Título: Nuevas tecnologías y derechos humanos. Comisiones sugeridas



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Título: Nuevas tecnologías y derechos humanos.
Comisiones sugeridas: Área 1: 1.2. La dignidad de la persona: la existencia de Dios y la inteligencia humana; relación filial con Dios y fraternal con los demás. o 1.4. Los derechos humanos como instrumento para la defensa de la dignidad: derechos y deberes. El hombre y la naturaleza. El cuidado del medio ambiente.
Resumen: Las nuevas tecnologías han generado también nuevas corrientes de pensamiento que presentan una nueva concepción del hombre: el transhumanismo, que pretende mejorar la vida humana y prolongar su existencia aplicando sobre él la tecnología, y el posthumanismo: el hombre posthumano es el hombre cyborg, una combinación de un organismo evolucionado y una máquina, siendo diferente tanto de uno como de otro. Creemos que gran parte de sus propuestas se encontrarían en discrepancia con el respeto a los derechos humanos y que las implicancias sociales de este pensamiento son profundas y graves ya que se eliminaría el principio básico de las sociedades democráticas de la igualdad de todos los hombres ante la ley, desde el momento en que se eliminarían por motivos eugenésicos personas consideradas imperfectas o con malformaciones, se estigmatizaría a las personas que no posean dotes particulares, mientras se enfatizarían otras cualidades que son apreciadas por determinadas culturas y sociedades, sin constituir de por sí lo que es específicamente humano (Cf. DP 27); la bondad o malicia de las modificaciones y los límites a los pedidos personales estará sujeta a criterios arbitrarios y discutibles, mientras que probablemente mediante estas mejoras, la voluntad de unos prevalecerá sobre la libertad de otros, dejando a la persona humana a la merced de intereses sociales, políticos y económicos. Además en el intento de crear un nuevo tipo de hombre se advierte fácilmente una cuestión ideológica que es también teológica: el hombre pretende sustituirse al Creador (cf. DP 27).
Datos del autor: María Paula Casanova. Universidad Católica de Salta, delegación Neuquén.

Nuevas tecnologías y derechos humanos.



El utilizo de la técnica por parte de las personas se engloba dentro del mandamiento del Génesis de “trabajar y poseer la tierra” (Gn 2, 28)1, y así como en la antigüedad el hombre domesticó al caballo que le ayudó a potenciar su trabajo, hoy gracias al avance de la tecnología, ha podido prolongar y potenciar el cuerpo: ha ampliado la sensibilidad del oído y la vista, que puede oír y ver por medio de rayos X, la radio y la televisión; ha inventado medios para la potenciación del sistema nervioso central mediante la informática y la robótica que han logrado potenciar el cerebro humano e incrementar las fuerzas de dominio del mundo2. Pero a diferencia de otras épocas, en la actualidad, el utilizo de la técnica plantea problemas éticos más serios, principalmente debido a que el potencial puesto en manos del hombre es capaz, por un lado, de destruir a la humanidad entera a través de las armas atómicas3 o mediante la contaminación del medio ambiente, y por otro lado, por la posibilidad de introducir mutaciones genéticas en el hombre4. Es por eso que nos encontramos ante un momento crucial de la historia de la ciencia que hace que también lo sea en la historia de la humanidad5.
Las nuevas tecnologías han generado también nuevas corrientes de pensamiento que sustentándose en ellas y en sus promesas están desarrollando una nueva concepción del hombre. En esta ponencia entendemos presentar someramente al transhumanismo y al posthumanismo, filosofías que proponen el recurso a la tecnología como instrumento para mejorar la especie, evidenciando algunos de los conflictos que podrían llegar a generarse en relación a los derechos humanos, principalmente teniendo en consideración al artículo 1º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclamada por la ONU en 1948: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”6.
El transhumanismo
El transhumanismo (transhuman, como forma abreviada de transitional human)7 es un movimiento cultural, intelectual y científico que pretende mejorar (enhance) la vida humana y prolongar su existencia, afirmando el deber moral de mejorar las capacidades físicas e intelectuales de la especie humana y de aplicar sobre él la tecnología de manera de eliminar los aspectos no deseados o no necesarios de la humanidad, como ser el sufrimiento, la enfermedad, el envejecimiento y el ser mortales. Un elemento importante para el desarrollo de este pensamiento ha sido, sin dudas, la teoría evolucionista de Darwin. Según ésta, la evolución es un fenómeno material que se realiza por combinaciones que van realizando cambios materiales; para los transhumanistas, estos cambios, en esta era del hombre technologicus, los realiza el mismo hombre con el uso de la tecnología sobre sí mismo, orientándose a una especie posthumana más perfecta8. Dentro de este movimiento encontramos a científicos, filósofos, gente de la cultura, etc. Sus representantes más significativos son: Nick Bostrom, filósofo suizo, experto en inteligencia artificial de la Universidad de Oxford, quien dirige en el mismo centro académico el Future of Humanity Institute9 y preside la World Transhumanist Association10, P. Singer, J. Harris, J. Sandel, A. Sandberg, J. Savulescu11.

Algunas de las promesas de este “nuevo paradigma” consisten en la creación de máquinas superinteligentes que posean un sistema con capacidad de aprendizaje, capaces de superar a los mejores cerebros humanos en cualquier disciplina; bienestar emocional a través del control de los centros de placer para alcanzar el “paraíso terrenal” por ejemplo mediante el uso de antidepresivos específicos que eviten los efectos secundarios no deseados combinados con terapias génicas; píldoras de la personalidad para modificar la personalidad, superar la timidez, eliminar los celos, incrementar la creatividad y la capacidad emocional sin necesidad de trabajo y autodisciplina; colonización espacial para llenar el universo de personas; el utilizo de la nanotecnología molecular para producir bienes de consumo con el único costo de la energía para producirlos y los átomos necesarios; ampliación de la expectativa de vida mediante el uso de terapias génicas que bloqueen el proceso de envejecimiento y estimule el rejuvenecimiento; el mundo interconectado, como ya sucede gracias a Internet; la reanimación de pacientes que se encuentren en suspensión criogénica; existencia post-biológica mediante es escaneo de la matriz sináptica de un individuo y su reproducción en una computadora, que le permitiría a la persona migrar desde el cuerpo biológico hacia un sustrato puramente digital; el uso de neuro-chips para conectarse directamente con el ciberespacio o telepáticamente con otras personas, la programación neuro-lingüística, etc. Otro importante objetivo transhumanista es mejorar el funcionamiento de la sociedad, entendiendo lo que sucede para poder tomar medidas al respecto y también crear instituciones que ayuden a incrementar la efectividad de la comunidad académica12.



Enhancement

Si bien el transhumanismo es un movimiento más amplio, el Enhancement13 encuentra en él un lugar de privilegio. Con este nombre se entiende la utilización de la medicina y de la tecnología más allá de los usos terapéuticos, es decir para fines estéticos o de mejoramiento corporal o cognitivo14. Los medios que se utilizan para alcanzar estos fines son denominados HET (Human Enhancement Technologies) y NBIC (nano-bio-info-cogno) con lo que se denomina a una combinación sinérgica de cuatro sectores científicos: nanociencia y nanotecnología, biotecnología y biomedicina las cuales engloban a la ingeniería genética, la tecnología informática y las ciencias cognitivas que incluyen la neurociencia.

Entre las terapias médicas se puede hacer una distinción entre las que tienen como fin la potenciación (therapeutic enhancement) y aquellas no terapéuticas (non-therapeutic enhancement), excluyendo del grupo a las terapias que tengan como única finalidad la restitución de un estado precedente (restorative non-enhancement therapies). Las tecnologías de potenciación, a su vez, pueden subdividirse en incremental enhancement, cuando se refiere a un aumento de grado en las capacidades humanas y de los medios tecnológicos finalizados a suplir sus límites, en la relación entre el hombre y el mundo externo, siendo externo al cuerpo y reversible, y el radical enhancement, el cual prevé un cambio de estado en las funciones y capacidades al interno de la biología humana, presentándose como irreversibles15.

La visión del hombre ofrecida por el transhumanismo rechaza toda antropología que considere a la naturaleza humana como algo constante e inalterable. Considera a este postulado un “anticuado paradigma” superado por las promesas de un futuro ilimitadamente promisorio y reducen al hombre a solo aquello que se percibe, la realidad material, el cuerpo, su estructura, sin considerar su potencialidad, su finalidad, o la posibilidad de existencia de algo inmaterial. Basándose en esta visión antropológica, los transhumanistas consideran imposible establecer una ética que se derive de la naturaleza humana y por eso, sólo se podrá pensar a una que posea criterios extrínsecos y que se base en la utilidad pragmática. A este reduccionismo materialista, se le debe sumar el reduccionismo neuronal: para los propiciadores del transhumano, al hombre solo se lo puede entender a partir de su conexión neuronal16. Por otro lado, siguiendo en la línea de la modernidad que muta el concepto de persona sustancial a aquel operacional, considerando que no es persona aquel que no razona, como pueden ser los embriones, las personas con graves discapacidades, en estado de coma, etc., y sí podrían serlo algunos primates superiores que aparentemente razonan, para los transhumanos, podrían ser personas, también las máquinas inteligentes17.



El posthumanismo

Pero el transhumano no es el hombre definitivo, es el hombre que está en transición, es un eslabón en la cadena que lo lleva hacia el posthumano: el hombre transhumano posee sus capacidades físicas, intelectuales y psicológicas mejoradas respecto al humano “normal”, mientras que el posthumano es un ser con una expectativa de vida superior a los quinientos años, con una capacidad cognitiva dos veces por encima del máximo posible para el hombre actual, con un control absoluto de su sensibilidad y sin sufrimiento psicológico18. El hombre que siempre fue sujeto de la técnica se convierte ahora, él mismo, en objeto, reduciendo al cuerpo a pura materia prima sobre la cual se puede experimentar infinitamente, y en un consumidor de todos sus productos. De hecho, para algunos autores19, el mayor problema del post-humanismo, no son las modificaciones producidas por el desarrollo de las tecnologías, cuanto la pérdida de capacidad del mismo hombre de actuar concientemente de frente a ellas. El gran peligro para el hombre es el de perder la libertad que pretendía acentuar con los desarrollos tecnológicos, convirtiéndose él mismo en un instrumento utilizable, como hasta hace poco solo podían serlo la naturaleza y el mundo exterior.


El hombre posthumano20 es el hombre cyborg21. Su característica principal es ser una combinación entre un organismo evolucionado y una máquina, siendo diferente, tanto de uno como de otro22: se diferencia del robot que es un aparato electromecánico relativamente autónomo, del androide, que es un robot antropomórfico sin elementos orgánicos, y del humanoide, fabricado tecnológicamente a partir de diversos elementos, entre ellos algunos orgánicos. Este último se diferencia del cyborg por la cantidad de partes orgánicas, humanas, que cada uno posee23.
Algunos consideran al androide como una expresión de las preocupaciones sexuales de una época como la nuestra en la cual los roles de “género” se están redefiniendo, y que si bien por ahora pertenece solo a la fantasía, su creación significará el triunfo de la razón sobre la naturaleza. También el cyborg, en muchos casos, es una modificación o mejoramiento del cuerpo para acrecentar su capacidad erótica: dentro de este grupo se enrolan los travestis que realizan transformaciones superficiales, transitorias y reversibles, y los transexuales, que son considerados por algunos verdaderos hombres cyborg, que transgrediendo sus certezas corpóreas, modifican química o físicamente la propia genitalidad o la propia apariencia. También aquí entran a formar parte los castrados y genitalmente mutilados, como una brutal reprogramación del cuerpo24.
También existe una forma de reproducirse “cyborg” y es la que realiza la fecundación artificial. Por eso, las feministas que se oponen a esa práctica consideran al cyborg como el símbolo del anti-materno. Además, algunas de ellas, como la Feminist International Network of Resistence to Reproductive and Genetic Enigeering (FINRRAGE) 25 denuncian que el cuerpo de la mujer está siendo expropiado y utilizado como un mero material para la producción tecnológica de seres humanos, limitando, de este modo la autodeterminación personal sobre el propio cuerpo. Sin embargo, otras feministas, consideran a estas técnicas instrumentos para una autodeterminación suprema, esa que les permitiría generar sólo mujeres26.
En general podemos decir que el error principal de estas posturas es la falta de comprensión del hombre como criatura de Dios, creado a su imagen y semejanza, lo que deriva en la negación o en una interpretación errada de una naturaleza humana que iguale a todos los hombres y que sea normativa. Bajo estos presupuestos ya no será posible conocer al hombre, su dignidad, su trascendencia, ni se podrá entender su destinación a la vida eterna.
***

Si bien la “Asociación transhumanista latinoamericana” describe al transhumanismo, a quien también llama H+ (Humanidad Plus), como “un movimiento cultural e intelectual que afirma la posibilidad y necesidad de mejorar la condición humana, basándose en el uso de la razón aplicada bajo un marco ético sustentado en los derechos humanos y en los ideales de la Ilustración y el Humanismo”27, creemos que gran parte de sus propuestas se encontrarían en discrepancia con el respeto a los derechos humanos. Debido a los límites de la presente exposición, no podemos más que dejar planteada la inquietud que estas teorías nos causan pero una mirada superficial será suficiente para entender que las implicancias sociales de este pensamiento son profundas y graves: se eliminaría el principio básico de las sociedades democráticas de la igualdad de todos los hombres ante la ley, desde el momento en que se eliminarían por motivos eugenésicos personas consideradas imperfectas o con malformaciones mediante el aborto y el diagnóstico embrional pre-implantacional, como de hecho ya sucede en nuestras sociedades llamadas democráticas. Por eso la Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Dignitas Personae, hablando sobre el uso de la biotecnología para introducir alteraciones que mejoren y fortalezcan el patrimonio genético, advierte enérgicamente que “tales manipulaciones favorecen una mentalidad eugenésica e introducen indirectamente un estigma social en los que no poseen dotes particulares, mientras enfatizan otras cualidades que son apreciadas por determinadas culturas y sociedades, sin constituir de por sí lo que es específicamente humano” (DP 27). Además se pregunta quien establecería la bondad o malicia de las modificaciones y los límites a los pedidos personales, considerando que la respuesta siempre estará sujeta a criterios arbitrarios y discutibles, llamando la atención de que muy probablemente mediante estas mejoras, la voluntad de unos prevalecerá sobre la libertad de otros, dejando a la persona humana a la merced de intereses sociales, políticos y económicos28. No podemos tampoco evitar pensar que el uso de neuro-chips que podría ayudar a personas con graves discapacidades a elevar significativamente su calidad de vida, presenta también la posibilidad de crear una nueva generación de esclavos.


