir veamos por un momento porqué es tan importante conservar Doñana: porque Doñana es la biodiversidad. Y la biodiversidad es la vida: en Doñana se han descrito 272 especies zoológicas y 203 vegetales. En sus 73.000 hectáreas de parque y preparque se pueden contabilizar cinco grandes ecosistemas (la costa -con playas, dunas, y pequeños corrales-, el matorral, los pinares y grandes corrales, la vera y la marisma).

En las viejas encinas y alcornocales de este lugar anidan ocho parejas de águila imperial, una cifra importantísima si tenemos en cuenta que en todo el planeta vuelan 150 parejas. Tras sus jaras y juncos una de las poblaciones de lince ibérico (50 ejemplares de un total de menos de 600) más sólidas de la península ibérica. En sus encharcadas marismas crían las últimas cercedas pardillas y malvasías, y encuentran refugio invernal 170.000 cercedas comunes, 120.000 silbones, 80.000 gansos, 40.000 fochas, 20.000 ánades,......y así hasta alcanzar la fabulosa cifra de un millón de anátidas.

Doñana es el cruce de caminos entre África y el norte de Europa, etapa obligatoria en largas migraciones y refugio invernal para especies de las regiones paleoárticas. Doñana es un palpitante museo, un laboratorio vivo con muchas cosas por enseñarnos.

A pesar de la magnitud del desastre, a pesar del estigma culposo de un peligro que había sido denunciado por organizaciones ecológistas (públicas y privadas) con anticipación suficiente y reiteración machacona, a pesar de la ineptitud, indiferencia e irresponsabilidad mostrada por el sector público y privado, no es -lamentablemente- el único ejemplo, ni el único lugar o país. Otras riadas tóxicas se registran de hace ahora 32 años en que se rompió por el efecto de las lluvias caídas un dique de residuos de 12 metros de alto en Bulgaria. La ola de lodo de cinco metros arrasó las localidades de Zgorigrad y Vratza, destruyó 196 casas y provocó más de 100 muertos.

El accidente más importante se produjo en febrero de 1972 al reventar la balsa de residuos de carbón de Buffalo Creek, en Virginia (Estados Unidos), causando 125 muertos y dejando sin hogar a 4.000 personas. Ha sido también de gran importancia las roturas de diques de residuos en Chile (El Cobre) y Japón (Mochikoshi) debido al escape de lodos arenosos.

Nos hemos detenido en el caso del "veneno sueco" por lo emblemático. Podríamos sintetizar el "atentado ecológico" diciendo que antes que cinco millones de metros cúbicos de fango tóxico arrasarán Doñana, la mina de "Los Frailes" iba a producir 125.000 toneladas de zinc, 5.400 de cobre, 47.600 de plomo y tres millones de onzas de concentrado de plata. Boliden compró la explotación al Banco Central en 1987 por una peseta. Regenerar la zona costará 30 años y mas de 25.000 millones (equivalente a 170 millones de dólares).


Se puede decir más fuerte, pero no más claro. Aquí queda suficientemente evidenciada -un caso, entre miles- la responsabilidad empresaria ante el daño ecológico. Los peligros del crecimiento sostenido. La búsqueda de la máxima rentabilidad en el mínimo plazo. La actitud suicida del sector empresario, la inacción culposa de las autoridades gubernamentales, acompañadas por la actuación de los lobbies corifeos que aconsejan dejar para nunca las medidas preventivas que tomadas hoy ya serían tardías.

Los ricos pueden pensar que mudándose de barrio o ciudad pueden escapar del peligro urbano que los rodea. Viviendo en zonas privadas, amuralladas, vigiladas, pueden huír de la criminalidad.

Nos preguntamos si ante la destrucción de la tierra, piensan mudar de planeta.

Sus nietos, aunque tengan millones de dólares guardados en paraísos fiscales, no podrán -muy probablemente- procrear, para tener a quien trasmitirle la fortuna, y aunque puedan, no tendrán donde vivir confortablemente.

