TÍtulo del ensayo globalización económica el imperio de la mediocridad temario



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Capítulo VII
Subvenciones - El Doble Mensaje
El libre mercado no existe. Desde antes de la economía global todos juegan con los dados "cargados".

La economía de mercado sólo se practica en beneficio propio.

Estados Unidos subvenciona, Japón subvenciona y Europa subvenciona. Estados Unidos protege su economía y lo mismo hacen Japón y Europa. En el GATT o en la OMC si los países fueran más honestos, dirían, "libera tu, que a mi me da la risa".

El libre comercio, sólo lo practican los países pobres. Aquéllos , a los que obligan los acreedores, los inversores, los organismos internacionales, y los países desarrollados.


Hace cerca de 2 siglos. la Inglaterra victoriosa, "reina de los mares", firmaba con la pobre, lejana y fundacional Argentina, un tratado de "libre navegación de los ríos". Esto -ni mas ni menos- significaba que los buques ingleses podían navegar -y comerciar- libremente en los ríos argentinos -fundamentalmente el Río de la Plata y el Paraná- y los buques -¿qué buques?- argentinos podían navegar -¿cómo?- y comerciar -¿qué?- en los ríos ingleses. ¿Puede haber un tratado más sarcástico?. La armada invencible compartía mares y ríos con los barquitos de.....papel!!!.

Durante los casi 200 años transcurridos, a lo largo y ancho del mundo, los países ricos han practicado, constantemente, actos y acuerdos, demostrativos de su hidalguía comercial, y de su liberalismo económico.

Como dice, hoy mismo, el maestro Indro Montanelli, en un artículo periodístico:"Si ya no vivimos en tiempos de colonias es porque Occidente se dio cuenta de que estas costaban mucho más de lo que rendían".

Invitamos a los lectores a reflexionar sobre la guerra del opio (en China) y las acciones del Almirante Perry (en Japón), asi como a buscar otros ejemplos históricos, para recordar que siempre hubo abnegados países que lucharon por "imponer" la libertad de comercio.


El doble discurso es la técnica habitual. En 1990, las subvenciones a los agricultores costaron a los gobiernos y consumidores comunitarios 133.400 millones de dólares; 74.100 millones de dólares en Estados Unidos y 59.000 millones de dólares en Japón (nos dice Kennedy). Cada contribuyente japonés paga 600 dólares anuales por perpetuar la producción local de arroz. Un contribuyente Suizo desembolsa 860 dólares para que las vacas sigan decorando el país alpino. Cada hogar de la Comunidad Europea paga 450 dólares anuales para el sostén de la agricultura, lo que corresponde a la mitad del presupuesto total de la Unión. Cada hogar norteamericano contribuye en la misma forma con 360 dólares, nos dice Sorman.

Muchos sectores económicos en los países ricos viven con "respiración asistida". Y no todos son pequeños, ni empobrecidos. La cultura de la subvención, así como las protecciones o barreras no arancelarias están muy difundidas y motivos electorales hacen bastante difícil modificar el statu quo. Por lo cual, podríamos concluir, que los países emblemáticos de la economía abierta, practican poco, el comercio libre.



Veamos lo que dicen al respecto algunos estudiosos:
"Paradojicamente mientras Europa Oriental privatiza (1991) Estados Unidos nacionaliza. Con el derrumbe de gran parte de su sector bancario, el gobierno norteamericano se ha visto obligado a absorber 200.000 millones de dólares de activos privados (estimados 300.000 al final de la hemorragia)", nos dice Lester Thurow en su libro La Guerra del sSiglo XXI (Editorial Vergara - 1992).
"Corresponde indicar que "el libre mercado" resulta ser una entelequia pues los países desarrollados han aplicado y aplican un cerrado proteccionismo para sus producciones poco eficientes, protegiéndolas y subsidiándolas directa e indirectamente.