El filósofo liberal Jürgen Habermas concuerda con la Congregación para la Doctrina de la Fe afirmando que en el plano cultural no puede haber una tutela biológica de la especie y que en una democracia ni siquiera la mayoría puede imponerle a la minoría su propio estilo de vida, resaltando en él el entrecruzamiento de cuestiones de identidad como ser quienes somos, qué queremos ser, etc29.
Finalmente hay que notar que en el intento de crear un nuevo tipo de hombre se advierte fácilmente una cuestión ideológica que es también teológica30: el hombre pretende sustituirse al Creador (cf. DP 27). En estas pretensiones de mejorar al hombre no podemos dejar de ver los vestigios del primer pecado que sigue estando presente en la vida de los hombres. En el relato bíblico del pecado original vemos que el hombre, seducido por la serpiente, pretende ser por sus propios medios lo que por gracia estaba llamado a ser: el hombre seducido y desconfiado que descree de la Palabra de Dios corre tras la ilusión de querer ser “como Dios”, cuando en Cristo ya estaba predestinado a la divinización: “nos ha llamado por su propia gloria y virtud, por medio de las cuales nos han sido concedidas las preciosas y sublimes promesas para que por ellas os hicierais partícipes de la naturaleza divina” (2 Jn 1,3-4). El mismo esquema del pecado presentado por el escritor sagrado es el que se presenta en la actualidad, cuando el hombre, seducido por la ciencia y la técnica, pretende alcanzar la inmortalidad terrena, despreciando la verdadera inmortalidad para la cual fue creado y redimido por Cristo. Porque “la inmortalidad es siempre fruto del amor, no de la autarquía”31, cuando el hombre quiere “ser como Dios” y sustentarse a sí mismo, lo único que alcanza, como consecuencia de sus acciones, es la muerte.
Conclusión.
Las nuevas tecnologías presentan grandes promesas terapéuticas que le pueden ofrecer a personas con graves discapacidades una transformación radical de sus vidas. Pensamos por ejemplo en los implantes de micromecánica, las nanotecnologías, las prótesis retinales, neuromusculares y corticales, y los llamados "chips de la telepatía", etc., que pueden permitir a pacientes con graves discapacidades que se comuniquen mejor, manipulen equipos, vean, caminen, muevan sus extremidades y se recuperen de enfermedades degenerativas. A este tipo de intervenciones no podemos hacer menos que celebrarlas porque respeta y honra a la naturaleza humana, al hombre y sus derechos, cumpliendo con el mandato divino de “trabajar la tierra”: el hombre, al recibir el cuerpo, recibe la posibilidad y el mandamiento de “hacer” el propio cuerpo, porque no sólo sufre sus limitaciones pasivamente sino que está llamado a participar activamente en su cuidado y constitución, corrigiendo los posibles errores de la naturaleza, integrando sus insuficiencias, curando sus enfermedades32. Al mismo tiempo, de una u otra forma, siempre está en el meollo de la cuestión cuáles intervenciones serán un bien para el hombre y cuáles no, discusión en la cual no podrá faltar la especulación racional y la convicción de que “el médico interviene no para modificar la naturaleza, sino para ayudarla a desarrollarse en su línea, la de la creación, la querida por Dios. Trabajando en este campo, sin duda delicado, el investigador se adhiere al designio de Dios. Dios ha querido que el hombre sea el rey de la creación”33.
El problema moral se suscita, en cambio, cuando las mejoras de la naturaleza humana se llevan a cabo con intereses y métodos eugenésicos y cuando pretenden dotar a lo humano con características que exceden el potencial de la especie y que, principalmente, generarían una desigualdad infranqueable entre los hombres, desigualdad que se contrapone con la absoluta igualdad ontológica de los hombres, creados a imagen de Dios.

1 Si las palabras bíblicas «someted la tierra», dichas al hombre desde el principio, son entendidas en el contexto de toda la época moderna, industrial y postindustrial, indudablemente encierran ya en sí una relación con la técnica, con el mundo de mecanismos y máquinas que es el fruto del trabajo del cerebro humano y la confirmación histórica del dominio del hombre sobre la naturaleza”. Juan Pablo II, Carta Encíclica Laborem exercens 5 en, José A. Martínez Puche, O.P. (ed.), Encíclicas de Juan Pablo II, EBIDESA, Madrid 1993, 189-295.


2 Cf. Elio Sgreccia, Manual de bioética, BAC, Madrid 2009, 917-937.

3 En 1982 la Pontificia Academia de las Ciencias presentó una Declaración sobre la prevención de la guerra nuclear, donde alerta: “There are now some 50,000 nuclear weapons, some of which have yields a thousand times greater than the bomb that destroyed Hiroshima. The total explosive contant of these weapons is equivalent to a million Hiroshima bombs, which corresponds to a yield of some three tons of TNT for every person on earth”. Se puede acceder a la declaración desde http://profiles.nlm.nih.gov/JJ/B/B/Z/K/ [21-2-11].

4 Por eso, no solo los moralistas se preocupan de la dirección a la cual se dirigen estas manipulaciones, sino que también los distintos organismos de las naciones, e internacionales, han elaborado indicaciones normativas. Algunas de las normativas más significativas son: Guidelines for research involving DNA molecules, publicada por primera vez en 1977, y luego actualizada, por el National Institute of Health (NIH) de Estados Unidos, el Points to consider in the design and submission of human somatic-cell gene therapy protocols, del mismo Instituto (ambos disponibles, también con las posteriores actualizaciones, en http://oba.od.nih.gov/rdna/nih_guidelines_oba.html [21-1-11]); el Report of the Working Party on the practice of genetic manipulation (the Williams Report), del HMSO, Londres de 1976 (un informe sobre este Report a cinco años, se puede encontrar en http://occmed.oxfordjournals.org/content/32/1/167.full.pdf [21-1-11]); la ley para la reglamentación de la ingeniería genética de Alemania Federal, del 20 de junio de 1990 (Gesetz zur Regelung vom Fragen der Gentechnik, disponible en http://www.gesetze-im-internet.de/bundesrecht/gentg/gesamt.pdf [21-1-11]);el Comité Nacional de Bioética del gobierno italiano, también ha publicado documentos importantes sobre el tema (http://www.governo.it/bioetica/); el Consejo de Europa trató de los problemas éticos que surgen en el ámbito de la genética, en la “Convención sobre bioética” (19.11.1996), el AVIS (parecer) sobre Protection du génome humain par le Conseil de l`Europe (10-3-2001) (disponible en http://conventions.coe.int/treaty/fr/treaties/html/164.htm [21-1-11]) y un documento que contiene Veinticinco recomendaciones relativas a las implicaciones éticas, jurídicas y sociales de las investigaciones genéticas (accesible en http://ec.europa.eu/research/conferences/2004/genetic/pdf/recommendations_es.pdf [24-1-11]). Por último es importante señalar la Declaración universal sobre el genoma humano y los derechos del hombre, ofrecida por la UNESCO el 11 de noviembre de 1997 (disponible en http://portal.unesco.org/es/ev.php-URL_ID=13177&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html [24-1-11]). Esta Declaración es un instrumento valiosísimo que posee muchos elementos estimables como ser, el rechazo a todo reduccionismo genético (art. 2b y 3), la afirmación de la preeminencia del respeto a la persona humana sobre la investigación (art. 10), el rechazo a la discriminación (art. 6), la confidencialidad de datos (art. 7), la promoción de comités éticos independientes (art. 16), el compromiso de los estados a promover la educación en bioética y a facilitar el diálogo abierto también a las corrientes religiosas (art. 20 y 21). También se encuentran, en esta declaración, algunos aspectos discutibles y criticables, como ser la falta de definición sobre la identidad de los destinatarios de los derechos, la falta de afirmación que dichos derechos pertenecen a todo ser humano desde el momento en que queda constituido su patrimonio genético, además de faltar referencias sobre el embrión y el feto. Sobre esta Importante declaración, la Santa Sede, a través de la Sección para la relación con los estados de la Secretaría de Estado del Vaticano, formuló un documento que contiene observaciones (accesible en http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_academies/acdlife/documents/rc_pa_acdlife_doc_08111998_genoma_sp.html [24-1-11]).

5 Por eso se habla de “autopoyesis” (αυτο (auto) ‘sí mismo’ y ποιησις (poiesis) ‘creación’ o ‘producción’, con un neologismo propuesto en 1971 por los biólogos Humberto Maturana y Francisco Varela para designar la organización de los sistemas vivos (Cf. Francisco J. Varela-Humberto R. Maturana, De máquinas y seres vivos: una teoría sobre la organización biológica, Editorial Universitaria, Santiago de Chile 1973), del hombre y hasta de “filogénesis”, una nueva etapa del darwinismo donde la evolución de la especie ya no tendría lugar por mutaciones genéticas casuales, debidas a factores ambientales, sino porque el hombre, desvelando el misterio del código genético, provocaría la mutación en el sentido deseado y en la dirección elegida. Además, algunos estudiosos de la antropología cultural advierten que la humanidad ha llegado a la cuarta era del mundo, definida como “era tecnológica” caracterizada por el avance de la tecnología y de la cual, sus implicancias no pueden aún preveerse (Cf. S. Cotta, L’era tecnologica, Il Mulino, Bologna 1981).

6 http://www.un.org/es/documents/udhr/ [15-7-11].

7 El término transhumano fue acuñado en 1966 por el futurólogo Fereidoun M. Esfaniary, quien en 1989 cambió su nombre por FM-2030. Cf. Federica Frabetti, Postumano, en http://www.culturalstudies.it/dizionario/lemmi/postumano_b.html [14-9-10].

8 La teoría transhumanista nace principalmente a partir de la revolución científica y el pensamiento moderno que cambian no sólo la forma de hacer ciencia, sino también la visión del hombre. Con respecto al rol de la ciencia, podemos citar a David Hume (1711-1766), Isaac Newton (1643-1727), Thomas Hobbes (1588-1679) y Francis Bacon (1561-1626), quienes ponen las bases del racionalismo enfatizando el desarrollo científico y generando un amplio optimismo en las oportunidades que prometía. Por otro lado, la visión dualista del hombre presentada por Descartes se enraizará en estas teorías por lo que, también aquí, el hombre será visto como res cogitans, reduciéndolo a sus funciones racionales, o por el contrario, siguiendo a Hume, el hombre será considerado únicamente como materia, según su cuerpo. De esta reducción del hombre a la sola materia es que se lo toma en sentido neurobiologicista, una nueva versión del “hombre-máquina” de Julien Offray de la Mettrie (1709-1751). También han influenciado en este sentido, las teorías de J. Bentham y J. Stuart Mill, además de la ética pragmática posterior de Charles Santiago Sanders Peirce (1839–1914) y de William James (1842-1910). Si bien estamos siguiendo a Elena Maria Postigo Solana, Transumanismo e Postumano, Medicina e Morale, 2009/2: 274-277, la autora cita en la presentación de esta “historia” al mismo N. Bostrom. La cita original es Nick Bostrom, A History of Transhumanist Thought, Journal of Evolution and Technology 2005; 14 (1): 1-25, el cual también se encuentra accessible en http://www.nickbostrom.com/papers/history.pdf [24-2-11].

9 http://www.fhi.ox.ac.uk/. Posee una página web personal donde se encuentran accesibles sus artículos: http://www.nickbostrom.com/.

10 http://www.transhumanism.org/. La World Transhumanist Association ha elaborado una declaración, disponible en su web, donde esquematiza su pensamiento: “1.- En el futuro, la humanidad cambiará de forma radical por causa de la tecnología. Preveemos la viabilidad de rediseñar la condición humana, incluyendo parámetros tales como lo inevitable del envejecimiento, las limitaciones de los intelectos humanos y artificiales, la psicología indeseable, el sufrimiento, y nuestro confinamiento al planeta Tierra. 2.- La investigación sistemática debe enfocarse en entender esos desarrollos venideros y sus consecuencias a largo plazo. 3.- Los transhumanistas creemos que siendo generalmente receptivos y aceptando las nuevas tecnologías, tendremos una mayor probabilidad de utilizarlas para nuestro provecho que si intentamos condenarlas o prohibirlas. 4.- Los transhumanistas defienden el derecho moral de aquellos que deseen utilizar la tecnología para ampliar sus capacidades mentales y físicas y para mejorar su control sobre sus propias vidas. Buscamos crecimiento personal más allá de nuestras actuales limitaciones biológicas. 5.- De cara al futuro, es obligatorio tener en cuenta la posibilidad de un progreso tecnológico dramático. Sería trágico si no se materializaran los potenciales beneficios a causa de una tecnofobia injustificada y prohibiciones innecesarias. Por otra parte, también sería trágico que se extinguiera la vida inteligente a causa de algún desastre o guerra ocasionados por las tecnologías avanzadas. 6.- Necesitamos crear foros donde la gente pueda debatir racionalmente qué debe hacerse, y un orden social en el que las decisiones serias puedan llevarse a cabo. 7.- El transhumanismo defiende el bienestar de toda conciencia (sea en intelectos artificiales, humanos, animales no humanos, o posibles especies extraterrestres) y abarca muchos principios del humanismo laico moderno. El transhumanismo no apoya a ningún grupo o plataforma política determinada”. Los autores de esta declaración son: Doug Bailey, Anders Sandberg, Gustavo Alves, Max More, Holger Wagner, Natasha Vita More, Eugene Leitl, Berrie Staring, David Pearce, Bill Fantegrossi, Doug Baily Jr., den Otter, Ralf Fletcher, Kathryn Aegis, Tom Morrow, Alexander Chislenko, Lee Daniel Crocker, Darren Reynolds, Keith Elis, Thom Quinn, Mikhail Sverdlov, Arjen Kamphuis, Shane Spaulding, Nick Bostrom.

11 Se puede profundizar en el pensamiento de cada uno en Julian Savulescu-Nick Bostrom (eds.), Human Enhancement, Oxford University Press, Oxford 2009.

12 Cf. Nick Bostrom, What is transhumanism? En http://www.transhumanism.org/index.php/WTA/more/158/ [11-9-10]. Existen diversos institutos dedicados al estudio y promoción del transhumanismo. Algunos de ellos son: El Instituto Extropy, (http://www.extropy.org/), fundado en 1992 por Max Moore (extropía se opone entropía), el Instituto Foresight (http://www.foresight.org/) ha organizado varias conferencias internacionales sobre temas transhumanistas en general. Su presidente también es Max Moore, quien ha hecho una gran labor por exponer al extropianismo (un tipo especial de transhumanismo) en los medios masivos. En 1997 la World Transhumanist Association fue fundada con el fin de transformar al transhumanismo en una disciplina académica y además facilitar el contacto entre los diferentes grupos transhumanistas. La WTA publica un boletín electrónico llamado Journal of Transhumanism que incluye artículos de investigadores de punta así como investigaciones hechas por especialistas en materias transhumanistas.

13 El término “enhancement” se hace presente en la literatura científica a partir de los años '80, generalmente asociado a la investigación en el campo de la genética. La producción de artículos se potenció en los `90, pero fue después del año 2000 que este tema ganó centralidad en los debates bioéticos. El impulso fue dado principalmente por el informe “Converging Technologies for Improving Human Performance” de la National Science Foundation y del Departamento of Commerce in the United States, el cual presenta una reseña de los presupuestos científicos y filosóficos, los medios, las aplicaciones y las finalidades del enhancement. En el panorama internacional podemos encontrar a los pro-enhancement y a los anti-enhancement, llamados también “bioconservadores”. Con el primer grupo se identifican principalmente los autores transhumanistas, con especial mención a los provenientes de la escuela de Oxford, como Nick Bostrom, y a los bioeticistas utilitaristas, como ser Julián Savulescu y John Harris; algunos de los englobados en el segundo grupo son Leon Kass, Michael J. Sandel y Jürgen Habermas. Cf. Francesca Giglio, “Enhancement: definizione e questioni aperte”, en Stephan Kampowski-Dino Moltisanti (ed.), Migliorare l’uomo? La sfida etica dell’enhancement, Cantagalli, Siena 2010, 15-21.

14 Se puede profundizar en Carl Elliott, What`s Wrong with Enhancement Technologies?, University of Minnesota, Minnesota 1998.

15 Esta distinción fue ofrecida por el Parlamento Europeo, mediante la Scientific Technology Options Assessment (STOA), un comité de evaluación de las temáticas relacionadas con la tecnología. Se encuentra disponible en http://www.europarl.europa.eu/stoa/publications/studies/stoa2007-13_en.pdf [8-3-11]. Cf. Francesca Giglio, “Enhancement: definizione e questioni…, 15-19.

16 Sabemos que la mente es mucho más que el cerebro y que su actividad no se puede reducir a una actividad fisiológica. Las tesis más conocidas al respecto son tres: la del fisicismo neurobiologicista, que identifica al hombre con su cerebro; la del dualismo interracionalista, que considera al hombre en parte mente y en parte cerebro y la que considera al hombre como una unidad dual de mente y cuerpo.

17 La tecnología que transfiera la conciencia a una máquina todavía no existe pero hay muchos científicos reconocidos y bien financiados que orientan su investigación en este campo, lo que se puede tomar como un indicador de la percepción del hombre como una entidad espiritual, estigmatizada de la materia que lo obliga a permanecer en un cuerpo defectuoso, efímero y frágil. Cf. Naief Yehya, Homo Cyborg. Il postumano tra realtà e fantascienza, Elèuthera, Milano 2004, 17-19.

18 Cf. Elena Maria Postigo Solana, Transumanismo e Postumano…, 272.

19 Como por ejemplo para Elena Pulcini. Cf. Elena Pulcini, “Dall’ homo faber all’homo creator, en Ignazio Sanna (ed.), La sfida del post-umanismo. Verso nuovi modelli di esistenza? Ed. STUDIUM-ROMA, Roma 2005, 19.

20 El primer paso en la construcción cultural del posthumano fue realizado por Claude Shannon y Warren Weaver, en 1949, con la publicación de The Mathematical Theory of Communication, en la cual la información es definida como una entidad matemática independiente del sustrato material que la transporta. Cf. Federica Frabetti, en http://www.culturalstudies.it/dizionario/lemmi/postumano_b.html [14-9-10].

21 El término “cyborg” fue acuñado por primera vez por Manfred E. Clynes en 1960, quien junto a Nathan S. Kline, buscaba definir un “hombre mejorado” que sea capaz de sobrevivir en una atmósfera extraterrestre. Cf. Naief Yehya, Homo Cyborg. Il postumano tra realtà e fantascienza, Elèuthera, Milano 2004, 33.

22 Algunos autores consideran que si bien existe una coincidencia importante entre el hombre posthumano y aquel cybor, estos no son sinónimos, ya que si bien describen una misma ontología de hibridación de lo orgánico con lo inorgánico, y epistemológica, ya que ambas transgreden los confines de la naturaleza y de la cultura, no necesariamente comparten una misma ética, política y cultura. Es el caso de Sara Kember, en Sara Kember, Cyberfeminism and Artificial Life, Routledge London 2003.

