TÍtulo del ensayo globalización económica el imperio de la mediocridad temario



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Hoy en día (1995) el sistema de bienestar social más el pago de intereses requieren el 60% de la recaudación impositiva total (Estados Unidos). Excluídos los intereses sobre la deuda nacional, la mitad del presupuesto federal va a la clase pasiva. En el 2003 requerirán un 75% y para el 2013 un 100% si las leyes siguen sin modificarse.

En Europa Occidental los programas vigentes para la clase pasiva requerirán para el año 2030 el 50% del PBI.

Dejando de lado el tema de la clase pasiva, en los Estados Unidos, las inversiones internas han caído del 10 al 7% del PBI en los últimos 20 años.

En la OCDE, la asociación de naciones desarrolladas cuyos fines primordiales son la expansión económica y el pleno empleo, se invierte cinco veces más dinero en gastos sociales para la población de más de 65 que en la de 15 a 64 años.

Pero lo más grave es que los gastos que requiere la clase pasiva están exprimiendo del presupuesto las inversiones en infraestructuras, educación e investigación y desarrollo: en veinte años han bajado del 24 al 15% del presupuesto federal.

El actual impuesto de seguridad social del 15% (en Estados Unidos) tendría que ser aumentado hasta el 40% en el año 2029 para proporcionar los beneficios que se han prometido.
El sistema tributario puede llegar a estallar.
La deuda como porcentaje del PBI - l990

Nación Deuda total Pasivos/jubilaciones Total

sin depósito de fondos
EEUU 85 66 151
Japón 79 218 297
Italia 123 233 356
Alemania 53 160 213
Francia 56 216 272

Canadá 96 250 346


R. Unido 52 186 238
Bélgica 142 165 307


Ningún país, ni siquiera una nación tan grande como los Estados Unidos, puede manejar un déficit comercial para siempre.

Sin un déficit comercial americano, no puede haber un superavit comercial japonés sin importar que tan competitivos sean los productos japoneses, ni cuantos países del mundo desean comprarlos.

Pero cualquier modelo en el comercio mundial que dependa de los déficit norteamericanos permanentes o prevea superavit japoneses permanentes, no es viable en el largo plazo.

Cada 60.000 millones de dólares de reducción de las importaciones genera un millón de puestos de trabajo en Estados Unidos.

Cada 50.000 millones de dólares de exportaciones perdidas en Japón significan un millón de empleos.

Japón pierde 3.000.000 de empleos mientras el resto del mundo equilibra sus cuentas con Japón + otro millón de trabajadores para adquirir mercancías extranjeras para generarles los fondos a cobrar por deudas financieras (intereses e inversiones de Japón en el exterior).

El único poder de los Estados Unidos reside en controlar su propia economía. Poseen algo que el resto del mundo desea fervientemente: el acceso al mercado norteamericano. Y puede utilizar el acceso a ese mercado como parte de su poder de negociación.

En el siglo XXI, la capacidad intelectual y la imaginación, la invención y la organización de nuevas tecnologías serán los ingredientes estratégicos claves.

En el capitalismo no hay ningún análisis de futuro.

La adaptación al nuevo juego:

· Estados Unidos: Es más probable que la pérdida de liderazgo conduzca al aislacionismo. Pérdida de liderazgo (político, militar, y económico)

· Europa: El modelo del Rhin no podrá continuar. Pero nadie quiere hacer

esos cambios. Pérdida de competitividad.

· Japón: Ha inventado el capitalismo humano. Pero las ganancias han desaparecido.Nadie puede tener éxito con una mentalidad del medioevo y nadie hoy tiene una mentalidad más medieval que los japoneses”, nos dice Lester C. Thurow (El Futuro del Capitalismo -Editorial Vergara - 1996).

" Los europeos..... en el fondo tienen miedo que una Europa asentada
únicamente ( tratado de Maastricht ) sobre los derechos del hombre y del mercado realzará las potencialidades perversas del individualismo moderno: fragilidades del vínculo social, relajamiento de los valores comunes, mayor confiscación de la democracia por los expertos de lo jurídico en detrimento de lo político y de una ética de la responsabilidad.

De nada sirve diabolizar el principio mismo de apertura de las economías. No es armados con la consigna "todos unidos contra la globalización" como podremos resolver nuestras dificultades. El problema consiste antes bien en encontrar los nuevos medios de organizar positivamente esta nueva etapa económica.

Europa puede dar forma a la búsqueda de un uso positivo de la globalización. Europa es particularmente vulnerable al libre comercio y a algunos de sus efectos perversos. Es a la vez demasiado estructurada y demasiado débil en la competitiva economía actual. Europa es un vientre blando que absorbe los cambios globalmente desfavorables para ella porque su poder de negociación es en realidad débil, en tanto su unificación económica y monetaria no esté cumplida", nos dicen, Jean - Paul Fitoussi y Pierre Rosanvallon ( ob.cit. ).
" Estamos ante una elección. A partir de ahora tenemos la facultad de decidir -¡ a la carta! si preferimos la desocupación a la pobreza o ésta a aquélla.

`pero que nadie tenga la menor duda: ¡ tendremos las dos cosas !.

Se trata de la elección entre dos modelos, el europeo y el anglosajón.

Desde hace tiempo este último ha logrado un descenso estadístico del desempleo gracias a una ayuda social cercana a cero, una maestría espectacular en la flexibilización del trabajo y sobre todo gracias a que según Robert Reich: " Estados Unidos acepta una gran disparidad de ingresos -la mayor de los países industrializados- que sin duda sería intolerable en la mayoría de los países de Europa Occidental". Pero esa miseria "intolerable", basada en lo que se llama pudorosamente la "gran disparidad" entre la indigencia inenarrable de muchísima gente y la opulencia inigualada de una pequeña minoría, permite a Reich agregar: " el cambio, el país optó por una mayor flexibilidad que se traduce en mayor número de puestos de trabajo". Tal cual.

Dicho en otros términos, se es igualmente pobre, pero además, si cabe sin asistencia social. ¡ Y teniendo trabajo!. Así triunfan los principios de la OCDE y de otras organizaciones mundiales. Además de atormentar aún más a los desocupados la indigencia social acentuada ofrece un mano de obra barata, preparada, manejable a voluntad, pero se reduce la tasa de desempleo. Esto se traduce en la institucionalización de una miseria inconcebible en un país poderoso, donde la fortuna crece hasta alcanzar magnitudes inéditas, a la medida de una pobreza creciente, el desamparo compartido por los trabajadores, que a pesar de ( o más bien debido a ) sus salarios viven por debajo del umbral de la pobreza, con clases medias pauperizadas, con empleos cada vez más precarios, a menudos jirones o restos de trabajos pesimamente remunerados. Y como siempre, con la seguridad de no obtener la menor ayuda social, ni siquiera en materia de salud.

No existe país que no esté enterado de la aptitud de las "fuerzas vivas" para abandonar cualquier nación ( en particular la suya ) e ir en busca de las más dóciles. No existe país en las regiones consideradas favorables que no se haya convertido en municipio del orden mundializado. Por consiguiente, es el mismo juego en todas partes. Ningún rincón del mundo está libre. En todas partes -y en forma creciente en esta Europa desvergonzada a la que se exhorta con vehemencia a que atienda razones- se escuchan los discursos que anuncian recortes del gasto público ( por no hablar de su abolición ) la organización de "planes sociales" masivos y la mayor flexibilidad laboral. Pero también en todas partes se escucha que todas estas medidas tienen por objetivo esencial de más está decirlo, la "lucha contra el desempleo" y la "creación de puestos de trabajo", nos dice Viviane Forrester (ob.cit.).
" La industria y no el comercio, es la principal fuente de prosperidad, toda vez que, en la mayor parte de las naciones, el sector industrial paga los más altos salarios a sus empleados. Por consiguiente, el comercio exterior beneficia a aquellas naciones que exportan principalmente bienes industriales, y perjudica a países que son mayormente importadores de manufacturas. Si los Estados Unidos estuviera dispuesto a adoptar el proteccionismo competitivo - es decir protejer a los monopolios locales de la competencia externa. Mientras los descompone en unidades más reducidas - estaría en condiciones de resolver casi todos sus problemas económicos en breve plazo. La productividad, los salarios y los ingresos reales se incrementarían, en tanto que el déficit presupuestario y el coste de la energía disminuiría. Del mismo modo, se eliminaría el déficit del comercio exterior, y sobre todo, se mantendría bajo control la contaminación. Todo ello mediante la simple medida de elevar los aranceles aduaneros de la tasa promedio vigente del 5% al 40%.