En la exacerbada competencia que practican los países centrales para ampliar sus ventas al exterior utilizan una serie interminable de acciones "non sanctas", y en muchas circunstancias, inescrupolosas y que en la mayoría de los casos no repara en los verdaderos costos sociales.

Mientras despliegan su instrumental proteccionista, emplean al mismo tiempo su conocido doble discurso, apelando a la necesidad de la "libertad de comercio" que en la práctica, se transforma en la exigencia de libertad irrestricta de importaciones para sus productos. Se subsidia con montos importantísimos producciones ineficientes. Es necesario destacar que sólo en el año 1992, dichos subsidios superaron los 300.000 millones de dólares que han sido utilizados para ampliar la producción, o para disminuírla, para fomentar exportaciones, aplicando el método del "dumping"; y también para impedir el acceso a sus mercados de producciones de mayor eficiencia y racionalidad económica.

A todas estas medidas debería añadirse la utilización de un nuevo y renovado arsenal de naturaleza proteccionista que, mediante la implantación de derechos compensatorios, restricciones "voluntarias" a la exportaciones, barreras arancelarias, y principalmente para-arancelarias, así como restricciones de tipo sanitario, ambientales, etc. impiden el acceso a sus mercados de producciones competitivas. Todo resulta válido para proteger los mercados de los países centrales y para tratar de expandir su penetración en el exterior.

El proteccionismo de la economías industriales, las mayores tasas de interés cargadas a los deudores del sur, las restricciones de acceso a la tecnología y las barreras de los movimientos migratorios, cuestan a los países en desarrollo 500.000 millones de dólares anuales, equivalente al 20% del producto de más de 4.000 millones de seres humanos", nos dicen Naum Minsburg, Hector Valle y otros (ob. cit.).
"El proteccionismo japonés en políticas agropecuarias para el cultivo de arroz está arraigado en el sistema de guía administrativa, y los japoneses no encuentran en ello ningún error conceptual.

La pequeña escala y la baja productividad de la agricultura japonesa son tristemente famosas.

De hecho los subsidios y la asistencia oficial representan el 75% de los ingresos de la granjas.

En muchos casos la "guía administrativa" anula la competencia, eleva los precios al consumidor y protege a los productores. El Japón contemporáneo acepta así una competencia restringida bajo la égida de la guía administrativa, para crear un sistema social favorable a la expansión y al desarrollo de la producción masiva. Como resultado de 50 años de cooperación industrial con guía administrativa el consumidor japonés enfrenta poca libertad de elección y precios altos", nos dice Taichi Sakaiya (ob. cit.).
"Tampoco la Política Agraria Común (PAC) concuerda con la lógica del mercado global y parece en realidad, un importante lastre al comercio y el crecimiento mundiales.

Mas del 70% del gasto comunitario está destinado a los sectores agrícola y pesquero, lo cual deja poco para el desarrollo social y regional, que beneficiaría a una cantidad mucho mayor de personas; y el dinero va a parar de modo desproporcionado a los grandes agricultores del norte de Francia o East Anglia en lugar de hacerlo a los campesinos y pequeños propietarios de los Apeninos", nos dice Paul Kennedy (ob. cit.).
"La idea de un "mercado libre" al margen de las leyes y decisiones políticas que el mismo genera es pura fantasía.

La renuncia del gobierno a asumir sus responsabilidades en la creación del mercado puede tener costosas consecuencias.

Mientras el proteccionimo decae, los analistas simbólicos asociados con las compañías norteamericanas siguen presionando para lograr subvenciones especiales, un régimen tributario favorable, inmunidad especial a las leyes antimonopólicas, y otras formas de generosidad del gobierno, aún cuando rechazan energicamente el proteccionismo. Podrían aducir que esas ventajas son decisivas para la "competitividad norteamericana" si bien la protección del mercado norteamericano dificultaría sus estrategias mundiales, los privilegios especiales -que no interfieren en la libre circulación de bienes y servicios a través de las fronteras nacionales- sólo pueden contribuír a los resultados financieros", nos dice Robert B. Reich (ob. cit.).
"El proteccionismo se practica en todos los países, incluído Estados Unidos. Habitualmente se justifica aduciendo que, o bien se está nutriendo a sectores locales de reciente aparición o bien se está proporcionando "espacio vital" para permitir el reajuste de un sector establecido. Aún cuando ambos suponen protección a corto plazo, el resultado es casi siempre una protección a largo plazo", nos dice Michael Porter (ob. cit.).
"Según los datos proporcionados por el Banco Mundial, los aranceles actuales para el sector norteamericano de la fabricación, cuyo valor nominal es del 6%, se elevan de hecho a un porcentaje real del 23% por obra y gracia de una serie de medidas antidumping, principalmente los derechos de aduana que gravan el acero, los automóviles, y los productos textiles importados. Han proliferado las acusaciones públicas y políticas contra los aranceles proteccionistas y los subsidios agrícolas.

Cuando se caen las anteojeras de la teoría de libre comercio la realidad se ve diferente. La práctica de los super bloques se parece más a la creación de "puestos de refugio" económicos que al libre comercio.

Los bloques regionales de libre comercio son mercantilismo residual: libre comercio en el interior, pero protección en las fronteras. Mientras tanto, las cifras indican un alto grado de comercio interior dentro de los poderosos bloques comerciales actuales: el 41,4% del comercio mundial en 1988 según informa el Banco Mundial. La unión de la C. E. con Europa Oriental, la de Canadá con Estados Unidos y México, elevaría ese porcentaje casi a la mitad.

Durante los últimos 500 años, los fuertes han explotado el comercio en beneficio propio. Muchas potencias mundiales que ensalzan ahora las virtudes del libre comercio, desarrollaron sus economías y se industrializaron protegidas detrás de barreras arancelarias y al mismo tiempo, durante la era colonial, impidieron que otras naciones pudieran actuar igual que ellas.

Tanto el Reino Unido como Estados Unidos, dos países que pregonan a los 4 vientos las ventajas del libre comercio, se han puesto a proteger sus industrias textiles demorando, con el apoyo de sus respectivos gobiernos, la finalizacion del Convenio Multifibras que se estableció hace 20 años como un convenio "temporal".

La pregunta fundamental es quien establece las normas y con que fines lo hace. Los acuerdos de libre comercio pueden ayudar sin duda alguna a los medios y fines de los poderosos, y no necesariamente a los intereses del ciudadano medio", nos dicen Tim Lang y Colin Hines (ob. cit.).
"Japón es una economía abierta pero no es un país de comercio libre, ya que impone demasiadas barreras a la importación", nos dice Ravi Batra (ob. cit.).
"La sequía de las finanzas públicas debida a la economía sin fronteras no sólo se produce por el lado de los ingresos. La nueva transnacional dirige al mismo tiempo hacia sus arcas un porcentaje creciente de los gastos públicos. La competición por los pagos más bajos va acompañada de la pugna por las subvenciones más generosas.

La presión de la competencia internacional empuja a los gobiernos a ofrecer estímulos financieros que ya no son justificables aplicando criterios objetivos", nos dicen Hans-Peter Martin y Harald Schumann (ob. cit.).
"En 1988 un 1% de la población americana formado por los grupos familiares más ricos tuvo una media de ingresos anual de 617.000 dólares y controló el 13,5% de los ingresos antes de impuestos, y un 20% vivió en condiciones de cierto desahogo con unos ingresos de al menos 50.000 dólares al año, les correspondió el 51,8% de la renta antes de impuestos.

Esta última renta, o gran parte de ella, está a su vez relativamente garantizada por una serie de refuerzos públicos y privados: fondos de pensiones, seguridad social, servicios médicos, con apoyo y patrocinio público y privado, sostenimiento de las rentas agrarias y carísimas garantías frente a la quiebra de las instituciones financieras, los bancos y las cajas de ahorro.

En el nombre del laissez-faire y el específico del mercado se liberaliza (se desregula); en todo rescate posterior se considera aceptable (y necesaria) la acción del gobierno", nos dice John Kenneth Galbraith en su libro La Cultura de la Satisfacción (Editorial Emecé - 1992).
"Los gobiernos nacionales dentro de la C. E. están habituados a hablar de una política industrial, pero cuando utilizan la palabra por lo general pretenden significar una cosa: distribuír generosas subvenciones a un puñado de grandes empresas con la esperanza de convertirlas en líderes a nivel mundial. El problema con este tipo de estrategia es que confunde el sentido de la causalidad. Sólo excepcionalmente una firma es eficiente porque es grande", nos dice Tim Jackson (ob. cit.).
"Si los países desarrollados (crean barreras a las importaciones a causa de la creencia equivocada de que así se protegerán los niveles de vida occidentales, el efecto podría ser la destrucción del aspecto más prometedor de la economía mundial actual: el inicio del desarrollo económico generalizado, de las esperanzas de vida para cientos de millones, incluso miles de millones, de seres humanos. El crecimiento económico en el tercer mundo es una oportunidad no una amenaza; es nuestro temor al éxito del tercer mundo, no tal éxito en si mismo, el peligro real para la economía mundial", nos dice Paul Krugman (ob. cit.).
"En Estados Unidos los granjeros no viven en una economía liberal. Como los de Europa o Japón se mantienen en una sobrevida artificial mediante subvenciones públicas que el parlamento perpetúa por los mismos motivos electorales que en Europa", nos dice Guy Sorman en su libro Hacia un Nuevo Mundo (Editorial Emecé - 1991).
"Japón tiene sólo 40.000 agricultores de plena dedicación y 4 millones de agricultores a tiempo parcial, cuyos ingresos derivados de la agricultura representan en la actualidad menos del 20% de sus ingresos domésticos totales, hay 420.000 administrativos en las diferentes cooperativas agrarias, 90.000 burócratas del Ministerio de Agricultura y Pesca.

De las 47 Prefecturas del país, 44 son perceptoras netas de subvenciones del gobierno. Las otras tres -Tokio, Osaka y Aichi (Nagoya)- pagan por el resto. El desequilibrio es llamativo. Más del 85% de la riqueza de Japón se crea en las regiones de Tokio, Osaka, Fukuoka, Saporo y Nagoya. Todas las demás reciben más del gobierno de lo que aportan", nos dice Kenichi-Ohmae (ob. cit.)
Intentaremos a continuación, resaltar algunos otros ejemplos, significativos, o cuanto menos, sugerentes:

Imagine -el lector- un tratado de comercio que autoriza a las empresas multinacionales y a los inversionistas a demandar directamente a los gobiernos para obtener reparaciones por daños y perjuicios e intereses en compensación de toda política o acción pública que tenga como efecto disminuírle sus ganacias. Esto no es la intriga de una novela de ciencia ficción acerca del futuro totalitario del capitalismo sino sólo una de las cláusulas de un tratado que está a punto de ser firmado: el Acuerdo Multilateral Sobre Inversiones (AMI). El Director general de la Organizacion Mundial del Comercio (OMC), Renato Ruggiero), describió con bastante certeza la naturaleza del acuerdo: "Estamos redactando la constitución de una economía unificada".

Pocas personas saben que el AMI está negociándose desde 1995 en el seno de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) en París. Los 29 países miembros, que incluyen a los más ricos del mundo, desean antes que nada, ponerse de acuerdo antes de presentar a los países en desarrollo un tratado que no deje mas opción que aceptarlo o rechazarlo (?).

El objetivo del acuerdo es extender el programa de desregulación sistemática de la OMC a ciertos sectores vitales que aún no han sido incorporados. La domicialización y las condiciones de la inversión en la industria y los servicios, las transacciones de divisas y los demás instrumentos financieros tales como las acciones y los bonos, los bienes raíces y los recursos naturales.


Francia y los guardianes de las ayudas a la agricultura europea se han puesto en pie de guerra para impedir el Acuerdo de libre cambio de la Unión Europea con Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, más Chile), que impulsa en Bruselas el Vice-Presidente de la Comisión, Manuel Marín. Los adversarios del acuerdo han provocado un retraso del voto en la Comisión para minar el terreno de unas futuras negociaciones que se prometen muy accidentadas.

Esta reunión viene por la difusión de un estudio "de trabajo" del Departamento de Presupuestos de la Comisión, que afirma que un acuerdo con Mercosur y Chile costaría entre 6.400 y 15.700 millones de dólares. Un coste provocado por las compensaciones que habría que pagar a los agricultores para paliar los descensos en los precios provocados por las competitivas exportaciones de carne, azúcar, frutas y hortalizas, y pescado de Mercosur.

La otra cara del acuerdo es que se potenciarían las exportaciones industriales y de bienes y servicios de la Unión Europea a Iberoamérica, aceleraría los intercambios comerciales y la actividad económica y fortalecería la cooperación con una zona a la que los quince no prestan mucha atención, pero que cuenta con una importante capacidad de desarrollo, consolida su estabilidad y toma a la propia Unión como modelo.

Fuentes del ejecutivo comunitario señalan que el acuerdo supondría un impulso a la economía europea de unos 6.300 millones de dólares anuales y a la economía del Mercosur y Chile de 5.700 millones de dólares.

La actitud que adopten los ministros de agricultura se presenta como una puntualización o advertencia a sus propios gobiernos sobre el lado más negativo del acuerdo.

La Comisión intenta tranquilizar con la aseveración de que la Zona de Libre Comercio sólo vendría al cabo de diez o doce años, pero Francia intenta aplazar la entrada en negociaciones al menos dos años: hasta después de la ronda para la renovación de la OMC y, de paso, hasta después de la formación de una nueva Comisión, que tal vez vea las cosas de otra manera.


Dejando a un lado las diferentes "varas de medir" o las "subvenciones o barreras" desestabilizantes, también hay -vaya si los hay- otros ejemplos de "doble mensaje", como los que a continuación comentaremos:

El tráfico de drogas mueve en el mundo anualmente entre 300.000 y 600.000 millones de dólares, lo que representa el 10 por ciento del comercio internacional. Los métodos utilizados por los traficantes para blanquear el dinero, como la utilización de cajas automáticas, cambio de monedas o paraísos fiscales, son facilitados, cuando no amparados, por las entidades bancarias que incumplen las normas, como identificar a sus clientes, archivar el movimiento de cuentas por cinco años y denunciar las transacciones sospechosas. Aunque pudiéramos entender -nunca aceptar- el comportamiento de las entidades financieras en función de la competencia, el mercado, y la opacidad informática, lo que realmente resulta paradógico -por utilizar la palabra más suave- es la actitud del gobierno de los Estados Unidos en cuanto al tráfico de drogas.

Sobre el particular, el gobierno americano (principal país consumidor) intenta que el combate contra el narcotráfico se efectúe en las zonas de producción y no en las de consumo.

En Bolivia -por ejemplo- el kilo de hoja de coca se cotiza a 52 centavos de dólar. Una hectárea rinde al año 2,5 toneladas, lo que representa un ingreso anual de 1.300 dólares, también por hectárea. En promedio cada campesino trabaja alrededor de diez hectáreas.

Para hacer un kilo de pasta base se precisan 390 kilogramos de hojas de coca, tres litros de ácido sulfúrico concentrado, 10 kilos de cal, 60 litros de querosén, 200 gramos de permanganato de potasio y un litro de amoníaco. De ahí en mas, todo margen, todo dinero, queda en manos de los traficantes y de los circuitos de blanqueo de dinero.

¿Por que no combaten el narcotráfico en los centros de consumo y en los circuitos de lavado de dinero?


En el tráfico de armas -otro de los grandes y misterosos negocios "globales" el criterio de los Estados Unidos cambia totalmente. En este caso el combate no debe darse en las zonas de producción (léase países ricos), sino en los lugares de consumo (que son los países pobres).
Dos grandes negocios -tal vez de los mayores del planeta- y dos formas de ver la ley y la razón. Siempre del lado que más conviene a los poderosos.
También en la política de derechos humanos hay distintos "cristales" para mirar la realidad.

Allí donde el negocio interesa más que la ideología o los principios: China, Nigeria; Congo, Indonesia.

O, en su caso, donde el negocio es pequeño y pasan a valer los derechos humanos: Cuba, Irak.

Al respecto, el escritor Carlos Fuentes, en un artículo periodístico (12/7/98), dice:"Un latinoamericano, mirando con asombro estos eventos, no puede preguntarse: ¿Por que China si y Cuba no?.

¿Por que China tiene más de mil millones de habitantes y Cuba apenas doce?.

¿Por que China es poderosa y Cuba es débil?.

¿Por que China está en Asia y Cuba en Latinoamérica?.

¿Por que el lobby de la oposición China en Washington es ya muy debil y el de la oposición cubana en Miami, relativamente fuerte?.

¿O será simplemente que Henry Kissinger tiene razón cuando afirma que China no es una dictadura, sino una economía capitalista?. O sea: ¿Le bastaría a Cuba convertirse plenamente al capitalismo para ser aceptada por los Estados Unidos?.

El asunto es más complejo. El sagaz financiero George Soros ha escrito que, terminada la guerra fría, el llamado "mundo libre" se ha quedado sin enemigo totalitario al frente y ya no tiene porque insistir en la condición democrática.

Queda la pregunta pendiente: ¿Por qué la China de la masacre de Tiananmen, si; por qué el México de la masacre de Tlatelolco, si; pero la Cuba de los prisioneros políticos y la vigilancia policial,no?".
Después de medio siglo de esfuerzo se firmó en Roma el Estatuto del Tribunal Penal Internacional, destinado a juzgar a los responsables de los peores crímenes, desde el intento de exterminio de grupos étnicos hasta los ataques contra la población civil en tiempo de guerra pasando por el enrolamiento forzoso de niños en el ejército, los ataques al personal de ayuda humanitaria o el uso de la violación como instrumento de terror. Nace un tribunal para proteger a los más débiles que consagra, como elemento clave, el principio de responsabilidad personal. El TPI no juzgará estados sino individuos.

120 países votaron a favor. Votaron "no" en un intento fallido de impedir el nacimiento del tribunal: Estados Unidos, China, India, Israel, Turquía, Filipinas y Sri-Lanka.

Estados Unidos votó en contra, al no poder obtener el derecho de veto, del que disfruta en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Si el TPI hubiera nacido cuando la Asamblea General de la Naciones Unidas lo solicitó en 1948, habría podido juzgar, al menos en absentia, a millares de criminales,y evitado quizás, los desmanes de muchos otros. Entre la "galería negra" de delincuentes sujetos a su juridicción hubieran podido figurar: José Stalin, Idi Amin Dada, Pol Pot, Jorge Rafael Videla, Augusto Pinochet, Elie Hobeika, Sadam Hussein, Radovan Karadzic.

Para cerrar este apartado digamos que Estados Unidos en sus maniobras para echar a pique esta conferencia contó -también- con el apoyo de Irak y Cuba. "Tanto monta, monta tanto"!!!
No están todos los que son, pero son todos los que están. Pequeñas "perlas", para mostrar la "realpolitik" de los poderosos.

Hoy, como dice Sorman: "La obligación sirve a los intereses de los Estados Unidos".

Y es -como hemos visto- Estados Unidos, quien da y quita razones.

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