23 Podemos ver estos estadios en el cine y en el arte: mientras que Terminator 2000 (de James Cameron, 1991) es una máquina, Terminator 1 (1984) era un robor recubierto de piel, y Robocop (de Paul Verhoeven, 1987) presenta órganos humanos a los cuales se les agregó poderosos artefactos metálicos. Cf. Naief Yehya, Homo Cyborg. Il…, 36. La película Existenz de David Cronenberg se encuentra anclada en una filmografía donde una de sus líneas interpretativas es el cuerpo en diálogo con la tecnología. Es en ese espacio en que se ubica lo posthumano: la conjunción de máquinas y hombres, de animales y plantas, de animales y hombres, etc. Se podría argumentar que los trabajos artísticos de Orlan (http://www.orlan.net), –que se propone transmutar su rostro para componer un rostro ideal que incluye orejas, labios, ojos, etc., de diferentes cuadros famosos por medio de múltiples cirugías estéticas, o las propuestas de Stelarc (http://www.stelarc.va.com.au/) sobre lo obsoleto del cuerpo humano y la necesidad de expandirlo mediante prótesis, plantean la existencia de cuerpos que van más allá de los límites de lo humano, en tanto se procede a la manipulación del “cuerpo natural” que era considerado un destino ineludible. También se podrían considerar los trabajos de Eduardo Kac, (http://www.ekac.org/) en torno al arte transgénico, que propone transferir material genético de una especie a otra, mediante técnicas de ingeniería genética, o crear organismos vivientes con genes sintéticos, como los cimientos de nuevas identidades posthumanas. Cf. Liuva Kogan en Contratexto, revista digital de la Facultad de Comunicación, Universidad de Lima, http://www.ulima.edu.pe/revistas/contratexto/v2/01art03.html [8-9-10].

24 Cf. Naief Yehya, Homo Cyborg. Il…,126-130.

25 www.finrrage.org

26 Son palabras de la estadounidense feminista radical Valerie Solanas (1936-1988) quien en su Manifiesto propone un genocidio masculino para lograr una sociedad compuesta sólo de mujeres. Cf. Valerie Solanas, SCUM Manifesto, AK Press, Scotland 1996.

27 http://www.transhumanismo.org/ [8-8-11].

28 Para profudizar sobre los peligros que esta teoría podría acarrear, se puede consultar Francis Fukuyama, Our Posthuman Future: Consequences of the Biotechnology Revolution, Farrar, Straus and Giroux, New York 2002. Hay sociólogos que han estudiado la relación de los cambios de contingencia del hombre en la sociedad y la evolución del posthumano. Por ejemplo Luca Diotallevi quien a su vez ofrece otra bibliografía disponible sobre el tema en Luca Diotallevi, “Paura del post-umano. Alcune osservazioni sociologiche”, en Ignazio Sanna (ed.), La sfida del post-umanismo..., 27-36.



29 Cf. Jürgen Habermas, Il futuro della natura umana. I rischi di una genetica liberale, Einaudi, Torino 2010, 5-8.

30 Podría surgir la duda de si la referencia teológica tendría algo que decir, teniendo como premisa que la Revelación no ofrece indicaciones detalladas sobre este tipo de materias sino que sólo resalta el valor de la vida humana en general, y si la respuesta fuera positiva, si debería considerarse decisiva, ya que, seguramente, ésta sólo sería interesante para los creyentes. Sin embargo, basándonos en estas indicaciones generales de la Sagrada Escritura que le habla al hombre de todas las épocas, y que hace referencia a “todo el hombre”, podemos sacar conclusiones aplicables también a los desafíos que la ciencia le presenta al hombre moderno. Podemos hacerlo teniendo en cuenta que la teología moral católica no considera que los nuevos problemas surgidos del uso en el hombre de las nuevas tecnologías puedan encontrar respuestas claras e inmediatas en la Sagrada Escritura, pero que tampoco considera (como lo hace a veces la teología protestante) que las decisiones concretas estén libradas exclusivamente a la conciencia personal. Cf. Karl Rahner, “Il problema della manipolazione genetica”, en ID., Nuovi saggi III, Paoline, Roma 1978, 340-344. Sobre las tensiones existentes actualmente entre la religión y la ciencia, se puede consultar el capítulo “Fede e sapere” de Jürgen Habermas en, Il futuro della…, 99-112.

31 Joseph Ratzinger, Introducción al cristianismo… 254.

32 Cf. S. Spinsanti, Verso una teologia sistematica del corpo, en Medicina e Morale 33 (1983) 10.

33 Juan Pablo II, Discurso a la asamblea general de la Asociación médica mundial, 29-10-83. Disponible en, http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/speeches/1983/october/documents/hf_jp-ii_spe_19831029_ass-medica-mondiale_sp.html [8-8-11].


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