Se dice que el motivo por el cual Estados Unidos perdió su ventaja competitiva fue el lento aumento de la productividad de la economía. En el período 1960/1990 el PIB por empleado ha crecido de 100 a casi 155 en Estados Unidos, mientras en Alemania ha llegado a más de 240 y en Japón está por encima de 460. En 30 años la productividad creció un 55% en Estados Unidos, un 140% en Alemania y un asombroso 360% en Japón.

Algunas de las razones que se arguyen para la caída de la productividad son las siguientes:

1) en Estados Unidos el índice de ahorro es significativamente bajo ( menos del 5%, más del 14% en Alemania y Japón ).

2) el porcentaje de inversión (consecuente) es más bajo que en otros países.

3) la productividad (consecuencia de la inversión) es mucho más reducida que en Alemania y Japón.

4) los salarios en Estados Unidos( durante mucho tiempo) fueron más altos que en Alemania y Japón. Sin embargo en 1992 ya no es así. Los salarios en Alemania eran de 20 dólares la hora mientras en Estados Unidos y Japón 15 dólares la hora.

5) el sistema educativo en Estados Unidos ha sufrido un prolongado deterioro.

6) Estados Unidos sufrió una explosión demográfica en la pos-guerra (el baby boom).

7) la deuda y el enorme déficit del gobierno federal mantuvo las tasas de interés más altas en Estados Unidos que en Alemania y Japón.

8) en los años 80, mientras Alemania y Japón invertían en el futuro,las compañías americanas adquirían compulsivamente otras empresas.

9) la energía más barata (que en sus países competitivos) - shock 1973 y 1979- hizo que las empresas no actuaran más racionalmente a la hora de hacer economías de costos e inversión.

10) la desindustrialización (por importaciones más baratas) causó una brusca caída de la competitividad.

Las diez razones mencionadas en el mejor de los casos, ofrecen una explicación incompleta, en el peor, son incorrectas o falsas.

Lo nuevo son las reglas de juego - la facilidad con que se les ha permitido a los extranjeros competir en el mercado local desde la década de los 50 - lo nuevo es la política comercial de Estados Unidos y el culpable es el libre comercio.

En 1973, la tasa promedio de los aranceles en Estados Unidos era del 7%, en contraste con el 27% de 1947. Este bajo índice, junto con el repentino aumento del volumen comercializado, sugiere, que 1973 fue el primer año de posguerra en que los Estados Unidos se transformó en una economía abierta con un comercio libre.

A medida que el cociente americano, comercio/PNB aumentaba, los ingresos reales de los trabajadores disminuían, en otras palabras después que la economía pasó de ser casi autosuficiente a dependiente, los salarios reales disminuyeron a la par que continuó incrementándose la dependencia del consumo.

El comercio libre ha hecho de Estados Unidos lo que ni siquiera la gran depresión pudo hacer.

La productividad no es el único factor determinante de los ingresos. Los salarios también dependen de la forma en que el aumento de la producción afecta al precio del producto. Los ingresos están determinados no sólo por la productividad, sino también por los precios.
Japón es una economía abierta pero no un país de comercio libre, ya que impone demasiadas barreras a la importación.

Alemania ha resultado ser el mayor beneficiado del comercio libre desde el conflicto mundial.

Todos los socios comerciales importantes de Estados Unidos se han beneficiado con la adopción del libre comercio por parte de este país, con la excepción de los propios norteamericanos.

Para las naciones más pobladas y dotadas de abundantes recursos naturales, el proteccionismo competitivo es muy superior al comercio libre. La protección no debería concederse de modo discrecional. La protección debería ampliarse a todo el sector industrial de altos salarios.

Para Estados Unidos podría ser limitar el comercio a un porcentaje de PNB de aproximadamente 12,5%.

Comercio como porcentaje del PNB

Estados Unidos (1990) 25,3%; Canadá (1990) 51%; México (1987) 34%; Alemania (1990) 62%; Japón (1989) 27%; Corea (1990) 64%; Taiwan (1990) 75%; Italia (1990) 39%; Francia (1990) 46%; Reino Unido (1990) 52%", nos dice Ravi Batra (ob. cit.).
"A medida que va acercándose 1993 la única nación cuyas industrias abarcarán los 3 grandes mercados mundiales será Japón.

Japón también está cambiando: a medida que los accionistas demanden más dividendos, los consumidores más rebajas, y los trabajadores más horas libres, esta nación será casi irreconociblemente diferente en el 2000 de lo que fue en 1970.

Los bancos y compañías financieras japonesas no representan ninguna amenaza para Europa.

Se espera una conmoción en la industria del automóvil europea.

En la industria de la informática las empresas europeas han sido siempre débiles.

Está por verse el fin de la lucha en el mercado de la electrónica de consumo.

Después de concentrar sus esfuerzos exportadores año tras año en los Estados Unidos, Japón repentinamente descubrió Europa.

(A medida que la era de Reagan tocaba a su fin......) una creciente cantidad de expertos en Washington comenzaba a lamentarse de los errores de la política comercial americana con respecto de Japón.

Mientras, los dirigentes europeos seguían creyendo que el desafío de los japoneses era el mismo de cualquier otra nación desarrollada con bajos salarios, un tipo de cambio por debajo de su valor y unas condiciones laborales que ningún país europeo podía tolerar.

Incluso hoy (1991), los europeos que deberían saber más siguen alegando que el mercado japonés está protegido por altos aranceles, mientras que en realidad, cualesquiera que sean las barreras informales que puedan existir, Japón impone menos aranceles a la importación y restringe menos la cantidad de productos que los Estados Unidos o Europa.

Casi no existen razones para pensar que Europa y Japón puedan unir fuerzas a expensas de Estados Unidos.

El mayor peligro al que se enfrenta Estados Unidos en Europa es que, si las compañías japonesas lograran una amplia participación en el mercado japonés, asiático y europeo, estarían en condiciones de rivalizar en los Estados Unidos con una ventaja tremenda.

Las compañías japonesas deben su competitividad en parte a su mano de obra sumamente motivada y capacitada que sale de las escuelas y universidades de la nación, y en parte al competitivo mercado interno -el cual fomenta el esfuerzo productivo de las empresas que aspiran a vender en el extranjero- que ha permitido bajos costos de financiación y una provisión segura de componentes. Pero el motivo del éxito de Japón en los mercados mundiales -y de su creciente presencia en el extranjero- es la gestión sumamente eficiente de sus empresas.

Quizás haya sido su propensión al mejoramiento sostenido lo que ha hecho que los japoneses parezcan tan desalentadoramente invencibles para los occidentales. Tan pronto como la competencia da con una idea o una nueva manera de hacer un producto, las compañías japonesas ya han pasado a otra cosa", nos dice Tim Jackson (ob. cit.).
"Los impuestos y las regulaciones que implican los complicados estados del bienestar europeos han hecho a los empresarios reacios a crear nuevos empleos, mientras que los relativamente generosos seguros de desempleo hacen que los trabajadores no acepten los empleos de salarios bajos que mantiene el desempleo relativamente reducido en los Estados Unidos. Las dificultades monetarias asociadas con la preservación del S.M.E. frente a los costos de la reunificación alemana, han forzado este problema estructural.

Delors (entonces -1993- Presidente de la C. E.) no se enfrentó al problema del estado del bienestar o del S.M.E. y explicó que la raíz del problema estaba en la falta de competitividad con los Estados Unidos y Japón y que la solución estaba en un programa de inversión en infraestructuras y alta tecnología.

No es verdad (dice Krugman) que las naciones líderes del mundo estén en ningún grado importante de competencia entre ellas, o que alguno de sus principales problemas económicos pueda ser atribuído a un fracaso al competir en los mercados mundiales.

Las preocupaciones sobre competitividad son, desde el punto de vista empírico casi totalmente infundadas.

A la gente le atrae definir el problema económico en términos de competencia internacional.

La obsesión por la competencia no es sólo equivocada, sino peligrosa, sesgando las políticas nacionales y amenazando el sistema económico internacional.

Pensar en términos de competitividad conduce directa o indirectamente, a malas políticas económicas en un amplio rango de temas, interiores y exteriores, ya sea en sanidad, ya sea en comercio exterior.

Intentar definir la competitividad de una nación es mucho más problemático que definir la de una empresa.

Los países por otro lado, no cierran. Pueden ser felices o infelices con su situación económica pero no tienen una línea de flotación bien definida. Como el resultado, el concepto de competitividad nacional es engañoso.

La tasa de crecimiento de los niveles de vida es esencialmente igual a la tasa de crecimiento de la productividad interior; no productividad relativa a los competidores, sino simplemente productividad interior.

El mundo (contra lo que el común puede pensar) no es tan interdependiente. Hoy las exportaciones de los Estados Unidos representan sólo el 10% del valor añadido en la economía (PNB):

El comercio internacional no es un juego de suma cero.

Aunque en principio pudiesen aparecer problemas de competitividad, en la práctica a efectos empíricos las naciones más importantes del mundo no están en grado significado alguno en competencia económica entre ellas.

Pensar y hablar en términos de competitividad presenta tres serios peligros: 1) podría desembocar en una gran derroche de gasto del gobierno supuestamente para aumentar la competitividad de Estados Unidos; 2) podría favorecer el proteccionismo y barreras comerciales; y 3) podría promover (más importante) políticas erróneas, en todo un espectro de asuntos importantes.

Corregido por las "fugas" al sector servicios por cada dólar de déficit comercial reduce la contribución del sector al PIB en 60 centavos.

La preocupación ampliamente difundida en los años 50 y 60 de que los trabajadores industriales perderían sus empleos debido a la automatización esta mas cerca de la realidad que la preocupación presente por una supuesta pérdida de empleos industriales debida a la competencia extranjera.

La creciente desigualdad salarial, así como el declive y la reducción en la tasa de crecimiento de la renta real, es de forma incontestable, consecuencia de causas internas (el cambio tecnológico, en especial el uso de ordenadores, es un candidato posible).

Las razones de ese mal funcionamiento son claramente internas y la situación del país sería muy similar aunque los mercados mundiales no hubiesen llegado a una integración. La contribución al PIB se ha reducido porque la gente hoy compra, en términos relativos, menos bienes; el empleo industrial se reduce porque las empresas están sustituyendo a trabajadores por máquinas y están utilizando de forma más eficiente aquellas que ya poseían. Los salarios se han estancado porque la tasa de crecimiento global de la productividad de la economía se ha frenado, y los trabajadores menos cualificados en particular están sufriendo porque una economía de alta tecnología requiere cada vez menos de sus servicios. Nuestro comercio con el resto del mundo juega en cada caso, como mucho, un pequeño papel", nos dice Paul Krugman (ob. cit.).
"Un sistema de laissez-faire, por una parte, vastas concentraciones de riqueza heredada, y una clase desposeída, sin educación, por otra. La mala distribución sistemática de la riqueza constituye una burla al ideal de igualdad política; es compatible, asimismo, con todo tipo de fallos del mercado: monopolización, degradación medioambiental, y explotación masiva de la ignorancia del consumidor. Ningún liberal sensible debería estar satisfecho con esas injusticias manifiestas. Se requerirán generaciones de esfuerzo movilizado -muchos más nuevos comienzos- antes de que cualquier sociedad occidental empiece a aproximarse al ideal liberal de igualdad sin dominación", nos dice Bruce Ackerman (ob. cit.).
"La productividad crece más de prisa que el rendimiento de la economía en su conjunto. La consecuencia es el llamado job-less growth, el crecimiento que no produce ni un solo puesto de trabajo. Por otro lado la relación de fuerzas entre el capital y trabajo se modifica radicalmente.

La trampa de la globalización parece haberse cerrado definitivamente, y los gobiernos de los países ricos y poderosos del mundo parecen prisioneros de una cultura que ni siquiera permite ya un cambio de rumbo. En ningún sitio lo sentirá la población con mayor dureza que, precisamente, en la madre de la contrarrevolución capitalista: Estados Unidos.

Para aumentar la productividad y reducir los costos los consorcios sólo conocían (ante la competencia japonesa y otras) una estrategia: racionalización y descenso salarial. Downsizing (reducir), outsourcing (desplazar) y re-engineering (reorganizar) son los métodos a los que pronto se vio enfrentado el trabajador norteamericano. El resultado parece justificar el sacrificio. Diez años después de las grandes quiebras América tiene "la economía más productiva del mundo" (anunciaba Business Week en otoño de 1995). El porcentaje de desempleo, con un 5,3%, era el más bajo de la OCDE. Es cierto América vuelve a ir por delante. Pero sus ciudadanos tienen que pagar dolorosamente por ello. Porque el país más rico y productivo del mundo se ha transformado al mismo tiempo en el mayor país de bajos salarios de la economía mundial. A más de la mitad de la población, la forzada competencia le deparaba la nueva pesadilla americana: el descenso sin fin.

En el año 1995, cuatro quintas partes de los empleados y trabajadores varones de los Estados Unidos, cobraban por hora de trabajo un 11% menos en términos reales que en 1973. Esto significa que desde hace dos décadas el nivel de vida real está bajando para la gran mayoría.

Otra creación novedosa (en esta guerra) es el just-in-time-worker, el empleado que viene cuando se le llama, y al que antiguamente se llamaba, simplemente, jornalero (empleados autónomos). Más de 5 millones de estadounidenses se contratan con esas inseguras relaciones laborales.

Libre de todo contrapoder (los sindicatos) y control público, en la economía americana se impuso paso a paso un principio que ahora penetra a toda la sociedad del país: the winner takes all, el ganador se lleva todo.

Como las empresas venden en todo el mundo "su supervivencia ya no depende del poder adquisitivo de los trabajadores americanos,que se convierten cada vez más en una clase atemorizada.

El semanario americano Newsweek califica la nueva competitividad con el atributo de "capitalismo asesino".

El "turbocapitalismo" surgido del rumbo neoliberal es un "mal chiste": lo que los marxistas afirmaban hace 100 años y que entonces era absolutamente falso, se está por convertir ahora en realidad. Los capitalistas se enriquecen cada vez más, mientras la clase trabajadora se empobrece. La competencia globalizadora pasa "a la gente por la máquina de picar carne" y destruye la cohesión social (Luttwak).

Por su parte, Europa y los países avanzados de Asia parecen caer, de forma en apariencia inevitable, en el torbellino del american way of capitalism, y la espiral descendente de empleos y salarios sigue en movimiento", nos dicen Hans-Peter Martin y Harald Schumann (ob. cit.).
"La federación de Europa llevará mucho tiempo. Ha necesitado casi 40 años para llegar al punto en que es posible suprimir los controles fronterizos. Es posible que sea necesario otro siglo para llegar a la integración económica y política completa.

La formación de la Casa de Europa ahora es ineludible.

Temas difíciles de resolver:

· coordinación fiscal

· igualación de impuestos y las mismas cargas fiscales

· esquemas comunes de gastos

· política exterior común

· incorporación de Europa Central

Si Europa (1992) puede incluír un área importante de Europa Central y Oriental uniéndola a Europa Occidental en un mercado ampliado, puede construír algo que no está al alcance de nadie más: de lejos el mercado mundial más grande y autónomo, con 850 a 900 millones de personas, segun se considere a Turquía un país europeo", nos dice Lester Thurow en su libro La Guerra del Siglo XXI (Editorial Vergara - 1992).
"Las claves de la rentabilidad empresaria, de la competitividad global y de la economía política del siglo XXI:

1) factores de producción: el conocimiento es el recurso crucial de la economía de la tercera ola.

2) valores intangibles: el valor de las empresas de la tercera ola radica en su capacidad de adquirir, generar, distribuír y aplicar estratégica y oportunamente unos conocimientos.

3) desmasificación: la desmasificación de la producción en serie.

4) trabajo: la creciente especialización y los rápidos cambios en la demanda de destrezas reducen la intercambiabilidad del trabajo. El trabajo "indirecto" origina tanto valor, si no más, que el "directo".

5) innovación: hacen falta innovaciones continuas para competir: nuevas ideas para productos, tecnologías, procesos, mercadotecnia y financiación.

6) escala: la escala de operaciones se miniaturiza junto con numerosos productos. Pesa más el despilfarro de la complejidad que el ahorro de la escala.

7) organización: las compañías se apresuran a desmantelar sus estructuras burocráticas de la segunda ola.

8) integración de sistemas: la complejidad creciente de la economía exige una integración y gestión complicadas.

9) infraestructura: para mantener integrado el conjunto se gastan grandes sumas en redes electrónicas que unen ordenadores, bases de datos y otras tecnologías de la información. Las vías electrónicas constituyen la infraestructura esencial de la economía de la tercera ola.

10) aceleración: todos estos cambios aceleran aún más el ritmo de operaciones y transacciones.

La conversión de Estados Unidos, Japón y Europa al nuevo sistema, si bien aún no concluída representa la transformación singular más importante en la economía global desde la multiplicación de las fábricas por obra de la revolución industrial", nos dicen, Alvin y Heidi Toffler (ob. cit.).
"Unas recientes estimaciones indican que una parte significativa del comercio mundial tiene lugar entre subsidiarias de multinacionales y que una parte considerable de las importaciones de los países avanzados está representada por importaciones procedentes de las subsidiarias de las propias multinacionales de la nación.

La pregunta clave que ha de responderse es por que alcanzan las empresas con sede en determinadas naciones un éxito internacional en segmentos y sectores claramente diferenciados.

La mundialización de los sectores y la internacionalización de las compañías nos dejan con una paradoja entre las manos. Es tentador llegar a la conclusión de que la nación ha perdido su papel en el éxito internacional de sus firmas. Las compañías, a primera vista, parece que han rebasado los límites de las naciones.

Al haber menos impedimentos al comercio con los que proteger las empresas y sectores interiores de nula competitividad, la nación sede cobra un creciente significado porque es la fuente de las técnicas y tecnologías que sustentan la ventaja competitiva.

La nación que sea la base central disfrutará también, por lo general, de exportaciones netas positivas.

Las causas más habituales de innovaciones que derivan ventaja competitiva son las siguientes: 1) nuevas tecnologías; 2) nuevas o cambiantes necesidades del comprador; 3) la aparición de un nuevo segmento sectorial; 4) cambio en los costes o disponibilidad de los insumos; 5) cambio en las disposiciones gubernamentales.

Las naciones tienen éxito cuando las circunstancias del país apoyan el seguimiento de la estrategia más adecuada para el sector o segmento particular. Lo que funciona bien en el país debe llevar a una ventaja competitiva en el sector.

¿Por qué alcanza una nación éxito en un sector en particular?: 1) condición de los factores; 2) condiciones de la demanda; 3) sectores afines y de apoyo; 4) estrategia, estructura y rivalidad de la empresa. (el diamante nacional)

Dotación de factores: 1) recursos humanos; 2) recursos físicos; 3) recursos de conocimiento; 4) recursos de capital; 5) infraestructura.

Condiciones de la demanda: 1) composición de la demanda interior; 2) tamaño y pautas de crecimiento de la demanda; 3) internalización de la demanda interior; 4) la interacción de las condiciones de la demanda.

Servicios conexos y auxiliares: 1) ventaja competitiva en sectores proveedores; 2) la ventaja competitiva en sectores conexos.

Estrategia, estructura y rivalidad de la empresa: 1) estrategia y estructura de las empresas domésticas; 2) metas; 3) rivalidad doméstica.
La pérdida de ventaja nacional: 1) deterioro de las condiciones de los factores; 2) disparidad entre las necesidades locales y la demanda mundial; 3) los compradores se duermen en los laureles; 4) el cambio tecnológico lleva a apremiantes desventajas en factores especializados o la necesidad de nuevos sectores de apoyo de los que se carece; 5) las metas limitan el ritmo de la inversión; 6) las empresas pierden la flexibilidad para adaptarse; 7) la rivalidad doméstica decae.
El desarrollo competitivo de las economías nacionales.

Fases del desarrollo competitivo: 1) impulsada por los factores; 2) impulsada por la inversión; 3) impulsada por la innovación; 4) impulsada por la riqueza.

Condiciones previas para el avance competitivo: 1) mecanismos de creación de factores; 2) motivación; 3) rivalidad interior; 4) perfeccionamiento de la demanda; 5) desventajas selectivas en los factores; 6) capacidad para la formación de nuevas empresas.
La ventaja competitiva en la competencia internacional: 1) la ventaja competitiva se deriva fundamentalmente de la mejora, la innovación y el cambio; 2) la ventaja competitiva abarca todo el sistema de valor; 3) la ventaja competitiva se mantiene solamente gracias a mejoras incesantes; 4) para mantener la ventaja se necesita que sus fuentes se perfeccionen; 5) para mantener la ventaja se requiere un planteamiento mundial de la estrategia", nos dice Michael Porter en su libro La Ventaja Competitiva de las Naciones (Editorial Vergara - 1991).
"Estados Unidos tiene dificultades para afrontar los problemas económicos en el largo plazo debido a las siguientes tendencias culturales: a) tendencia universalista; b) tendencia analítica; c) tendencia individualista; d) tendencia a la orientación interna; e) tendencia al status adquirido; f) tendencia al tiempo secuencial; g) tendencia a la igualdad.

Lo que parece alentar a los japoneses a abordar oportunidades de largo plazo y el futuro también está presente en sus tendencias culturales: a) tendencia particularista; b) tendencia a la síntesis; c) tendencia comunitarista; d) tendencia a la orientación externa; e) tendencia al status, f) tendencia al tiempo sincronizado; g) tendencia a las jerarquías empinadas.

Comparación de estilos - Tendencias culturales

Reino Unido + Estados Unidos = 1

Alemania + Japón = 2
I - factor tiempo: 1 industrialización temprana; 2 industrialización tardía

II - estrategia de desarrollo: 1 innovar en un amplio sector; ignorantes de los procesos empresarios; 2 actualización de los sectores valiosos; informados

III - papel histórico de los gobiernos: 1 reforman; 2 cooperan

IV - educación: 1 centrada en ciencia básica y análisis de gestión; 2 centrada en tecnologías de éxito y ciencia aplicada a sectores claves

V - economía: 1 dividida entre macro y micro; 2 organizada en torno a ciertas industrias y sectores

VI - políticas sociales: 1 puede volver a imponer; 2 considera decisivos los beneficios sociales

VII - relaciones laborales: 1 generalmente deficientes; 2 generalmente buenas

VIII - filosofía del desarrollo: 1 no intervención; lenta y casi completa; 2 competencia controlada; protección inicial; rápida y parcialmente incompleta

IX - transición del feudalismo: 1 individualismo; 2 ideas colectivas

X - criterio de la financiación de la industria: 1 predominio mercados accionarios; búsqueda ganancias inmediatas; 2 predominio de la financiación bancaria; emprendimientos industriales con menores riesgos", nos dicen Charles Hampden-Turner y Alfons Tronpenaards (ob. cit.).
"En lugar de la esplendorosa nueva fase de integración europea que seguiría a la constitución formal de mercado común, lo que hay por el momento (1995) es una gran incertidumbre sobre el futuro de la C. E., o Unión, como ahora se la conoce, agravada por la continua confusión sobre la actitud real de Gran Bretaña con respecto a ella.

En 1900 Gran Bretaña ocupaba el tercer lugar tanto en PIB total como per cápita. Así mismo se mantenía en primer lugar en cuanto a exportación. En 1987 descendió al octavo lugar en el PIB (el décimo-quinto en PIB per cápita) y el cuarto en exportación. En 1990 Gran Bretaña ocupaba entre los 24 países desarrollados (OCDE) el décimo-octavo en ingreso per cápita (15.720 dólares, en comparación con 21.440 correspondiente al más rico, Estados Unidos), despues de Italia, Australia, Noruega; Islandia y los Países Bajos.

La actitud y política de Gran Bretaña en relación con el movimiento en favor de la integración europea plantea muchos problemas que trascienden los puramente económicos. En primer lugar, el componente económico del papel de Gran Bretaña en Europa (durante el período elegido) es de considerable magnitud. Las relaciones comerciales y financieras con los países de la Europa continental desempeñan un papel importante en la determinación del nivel de nuestra actividad económica. La "cuestión europea" ha sido un problema serio para Gran Bretaña, y sobre todo en los últimos 30 años. La actitud británica queda inmejorablemente descrita con el adjetivo de ambivalente o, con mayor crudeza, con el de equívoca.

Parte de la actitud británica en estos asuntos refleja un dilema básico (en retrospectiva más imaginario que real) en cuanto a cual era la perspectiva más atractiva. Si la de allende el Atlántico o la de allende el Canal", nos dice Eric Roll en su libro ¿En Qué Nos Equivocamos? (Fondo de Cultura Económica - 1996).
"Una de las lecciones más importantes que podemos aprender del análisis de la vida económica es que el bienestar de una nación, así como su capacidad de competir, se halla condicionado por una única y penetrante característica cultural: el nivel de confianza inherente a esa sociedad.

Los Estados Unidos , al igual que Japón y Alemania, han sido históricamente una sociedad de alto nivel de confianza y con una marcada orientación comunitaria, a pesar de que los estadounidenses se vean a si mismos como inveterados individualistas.

Pero los estadounidenses han ido cambiando de manera dramática durante las últimas generaciones, en lo referente al arte de la asociación. En muchos aspectos, la sociedad estadounidense se está volviendo tan individualista como sus integrantes siempre supusieron que era: la tendencia del liberalismo basado en los derechos individuales, de expandir y multiplicar esos derechos, contraponiéndolos a la autoridad de virtualmente todas las comunidades existentes, ha sido llevada hasta su lógica consecuencia. La declinación de la confianza y de la sociabilidad en los Estados Unidos se manifiesta también a través de una cantidad de cambios que se están produciendo en este país como por ejemplo: el auge del crimen violento y de los juicios civiles; la desintegración de la estructura familiar; la decadencia de una serie de estructuras sociales intermedias como sociedades vecinales, iglesias, sindicatos,clubes e instituciones de caridad; y el sentido generalizado entre la población de que ya no se comparten valores ni principios comunitarios.

Las sociedades con un alto grado de confianza y un alto capital social como Alemania y Japón, pueden crear organizaciones muy grandes sin apoyo social. Cuando hay un déficit en el capital social, esta carencia muchas veces puede ser compensada por el estado, de la misma forma que lo hace al rectificar el déficit de capital humano construyendo más escuelas y universidades.

La misma política industrial que conduce al desastre total en América Latina puede resultar eficaz, o al menos no causar perjuicio alguno en Asia. La variable importante no es la política industrial en si misma, sino la cultura.

Se puede afirmar que Japón es el modelo típico de una sociedad "comunitaria", orientada hacia el grupo y estado, mientras que los Estados Unidos son el paradigma de la sociedad "individualista".

El autor sostiene que Estados Unidos ha tenido siempre una estructura comunal fuerte (que compensa el individualismo). Es así como los Estados Unidos en la actualidad. presentan la imagen contradictoria de una sociedad que se nutre de un gran fondo de capital social acumulado previamente, que le brinda una vida de asociación rica y dinámica mientras que al mismo tiempo, manifiesta extremos de desconfianza e individualismo social que tienden a aislar y atomizar a sus miembros.

Quienes han abogado por una interpretación estatista del desarrollo japonés apuntan no a la intervención gubernamental directa sino a la sutil entre el gobierno y las grandes empresas de Japón. una relación caracterizada por el término "Japan incorporated". A menudo se afirma que la vida económica

japonesa contiene un elemento nacionalista del que carecen los países occidentales.

La cantidad de similitudes entre la cultura alemana y japonesa, muchas de las cuales pueden atribuírse al elevado grado de solidaridad comunitaria que comparten ambos países resulta sorprendente. Ambos países tienen reputación de ser ordenados y disciplinados,......les satisface acatar las reglas de juego,.....tomar el trabajo en serio y consagrarse a el con intensa concentración,......pero ninguno de los dos países es conocido por su ligereza en abordar los problemas o por su sentido del humor. Obsesión por el orden. Larga tradición de perfeccionamiento.

A partir del fin de la 2ª guerra mundial Alemania ha mostrado un cambio cultural mucho más profundo que Japón, y se ha convertido en una sociedad mucho más abierta e individualista que la de ese país oriental. Sin embargo, las tradiciones culturales de ambas sociedades han generado estructuras económicas similares.

A pesar de que existen muchas similitudes entre la orientación comunitaria y paternalista de las industrias de Alemania y Japón; el sistema japonés sigue siendo más flexible. En Japón las empresas tienen un mayor espacio de maniobra en lo que se refiere a reducir costos, traslado de la mano de obra, reducción de salarios, mayor productividad, menores costos de beneficios sociales.

La competitividad de la economía alemana depende de un delicado equilibrio: la mano de obra, si bien costosa, también es altamente calificada, y sus productos de alto valor agregado han encontrado y ocupado un nicho en la economía mundial. El sistema puede llegar a desequilibrarse si el valor agregado, generado gracias a la mano de obra calificada, deja de marchar al paso de los costos, tanto directos como indirectos.

El compromiso es un camino de ida y vuelta, y los empresarios que esperan obtener lealtad, flexibilidad y cooperación de sus trabajadores, sin darles nada a cambio, ya sea en forma de seguridad, beneficios o capacitación, son, lisa y llanamente, explotadores.

En los Estados Unidos y en Europa las políticas oficiales (cuya tendencia ha dado un vuelco) han sido diseñadas en los últimos años, teniendo en consideración que las empresas pequeñas son más innovadoras y crean mayor cantidad de empleo.

En realidad hay dos culturas económicas que estan surgiendo en Asia, una japonesa y otra china. Cada una de ellas se encuentra por grandes organizaciones en red, basadas, en el caso japonés, en la confianza social y, en el caso chino en la familia y el parentesco", nos dice Francis Fukuyama en su libro Confianza (Trust) (Editorial Atlantida - 1996).
"La competitividad es hoy una noción global que integra tanto consideraciones de costo como de calidad.

El fortalecimiento de nuestra competitividad (Francia) pasa, ciertamente, por una sana gestión macroeconómica, pero también por otras numerosas vías: aumento de la innovación y los recursos afectados para la tecnología e investigación industrial, desarrollo de nuestra infraestructura pública, formación, fortalecimiento de nuestro sistema financiero,acompañamiento de los cambios sociales en la empresa fundado en un mayor compromiso de los asalariados, en el carácter atractivo del territorio.

Por último, el futuro está en la cooperación industrial. En los períodos de incertidumbre, hay una tendencia al repliege, especialmente en las empresas. Pero hoy las necesidades son tales que requieren una mayor coordinación industrial. Las respuestas deben buscarse en el fortalecimiento de la cooperación dentro de las empresas, entre las empresas, con los subcontratistas, con el sistema bancario y también con el estado.

¿A que llamamos competitividad?.

En primer lugar, la competitividad no puede ser más que una noción comparativa: si un país mejora en un 5% su productividad o sus costos de producción mientras que los otros logran un 10%, su competitividad retrocede.

En segundo lugar, la competitividad no puede apreciarse más que en un período relativamente largo, de varios años (5/6 años).

En tercer lugar, la competitividad debe apreciarse en valores y no principalmente en volumen el problema es procurarse suficientes divisas como para satisfacer los deseos y necesidades de mercancías extranjeras.

En cuarto lugar, la cuestión central consiste en preguntarse si la competitividad es una variable debate (que establece la causa de un fenómeno) o una variable de flujo (para la que se observa un resultado, que hay que interpretar): en el primer caso, se trata de comprender los resultados de las cuentas con el exterior como si estuvieran determinadas por la "competitividad". Si se trata de una causa única (los salarios, los costos unitarios, los precios), la expresión repite inútilmente el contenido de una variable bien conocida que parece más simple llamar por su nombre. Si por el contrario se piensa que hay una multiplicidad de causas y más aún, interdependientes, recurrir a la noción de competitividad para analizar las cuentas con el exterior no tiene más carácter explicativo que "la virtud adormecedora del opio".

Es por eso que nos parece más util definir la competitividad como una variable de flujo, un resultado, la evolución de la participación en los mercados, en valores y promedios plurianuales, tanto en el mercado externo como interno.
Las nuevas dimensiones de la competitividad:

Competitividad costo: 1) salarios; 1bis) cargas sociales; 2) productividad del trabajo; 3) política fiscal; 4) productividad del capital; 5) economías de energía y otros insumos; 6) calidad de los servicios públicos.
Competitividad no costo: 7) aumento de la capacidad de producción; 8) calidad; 9) plazo para la puesta en el mercado; 10) capacidad para diferenciar y ampliar gamas; 11) especialización; 12) eficacia de las redes y de la cooperación entre empresas.
Estrategias para los actores industriales: calidad, compromiso y cooperación.

En una búsqueda para la mayor eficiencia organizacional se da un desafío en tres niveles:

En primer lugar las empresas deben cambiar en profundidad el trabajo y su organización: el compromiso de los actores e interlocutores se ha convertido en un imperativo categórico.

En segundo lugar contar con trabajadores mejor formados y con más estabilidad. La calidad de las organizaciones no tiene sentido más que con la calidad del trabajo.

En tercer lugar también deberán aprender a cooperar mejor con los otros. Cooperación en redes múltiples (re-internalizar).

Como destaca el informe de la OIT (On Business and Work 1990) el paso a una organización fundada en el compromiso y la competencia profesional, antes que en la minimización de los costos salariales, supone un contexto favorable en materia de evolución de los salarios reales del personal, condiciones que, con más frecuencia, se dan en Japón y Alemania que en el Reino Unido, Estados Unidos y Francia.

La única estrategia que puede convencer a los trabajadores de comprometerse a largo plazo está basada en el tríptico, formación-calificación-promoción: es, por otra parte, el único que puede permitir que el mayor número de asalariados se involucre en un futuro coherente con el proyecto evolutivo de la empresa", nos dicen Benjamin Coriat y Dominique Taddei (ob. cit.)
"Europa es una cultura más obsesionada por la calidad que por la cantidad. La ecuación americana es simplemente la opuesta, se prefiere la cantidad a la calidad.

En América las sutilezas o se desconocen o no se aceptan.

La americanización resulta un proceso de aceptación de sus rasgos y de su velocidad a costa de la supresión y el aniquilamento de la cultura europea.

Estados Unidos es un país perfecto para encarar el proceso de velocidad, de movimiento y de dinamismo inherente a la contemporaneidad. No hay ninguna barrera cultural que impida que las cosas vayan rápido.

En Europa se pueden producir los mismos procesos culturales, pero no se puede alcanzar el ritmo americano, porque el coste temporal de aceptación y asimilación social es mayor.

Estados Unidos, más que pretender el dominio cultural del que se le acusa, lo que ha pretendido siempre es vender y hacer buenos negocios.

La cultura europea tendrá muchas virtudes, pero la venta no es una de ellas. La dificultad y el pesimismo no se venden, la esquisitez y el sibaritismo se basan en vender unos pocos", nos dicen Mercedes Odina y Gabriel Halevi (ob. cit.).
"La dinámica de la competitividad, como ideología rectora de las relaciones sociales, económicas y políticas conduce a la catástrofe porque es incapaz de resolver los problemas comunes de un mundo al que crecientemente podemos percibir como una nave común en la que estamos todos embarcados. Además, en su base, la propia lógica de la competencia implica, necesariamente, el que haya ganadores y perdedores. Por ello, es esencial al modelo la exclusión de quienes no son capaces de sobrellevar con éxito el desafío competitivo. Es intrínseco al modelo orientado por el nuevo credo de la competitividad, el crecimiento de la pobreza y la marginalidad. Lo es también, la tendencia hacia una homogeneización que no respeta las tradiciones y las formas culturales de cada pueblo.

Para el capital (industriales,banqueros) la competitividad se ha convertido en el objetivo a corto y medio plazo, mientras que la rentibilidad sigue siendo el objetivo a largo plazo y la razón de ser de la empresa.

Existen límites estructurales a los excesos de la competencia, en la medida en que no tiene en cuenta los grandes desafíos que representan:
.· las desigualdades socioeconómicas en el seno de los países y entre los países y la marginación de grandes zonas del mundo;

· la agresión a los sistemas de mantenimiento de la vida en el planeta (creciente desertización, erosión del suelo, extinción de especies animales y vegetales, contaminación de mares y ríos, etc.);

· la concentración de poder en unidades económicas en gran medida incontrolables (empresas multiterritoriales y multinacionales, redes mundiales de información y comunicación etc.)", nos dice el Grupo Lisboa (ob. cit.).
"La estructura y la dinámica de la economía mundial cambiaron profundamente. Ya no hay un "centro económico" de la economía mundial. La diminuta isla de Taiwan tiene hoy (1995) el segundo superavit comercial del mundo. Y no hay superpotencias: Japón está a la cabeza en el desarrollo de Asia continental. Pero en las industrias de alta tecnología en las que radica el verdadero crecimiento -biotecnología y genética, tecnología de la información, software, la nueva ingeniería financiera- todavía está peligrosamente rezagado.

En el aspecto manufacturero, Estados Unidos ha puesto su casa en orden. La mayor parte de su industria manufacturera es hoy tan competitiva como la de cualquier otro país; aún la industria automotriz se ha puesto al día. Estados Unidos, ha alcanzado un puesto de liderazgo casi invencible en las nuevas industrias del crecimiento, y en especial en las de alta tecnología.

Europa Occidental no pudo explotar las enormes oportunidades de la unificación económica y ha quedado rezagada en los índices de eficiencia manufacturera de todas las áreas de alta tecnología y en el nivel de empleo.

China ejerce una especie de atracción magnética para la inversión de compañías de todo el mundo, en directo contraste con Rusia.

China presenta mayores peligros que ningún otro mercado......y oportunidades demasiado grandes para ignorarlas. Todo indica que la zona costera se ha transformado ya en la tercera potencia económica del mundo. Si continúa en su rumbo actual, para el 2000 alcanzará el segundo lugar, con una producción superior o igual a Japón, aunque con una población tres o cuatro veces más grande.

A menudo dije (Drucker) que el secreto de Japón consiste en su aptitud de hacer de una corporación moderna una familia. El secreto del management chino bien puede consistir en su aptitud de convertir a una familia en una corporación moderna.

Puede pronosticarse -de hecho es prácticamente seguro- que China se verá sometida a serias turbulencias en los próximos años. Ningún país que se desarrolle tan aceleradamente como lo hace China continental puede escapar a una severa sacudida. Las burbujas, como dolorosamente lo aprendió Japón siempre estallan.

Creo (Nakauchi) que para que China evite el peor escenario de todos, el conjunto de los cuidadanos, y no sólo una parte del país, debe gozar de cierto nivel de comodidad material.

En Japón, algunos dicen que la especialización económica en escala internacional debilita el núcleo de la industria japonesa. No obstante todos sabemos que la elaboración de manufacturas alcanza su mayor eficiencia cuando se realiza en la parte del mundo donde los recursos, la tecnología y los costos son más favorables.

El debilitamiento del núcleo de la industria de una nación es simplemente el traslado de la elaboración de manufacturas a la ubicación más conveniente a escala internacional.

............cuando la interdependencia económica aumenta, las compañías pasan a ser multinacionales y el mundo se transforma cada vez más en un lugar sin fronteras. El concepto de fronteras nacionales pierde sentido. Un país que pretenda tener toda una gama de industrias fuertes, sufrirá el contrapeso de algunos que son internacionalmente ineficientes. Proteger a los sectores incapaces es costoso, y puede provocar fricciones con otros países. Esto debe ser lo que está pasando en el mundo, y especialmente en Japón.

Hacia el año 2000 ninguna operación manufacturera tendrá posibilidades de ser competitiva si sus costos directos de mano de obra manual superan el 10 o 12% y esto significa que en los países desarrollados la cantidad de trabajadores manuales del sector no será mucho más grande, como proporción de la mano de obra total, que la población agrícola de hoy, pese a lo cual, lo mismo que en la agricultura, la producción será mucho más elevada.

En este aspecto, Estados Unidos completó en lo esencial la transición. ........En Japón, la mayoría de las industrias todavía tienen que iniciarla.

Japón es el importador más grande del mundo de alimentos, materias primas y commodities en general importa el 40% de sus alimentos, todo su petróleo, todos sus minerales y prácticamente toda su madera.

La inversión en el exterior genera exportaciones. Y genera exportaciones de valor más alto que las que se reemplazan.

La transferencia al exterior de las actividades de bajos salarios y escaso valor agregado fortalece la base industrial de un país desarrollado en vez de "hundirlo en la depresión".

Estados Unidos importa hoy (1994) alrededor del 12% de los bienes manufacturados que consume lo que todavía representa sólo la mitad de lo importado por la mayoría de los países europeos. El déficit comercial estadounidense, si se deja de lado el petróleo, que por si sólo representa la mitad, es provocado por importaciones como la de autos y bienes electrónicos de consumo de Japón y máquinas herramientas de todo tipo de Japón y Alemania, vale decir, por importaciones provenientes de países en los cuales los salarios son altos y no más bajos que en Estados Unidos. Las importaciones de países de bajos niveles salariales sólo representan el 3% del consumo estadounidense.

Yo afirmaría (Drucker 1994) que existe la necesidad de mantener los principios básicos en los cuales se basó gran parte del crecimiento de Japón en los últimos 40 años.

·en primer lugar, el principio de estabilidad de empleo, el segundo es la identidad esencial de intereses entre la empresa y el empleado, o al menos la armonía de esos intereses. (capacitación, recolocación.....)

El único campo tradicional en el cual creo que Japón tendrá que cambiar drásticamente es probablemente el financiero. En muchos aspectos, este campo es el área número uno de crecimiento de los próximos 10 años", nos dicen Peter Drucker e Isao Nakauchi (ob. cit.).
"1987. Japón controla la alta tecnología (semiconductores) sobre la cual se basa el poder militar de Estados Unidos y la (ex Unión Soviética). Desgraciadamente Japón no ha usado habilmente la carta tecnológica. Tenemos el poder de decir no a Estados Unidos, pero no hemos ejercido esa opción.......

Mientras Japón no tenga dirigentes que entiendan la realpolitik Estados Unidos no nos considerará un jugador importante.

Para ser plenamente apreciados debemos, cuando cuestiones de un interés nacional crucial lo justifiquen articular nuestra posición y decir no a los Estados Unidos.

La Comisión de Productividad Industrial del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT-1990) hizo una lista de seis áreas en que la industria americana es débil comparada con la de Japón : 1) estrategias obsoletas; 2) escasa atención a los recursos humanos; 3) fallas de cooperación investigación/fabricación. coordinación- comunicación); 4) debilidad tecnológica en diseño y producción; 5) desentendimiento entre gobierno e industria; y 6) horizontes a corto plazo.

La fuerza implícita de la industria japonesa deriva de una perspectiva a largo plazo para tratar con los accionistas y establecer precios con los subcontratistas -el nexo proveedor- fabricantes.

Muchas empresas norteamericanas impulsadas por las de dividendos de los accionistas, adoptan métodos de administración que estan reñidos con su raisond'être : fabricar bienes o prestar servicios.

Europa Oriental y la (ex) Unión Soviética quieren una tecnología actualizada y ayuda financiera para ser productivas. ¿ Qué país puede brindárselas? Solamente Japón. Pero no podemos aceptar el reto solos. Tiene que haber un emprendimiento conjunto con nuestro socio. Estados Unidos.

Sea como fuere, los japoneses deben comprender que en este momento (1990) el país está en la cresta de una ola histórica y que, con Estados Unidos definirá la próxima era. Disiento con la opinión a menudo expresada de que en el siglo XXIel mundo será pentapolar - Estados Unidos, Japón, Europa, la Unión Soviética, China- es posible que Estados Unidos se recupere y siga siendo líder, pero Europa Oriental y la Unión Soviética serán en definitiva parte de la red global de la tecnología japonesa.

En las décadas venideras, Europa estará dominada por una Alemania reunificada.

La Union Soviética y China serán menos dinámicas que en la actualidad, en tanto que la región del Pacífico y el Sudeste Asiático lo serán más. En esta nueva configuración el equipo Japón -Estados Unidos debe representar una influencia constructiva.

El uso hábil en obras públicas para ajustar el ciclo empresario ha sido un factor decisivo en el éxito económico del Japón", nos dice Shintaro Ishihara (ob.cit.)
"El Japón moderno es un gigante económico que representa un séptimo de la economía mundial, un coloso industrial que acumula inmensos superavits comerciales (110 mil millones de dólares en 1992). A pesar de ello Japón no es un país eficiente en general. La productividad por hora de sus operarios es menor que en la mayoría de los países industrializados. La eficiencia extrema de la industria manufacturera oculta la burda ineficiencia de la distribución y de sus sectores agrícolas.

La burocracia conduce al país a pesar de que la Dieta, el Parlamento Japonés, se elige libremente.

Para los comienzos de los años 90 los americanos sugerían (nada menos) que la abolición del sistema de guía administrativa, que implica una estrecha participación de la burocracia oficial en el mundo industrial, y su reemplazo por un régimen que depende de las opciones del consumidor y la libre competencia.

En septiembre de 1991, según una encuesta sobre productividad de los operarios, Japón quedaba detrás de los principales países industriales, y sólo sobre Suecia.

El trabajador americano necesita sólo 10 meses para producir lo que el trabajador japonés medio produce en un año, y el alemán sólo necesita ocho. Como resultado de su mayor productividad, los alemanes tienen tres veces más tiempo libre que los japoneses.

Las altas cifras del PIB per cápita de Japón no se deben a una gran eficacia social e industrial, sino a la mayor cantidad de trabajo.

La población activa representa un 70% de la población total.

Aunque Japón es una gran potencia económica, las únicas industrias competitivas y productivas, tanto en calidad como en cantidad, son las industrias manufactureras, especialmente los que explotan la producción masiva, como la automotriz y la electrónica. Las aptitudes y la cultura que impregnan la urdimbre de la sociedad japonesa conducen a la manufacturación masiva y estandarizada, pero son inapropiadas para cualquier otra industria o actividad social.

Bajo la rúbrica de "guía administrativa" Japón otorga a sus burócratas poder ilimitado para intervenir administrativamente fuera del sistema legal.

Los burócratas japoneses no son leales al Japón ni al gobierno japonés, sino a sus ministerios y organismos, dentro de los cuales tienen empleo vitalicio.

Quizás no exista otro país cuyas marcas sean tan conocidas mientras su gente y su cultura son tan borrosos.

En campos como la tecnología aeroespacial, que produce bienes complejos en volúmenes pequeños, y en las industrias de la información y la distribución, la rigidez laboral y la orientación grupal de la gestión a la japonesa constituyen una desventaja. Todos esos cambios requieren decisiones rápidas y creatividad..Cuando el monocultivo (en este caso industrial) predomina en una sociedad, los cambios no son fáciles.

Japón ha triunfado económicamente merced al desarrollo y la expansión de sus industrias de producción masiva. El gran interrogante para el Japón de los años 90 es si podrá abandonar esa senda.

No siempre resulta fácil que un país que prosperó en determinadas condiciones mantenga su prosperidad en la época siguiente. Aunque hoy (1990) Japón sea "el alumno estrella", ello no garantiza su lugar en la próxima era. La pregunta que debemos afrontar es si los mismos factores que hicieron de Japón el "alumno estrella" como sociedad industrial como sociedad industrial le servirá en la era de la sociedad del conocimiento. En lo interno, las instituciones y gubernamentales deben reconstruírse según nuevas pautas. Se deben tomar medidas para afrontar el envejecimiento de la población y realizar una reforma industrial y tecnológica extensa.. En lo externo, las fricciones económicas han alcanzado suma gravedad y se requieren nuevas ideas y enfoques.

La versión japonesa de la revolución del conocimiento, aún está muy a la zaga del nivel norteamericano.

En la década del 90 puede haber un áspero enfrentamiento entre las demandas de los japoneses que desean mayor diversidad y la rigidez de los burócratas y otros grupos cuya ocupación les predispone a preservar el statu quo del sistema de producción masiva.

Al examinar la revolución del conocimiento (1990) yo diría que las fuerzas vitales que impulsan el cambio en los Estados Unidos y Japón son fuertes y las de Europa Occidental, un poco más débiles. Entre otras razones, hay diferencias en la respectiva capacidad para el desarrollo tecnológico y las reservas excedentes disponibles; pero las diferencias más relevantes conciernen en la cantidad y calidad de quienes ingresan en la fuerza laboral.

Ante todo está la carga social debida al incremento en pagos de pensiones para los ancianos. Esta carga pública -que incluye el dinero que se paga en impuestos más el seguro social- supera el 50% de PNB en todas las economías europeas occidentales, y es 15 al 20% más alta que en Japón o Estados Unidos. Como muchos han señalado, esta pesada carga social reduce el incentivo para trabajar y es una de las causas del debilitamiento de la vitalidad industrial.

El segundo tipo de presión que la población de edad ejerce sobre la economía europea occidental consiste en una resistencia más fuerte a los cambios en la estructura industrial o a las innovaciones tecnológicas, pues a una elevada proporción de trabajadores mayores les resulta difícil cambiar de ocupación. Como los europeos tienen de por si cierta tendencia a aferrarse a ocupaciones tradicionales, esto constituye un grave problema.

La resistencia de los trabajadores mayores al cambio genera creciente desempleo entre los jóvenes -los capaces de pensar y actuar con flexibilidad- de ciertas áreas de la economía europea representando una gran pérdida.

Los Estados Unidos avanzan hacia el cambio con mayor celeridad que los europeos occidentales. Sin embargo en lo que atañe a la voluntad empresarial de invertir en investigación & desarrollo y al impulso individual hacia el ahorro, la sociedad americana no puede competir con Japón.

Habiendo creado la sociedad con mayor libertad competitiva del mundo, Estados Unidos tiene el sistema más apto para generar cambios en respuesta a las demandas del público, y por ello está volcando ingentes energías en desarrollo de la revolución del conocimiento.

El Japón actual afronta fuerzas poderosas que hacen lo posible para impedir toda transición a una nueva sociedad del conocimiento. ¿Acaso no es esa la razón por la cual Japón, que posee tanto el poder como la inclinación para reformarse, aún no ha hecho nada para romper el marco de la sociedad industrial?", nos dice Taichi Sakaiya (ob. cit. ).
"Los subsidios a los grupos de interés.......y el constante crecimiento de la parte del mínimo socialmente garantizado que se exige al gobierno en forma de programas sociales generalizados: prestaciones sociales, indemnizaciones por desempleo, educación pública, pensiones de jubilacion, servicios de salud y similares,.....al margen de tremendas dificultades financieras que ocasionan, son un reflejo de la aún más problemática esquizofrenia que afecta a la mente pública.

En Alemania, por ejemplo, los costes de estos programas ya suponen casi el 33% de PNB. Para el año 2030, si se mantiene la tendencia actual, representarán casi el 50%. Esto precipitaría un desastre final.

Nuevamente en Alemania, los días que un trabajador de la industria deja de trabajar por vacaciones, fiestas y bajas (sin contar los días de huelga o las bajas por maternidad) ascienden a 61, más del doble de los de Japón o Estados Unidos. En total, los costos no laborales relacionados con tales trabajadores ascienden a la mitad del coste total de la plantilla. Inevitablemente la competitividad se resiente", nos dice Kenichi-Ohmae (ob. cit.)
Luego de leer tan interesantes datos y juicios, surge la pregunta: ¿Puede Europa ser competitiva?.

Repasemos algo de lo anterior:

Segun Rifkin:

El trabajo en Europa es un 50% más caro que en Estados Unidos o Japón.

Los pagos de la Seguridad Social en Alemania, en 1990, fueron un 25% del PBI, un 15% en Estados Unidos y un 11% en Japón.

Los impuestos en las empresas en Alemania exceden el 60%, en Estados Unidos el 45%.

La "red social" cuesta alrededor del 41% del PBI en Europa, y un 30% en Estados Unidos o Japón.

El trabajador medio alemán tiene una retribución hora de 26,88 dólares (con un 46% de asignación a subsidios sociales), de 21 dólares en Italia (con la mayor parte asignada a subsidios), de 15,89 dólares en Estados Unidos (con un 28% asignado a subsidios).

En 1992 el trabajador alemán medio trabajaba 1.519 horas año (más 40 días año de vacaciones pagas), el americano trabajaba 1.857 horas al año y el japonés 2.007 horas año.
Segun Thurow:

El salario alemán de 30 dólares hora y 17 dólares hora, si se excluyen beneficios adicionales, lleva los costes de la mano de obra fabril a resultar dos tercios más altos que en Estados Unidos.


Segun Sakaiya:

La carga social debida al incremento en pagos de pensiones para los ancianos, que incluye el dinero que se paga en impuestos más el seguro social supera el 50% de PNB en todas las economías de Europa Occidental y es un 15/20% más alto que en Japón o Estados Unidos.

Como dice Thurow: Cuando los asiáticos aluden al sistema de bienestar europeo para los que estan en edad de trabajo lo hacen con escepticismo. Simplemente no pueden creerlo. ¡Vacaciones de cinco semanas!. ¡Un mes de aguinaldo en Navidad!. ¡Dieciocho meses restituídos mediante un seguro por despido!. Su descreimiento es una de las razones por las cuales el sistema no puede continuar. Las empresas se pueden trasladar al lejano oriente, y evitar todos los costos de los beneficios adicionales.
Aceptando que el comercio internacional no es un juego de suma cero, y que los países no cierran, como dice Krugman, nos preguntamos:

¿Tiene Europa competitividad en el costo de los salarios? NO

¿Tiene Europa competitividad en costo de las cargas sociales? NO

¿Tiene Europa competitividad en productividad del trabajo? NO

¿Tiene Europa competitividad en política fiscal? NO

¿Tiene Europa competitividad en la productividad del capital? NO

¿Tiene Europa competitividad en las economías de energía y otros insumos? NO

¿Tiene Europa competitividad en cuanto a calidad de los servicios públicos? NO

¿Puede Europa aumentar la capacidad de producción? SI

¿Puede Europa mejorar la calidad de producción? SI

¿Puede Europa reducir el plazo de puesta en el mercado de productos? SI

¿Puede Europa diferenciar y ampliar gamas de productos? SI

¿Puede Europa alcanzar especialización en mercados y productos? SI

¿Puede Europa alcanzar mayor eficacia de las redes y de la cooperación entre empresas? SI


Las respuestas negativas y positivas nos llevan a la situación de aceptar que Europa no puede ser competitiva en todo ni ante todos. Tal vez, mas bien, podríamos afirmar que, puede serlo ante pocos y en pocos productos o sectores.

Al margen de los límites cuantitativos y cualitativos estarían los volitivos, culturales, de equidad, de educación, de justicia social, de virtuosismo, de prudencia, de discreción, de cualificación, de habilidades y de ideas que poseen sus ciudadanos.

¿Se puede jugar al fútbol con las reglas del baloncesto o viceversa?

En la primera jugada nos cobrarían falta. Pues eso, es lo que ocurre a Europa. Intenta participar de un juego, "la competitividad", con reglas distintas a la de los demás participantes.

Llevar la "competitividad" al límite, puede producir fenómenos similares -para seguir con el simil deportivo- al del dopping del ciclismo en el Tour de Francia 1998. ¿Quieren que no se droguen?, pregunta un periodista y entrenador ciclista. Humanicen el ciclismo, contesta. Hoy es un deporte para la televisión. Hagan etapas más cortas, espectaculares, con finales en alto que no pasen de los 200 kilómetros y, con suficientes descansos. Y cambien las reglas económicas. Los equipos ponen los artistas para las galas del tour. ¿Saben quién se lleva los cientos de millones que produce el espectáculo?. Una sociedad llamada Tour de Francia. Una vergüenza. Termina.

La otra variante. La capitalista, pensamos, es la del Sr. Juan Antonio Samaranch, Presidente del Comite Olímpico Internacional, que dice:"Dopaje es todo aquel producto que, primero, daña la salud del deportista y, segundo aumenta artificialmente su rendimiento. Si se produce sólo esta segunda condición, para mi no es dopaje......la lista actual de productos dopantes debe reducirse drásticamente".

La disyuntiva entonces está en cambiar de reglas, o bien cambiar de juego.

Cambiar de reglas -aspecto que no apoyamos, con fervor- significa el fin del estado del bienestar, la reducción del sector público a su mínima expresión, alta flexibilidad laboral, despido libre, menores salarios, eliminación del subsidio de desempleo, convenios colectivos por empresas, sindicalización libre, eliminación de todo tipo de subvenciones, sanidad privada, reducción de la educación pública, jubilación privada, privatización de los servicios públicos, eliminación de cualquier tipo de vivienda pública.

Cambiar de juego -aspecto que nos interesa mucho más- significa sólo competir libremente con aquellos oponentes que lo hacen con las mismas reglas.

Competir con quienes pagan el mismo costo de los factores o aceptan la aplicación de un arancel compensatorio equivalente.

¿Puede una empresa -por más eficiente que sea- competir contra una similar en un país extranjero si a igualdad de tecnología, escala y equipamiento la última paga a sus trabajadores 200 dólares al mes (Brasil) o 200 dólares al año (India, Malasia, Vietnam)?.

¿Puede competir con Estados Unidos o Japón con un costo laboral superior en un 50% segun Rifkin; que en el caso alemán, lleva la mano de obra fabril, a ser dos terceras partes más altas que en Estados Unidos, en información de Thurow?.

Con una desventaja que llega al 10 o 20% del PBI como participación en pagos de la seguridad social, a un 15% en el pago de impuestos de las empresas, a más de 10 dólares la hora de pago salarial; trabajando 298 horas menos por año que los americanos y 488 menos que los japoneses, con más de 40 días al año de vacaciones, en realidad hay que ser "genial" para poder competir a nivel mundial.

Tal vez por eso, la economía europea no crece, no genera empleos, y pierde terceros mercados, o lo que resulta más dramático, pierde mercado propio, en manos de terceros.

De la tríada, Estados Unidos, en 1998, aparece en mejor forma y ha tomado resueltamente la delantera en la economía del conocimiento, Japón no se adapta a los cambios y se ve anclado en la etapa de la producción industrial masiva perdiendo competitividad global, Europa es tercera "cómoda", y si todo sigue igual, pronto será sólo "un mercado".

En alguna medida ser "un mercado"; el mercado más importante del mundo, tiene gran valor, y de eso se trata, de hacerlo valer.

Si no podemos primar nuestra fuerza de ventas, bien podemos utilizar nuestro poder de compras, para renegociar la globalización, la competitividad, y el libre comercio.

Si Europa no quiere hacer el duro -¿imposible?- régimen de adelgazamiento, que le impone la competencia internacional, y no tiene poder político, para modificar las reglas de juego, si tiene -vaya si la tiene-, enorme fuerza, para definir las condiciones, que deberán cumplir los productos, empresas y países que quieran ingresar a su mercado.

Dejamos el tema planteado para retomarlo en próximos capítulos; ahora veamos si todos los jugadores realmente practican el juego limpio, o sea la libertad de mercado y el libre comercio que predican o prometen.

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