El "fenómeno del Niño", que ni siquiera ha respetado a los países ricos, ha puesto a la puerta de los "ganadores" la factura ecológica. Y esto es sólo el comienzo. El pagaré medioambiental sube su cotización a mayor ritmo que el Dow Jones. Y no se visualiza ningún crack. Todo lo contrario.

Ante la naturaleza no prosperan los lobbies. Aunque las multinacionales y los gobiernos que las amparan o representan demoren, atenúen o difuminen las medidas de protección ambiental, el deterioro continúa en progresión geométrica, e impacta, cada vez más cerca, de los caros intereses de los "ricos y famosos".

Por primera vez los problemas causados por los países desarrollados, vuelven a ellos multiplicados. Por primera vez, no pueden endosar la factura a los pobres.

Ahora, el "mal" lo abarca todo. No hace distingos entre el norte y el sur, ricos y pobres, grandes o pequeños. Igual se inunda Florida, en Estados Unidos, que Lima en Peru; igual se incendian los montes de California, que la selva amazónica; igual se hiela Chicago, que Moscú o la Patagonia. Ya está; el planeta es la primera y mayor víctima de la globalización. Han logrado demostrar -al menos- como se globalizan los problemas. Está por verse si atinan lo mismo a la hora de buscar soluciones.

Mientras las multinacionales y los gobiernos, se fugan hacia adelante, dejando el planeta como un vertedero, ¿que podemos hacer nosotros, como pequeños y desvalidos individuos?. Mucho.....Muchísimo. Más de lo que nosotros creemos y más de lo que ellos desean.

Para ilustrar al respecto, utilizaremos el caso de la empresa Shell, cuando, con la ayuda del Gobierno Británico, logró la autorización para hundir una plataforma submarina de extracción petrolera en desuso en el Mar del Norte. Por denuncia y acción de Greenpeace la población holandesa (país de origen, juntamente con Gran Bretaña del capital de la petrolera) dejó de repostar gasolina en la estaciones de servicio de la firma. En menos de un mes, la venta de gasolina de Shell, en Holanda, cayó un 30%. Cuando la situación amagaba extenderse a otros países de la Union Europea, la empresa, desistió de hundir la plataforma y la llevó al puerto para su desguase (con un costo mucho mayor).

Así, en un mes, votando con su billetera, cada consumidor litro a litro, venció a una de las empresas más poderosas del mundo y al gobierno (de paso) que la amparaba. Ese es el margen de maniobra que tenemos como ciudadanos. El poder del consumidor. Pegarles -a los capitalistas- en el único lugar que les duele: en la cuenta caja. No comprarles. No utilizarlos. Cambiar de producto. Cambiar de proveedor. Salvo en el caso de monopolios, los usuarios -pequeños e insignificantes- llevamos las de ganar. Es un poder -el del cliente- que no ha sido aún utilizado -al menos en la extensión y profundidad- de su potencial.

Es el peligro letal del capitalismo. Su talón de Aquiles. Su punto vulnerable.

No hay empresa en el mundo que pueda resistir una importante fuga (30, 50%?) de sus consumidores.

¿Quienes podrían vertebrar el "castigo ejemplar" del consumidor?.¿Las organizaciones ecologistas, las asociaciones de consumidores, las ONGs, algunos líderes de opinión, algunos periódicos, algunas radios o televisiones?.

Teniendo en cuenta "las condicionantes de mercado" que afectan a los medios y la pobreza de liderazgo actual, la única alternativa -independiente- que vemos son la organizaciones ecologistas, de consumidores, y algunas no gubernamentales.

Dejamos planteado el tema. Ofrecemos nuestro apoyo. Volveremos al asunto más adelante, y, no descartamos desarrollar el tema con más extensión en futuros trabajos.


1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   38


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal